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No nos atrevemos a caer: Tratando con el riesgo de la mala conducta sexual del clero1
Por Stanley J. Grenz
"Ex-presidente del seminario confiesa de la mala conducta," gritaba el titular. John M. Mulder había resignado como presidente de Louisville Presbyterian Seminary casi un año anterior debido a recientes problemas de salud y un deseo de dedicar más tiempo a su familia. En septiembre de 2003, sin embargo, la verdadera razón por la resignación salió al público - la mala conducta sexual. El altamente exitoso presidente del seminario hizo público esta declaración, "En los últimos años de mi presidencia, me rendí a las tentaciones personales al tomar parte de manera impropia en relaciones sexuales con mujeres adultas fuera de mis votos de matrimonio, mis votos de pastor, y en contra de la Escritura."2
A pesar de los intentos recientes por muchas iglesias y denominaciones de aumentar el conocimiento tanto de los cleros como de los laicos de los efectos debilitantes de la mala conducta sexual, la lista de personas cuyos ministerios han sido estropeados por relaciones ilícitas sigue creciendo. La tentación no está limitada solamente a un sexo. Sin embargo, como la resignación de Mulder sugiere, a nivel general, la situación más común sigue siendo el clero hombre que se involucra con las mujeres bajo su cuidado pastoral. ¿Qué está en juego cuando este tipo de mala conducta sucede? ¿Qué pueden hacer los pastores hombres para detener el curso de los acontecimientos? Los cleros necesitan poner en perspectiva el fenómeno de la mala conducta sexual del clero. Se puede obtener una perspectiva al rebuscar en la dinámica más profunda; al traer a la luz el número creciente de víctimas de la inmoralidad sexual; y finalmente al reconocer cómo prevenir la mala conducta sexual. No nos atrevemos a caer.
Cada pastor recibe una confianza sagrada. Sin esta confianza sagrada el ministerio efectivo no puede suceder. Participando en la mala conducta sexual viola esta confianza.
La violación de confianza en cada incidente de la inmoralidad sexual del clero incluye una violación del poder encomendado al ministro.3 Los miembros fácilmente invierten gran poder de influencia en su pastor porque creen que él es el médico espiritual y que "el pastor sabe mejor." Aceptan su diagnóstico para sus enfermedades espirituales y son predispuestos a seguir sus recetas para la curación. Ellos mismos se permiten ser vulnerables con él, especialmente en situaciones de crisis. Lo hacen voluntariamente porque suponen que su ministro siempre está buscando lo mejor para ellos, aun cuando requiere que él ponga a un lado sus propias necesidades para las suyas. Los miembros suponen que su pastor ve el poder que le encomiendan como una confianza sagrada.
Peter Rutter señala que la miembra trae a la relación pastor-miembra sus "partes íntimas, doloridas, vulnerables, o no desarrolladas" que él sostiene en confianza.4 Sus heridas pueden incluir traumas sexuales o psicológicos de su niñez o una historia de ser tratada como un objeto sexual. Cualquiera sea la causa de su necesidad, puede ser que ella busque a su pastor, esperando encontrar, por medio de una relación sana con él, la sanidad y un nuevo sentido de ser. Al desarrollar una conexión especial con su pastor, ella puede revelar cada vez más de sí misma. Eventualmente la respuesta condicionada que ha aprendido de experiencias anteriores de la explotación sexual puede abrir la posibilidad de mantener su relación con este hombre poderoso en términos sexuales, especialmente si ella siente que él lo desee o exija. 5
ViolaciÓn de poder
La vulnerabilidad de la miembra sujeta la relación de clero-miembra a la propensión de un abuso de poder. John Kenneth Galbraith señala tres aspectos de poder que pueden ser abusados en este estudio monumental The Anatomy of Power (La anatomía del poder).6 El pastor quizá coaccionará a la miembra a participar en actividades sexuales con la amenaza de terminar la relación. Obligada por este abuso de poder condigno (i.e., influenciando a otros con amenazas de consecuencias adversas7),
es posible que la miembra consienta a la relación sexual, esperando prevenir una separación. O es posible que el pastor convenza a la miembra que el responder a sus insinuaciones sexuales es la manera de obtener el cumplimiento de sus esperanzas, y así controlarla por medio de un abuso de poder compensatorio (i.e., prometiendo algo que el individuo valora). La relación clero-miembra es especialmente susceptible, sin embargo, al abuso de poder condicionado (usando los sistemas de creencias de otros para guiarlos a someterse a la voluntad de uno8).
La miembra generalmente comienza la relación creyendo que su pastor jamás sugeriría una actividad moralmente mala que la violaría. Es posible que un ministro aproveche de las suposiciones arraigadas de su integridad para poder vencer sus inhibiciones y guiarla a someterse a sus insinuaciones sexuales. (Vea la barra lateral "La mala conducta sexual del clero: Tipos de ministros abusivos.")
La relación sexual no siempre empieza con un abuso abierto de poder de parte del pastor. A veces es la miembra que inicia la relación, quizás de sus percepciones equivocadas de la situación. Aún así, las insinuaciones sexuales de la mujer no liberan al pastor de su responsabilidad de mantener intacto los límites. Cuando la miembra bajo su cuidado se ofrece a sí misma sexualmente, el ministro sabio supondrá que existe una dinámica más profunda.9 Si él decida cooperar con sus patrones de comportamientos destructivos, el pastor está abusando del poder que ella le ha encomendado.
ViolaciÓn de confianza sexual
El pastor que caiga ha traicionado la confianza de poder. Al mismo tiempo, una relación ilícita entre el pastor y la miembra viola una confianza sexual también. La mala conducta sexual se ha extendido, aun entre el clero, en parte porque la iglesia ha perdido la comprensión bíblica de la sexualidad humana y por lo tanto la seguridad y estabilidad ética. En un tiempo cuando el comportamiento sexual inapropiado está destruyendo vidas, muchas personas están dependiendo en que la iglesia sea un lugar de seguridad, sanidad, y totalidad. Los pastores tienen un papel importante de proveer la afirmación fuerte del ideal sexual que tanto se necesita en estos tiempos de infidelidad, promiscuidad, y oportunismo sexual.
Cada persona que participe en el adulterio o el sexo ilícito quebranta la confianza sexual. Viola a su cónyuge, a su pareja, y aun a sí mismo como seres sexuales (1 Corintios 6:18). Y también borran la bella imagen de la relación de Cristo con la iglesia que el matrimonio debería representar. Como cualquier cristiano culpable de la mala conducta sexual, el ministro ensucia esta gran metáfora teológica. Tal acto constituye una traición de confianza adicional también. Además de la confianza que todos los creyentes comparten de mantener la relación matrimonial sin mancha (Hebreos 13:4), los pastores deben vivir como ejemplos para el rebaño. Deben instruir a los creyentes no solamente con lo que dicen, pero también con su manera de vivir. Los ministros deben demostrar a la comunidad lo que significa vivir con integridad, incluyendo la integridad sexual. Un pastor que participe en el sexo ilícito destruye su puesto ordenado como un modelo de integridad y así traiciona su confianza sexual sagrada.
ViolaciÓn de la imagen pura de Dios
Más que todo, la inmoralidad sexual del clero estropea la imagen de Dios. Una parte fundamental de la fe cristiana es la declaración bíblica que los humanos son hechos a la imagen de Dios (Génesis 1:26). La Escritura indica que Dios nos creó con un trabajo específico —ser portadores de la imagen divina (Génesis 1:26,27) representando en nuestras relaciones el carácter de Dios.
La Biblia enseña que Dios se caracteriza por un amor sacrificial que busca el beneficio de otros, aun cuando significa un sacrificio personal. Vemos este amor en la historia de Jesús: "que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos" (2 Corintios 8:9). Como los discípulos de Cristo, debemos reflejar la manera amorosa en que Dios se relaciona con nosotros.
Los psicólogos contemporáneos declaran que las relaciones saludables son decisivas para el crecimiento personal. Sobre todo, es por medio de otras personas que aprendemos de Dios. Para muchos miembros, nadie es más significativo como un símbolo de Dios que el pastor. Por medio de él esperan crecer en su conocimiento de la naturaleza y carácter de Dios. Esperan que el pastor sea una imagen de Cristo. Esperan que sus relaciones con los miembros provean un ejemplo que pueden emular. Imaginan que él buscará diligentemente modelar el amor sacrificial de Dios en todo lo que hace. En pocas palabras, esperan que el pastor ejemplifique la imagen divina. Ellos sinceramente creen que su pastor será constantemente una manera en que pueden tener un encuentro con Dios. Y ellos suponen que él nunca actuará deliberadamente de una manera que representa falsamente el carácter divino.
La confianza especial que un pastor disfruta le ofrece gran potencial en el ministerio al cultivar cuidadosamente relaciones de integridad con otros. Esta dinámica es especialmente importante en la conducta sexual. Un pastor caracterizado por la pureza y fidelidad proclama con su vida el amor y fidelidad de Dios hacia las personas bajo su cargo. Con esta confianza sagrada, sin embargo, viene la posibilidad de abusos. Un ministro está susceptible a usar su posición para su propia ventaja personal.
ViolaciÓn de la integridad del pastorado
Cualquier relación sexual ilícita estropea la imagen divina. Cualquier acto de indiscreción sexual socava la integridad del pastorado, manchando el modelo de la imagen divina que Dios diseñó. Sin embargo, cuando un pastor tenga una relación ilícita con una miembra, la mala conducta sexual toma una dimensión adicional y perniciosa. La miembra probablemente fue con su pastor en su dolor para adquirir una conciencia nueva de la fidelidad y amor incondicional de su santo Dios. Cuando esta expectación es enfrentada con el contacto sexual, la relación pastor-miembra ya no es una manera en que el Espíritu Santo puede sanar sus heridas y moldearla en una persona madura. Por consiguiente, la persona más violada en esta situación de mala conducta sexual es la miembra que entró en la relación con la esperanza de encontrar la sanidad completa.
ViolaciÓn de la identidad del ministro
Al entrar en la zona prohibida, el pastor ha violado su propia identidad también. Por medio de su indiscreción sexual, ha deshonrado su identidad como un ministro del evangelio, y abandonado su llamado divino y vocación de uno encomendado con el crecimiento de las vidas en su congregación. Los demás ya no pueden "ver" a Dios por medio de él. Él ha traicionado la imagen divina y además la confianza sagrada.
¿QuiÉn sufre cuando yo caigo?
La mala conducta sexual del clero está dejando un creciente número de víctimas.
La miembra como víctima
La víctima más obvia es la miembra con la cual el pastor se involucra. Aunque a veces una mujer seductiva puede buscar la relación sexual, la mala conducta sexual entre los cleros generalmente involucra una mujer que es vulnerable a las insinuaciones sexuales de su pastor. ¿Cuáles dinámicas promueven una relación sexual entre la miembra y su pastor? ¿Qué estilo de mujer está susceptible?
Cuatro tipos de mujeres vulnerables
J. Steven Muse describe cuatro tipos generales de mujeres vulnerables.10 El primero es la mujer "principalmente saludable." En medio de su crisis personal, ella encuentra en su pastor "el hombre fuerte y sensible que ella ha anhelado, que escucha sus dolores y valores como persona y no solamente como mujer."11 Aunque la mujer "principalmente saludable" no tiene la intención de involucrarse sexualmente con su pastor, la intimidad que se desarrolla rápidamente puede llegar a ser sexual .12
La segunda categoría está compuesta de sobrevivientes del incesto y abuso sexual. El hecho de que estas mujeres han reprimido su trauma para poder sobrevivir, su capacidad de identificar y poner fuertes límites personales es perjudicada.
El tercer tipo de mujeres vulnerables está plagado con lo que Muse llama "la organización indeterminada de personalidad." Estas mujeres tienden a estar poseídos por un gran miedo de abandono y una falta de control de sus impulsos. Porque no han integrado las dimensiones opuestas de su propia vida emocional, ellas "rápidamente idealizan las personas que son atractivas, solamente para desvalorarlas después por lo que ellas perciben como el rechazo. 13 Sin restricción, esta tendencia dirige a lo que la industria cinematográfica llama "atracción fatal." Puede que esto dirija a que una mujer sea la "mujer seductiva" estereotípica.
que aman demasiado." Estas mujeres no recibieron el aliento y amor que necesitaban para afirmarse durante su niñez, y entonces llegaron a estar atraídas a hombres que ellas y otros perciben como poderosos. Con la falta de una imagen propia saludable, ellas están constantemente buscando la aprobación de estos hombres, y son demasiadas dispuestas a complacerlos para estar a la altura de lo que esperan. Como nota Muse, "Tienen dificultad en distinguir entre el firme pero saludable "martirio" vivificante del amor y el amor insensible que quita la vida y que sufre sin protestar.”14
La familia de los dos
Cuando la confianza sagrada que estas mujeres ponían en sus cleros está violada, empieza los muchos efectos de la victimización causado por los incidentes de la mala conducta sexual del clero. Otras personas pronto se consideran víctimas. Los familiares de los dos normalmente son los próximos para ser afectados por la relación, y cada uno sufre consecuencias diferentes, pero aún así reales, de la fechoría.
La esposa del pastor
La familiar más afectada directa y inmediatamente por el descubrimiento de la inmoralidad sexual es la esposa del pastor. Para ella, sus acciones probablemente significan la devastación total. Muchas personas suponen que si un ministro tiene una aventura amorosa él no tiene la culpa, sino que la culpa está con las mujeres de su vida. Si la "otra mujer" no es una "mujer seductiva," entonces su esposa tiene que ser la causa de su caída.
La base de esta hipótesis es la suposición no bíblica que es la responsabilidad de la esposa asegurar que su esposo está contento, y que si no está contento - como indicaría una aventura - su esposa tiene que tener la culpa.
El éxito de un pastor casado depende en parte de su habilidad de mantener un buen matrimonio. Sin embargo, no nos atrevemos a usar la inversa errónea para mover la culpa de adulterio del pastor a su esposa, y así minimizar su responsabilidad. De hecho, el pastor que caiga en el fracaso sexual muchas veces entra en el matrimonio con expectaciones irrazonables.
Aun en las mejores circunstancias, la esposa del pastor lleva una carga emocional y espiritual pesada, frecuentemente sin los recursos que están disponibles para los otros miembros de la iglesia. Pero cuando su esposo está empezando a acercarse a los límites prohibidos, las dificultades que enfrenta la esposa del pastor aumentan. Si el ministro lo reconozca o no, ciertas mujeres en la iglesia lo encontrarán atractivo. Cuando esto sucede, él descubrirá que fácil es aceptar la admiración incondicional como un grato contraste a la opinión más realista que su esposa tiene. Como resultado, la afección e intimidad para su esposa podría desminuir en el momento preciso cuando ella más necesita la confianza de su amor y comprensión. Entonces, cuando él entra en la zona prohibida, ella siente que está perdiendo su valor.
Una vez que la relación ilícita de su esposo sea pública, su situación empeora aun más. Ella sufre la humillación de un escándalo público, y ella se encuentra cargando la culpa que los miembros insensibles la ponen. Su lucha frecuentemente se empeora con las preguntas que generalmente pasan por alto sus necesidades. Una vez que sea público el fracaso, la esposa del pastor también enfrenta la dificultad de aceptar lo que ha sucedido. Aunque ella no quiso, su mundo ha cambiado y nunca volverá a ser igual como antes.
La esposa del pastor ahora hace frente a muchas preguntas que ella tendrá que enfrentar si la sanidad vaya a ocurrir: ¿Qué parte tuve yo en este acto? ¿Bajo cuáles circunstancias puedo salvar mi matrimonio, o terminará esta situación en divorcio? ¿Cómo puedo seguir adelante con mi vida, debido a la hendidura que este acto ha causado?
La mala conducta sexual es similar, pero frecuentemente más difícil que la muerte de un familiar. La esposa del pastor afligida se encuentra resumiendo sus pérdidas: la destrucción de sus sentimientos de auto-valor, el decomiso de los ministerios en que ella estaba involucrada, el sentido punzante del aislamiento que acompaña la separación de su sistema de apoyo, y el choque emocional que la paraliza en inactividad y la prohíbe de seguir adelante con su vida. Ella está experimentando un trauma peor que la muerte de su esposo. Si él hubiera muerto, ella habría recibido una abundancia de apoyo; pero la vergüenza que ella enfrenta infla sus necesidades mientras desinfla su nivel de apoyo que otros le ofrecen.
La esposa del pastor tiene que hacer frente a la carga adicional representado por el descubrimiento que la duplicidad y engaño estaba en el centro de su relación matrimonial. Esto causa que ella dude su capacidad de tener buen juicio. Ella se pregunta: ¿Cómo es posible que me casé con tal hombre? ¿Cómo es posible que no sabía que estaba sucediendo? Tales preguntas hacen surgir dudas acerca de su habilidad de tomar decisiones apropiadas acerca de su futuro: ¿Podemos enfrentar esto y mantener intacto nuestro matrimonio? ¿Realmente quiero seguir en este matrimonio?
La cosa más difícil que la esposa del pastor enfrenta es poner a un lado la inmoralidad sexual de su esposo y seguir adelante en el futuro que ella ha escogido. Sobre todo, probablemente nunca confiará como antes confiaba. Este cambio puede ser el asunto más difícil que tiene que enfrentar al largo plazo. Enfrentándolo requerirá todos los recursos que ella pueda encontrar. A menos que el proceso de sanidad la haya permitido superar la desconfianza punzante que el acto de la mala conducta sexual clavó en su psique, puede ser que su espíritu herido la destruya al final.
Los hijos del pastor
Para los hijos del pastor, una relación sexual ilícita produce devastación de largo plazo. Cuando escuchan de la mala conducta sexual de su padre, ellos sufren profunda humillación. Cuando la aventura llega a ser pública, están concientes de los comentarios en voz baja y los chismes que los siguen dondequiera que vayan. A veces también enfrentan la humillación pública, que puede surgir de una manera trágica. Es posible que la iglesia requiera que el pastor confiese su fracaso en una reunión pública. Esto puede ser una experiencia horrible para los hijos. Ver a su padre de repente ser transformado de un pastor muy amado y admirado a una paria pública puede dejar huellas emocionales que quizás nunca sanarán. Varios años después, una hija de pastor todavía habla del domingo terrible cuando su padre tenía que hacer una confesión pública en los servicios de la mañana. "Sentí que mi vida se hundía," ella decía.15 La situación resulto en la disolución de su familia, dejando a ella y a su hermana bajo el amparo del estado.
Si el matrimonio de sus padres no sobreviva la crisis, los hijos del pastor sufrirán todas las repercusiones del divorcio, incluyendo la pérdida del ambiento familiar estable. Además, perderán su lugar dentro de la congregación. Aun si eventualmente se instalen en una nueva congregación, el conocimiento de la caída de su padre puede perseguir a la familia, causando un sentido continuo de la humillación pública y ostracismo.
Un incidente de la mala conducta sexual del clero también trae efectos de largo plazo en el desarrollo psicológico y espiritual de los hijos. Una área potencialmente afectada es el desarrollo sexual. El comienzo del conocimiento de la sexualidad, en gran parte, depende de lo que el hijo observa en el hogar. La infidelidad de su padre y las dificultades que crea para el matrimonio de sus padres - tanto si se mantenga intacto o termine en divorcio - arriesgan la habilidad de los hijos de desarrollar una opinión saludable de la sexualidad.
Además, el trauma público que resulta puede destruir la habilidad de los hijos de confiar en otros. Esto les plantea graves dificultades para hacer futuros compromisos, resolver conflictos de una manera saludable, y tener intimidad. Pero aun más trágico, es la posibilidad que ellos lleguen a ser desilusionados con los recursos espirituales que normalmente les daría consuelo y consejo - su padres, especialmente su pastor-padre, y la iglesia. Años después de ver la confesión pública de su padre, una hija de pastor todavía está desilusionada con su congregación anterior: "Estoy enojada. Ellos podrían haber tratado con esta situación totalmente diferente. No tengo ningún deseo de regresar... No entiendo lo que estaban pensando.”16
Los hijos de la víctima
Los efectos de un incidente de inmoralidad sexual de un clero extienden también a la familia de la "otra mujer." Ellos sufren las consecuencias que la experiencia traumática les causa. La mala conducta sexual con un clero disminuye el valor personal de la víctima y roba su inocencia y espontaneidad. Como consecuencia, la habilidad de la otra mujer de establecer o mantener relaciones sexuales saludables está dañada. Esto, en cambio, afecta a otros.
Las víctimas indirectas son los hijos de la otra mujer, que pueden enfrentar muchas de las dificultades que enfrentan los hijos del pastor — humillación, destrucción de la confianza, y la pérdida de los principales modelos de una relación sexual saludable. Es posible que el pastor y su esposa se queden juntos; pero si la otra mujer esta casada, hay menos posibilidad que su matrimonio sobreviva la crisis. Probablemente su matrimonio tenía problemas antes de ocurrir la mala conducta sexual. El trauma de una separación amenaza el futuro inmediato de los hijos.
El esposo de la víctima
Otra víctima indirecta puede ser el esposo presente (o futuro) de la otra mujer, que tiene que hacer frente a las repercusiones de la relación ilícita. Un esposo ofrece esta evaluación de la situación: "Demasiadas veces la iglesia es el lugar perfecto para los hombres abusivos. Ellos pueden andar en sus mascaras de falsedad hasta que en la intimidad del consultorio, o cuando han llegado a consolar una miembra afligida, se quiten la mascara y muestren realmente quienes son.”17
El esposo enfrenta problemas más grandes que la desconfianza que su esposa tiene del pastor y la iglesia. Ella puede verlo a él, sin querer, como si él fuera el pastor. Un esposo de una miembra abusada explica: "De vez en cuando un movimiento no esperado, un comentario inoportuno, causa que un atisbo de desconfianza registre en el rincón de su ojo y la fantasma de otro hombre pasa sobre nuestra cama y nos deja a los dos con escalofríos.”18 Podemos entender como el esposo de una mujer que fue violada sexualmente por su pastor puede escribir tan apasionadamente acerca de la situación: "¿Tiene la iglesia que usted asiste, o que está pensando en asistir, una política de acciones específicas para tratar con los transgresores sexuales? Si no, quédense en casa. El liderazgo de la iglesia dominado por los hombres no ha tomado muy en serio este asunto. Usted y sus hijos estarían mejores, física y espiritualmente, canturreando su himno favorito en la plaza el domingo por la mañana.”
¿QuÉ puedo hacer para no caer?
La inmoralidad sexual desenfrenado en el pastorado traerá resultados desastrosos. Confirmará el escepticismo de los críticos, desviará al buscador de las puertas de la iglesia, y dejará a los fieles desilusionados. Atascará los oídos, adormecerá la conciencia, callará el Espíritu, y de la perspectiva humana, hará la muerte de Cristo irrelevante. No nos atrevemos a caer. ¿Qué pueden hacer los ministros para evitar caer en la tentación? (Vea también la barra lateral, "La prevención de la mala conducta sexual del clero.")
La necesidad del conocimiento de sí mismo
La primera defensa es el conocimiento de sí mismo. Nuestra habilidad de vivir según los morales bíblicos y evitar la actividad sexual ilícita aumenta cuando tenemos un conocimiento profundo de quienes somos. Esto incluye una identidad personal que viene de una relación vital con Dios en Cristo y un sentido penetrante de nuestra vocación que procede de un llamado divino personal al ministerio. A esto se tiene que añadir la comprensión de nuestra propia susceptibilidad. Nadie— ni siquiera un sirviente dedicado de Dios —esté inmune a la tentación de un encuentro sexual ilícito. Entonces, el pastor que quiere proteger su integridad moral tiene que reconocer su propia susceptibilidad.
La susceptibilidad al pecado sexual empieza con la atracción. Somos seres sexuales y por naturaleza somos atraídos sexualmente a muchas personas. Por esta razón, pastores pueden sentirse sexualmente atraídos a una miembra. Los sentimientos sexuales desenfrenados pueden provocar una tentación poderosa de expresar la atracción por medio de actos sexuales patentes. Por esta razón, el pastor tiene que estar conciente de sus sentimientos, reconocer honestamente la atracción sexual que se siente, y enfrentar desde el principio cualquier deseo sexual que se desarrolla por una miembra.
La necesidad de arreglar todo
Además, su papel como cuidante profesional hace que los pastores sean especialmente susceptibles al fracaso sexual. La tendencia que los hombres en nuestra sociedad comparten es el deseo de querer arreglar todo, y esta tendencia es especialmente evidente en los cleros del sexo masculino. Esta mística puede ser devastadora. Puede dejar a un pastor poco dispuesto a confesar que sus habilidades personales tienen límites. Él quizás no reconozca cuando una situación de consejería está demasiado complicada para su experiencia. Cuando este orgullo sutil se combina con la atracción sexual, el pastor está tentado a mantener la relación de consejero por mucho tiempo aun cuando él ha cesado de proveer un cuidado espiritual positivo para la miembra.
La necesidad de rescatar
La mística masculina junto con el oficio del pastorado puede dirigir al ministro a ser un rescatador. El rescatador va más allá de la ayuda apropiada y asume la responsabilidad completa de proveer la solución de las necesidades percibidas del otro. Los rescatadores-pastores son susceptibles a los fracasos sexuales porque son motivados a verse a sí mismos solamente como sanadores, en lugar de verse como personas que también necesitan sanidad.
El pastor que intenta rescatar a cada alma herida mientras abandona su propia necesidad de sanidad está creando un desastre potencial cuando cuida de una miembra quebrantada y herida. Teresa Tribe y Douglas Wilson resumen el peligro: "Un pastor en esta situación con una miembra afligida puede experimentar una tentación fuerte de personalizar la relación. Él puede encontrarse cruzando los límites saludables y satisfaciendo sus propias necesidades personales al imaginar que él es la única persona que puede rescatar a esta mujer.”19
La necesidad de una auto-estima saludable
Muchos factores personales pueden hacer que un pastor sea un candidato para el fracaso sexual. El más importante es sus profundas inseguridades. Estas se presentan en la doble dinámica de las necesidades sexuales no reconocidas y las necesidades de poder. Cuando tiene poco amor propio se sentirá sin poder, y él puede intentar aumentar su amor propio por medio de la perversión de poder que él espera encontrar en una relación sexual ilícita. Las exigencias debilitantes del ministerio y su necesidad de afirmación —a veces agravadas por dificultades en su matrimonio— pueden combinarse para llevarlo al fracaso sexual que su relación de cuidante con una miembra puede proveer. La vulnerabilidad también puede ser aumentada por las dudas no resueltas del pastor acerca de su propia sexualidad. Como otras personas, los líderes de la iglesia frecuentemente llevan heridas profundas de su pasado. El pastor que protege su integridad moral se dará cuenta que la tentación del sexo prohibido puede ser un síntoma de la necesidad de sanar sus propias heridas internas.20 Consciente de este aspecto de su vida, él necesita tomar los pasos apropiados hacia la sanidad personal.
La necesidad de sistemas de apoyo y responsabilidad ante otros
¿Dónde puede ir un ministro para tomar los pasos hacia la sanidad que él necesita? La respuesta es: al sistema de apoyo y a las personas ante quienes está responsable el pastor. Estos sistemas de responsabilidad pueden venir en muchas formas. El matrimonio es un aspecto mayor de la responsabilidad. Además, cuando un ministro se siente que está susceptible a una tentación sexual que viene de una situación específica, él necesita considerar formando, con fines específicos, un sistema de apoyo que consiste de uno o dos otros cleros o líderes de la congregación. Sin embargo, aun más importante para su ministerio en general es el grupo continuo ante quien está responsable que consiste de mentores eclesiásticos, cleros, o líderes laicos. Don Basham no se mordió la lengua cuando declaró, "Cualquier ministro que no haya encontrado ni se haya sometido a alguna forma de supervisión personal, que puede proveer no solamente aliento pero también corrección, está en peligro de rebelión y decepción.”21
La necesidad de mantener una distancia
Quizás ningún otro aspecto del ministerio provee un contexto más poderoso para la tentación sexual que el papel del pastor como cuidante, especialmente en las situaciones de consejería. Por su condición herida y su estado de cliente en la relación, la persona que recibe la consejería muchas veces no está consciente de la importancia de mantener su distancia. Ellos no siempre pueden percibir cuando se haya violado los límites apropiados de la intimidad. Por consiguiente, el ministro que está proveyendo el cuidado pastoral tiene que determinar lo que constituye un balance apropiado entre la intimidad y la separación, y entonces mantener este balance cuando está enfrentado con el jalón hacia la intimidad inapropiada. Por lo tanto, en cualquier relación de cuidante, el pastor responsable tiene que establecer una distancia apropiada y segura para evitar la posibilidad de cruzar el límite a la intimidad inapropiada, y para asegurar la eficacia del ministerio de consejería. Es especialmente crucial mantener la distancia apropiada cuando la miembra muestra una atracción sexual para el pastor. Este es el punto en la relación de consejero cuando la explotación sexual tiene más posibilidades de ocurrir.22 La reacción del pastor en gran parte determinará si la relación será transformada en una fuente de sanidad o degenerará en una situación explotadora y abusiva que solamente puede empeorar las heridas de la miembra.
La necesidad de entender las dinámicas de las relaciones terapéuticas
El pastor que ministra con integridad moral y fomenta sanidad en la vida de la miembra bajo su cuidado tiene que entender las fuerzas más profundas que están trabajando cuando se despierten los sentimientos eróticos de la miembra.23 No es inusual que una miembra herida desarrolle sentimientos para su pastor cuidante. J. Andrew Cole señale las fuerzas que están trabajando entre los dos en la relación de consejería: "Sentimientos eróticos pueden surgir fácilmente en una relación de consejería, donde dos personas están reunidos solos y discuten los detalles más íntimos de la vida. El paciente puede pensar que el consejero es la persona más bondadosa, estable, sabia, razonable, y tranquilla que jamás ha conocido. Naturalmente, bajo estas circunstancias, el consejero llega a ser muy importante para el paciente y las experiencias eróticas pueden inevitablemente llegar a ser una parte de la situación.”24 Lo que el pastor percibe como sentimientos sexuales despertados en la miembra, sin embargo, pueden ser solamente una apariencia. Más que ser un caso sencillo de interés sexual en el pastor, sus expresiones pueden ocultar anhelos y necesidades más profundos. Por esta razón, Pamela Cooper-White ofrece esta advertencia: "Si una miembra responde sexualmente, el ministro debe reconocer que es una obvia llamada de auxilio. La última cosa que él debe hacer es suponer que es una invitación válida.”25 En lugar de mejorar la relación de pastor-miembra, el permitir que los sentimientos sexuales de ella ocasionen las insinuaciones sexuales de él solamente pondrá en peligro cualquier sanidad que su ministerio podría haber facilitado en su vida.
La razón es sencilla. Treinta a setenta por ciento de las mujeres que buscan tratamiento psicológico tienen una historia de abuso sexual.26 La mujer de la cual un pastor percibe los comienzos de una relación erótica, y por consiguiente con la cual él está tentado a tener una relación sexual, puede ser como Kathi Carino. Cuando niña ella fue profundamente herida por un padre que la llevaba al sótano "donde él me quitaba la ropa y me pegaba con su cinturón antes de violarme" y que "me vestía como una prostituta a la edad de 10 años y tomaba fotos de mí mientras un muchacho me hizo el amor.”27 Las heridas profundas que marcaban la vida joven de Kathi la dejaban tanto con una desconfianza profunda por las otras personas como con la necesidad de ser aceptada. Ella escribe, "Si yo pudiera tener una moneda de cinco centavos para cada vez que yo he preguntado a mi terapeuta si él me odiaba o para cada vez que yo le pedía que me prometiera que nunca me iba a dejar, sería yo una mujer rica.”28 Si su pastor hubiera interpretado su atracción por él como una licencia para la indiscreción sexual, su acto habría sido aún un paso más en la escalera bajando a la destrucción de su sentido como persona y aún otro recordatorio brutal que los hombres en autoridad no son dignos de confianza.
La necesidad de tomar las precauciones necesarias
Aconsejando a personas del sexo opuesto es una parte inevitable de la vocación de pastor. Por esta razón, la solución para el problema de susceptibilidad no es desear que el trabajo de pastor fuera diferente, sino tomar las precauciones necesarias para impedir que caiga en la tentación sexual. Sobre todo, la precaución significa el saber y ser conciente de las señales de que la relación se está acercando a la zona prohibida. La violación de los límites apropiados de la intimidad pocas veces ocurra imperceptiblemente, pero es generalmente precedida con una abundancia de advertencias.29 Por esta razón, el pastor que ministra con integridad moral tiene que estar al tanto de las señales que indican que él está violando los límites apropiados en su relación con una miembra bajo su cuidado. Cualquier cosa que hace borrosa la distinción entre una relación terapéutica y una relación no terapéutica o entre el papel de cuidante y el de amigo es una advertencia. Cuando un pastor perciba que está empezando a hacer indistintos estos papeles - aun en su mente, pero especialmente en acciones abiertos - el tiempo ha llegado cuando él tiene que evaluar su habilidad de seguir proveyendo cuidado pastoral para la miembra. Porque él fácilmente puede rehusar reconocer un interés sexual creciente en una paciente, el pastor casado debe confiar a su esposa el derecho de prohibir una relación de consejería de largo plazo con cualquier miembra. También es sabio que el pastor informe a la miembra cuando la consejería empieza que habrá un límite del número de sesiones.
La necesidad de depender del poder del Espíritu
El encanto del sexo ilícito no debe ser minimizado. Viviendo en una sociedad que se enfoca en los encuentros sexuales y minimiza los ideales bíblicos de la fidelidad en el matrimonio y la abstinencia como soltero, aún los ministros ordenados no son inmunes del encanto poderoso planteado con la tentación sexual. Las situaciones del cuidado pastoral proveen la ocasión para el fracaso sexual del clero. Pero ningún pastor necesita sucumbir. Ciertamente, no nos atrevemos a caer. Y las buenas nuevas del evangelio son que con el poder del Espíritu no necesitamos sucumbir. Por lo contrario, los pastores pueden ministrar con integridad a las mujeres bajo su cuidado, y de hecho usar el momento de tentación como una oportunidad de sanidad para sus miembros y también para sí mismos.
— Stanley J. Grenz es Pioneer McDonald profesor de teología en Carey Theological College, Vancouver, B. C., Canada.
Notas
Los materiales en este ensayo son adoptados de Stanley J. Grenz y Roy D. Bell, Betrayal of Trust: Confronting and Preventing Clergy Sexual Misconduct , 2d ed. (Grand Rapids: Baker, 2001).
Como está citado por John Dart, "Ex-Seminary Head Admits to Misconduct," Christian Century 4 October 2003, 11.
Vea, por ejemplo, Pamela Cooper-White, "Soul Stealing: Power and Relations in Pastoral Sexual Abuse," Christian Century , 20 February 1991, 199.
Peter Rutter, Sex in the Forbidden Zone: When Men in Power — Therapists, Doctors, Clergy, Teachers, and Others — Betray Women’s Trust (Los Angeles: Jeremy P. Tarcher, Inc., 1989), 25.
Ídem.,124.
John Kenneth Galbraith, The Anatomy of Power (Boston: Houghton Mifflin, 1983), 4–6, 14–37.
Ídem., 3.
Ídem., 5,6.
Vea Karen Lebacqz y Ronald G. Burton, Sex in the Parish (Louisville: Westminster/John Knox, 1991), 122-23; Rutter, 51.
J. Steven Muse, "Faith, Hope, and the 'Urge to Merge' in Pastoral Ministry: Some Countertransference-related Distortions of Relationship between Male Pastors and their Female Parishioners," Journal of Pastoral Care 46/3 (Fall 1992): 303-6.
Ídem., 303.
Ídem.
Ídem., 305.
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