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Minimizando la disonancia al edificar comunidades sanas de fe
Por Gary R. Allen
El conflicto en la iglesia puede ser minimizado y mejor manejado al edificar comunidades de fe sanas y fuertes. Cuando líderes valientes y personas cariñosas aprenden a superar el dolor del conflicto destructivo y experimentan el gozo estupendo de la interacción productiva, trabajarán con anticipación para mantener una iglesia sana. El manejo del conflicto, entonces, se convierte en un proceso intencional, interpersonal, y organizacional en lugar de una reacción al conflicto.
LA INTENSIDAD DEL CONFLICTO EN LA IGLESIA
Muchas iglesias están inmovilizadas por conflictos destructivos que destruyen relaciones personales y paralizan los ministerios de la iglesia. Tales conflictos están en contra a la Palabra de Dios que dice, "Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos 12:18). Sin embargo, cuando está manejado apropiadamente, el conflicto puede tener efectos positivos sobre las relaciones interpersonales y ministerios de la iglesia.
La influencia del reavivamiento, renovación, y revivificación sobre el conflicto en la iglesia local
El reavivamiento espiritual muchas veces se considera como necesario para sanar conflictos. Aunque el reavivamiento ciertamente es deseado y puede hacer mucho para minimizar y sanar el conflicto, no es necesariamente suficiente. Las palabras, reavivamiento , renovación , y revivificación a menudo se usan intercambiadamente; sin embargo, cada una tiene un significado distinto.
Reavivamiento del corazón
El reavivamiento se trata del corazón. Describe la frescura de la espiritualidad personal. El reavivamiento sucede cuando creyentes hambrientas buscan a Dios, y entonces Dios visita a su gente con manifestaciones dinámicas de su presencia.
Renovación de la mente
La renovación se trata de la mente. Es el proceso de hacer de nuevo la conexión entre la iglesia y la misión de Dios. Es la parte del reavivamiento espiritual que quita la pasión espiritual que la iglesia pone en sí mismo y la pone en la comunidad como Dios destinó. La renovación es la regeneración y transformación de la mente, como el apóstol Pablo describió en Romanos 12, que resulta en servicios sacrifícales específicos para Dios.
Revivificación de la iglesia local
La revivificación es tanto la frescura del poder como la corrección de esfuerzos equivocados. La dinámica espiritual de combinar el reavivamiento personal y la renovación de la comunidad resulta en acciones ministeriales específicas que reaviven el liderazgo y estructura organizacional para que sean más efectivos.1
Cuando la iglesia experimente un reavivamiento que cambia corazones y las personas empiecen intencionalmente a pensar de una manera diferente acerca de sus prójimos y su propósito en las misiones, entonces podrían ajustar la función y estructura de la iglesia para facilitar un ministerio más efectivo.
NOTAS
Klaus, "Leadership Development," 1999.
—Gary R. Allen, D. Min., Springfield, Missouri.
El conflicto destructivo puede ser un estorbo grande en la evangelización de los incrédulos y su asimilación en la iglesia. H.B. London Jr., el vicepresidente del ministerio de evangelización y ministerios pastorales para Enfoque a la Familia, sugiere, "Una de las excusas que la gente usa para no asistir una iglesia local es la cantidad de controversias que observan. Los pastores y líderes cristianos tienen que aprender cómo manejar el conflicto para que resulte en resoluciones exitosas, si la iglesia va a poder sobrevivir." 1
Los incrédulos no esperan que la iglesia esté sin conflicto alguno. Sin embargo, es razonable que ellos esperen que la iglesia resuelva el conflicto con los mismos principios bíblicos que proclaman.
Muchas iglesias están en una etapa de post-conflicto. No están actualmente en conflicto, pero sus ministerios están inmovilizados. El conflicto renovará o matará las iglesias débiles. 2 La condición de la iglesia es crítica, y la importancia de su misión requiere resolución.
INTERACCIÓN ESPIRITUAL Y PERSONAL DENTRO DE LA IGLESIA
Después de la familia, la comunidad de fe es el ambiente primordial en el cual Dios quiere que los seres humanos demuestren las dinámicas de sus vidas transformadas. En la comunidad de fe experiencias espirituales, intelectuales, y emocionales son vividas en relaciones interpersonales y en la cultura local.
La Iglesia Primitiva tomó las obligaciones de comunidad muy seriamente. Lucas describe sus acciones: "Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno" (Hechos 2:44,45).
La fundación de la comunidad cristiana es la cruz. Cristo une cuerpos diferentes en un solo Cuerpo.3 Los creyentes pertenecen al cuerpo de Cristo porque Él los ha redimido por medio de su sufrimiento, muerte, y resurrección. Él los ha puesto juntos en la comunidad de fe, y ahora pertenecen el uno al otro.
La comunidad de fe está obligada el uno con el otro porque ellos se quieren y tienen experiencias similares, pero aun más importante porque Cristo los ha puesto juntos. Esto obliga el creyente a comportarse de la mejor manera para los demás, no de la mejor manera para el individuo.
CARACTERÍSTICAS ÚNICAS DE LA COMUNIDAD DE FE
La iglesia, como una comunidad de fe, es diferente de otras organizaciones sociales. Está basada en relaciones. Estamos juntos debido a nuestra relación personal con Dios por medio de Jesucristo, y Él nos mandó a amarnos el uno al otro. Entonces, la iglesia tiene más tendencia de tener conflictos interpersonales que otras organizaciones sociales.
La comunidad de fe tiene importancia eterna
La iglesia es una parte integral del plan eterno de Dios, constituida de la gente de Dios sirviendo los propósitos de Dios. "Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable" (1 Pedro 2:9). Los creyentes necesitan recordar, especialmente durante tiempos de conflicto, que son parte de una comunidad diseñada por Dios.
CORTESÍA: COMO NOS TRATAMOS
La cortesía es la manera en que nos tratamos el uno al otro y es el valor básico de como manejamos el conflicto. Es el conjunto de muchos sacrificios que hacemos para vivir juntos y es lo que nos permite vivir juntos.1
Para el bienestar de la comunidad
Las libertades individuales tienen que ceder al bienestar de la comunidad. La idea que debemos usar nuestra libertad para el bien común de todos en lugar de buscar nuestras propias placeres ha sido central en las éticas cristianas y judías por mucho tiempo.2 La iglesia necesita ser un ejemplo de como la gente debe tratarse y resolver conflicto. Los creyentes necesitan utilizar su experiencia del poder de la reconciliación de Dios y cumplir su mandato como ministros de reconciliación. Los cristianos deben traer cortesía a sus interacciones sociales y ser líderes en tratar con los asuntos sociales.
Mantener la cortesía en medio del enojo
La cortesía no es ser pasivo hacia los demás ni desinteresado en asuntos sociales importantes. Los asuntos sociales a veces causan emociones fuertes que resultan en relaciones tensas. Obviamente debemos evitar palabras ofensivas ; sin embargo, no debemos provocar el enojo intencionalmente en otros. Para evitar palabras de ira tenemos que reconocer que las mismas cosas no molestan a todos.3 Debemos enfrentar asuntos que tienen la potencial de ser volátiles y tratar el uno con el otro de una manera abierta y sincera. Es posible estar enojados pero no estar destructivos. Pablo dijo, "Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo" (Efesios 4:26).
A veces enseñanzas específicas en la iglesia sugieren que personas verdaderamente espirituales nunca estarían en desacuerdo. El desacuerdo, aun el desacuerdo apasionado, no es falta de cortesía; lo opuesto es que el acuerdo, aun consenso, no es cortesía. La democracia necesita el diálogo, y el diálogo requiere puntos de vista opuestos.
La cortesía puede incluir crítica constructiva
De la misma manera, la crítica, aun la crítica severa, no es falta de cortesía. Aun las historias del Talmud sugieren que amor por nuestro prójimo requiere que los critiquemos cuando es apropiado.4 La meta en la crítica, sin embargo, nunca debe ser frustrar o molestar a otro. Tenemos que acercarnos a los demás con amor y gratitud. Como consecuencia, la obligación de la cortesía supone más que hechos de caridad. Es un hábito de la mente, quizá una orientación del alma, hacia otra persona. El que está fuera de nosotros puede parecer distinto a nosotros, y aun así es parte de nosotros por medio de nuestra parte común en la creación de Dios.5
La cortesía requiere que nos respetemos
Somos responsables ante otros por nuestras actitudes y acciones. La cortesía involucra la disciplina de nuestras pasiones por el bien de vivir una vida común con otros.6 Es admirable tener pasión por la vida y las cosas que creemos fuertemente. Pero la vida se debe vivir en obediencia a lo que es correcto para la unidad del grupo. Las diferencias se tienen que reconciliar, no con uniformidad, sino con unidad.7 La cortesía requiere que nos expresemos de maneras que demuestran nuestro respeto por otros. La cortesía nos enseña a disciplinar nuestros deseos para el bien de otros.8
La cortesía empieza en el hogar
Dios tenía la intención que la familia fuera el centro de la interacción social humana y el modelo de la vida de comunidad. Él se describía como el Padre Celestial , y Jesús frecuentemente usaba el término familia como una metáfora para el reino de Dios. El estudiante de la cortesía debe entender apropiadamente la palabra familia no simplemente como una entidad sino como un acto - un acto de amor y sacrificio íntimo. La familia, en su base, no es algo que las personas son, sino algo que hacen. El cristianismo enseña que la familia es donde morimos a nosotros mismos.9 Sin embargo, el número grande de familias fragmentadas en nuestra cultura hace que sea imperativo que la iglesia sea intencional en la cortesía básica y entrenamiento del manejo del conflicto. La iglesia tiene que ser lo que quiere que la comunidad llegue a ser.10
Mientras que la iglesia puede ser un centro de entrenamiento para el discipulado espiritual, crecimiento personal, y desarrollo, el hogar sigue siendo central para aprender habilidades básicas para la vida. El hogar es donde aprendemos como llevarnos bien. Enseñar la cortesía a la próxima generación también requiere el establecimiento de reglas claras de respeto y una educación buena en la casa.11
La libertad que los humanos poseen no es la libertad de hacer lo que queramos, sino la libertad de hacer lo que es correcto.12 Esto concuerda con el concepto bíblico de la voluntad propia que Dios nos dio. Los seres humanos no fueron creados para hacer lo que quieran, sino para hacer lo que es mejor para la comunidad entera.
—Gary R. Allen, D. Min., Springfield, Missouri.
NOTAS
Stephen L. Carter, Civility: Manners, Morals, and the Etiquette of Democracy (New York: Basic Books, 1998), 11,15.
Idem., 17.
Idem., 162.
Idem., 108, 109.
Idem., 102.
Idem., 109.
Jesse Miranda, "Leading Multicultural Ministries" (Conferencia en Assemblies of God Theological Seminary, Springfield, Mo., 9-13 de marzo de 1999).
Solamente Dios podría crear una comunidad única como la iglesia. Las personas que siguen a Cristo son tan distintas la una de la otra en sus personalidades y cultura que sin la relación común en Cristo no tienen ninguna razón para mantenerse unidas. Tiene sentido que diferencias y conflictos dominarían una comunidad tan diversa. Sin embargo, con la ayuda del Espíritu Santo y un manejo efectivo del conflicto, puede haber unidad y propósito.
La comunidad de fe tiene expresiÓn local visible
La iglesia es la expresión completa del cuerpo de Cristo, no solamente una miniatura de una iglesia invisible más grande. Cuando solamente dos o tres se juntan en el nombre de Cristo, todo lo que Él es como Salvador y Señor está presente (Mateo 18:20). En su presencia, la responsabilidad e intimidad tienen valor y expresión.
La comunidad de fe es un mayordomo de la gracia de Dios
La iglesia, aunque desarrolle su propia personalidad, es mayordomo de la gracia de Dios. Si Dios es luz y la iglesia es un prisma, entonces la iglesia tiene que refractar los colores de su gracia a la cultura. Este propósito evangelístico de la iglesia debe mostrar y proclamar a Jesucristo, no a sí mismo, sino a la comunidad. Pablo dijo, "me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo" (Efesios 3:8).
Cuando en conflicto, los creyentes en la iglesia deben recordar que están llamados al reino de Dios como mayordomos de su gracia: "Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo" (Efesios 4:7).
La comunidad de fe demuestra en su unidad la realidad de lo que proclama
La vida personal del creyente y la vida organizacional de la iglesia tienen que ser congruentes con el evangelio que proclaman. El amor de los creyentes el uno por el otro es el mensaje principal del evangelio. Amor, integridad, y confianza mutua entre los creyentes son necesarios para facilitar un proceso sano de la resolución de conflictos.
Cuando alguien tenga necesidad, la comunidad de fe se reúne para ayudar: "De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan" (1 Corintios 12:26). Manejando conflicto dentro de la comunidad de fe es la responsabilidad de todos.
La comunidad de fe es donde las vidas transformadas son plantadas y maduran
Dios diseñó la iglesia para los creyentes. Él los puso en una comunidad de fe para crecer y madurar. La madurez espiritual no se realiza mucho fuera de la comunidad de fe. La espiritualidad es una relación personal con Dios, sin embargo Él destinó que esta relación también se desarrollara en y por medio de las interacciones con otros creyentes.
Jesús mandó: "id, y haced discípulos a todas las naciones... enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (Mateo 28:19,20). El discipulado y enseñanza son procesos interpersonales que requieren que los que tienen más experiencia sean mentores de los que tienen menos experiencia. El desarrollo intencional del discipulado y madurez espiritual deben ser un requisito en la iglesia.
La comunidad de fe ilumina la presencia de Cristo
Una característica distinta de la comunidad de fe es la presencia sobrenatural de Cristo. La presencia de Dios era evidente en el Huerto de Edén, la columna de nube y fuego en el desierto, en el lugar santísimo, en el Pentecostés, y a través de la era de la iglesia. La presencia de Cristo debe ser la marca distinta en la iglesia hoy.
A menudo la primera impresión que los incrédulos reciben de Jesucristo es a través de sus relaciones con creyentes en la comunidad de fe. La habilidad de la iglesia de relacionarse en unidad y resolver sus problemas demuestra claramente la presencia sobrenatural y el poder de Cristo.4
Aunque el compañerismo íntimo y las relaciones personales de la comunidad de fe parecen causar más riesgo para la iglesia en cuanto a los conflictos que con otros grupos sociales, estas características espirituales capacitan la iglesia a manejar más eficazmente el conflicto.
RESPONSABILIDADES DENTRO DE LA COMUNIDAD DE FE
El Nuevo Testamento da muchos mandatos acerca de cómo los creyentes deben tratarse. Estos mandatos forman una lista de obligaciones mutuas—responsabilidades que todos los miembros de la iglesia tienen en sus relaciones el uno con el otro. El entender qué tan importante los creyentes son el uno para el otro y cómo deben tratarse puede minimizar las diferencias y quizás eliminar conflictos destructivos.
JesÚs mandÓ a los creyentes a amarse el uno al otro
Quizás el mandato más completo que Jesús dio es el mandato muy conocido de "amarse el uno al otro." Él continuó, "como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros" (Juan 13:34,35). El mandato de Jesús es una declaración fundamental de la responsabilidad cristiana y aparece más de 10 veces en el Nuevo Testamento (Juan 15:12,17; Romanos 13:8; 1 Tesalonicenses 4:9; 1 Pedro 1:22; 1 Juan 3:11,23; 4:7,11,12; y 2 Juan 5). El amarse el uno al otro es una obligación y es fundamental para el manejo del conflicto.
Pablo reforzÓ el mandato de JesÚs
Pablo desarrolló aun más el mandato de Jesús: "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros" (Romanos 12:10). También dijo, "servíos por amor los unos a los otros" (Gálatas 5:13). Pablo oró para que el Señor ayudara a que el amor de los tesalonicenses creciera no solamente el uno por el otro, pero también hacia todos los demás. "Antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos" (1 Tesalonicenses 5:15; compare 3:12). En su segunda carta a los tesalonicenses, Pablo dio gracias a Dios que su amor mutuo de verdad estaba creciendo (2 Tesalonicenses 1:3).
Los creyentes son uno en Cristo
En Cristo, los creyentes se pertenecen y forman un solo cuerpo (Romanos 12:5). Somos miembros de un cuerpo: "Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros" (Efesios 4:25); y "tenemos comunión unos con otros" (1 Juan 1:7). Pablo oró que los cristianos romanos tuvieran "un mismo sentir según Cristo Jesús" (Romanos 15:5). Para evitar la división en el cuerpo, Pablo mandó que los miembros "se preocupen los unos por los otros" (1 Corintios 12:25) y que "hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones" (1 Pedro 4:9).
Los creyentes se honran el uno al otro
En toda la Biblia se espera claramente que la gente honre a Dios y también a los demás. Pablo dijo, "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros" (Romanos 12:10). Además indicó que el honrarse minimiza la división entre el cuerpo.
Los creyentes viven en paz el uno con el otro en humildad
Vemos otro lado de este mandato en las palabras de Jesús: "tened paz los unos con los otros" (Marcos 9:50). Pablo lo dijo de muchas maneras: "Tened paz entre vosotros" (1 Tesalonicenses 5:13). "Unánimes entre vosotros" (Romanos 12:16). "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo" (Filipenses 2:3). Pedro dijo, "todos, sumisos unos a otros, revestíos de humildad" (1 Pedro 5:5).
Los creyentes se reciben el uno al otro
"Ya no nos juzguemos más los unos a los otros," Pablo escribió en Romanos 14:13. "Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió" (Romanos 15:7). "Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros" (Colosenses 3:13). "Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo" (Efesios 4:32). "Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros" (Santiago 5:16). Aceptar las diferencias personales y culturales de otros puede ampliar los gustos e intereses de uno y entonces minimizar los conflictos.
Los creyentes se soportan el uno al otro
Soportarse el uno al otro significa cuidar de los que quizás no nos gustan - las personas difíciles en nuestra vida. La Escritura dice que debemos "soportar, tener paciencia con, aguantar, tolerar, o sufrir"5 tales personas. Esto no significa que permitimos que tomen control o que no sean responsables por sus palabras y acciones. "Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación" (Romanos 15:1,2; compare Colosenses 3:13,14).
Los creyentes se sirven el uno al otro
Aceptando el uno al otro requiere relacionarse justamente el uno con el otro. Pedro dijo: "Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros; compare Gálatas 5:13). Jesús enseñó lo mismo cuando Él instruyó a sus discípulos: "vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros" (Juan 13:14). Pablo continuó este pensamiento cuando animó a los creyentes a que "Someteos unos a otros en el temor de Dios" (Efesios 5:21), y "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo" (Gálatas 6:2).
Los creyentes se animan el uno al otro
Pablo anhelaba ver a los cristianos romanos "para ser mutuamente confortados por la fe que nos es común a vosotros y a mí" (Romanos 1:12). Uno de los propósitos principales de la práctica de la alabanza corporal es "para estimularnos al amor y a las buenas obras," y para exhortarnos (Hebreos 10:24,25). Los creyentes también son desafiados a "exhortaos los unos a los otros cada día" (Hebreos 3:13); "animaos unos a otros, y edificaos unos a otros" (1 Tesalonicenses 5:11; compare 4:18); "edificándoos sobre vuestra santísima fe" (Judas 20). Cuando los creyentes se enfocan en animarse y edificarse el uno al otro, no podrán perpetuar tan fácilmente el conflicto destructivo.
Los creyentes se instruyen y se edifican el uno al otro
Pablo quería "la mutua edificación" (Romanos 14:19). Él dijo, "enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Colosenses 3:16; compare Efesios 5:19). Pablo tenía confianza que los romanos podrían "amonestaros los unos a los otros" (Romanos 15:14).
Entender el concepto de "el uno al otro" en la Escritura es fundamental para el manejo del conflicto dentro de la comunidad de fe. Los creyentes deben estar comprometidos al bienestar espiritual y moral de los demás.
Reconciliación: la base para el manejo del conflicto
La reconciliación se refiere al proceso de traer a los pecadores de regreso a la presencia de Dios. Dios hizo a las personas a su imagen para que pudieran tener compañerismo con Él. Pero cuando los seres humanos pecaron, se hicieron desconocidos de Dios.1 Los cristianos, habiendo experimentado reconciliación personal con Dios, se convierten en ministros de la reconciliación (2 Corintios 5:17-20).
Los cristianos son ministros de la reconciliación. No solamente deben proclamar el mensaje de la reconciliación a los no creyentes, pero también deben vivir en paz con y ser reconciliados a todos que pertenecen a la comunidad de fe. Jesús dijo, "Por tanto, si traes tu ofrenda al altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano, y entonces ven y presenta tu ofrenda" (Mateo 5:23,24). Parece que los que no van a ninguna iglesia entienden que el conflicto es inevitable aun en la iglesia, pero no entienden por qué el conflicto no puede ser resuelto rápidamente en la iglesia cuando un elemento importante del evangelio es la reconciliación.
Todos son ministros de la reconciliación
Cada cristiano es ministro de la reconciliación. La persona que predica en el púlpito no tiene más responsabilidad en el ministerio de reconciliación que el hijo de Dios que está sentado en la banca. La Escritura dice que Dios nos ha encomendado el ministerio de reconciliación.2 La responsabilidad del pastor es asegurar que todos están capacitados con el conocimiento bíblico de la reconciliación y entrenados en cómo tener relaciones que facilitan reconciliación.
La reconciliación es el método que Dios escoge para entrar en la confusión y violencia humana. Reconciliación sucede porque Dios está invitado y está ansioso de responder. Pero Dios, que conoce el corazón de cada persona, responde de una manera que crea reconciliación todavía no escuchada por las personas. Para mejorar nuestro entendimiento del poder de la reconciliación, puede que sea necesario poner a un lado las ideas previas que tenemos de la reconciliación para que Dios pueda ser libre de resucitar nuestras esperanzas y sueños de una forma nueva.3
La reconciliación es un regalo
Teológicamente, la reconciliación, como la gracia, es un regalo de Dios. No es posible ganarla ni crearla con mucho trabajo, al guardar la ley, al seguir principios de la ciencia de la conducta, ni al ser sinceros. La meta del manejo del conflicto, entonces, es ayudarnos el uno al otro a ser fieles y buscar crear un ambiente donde las posibilidades de reconciliación son aumentadas.4
Los ministros de la reconciliación son pacificadores
Jesús describe a los ministros de reconciliación como pacificadores . En las bienaventuranzas, Jesús eleva al pacificador en la lista de las características cristianas cuando dijo, "Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mateo 5:9). Santiago describió la cosecha de los que siembran la paz: "Pero la sabiduría que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz" (Santiago 3:17,18).
No solamente se espera que los cristianos busquen la paz y reconciliación el uno con el otro después de un conflicto, pero también se espera que sean pacificadores. Pablo dijo que tenemos que esforzarnos a llevarnos bien con las personas alrededor de nosotros y vivir en armonía: "No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres" (Romanos 12:17,18).
—Gary R. Allen, D. Min., Springfield, Missouri.
NOTAS
Manford G. Gutzke, Plain Talk About Christian Words (Grand Rapids: Zondervan, 1965), 71.
Dwight J. Pentecost, Things Which Become Sound Doctrine (Grand Rapids: Zondervan, 1970), 91.
Joan Mueller, Is Forgiveness Possible? (Collegeville, Minn.: The Liturgical Press, 1998), 80.
Speed B. Leas, Moving Your Church Through Conflict (Washington, D.C.: Alban Institute Publication, 1998), 9.
EL PAPEL DEL PERDÓN EN EL MANEJO DEL CONFLICTO
Cuando un conflicto ha durado bastante tiempo y hay personas lastimadas, el perdón es necesario pare reestablecer relaciones sanas. El término perdón es definido como "un proceso activo de la mente y genio de la persona ofendida, en el cual se deshace del estorbo moral al compañerismo con el malhechor, y reestablece la libertad y gozo de amistad."6 Puede haber ocasiones cuando los que se están peleando rechacen la idea de perdonar y reestablecer su relación, mientras que otros estén dispuestos a perdonar y empezar su propio proceso de sanidad.
Jesús y Esteban son ejemplos del perdón. Ellos perdonaron sus asesinos aun en la hora de su muerte, aun cuando sus agresores no estaban dispuestos a considerar el perdón y reconciliación (Lucas 23:34; Hechos 7:59,60).
Aunque la mayoría de las personas no enfrentarán el conflicto que dirige a la muerte, el conflicto destructivo puede ser una de las experiencias más dolorosas de la vida. Hay situaciones cuando el conflicto nunca tiene resolución, y es necesario que la persona lastimada perdone para poder finalizar la situación y empezar de nuevo. Algunas personas lastiman a otros deliberadamente y no tienen la intención de sanar la relación. Los que están lastimados en tales situaciones necesitan aprender a perdonar a las personas que los han lastimado y salir adelante con su vida.
El término perdón es más difícil definir que los términos diversidad , diferencia , conflicto , o reconciliación . Quizás el definir el perdón sea difícil porque la gente a menudo piensan en el perdón solamente después de estar involucrada emocionalmente en un conflicto.
A veces las personas usan el perdón como una excusa para evitar la resolución de un conflicto cuando no quieren enfrentar a las otras personas, o quizás, no tienen la habilidad de resolver el conflicto. Solamente quieren que se desaparezca. Para ellos el perdón se convierte en una práctica espiritual que quita su responsabilidad. Hay situaciones cuando el que ha sido ofendido no puede tener una resolución con el que hizo la ofensa debido a las circunstancias, como un fallecimiento, y el perdón es la única solución. Pero no se debe usar el perdón como un sustituto que elimina la necesidad de los dos grupos de participar en el proceso de resolución, cuando sea posible.
Hay una necesidad para la reconciliación interpersonal en el proceso del perdón. El desafío verdadero del perdón no es solamente dejar los sentimientos de odio, resentimiento, recelo, y hostilidad; se encuentra en la habilidad de recuperar la relación con el hermano o hermana completamente. Como la comunidad de fe es la imagen de Dios, los individuos involucrados expresan esta relación. El principio, "el perdón es necesario, la reconciliación es opcional," no está basado en el ejemplo de Jesús. El perdón que se enfoca en pacificar nuestra propia conciencia en lugar de la restauración de la comunidad no es verdaderamente cristiano. La meta es la restauración de la comunidad, no el mantenimiento de la perfección privada. 7
Un tiempo estratégico es importante en el proceso del perdón. La reconciliación solamente es posible cuando el perdón tiene tiempo de surtir efecto. El no permitir el tiempo necesario para enfrentar, reconocer, y tratar con los dolores podría apurar la meta de reconciliación, pero no asegurará la calidad. Si no hay ninguna estrategia segura para realizar la reconciliación con alguien, entonces cualquier estrategia usada para traer reconciliación debe ser motivada por el amor de la otra persona. 8
El valor del proceso de oraciÓn para tratar con memorias dolorosas
Palabras y acciones severas pueden crear memorias emocionales muy dolorosas que frecuentemente perpetúan el conflicto. Estas memorias dolorosas pueden causar una de dos cosas: pueden paralizar a la persona emocionalmente durante toda la vida o pueden llegar a ser un regalo de perseverancia y conocimiento del manejo del conflicto para la persona. Cada evento en la vida, aun el conflicto, puede ser visto como una bendición o maldición.
La percepción de la resolución o perpetuación de un conflicto es influenciada más por los sentimientos de uno que por los hechos de la situación. Muchas personas que fueron lastimadas emocionalmente tienen dificultad en perdonar, soltar la situación, y salir adelante. La sanidad del dolor causado por un conflicto destructivo es un proceso. Como heridas físicas, las heridas emocionales son sanadas poco a poco. La sanidad de memorias dolorosas sigue las cinco etapas de dolor: denegación, enojo, regateo, depresión, y aceptación. Mientras que la persona va de una etapa a la otra, penetra cada etapa cada vez más profundamente. Las cinco etapas de la sanidad de heridas emocionales señalan la manera natural que el Espíritu sana. 9
El valor del perdÓn como un regalo de Dios
John Patton, presidente anterior de American Association of Pastoral Counselors [Asociación americana de consejería pastoral] y vicepresidente de International Committee on Pastoral Care and Counseling [Comité internacional sobre el cuidado y consejería pastoral], sostiene que cuando piensan el perdón como un acto o actitud, muchos cristianos, a pesar de sus mejores esfuerzos, no tienen la habilidad de perdonar. Patton cree que el perdón no es un acto o actitud humano, sino que es un regalo dado por Dios. Mientras que la vergüenza es una reacción al rechazo y frustración y anima a las personas a edificar defensas protectivas, la relación terapéutica propuesta por Patton ofrece la oportunidad de explorar las defensas de vergüenza (por ejemplo, ira, poder, y justicia) dentro de un contexto empático para descubrir culpa. Una vez que la persona entienda que es culpable, puede entonces reconocer que pertenece a una comunidad de pecadores amados por Dios. La responsabilidad del consejero pastoral no es supervisar y animar actos o actitudes de perdón, sino proveer un ambiente empático apropiado que permite que la persona deje las defensas de vergüenza y descubra conexión con otros. 10
El valor de recuerdos redentores
El perdón falso destruye el moral de la sociedad, pero los recuerdos redentores se enfocan en las posibilidades futuras redentoras llenas de esperanza sin olvidar totalmente del pasado. Los que perdonan, ya que el perdón se basa en la realidad en lugar de la decepción, no temen la confrontación y son dirigidos por una libertad más fuerte que el odio. Los que perdonan como la revolución del amor contra las injusticias de la vida son dirigidos por el respeto y compromiso mutuo. Esto provee la oportunidad de ver que ninguna persona es totalmente pura. Una persona perdona porque se da cuanta que Dios ha perdonado el mal en su propio corazón. El no perdonar a nuestro prójimo, entonces, es un rechazo deshonesto de la mezcla del bien y mal en el corazón de cada humano. 11
El perdón es trabajar juntos con otros y con Dios. El perdón como reconciliación no es solamente el esfuerzo de un individuo, pero también la decisión de Dios de entrar a la confusión y violencia humana. La reconciliación ocurre porque Dios está invitado y está ansioso de responder. 12
Recordar como hemos sido lastimados y como frecuentemente hemos lastimado a otros puede ser una guía valiosa de cómo reaccionar y tratar a otros. Perdonar no significa aceptar más abuso o seguir en relaciones destructivas. Necesitamos establecer límites para lo que es aceptable para nosotros y comunicar estos límites claramente a otros. Necesitamos hacer que otros sean responsables por sus acciones. 13
EL PAPEL DEL BAUTISMO EN AGUA Y LA COMUNIÓN EN EL MANEJO DEL CONFLICTO
Dios ha dado a la iglesia dos ordenanzas, el bautismo en agua y la comunión, para facilitar una manera regular y continuo para relacionarnos con Él y los demás en el cuerpo de Cristo. La obligación de los creyentes de resolver sus conflictos está arraigada en su compromiso a Cristo y el uno con el otro.
El papel del bautismo en agua
El bautismo en agua provee dos ayudas específicas para el manejo del conflicto. Primero, el bautismo en agua es nuestra identificación con Cristo en su muerte, sepultura, y resurrección. Segundo, el bautismo en agua es nuestra identificación con y compromiso a los que han recibido "una fe igualmente preciosa que la nuestra" (2 Pedro 1:1). En nuestra identificación con Cristo, damos testimonio en el bautismo en agua de haber muerto a nosotros mismos, sepultando la naturaleza vieja, y siendo levantados en una vida nueva en Él. Su poder transformador en nuestra vida nos ha librado del poder del pecado. Ya no somos enemigos de Dios ni rebelamos contra Él y su ley. Nuestros corazones han cambiado, y Él ha puesto a nosotros en la comunidad de fe para vivir en unidad.
Pablo habló con los efesios y corintios acerca de esto: "solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos" (Efesios 4:3-6). "Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo. Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu" (1 Corintios 12:12,13).
El bautismo en agua identifica al creyente con otros en la comunidad de fe. No solamente tenemos el testimonio de una experiencia similar de salvación, pero también nos comprometemos al apoyo y bienestar de la fraternidad del cuerpo de Cristo. Esto involucra tanto privilegios como responsabilidades para poder mantener la unidad. Tenemos la obligación de amarnos, resolver nuestros problemas, y perdonarnos el uno al otro.
El papel de la comuniÓn
La comunión, como el bautismo en agua, también provee dos ayudas específicas para la resolución del conflicto. Primero, la comunión es el recuerdo y reflexión que tenemos de nuestro salvador que nos redimió con su cuerpo quebrantado y sangre derramada. El pan y la copa representan lo que Él ha hecho por nosotros. Esto debe producir humildad en nosotros al recordar lo que Él hizo por nosotros cuando no podíamos hacer nada por nosotros mismos. También recordamos que cada persona en la comunidad de fe está presente solamente por su cuerpo quebrantado y sangre derramada. Esto debe traer un sentido de asombro y reverencia hacia Dios y un sentido de unidad el uno con el otro.
Segundo, la comunión es un tiempo para examinar nuestra propia relación con Dios y con otros en la comunidad de fe. Durante la comunión reafirmamos nuestras identificaciones y compromisos bautismales. Tomamos los elementos del cuerpo y sangre de nuestro Señor en memoria de Él. También lo compartimos con los otros creyentes para reafirmar nuestro amor y compromiso con ellos como hermanos y hermanas en el cuerpo de Cristo.
El propósito central de la comunión es dejar que "pruébese cada uno a sí mismo" (1 Corintios 11:28).14 En la mesa del Señor, los conflictos pueden ser resueltos antes de llegar a ser destructivos para nuestra relación con Dios y/o con otros creyentes. Es en la mesa del Señor que el amor de Dios y nuestro amor el uno por el otro se pueden medir.
La palabra amor se refiere a las intenciones de las acciones de una persona. Cuando una iglesia tiene amor agape (compartiendo mutuamente), significa que los fuertes, débiles, ricos, pobres, grandes, y pequeños se preocupan el uno por el otro y hacen cosas para ayudarse. El compañerismo de la iglesia que brota de la comunión de amor nos es demostrado durante la Cena del Señor. La iglesia se junta en compañerismo alrededor de la mesa en un ambiente cariñoso, informal, y familiar creado al comer juntos. Los creyentes simbólicamente toman juntos del cuerpo quebrantado de Cristo y beben juntos su sangre derramada, y como una congregación afirman juntos que su salvación viene de Él. En el Credo de los Apóstoles, los cristianos confiesan su fe y dicen que creen "en la comunión de los santos." La "comunión de los santos" enfatiza que todos los creyentes son uno y tienen compañerismo el uno con el otro.
Dios nos ofrece varios medios de gracia, incluyendo la comunión, que nos da la gracia de tratar con conflicto y personas difíciles. Las personas no deben dar excusas por el comportamiento malo de otros, sino deben pedirse cuentas el uno del otro en la presencia de Dios. Se puede comparar la "comunión de amor" con lo que sucede cuando alguien trae sus relaciones pobres y las incluye en la situación de la familia de la iglesia. En la comunión de amor, la gente está dispuesta a incluir a los que son desobedientes e irritables, aunque necesiten ser disciplinados. Serán cuidados; no serán echados fuera. 15
Las ordenanzas del bautismo en agua y la comunión no son solamente recordatorios continuos del amor de Dios y nuestro compromiso a la práctica de nuestra fe, pero también son medios prácticos para enfrentar nuestras diferencias para poder mejorar nuestras relaciones y calmar situaciones problemáticas. En el bautismo en agua nos aceptamos el uno al otro y nos comprometemos a pesar de las diferencias personales o culturales. En la comunión estamos obligados a enfrentar cualquier diferencia que estorba nuestras relaciones los unos con los otros.
CONCLUSIÓN
La capacitación sobre relaciones interpersonales y manejo del conflicto es esencial para cada persona en la iglesia. Es importantísimo que los líderes nacionales, líderes de distrito, pastores, y líderes de las iglesias reciban entrenamiento adecuado y, con la ayuda de Dios, provean esperanza para la resolución pacífica de cada conflicto. La iglesia es una comunidad de fe que puede vivir en unidad y en la esperanza gloriosa de Cristo que dijo, "He aquí, yo hago nuevas todas las cosas" (Apocalipsis 21:5).
El manejo del conflicto es la responsabilidad de todos en la iglesia. Todos necesitan hacer un esfuerzo de minimizar el conflicto destructivo y ser comprometidos a amarse el uno al otro.
Muchas personas en las bancas han aprendido el liderazgo, trabajo en equipo, y manejo del conflicto en sus trabajos y podrían fácilmente aplicar estos principios en la iglesia. A menudo, nuestras iglesias tienen grandes personas con grandes habilidades que no son reconocidas ni utilizadas.
Al entender el origen y naturaleza del conflicto y el proceso de manejarlo, podemos enfrentar el conflicto con menos miedo y con la esperanza de una resolución que fortalece las relaciones personales y permite que el ministerio de la iglesia sea más eficaz.
Gary R. Allen, D.Min., is executive editor of Enrichment journal and national coordinator of the Ministerial Enrichment Office, Springfield, Missouri.
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