CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
¿Existen
pautas o principios que puedan realzar nuestra
música y por lo tanto nuestra adoración?
Por Joseph Nicholson
A través de toda su historia el cristianismo
ha sido una religión musical. En cada
esquina del globo y en toda era, la música
ha sido parte integral de la fe cristiana.
Pero esto no quiere decir que no ha habido
opiniones variantes sobre la música.
Durante siglos, una considerable parte de
la controversia en la iglesia se ha concentrado
en la música. Las quejas por la música
con frecuencia se basaban en la preocupación
porque los estilos y lenguajes musicales
que no eran de iglesia se estaban infiltrando
en la iglesia y corrompían la santa
adoración. En otras ocasiones, la
disensión tenía sus raíces
en la simple resistencia al cambio—una
renuencia a aceptar nuevos instrumentos,
nuevos estilos musicales, o cualquier cosa
que no estuviera ya totalmente enraizada
en la tradición.
Los desacuerdos, tensiones,
y opiniones divididas sobre la música
de la iglesia siguen.1 Aunque
cierta diversidad en los puntos de
vista es ventajosa, es deseable lograr por
lo menos un concenso general sobre los propósitos
básicos de la música en nuestras
iglesias. Pero ¿cómo hemos
de saber qué música agrada
a Dios? ¿Por qué es que la
música para la iglesia difiere de
país a país—aun de
congregación a congregación
dentro del mismo país? ¿Debe
haber más uniformidad en la música
entre nuestros hermanos cristianos por todo
el mundo? ¿Existen guías o
principios que puedan realzar nuestra música
y por lo tanto nuestra adoración?
Si así es, ¿cuáles principios
son universales y cuáles están
basados en la cultura? ¿Cuál
es la base teológica para nuestra
filosofía de la música?
La Biblia
tiene muchísimo que decir
sobre la música. Se menciona en por
lo menos 44 de sus 66 libros. Términos
musicales como música,
cantar, e instrumentos musicales (muchos específicamente
identificados) se mencionan cientos de veces.
Un libro entero, los Salmos, está dedicado
a la música. En su forma original,
el libro de los Salmos era un libro de cantos.
No sabemos cuántos pasajes de los
libros proféticos originalmente se
cantaban, pero muchas profecías están
escritas en estilo poético, y algunas
se cantaban.
Lucas contiene los himnos más
conocidos del Nuevo Testamento: El Magníficat
(Lucas 1:46-55), el Benedicto (1:68-79),
Gloria in Excelsis Deo (2:14), y Nunc Dimittis
(2:29-32). Todos éstos se relacionan
con el nacimiento de Cristo y pudieron haber
sido usados en la adoración por la
Primera Iglesia.
La Biblia comienza con lo
que a veces se llama el himno de la creación
en la poesía de Génesis 1 y
culmina con los grandes cantos de adoración
de Apocalipsis 5:9; 1:4-3; 15:3; y posiblemente
19:4-8.
La Palabra de Dios dice muy claramente
que los que siguen al Señor son un
pueblo que canta; los cristianos cantan por
naturaleza.
La Escritura explica por qué los cristianos
deben cantar, cómo deben cantar, y
hasta qué es lo que deben cantar.
¿Deben
cantar los cristianos?
Alguien dijo que Dios es quien creó la
música; el compositor solamente la
arregla. Dios es un gran amante de la música.
Job 38:7 hace referencia al momento “mientras
cantaban a coro las estrellas matutinas y
todos los ángeles gritaban de alegría”(NVI).*
Isaías 55:12 dice que los montes cantaban
y los árboles daban palmadas de aplauso.
El mismo Jesús cantó un himno
en la Última Cena (Mateo 26:30; Marcos
14:26).
Dios desea nuestro canto. Su Palabra
nos insta a adorar con música. Salmo
100:2 dice: “Adoren al SEÑOR
con regocijo. Preséntense ante él
con cánticos
de júbilo” (NVI). Salmo 107:21,22
desafía al pueblo de Dios: “Alaben
la misericordia de Jehová, y sus maravillas
para con los hijos de los hombres; ofrezcan
sacrificios de alabanza, y publiquen sus
obras con júbilo.” Salmo 149:5
amonesta: “Regocíjense los santos
por su gloria, y canten aun sobre sus camas.”
El
gozo y el canto no siempre vienen fácilmente.
Durante la cautividad babilónica los
judíos se perdieron de la oportunidad
de usar la música para testificar
de su Dios. Sus captores querían oírlos
cantar cánticosde Sion (Salmo 137).
Pero por el contrario, se revolcaron en su
autoconmiseración, colgaron sus harpas
en los árboles, y lloraron. Los profundos
dolores y los recuerdos de días mejores
les quitaron su canto y su gozo. Nos va mejor
si cantamos alabanzas a Dios, ya sea que
sintamos el deseo o no.
Los inspirados escritores
del Nuevo Testamento con frecuencia citaban
el Antiguo Testamento.
En Romanos 15:9-11, el apóstol Pablo,
instruyendo a judíos y a gentiles,
hizo referencia a varios cantos del Antiguo
Testamento (2 Samuel 22:50; Salmo 18:49;
Deuteronomio 32:43; Salmo 117:1). La Escritura
claramente muestra que Dios quiere que su
pueblo confiese su nombre, que se regocije,
y que le cante alabanzas a Él.
¿Por
qué deben cantar los cristianos?
Santiago 5:13 nos desafía: “¿Está alguno
entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno
alegre? Cante alabanzas.” La música
es la natural expresión de gozo. Un
antiguo canto tiene este testimonio: “Canto
porque estoy alegre, canto porque soy libre.” Pero
también cantamos para lamentar—para
expresar dolor, angustia, o preocupación.
O quizás cantemos para testificar
o alentar a los demás. ¿Cuál
es el propósito de nuestro canto?
No para atraer atención a nosotros
mismos, sino para dar un mensaje.
Los mensajes
eficaces pueden darse sin música,
pero la música añade una nueva
dimensión a la palabra expresada.
Al suplementar un poema con una melodía
o con una armonía las palabras toman
más emoción, más significado,
y más poder.
Dos dimensiones de la
música de la
iglesia ilustran esta singular capacidad
en comparación con todas las formas
de ministerio. La música puede afectar
la mente. La música también
puede añadir significado a su mensaje
al afectar al oyente por medio de las emociones.
El resultado es que el pueblo puede ser desafiado,
inspirado, y movido a la acción. Esta
es una razón por la que los himnos
de invitación se han usado en el evangelismo
durante los llamados al altar.2 La música
constriñe, realza, y fortalece las
apelaciones verbales.
¿
Por qué debemos cantar? He aquí cinco
razones básicas:
1. Los cristianos deben cantar para expresar
oración y alabanza a Dios.
Esta es una orientación vertical—hacia
arriba para el Señor, dirigida a Dios.
En los primeros años de este nuevo
milenio, los coros de alabanza parecen dominar
la adoración evangélica. Incluidos
en esta categoría están: “Mi
vida está en ti, Señor”; “Exaltado
es, el Rey exaltado es”; “Señor,
levanto tu nombre”; “Maravilloso
eres en este lugar, poderoso Dios”; “Maravillado
estoy de ti”; y “Digno eres” (basado
en Apocalipsis 4:11; 5:9). El conocido, antiguo
himno italiano “Ven, Rey todopoderoso”,
es otro ejemplo:
¡Ven, Rey todopoderoso,
Ayúdanos a cantar de tu nombre,
ayúdanos a adorar!
¡
Padre glorioso, victorioso sobre todos,
Ven y reina en nosotros, Antiguo de Días!
¡Ven, Palabra encarnada,
Cíñete la espada, oye nuestra
oración!
¡
Ven, y a tu pueblo bendice, y aviva tu Palabra,
Espíritu de santidad, sobre nosotros
desciende!
Ven santo Consolador,
Tu sagrado testimonio danos en esta alegre
hora.
¡
Tú, que eres todopoderoso, reina
ahora en todo corazón,
Y jamás te apartes de nosotros,
Espíritu de poder!
A ti, bendita Trinidad,
Sean eternas alabanzas, desde ahora y para
siempre.
¡
Que tu soberana majestad veamos en la gloria,
Y te amemos y adoremos hasta la eternidad!
2. Los cristianos deben cantar para enseñar
Escritura, doctrina de la iglesia, y verdad
teológica.
Una gran parte de nuestra comprensión
de Jesús, la naturaleza de Dios, la
Escritura, y otros asuntos importantes se
deriva de los cantos. Con frecuencia se pone
música a pasajes bíblicos un
tanto largos, ayudándonos así a
memorizarlos. Cuando mis hijos eran pequeños,
se aprendían cantos que mencionaban
los libros de la Biblia, los 12 discípulos,
y una variedad de datos bíblicos que
todavía recuerdan hasta hoy.
Los músicos
cristianos con frecuencia citan Colosenses
3:16 con frecuencia: “La
palabra de Cristo more en abundancia en vosotros,
enseñándoos y exhorándoos
unos a otros en toda sabiduría, cantando
con gracia en vuestros corazones al Señor
con salmos, e himnos y cánticos espirituales.” Con
frecuencia se pasa por alto el revelado énfasis
de que podemos usar la música para
enseñar.
La experiencia muestra que
cuando aprendemos en asociación con
la música,
retenemos lo que hemos aprendido por mucho
más tiempo. La música es un
medio eficaz en el proceso de enseñar
y aprender. Toda pieza musical enseña
algo. Debemos discriminar respecto a la música
que escogemos para nuestros hogares, escuelas,
e iglesias. Debemos estar seguros de que
es significativa, duradera, y bíblica.
La
música que escogemos, especialmente
para los jóvenes, puede tener un dinámico
impacto en ellos. Los niños pueden
relacionarse con la música, y lo hacen.
A ellos les encanta cantar. Hace poco, varios
líderes de ministerios para niños
me dijeron que de todos los cantos que se
ofrecen hoy, los niños todavía
quieren cantar “Cristo me ama”.
El
himno titulado “Ven, Rey todopoderoso”,
no es solamente una oración sino también
un buen himno para enseñar. Enseña
sobre la Trinidad. La primera estrofa está dirigida
a Dios el Padre: el “Rey todopoderoso”, “Padre”,
y “Antiguo de Días”. La
segunda estrofa se dirige a Dios el Hijo,
la “Palabra encarnada”. La tercera
estrofa está dirigida a Dios el Espíritu
Santo: el “santo Consolador”,
el “sagrado testigo”, y el “Espíritu
de poder”. La estrofa final está dirigida
a la Trinidad, el “gran Uno en Tres”.
El coro “Señor, levanto tu nombre” también
enfatiza las doctrinas de la encarnación
de Cristo, su muerte en la cruz, y su resurrección.
Hay
muchos cantos —nuevos y antiguos— que
están llenos de verdad bíblica
y de Escritura. El espacio no nos permite
hacer una lista larga. Los pocos títulos
que se presentan aquí son comúnmente
cantados por personas de muchas denominaciones
y en una variedad de idiomas. El canto titulado “Coronadle
con muchas coronas” tiene una gran
variedad de títulos cristológicos: “Cordero”, “Hijo
de Dios”, “Señor de la
vida”. El himno “Grande es tu
fidelidad” y el coro “El fiel
amor del Señor nunca cesa” (ambos
basados en Lamentaciones 3:23), hablan de
la inmutable fidelidad de Dios. “Todo
está bien en mi alma” tiene
una excelente secuencia que conduce a la
adoración:
Paz como un río...
Olas del mar arrollan...
Satanás embate...
Cristo derramó su propia sangre...
Todo está bien en mi alma....
Los compositores demuestran cómo
se puede usar la música para enseñar
la Escritura y la doctrina de la iglesia.
Los cantos pueden dar instrucción
sobre nuestra fe y esperanza cristiana. La
debida música puede ayudar a los niños
y a los adultos a aprender de Dios y su naturaleza,
las verdades bíblicas, y los eternos
valores.
3. Los cristianos deben cantar para testificar
de la grandeza de Dios.
Esta es una consideración horizontal – no
hacia arriba dirigida a Dios, sino hacia
fuera dirigida a la gente. Muchas personas
han venido a Cristo por primera vez gracias
a un testimonio del amor de Dios y de su
gracia, ungido por el Espíritu Santo
y cantado con sinceridad. Música como “Hay
poder en la sangre” ha apoyado los
esfuerzos misioneros por todo el mundo y
el evangelismo por la iglesia local por doquier.
¿Quieres ser salvo de toda maldad?
Tan sólo hay poder, en mi Jesús.
¿
Quieres vencer toda cruel tentación?
Tan sólo hay poder en Jesús.
El siguiente cántico, escrito por
Wendell Loveless, es un ejemplo de un cántico
de testimonio:
Perdido estaba cuando Cristo me encontró en
una noche oscura y fría.
Tiernamente me abrazó y me llevó a
su rebaño.
Con sus manos heridas por los clavos
me llevó al refugio de su amor;
De su gracia y voluntad me enseñó,
y del descanso celestial que vendrá.
Aunque la negra noche me envuelva, seguro
estoy, pues Él está cerca;
Jamás me confundirán mis
enemigos, mientras oiga la voz del Salvador.
Otro ejemplo es “Momento a momento” por
Daniel Whittle:
Momento a momento me guarda su amor;
Momento a momento tengo vida celestial;
Mirando a Cristo hasta que llegue su gloria;
Momento a momento, Oh Señor, tuyo
soy.
El coro “Tengo una esperanza” es
un ejemplo más reciente de un canto
de testimonio. Muchos otros cantos testifican
de la fidelidad de Dios para con sus hijos.
4. Los cristianos deben cantar para participar
en la adoración corporativa.
El canto es una de las pocas maneras en
las que la iglesia entera puede adorar junta.
Hebreos 2:12 declara que “en medio
de la congregación te alabaré.” Todo
el pueblo unido puede expresar mutualmente
adoración, petición, o testimonio
como un cuerpo unificado. Cuán precioso
y fortalecedor es cuando nosotros como cristianos
podemos adorar al Señor juntos y cantar: “Nos
reunimos para pedir la bendición del
Señor”; o “Soy feliz por
ser parte de la familia de Dios”; o “Nos
postramos, ponemos nuestras coronas a los
pies de Cristo”.
Algunos cantos cristianos
claramente se prestan mejor para los solistas,
grupos pequeños,
o coros que para el canto congregacional,
pero casi cualquier canto de alabanza ciertamente
puede usarse para adorar. Una característica
de los cantos especialmente aptos para la
adoración corporativa es el uso de
los pronombres nosotros, nos, y nuestro. “Cuando
todos [nosotros] vayamos al cielo”; “La
gracia es mayor que nuestro pecado”; “[Nosotros]
Tenemos un ancla”; y “Salvador
como pastor guíanos [a nosotros]” son
sólo unos cuantos ejemplos.
El objeto
central de nuestra adoración
es Cristo, nuestro Señor y Salvador.
Pero hay gran valor en las expresiones personales
de adoración—una expresión
individual, precisa, y única de nuestro
amor y adoración a Dios. Sin embargo,
cuando demasiada de nuestra himnología
se enfoca en Yo, mí, y mío,
pueden surgir dudas sobre el enfoque del
texto del canto. El uso del pronombre para
la tercera persona permite la expresión
personal de un cuerpo unido de creyentes
que participan juntos de la adoración.
5. Los cristianos deben cantar para
motivar al cuerpo a un compromiso mayor.
A veces la música tiene la intención
de inspirar a los cantantes y oyentes cristianos,
motivándolos a la acción o
al compromiso. Ejemplos de esta clase de
música son “Toma mi vida y déjala
ser”; “La mano del alfarero”; “Sé fuerte
y toma aliento”; y “Gánalos
uno por uno”.
La música tiene
una importante función
para los cristianos. ¿Quién
puede medir lo que se logra por medio de
la música cristiana que se toca en
los hogares y por la radio? ¿Y cuánta
formación de carácter se logra
cuando los cantos se repiten una y otra vez
en la mente de las personas mientras conducen
de la casa al trabajo o mientras trabajan? ¿Cuántas
veces el Espíritu de Dios alienta
y fortalece a los cristianos trayéndoles
a la mente las palabras de un canto durante
alguna crisis? Los cantos que cantamos y
la música que escuchamos tienen una
profunda influencia en nuestro carácter.
Yo
soy gran partidario de la música
de alabanza y adoración, pero parece
que en muchas iglesias hoy el repertorio
entero de los cánticos está limitado
a los de alabanza y adoración. Esto
es un error. Si la dieta musical que se sirve
regularmente a la congregación no
incluye, además de alabanza, los importantes
asuntos de enseñar, testificar, unidad
corporativa, y motivación, entonces
es momento de hacer una cuidadosa evaluación
del repertorio de adoración de la
iglesia.
¿Cómo
deben cantar los cristianos?
Colosenses 3:16 y Efesios 5:19,20 indican
que nuestro cantar debe hacer uso del ser
profundo, interior—el asiento de
nuestras emociones. Los cristianos deben
cantar con todo el corazón, un corazón
lleno de un espíritu de agradecimiento.
¿
Cómo debemos cantar? Pablo dijo: “Cantaré con
el espíritu, pero cantaré también
con el entendimiento” (1 Corintios
14:15). Este versículo está en
el contexto de 1 Corintios 14 donde Pablo
se dirige al problema de las lenguas desconocidas,
que no se pueden entender. En este contexto,
cantar “con el espíritu” es
cantar en lenguas. “Cantar con el entendimiento” es
cantar en el idioma vernacular. ¿Cómo
debemos cantar? Con gracia en nuestros corazones,
con el Espíritu, y con el entendimiento.
Finalmente,
los cristianos deben cantar expertamente.
Este punto parece ser más aplicable
a los solistas o músicos con responsabilidades
especiales. La pericia se logra sólo
a través de la planificación
y la práctica consistente. Y usted
dirá: “Oh, pero la Biblia no
enseña eso.” Yo creo que sí lo
enseña, no sólo por implicación
sino más bien explícitamente.
David
se convirtió en un virtuoso
harpista y cantante después de horas
y horas de práctica cuando era un
joven pastor. Su éxito como músico
(cantante, tocador, y compositor) fue principalmente
el resultado de su habilidad musical (y de
su espíritu contrito ante Dios).
El
Antiguo Testamento describe los programas
de música bien organizados y altamente
preparados que se usaban para la obra del
Señor. 1 Crónicas 25:5-7 describe
a los músicos como “instruidos
en el canto para Jehová. . . aptos”.
1 Crónicas 15:22 nos dice que al principal
de los levitas en la música le fue
dada esa responsabilidad “porque era
entendido en ello.” En Salmo 33:3 un
lenguaje sencillo y directo promueve a los
músicos que tocan bien.
El Nuevo Testamento
fomenta la excelencia en la música.
Se hace referencia despectiva a lo que carece
de claridad, precisión,
y habilidad. Pablo escribe de eso en 1 Corintios
14:7,8 en anticipación de su analogía
sobre las palabras comprensibles. Dios se
agrada con la música experta y artistícamente
tocada.
¿
Esto quiere decir que los que no tienen habilidad
musical no deben alabar? De ninguna manera.
Todos tenemos variantes grados de talento
musical. El Señor se agrada cuando
demostramos una actitud que desea planificar,
preparar, y presentarle lo mejor ya sea que
ministremos la Palabra, cantemos, o demos
un simple testimonio. La Biblia dice claramente
que todos debemos ser participantes activos
en la alabanza (Salmo 100:1; 150:6).
¿Qué deben
cantar los cristianos?
La letra y la música de algunos cantos
son mejores que la de otros. Un error común
que comete la gente en referencia a la música
de la iglesia es juzgarla buena si la encuentra
placentera. Si la música es placentera,
es fácil aceptar un mensaje superficial
sin hacer una cuidadosa evaluación.
Lo mejor de la música de la iglesia
se caracteriza no solamente por su belleza,
emoción, y originalidad, sino por
mucho más. Es una obra de arte y ejecución
con un inspirador mensaje cristiano.
La letra
debe ser una de las principales consideraciones
al evaluar un canto cristiano.
La evaluación se basa correctamente
en tres criterios:
1. El mensaje debe ser cristiano y bíblico. Se
deben evitar las fábulas y leyendas
que no tienen fundamento en la Escritura.3
Los cantos de Navidad y de Pascua que son
de naturaleza popular con frecuencia son
indeseables. El nacimiento de Cristo, y su
muerte y resurrección son tremendos
sucesos bíblicos. No se logra nada
con asociarlos con fantásticos cuentos
de gente, animales, o juguetes que proclaman
mensajes religiosos o que hacen cosas sobrenaturales.
2. El pensamiento debe ser expresado
clara y directamente.
El mensaje espiritual debe ser lo suficientemente
obvio como para ser entendido a primera oída
pero lo suficientemente profundo para la
provechosa reflexión y meditación.
3. El lenguaje debe ser fresco, expresivo,
y elocuente.
El texto ideal hace su propia clase de música.
Es eterno sin ser anticuado; es relevante
para la presente generación; y habla
por la gente de cualquier nivel de la sociedad.
Un buen texto evita la excesiva repetición,
las trivialidades, y los clisés.
La repetición dentro de un poema
o canto puede tener valor significante, no
sólo para reforzar un punto sino también
para ofrecer un mecanismo para la estructura
formal. La repetición puede establecer
un tema, contribuir a la unidad, y servir
como el fundamento para la forma artística.
El problema con la repetición es que
puede ser demasiado de algo bueno. Exagerando
todavía más el problema están
los cantos con demasiada repetición
que se repiten una y otra vez. En Mateo 6:7
Jesús advirtió contra el uso
de palabras que no son esenciales cuando
oramos.
Algunos cantos de adoración
populares repiten muchas veces sin necesidad
palabras y oraciones enteras. Los cantos
que se repiten excesivamente nos recuerdan
Hebreos 10:1, que enseña que “nunca
puede por los mismos sacrificios que se ofrecen
continuamente cada año, hacer perfectos
a los que se acercan.” ¿Puede
decirse algo parecido sobre la incesante
repetición de los coros de alabanza?
Los cantos que se repiten sin cesar no pueden
perfeccionar a los que vienen a adorar a
Dios. No podemos conjurar la presencia de
Dios con la innecesaria repetición.
Puede
ser un tanto difícil evaluar
los relativos valores del texto de los cantos.
Un desafío aún mayor es asesorar
objetivamente y con precisión la calidad
de la contraparte musical de un texto. La
música sin palabras tiene cualidades
abstractas, lo que la hace mucho más
subjetiva y menos exacta que su texto. Con
todo, debemos reconocer que algunos cantos
son musicalmente mejores que otros – más
fáciles de cantar, ya que tienen una
melodía, una armonía, y un
ritmo que son frescos, apropiados al modo
y al estilo de la letra, y no están
repletos de redundancias.
No sugiero que la
buena música de
la iglesia debe ser escrita por compositores
famosos en tiempos recientes (o en tiempos
de antaño), ni en lentos compases.
Es un error esteriotipar la música
en categorías tan limitadas. La música
de iglesia que es inspiradora, duradera puede
venir de cualquier país; puede ser
nueva o antigua, rápida o lenta. La
consideración importante es el mensaje
del cántico y la manera en que la
música comunica ese mensaje y cómo
es que los oyentes lo comprenden.
Algunos
cantos cristianos que se cantan mucho nunca
mencionan a Dios ni a Jesús.
Los pronombres como él o tú no
tienen ningún antecedente que los
identifique. La letra del texto es como la
de cualquier canto secular romántico
que podría dirigirse a un amante.
A veces los cristianos se deleitan en estos
cantos porque mentalmente interponen pensamientos
de Dios (aunque no hay un enfoque explícito
en Dios). Necesitamos cantar cánticos
que tengan un claro mensaje cristiano – que
tienen como centro a Jesús, la salvación,
y al Espíritu Santo.
El sacrificio
de alabanza
El “sacrificio de alabanza” que
menciona Hebreos 13:15 es una frase que se
encuentra en algunos cánticos contemporáneos
como “Te traemos sacrificio de alabanza”.
Por toda la Biblia vemos que el sacrificio,
la adoración, y la alabanza van juntos.
Estas palabras con frecuencia se malinterpretan
o se definen demasiado estrechamente.
Un sacrificio
es una ofrenda personal a Dios que conlleva
cierto costo, a veces muy considerable.
El rey David comprendía la importancia
del costo personal. Cuando en arrepentimiento
se preparó para edificar un altar
y ofrecer sacrificios a Dios, Ornán
el jebuseo estaba dispuesto a dar a su rey
todo lo necesario. Ofreció darle no
sólo su tierra donde trillaba para
que hiciera el sacrificio, sino que también
le ofreció sus bueyes, su leña,
y su trigo para el holocausto (1 Crónicas
21:18-24). Pero el rey David contestó: “No,
sino que efectivamente la compraré por
su justo precio” (versículo
24). Nuestro sacrificio no es sacrificio
a menos que nos cueste algo. Nuestro sacrificio
de alabanza debe ser apoyado por el sacrificio
de una vida como la de Cristo.
El Antiguo
Testamento exigía sacrificios
de animales. Pero el nuevo pacto substituye
y trasciende al antiguo. Bajo el nuevo pacto
Cristo, nuestro sumo sacerdote, ofreció “una
vez para siempre un solo sacrificio por los
pecados” (Hebreos 10:12). Hoy tenemos
acceso directo al trono de la gracia. Romanos
12:1 nos insta a nosotros los creyentes a
ofrecer a Dios nuestros cuerpos como “sacrificios
vivos”. Un sacrificio de alabanza es
un sacrificio vivo, es una vida para Cristo.
El Señor se agrada cuando nos rendimos
a Él (Salmo 40:6-8; 50:9,13-15,23;
96:9; Filipenses 4:18; Hebreos 13:16; 1 Pedro
2:5; 4:8-10).
Tanto en el Antiguo como en
Nuevo Testamento, la adoración y la
alabanza son algo más que servicio
de labios; algo más
que ponerse de pie en una congregación
con las manos alzadas y expresar palabras
de exaltación. Salmo 9:1 asocia la
alabanza con comunicar a los demás
las maravillosas obras de Dios. Dios odiaba
los holocaustos y los sacrificios que ofrecían
los infieles. “Porque misericordia
quiero, y no sacrificio” (Oseas 6:6).
Miqueas 6 pregunta: “¿Con qué me
presentaré ante Jehová?” La
clara respuesta sigue. Más que el
mejor de los holocaustos, el Señor
desea que hagamos “justicia”,
que amemos la “misericordia”,
y que nos humillemos ante Dios (Miqueas 6:6-8).
Isaías
1:11-17 presenta un convincente caso para
una vida recta en vez de ritos,
ceremonias, y vanas ofrendas. El Señor
odia la hipocresía, la superficialidad,
y la desobediencia. Él dice: “Dejad
de hacer lo malo; aprended a hacer el bien;
buscad el juicio, restituid al agraviado,
haced justicia al huérfano, amparad
a la viuda” (versículos 16,17).
Las palabras vanas o los ritos sin sinceridad
son repulsivos a los ojos de Dios. Él
habla por el profeta Amós: “Y
si me ofreciereis vuestros holocaustos y
vuestras ofrendas, no los recibiré,
ni miraré a las ofrendas de paz de
vuestros animales engordados. Quita de mí la
multitud de tus cantares, pues no escucharé las
salmodías de tus instrumentos” (5:22,23).
David
comprendía que “los sacrificios
de Dios son el espíritu quebrantado;
al corazón contrito y humillado no
despreciarás tú, oh Dios” (Salmo
51:17). La admonición “y de
hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis;
porque de tales sacrificios se agrada Dios” (versículo
16) sigue inmediatamente al pasaje sobre
el sacrificio de alabanza en Hebreos 13.
Cantar y tocar música ciertamente
son prácticas válidas para
todos los cristianos en todo lugar. Ciertamente
debemos cantar. Hay razones por las que debemos
cantar, y la Biblia da dirección tocante
el por qué, cómo, y qué debemos
cantar. Es fácil para nosotros ofrecer
a Dios alabanza barata—sacrificios
que no nos cuestan nada. Pero Dios quiere
nuestro todo. Si vivimos en amor y obediencia
al Señor, nuestros cánticos—el
fruto de nuestros labios—será un
agradable sacrificio de alabanza.
Joseph Nicholson,
Ph.D., es profesor emérito, Evangel
University, Springfield, Missouri
* Las citas bíblicas son de la Versión
Valera Revisada 1960 a menos que se indique
de otra manera.
Notas
El número del Evangelio Pentecostal para el 12 de noviembre de 2002 contenía
un artículo por Dean Merrill titulado “Guerras
por la música”. El escritor
ofrece una analogía entre los
desacuerdos y las escaramuzas de guerrilla
por la música.
Aunque no es universalmente cierto,
el abandono general del himnario y la
corriente amplia práctica de cantar
coros solamente parece haber afectado
las selecciones de la música para
los llamados al altar. Las reuniones
evangelísticas en décadas
pasadas consistentemente empleaban himnos
de invitación: “Tal como
soy”; “Cristo vengo a ti”; “Suave
y tierno Cristo te llama”; “Hay
lugar en la Cruz para ti”; “Mira
al Cordero de Dios”; y otros. Con
demasiada frecuencia la práctica
contemporánea de adoración
usa la música de un modo bastante
genérico utilizando cánticos
de alabanza durante todo el culto, ya
sea que el enfoque es la adoración
congregacional, sanidad divina, o invitación
(llamados al altar).
Un popular cántico navideño
incluye la línea: “Hombre
y bestia, a Él adorad”.
Otros hacen referencia a animales que
hablan o que hacen cosas sobrenaturales
en honor del Niño Dios. Los cantos
sobre Santa Claus, el conejillo de la
Pascua, desfiles, o sombreros no se deben
considerar como música cristiana.