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Se necesitan: Iglesias saludables y discípulos
saludables
POR LEROY R. BARTEL
Todos queremos ser parte de una iglesia saludable, eficaz, que
crece. Las iglesias saludables son iglesias que crecen. Para estas
iglesias el crecimiento no es un programa. Es el resultado de una
vida dinámica natural dentro del cuerpo de Cristo, que es
dado a luz por Dios pero que también es alentado por los
líderes de la iglesia.
La iglesia nunca debe de cumplir con su ministerio basándose
en presentimientos o suposiciones. No debe dar valor a la novedad
ni a la innovación independiente. La iglesia no debe tratar
de crear su propio entendimiento de sí misma sin consultar
la clara enseñanza de la Escritura. El ministerio, los programas,
y la estrategia de la iglesia local deben ser impulsados por propósitos
bíblicos.
¿Cuál es una iglesia saludable? Es una iglesia en la
que todos los propósitos bíblicos encuentran expresión
dentro de un debido equilibrio.
Las iglesias saludables se reproducen por sí mismas. Las
iglesias saludables producen cristianos saludables. Y las congregaciones
saludables trabajan duro para hacer discípulos dentro de
un contexto en el que todos los propósitos bíblicos
encuentran debida expresión (Efesios 4:14-16; Colosenses
1:10-12).
¿Cuáles son los propósitos bíblicos que
encuentran expresión en una iglesia saludable?
1. Comunión-asociación
El significado básico de la palabra griega traducida como
"comunión" en nuestras biblias (koinonia)
implica la participación. La palabra se usaba para expresar
las relaciones íntimas que existen dentro de los miembros
del cuerpo de Cristo llenos del Espíritu, la iglesia.
Hechos 2:42-46 expresa en emocionantes palabras lo que significaba
para la Primera Iglesia la comunión generada por el Espíritu.
Era el contexto dentro del que la gente aprendía el vivir
cristiano. Era la dinámica que caracterizaba las celebraciones
de la Cena de su Señor, las comidas fraternales, y las reuniones
de oración. Producía una común y recíproca
actitud de desprendimiento y de generosidad dentro de la iglesia.
La comunión, para ellos, no estaba limitada a un solo día
de la semana, sino que caracterizaba y sazonaba todas sus relaciones.
La comunión enriquecía su adoración y ofrecía
el caluroso y solícito contexto que atraía a la gente
y en el que descubrían a Cristo (Juan 13:34,35).
La comunión de la Primera Iglesia no era un ambiente de
ciega tolerancia en el que todo valía. Primero, Juan 1:6,7
claramente indica que se caracterizaba por el amor fuerte, la verdad,
y el discipulado práctico. Exigía la reconciliación
y el interés mutuo. La comunión nunca es fácil.
Nunca viene por accidente. Siempre exige esfuerzo (Efesios 4:3).
La comunión siempre ha caracterizado a la iglesia. El propósito
es que los inconversos se hagan miembros de la familia de Dios por
medio del nuevo nacimiento. El propósito de que la gente
conozca a Cristo es que se hagan miembros participantes, en crecimiento,
de una congregación local.
2. Discipulado-Madurez
No es suficiente que las personas lleguen a conocer a Cristo como
su Salvador personal. Jesús los llama a ser discípulos
(Lucas 9:23,24). La iglesia debe hacer todo lo que pueda para ayudar
a los nuevos cristianos a desarrollar los hábitos de la vida
que asegurarán su crecimiento espiritual y su victoria (lectura
y estudio de la Biblia, asistencia a la iglesia, oración,
responsabilidad con las finanzas, etc.). Deben adquirir un conocimiento
práctico de la Biblia y de la doctrina cristiana básica.
Todo creyente necesita participar del estudio bíblico sistemático
que ofrece la escuela dominical, dentro de una comunión entre
amigos. Los creyentes deben adquirir el conocimiento que es más
importante el conocimiento de Dios en una medida incremental
(Filipenses 3:7-11; Colosenses 1:9-11).
La iglesia local hoy debe ser tan intencional en su respuesta al
mandato de enseñar (Mateo 28:18-20) como lo era la Primera
Iglesia. Enseñaban con el mismo ahínco con que predicaban.
No dejaban que los nuevos creyentes se descarriaran y se ausentaran
después de pocas semanas. Hablar de conversión sin
discipulado hubiera sido incongruente e irracional para ellos. El
discipulado incluía a todas las edades, grupos, y estados
de desarrollo espiritual (2 Timoteo 3:14-16). El hacer discípulos
involucraba la participación de todos y continuaba "hasta
que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del
Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura
de la plenitud de Cristo" (Efesios 4:13).
3. Servicio-Ministerio
Jesús enseñó a sus discípulos que la
significancia se encontraba en el servicio. Cuando los discípulos
exhibieron un espíritu de competencia, Jesús insistió
en que la grandeza en su reino no se encontraba en el puesto que
se ocupara sino en el servicio (Mateo 20:20-28). La palabra que
con más frecuencia se traduce como "ministerio"
en el Nuevo Testamento no tiene como su significado fundamental
el desempeño público en la iglesia, sino el humilde
servicio, como servir las mesas. Jesús, poco antes de su
muerte, dio una suprema demostración de lo que significa
servir lavó los pies de sus discípulos. Luego
les dijo a los discípulos: "Pues si yo, el Señor
y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis
lavaros los pies los unos a los otros" (Juan 13:14). El discipulado
nunca está completo hasta que las personas participan del
servicio.
El Nuevo Testamento enseña claramente que todo creyente
posee dones y habilidades dados por Dios (Mateo 25:14-30; Romanos
12:6; 1 Corintios 12:4-7; 1 Pedro 4:10). Según Efesios 4:11-16,
una responsabilidad clave de los líderes de la iglesia es
ayudar a los creyentes a descubrir e identificar sus habilidades
y dones dados por Dios y luego ayudarlos a que los desarrollen y
los usen para ministrar. La iglesia tiene la responsabilidad de
ayudar a identificar dones, preparar, y colocar en ministerio. Sin
embargo, todo creyente tiene una responsabilidad personal de desarrollar
y usar de manera responsable los dones de Dios para el beneficio
de los demás y el bienestar de la iglesia (Romanos 12:6-8;
1 Corintios 12:7, 14-27; 1 Pedro 4:10,11). Cuando esto sucede, toda
la iglesia se beneficia. Hay unidad, bendición, y crecimiento
de hecho, la iglesia se convierte más y más
en todo lo que Dios quiere que sea (Efesios 4:12-16).
4. Evangelismo-Misión
El evangelismo siempre se ha considerado como el propósito
central dentro de la iglesia pentecostal. Es el propósito
sobre el que todos los demás propósitos para la iglesia
están predicados. Desde el mismo comienzo parecía
que todo creyente bautizado en el Espíritu Santo se consideraba
a sí mismo ser un predicador. Parecía que la obra
del Espíritu en la vida del creyente inevitablemente encontraba
expresión en el fervor evangelístico.
El propósito evangelístico de la Iglesia es la directa
consecuencia de la Gran Comisión dada por Jesús (Mateo
28:18-20; Marcos 16:15-20; Lucas 24:46-49; Juan 20:21,22). El evangelismo
está enraizado en el evangelio la maravillosa historia
de Jesús (su vida, muerte, sepultura, resurrección,
y ascensión a la diestra del Padre). Es la historia de Cristo
quien "vino a buscar y a salvar lo que se había perdido"
(Lucas 19:10).
El poder que da el Espíritu Santo es antes que nada un poder
para ser testigo eficaz (Hechos 1:4,5,8). El libro de los Hechos
en el Nuevo Testamento es la emocionante e increíble documentación
del evangelismo en el poder del Espíritu Santo de la Primera
Iglesia. La experiencia pentecostal es tan esencial para el evangelismo
hoy como lo era en el primer siglo.
La Gran Comisión, impulsada por la pasión pentecostal,
ha tenido como resultado la industria y pasión misionera
por todo el mundo. Las iglesias pentecostales siempre han sido iglesias
misioneras. Se debe instar a los creyentes, sin importar su edad
o vocación, a estar conscientes de las misiones. Se deben
animar a que consideren en oración la parte que pueden tener
en llevar el evangelio hasta el fin del mundo (2 Corintios 5:14-21).
5. Adoración-Magnificación
Uno de los propósitos centrales de las iglesias pentecostales
es la adoración. Los pentecostales no sólo creen que
Dios debe ser adorado por quién Él es (v.g., su carácter
reveladosegún la verdad), sino también con un
espíritu motivado y dirigido por el Espíritu Santo
(Juan 4:19-24). Esto, para ellos, es mucho más importante
que el local, la posición física, las prácticas
establecidas, las fórmulas religiosas y la liturgia, o los
tiempos establecidos (v.g., el calendario religioso).
Nuestras reuniones de adoración deben tener a Cristo como
centro y, sin importar la naturaleza de la ocasión, caracterizarse
por una conciencia y un reconocimiento de la presencia de Dios entre
su pueblo (Mateo 18:20; 1 Corintios 5:4). Siempre debe haber una
conciencia y una respuesta a la presencia del Espíritu Santo
en la adoración pentecostal. Las reuniones deben ser altamente
participatorias y deben caracterizarse por la sensibilidad al que
está fuera, por los debidos controles, y el decoro que honra
a Cristo (1 Corintios 14).
La música y los cantos han sido una expresión de
adoración a Dios desde los tiempos del Antiguo Testamento.
La Primera Iglesia se comunicaba entre sí con "salmos,
con himnos y cánticos espirituales" cantaban
y componían música al Señor en sus corazones
(Efesios 5:19; Colosenses 3:16). Debemos seguir su ejemplo.
Aunque la música y el canto se usan debidamente en la alabanza,
nunca deben considerarse como sinónimos de la adoración.
La adoración incluye una variedad de cosas nuestras
palabras expresadas a Dios en oración y alabanza, nuestros
pensamientos fijados en su verdad y carácter, nuestra vida
entregada a Él en alabanza, nuestro cuerpo en santa pureza
y servicio, nuestros días y nuestras horas honrando su voluntad,
nuestras ofrendas a Dios en amorosa alabanza y agradecimiento. Que
jamás reduzcamos la amplitud y grandeza de la adoración
al simplemente igualarla con un solo aspecto de la adoración.
La oración es un aspecto crítico del ministerio de
la iglesia local. La calidad y cantidad de su oración se
convertirá en la medida de su vitalidad espiritual.
La Primera Iglesia se caracterizaba por su oración. Oraban
por todo la selección de los líderes (Hechos
1:24; 6:6; 13:3), durante la persecusión (Hechos 4:24-30;
12:5,12), y antes de ministrar a los enfermos (Hechos 9:40; 28:8).
Oraban sin cesar. Oraban personal y corporalmente. Sus líderes
se dedicaban a la oración (Hechos 6:1-4). Pablo creía
que el Espíritu Santo daría ayuda sobrenatural cuando
los cristianos no sabían cómo orar (Romanos 8:26,27).
Si la iglesia hoy ha de impactar a su medio cultural como lo hacía
la Primera Iglesia, debe ser una iglesia que ora.
La mayordomía es una forma de adoración. Sin embargo,
es también una responsabilidad. La mayordomía comienza
con el reconocimiento de que todo pertenece a Dios (Salmo 24:1).
Considera el diezmo (devolver a la iglesia local el 10 por ciento)
como una debida respuesta de adoración a Dios (Malaquías
3:8-10; Proverbios 3:9-10). La mayordomía también
se extiende más allá del diezmo a la generosidad expresada
en las ofrendas que se dan para subsanar las necesidades especiales
(1 Corintios 16:1,2; 2 Corintios 8:1-15; 9:6-15; Filipenses 4:10-20).
Pero la mayordomía falla si no tiene como fin honrar a Dios
en todo (Colosenses 3:17; 1 Corintios 10:31).
Ninguno de los propósitos bíblicos son negociables
todos son esenciales. Cuando encuentran expresión
en una iglesia local, hacen a esa iglesia saludable y eficaz. Una
iglesia que sólo enfatiza uno o dos de los propósitos
limita su ministerio y no funciona bien. De la misma manera, un
cristiano eficaz y maduro es uno en quien cada uno de los propósitos
encuentra debida y balanceada expresión. Por otro lado, un
creyente disfuncional es uno que se ha especializado en unos cuantos
propósitos favoritos y ha descuidado los demás. Lo
que la iglesia local es en macrocosmo, los creyentes individuales
lo son en microcosmo. Necesitamos iglesias saludables para poder
producir discípulos saludables, eficaces.
LeRoy R. Bartel es anterior comisionado de la
Comisión sobre el Discipulado/Formamos a las Personas para
las Asambleas de Dios en Springfield, Missouri. Por el presente
pastorea la Asamblea de Dios Columbia Heights en Hunters, Washington.