CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Hoy día las cabeceras de los periódicos y los resúmenes de las noticias muestran la necesidad de una evaluación de la ética ministerial. Desde las desgracias muy publicadas del abuso sexual del clero a los dilemas cotidianos de tomar buenas decisiones, es claro que los ministros necesitan corregir su comportamiento. Mientras los ministros enseñan sus congregaciones regularmente los mandatos bíblicos de la vida recta, algunos empiezan a vivir según la amonestación irónica de, "Haz lo que yo digo, y no lo que yo hago." Como un defensor público de la moralidad, la credibilidad del ministro depende de su habilidad de controlar su propio comportamiento ético.
Los grupos religiosos tienen tradiciones y expectaciones tácitas para la conducta ministerial. Sin embargo, pocos han transformado estas suposiciones en un código de moralidad escrito. Puesto que las estructuras denominacionales y eclesiásticas pocas veces ofrecen tal código, el equipo ministerial local tiene la responsabilidad de imponerse las normas de conducta. Por esta razón, el ministro necesita dirigirse a estas tres preguntas:
¿Qué es un código de moralidad ministerial?
¿Necesitan los ministros un código de moralidad?
¿Cómo pueden los ministros escribir un código de moralidad?
¿QuÉ es un cÓdigo de moralidad ministerial?
El papel del ministro abarca una variedad de responsabilidades. Se espera que él sea el consejero misericordioso, predicador articulado, mentor espiritual, administrador eficiente, y experto estudioso. Además, estas responsabilidades regularmente coinciden. Un ministro aconseja mientras predica. Usa su erudición bíblica para inspiración en sus tareas administrativas. Asiste sociales y se encuentra espontáneamente ofreciendo consejo al confundido, proveyendo perspicacia bíblica al curioso, o justificando la última decisión administrativa al miembro crítico.
Dentro de estas experiencias diarias sin fin, muchos dilemas éticos pueden presentarse. Un ministro tiene que estar atento en su búsqueda de hacer lo correcto. Siempre con plena conciencia de cualquier peligro potencial, el ministro tiene principalmente en su mente la pregunta, ¿qué es lo que debo hacer?
Un código de moralidad es una serie de principios para el comportamiento ministerial. Las leyes de la sociedad proveen una guía general; muchas personas creen que si el comportamiento es legal entonces también es ético. Esto no siempre es la verdad. Es falta de perspicacia equivaler la legalidad con la ética ministerial.
La ley es esencialmente las normas mínimas del orden público, mientras un código de moralidad presenta un nivel más alto de compromiso y conducta. La sociedad tiene que respetar la ley para poder dirigir el comportamiento de la comunidad en un camino apropiado, pero la ley no es el mismo que un código de moralidad. La ética claramente requiere la obediencia a la ley — pero esto es solamente el comienzo. Un código de moralidad requiere mucho más.
El código de moralidad del ministro lo desafía a superar el mínimo. Como una voz profética en los dilemas cotidianos de los miembros y una portavoz para la comunidad entera, el ministro tiene que andar con confianza en el camino donde llama a que los demás lo sigan.
¿Necesitan los ministros un cÓdigo de moralidad?
Cada ministro que ha luchado en el atolladero de la confusión ética reconoce la necesidad de un código de moralidad. La ética para los profesionales no es un tema de discusión nueva. Desde los primeros intentos de establecer reglas para los médicos, muchas profesiones han hecho el esfuerzo de regular la conducta de sus miembros. En la mayoría de los casos, el método principal que se ha usado para gobernar la conducta ha sido un código de moralidad. Ahora negocios emplean expertos en la ética para instruir y educar a los empleados acerca de la ética de vendedor / distribuidor. La ruina en las muchas corporaciones modernas sirven como un recordatorio constante de la dificultad del fracaso ético.
Un válido código de moralidad para los ministros tiene que incluir un ingrediente interno clave — integridad. Muchas profesiones tienen un código de moralidad que contribuye al ambiente ético al proveer a los profesionales un entendimiento general de lo que se espera de ellos. Sin embargo faltan el elemento esencial.
En su uso bíblico, la integridad es entereza y totalidad. Ser entero significa hacer todas las áreas de su vida consistentes con los valores, compromisos, y lealtades internos. Sin reparar en los detalles meticulosos de un código, una lista de reglas no puede producir la entereza en un individuo. Los códigos suplen las reglas básicas para la acción externa pero no pueden transformar el carácter interno.
En la ética ministerial, la integridad es el molde donde se vacía las decisiones éticas para construir el concreto de certeza del llamado de Dios. La entereza y totalidad son la fundación de un pacto de fe entre el ministro y Dios. Un código de moralidad aceptado mutuamente por el clero y la congregación provee a ambos la seguridad razonable cuando planean cómo la estructura será construida.
En resumen, un código de moralidad escrito no puede producir un cambio de carácter. Solamente la integridad interna, la rectitud y piedad de un ministro, trazará su camino en los días oscuros. Aun así, un código de moralidad es una criba por la cual las áreas grises que no parecen tener una definición clara de lo que es bueno y malo, están expuestas a la luz. Un código de moralidad es de gran ayuda en la búsqueda del ministro de hacer lo correcto. Pero, sin el básico compromiso interno de integridad a su llamado, el código solamente llega a ser otra lista de reglas para obedecer.
¿CÓmo pueden los ministros escribir un cÓdigo de moralidad?
La necesidad de normas éticas es cada vez más aparente. La integridad interna es primordial en la constitución ética del ministro. Dado a estas observaciones, ¿cómo puede un ministro escribir un código de moralidad?
AutorÍa
Como la mayoría de las denominaciones no tienen un código de moralidad escrito, la iniciativa de los pastores individuales puede llenar el vacío. Si el ministro tiene un equipo ministerial, su contribución colectiva facilitará la tarea y ofrecerá un sentido de posesión cuando se hace efectivo. Los diáconos, ancianos, y administradores también pueden ayudar en el proceso formativo.
El ministro debe de buena voluntad buscar el consejo de otros. Normas de conducta establecidas y aceptadas no solamente libran al ministro a vivir su llamado, pero también evitan que el ministro luche solo y confundido en una inundación de apuros éticos.
Por ejemplo, la confidencialidad puede ser un problema difícil. La mayoría de los ministros saben de la gran responsabilidad que tienen de mantener en confianza la información de sus miembros. Pero, también esperan la constante lluvia de preguntas que reciben. "¿Sabía usted que Alicia y Roberto tienen problemas matrimoniales?" Una lucha interna inmediatamente sigue - el ministro sí sabe de sus problemas, pero bajo una confianza estricta. Una guía ética no solamente ayudará al ministro a anticipar tales preguntas, pero también preparará a la congregación cuando su ministro rehúsa con delicadez responder a las preguntas incómodas. Sin duda, un consenso entre el clero y los laicos facilita la aplicación de un código de moralidad.
Contenido
Un código de moralidad ministerial tiene que ser suficientemente específico para aplicarlo a la vida real pero también bastante amplio para los asuntos no tratados que inevitablemente surgirán. Un código de moralidad no puede tratar con cada enigma potencial. Sería tan fútil como engorroso. En vez de esto, el código debe ofrecer una guía general que defiende los valores esenciales para una variedad de situaciones imprevistas.
Recuerde que la integridad del ministro siempre tiene que ser la prioridad. El punto de partido para cualquier código es el definir los valores que son esenciales en las decisiones que el ministro toma. Primero, busque ideas y sugerencias de los primordiales valores, verdades, honestidad, y respeto que definirá el código preliminar.
Segundo, desarrolle principios que presentan estos valores de una manera comprensible. Por ejemplo, el valor de la verdad se puede escribir, "El ministro tiene que hablar siempre la verdad y debe actuar deliberadamente para que las percepciones de sus acciones sean verídicas." Estos principios son afirmaciones de cómo el ministro puede vivir de acuerdo con el valor.
Tercero, al escribir el código, aplique los principios a situaciones reales. El ministro puede aplicar el principio del valor de la verdad a su predicación por ejemplo. Por lo tanto, uno de los decretos del código puede ser: "El ministro tiene que predicar sermones de su propia autoría y dar crédito a los autores originales cuando sea pertinente. En pocas palabras, el ministro no puede plagiar.
El contenido del código se extenderá cuando más valores expresados dirigen a más normas escritas. De esta manera, el código empieza a ser explícito en las expectaciones de la conducta. Ningún código es exhaustivo, pero el mismo proceso ayudará al ministro en anticipar los dilemas futuros. El desarrollo del trabajo seguirá expandiendo al enfrentar nuevas situaciones.
Un ministro hace frente a situaciones únicas por las cuales no hay reglas específicas de blanco y negro. Su integridad personal (entereza), junto con un creciente código de moralidad, mantendrá el equilibrio necesario para ministrar en las circunstancias únicas de la vida. Solamente con carácter y un código bien definido puede el ministro cumplir el llamado de Dios en su vida.
--James A. Reasons, Ph.D., pastor de Fifth Avenue Baptist Church, Huntington, West Virginia.