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¿Cómo puede cultivar el líder pentecostal la destreza espiritual para saber cuando el "fuego extraño" ha puesto en peligro el fuego pentecostal
Por Byron D. Klaus
La tarea de guiar la iglesia pentecostal del siglo 21 tiene muchos desafíos únicos. Las expectaciones de los miembros de la iglesia y las expectaciones que los líderes pastorales se imponen en sí mismos pueden resultar muy desalentadoras y debilitantes. H. B. London y Neil Wiseman lo dicen así: "Los pastores contemporáneos están envueltos en tornados espirituales y sociales que están rugiendo ahora en los hogares, las iglesias, y la cultura. Nadie sabe en dónde llegará el tornado o qué valores la tormenta destruirá. Algo se tiene que hacer. Los peligros del ministerio están ahogando la esperanza en las almas de los pastores. Se sienten desilusionados, desanimados, y muchas veces aun indignados. ... Se puede notar el cansancio en sus ojos. La preocupación reduce la velocidad de su zancada. Y la vaguedad quita la fuerza de sus predicaciones. ... Demasiado trabajo, poco pago, y desesperación afligen a los pastores que luchan para balancear horarios llenos, hogares turbulentos, sueños destrozados, intimidad hambrienta, y propósitos marchitos. Muchos apenas están sobreviviendo, esperando a encontrar un manantial escondido para refrescar sus almas cansadas y sus pensamientos confusos."1
Mientras siempre habrá un sentido de soledad asociado en el liderazgo de la iglesia, tenemos maneras de buscar ayuda, apoyo, e intervención en tiempo de crisis que no eran disponibles a nuestros antepasados en el ministerio. Sin embargo la disponibilidad de estos recursos pueda ser una parte del problema.
La historia antigua de los hijos de Aarón, Nadab y Abiú, nos recuerda de lo que puede suceder cuando nos sentimos presión y estamos buscando desesperadamente recursos para llenar el hueco. Levítico 10:1 dice: "Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que él nunca les mandó."
Las acciones de Nadab y Abiú son típicas de un líder pastoral ocupado. Las exigencias del ministerio diario nos hacen insensibles a las dimensiones eternas de nuestras acciones como un ministro llamado por Dios. Podemos estar ocupados haciendo la obra de Dios con las mejores intenciones, pero estas mismas actividades pueden estorbar la conexión con la eterna presencia transformadora de Jesucristo para las personas cuyas vidas necesitan desesperadamente la esperanza y sanidad.
Nadab y Abiú no eran necesariamente personas siniestras. Ellos simplemente reflejaban la tendencia que la mayoría de nosotros tenemos de buscar atajos cuando sentimos presión. Justificamos nuestras acciones según nuestras buenas intenciones. Si estamos llamados por Dios y estamos sirviendo Su misión, no es difícil trabajar 80 horas o más por semana. Esta presión nos hace creer fácilmente que Dios redondea la calificación de nuestro trabajo, y que Él entenderá porqué dependemos de nuestros propios recursos en el ministerio. "Todo es para la gloria de Dios de todos modos" - por lo menos así racionalizamos.
En el siglo 21 el equivalente al "fuego extraño" que Nadab y Abiú usaron en sus tareas ministeriales sería cualquier actividad ministerial donde una tarea divina es intentada dependiendo solamente de la habilidad humana. Algunos ejemplos podrían ser:
Cuando busca una página web de sermones porque no ha tomado el tiempo para preparar su mensaje para la semana (y toma el crédito para el trabajo de otra persona).
Cuando la excelencia profesional, sostenido por la tecnología, está sustituida por la dinámica del Espíritu Santo como la medida principal de un servicio de adoración efectivo.
Cuando el carisma personal y habilidad comunicativa del pastor son los factores centrales que resultan en el crecimiento de la congregación.
El Internet, tecnología, y habilidad de comunicar y relacionarse con otros efectivamente son vitales en el liderazgo de la iglesia. Estas partes necesarias del liderazgo efectivo también son áreas donde podemos confundirnos y escoger los recursos de corto plazo, que son impresionantes y disponibles inmediatamente. Debido a la presión del ministerio de hoy, podemos convencernos que hemos tenido éxito encomiable en presentar el eterno poder transformador de Jesucristo.
Lo MÁs Importante
Un desafío significativo para los líderes pentecostales no solamente es la lucha espiritual contra los principados y potestades, sino también el discernimiento espiritual para distinguir entre un ministerio apoderado por el Espíritu y un ministerio dirigido solamente por los recursos humanos. Desafortunadamente, la tendencia de nuestra cultura de buscar la diversión y la tecnología para mantener esta tendencia ofrece una tentación grande para los líderes pentecostales. Un versículo favorito, y digno de ser citado, en nuestra iglesia es Zacarías 4:6: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos" (RV). Este versículo profético del Antiguo Testamento ilustra la verdadera tentación que existe para depender de los recursos y esfuerzos humanos para hacer la obra del Señor. Este versículo pequeño pero poderoso es un recordatorio perdurable que cada líder sirviendo a Dios puede llegar a ser demasiado dependiente de los recursos humanos que están fácilmente disponibles. Aun la sencilla tendencia humana de creer que el trabajar más duro puede resolver cualquier deficiencia en un programa o ministerio se tiene que criticar. Este versículo nos recuerda que la tentación de ofrecer nuestros recursos en el servicio a Dios como substitutos adecuados para los recursos eternos de Dios solamente nos hace engañar a nosotros mismos. Solamente la iniciativa y poder divino de Dios puede lograr sus propósitos eternos.
QUIZÁS NECESITO UNAS LARGAS VACACIONES
Una manera importante de reconocer la diferencia entre el ministerio edificado por el hombre y el ministerio iniciado por el Espíritu requiere que los líderes tomen tiempo para refrescarse y disfrutar de la vida con sus familias. Jesús frecuentemente se apartaba de las personas y sus discípulos para estar a solas con su Padre y aumentar su perspectiva sobre su misión redentora (Mateo 14:23).
Pero, ¿es posible aliviar las presiones del ministerio del siglo 21 al tomar unas vacaciones o participar en un retiro espiritual? La naturaleza del ministerio incesante nos llama cada vez más a adquirir nuevas habilidades que se necesita en un mundo donde ser ocupado no se puede evitar. El buen manejo del tiempo no es suficiente, ni son días regulares de descanso, ni las vacaciones. Necesitamos una perspectiva alta en medio de las presiones constantes del ministerio, las exigencias de la congregación, y las insuficiencias personales.
Las exigencias pragmáticas del ministerio diario puede abrumar nuestra visión (nuestra capacidad de ver lo que Dios ha hecho por medio de Jesucristo) y embotar nuestro discernimiento (nuestra capacidad de ver la congruencia entre el Jesús de los Evangelios y el Cristo que obra en las situaciones de nuestro ministerio actual por medio de la presencia del Espíritu Santo). En un ministerio donde que cada vez más se enfrenta la presión de aparentar y actuar muy ocupado para parecer eficaz, los ministros pentecostales necesitan tomar del manantial del Pentecostés en maneras muy específicas y prácticas.
PentecostÉs Como Una BrÚjula
El Pentecostés, como un evento histórico, es una brújula para el ministerio del siglo 21. El Pentecostés nos orienta bíblicamente al propósito claro de la revelación redentora de Dios en la persona de Jesucristo. El Pentecostés nos garantiza que el Jesús, cuya vida está documentada autoritariamente en los Evangelios, es el mismo Jesús que está entre nosotros hoy haciendo las mismas cosas que Él hizo mientras estaba en la tierra. En medio de todas nuestras actividades, el mejor recurso que el ministro pentecostal tiene es el conocimiento que todo ministerio es el ministerio de Dios. Si va a lograr un ministerio con dimensiones eternas, Dios lo llevará a cabo. Mi tarea es reconocer la presencia de Jesús en el lugar que Él me ha llamado a servir.
El Pentecostés también me recuerda que el bautismo en el Espíritu Santo es una obra profunda. Mi encuentro con Jesucristo en el bautismo del Espíritu Santo me convence que la obra continua de Jesucristo es siempre redentora y transformadora. La obra verdadera de Jesús no animará nuestra tendencia de ser impresionados con lo novedoso o las modas pasajeras. El ministerio de Jesús entre nosotros duplica lo que Él hizo mientras estaba aquí en la tierra. Llamaba a las personas al arrepentimiento y después vio sus vidas transformadas. Sanaba a las personas de toda clase de enfermedad. Libraba a las personas de la esclavitud espiritual que las paralizaba. Demostraba compasión para la necesidad humana, y ministraba su poder transformador en todos niveles de sus vidas.
Los líderes pentecostales tienen que encontrar anclaje en el poder del Pentecostés. La realidad del ministerio del siglo 21 es que la vida no volverá más tranquila, sino será cada vez más compleja. Las expectaciones puestas en el liderazgo pastoral requieren más restauración de lo que puede proveer un mes de vacaciones. Necesitamos enfrentar los desafíos diarios con una perspectiva del ministerio que realmente depende completamente de las implicaciones de Pentecostés.
El Pentecostés conecta el ministerio de Jesús, que revelaba completamente el carácter redentor de Dios, con la expresión continua y contemporánea de ese ministerio, vigilado por el Espíritu Santo. No necesito generar más actividades para motivar. En el Pentecostés, Dios claramente reveló que lo que había empezado con Cristo continuaría por el Espíritu hasta el regreso de nuestro Señor.
El acoso y confusión no necesitan ser nuestra experiencia. El ministerio al cual hemos sido llamados puede ser seguro. La actividad del ministerio pentecostal del siglo 21 no necesita ocultar nuestra perspectiva y tentarnos a depender de los recursos humanos para hacer la obra eterna de Dios.
Además, el Pentecostés nos recuerda que el poder morador del Espíritu de Cristo es la fuente de la vida y ministerio de la iglesia. Emoción y novedad no son substitutas adecuadas para el poder del Espíritu Santo. Solamente el Espíritu Santo puede cambiar la vida de una persona. Cuando nosotros como líderes confundimos el ruido, los números, y las novedades con la presencia transformadora de Jesucristo cosecharemos lo que sembramos.2
CULTIVANDO A JESÚS EN LA ACTUALIDAD
¿Cómo puede cultivar el líder pentecostal la destreza espiritual para saber cuando el "fuego extraño" ha puesto en peligro el fuego pentecostal? ¿Cómo podemos tener una perspectiva correcta en medio de las complejidades caóticas y siempre crecientes del ministerio?
El liderazgo pentecostal del siglo 21 requiere:
UNA CONEXIÓN A LA VIDA DE JESÚS
Juan 15 provee una imagen conmovedora para sostener el vigor. Esta imagen de la vid y los ramos no se enfoca en una actividad frenética para lograr la madurez espiritual. La imagen descrita por el evangelio de Juan es una relación viva y permanente para sostener la intimidad vibrante al Fuente de toda vida espiritual. Juan 15 muestra que no se puede ganar el favor o impresionar a Dios con actividades que no dependen completamente de la Fuente de toda vida. Dios no está impresionado con nuestra actividad espiritual por tener actividades. El juicio de Jesús en Mateo 7:21-23 muestra que puede haber ministerio eficaz, según los criterios humanos, donde las personas tratan de convencer a Dios que todo fue hecho para Su gloria. Están sorprendidos cuando Jesús los valora no como espirituales, sino malos.
¿Qué haría Jesús? es una pregunta que muchos cristianos se hacen como una medida bien intencionada de su espiritualidad. Pero, ¿es adecuada esa pregunta? Podría ser que la verdadera pregunta necesaria para medir la conexión con Jesús es: ¿Qué está haciendo Jesús?
El Pentecostés significa que Jesús está entre nosotros en forma del Espíritu Santo, y Él está claramente llevando a cabo la misión redentora de la cual hemos sido comisionados. El ministerio continuo y eficaz de la iglesia siempre reflejará el ministro por excelencia, Jesucristo. El ministerio que refleja claramente a Jesús siempre personificará el propósito redentor de Jesús, la integridad de Jesús, y el poder del Espíritu del cual Jesús dependía para realizar la voluntad del Padre. La actividad de Dios, no la actividad de sus seguidores, es el clave en la espiritualidad del liderazgo pentecostal.
PARTICIPANDO EN EL MINISTERIO ACTUAL DE JESÚS
Tenemos que reconocer humildemente que nuestro ministerio es el ministerio de Cristo, continuando en nosotros por medio del poder actual del Espíritu Santo. Nuestro ministerio solamente es tan valido como nuestra participación en lo que Dios está haciendo por Jesucristo. ¿Cómo podemos saber si algo es del mundo, de la carne, del diablo, o del Espíritu? Podemos tener claridad en esa tarea al participar en un ministerio que conecta el evangelio con las personas que todavía no han aceptado a Jesucristo. A pesar de nuestro lugar en el ministerio, no podemos esperar ver claramente un movimiento del Espíritu si no estamos comunicando regularmente el evangelio con los perdidos.
En el relato de Hechos 10 cuando Pedro estuvo en la casa de Cornelio, Dios habló a Cornelio y a Pedro en la misma semana pero en visiones diferentes. Aunque elogiamos a Pedro por ser obediente a Dios y receptivo a la petición de Cornelio, el resultado más poderoso se encuentra mucho más profundo que la superficie. Inicialmente, Pedro protestó contra las instrucciones de Dios usando la Escritura como base de su argumento que él no podía comer comida impura. Pero Pedro recibió perspicacia cuando predicó en la casa de Cornelio y vio los resultados increíbles. En el versículo 34, Pedro dijo, "En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas." Que paso tan monumental en esa pequeña declaración. Esa verdad clave dada por el Espíritu de Dios vino mientras Pedro estaba participando en el ministerio actual de Jesús en el lugar más desagradable - la casa de un centurión romano. En esa acción poca entendida, la realidad viva de lo que el poder del Espíritu vino a hacer comenzó. El Espíritu ha venido para apoderarnos a testificar a las naciones.
Cuando en obediencia nos ponemos en una posición donde Dios nos puede usar, como Pedro, veremos con claridad la obra actual de Jesús entre nosotros. Este tipo de vista nos refresca. No sucede porque hemos tomado el tiempo para relajar o despejarnos. Sucede porque hemos respondido en obediencia al apoderamiento del Espíritu Santo para participar en lo que Jesús está haciendo entre nosotros actualmente. Solamente está en este lugar de obediencia al Espíritu que somos refrescados y aprendemos una vez más que Jesús todavía está obrando hoy (Juan 5:17).
EVALUANDO ESTRATEGIAS PARA DETERMINAR SI FACILITAN O NO EL MINISTERIO CONTINUO DE JESÚS
Es un hábito humano proteger programas, estructuras, y causas cuando hemos trabajado sinceramente con ellos. Desafortunadamente, algunos de estos esfuerzos pueden llegar a ser ídolos si sostenemos tales programas porque son venerables o porque la gente ha dado mucho de su tiempo y esfuerzo para edificar y mantenerlos. La verdadera pregunta es, ¿reflejan estos ministerios el ministerio actual de Jesús? Cuando un ministerio ya no conecta a la gente con el evangelio, ni edifica comunidades de cristianos que se animan mutuamente, ni depende del Espíritu Santo, sino que usa recaudación de fondos de alta presión, y reduce el presupuesto de misiones y evangelización para apuntalar ministerios decaídos, estamos destinados a la mediocridad.
VISITEMOS DE NUEVO NADAB Y ABIÚ
El relato de Nadab y Abiú en Levítico 10 es uno que nos debe hacer pensar porque ilustra la tentación que los líderes pentecostales ocupados se enfrentan todos los días. En la prisa de seguir adelante y tener un servicio con buenas apariencias, la suposición de Nadab y Abiú era "cuando no queda otro remedio, cualquier fuego es mejor que ningún fuego." Es una reacción comprensible debido a la presión que sentían y las expectaciones regulares que cada líder pentecostal tiene que enfrentar. La respuesta rápida y final de Dios a Nadab y Abiú en el versículo 2 es seria. Nuestra falta de tiempo nunca es una excusa para depender de los recursos que no representan justamente el evangelio de Jesucristo. El tema bíblico del día de reposo nos enseña que aun Dios tomaba tiempo para descansar, y que ciertamente es instructivo para todos los líderes del siglo 21. También necesitamos ver claramente cuando las presiones aumentan y las complejidades del ministerio son sofocantes. En ese contexto, los líderes pentecostales pueden participar en el ministerio actual de Jesús. Tenemos la seguridad de que Jesús está entre nosotros llevando a cabo la misión redentora de su Padre, y somos comisionados para representarlo justamente con un ministerio en la línea de fuego.
Byron D. Klaus, D.Min.,
es presidente de Assemblies of God Theological Seminary, Springfield Missouri.