CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Yo creo en legados. Yo soy el beneficiario de una familia política y padres muy devotos y llenos del Espíritu. Y yo he recibido consejo sano de pastores pentecostales profundamente espirituales.
Uno de los pastores cuyos consejos he interiorizado es Jack Hayford. Hayford me enseñó a ver un servicio de adoración primero desde la perspectiva del reino espiritual antes de pensar de un servicio desde la perspectiva del calendario o tradición. Nuestra preocupación siempre era descubrir la agenda que Jesús tenía para el servicio que estábamos planeando.
Hayford escribió que cada servicio de adoración existía "para atender a dos objetivos: 1) servir a Dios con nuestras alabanzas, y 2) servir a la congregación con Su suficiencia." Cada servicio en que yo participaba con Hayford - un periodo de 8 años - se trataba de llevar una palabra profética del tiempo personal de oración al púlpito. Convocando un servicio de adoración se trataba de revelación, no de información.
Hayford creía que un pastor tiene cinco principales oportunidades de enseñanza en cada servicio. La mayoría de estos pastores solamente se concentran en uno de estos cinco momentos estratégicos pastorales. Como consecuencia, muchos servicios pentecostales son caracterizados por un sermón bien planeado y transiciones mal planeadas.
Mi mentor me enseñó que el pastor es responsable por traer perspicacia profética a:
la invocación;
la introducción a los cantos de alabanza;
el cierre de los cantos de alabanza;
la ofrenda, y
la predicación del mensaje.
Hayford creía que lo ideal del Espíritu Santo para un servicio de adoración pentecostal era primero suspirar una palabra viva al pastor en privado para que los elementos importantes de transición de un servicio tuvieran vida en público. De esta manera, el espíritu profético del servicio - nuestro legado pentecostal - contendría un hilo de revelación espiritual durante todo el servicio.
Asimismo, me enseñó como líder de adoración a organizar los cantos de adoración en una melodía que tenía un enfoque - un punto. Hayford siempre tenía una estrategia para nuestros encuentros de alabanza, no de una perspectiva popular o contemporánea, sino del punto de vista de la aclaración del Espíritu Santo. Al repasar mi lista de canciones, Hayford siempre quería saber qué es lo que el Espíritu Santo me estaba diciendo en lugar de preguntarme acerca de los detalles ajenos como: "¿Cuándo fue la última vez que cantamos esta canción?" o "¿Qué es la moda más reciente en la alabanza que debemos de implementar rápidamente?"
Canciones ruegan presencia. Canciones invitan la actividad del Espíritu Santo. Además, canciones crean el ambiente para lo sobrenatural. Las canciones que escogíamos eran importantísimas para las palabras que él escribió en el mensaje. Tanto lo estético de la canción como el poder de las palabras se consideraban como munición en el arsenal del Espíritu Santo.
Mi legado de Hayford es centrado en una convicción de que la alabanza es un camino a la presencia del Señor. Como el líder de alabanza, mi mayor objetivo es desaparecer para que Jesús pueda aparecer. Reconozco claramente que mi lista de canciones, preparada apropiadamente, puede guiar a una congregación de lo natural a lo sobrenatural, donde "los montes se derritieron como cera" (Salmo 97:5).
— Tom McDonald, Ph.D.,
es director del Departamento Nacional de Música y el comisario de Alabanza para las Asambleas de Dios, Springfield, Missouri.