CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
¿Alguna
vez se ha preguntado cómo sería
ser la persona nueva en su edificio, congregación,
o culto de adoración?
Por J. Diane Awbrey
El cuento
de hadas
Como Ricitos de Oro en la casa de los tres
osos, los que visitan su iglesia con frecuencia
buscan algo que les quede bien. Están
probando el local, los cultos, los ministerios
especiales, su suavidad, su temperatura,
y su tamaño. ¿Alguna vez se
ha preguntado cómo sería ser
la persona nueva en su edificio, congregación,
o culto de adoración?
El año pasado mi esposo y yo buscábamos
una iglesia. En el proceso descubrimos ciertas
sorprendentes, y a veces divertidas, prácticas.
Algunas iglesias se han puesto demasiado
cómodas con sus rutinas y se han olvidado
de lo que es ser un extraño en su
medio. Quizás nuestra experiencia
sirva para instruir a los que no tienen la
oportunidad de visitar otras iglesias ni
oír de los que visitan su propia iglesia.
La pesadilla
Una experiencia en particular ilustra varios
problemas que se presentan a las visitas
con niños pequeños. Una mañana
visitamos una iglesia de casi 400. Nunca
antes habíamos estado en el edificio,
así que no sabíamos dónde
se encontraba nada. Nuestra primera prioridad
era encontrar la guardería para nuestra
hija de 2 años. Todos parecían
pasar por la misma puerta doble, así que
nosotros también pasamos por ella.
Una avivada multitud se amontonaba en el
vestíbulo, casi bloqueando la entrada.
Todos conversaban, obviamente entre amigos,
conocidos, y todos parecían contentos
de estar ahí.
Siendo que no vimos a ningún recibidor
o ujier, ni ningún rótulo en
la entrada que indicara dónde estaba
la guardería, seguimos a una mujer
que iba frente a nosotros con una niña
de edad comparable a la de la nuestra en
los brazos. Esperábamos que se dirigiera
a la guardería. Tropezamos y empujamos
en el repleto vestíbulo y lo atravesamos
por casi tres cuartos del edificio. Cuando
llegamos al destino de la otra mujer al final
de un largo pasillo, nos encontramos con
la guardería para los bebés.
Su hija era unos meses menor que la nuestra.
La encargada sugirió que lleváramos
a nuestra niña a la sala para los
de 2 y 3 años de edad.
“¿Dónde está?” tuvimos
que preguntar.
Nos miró sin expresión. “Uh,
déjenme preguntar”. Se dirigió a
una joven que estaba en el pasillo. “¿Sabes
dónde están los de 2 y 3 años?”
Ésta creyó que sí sabía,
y nos llevó de regreso entre la multitud
hasta la primera aula que estaba cerca de
la entrada. En el camino saludó a
sus amigos, se detuvo para contestar preguntas,
pero ni una vez nos habló a nosotros.
En la puerta, nuestra guía desapareció sin
decir una sola palabra, así que entramos
al aula y esperamos que alguien nos recibiera.
Las encargadas se ocupaban de los otros
niños mientras nosotros permanecíamos
de pie. Nuestra hija vio un juguete al otro
lado del aula, así que entró a ésta
por su cuenta. Por fin me acerqué a
una encargada y le indiqué que mi
hija estaba ahí. “Va a estar
bien”, dijo, y comenzó a volverse.
“Somos nuevos aquí. ¿Qué hacemos?”
“Sólo déjenla aquí.
Nosotros la cuidaremos”.
¿Le gustaría saber
cómo se llama?pensé yo. “Se
llama Grace. Nosotros vamos a estar en
el santuario”.
“¿Dónde en el santuario?”
“Bueno, siendo que somos nuevos aquí,
no estoy segura. Quizás al lado derecho,
como a la mitad” (nuestro lugar de
costumbre en cualquier iglesia). No intercambiaron
números, no nos dieron nombres, ni
mostraron ninguna reacción al saber
que éramos visitantes.
Nos dirigimos al santuario, nos sentamos
a la mitad del lado derecho, y esperamos
que comenzara el culto.
¿Qué hay
de malo en este escenario?
¿Qué se puede aprender de
esta experiencia? Comencemos con los rótulos. ¿Qué es
lo primero que las visitas ven, oyen, o sienten
cuando entran a su iglesia? ¿Acaso
las diferentes entradas comunican distintos
mensajes? ¿Ha caminado usted alrededor
de su efificio (o aún mejor, ha pedido
a un extraño que lo haga) y ha seguido
los rótulos que indican dónde
están los servicios, las guarderías,
o el salón social?
Imagínese que entra a su vestíbulo
con un niño de 2 años en los
brazos. ¿Qué es lo primero
que buscaría? ¿Cómo
puede aliviar la ansiedad de las visitas
que no conocen su local? ¿Mejores
rótulos? ¿Un quiosco de información? ¿Recibidores
bien preparados?
La energía y el entusiasmo que se
sentía entre la congregación
al saludarse hablaron muy bien de la confraternidad
y comunidad que existe entre este grupo de
creyentes. Pero la falta de atención
a las preguntas básicas que podrían
tener las visitas al entrar al edificio comunicaba
que los de afuera no eran bienvenidos en
este club.
Demasiado
frío
Segundo, hablemos del cuido de los niños.
En la iglesia que visitamos, parecía
que la mano derecha no sabía (ni le
importaba) lo que hacía la izquierda.
Las que trabajaban en la guardería
para bebés no sabían dónde
estaban los niños de 2 años.
Para nuestra guía, obviamente nosotros
fuimos un desvío de su rutina normal
del domingo por la mañana de saludar
a sus amigos y atender otros asuntos. El
sistema para cuidar a los niños en
sí no inspiraba mucha seguridad al
no ofrecer ninguna corroboración en
cuanto a quién debía recoger
a los niños, cómo se llamaban,
o cómo serían llamados los
padres fuera del culto en caso que fuera
neceario. Además, toda persona con
la que nos encontramos en nuestro camino
para depositar a nuestra hija demostró indiferencia
a nuestro estado como visitas.
Demasiado
caliente
Aunque esa iglesia exhibió muy poco
interés en los controles para el cuido
de los niños, una vez visitamos una
iglesia que exageró en lo contrario.
En esta iglesia grande, el área de
cuidar a los niños estaba micromanejada
por una militante mujer que claramente valoraba
el sistema más que a las personas.
Los niños para el segundo culto no
se podían dejar antes de que los niños
del primer culto hubieran sido todos recogidos.
No importaba que la iglesia sólo permitía
10 minutos entre los cultos, causando un
atasco de tráfico de personas que
iban y venían.
No se permitían a los padres en las
aulas bajo ninguna circunstancia. No se podía
recoger a los niños sin el brazalete
numerado que correspondía con el número
en la línea del cuadro donde estaba
apuntado el nombre del niño. De algún
modo mi esposo, con el brazalete de requisito
puesto, se metió al aula con Grace.
Cuando llegué a recoger a los dos,
se me reprendió severamente por no
tener mi brazalete. El estilo de esta encargada
quizás simplemente divierta o ligeramente
moleste a los regulares, pero para los nuevos,
ella era una formidable portera.
Cabal
La mejor guardería que he encontrado
ofrecía una estación para inscribir
a los niños que separaba a los regulares
de las visitas con un lugar para los nuevos
claramente marcado en el mostrador. Esta área
especialmente diseñada me comunicó que
la encargada que estaba al otro lado ya anticipaba
el hecho de que yo no conocía la rutina.
Ella me trató con respeto y me enseñó el
sistema para cuidar a los niños de
la iglesia. Los que trabajaban en la guardería
eran entrenados para saludar a las visitas,
enseñarles el sistema, y hacer que
se sintieran cómodas en su nuevo ambiente.
Su sistema era tan complejo como el de la
segunda iglesia, pero las encargadas demostraban
un genuino interés por las personas
primero, y luego por los controles. Esta
sencilla diferencia nos alivió de
mucha tensión para que pudiéramos
concentrarnos en otros aspectos de la iglesia.
Conclusión
Aunque los rótulos y los sistemas
de guardería tienen muy poco peso
en el valor principal que tiene la iglesia
para el reino de Dios, poner atención
a estos detalles puede disminuir las frustraciones
de los visitantes. Y los visitantes se convierten
en asistentes, los asistentes se convierten
en miembros, y los miembros mantienen en
su curso la vida de esa su parte particular
del cuerpo de Cristo. Piense en ser una visita
en su iglesia. Vea lo que puede hacer para
facilitar que las visitas, en su búsqueda
de algo que les quede bien, decidan con más
prontitud si la iglesia es muy grande, muy
pequeña, muy caliente, muy fría,
o cabal para ellas.
J. Diane Awbrey, Ph.D.,
es escritora independiente. Vive en South
Burlington, Vermont.