CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Usando la ilustración de publicidad
como modelo, podríamos ver el resultado de la buena enseñanza
cristiana como esto: Un estudiante se limpia las trazas de leche
de la cara y pregunta a la iglesia: "¿Tienes leche?"
Por Billie Davis
"Tiene valor de diversión y juego", dijo un vendedor
de un nuevo cereal gaseoso, o carbonado, "que chirrea y se
le revienta en la boca". Según un informe en el Wall
Street Journal, los vendedores están tratando de poner
burbujas en todo porque "es un gran punto de venta rápida
entre los chicos. El dióxido de carbono está burbujeando
en ciertos lugares sorprendentes [a medida que los vendedores] buscan
más emoción para sus productos." La E-moo
es leche carbonada que dice hacer muy divertido el tomar leche.
"La carbonación da a los alimentos y a las bebidas un
valor de diversión. Cuando usted muerde una pera burbujeante.
. . eso es total diversión."
Tres ideas populares que se están llevando hasta el extremo
y que amenazan destruir el ministerio de enseñar que tiene
la iglesia son: el cambio, el mercadeo, y la diversión. Nos
han convencido, mayormente los estrategistas del mercadeo, que todo
rápidamente se hace obsoleto. Se presenta el cambio como
un valor positivo casi sin ninguna excepción. Cualquier tipo
de resistencia al cambio se presenta como anticuado y malo. La palabra
diversión se usa para vender no sólo juguetes,
deportes, viajes de vacaciones, y películas, sino también
comida, ropa, muebles, automóviles, computadoras. . . y ahora
hasta la escuela dominical. Casi se nos obliga a creer que todo
valor debe venderse, así como cualquier producto en el mercado,
y que la mejor manera de venderlo es hacer que parezca divertido.
Se han de evitar palabras como escuela, estudio, y educación.
A nuestras clases las llamamos hermandades y les damos los nombres
de programas de televisión populares.
Los que producen materiales de currículo hacen énfasis
en que las lecciones son divertidas y fácil de preparar.
Todo lo que se necesita es esta caja de llamativos colores. ¿Qué
pensaría usted de su llamado y su preparación para
el ministerio si todo lo que necesitara fuera un sermón empaquetado
y una presentación de video diseñada por los expertos
en el campo de la diversión? ¿Cómo se adaptan
los educadores cristianos que sienten un llamado al ministerio a
la idea de que nuestro éxito depende de formar un producto
como algo divertido para dirigirlo a un mercado específico?
¿Cómo respondemos al corriente énfasis en la
diversión y el entretenimiento como herramientas ideales
para el alcance evangelístico y la educación cristiana?
PIÉNSELO
"Bueno es que tomes esto, y también de aquello no apartes
tu mano". Estas palabras de Eclesiastés 7:18 describen
el ministerio de la educación. La educación mira a
ambos lados. Preserva la verdad y el conocimiento del pasado y ofrece
el fundamento sobre el que se puede edificar correctamente para
el futuro. Estudiamos y oramos para poder captar la verdad del eterno
plan de Dios. Ser educado quiere decir que hemos recibido conocimiento
y experiencia. Luego estudiamos y oramos y nos eforzamos por entender
las tendencias culturales que dan forma al pensamiento y al comportamiento
en el presente. Nuestro propósito es dar forma al patrimonio
cristiano, y también estimular al nuevo pensamiento y a la
acción. Las posiciones extremas por lo regular llevan a la
confusión y al error. De modo que debemos enseñar
que la verdad de Dios es absoluta, y que también puede aplicarse
de formas innovativas. Dios no cambia. Las culturas cambian. Las
necesidades básicas de las personas no cambian. La cultura
crea nuevas situaciones que nos exigen satisfacer nuestras necesidades
básicas de formas apropiadas. La función de la educación
es preservar el pasado, desarrollar el potencial presente, y estimular
resultados futuros.
La idea del cambio presenta una amenaza a la educación cristiana
cuando los líderes, creyendo que los niños y la juventud
posmodernos rechazan toda tradición, se van a extremos. Por
ejemplo, puede que los maestros y los pastores de niños saquen
todo lo que parezca religioso de los salones donde se reúnen.
Pintan las paredes con caras desfiguradas y animales, y con escenas
de la ficción científica. Tratan de hacer de cada
lección un juego o programa de televisión. Creen que
todo debe ser tan nuevo y emocionante como la última tecnología
de ondas. No captan la importancia de la inmutable santidad. He
leído las palabras de pastores de mega iglesias acosejándonos
que eliminemos las biblias de los bancos, y hasta llegan a sugerir
que los viejos que insisten en llevar tan obviamente su biblia a
los cultos intimidarán a las visitas que no tienen afiliación
con ninguna iglesia. Esto es lo que quiero decir con extrema reacción,
que va más allá de la verdadera comprensión
de lo que es la naturaleza humana y las necesidades básicas
del ser humano.
Estudios sobre el desarrollo humano han concluido que a los niños
no les gusta el mucho cambio. A menos que sean especialmente estimulados
para que deseen un producto nuevo, la mayoría de ellos prefiere
lo que les es conocido. Se emocionan y gozan con las presentaciones
electrónicas, pero son más influenciados por una voz
conocida que es tierna y amorosa. A los adolescentes nos les disgusta
toda la tradición. No se van de la iglesia porque sea demasiado
tradicional, a menos que los hagamos sentirse no comprendidos y
rechazados con nuestra extrema rigidez y crítica. Por lo
regular, perdemos a los jóvenes porque fallamos en incluirlos
y conectarlos significativamente con el patrimonio cristiano. Con
frecuencia, lo que tomamos por rebelión o desdén de
la tradición es en realidad un grito de frustración.
Un ejemplo de esto es un informe llamado "New Wheels for Generation
Y" ["Nuevas ruedas para la generación Y"].
En una exhibición de automóviles de concepto, un respetado
diseñador declaró: "Los chicos de hoy se visten
informales y llevan consigo toda esta diversión. Les daremos
cierta fantasía, cierta emoción. . . . Llevaremos
a la gente a un mundo diferente."
Pero un joven estudiante de diseño no estuvo de acuerdo,
diciendo: "Eso sería un gran error. La gente tiene esta
imagen estereotípica de que los jóvenes quieren [algo]
totalmente descabellado. . . . En realidad, quieren algo inteligente.
. . pero eso no quiere decir grotesco."
Ni las nuevas generaciones ni las personas seculares quieren que
lo cambiemos todo para que les parezca bien a ellos. Ellos quieren
que la vida tenga sentido. Quieren que nosotros los comprendamos,
que los amemos, y que los hagamos parte de nuestra vida. Necesitan
empatía y aprecio más que cambio y diversión.
¿CUÁNTO ENSEÑA LA DIVERSIÓN?
Los buenso maestros siempre han diseñado maneras interesantes
y placenteras de presentar el contenido de la lección. Las
personas de todas las edades siempre han encontrado verdadero placer
y satisfacción en aprender. La idea de tratar intencionalmente
de hacer que el aprender sea divertido nació de la televisión.
Uno de los primeros programas que dijo tener el propósito
de enseñar fue Sesame Street [Barrio Sésamo].
Neil Postman, en Amusing Ourselves to Death [Divirtiéndonos
hasta morir], dice que el programa generalmente fue aprobado
por los educadores que pensaron que ayudaría a enseñar
a leer a los niños y a alentarlos para que amaran la escuela.
Varios estudios y experimentos con los resultados han indicado que
los niños no aprenden mejor el contenido con graciosos títeres
y cancioncillas fáciles de recordar que con los buenos, tradicionales
métodos. Los estudios muestran que los niños sí
recuerdan algo del contenido que tiene la intención de educar,
pero que recuerdan más sobre los personajes y el drama. Numerosos
informes de otras fuentes están de acuerdo con la declaración
de Postman de que los programas de televisión enseñan
a los niños a amar los programas de televisión, no
la escuela.
En un informe sobre la importancia que los niños y los padres
dan a los populares programas de video que tienen temas bíblicos,
vemos la misma tendencia a recordar más sobre la acción
y la tecnología que sobre el mensaje que tratan de comunicar.
Se pidió a los niños y los padres que vieron ciertos
videos cristianos populares que los clasificaran e hicieran comentarios.
La mayoría les asignó buena categoría, diciendo
que las presentaciones estaban bien hechas, que eran bíblicamente
sanas, e interesantes para mirar. Pero entre los niños ninguno
mencionó a Dios ni la Biblia. Un niño mencionó
una lección moral específica. Todos los demás
comentarios tuvieron que ver con los chistes, la tecnología,
los actores, la música y las buenas o emocionantes aventuras.
Ningún niño mencionó haber aprendido ninguna
verdad bíblica de los videos. Nadie hizo la concexión
entre un personaje del video y un personaje bíblico. Ninguno
de los comentarios de los padres incluyó la mención
de Dios. Uno mencionó un tema moral. Todos los demás
comentarios hicieron referencia a la buena tecnología y a
la producción. El asunto es, como han declarado muchos meticulosos
eruditos, que el medio influencia mucho el mensaje. Los medios como
video y presentaciones dramáticas con trucos mágicos
y payasos deben usarse juiciosamente para evitar que los que los
ven recuerden más sobre la presentación que sobre
la lección que se supone deben impartir.
¿POR QUÉ SE PARECE JESÚS A MI PERRO? ¿ES
QUE ÉL ES UN PASTOR ALEMÁN?
El mayor defecto de la diversión cristiana es la creencia
de que los niños pueden comprender metáforas y cuentos
alegóricos. Evidencia de esto se encuentra en los numerosos
supuestamente divertidos relatos sobre cómo reaccionan los
niños. Un ejemplo es la manera en que una clase de adultos
se rio del niño que preguntó si Jesús era un
pastor alemán como su perro. Un buen maestro ve más
allá del humor. Los niños necesitan explicaciones
explícitas. Aprenden más de las palabras sencillas,
como Jesús te ama, que de lo que aprenden de cuentos sobre
un buen pastor o de algún vegetal que cuida ovejas. Aún
los adolescentes y muchos adultos se confunden, o simplemente sólo
se divierten, con los juegos divertidos y los dibujos animados que
se supone que imparten una lección. A veces los dibujos de
colores llamativos, las rápidas imágenes de video,
y los conmovedores ritmos disfrazan más y expresan menos.
Dawson McAllister, un proclamado experto sobre la juventud y la
cultura, dice: "Divertimos a los adolescentes hasta la muerte.
A ellos les encanta, pero. . ." Él dice que los jóvenes
se cansan pronto de una clase de diversión y buscan algo
más emocionante. Él citó una encuesta entre
30.000 adolescentes que habían permanecido en la iglesia
por algún tiempo. La pregunta fue "¿Por qué
permaneces?" Sólo 3.6 por ciento de los chicos escogió
"diversión", pero 57.1 por ciento escogió
"Me ha ayudado a crecer como cristiano."
¿CÓMO SE RELACIONA EL MERCADO CON LA MISIÓN?
El argumento más persuasivo para el uso de medios y métodos
culturalmente relevantes es que debemos tender un puente entre la
iglesia y la cultura para atraer a las personas sin iglesia. Creemos
que Jesús nos dejó con una misión, y en términos
de hoy día, debemos vender el mensaje de la salvación.
De modo que buscamos una manera de poner a la venta el mensaje.
Esto nos lleva a copiar las estrategias para dar publicidad y divertir.
En nuestro sincero deseo de ganar el interés y la atención
de los que no van a ninguna iglesia, a veces nos vamos a extremos
y prestamos más atención al mercadeo que a la misión.
En una reciente publicación secular un escritor explicó
algunas de las ventajas de las escuelas cristianas. Dijo que ofrecen
buena enseñanza, y que la influencia del mercadeo las ha
obligado a moderar el lugar que ocupa la religión en ellas.
Dijo que las fuerzas de mercadeo ablandan la religión a medida
que las escuelas compiten para atraer alumnos. Esto hace a las escuelas
cristianas más aceptables en la sociedad en general. Él
creyó haber hecho una declaración positiva, pero para
nosotros es una advertencia.
También es relevante la queja que leemos en muchas publicaciones
nacionales sobre la inflación de las notas en nuestras escuelas
y universidades. Un profesor de la universidad de Missouri escribe:
"Las universidades están ahora modeladas según
la corporación. . . . A los estudiantes se les llama clientes
y los vice presidentes se preocupan por ofrecer el mejor servicio
al cliente. ¿Cuál es la mejor manera de mantener al
cliente contento? Darles lo que quieren."
Nuestro desafío es (1) estar al tanto y ser relevante para
alcanzar nuestro mercado sin permitir que las adaptaciones culturales
ablanden el mensaje, y (2) no estar tan consumidos con la idea de
ofrecer una experiencia agradable inmediata hasta el punto de descuidar
el ministerio de enseñar. McAllister dice que su experiencia
lo lleva a concluir que no debemos ser negativos y condenar nuestras
tendencias culturales, sino por el contrario, ". . . si usted
y yo dejamos ver con nuestro ejemplo el amor de Dios y dejamos que
los jóvenes vean nuestro corazón y nuestros valores,
podemos concentrarnos mucho más en nuestro propósito.
. . y mucho menos en las apariencias externas de nuestra cultura."
Entre los mejores ejemplos de moverse hacia la adaptación
cultural están los clubes de jóvenes auspiciados por
la iglesia en los que la música de moda (al estilo hip-hop)
es el vehículo para el ministerio. Hace poco la revista Christianity
Today publicó un sobrio informe en el que los autores
comparan el ministerio popular (al estilo de hip-hop) a las
estrategias interculturales que usan los misioneros para evangelizar
a los pueblos no alcanzados. Citan a líderes de populares
clubes de jóvenes que explican cómo usar el hip-hop
para "dar luz al mensaje del evangelio."
Un ministro de jóvenes explica que la música hip-hop
promueve la brutal sinceridad y expresa la necesidad que tienen
los jóvenes de mantenerlo todo real. "Debemos estar
dispuestos a reconocer nuestras faltas", dice él, y
ayudar a los jóvenes a "experimentar un mensaje bíblico
dentro de su propio contexto cultural." Los cristianos mayores
puede parecer santurrones y no dispuestos a hacer las debidas adaptaciones
según las necesidades de las generaciones más jóvenes
que preguntan y buscan. Debemos apreciar a las personas y aceptarlos
como productos de nuestra cultura.
Luego en un chocante ejemplo del sincretismo posmoderno, los autores
de este artículo citan a otro líder de jóvenes:
"Nuestro uso de la música rap y hip-hop
es sólo la leche para hacer que la gente llegue a la carne
del discipulado y la verdad bíblica." Nos aconsejan
que usemos emocionantes estrategias populares como nuestra leche
para hacer llegar a la gente al evangelio. Terminan el artículo
con una línea popular de publicidad, y preguntan a la iglesia:
¿Tienes leche?
El uso bíblico de la metáfora de la leche no es que
la leche se da para atraer a los infantes. Se da para alimentar
a los infantes. Alimentar no es lo mismo que simplemente atraer.
Divertir puede servir para atraer. La educación es para alimentar.
Debemos tener cuidado de no envolvernos tanto en la relevancia cultural
y las estrategias de mercadeo hasta el punto de descuidar los propósitos
educativos básicos y las habilidades para enseñar.
Pedro dice: "Desead, como niños recién nacidos,
la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis
para salvación, si es que habéis gustado la benignidad
del Señor" (1 Pedro 2:2,3). La diversión y el
entretenimiento ponen en peligro el crecimiento espiritual cuando
nos vamos a los extremos. Pueden crear apetitos para algo siempre
más emocionante, como la leche gaseosa y las peras con burbujas.
Usando la ilustración de publicidad como modelo, podríamos
ver el resultado de la buena enseñanza cristiana como esto:
Un estudiante se limpia las trazas de leche de la cara y pregunta
a la iglesia: "¿Tienes carne?"
Billie Davis, Ed.D., es catedrática
emerita de educación, psicología, y sociología
en Evangel University, Springfield, Missouri.
Referencias
McAllister, Dawson, Saving the Millennial Generation. Nashville:
Thomas Nelson Publishers, 1999.
Postman, Neil, Amusing Ourselves to Death. New York: Penguin
Books, 1986.