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Man in boat

Intimidad consigo mismo:

El lente por el cual vemos la vida y el ministerio

Por Richard D. Dobbins

¿Qué tan cómodo es con la persona con quien está cuando está solo?¿Qué tanto se conoce a si mismo? ¿Se inclina a embellecerse? ¿Se degrada a si mismo? ¿Estaría de acuerdo su cónyuge y familia con su auto-evaluación?

Enfrentando los desafíos complejos del ministerio contemporáneo con una perspectiva distorsionada e incómoda de si mismo puede resultar desastroso para el pastor y la congregación. Nuestra personalidad, sea sana o defectuosa, está involucrada con todo lo que hacemos para el Señor.

Sabiendo esto, uno pensaría que debe de haber más enfoque en nuestra personalidad durante la preparación ministerial. Cualquier asunto que sea necesario enfrentar sería más fácil en esta etapa de nuestras vidas cuando nuestro impacto en las otras personas es limitado. Sin embargo, durante nuestro entrenamiento ministerial recibimos pocas oportunidades para evaluarnos a nosotros mismos objetivamente.

Uno se pregunta cuanto más disfrutaríamos el trabajo del ministerio y cuanto más sanos y productivos nuestros ministerios podrían ser si tuviéramos que enfrentar los asuntos urgentes de nuestra salud espiritual y emocional antes de ser ordenados. Nuestros matrimonios y familias beneficiarían bastante de tal énfasis.

Santiago nos recuerda que los problemas entre las personas siempre tienen raíz en los problemas adentro de las personas (Santiago 4:1). Entonces, más sano que sea el pastor, menos problemas de la iglesia se originarán de él y más fácil será para él tratar con las personas con problemas en su congregación.

Como nunca es demasiado tarde para que el Señor nos revele cosas que necesitamos ver de nosotros mismos, vamos a ver posibles asuntos no resueltos de nuestra historia personal que quizás llevamos al ministerio con nosotros.

¿De dónde sacamos nuestra perspectiva de nosotros mismos?

Ninguno de nosotros nacimos con ideas preconcebidas de nosotros mismos. No obstante, cuando llegue el tiempo para asistir el jardín de infancia nuestras ideas acerca de nosotros mismos son tan visibles que un maestro observador notará si somos tristes o felices; confidentes o con sentimientos de inferioridad; simpáticos o reservados. ¿De dónde provienen estas ideas?

Los bebés no nacen con un álbum de posibles fotos de si mismos en sus mentes del cual escoger. Como niños obtenemos nuestras ideas de nosotros mismos de lo que vemos, escuchamos, y sentimos reflejado a nosotros de los adultos que nos rodean.

Los niños pequeños no llegan a ser quienes creen que son. Llegan a ser lo que creen que los demás creen que son. A veces se refiere a esto como la "percepción de espejo". Recibíamos nuestras impresiones iniciales de nosotros mismos de las palabras, sentimientos, y reacciones reflejados a nosotros por los adultos que se relacionaban con nosotros cuando éramos bebés y niños pequeños. Niños pequeños creen que todo lo que un adulto dice acerca de ellos es la verdad absoluta. Necesitamos recordar esto cuando estamos conversando con los niños. No nos extraña que Jesús juzgaba duramente a los que ofendía a los niños (Mateo 18:5,6).

Como puede ver, cada uno de nosotros crecemos en nuestra propia casa de espejos adultos. Los espejos tienden a distorsionar la realidad; algunos más que otros. Pueden aumentar o disminuir nuestras imperfecciones. Pueden halagarnos o insultarnos. No siempre podemos confiar en lo que vemos.

Por ejemplo, cuando era joven mis amigos me convencieron a entrar en una Casa de Espejos en la feria de nuestra comunidad. Habiendo caído en esta tentación, no pude creer lo que vi. En el primer espejo me vi dos veces más alto y dos veces más delgado de lo que era. Dos o tres pasos después otro espejo reveló que yo era la mitad de alto y dos veces más gordo. Estas imágenes estuvieron tan distorsionadas que fueron ridículas, sin embargo me parecieron verdaderas. Eso es lo que las hizo tan chistosas. Tales experiencias nos hacen concientes de que las cosas y personas no siempre son lo que aparecen ser.

Así es con las imágenes que tememos de nosotros mismos hoy. Sin consideración a que tan bonitas o grotescas sean, estas imágenes crecieron de lo que los adultos alrededor de nosotros como niños nos reflejaban. Si sus padres y abuelos le reflejaban sentimientos y pensamientos sanos, considérese extremamente bendecido.

Sin embargo, sin consideración de que tan saludables o malsanos sean las imágenes de nosotros mismos, las llevamos a nuestra juventud. Se quedan en nuestras mentas al crecer. Y las llevamos con nosotros en el ministerio. Entonces tendemos a creer que los adultos de nuestras congregaciones también nos ven de igual manera. Cuando reaccionamos a estos adultos pensando que tienen estas percepciones retorcidas de nosotros, inconscientemente ellos responden de tal forma que confirman estas distorsiones. Así que nuestras percepciones retorcidas de nosotros mismos llegan a ser una profecía auto-cumplida en nuestro ministerio. Las personas reflejan a nosotros la manera que creemos que nos ven. Esto puede ser desastroso para nosotros, nuestro ministerio, y nuestra iglesia.

Aquí hay unas percepciones retorcidas que hemos descubierto en nuestros años de trabajar con los ministros y sus esposas.

Ineptitud

Frecuentemente, estos ministros crecen en hogares donde se los comparó desfavorablemente con sus hermanos, hermanas o hermanastros. Quizás no tenían buenas calificaciones en la escuela, el cual les afirmaba los sentimientos de ineptitud que recibían en el hogar.

Como ministros, fácilmente son intimidados por sus socios o administradores más seguros. Como faltan la habilidad social y seguridad en si mismos para manejar de modo creador los conflictos, buscan evitarlos. A menudo no enfrentan los problemas de la congregación que necesitan ser confrontados en amor. O, si los confrontan, lo hacen con enojo, empeorando la situación. Con frecuencia se culpan a si mismos por estas dificultades. Terminan aun más debilitados por la inquietud y culpa que fomentaban estos sentimientos de ineptitud.

Este efecto debilitado puede dejar el ministro abrumado por las exigencias del ministerio. Algunos intentarán compensar estos sentimientos de ineptitud trabajando demasiado, pasando 60 horas o más a la semana en el trabajo del ministerio.

Cuando la iglesia no responde a las necesidades exageradas de aprobación y afirmación que él trajo al ministerio, el ministro se siente desanimado y agotado. Dentro de un año o dos buscará un cambio pastoral donde el mismo ciclo probablemente se repetirá. Al mismo tiempo, la desatención a su matrimonio y familia tiende a dejar a su esposa resentida y amarga. Para ella, la iglesia ha llegado a ser la amante quien ha tomado su esposo de ella y sus hijos.

ExaltaciÓn

Niños sin hermanos, nacidos tarde en la vida de los padres, y niños bebes con frecuencia son abrazados y consentidos. Crecen pensando que merecen más derechos, que es ofensivo para los demás.

  En el ministerio es posible que los demás los vean como egocéntricos, egoístas, autoritarios, y arrogantes. Tienden a imponer sus puntos de vista en los demás. Se ponen como el centro de cada conversación. Tienden a ver a los que tienen perspectivas diferentes a las suyas como personas con mal juicio, insumisos, y en oposición a su liderazgo. Conflictos entre el pastor y los líderes parecen seguirlos dondequiera que vayan.

RebeliÓn

Estos pastores tienen una historia de conflicto con las autoridades. Puede ser que sus padres eran demasiados estrictos y duramente punitivos en sus disciplinas. Puede ser que sentían celos por un hermano sumiso, mayor o menor, que sus padres favorecían. A menudo, el comportamiento rebelde en el hogar es traspasado a sus actitudes hacia autoridades de la escuela y otras autoridades en la comunidad.

Esta persona trae sus luchas con la autoridad al ministerio. Sus sermones están llenos de enojo. Cualquiera que escuche atentamente puede notarlo en las palabras que escoge usar y en el tono de voz que usa para expresarse. Los que tienen autoridad sobre él, encuentran que es difícil tratar con él y responden de una manera que lo enajena más.

Perseguido

A veces cuando un niño es un poco diferente que sus hermanos y compañeros, lo culpan por cosas que no hizo. Este niño se siente criticado. A menudo este dinámico le sigue en la primaria y secundaria.

Cuando personas así están en el ministerio, están predispuestos a pensar que el menosprecio y desconsideración normal de las personas es intencional y diseñado para perseguirlos. En la mayoría de los casos, nada podía estar más lejos de la verdad. Sin embargo, atormentados con las imágenes mentales de su niñez, estos ministros viven con sentimientos exagerados de persecución y rechazo.

Sensualidad

Ocasionalmente, por varias razones, un bebé puede ser abrazado y acariciado demasiado. Esto puede causar una necesidad exagerado de ser acariciado y tocado. Desarrollan un sentido táctil con una necesidad enorme de satisfacerlo. Creciendo, llegan a ser una persona sensiblera.

En el ministerio esta persona es fácilmente malentendida. Descuido con limitaciones personales cuando los adoradores están animados a abrazarse puede resultar en que un miembro mal interprete sus intenciones. Un desastre no está lejos.

Compulsivo

Con frecuencia, los padres intentan hacer que su primer hijo, o su único hijo, sea perfecto. Cada niño nace con un deseo de recibir aprobación de sus padres. Cuando los requisitos de los padres sean demasiados estrictos y severos son inalcanzables para el niño. A pesar de esto, el niño intenta satisfacerlos. Esto puede cuasar una conciencia tiránica en el niño que requiere perfección.

Como resultado, el niño frecuentemente sufre de lo que yo llamo "el síndrome del pequeño anciano o pequeña anciana". Hablando con este niño, otros adultos dirán, "Sabe que, hablar con este niño es como hablar con un adulto." Aunque se toma muchas veces como algo positivo, es evidencia de que la persona no está recibiendo el derecho de una niñez normal.

Cuando estas personas llegan al ministerio, no saben como disfrutarse espontáneamente. Saben trabajar, pero no jugar. Sus expectaciones de otras personas probablemente no son realistas.

Por el otro lado, como tal ministro recibía poca afirmación como niño, puede ser que sea muy vulnerable a quienes en la congregación satisfacen esta necesidad para él. Cuando esta persona es del sexo opuesto los problemas no están lejos.

El lente por el cual vemos la vida

Las ideas mencionadas que tenemos de nosotros mismos llegan a ser nuestro auto-concepto. Esto es el lente por el cual vemos la vida. El más claro y preciso que sea el lente, más realista será nuestra perspectiva de la vida. El más distorsionado que el lente sea, más torcido será nuestra perspectiva de la vida.

Por eso, el vernos a nosotros mismos de una manera saludable es tan importante para tener un ministerio eficaz. Aun cuando visto por los ojos más saludables, los desafíos del ministerio puedan ser tremendos. Pero ninguno de nosotros vemos la vida como realmente es. Cada persona ve la vida como le aparece a él o ella.

Viéndonos de cerca puede provocar ansiedad. Toma valentía y honestidad ante Dios para entrar en este estilo de examinación de nosotros mismos. Sin embargo, Pablo nos aseguró que si nos juzgamos a nosotros mismos no seremos juzgados (1 Corintios 11:28). También subraya la importancia de usar las experiencias de la vida adulta para corregir las perspectivas de la vida que teníamos como niños (1 Corintios 13:11).

Corrigiendo las distorsiones

Dios es el único que sabe más acerca de usted que usted sabe de si mismo (Salmo 139:1-6). Sea abierto a lo que Él puede enseñarle acerca de si mismo. Este es el primer paso para corregir una imagen torcida de si mismo. Y cuando nos familiarizamos con nosotros mismos, la primera cosa que Dios nos dice es que no tengamos más alto concepto de nosotros mismos que el que debemos tener (Romanos 12:3). Él quiere que tengamos una perspectiva realista de nosotros mismos.

Dios no quiere que nos despreciemos o exageremos nuestras debilidades. No obstante, Él quiere que reconozcamos honestamente las áreas donde necesitamos crecer.

Segundo, Dios quiere que sepamos que tenemos valor. Él ha establecido nuestro valor con el precio de nuestra redención (1 Pedro 1:18,19). El más rico de nosotros no puede valer más y el más pobre no puede valer menos.

Tercero, Él quiere que sepamos que somos objetos de su amor (Juan 3:16). Y su amor por nosotros es personal (Gálatas 2:19,20).

Aquí está unas preguntas para ayudarle a tener una percepción realista de si mismo:

  1. ¿Cuáles son sus tres habilidades mayores?
  2. ¿Cuáles son sus tres debilidades mayores?
  3. Cuando las personas no están de acuerdo con su punto de vista, ¿Cómo se siente acerca de ellos? ¿Qué les dice?
  4. ¿Cómo le describirían sus amigos?
  5. ¿Cuál es su temor más grande? ¿Por qué?
  6. Típicamente ¿Qué le causa estrés? ¿Cómo se trata con el estrés?
  7. ¿En cuales situaciones se siente más incómodo? Nombre dos.
  8. ¿Qué le motiva? ¿Por qué?
  9. ¿Qué admira más en otras personas? ¿Por qué?
  10. ¿Qué es su visión para el futuro? ¿Cómo piensa realizarla?

Los Beneficios De Estar Cómodo Con Si Mismo Y Los Demás

El ministro que esté cómodo con si mismo y los demás tiene menos posibilidad de llegar a ser:

1. Involucrado en una relación extramatrimonial. Al contrario de lo que muchos piensan, el amorío extramatrimonial tiene más probabilidad de resultar de una búsqueda errónea de intimidad que de un deseo lujurioso del sexo apasionante. Las personas que se involucran en relaciones extramatrimoniales pocas veces se sienten cómodos consigo mismos.

2. Adicto al sexo. El ministro que no se siente cómodo consigo mismo y con los demás frecuentemente buscará escaparse en alguna experiencia disociadora como la pornografía en el Internet. Antes que la pornografía estaba disponible por Internet, el temor de ser descubierto mantenía al ministro lejos de las librerías y cines que ofrecían pornografía. Ahora la pornografía por Internet ofrece la ilusión de ser anónimo. Es un placer en que uno puede participar consigo mismo. Sin embargo, cuando el placer sexual se retire y el ministro entre otra vez en el mundo verdadero de su llamado, se siente derrotado, avergonzado, y temeroso que su secreto será expuesto.

3. Motivado por ambiciones egoístas. Dios quiere que seamos un pueblo entusiasta para hacer buenas obras, pero no quiere que seamos motivados por ambiciones egoístas (2 Corintios 10:12; Efesios 2:10). Es una tentación creada por la insistencia de la iglesia institucional de premiar el crecimiento con reconocimiento.

Algunas personas piensan que el aumento de asistencia u ofrendas es una evidencia innegable del éxito en el ministerio. No obstante, el ojo de Dios no busca el ministro exitoso. Él busca el ministro fiel.

Cuando el ministro padece de bajo autoestima, es tentado a establecer su valor poniendo metas no realistas de crecimiento en asistencia y ofrendas para su iglesia. Esta ambición errónea se engaña y derrota.

Alguien siempre tendrá un crecimiento más rápido y ofrendas más grandes. Mientras tanto, el ministro que es motivado por este estilo de ambición egoísta se marchitará su alma, será agotado, deprimido y vulnerable a las tentaciones del diablo. Su trabajo es motivado por sus ambiciones en lugar de su amor por Dios y la gente.

4. Deprimido y abrumado por el ministerio. Mucha de la depresión que he encontrado en los ministros ha sido agravada por la incomodidad consigo mismos que trajeron al ministerio. Los problemas y conflictos que los hermanos comparten con el pastor pueden ser abrumados, especialmente si él no está cómodo consigo mismo.

Aun cuando está cómodo consigo mismo, el pastor tiene que buscar maneras efectivas para relajarse si quiere mantener su espíritu libre de las cargas de los demás. He encontrado que me ayuda bastante si paso unos minutos en oración y meditación después de cada sesión de consejería. También he desarrollado la disciplina mental de cerrar la puerta al cuarto que he hecho mentalmente para esta persona una vez que he orado con él y la puerta de mi oficina ha cerrado detrás de él.

Sin embargo, si no está cómodo consigo mismo o aun si desarrolla maneras efectivas de limpiar su mente de los problemas de los demás, usted se queda con su propia incomodidad.

El ministro que es cómodo consigo mismo y los demás tiene más posibilidades a:

1. Enfocarse en las relaciones importantes en su vida. Cuida mucho de su matrimonio. Él y su esposa salen solos tres o cuatro veces al año solamente para cultivar su relación. Es imposible sobre estimar la importancia de estos estilos de islas matrimoniales. También toma tiempo para nutrir a sus hijos (Efesios 6:4).

Entiende que su vida comunica un mensaje más importante que sus labios. Sabe que lo mejor que pueda hacer para su gente es modelar en su vida personal los que predica del púlpito. El estado de su matrimonio es su pasaporte al púlpito. Si pierda su matrimonio, perdería su ministerio. Sabe que el estado de su matrimonio mejora o reduce la credibilidad de su ministerio.

2. Involucrar otros en lanzar la visión de la iglesia. Entiende que la iglesia necesita una visión. No su visión, pero la visión de ellos. Un pastor saludable no ve la iglesia como una extensión de si mismo. Ve la iglesia como una extensión de Cristo. No ve a la gente como algo necesario para cumplir su visión y ambiciones profesionales. Se ve como el siervo de Cristo y el siervo de Su iglesia guiándola a cumplir su visión. Esto es verdadero liderazgo de siervo.

3. Cuidar de si mismo. Algunos ministros se jactan tontamente que "preferían agotarse que oxidarse". No logran ver que Dios no se ha deleitado en sacrificios humanos desde los tiempos de Abraham. Él no empuja sus siervos; Él nos guía. No nos debilita; nos edifica. El ministro que es cómodo consigo mismo y los demás sabe que el yugo del Señor es fácil y su carga es ligera (Mateo 11:28-30). El pastor que se cuida regularmente tomará su día de descanso cada semana. Ningún pastor pueda trabajar 10 horas al día, 7 días a la semana sin eventualmente quebrantar debajo de la carga.

Un pastor sano se nutre espiritualmente con la Palabra y oración. Mantiene un programa de ejercicio y desarrolla pasatiempos que le da descansos regulares del estrés del ministerio.

4. Tener confianza en sus dones individuales. Dios nos da a todos dones únicos. A veces cuando vemos la eficacia de los dones de los demás, es fácil perder confianza en los dones que Dios nos ha dado. Entonces intentamos imitar los dones de otros.

Es comprensible que quizás es confuso para la congregación cuando un pastor inseguro impone métodos nuevos de crecimiento en la iglesia cada año o dos años—métodos que ha aprendido de pastores talentosos quienes han sido efectivos en alcanzar sus comunidades. Sin embargo, estos métodos quizás no son efectivos para alcanzar su comunidad. Cuando el modelo de crecimiento no funciona en 6 meses o un año, intenta otro.

Por supuesto, podemos aprender de los demás, pero el pastor que se conoce bien a si mismo y es cómodo consigo mismo no intentará imitar a otros. Dios no le habría llamado a su comunidad a menos que supiera que le había dado los dones necesarios para alcanzar esa iglesia en este momento.

5. Valorar continuidad en su ministerio. Su compromiso es con el Señor y la comunidad. Se rehúsa estar desanimado con la migración de los miembros de la iglesia a otras comunidades o iglesias. Es una señal de nuestros tiempos. Sucede en todas las iglesia a cierto punto. El pastor que es cómodo consigo mismo, lo tratará como normal. Hasta que Dios lo libere y llame a otra comunidad, se queda sirviendo fielmente el Señor donde está.

Cuando el Señor le llame a otra comunidad, respeta el valor del ministerio que le ha antecedido tomando tiempo para conocer espiritualmente la iglesia antes de hacer cambios grandes. Entiende que la manera en que dirigía su ministerio en la comunidad anterior quizás no funcionará en la nueva comunidad. Sabe que sus ideas de lo que funciona y no funciona serán más sabios si toma el tiempo para conocer mejor la iglesia nueva y la comunidad antes de hacer cambios grandes.

ConcluciÓn

Su ministerio puede ser mucho más eficaz y gratificante personalmente cuando esté cómodo consigo mismo. Si se encuentre preocupado o estresado mucho del tiempo, busque ayuda. Simplemente buscando un ministro más maduro quien puede ser un mentor quizás será suficiente. A veces una amistad sana con un compañero puede ayudarle a verse a si mismo de manera más realista.

Hay muchos inventarios personales que pueden darle información valiosa de si mismo. Un consejero cristiano puede proveerle estos. He incluido una escala sencilla pero útil de conocimiento de si mismo en la página 14 de mi libro, Invisible Imprint: What Others Feel When in Your Presence (Impresa invisible: Lo que los demás se sienten en su presencia) (Vea el encarte "La escala de clasificación de presencia personal").

No descuide de si mismo. Cuando descuida de si mismo, está descuidando de su ministerio. Dios espera muchos años de ministerio eficaz de los dones que Él le ha dado. Tome los pasos necesarios para conocerse bien y llegar a ser cómodo consigo mismo. Tendrá mucho más éxito en su matrimonio y familia. El impacto que tendrá en los demás será más sano y la cosecha en su vida será mayor.

 

Richard D. Dobbins

Richard D. Dobbins , Ph.D., psicólogo clínico y fundador y director de EMERGE Ministries, Akron, Ohio. Su libro, Invisible Imprint: What Others Feel When in Your Presence , publicado por VMI Publishers, Sister Oregon, 2001, se puede adquirir en Gospel Publishing House, Springfield, Missouri (1-800-641-4310).

Se puede pedir Invisible Imprint: What Others Feel When in Your Presence llamando EMERGE a 1-800-621-5207 o Gospel Publishing House a 1-800-641-4310.

Las referencias bíblicas son de la versión Reina Valera 1960.