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El Ministerio Pentecostal en la Cultura Postmoderna

Preservando la vitalidad pentecostal en la cultura siempre alterable de los Estados Unidos

Por Howard Young

¿Por qué es importante examinar el ministerio dentro de la cultura estadounidense de una perspectiva distintamente pentecostal?   Al fin y al cabo, los pentecostales solamente son un segmento de las iglesias estadounidenses que proclaman la verdad bíblica y sostienen influencias positivas en nuestra cultura.   Por el otro lado, muchos pentecostales son receptivos a una realidad importante.   Consciente de los cambios culturales erosivos, los pentecostales contemporáneos probablemente verán el rápido empeoramiento de la cultura occidental como un desafío requiriendo un ministerio apoderado por el Espíritu semejante al de la Iglesia Primitiva.  

EL DESAFÍO DE CULTURA

Como el coronamiento de la creación de Dios, la humanidad ha avanzado desde el comienzo de la creación hasta el tiempo presente y en el camino ha producido el fenómeno antropológico de la cultura.   El camino de la humanidad ha creado definiciones de cultura que naturalmente incluyen los muchos aspectos del desarrollo humano como los aspectos lingüísticos, políticos, económicos, sociales, psicológicos, raciales, y religiosos.   Según Kluckhohn, una cultura abarca los aspectos cognoscitivos y emocionales de un grupo de personas.   "La cultura es una manera de pensar, sentir, creer.   Es el conocimiento del grupo que se acumula para usar en el futuro," él observó.1   Definida sencillamente, una cultura es actitudes aprendidas y compartidas, valores, y maneras de comportarse.2   Cultura es, entonces, variada y compleja.   Exigiendo la suma eficacia en el ministerio pentecostal, la cultura es una característica distintamente humana que no cede fácil ni naturalmente al mensaje cristiano.

EL DESARROLLO DE LA CULTURA ESTADOUNIDENSE

Más de 200 años de desarrollo cultural ha permitido un desarrollo fascinante, si no provocativo, de la cultura estadounidense.   Como toda cultura, la cultura estadounidense es dinámica, siempre cambiando.   Influencias convergentes de muchos orígenes forman el perfil estadounidense.   Las influencias acumulativas de la cultura estadounidense pueden aparecer como un río poderoso que impacta a todos los que viven cerca a la orilla.   Además, numerosos afluentes llegan a formar parte de este río cultural masivo.   Estos afluentes tienen su origen en varios aspectos de la vida y actividad estadounidense incluyendo la política, gobierno, arte, educación, religión, y otras influencias penetrantes.   Algunos afluentes traen vida y vitalidad al río cultural mientras otros saturan el estilo de vida actual con contaminación moral y muerte espiritual.  

Para ministrar efectivamente, la iglesia pentecostal tiene que evaluar críticamente y entender la cultura actual y, en algunos casos, revelar sus fundaciones y valores siniestros.   Este entendimiento de cultura es esencial para lograr una presentación transformadora del evangelio a los que nos rodean.   Al final, entender una cultura es equivalente a entender su gente y cómo mejor presentarle las verdades de Cristo.

Histórica e ideológicamente, la cultura estadounidense contemporánea está unida con las ideas humanísticas del Renacimiento de los siglos 14 al 16 con su enfoque en el individual.   Inspirados de cierto grado por los pensadores del Renacimiento y apoderados por la idea de más libertad personal, los pensadores del Renacimiento de los siglos 17 y 18 buscaron alternativas a los modelos autoritarios de pensar y guiar encontrados tanto en el gobierno como en la religión.   Previsiblemente, buscaron alternativas a la verdad de la Escritura y el valor de la tradición histórica.

Teóricos del Renacimiento crearon una nueva perspectiva cultural en cuanto al papel del individuo en la sociedad y cómo la verdad y significado son descubiertos.   Los valores de la razón, lógica, y empirismo predominaron y llegaron a ser el medio para averiguar la verdad.3   El individuo ilustrado no tenían ningún necesidad por la revelación especial ni divina.   El destino y propósito individual están logrados por los procesos racionales y autónomos de la vida.

Los principios del Renacimiento ahora han rendido a la condición cultural complicada del postmodernismo, un fenómeno filosófico que ha lanzado a los Estados Unidos en un cambio cultural de proporciones extraordinarias.   Grenz observa que el postmodernismo pone en entredicho los ideales, principios, y valores que forman el centro del pensamiento moderno.4   Caracterizado por una negación de la objetividad del conocimiento y bondad inherente, el postmodernismo eleva el valor del conocimiento de la comunidad que tanto define la comunidad como también la provee la verdad.   El postmodernismo declara que la idea que la verdad se puede lograr por medio de la intuición, seriamente poniendo en duda el método científico como la personificación del conocimiento objetivo.5

Aunque la reacción cristiana al postmodernismo ha sido variada, algunas cosas parecen evidentes.   El postmodernismo no ha detenido que la cultura estadounidense se aparte de los valores morales y bíblicos que dieron a luz a ese país.   Además, la condición postmoderna fracasa en informar adecuadamente la humanidad de sus propósitos más altos en la vida y permite que la cultura se regodee en la suciedad del humanismo y secularismo.   Debido a esto, la cultura estadounidense manifiesta una devoción sin vergüenza al secularismo —una preocupación solamente por la vida de carne y hueso en este planeta que descaradamente descarta la importancia de Dios y la búsqueda de lo espiritual en la vida.6

EL PENTECOSTALISMO EN LA CULTURA

Condiciones culturales complicadas y erosivas no deben esforzar a los pentecostales a una posición completamente defensiva en el ministerio.   El libro de los Hechos, un punto histórico, teológico, y referencia experimental para pentecostales contemporáneos, es un testimonio increíble de cómo el apoderamiento auténtico de una iglesia pentecostal avanzó en culturas dominantes.   Esta nueva iglesia profundamente impactó a la multitud multicultural que estaba presente el día de Pentecostés (Hechos 2:5-41) y resistió la fuerte cultura religiosa que buscaba marginar sus esfuerzos (Hechos 4:1-31).

Al final, estos primeros discípulos atravesaron sus propias suposiciones para ministrar efectivamente a las muchas culturas que formaron Israel, Siria, Asia Menor, y Europa.   La revelación del Espíritu a Pedro empezó un   proceso de cambios culturales que permitieron que la iglesia prosperara en el mundo gentil (Hechos 10:9-22).   Este episodio de la vida de Pedro impresionantemente ilustra cómo el Espíritu Santo acompaña la iglesia por sus propios prejuicios culturales y tradicionales para que pueda ministrar a culturas que no saben del poder de Cristo.   Ignorando las diferencias culturales entre los judíos y gentiles, el Espíritu Santo llevó a cabo un Pentecostés gentil tan glorioso como el Pentecostés original de la iglesia (Hechos 10:27-46).   Afortunadamente, los judíos de la Iglesia Primitiva aceptaron la validez de este evento y regocijaron porque el Pentecostés llegó a otros (Hechos 11:4-18).

Los años siguientes revelan que los primeros cristianos ministraban eficazmente dentro de las culturas paganas que las rodeaban.   La Iglesia Primitiva procuró a mantenerse separada de las prácticas paganas de culturas decaídas pero al mismo tiempo se relacionó y mantenía una relación social con los no cristianos.   La separación moral y espiritual del mal de la cultura no descartaba la obligación del cristiano de ser responsable a la autoridad civil, pagar impuestos, tener relaciones sociales y filosóficas, y orar constantemente para los en autoridad (Romanos 13:7; 1 Timoteo 2:1,2).   Simultáneamente, los primeros creyentes abrazaron los nuevos valores, estilo de vida, y actitudes enormemente diferentes que la sociedad romana.   Todos los creyentes, por ejemplo, eran aceptados en la iglesia con un sentido de igualdad (Colosenses 3:11; Santiago 2:5-9).   Aunque la cultura engendraba una sociedad estratificada en donde los pocos privilegiados eran servidos por la clase más pobre y los esclavos, la iglesia constantemente socavaba este daño cultural por sus énfasis en la igualdad; actitudes de un servicio amoroso eran animadas entre todos los cristianos.7   Notablemente, los cristianos del primer siglo habían sembrado dentro de la cultura predominante semillas del verdadero pentecostalismo bíblico que resurgió estratégicamente en generaciones sucesivas de creyentes devotos.8

Los cristianos después del primer siglo continuaron a impregnar la cultura de una manera significante.   A pesar de periodos de persecución imperial, los paganos fueron positivamente influenciados por la pureza de vida, amor, y valentía de los creyentes.   Increíblemente, tres siglos después de la muerte de Cristo, Constantino reconoció oficialmente la importancia del cristianismo en el estado al convocar y presidir sobre el Concilio de Nicea.    El cristianismo había producido exitosamente su propia cultura dentro de la cultura más dominante y espiritualmente vacía en que existía.9  

Pentecostalismo Americano

Los Estados Unidos llegó a ser un punto de luz pentecostal al principio del siglo 20.   El periodo de tiempo entre los primeros reavivamientos de la Calle Azusa y la actualidad ha evidenciado el desarrollo del pentecostalismo como una fuerza religiosa dominante en la cultura estadounidense.   Synan observa, "El pentecostalismo es uno de los pocos movimientos religiosos que originó en los Estados Unidos y subsecuentemente llegó a ser una fuerza principal en otras partes del mundo."10   Algunos creen que el pentecostalismo ha llegado ser la tercera fuerza en la historia cristiana, tomando su lugar de influencia cultural al lado del protestantismo y catolicismo.  

Idealmente, el pentecostalismo estadounidense continuará como una fuerza cultural formidable, una réplica del cristianismo del Nuevo Testamento que se expresa en devoción completa al Espíritu y Su poder en la obra de la iglesia.   Ofreciendo un entendimiento similar de la visión de los pentecostales contemporáneos, Durasoff describe a los pentecostales como aquellos que tienen un deseo serio de recaptar las prácticas originales y la dinámica espiritual de los discípulos del primer siglo y de conocer a Jesús como una persona actualmente viva, todo por la obra del Espíritu Santo.11

El pentecostalismo en crisis

Comentando sobre el impacto del reavivamiento iniciado por el Espíritu en años recientes, el escritor presbiteriano Charles Syndor escribe que el pentecostalismo "es un auténtico movimiento reformación-reavivamiento de importancia histórica, equivalente con los de otros grandes movimientos de siglos pasados."12   A pesar de los informes entusiastas del pasado inminente, muchos individuos sinceros sienten que el pentecostalismo se ha estancado en los Estados Unidos.   Históricamente, grandes movimientos religiosos que fracasan en cultivar las dinámicas únicas que caracterizan sus orígenes las reemplazará con actitudes, prácticas, y metodologías más favorables a la cultura actual.   Algunos piensan que los pentecostales están en una encrucijada de abrazar fervientemente la espiritualidad bíblica de sus principios o de aceptar la absorción en la estructura religiosa estadounidense desprovista de las riquezas del pasado.  

Nuestra situación actual quizás fue muy bien descrito por las palabras de Ron Auch.   En Pentecostals in Crisis [Pentecostales en crisis], él tema que algo de la unicidad y poder de la herencia clásica pentecostal se está perdiendo en el proceso de pasar la responsabilidad de la experiencia y ministerio pentecostal de una generación a la otra.   Auch no tema un compromiso total de la fe y experiencia sino una retirada lenta de los encuentros poderosos que caracterizaba las experiencias de salvación, sanidad personal, y bautismo en el Espíritu de los pentecostales tempranos.   Este ciclo es, sin embargo, una tendencia y no algo inevitable.   El punto de preocupación, Auch explica, es que al final una nueva generación surge con totalmente nuevos puntos de referencia a la experiencia espiritual y, como consecuencia, un nuevo enfoque en el ministerio.13   Si él tenga razón, los pentecostales tienen que recomprometerse constantemente a la vitalidad espiritual y la misión bíblica por medio de métodos ministeriales eficaces así también como una experiencia pentecostal personal y corporal.

LA MATRIZ DEL PENTECOSTALISMO CONTEMPORÁNEO

Una parte de la solución para preservar la vitalidad pentecostal es la habilidad de los pentecostales de fomentar una expresión del cristianismo apoderada por el Espíritu al combinar los aspectos importantes de la experiencia y ministerio del Nuevo Testamento.   Esta combinación de principios críticos pentecostales se puede ver como la matriz del pentecostalismo que cambia vidas, una fusión de los elementos clave del pentecostalismo incluyendo la predicación, experiencia espiritual tanto personal como congregacional, estilo de vida, y el ambiente lleno del Espíritu.   Logrando este enfoque holístico del ministerio pentecostal es esencial para una expresión del pentecostalismo que cambia vidas dentro del entorno cultural.  

PREDICACIÓN PENTECOSTAL

Predicando el evangelio es un especto crítico de la influencia pentecostal en el mundo.   El evangelio posee el poder inherente de la transformación personal (Romanos 1:16; 1 Pedro 1:22,23).   Cuando esté articulado adecuadamente, el evangelio provee un mensaje convincente de transformación personal que lleva el individuo más allá de las influencias destructivas de la cultura decadente.   Cuando la verdad del evangelio está presentada por individuos apoderados, el resultado es la salvación personal y la entrada en el reino de Dios y la vida que provee (Juan 3:3; 2 Corintios 5:17).

Claramente, los apóstoles creyeron tanto en la autoridad de su mensaje histórico sobre el significado de la vida de Cristo como en la dinámica excepcional de la necesidad de entregar su mensaje al mundo.   El apóstol Pablo poseía convicciones profundas en cuanto al contenido transformador del evangelio y la vigorización del Espíritu requerida para predicar a otros (1 Corintios 2:1-5).   Jesús había prohibido a sus discípulos a testificar hasta que el poder del Espíritu había venido sobre ellos (Lucas 24:44-49; Hechos 1:8).   Derribando los muros de la resistencia cultural todavía requiere una predicación apoderada por el Espíritu que compele a los que escuchan a experimentar el poder de Dios.   La predicación ungida y apasionada de la Palabra de Dios todavía conduce a los individuos al umbral de la experiencia pentecostal.

EXPERIENCIA PENTECOSTAL

Los años antes del reavivamiento pentecostal en el final del siglo 19 eran oscuros.   Los Estados Unidos después de la Guerra Civil estaba bajo la presión aplastante de la hostilidad seccional y la confusión financiera.   Las ciudades estadounidenses estaban llenas de decadencia moral.   Crimen, alcoholismo, y prostitución crecieron rápidamente.   La corrupción frecuentemente era extensa en los negocios y gobierno.14   Caótica y confundida, la sociedad estadounidense estaba a la deriva en un mar de laxidad moral.

La condición espiritual de los Estados Unidos motivó a los cristianos devotos a arrodillarse.   Hablando espiritualmente, era un punto decisivo para los Estados Unidos.   Milagrosamente, Dios respondió a sus oraciones al mandar un reavivamiento a los Estados Unidos - un reavivamiento marcado por la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo, completo con un apoderamiento moral y espiritual, una devoción a la santidad personal, y glossolalia.   El reavivamiento de la Calle Azusa y otros movimientos de Dios provocaron un crecimiento asombroso del pentecostalismo alrededor de los Estados Unidos.   Thomas F. Zimmerman declaró: "Esto, entonces, es la explicación por el crecimiento asombroso del movimiento pentecostal.   El hombre ha intentado citar muchos tipos de razones para explicarlo en términos de sociología, psicología, ecología, y economía.   Pero solo el poder todopoderoso de Dios respondiendo a la contrición de su remanente fiel podría producir tales resultados."15

Los elementos de la experiencia pentecostal articulados en Hechos han caracterizado el crecimiento del pentecostalismo en los Estados Unidos.   La oración, glossolalia, proclamación intrépida del evangelio, sentido próspero de comunidad, conversiones, y lo milagroso son las señales continuas de la presencia de Dios dentro de su iglesia.   Todavía deseando manifestar únicamente su presencia en este nuevo siglo, el Espíritu Santo desea propulsar a los creyentes sinceros a un futuro cada vez más glorioso.

PRÁCTICA PENTECOSTAL

Una experiencia auténtica del Espíritu está diseñada para cambiar tanto a los apoderados por el Espíritu y a los que tienen contacto con los que reciben el poder.   Los creyentes del primer siglo llevaban la experiencia de la renovación espiritual al mundo que los rodeaba, a diferencia de las religiones privadas del Emperio Romano que solamente servían a los partidarios inmediatos.   La influencia del Espíritu guiaba a los primeros creyentes a prácticas cristianas que fomentaban la formación de comunidades con un distinto conocimiento de sí mismo.16   Rodney Clapp sostiene que los primeros cristianos eran intencionales en sus esfuerzos de crear y sostener una cultura única.   Por el poder del Espíritu, ellos perseguían un estilo de vida que los moldearía en la imagen de su Dios.   Permitiendo que los propósitos del reino los empujaran a lugares peligrosos, fueron determinados a hacer que el mensaje y vida de Jesús llegaran a ser un estilo de vida total, una cultura.17  

Los pentecostales estadounidenses tienen que capturar y cultivar el espíritu de los primeros pentecostales.   Estos tempranos discípulos ofrecieron la esperanza de una nueva manera de vivir dentro de una cultura espiritualmente desprovista.   Abrazando una creencia firme en la ayuda divina, los pentecostales del primer siglo enfrentaron con éxito las fuerzas culturales que públicamente los desacreditaban y refutaban su mensaje (Hechos 13:6-12).   Superaron amenazas internas y externas y desmontaron temores personales (Hechos 18:1-11).   Las distancias geográficas, diferencias culturales, y oposición gubernamental eran como mucho inconveniencias a los propósitos del reino (Hechos 20:17-24).   Los demonios, multitudes, y individuos peligrosos retenía el avance de la vida del reino solo temporalmente (Hechos 16:16-34).   Determinados a hacer que la experiencia pentecostal fuera un estilo de vida para otros, los discípulos del primer siglo aceptaban percances con calma, enfrentaban fuertemente su oposición, y nuca esperaban la derrota (Hechos 4:1-31).   Su espiritualidad próspera todavía es el derecho de cada iglesia local que quiere ofrecer una mejor manera de vivir a su comunidad (Hechos 5:17-21).

AMBIENTE PENTECOSTAL

Lucas, el historiador de la Iglesia Primitiva, lleva al lector dentro de la vida corporal de la Iglesia Primitiva y muestra el ambiente vibrante en el cual se cultivaba a los suyos.   Nos sentimos inmediatamente en contacto con las almas vivientes de la Iglesia Primitiva, la cualidad por excelencia que la dio durabilidad contra la oposición - su sentido vital de comunidad (Hechos 2:42-47; 4:33-35; 5:12-14).

Llevados sobre el aliento del Espíritu renovador de Dios, estos primeros discípulos continuaban a enfrentar tanto desafíos externos de culturas antagonistas como desafíos internos de cultivar el reino de Dios en los seres humanos redimidos.   Como uno puede imaginar, las luchas, errores, y fracasos de esta entidad inexperta eran evidentes.   Sin embargo, los apóstoles y los que los siguieron hicieron más que enfrentar las dificultades arrojadas en su camino.   La iglesia no solamente sobrevivió, pero también prosperó milagrosamente como una comunidad cariñosa de seguidores y líderes (Hechos 2-6).

Cerillo enfatiza que los pentecostales todavía ofrecen una comunidad cariñosa que anima la conversión espiritual, bautismo en el Espíritu Santo, y concede divinamente los dones espirituales como un camino a una vida mejor y nueva en este mundo.   Congregaciones locales de pentecostales, frecuentemente compuestas de todas las clases sociales, abren sus corazones para relacionarse con el poder de Dios por medio del Espíritu Santo.   Pentecostales espiritualmente fervientes proveen ambientes aceptables en donde las dicotomías culturales y sociales son transcendidas y el caos personal y social cede a una nueva visión de un orden más alto, una comunidad mejor de lo que el mundo afuera ofrece.18  

Más que una aberración del cristianismo cultural estadounidense, el pentecostalismo es una jornada en el cristianismo bíblico.   De hecho, hay evidencia que el pentecostalismo se considera menos como una aberración de las expresiones más comunes del cristianismo estadounidense y más como una fuerza significante para el cambio espiritual en la sociedad y vida del individuo.   Los pentecostales pueden tener oportunidades en la cultural actual que no existían en el pasado y no se las puede garantizar en el futuro.   Sería de beneficio que seamos sinceros, fieles a nuestras raíces bíblicas, y que aprovechemos el momento.


Howard Young, D.Min., pastor, Evangel Assembly of God, Milwaukee, Wisconsin.

 

Notas

1. Clyde Kluckhohn, Mirror for Man (New York: Whittlesev, 1949), 23.

2. Stephen A. Grunlan y Marvin K. Mayers, Cultural Anthropology: A Christian Perspective(Grand Rapids: Zondervan Publishing, 1988), 41.

3. Guder ofrece perspicacia excelente sobre las fuerzas culturales e intelectuales que proveían el ímpetu para el desarrollo de la cultura norteamericana.   Vea particularmente los capítulos 2 y 3.   El entendimiento de cultura es importante porque "el evangelio siempre se expresa por medio de la cultura.   Llega a ser buenas nuevas a una humanidad perdida y quebrantada cuando es encarnado en el mundo por medio del pueblo de Dios.   Para ser fiel a su llamado, la iglesia tiene que ser contextual.... La iglesia se relaciona constante y dinámicamente con el evangelio y su realidad contextual."   Darrell L. Guder, Missional Church: A Vision for the Sending of the Church in North America (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1998), 18.

4. Stanley J. Grenz, A Primer on Postmodernism (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1996), 12.

5. Millard J. Erickson, Postmodernizing the Faith: Evangelical Responses to the Challenge of Postmodernism(Grand Rapids: Baker Book House, 1998), 18,19.

6. David W. Henderson, Culture Shift: Communicating God’s Truth to Our Changing World(Grand Rapids: Baker Book House, 1998), 123.

7. La carta de Pablo a Filemón, el presunto líder de la iglesia en Colossae, es un ejemplo de intencionalidad del liderazgo de enfrentar las actitudes culturales del tiempo.   La carta se da una expectación que Filemón escucharía el deseo del corazón del apóstol y libraría a Enésimo.

8. Stanley M. Burgués ofrece un material excelente en The Holy Spirit: Ancient Christian Traditions (Peabody, Mass.: Hendrickson Publishers, 1984), para los que buscan un mejor entendimiento de la percepción histórica de la obra del Espíritu y el desarrollo de la teología del Espíritu desde los primeros apóstoles hasta Agustino.   Sus recursos son extensos y ofrecen más investigación para los que buscan un entendimiento más completo de la presencia y obra continua del Espíritu Santo a través de los siglos.

9. Earle E. Cairns, Christianity Through the Centuries: A History of the Christian Church(Grand Rapids: Zondervan Publishing, 1981), 84,85.

10. Vinson Synan, The Holiness-Pentecostal Tradition: Charismatic Movements in the Twentieth Century (Grand Rapids: William B. Eerdmans Publishing Company, 1997), 219.

11. Steve Durasoff, Bright Wind of the Spirit: Pentecostalism Today (por el autor, 1972), 3.

12. Charles S. Syndor, Jr., “The Pentecostals,” The Presbyterian Survey (Junio 1964): 37.

13. Ron Auch, Pentecostals in Crisis (Green Forest, Ark.: New Leaf Press, 1988), 20,21.

14. Vinson Synan, ed., Aspects of Pentecostal-Charismatic Origins (Plainfield, N.J.: Bridge-Logos Publishers, 1975), 8–10.

15. Ídem ., 9.

16. Wayne Meeks, The Origins of Christian Morality: The First Two Centuries (New Haven, Conn.: Yale University, 1993), 110.

17. Rodney Clapp, A Peculiar People: The Church as Culture in a Post-Christian Society (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1996), 81,82.

18. Murray A. Dempster, Byron D. Klaus, y Douglas Petersen, eds., Called and Empowered (Peabody, Mass.: Hendrickson Publishers, 1991), 103,104.