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Debemos contar las ovejas y cuidar del rebaño

Por Greg Asimakoupoulos

Cuando un amigo pastor anunció que se jubilaba, su congregación dio un banquete en su honor. Mi esposa y yo fuimos invitados. Nos impresionamos con las singulares decoraciones en las mesas. Un artisano de la iglesia había hecho ovejas de madera que cuidaban del jamón horneado, las papas en crema, y el bizcocho de queso. Considerando el hecho de que un rebaño daba honor a su pastor, me sentí impresionado con su idea tan ocurrente y apropiada. Al salir de la cena, Wendy y yo recibimos una de las ovejas como recuerdo.

Eso fue hace muchos años, pero ese corderito de pino pintado sigue ocupando un prominente lugar entre mis libros en la librera de mi oficina. De vez en cuando, contemplo ese animalito de madera y doy gracias a Dios por mi amigo Larry, que ahora está ya con el Señor.

No mucho después de la jubilación de Larry yo compré un pequeño cordero de madera de olivo a un vendedor en la calle durante una gira a la Tierra Santa. Aunque toscamente esculpido, me recordó de un miembro de mi iglesia cuyo valor no estaba en su belleza física, sino en su santo corazón. Fue un gran compañero para la oveja Larry ya de regreso a casa.

Sin darme cuenta me encontré coleccionando ovejas. Aunque mi esposa cree que mis expediciones para conseguir ovejas son sólo una manera de acomodar a mi niño interior que todavía se deleita con los juguetes, mi pasatiempo no es de ninguna manera un simple juego de niños.

Los corderos y las ovejas que colecciono representan a ciertos inolvidables individuos a los que he tenido el privilegio de pastorear en mis dos décadas de ministerio. Cada uno representa la gracia de Dios en la vida de los feligreses.

Una de mis favoritas vino de una tienda de cosas usadas. Está desteñida y sucia, igual que Kori, la niñita que asistía a la primera iglesia que pastorée. Sus padres eran adictos. Se vestía ella solita y se iba caminando a la iglesia todas las semanas porque sentía un amor que jamás había tenido en su hogar.

Otra de mis ovejas favoritas simboliza a Bob, un vendedor de seguros, de mediana edad cuya esposa lo abandonó después de 38 años de matrimonio.

Otra me recuerda a Marty, un encargado del aseo de la escuela a quien llevé al Señor y bauticé en la laguna de un campo de golf.

Luego está mi cordero Mae. Está legalmente ciega, ha quedado viuda dos veces, y se vio obligada a sufrir la insoportable prueba de que una niñera haya matado a golpes a su nieto. Cuando veo la oveja miniatura de madera que me recuerda de ella, me siento inspirado por su santa perseverancia.

Para algunos, contar ovejas es un medio desesperante para quedarse dormidos. Para mí, contar las ovejas en mi colección es un deliberado modo de tratar de permanecer despierto ante las recompensas de ser el pastor de una iglesia pequeña. Mi lanudo rebañito es un medio tangible de contar mis bendiciones. Es un recuerdo del singular privilegio que resulta de ser pastor de una congregación más pequeña. Los pastores de iglesias más grandes son más como hacendados que pastores. Les sería difícil llamar a cada una de sus ovejas por su nombre, mucho menos celebrar sus idiosincracias o historias personales.

LA ESCUELA DOMINICAL Y EL PASTOR DE LA IGLESIA MÁS PEQUEÑA

Los gozos que acompañan al pastor de una iglesia pequeña también son compartidos por los que cuidan de sus rebaños de escuela dominical en las congregaciones donde los bancos son pocos. Los maestros en iglesias así tienen el privilegio de llegar a conocer a sus alumnos, tanto como lo hace el pastor. Cuando sólo hay unos cuantos chicos, los maestros tienen la libertad de ser más que un simple instructor. Tienen razón de verse a sí mismos como pastores también.

De lo que yo he experimentado y observado, hay cuatro consideraciones que el pastor de la iglesia más pequeña debería tomar en serio al ayudar a enlistar y preparar a los que imparten la educación cristiana a nuestros niños.

Enliste maestros que tengan un genuino amor hacia Dios y los niños.

Siendo que el grupo de posibles maestros puede ser muy pequeño, no se preocupe demasiado por su experiencia o habilidad. Usted quiere a aquellos que enseñarán la Biblia a los niños, no sólo que simplemente enseñen la Biblia. Los jóvenes responderán a aquellos en los que puedan ver un sincero interés en lo que los interesa a ellos. Y los que aman a Jesús radiarán un gozo y una autenticidad que servirá de más que recompensa por su falta de pulidez o habilidad para memorizar.

Así era Martha Clarkson. Yo nunca conocí a una mujer que se interesara más por sus chicos como ella. Ella no era atractiva. Es más, su sobrepeso era fácil de notar. Pero su sonrisa y sus abrazos atraían a los chicos a su clase. Martha nunca había asistido a la universidad, y su conocimiento de las Escrituras no era mucho mayor que el que poseían sus chicos, pero el pastor afirmó su deseo de enseñar. Sus alumnos afirmaron su consagración.

Fomente tareas para toda la vida.

Los maestros que se ven a sí mismos como pastores desean enseñar, año tras año. El desafío los motiva. Debido a que están usando un don espiritual, la inversión de ese don rinde una ganancia de satisfacción, y su interés se multiplica. En contraste, es más probable que los que responden a la necesidad de llenar la vacante en un salón de clase sólo porque se sienten culpables o en respuesta a las tácticas para convencer, se agoten después de no mucho tiempo.

Elna Hagen es la epítome del don para enseñar. Su llamado en la vida era enseñar a los niños de primer grado. Y mire usted si lo hacía. Siendo madre de tres hijos sin duda le ayudó, pero Elna sintió el llamado de Dios a toda una vida de servicio. La hermana Hagen me enseñó a mí en First Assembly of God en Marysville, Washington. Eso hace más de 40 años, pero yo jamás la olvidaré. Debido a que ella estaba en su puesto para toda la vida, se invertía a sí misma en todo lo que hacía. Cada domingo traía algo de casa para compartir con los chicos. Todavía recuerdo esas deliciosas rodajas de pan que ella horneaba en latas miniaturas. Cosía delantales de papel para que nosotros los termináramos hilvanando en ellos el nombre. Por cada versículo bíblico que nos aprendíamos de memoria, o por cada vecino que traíamos a la iglesia, recibíamos un martillito o una cinta medidora para poner en los bolsillos del delantal. Y porque Edna estaba ahí "para toda la vida", los niñitos preescolares sabían lo que les esperaba cuando llegaran a la clase de la Hermana Hagen.

Si usted anima a que sus maestros vean su llamado como un ministerio en progreso, ofrezca descansos regulares.

Busque una manera para que sus maestros regulares tengan libre el trimestre de verano. Usted puede hacer esto al combinar las clases en junio, julio, y agosto para ofrecer una experiencia intergeneracional (v.g., use el currículo de la escuela bíblica de vacaciones a base semanal, aunque esté diseñado para uso diario). Otro método podría ser permitir que los maestros cuyos horarios de trabajo o de viaje sean tan impredecibles que no puedan enseñar durante el año escolar, lo hagan por varias semanas en el verano.

Cap y Adele Harper han enseñado a los de segundo grado por 15 años en Crossroads Church en Concord. No se pueden imaginar hacer otra cosa. Pero no les pida que enseñen 12 meses seguidos. Saben que una vez llega el verano, necesitan un descanso para volver a llenar su reserva creativa. Algunos quizás se crean ser demasiado exigentes o menos dedicados. Yo sé mejor. Ellos conocen sus límites. Yo me siento orgulloso de su desempeño durante casi una docena de años como su pastor.

Anime a sus maestros a pensar como pensaría un pastor.

Cuando usted pastorea una iglesia de menos de 200 personas su perspectiva es, por necesidad, la de un pastor. Usted reconoce que la alimentación y el cuido que usted da no se limitan al domingo por la mañana. Uste toma todas las oportunidades durante la semana para ir tras las que se apartan (usted sabe cuáles son), llevar a las que están heridas, y alimentar individualmente a las que tienen hambre. Los maestros en las iglesias más pequeñas tienen el mismo mandamiento. Son más eficaces cuando resisten la tentación de definir su tarea por la clase de 45 minutos del domingo por la mañana. Toman tiempo de lunes a sábado para mandar tarjetas, preparar viajes fuera de la iglesia, y llamar por teléfono sólo para ver cómo están.

Lo crea o no, la mejor manera de enseñar a sus maestros a adoptar este método es modelar esa clase de pastoreo con ellos. Aunque tenga un maestro de escuela dominical designado, usted es el pastor principal de los que pastorean a los chicos de su iglesia. Pase tiempo individualmente con ellos. Llegue a conocer sus historias individuales. Incorpore algunas de estas historias en sus sermones (con su permiso, por supuesto). Planee salidas a convenciones de escuela dominical cuando todos puedan ir juntos en grupo. Comuníquese regularmente con ellos. Afírmelos con frecuencia. Recuérdeles que usted está orando por ellos. Busque su propia manera creativa de mantener a cada maestro de escuela dominical tangiblemente a la vista y en su pensamiento. Probablemente usted no va a comenzar una colección de ovejas, pero no es una idea tan ma-a-a-a-a-la.


-Greg Asimakoupoulos fue pastor, y es el presente director de comunicaciones creativas para Mainstay Ministries, Naperville, Illinois.