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El Coro del Tabernáculo de Brooklyn—Cambiando vidas con la música

La música de un coro dirigido por el Espíritu puede ser un poderoso medio en la mano de Dios para llevar a la gente a Cristo.

Por Carol Cymbala

La historia del Coro del Tabernáculo de Brooklyn es un poderoso ejemplo de cómo Dios puede usar a un coro para alcanzar a su comunidad con el evangelio. Desde sus humildes comienzos, el propósito del coro siempre ha sido ministrar al mundo real. He aquí su historia.

A la Ciudad de Nueva York jamás le falta gente. Día y noche las multitudes llenan las calles. Uno se pregunta si hay un momento cuando la gente duerme. Cuando Dios llamó a mi esposo Jim y a mí a comenzar una iglesia en Brooklyn, ambos preguntamos: “Señor ¿cómo podemos comunicar el evangelio a esta gente?”

En los primeros años, cuando nuestro coro consistía de un puñado de personas, trabajábamos con un centro local de Teen Challenge para tener reuniones mensuales. Alquilábamos un auditorio en el que cabían más personas de las que había en nuestra pequeña iglesia. Lo que hacíamos en esas primeras reuniones no era nada impresionante. Algunos de los muchachos de Teen Challenge ni tan siquiera podían llevar el tono. Pero sus corazones eran sinceros en su deseo de salvar a los perdidos. La gente se salvaba, no porque cantáramos bien, sino porque Dios llegaba en poder.

A medida que pasaron los años, Jim y yo seguimos preguntando al Señor: “¿De qué otra manera podemos comunicar el evangelio a esta gente?” Sabíamos que la música tenía un maravilloso poder para atraer a la gente. Con frecuencia habíamos tenido conciertos en nuestra propia iglesia. No era difícil llenar los 1.200 asientos, pero añorábamos hacer más. Mientras tanto, Dios seguía bendiciendo el ministerio del coro a medida que lograba reconocimiento.

Se abren las puertas al ministerio

Carnegie Hall

Siendo que sabíamos que muchas personas jamás vendrían a nuestros conciertos porque eso quería decir asistir a la iglesia, pensamos en alquilar un salón. Poco después, alguien sugirió una ridícula idea. Quizás debíamos alquilar el Carnegie Hall. Pero ¿podría un coro del corazón de la ciudad atraer una gran multitud a un local conocido por sus presentaciones de primera clase? Pronto lo supimos. La noche del concierto quedamos asombrados al ver que la policía había sido llamada para controlar a la multitud. La gente se había reunido afuera del salón con la esperanza de conseguir asiento. Había más gente que asientos, y desafortunadamente muchos no pudieron entrar.

Esa noche, conscientes de que teníamos una increíble oportunidad para compartir el amor de Dios, el coro cantó con todo el corazón. Nadie se concentraba en entretener. Simplemente queríamos ministrar a los que habían venido. No se trataba del coro sino de la gente que necesitaba conocer a Jesucristo. Después que cantamos, Jim hizo una invitación y la respuesta fue abrumadora.

Radio City Music Hall

La experiencia en Carnegie Hall nos dio la fe para creer que Dios haría más. Pronto hicimos arreglos para dos conciertos consecutivos que tendrían lugar en Radio City Music Hall. Aunque nos sentíamos intimidados al pensar en cantar en otro local famoso, no dejamos que el temor nos estorbara para alcanzar a más personas. Los miembros de nuestra congregación, junto con otros creyentes, comenzaron a invitar a las personas de entre sus familias, trabajos, y vecindarios a un concierto en Radio City Music Hall. Ambas noches fueron un éxito total. Un miembro de nuestra iglesia invitó a un hombre llamado Bob Adamo. A continuación se encuentra cómo es que Bob recuerda los eventos de esa noche.

“ En el trabajo desarrollé una amistad con alguien que me hablaba de Dios. Más de una vez ella me invitó a visitar el Tabernáculo de Brooklyn, pero yo siempre tenía una excusa. Por fin me invitó a un concierto en Radio City Music Hall, no a una iglesia. Lo que no mencionó fue que éste no era un concierto ordinario sino uno en el que alguien se pondría de pie y predicaría. Yo no estaba preparado para eso.

“ No recuerdo lo que el pastor Cymbala dijo esa noche, pero después de oír sus palabras, yo sabía que tenía que hacer una elección. Así que me puse de pie el momento en que él preguntó si alguien quería aceptar a Cristo y recibir oración.

“ No sé exactamente qué sucedió excepto que Cristo me libertó. Y es admirable para mí que ahora me siento tan cerca de personas que son puertorriqueñas, jamaicanas, afroamericanos, o lo que sea. Después de todo, yo soy un italiano que se crió en un barrio que tenía los prejuicios comunes hacia las minorías. Pero yo ya no tengo nada de ese veneno en mi corazón desde que Cristo me cambió. Ahora soy parte de la familia de Dios y me encanta.”

Dios verdaderamente nos ayudó durante esas noches en Radio City. No llegamos ahí para ofrecer un espectáculo. No llegamos ahí para poder decir que habíamos cantado en su impresionante escenario. Dios nos mandó ahí para poner en alto el nombre de Jesucristo y ofrecer a la gente la esperanza de su salvación. Bob Adamo es sólo uno de los muchos ejemplos de lo que Dios puede hacer. Hoy bob canta en nuestro coro junto con su nueva esposa. Rebosamos de gozo al ver que Dios sigue bendiciendo su vida.

Madison Square Garden

Desde esos conciertos en Radio City, hemos tenido un sin fin de oportunidades para ministrar a la gente en Nueva York, por todo el país, y alrededor del mundo. Una de nuestras experiencias más grandes fue cuando debutamos un álbum en Madison Square Garden, un local con un cupo para alrededor de 17.000 personas. Cristianos por todas partes comenzaron a invitar a los no creyentes. Pero esta vez el Señor puso una carga particular en nuestros corazones hacia un grupo especial de gente.

Es imposible vivir en Nueva York sin darse cuenta de los miles de personas desamparadas que llenan sus refugios. Muchos viven en edificios infestados de cucarachas y ratas. Estos edificios a veces son tan peligrosos que muchos prefieren vivir en las calles. Siendo que creíamos que Dios nos llamaba a los desamparados de Nueva York, nuestro personal comenzó a ponerse en contacto con los refugios por toda la ciudad, invitando a los residentes a un concierto gratis en Madison Square Garden. Cuando terminamos, 3.000 personas desamparadas habían aceptado nuestra invitación. Alquilamos docenas de buses para recogerlos y llevarlos. Dimos a cada uno una bolsa de regalo con productos de higiene personal. La mayoría de los desamparados en Nueva York jamás había puesto un pie en Madison Square Garden, y la mayoría no comprendía por qué se les trataba de forma tan especial. Después del concierto mi esposo habló y pidió a los que querían recibir salvación que se pusieran de pie. Vimos a miles de personas ponerse de pie.

Una de las desamparadas que se puso de pie ese día fue María Negrón – una madre con 14 hijos, todos desde 1 año hasta 14 años de edad. María y sus hijos entregaron su corazón al Señor. Después de eso, Delores Bonner, una de los miembros de nuestra iglesia, comenzó a recoger a los niños para llevarlos a la escuela dominical. Dios comenzó a manifestarse en los corazones de las personas en nuestra iglesia para ayudar aún más a María y a sus hijos. Especialmente Oscar, el mayor, nos tocó el corazón. Como el primogénito de María, él se sentía responsable por sus 13 hermanos. Pero ¿cómo puede un niño de 14 años cumplir con una responsabilidad semejante? Así que la iglesia tomó a Oscar bajo sus alas.

Debido a que Oscar se había criado en las calles, todavía tenía encuentros con la violencia de las pandillas y con la policía. Pero con todo, la gente de la iglesia lo siguió apoyando y hoy, a la edad de 21 años, él ama a Dios con todo su corazón. La iglesia sabe que la mano de Dios está en su vida. Hace poco, cuando se le preguntó a Oscar qué significaba Jesús para él, simplemente dijo: “Jesús es mi Proveedor. Él me salvó de la muerte y nos dio refugio a mí y a mi familia.” Como otros que han aceptado el evangelio, Oscar ha pasado de un refugio público al refugio de los brazos de un Dios amoroso. Esa noche en Madison Square Garden el Señor nos dio la oportunidad para revelar su amor a gente que sólo había conocido sufrimiento y rechazo.

Quizás usted se esté preguntando cómo puede hacer que el evangelismo por el coro sea parte del ministerio de su iglesia.Desafortunadamente, no existe una sola metodología general para el ministerio evangelístico del coro que funcione de la misma manera para toda iglesia. El Tabernáculo de Brooklyn es una iglesia en el corazón de la ciudad, que evangeliza a las personas del corazón de la ciudad. Quizás usted no tenga a su disposición los locales que nosotros tenemos a la nuestra. Pero, si Dios le ha puesto la carga de salir de las paredes de su iglesia, mantenga en mente los siguientes principios espirituales. Nos han dado resultado a nosotros, y tengo la confianza de que le darán resultado a usted también.

Evangelizar a su comunidad

Orar, orar, y volver a orar.

La oración es la parte más importante del ministerio del coro. Cada semana nos reunimos como coro para buscar del Señor y presentar a Él nuestros corazones. Pedimos a Dios que nos use para que la gente pueda ser salva por medio de su poder. A medida que hacemos esto, Él sigue abriendo puertas de oportunidad.

Romanos 8:26 nos recuerda que no sabemos cómo hemos de orar como conviene, pero que Dios nos ha dado su Santo Espíritu para ayudarnos en nuestras debilidades. Jamás se debe menospreciar el privilegio de inquirir de Dios, orar y buscar su rostro en toda situación. La oración puede llevarlo a usted y a su coro a la perfecta voluntad de Dios. Nosotros oramos, no porque Dios no sabe cuáles son nuestras necesidades, sino porque Él sabe y puede dirigirnos como conviene. 1 Juan 5:14,15 declara: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” Cuando usted ora, Dios promete dirigirlo. Por lo tanto, la oración es vital.

Poner atención a la dirección de Dios.

Uno de los beneficios de ser hijo de Dios es ser dirigido por el Señor. La Biblia dice que “todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios” (Romanos 8:14). Jesús claramente se reveló a sí mismo como el Buen Pastor (Juan 10:3,4). Cuando usted ora, usted está buscando la ayuda de Dios, y Dios promete ayudarlo (Isaías 30:19,21). Poner atención a Dios lo hace depender de Él para hacer lo que Él lo ha llamado a hacer. Sin Él usted no puede hacer nada.

Ir por fe.

La fe del cristiano vence al mundo. Nosotros creemos por fe, trabajamos por fe, proclamamos el evangelio por fe, peleamos la buena batalla de la fe, y ponemos en alto el escudo de la fe. Obtenemos toda promesa que Dios nos ha dado por fe, y dondequiera que Dios nos manda, vamos por fe. Esta fe no es un asentimiento mental ni un razonamiento de la mente. Nuestra fe está enraizada en una persona, en Jesucristo, y en su soberano poder para hacer cosas más allá de todo lo que podamos imaginarnos. Hebreos 11:6 nos dice que sin fe es imposible agradar a Dios.

Conclusión

A pesar de las increíbles puertas que se le han abierto al Coro del Tabernáculo de Brooklyn, el Señor jamás me ha permitido olvidar lo que aprendí en los comienzos de nuestro ministerio. Esas primeras reuniones en Teen Challenge me recuerdan lo que Dios puede hacer cuando nuestros corazones son sinceros y cuando nos interesamos sólo con darle gloria a Él. Los jóvenes de Teen Challenge eran todo menos cantantes pulidos. Si el poder de Dios hubiera dependido de la calidad de sus voces, estoy muy segura de que nada hubiera sucedido en esas reuniones. Pero sucedieron cosas grandes. Como resultado, yo sé que si nuestros corazones no son puros, si no dependemos totalmente de Dios, nuestras labores serán en vano, aunque se nos invite a cantar en los escenarios de los salones de concierto más famosos del mundo.

El error más grande que se presenta a cualquier coro es entregarse a la tentación de presentar un espectáculo, de ofrecer un buena presentación en vez de ministrar. Cuando el principal propósito de su coro es entretener, se pierden las oportunidades espirituales. Si usted quiere ver a Dios tocar a los perdidos por medio de su música y su predicación, debe continuamente buscar de Él. De otra manera, usted simplemente estará presentando un evento más en la comunidad. La gente quizás se entretenga, pero su vida no cambiará.

Los coros pueden ministrar en una variedad de locales fuera de la iglesia – en las esquinas de las calles, en las cárceles, en las escuelas, o en salones de concierto. La verdadera pregunta no es ¿dónde ministrar?, sino ¿quién irá? Los que dicen que sí a la invitación de Dios encontrarán satisfacción en hacer la voluntad de Dios. “Mi comida” dijo Jesús, “es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra. ¿No decís vosotros: Aún faltan cuatro meses para que llegue la siega? He aquí os digo: Alzad vuestros ojos y mirad los campos, porque ya están blancos para la siega” (Juan 4:34,35).

Ya sea que usted es director de coro, miembro del coro, pastor, o laico, su ministerio se desenvolverá a medida que permita ser vaciado del interés propio y ser llenado con el amor de Jesucristo. Mi oración es que Dios siga ayudándonos a todos a ver con sus ojos y no con los nuestros, porque ahora mismo, los campos están verdaderamente blancos. Que jamás lo limitemos en la forma en que Él nos puede usar en esa cosecha.


Carol Cymbala

Carol Cymbala dirige el Coro del Tabernáculo de Brooklyn y está casada con Jim Cymbala, pastor del Tabernáculo de Brooklyn, Brooklyn, Nueva York.