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La esencia de la adoración pentecostal

Hay siete axiomas que toda iglesia pentecostal debe adoptar para ayudarse a lograr su máximo potencial en la adoración.

por H. Robert Rhoden

Harvey Cox, en Fire From Heaven [Fuego del Cielo], identifica un ingrediente indispensable de la adoración pentecostal. “Un domingo por la mañana en septiembre de 1993, yo asistí a una avivada iglesia pentecostal latina ubicada en una anterior sinagoga, en la que una vez había sido la sección alemana judía de Chicago. Mientras los feligreses, en su mayoría puertoriqueños, se mecían y cantaban‘Dios Está Aquí’ , observé una pequeña pegatina, o calcomanía. Estaba pegada en los flamantes tambores de percusión de madreperla que un joven devoto golpeaba con una asombrosa serie de estrepitosas palmadas y redobles. Desde donde yo me encontraba, como a un tercio del último banco, podía ver que la primera palabra en la pegatina era ‘Música’ y que la última era ‘Jesús’. Pero las otras palabras entre las dos estaban en letras más pequeñas, y por más que torciera los ojos, no podía leerlas. Mi curiosidad se había despertado, así que después del culto me acerqué al área de la banda para verlas de cerca. Ahora podía ver todo el mensaje. Decía “La música me trajo a Jesús’”1

En el Día de Pentecostés el apóstol Pedro predicó un sermón en respueta a la pregunta: “¿Qué quiere decir esto?” Es significante que la palabra traducida como “les habló” en Hechos 2:14 es la misma que “les daba” en Hechos 2:4. El sermón de Pedro, exactamente como el hablar en lenguas, fue obra del Espíritu.

Pedro citó a Joel para indicar que el derramamiento del Espíritu era una señal de que habían comenzado los últimos días. El restante 75 por ciento de su sermón se concentró en la vida, ministerio, crucifixión, resurrección, y exaltación de Jesús a la diestra de Dios. Este sermón evocó una pregunta de parte de los oyentes: “¿Qué haremos?”

Pedro contestó: “Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38). ¿El resultado? “Los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas” (Hechos 2:41).

La historia de Harvey Cox y el sermón del apóstol Pedro identifican dos salientes componentes de la adoración pentecostal – la música y la predicación. Si definimos la adoración pentecostal como una auténtica expresión de amor, que emana directamente del corazón, a nuestro Padre Celestial y que es avivada por el Espíritu Santo, entonces adoración es más bien verbo y no sustantivo. El vocabulario de adoración en la Biblia es extenso, pero la principal palabra hebrea en el Antiguo Testamento que se usa para adoración quiere decir “inclinarse”. La misma idea está implicada en la palabra del Nuevo Testamento para adoración, que quiere decir “servir”.

Cómo puede extrapolar esto la iglesia pentecostal de modo que el culto del domingo por la mañana encarne la esencia de la adoración pentecostal? Antes de responder a esta pregunta, examinemos las bases del concepto de la adoración.

Hacia una teología de adoración

Una breve teología de la adoración es esencial par dar un marco a nuestro camino. Tomo prestado de una sesión didáctica por Jack Hayford2 para ofrecer una versión condensada, al estilo de la revista Selecciones, de lo que es una teología de adoración.

1.Como Dios de todo, el Señor Todopoderoso es nuestro Creador, Protector, Redentor; y como Soberano del universo es digno de nuestra adoración y merecedor de nuestra alabanza.

2. El objetivo de nuestra adoración no es solamente cumplir con un requisito, reconocer nuestro lugar en el orden de la creación, sino que también es un medio orientado por Dios para avanzar nuestra restauración y reinstalación en ese orden.

3. La adoración es don de Dios para nosotros, más para nuestra bendición que para Él. Su objetivo no es asegurarse de nuestra adulación, sino que descubramos y nos demos cuenta del avance de su propósito para nuestra satisfacción.

4. La adoración no es solamente un medio de reafirmar la relacional dependencia de, sumisión a, y obediencia ante Dios del hombre; es el medio (a través de la gracia) para volver a establecer la sociedad del hombre con Dios para regir la tierra —una que comienza en una realización presente práctica, aunque parcia— y que será, después de la venida de Cristo, una total y plena realización.

5. Para el redimido, la adoración es la clave esencial para recibir la regla del reino de Dios en la experiencia humana: V.g., en nuestros asuntos diarios, nuestros hogares, nuestras congregaciones, nuestros negocios, y nuestras ciudades y naciones.

6. La adoración es el principal medio para establecer un ambiente (a) para la entrada transformadora de la presencia de Dios; (b) para la clara entrada de la Palabra de Dios; (c) para la amorosa entrada del Espíritu de Dios; y (d) para la dinámica entrada de las obras de poder de Dios.

7. Así mismo, los líderes necesitan aproximarse a la adoración con la convicción de que no estamos ofreciendo un momento opcional sino determinando uno fundamental.

8. Con este entendimiento, debemos aceptar el hecho de que la adoración bíblica (a) siempre exigirá que el orgullo humano se humille por medio de la adoración; (b) debe conducirse correctamente según los patrones divinos para la adoración; y (c) regularmente se manifestará en el transformador gozo y humildad que se distila de la adoración.

Períodos bíblicos de adoración

En los tiempos de los patriarcas existían tanto la privacidad de oración (Génesis 18:16-33) como el acto público de preparar el altar (Génesis 12:7). Desde los patriarcas en adelante, la Biblia está dividida en cuatro períodos. Primero, bajo Moisés, el tabernáculo era el punto principal de la adoración pública. El segundo período se hizo altamente organizado, y los sacerdotes, ayudados por los levitas, dirigían el rito del templo. Incluía un complejo sistema de sacrificios. La tercera etapa se centraba en la sinagoga, que fue desarrollada por los que permanecieron en el exilio. En la sinagoga el énfasis era más en la instrucción que en la adoración. La cuarta etapa fue la primera iglesia cristiana.

Respecto al Nuevo Testamento, nuestra información sobre la adoración cristiana es vaga. Claramente el día de adoración era el primer día de la semana (Hechos 20:7), aunque al principio había cultos diarios (Hechos 2:46). La adoración se llevaba a cabo en los hogares de los creyentes. La sencillez marcaba los cultos de adoración de la iglesia en los hogares. En su mayoría consistían de alabanza (Efesios 5:19; Colosenses 3:16), oración, lectura y exposición de las Escrituras, profesía y lenguas, y otros dones espirituales. La fiesta de amor seguida por la Santa Cena (1 Corintios 11:23-28) también era un aspecto común de la adoración cristiana. Pero en todo, el énfasis era en el Espíritu y en el interno amor y devoción del corazón.

Siete axiomas de la adoración pentecostal

Hay siete axiomas que toda iglesia pentecostal debe abrazar para ayudarse a lograr su máximo potencial en la adoración.

Hacer preparación espiritual.

Al nivel primario, todo culto de adoración debe ser interconectado con la oración. El sermón de Pedro el Día de Pentecostés fue precedido por 10 días en el Aposento Alto. Cuando yo pastoreaba en West End Assembly of God en Richmond, Virginia, nos reuníamos para orar todos los sábados por la noche. Preparábamos nuestros corazones para el culto del domingo por la mañana e intercedíamos por todas las personas que asistirían, especialmente los que no eran cristianos. Yo raramente aceptaba una invitación para asistir a funciones los sábados por la noche. Sí, era un sacrificio, pero creíamos que la oración era endémica para el éxito del culto de adoración. Una evidencia es la larga lista de personas que fueron salvas durante nuestros 22 años ahí.

Nombrar a un líder de adoración que sea un adorador.

Encontrar a una persona para dirigir los cánticos no es difícil, pero encontrar a alguien que pueda dirigir a la gente mientras canta es esencial. Esta persona debe ser un adorador si es que ha de dirigir a los demás en la adoración. Judson Cornwall3 tiene tres preguntas que todo el que dirige la adoración debe hacerse.

Primero, ¿dónde comenzamos? Para dirigir a las personas es imprescindible comenzar donde ellas se encuentran. La mayoría de la gente llega al culto con un mínimo de conciencia de Dios y con mucha conciencia de sí misma. El comenzar con cánticos de experiencia personal o de testimonio recibe a las personas exactamente donde ellas se encuentran y les da algo con lo que se pueden identificar a comienzos del culto.

Segundo, ¿adónde vamos? Deje que la congregación se goce cantando cánticos de testimonios hasta que esté lo suficiente unida como para comenzar a acercarse a Dios. Los cánticos de testimonio con frecuencia abren el paso a los cánticos de agradecimiento. El que dirige la adoración debe pesar cuidadosamente sus palabras en la transición. En más de una ocasión, un líder de adoración demasiado solícito ha hablado tanto que ha matado el culto de adoración. Los cánticos de agradecimiento con frecuencia son más capaces de llevarnos a los majestuosos himnos, que dan expresión a los conceptos de Dios más elevados, que los coros más sencillos.

Tercero, ¿cómo sabemos cuándo hemos llegado? Si el líder ha logrado su propósito, el espíritu humano responderá con profundidad y devoción. La adoración se toma tiempo, de modo que es importante no apurar a la congregación. Repita el verso o el coro del himno que parezca dar la más sincera expresión a lo que la congregación está sintiendo en ese momento. Simplemente alaben. Las ideas ingeniosas están fuera de orden. Hablar no es necesario. Se debe considerar que cantar es el propósito principal. Se debe dar lugar al Espíritu Santo en una expresión de adoración. Es necesario llevar a la gente de lo natural a lo espiritual y de la expresión de necesidad propia a la de adoración al Espíritu. Este es el propósito del líder de adoración—ser más bien un líder de adoradores antes que un líder de cánticos.

Incluir a todas las generaciones.

Si usted quiere comunicar a los jóvenes el mensaje de que ellos no son importantes, elimine su música. Si usted quiere marginar a los santos mayores, deshágase de su música. En su libro titulado Build To Last, Jim Collins dice que las compañías que duran adoptan más bien una actitud de ambos/y antes que una de uno/u otro. La iglesia debe abrazar este concepto en preparación para un preferido futuro en la adoración. Si los hijos e hijas están profetizando, si los jóvenes están viendo visiones y los ancianos soñando sueños bajo el mismo Espíritu, seguramente podemos encontrar un culto de adoración que conecte y no que divida a las generaciones opuestas.

Cambiar, no eliminar, el pasado.

A través de los tiempos Dios siempre ha levantado a individuos para influenciar a la iglesia en la adoración. La década de los 1960 produjo a Chuck Smith y el Movimiento de Jesús. El segundo capítulo de Hechos y Bill y Gloria Gaither tuvieron influencia en la década de los 1970. Carol Cymbala y el Tabernáculo de Brooklyn dieron un nuevo sonido a la de los 1980. Al mismo tiempo, la música de Hosanna e Integridad se convirtieron en nombres conocidos. Lindell Cooley surgió a mediados de los 1990. Hoy Darlene Zschech y Hillsong están haciendo un impacto mundial. Ninguna de estas dotadas personas sugeriría que su música tiene la intención de competir con, o eliminar, la música del pasado. De hecho, siempre existe una delicada tensión entre poner la música diacrónica (a través del tiempo), como los himnos clásicos que expresan la teología del sonido, con la música sincrónica (con o en el tiempo) que surge y luego se desvanece. Incorporemos el cambio y lo nuevo al mismo tiempo que abrazamos y mantenemos lo importante del pasado.

Escoger substancia antes que estilo.

Yo no tengo ninguna idea del estilo de adoración que experimentaban en Hechos 13:2,3 cuando el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado.” Lo que sí sé es que la substancia es más importante que el estilo. Era un ambiente en el que el Espíritu Santo podía seleccionar a los llamados. Esta reunión no se trataba de lo que el filósofo danés Kierkegaard llamó el nivel estético o “que se siente bien” de adoración, ni tan siquiera el nivel ético de “un código de reglas.” Era una adoración a un nivel espiritual que creaba una disposición para entregarse confiada y totalmente a Dios. Todo culto de adoración debe tener el potencial y la expectación para experimentar los substantivos actos de Dios en nuestra vida.

Estar abierto a lo milagroso.

Mark Batterson, un amigo pastor en Washington, D.C., predicó un sermón titulado “El milagro de la música”. A mí me encanta su descripción de la experiencia en la cárcel que tuvieron Pablo y Silas:

Adoración es cuando suceden los puntos de penetración. Fue a medianoche en una celda de una cárcel en el Medio Oriente cuando Pablo y Silas comenzaron a alabar a Dios. Con el cuerpo encadenado, su espíritu se elevaba. Mientras cantaban hubo un violento terremoto. Hechos 16:26 dice que las puertas de la cárcel se abrieron, y las cadenas de todos se soltaron. Eso es lo que sucede cuando alabamos. La adoración prepara el escenario para lo milagroso.4

Aunque nosotros no nos enfocamos en los milagros, es importante ver el culto de adoración como un lugar que singularmente nos abre a lo milagroso. Después que se abrieron las puertas de la cárcel, el carcelero y su casa fueron salvos. Dios ejerce su poder con un propósito – salvar a los perdidos. Los testimonios en un culto de adoración del milagroso poder de Dios con frecuencia serán el catalizador que lleva a la gente a Jesús.

Promover la libertad en la adoración.

La expresión más común que yo oía de los nuevos que venían a West End sobre el culto de adoración era “hay tanta libertad, pero segura”. Pablo declaró: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

La expresión más común que yo oía de los nuevos que venían a West End sobre el culto de adoración era “hay tanta libertad, pero segura”. Pablo declaró: “Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Corintios 3:17).

La libertad encuentra su mayor expresión donde los límites están claramente establecidos. La sensibilidad y el respeto hacia los demás es una clara enseñanza bíblica (1 Corintios 12). No es un oxímoron planear un culto de adoración pentecostal, esperar excelencia de los músicos, y tener momentos para enseñar, especialmente cuando las lenguas y su interpretación son parte del culto. Como regla general, yo explicaba con las Escrituras lo que estábamos experimentando después de un mensaje en lenguas y su interpretación. También imprimíamos y verbalizábamos la base bíblica para acompañar con palmadas y levantar las manos en adoración. La buena enseñanza y la activa dirección pastoral fomentarán en el culto de adoración pentecostal un ambiente de libertad que incitará a mayor participación. No todos se sentirán cómodos con las expresiones de un culto de adoración pentecostal. Aceptamos eso. Pero debemos estar seguros de que su incomodidad no se debe a nuestro mal uso de la libertad.

Conclusión

El año pasado un artículo en el Washington Times dijo: “La razón más común que la gente da por dejar una iglesia es que es demasiado parecida a su vida diaria.”5 La gente busca una comunidad espiritual que sea radicalmente distinta al ambiente de su trabajo. Toda iglesia pentecostal se debe proponer ser un lugar en el que el culto de adoración es una experiencia transformadora al adorar “en espíritu y en verdad” (Juan 4:24).


H. Robert Rhoden

H. Robert Rhoden, D.Min., Fairfax, Virginia, es superintendente del Concilio del Distrito Potomac de Las Asambleas de Dios y presbítero ejecutivo del área Noroeste.

Notas

1. Harvey Cox, Fire From Heaven (Reading, Mass.: Addison-Wesley Publishing Company, 1995), 139.

2. Jack Hayford, A Theology of Worship, Van Nuys, Calif., 1996.

3. Sermon “Leading People Into Worship” by Judson Cornwall.

4. Sermon by Mark Batterson, pastor of National Community Church, Washington, D.C.

5. Mark A. Kellner, “Flock Strays From U.S. Churches,” [El rebaño se extravía de las iglesias estadounidenses] Washington Times, 18 October 2002.