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Un vistazo sincero y confidencial del conflicto en la iglesia
Tres parejas pastorales comparten sus historias después de las tormentas
Por Scott Harrup
Podemos llamarles las familias pastorales A, B, y C. O quizás para darles nombres más personales podemos pensar de ellos como el Pastor y Hermana Sánchez, Martínez, y Rodríguez. Todavía sería mejor pensar de ellos como esposos y esposas verdaderos - Guillermo y Karina Sánchez, Juan y Laura Martínez, y Jorge y Sara Rodríguez.*
Ellos accedieron a hablar con la revista Enriquecimiento acerca del conflicto en la iglesia, una de las circunstancias más difíciles que las familias pastorales enfrentan, y cómo afecta a la familia entera.
Nadie en el ministerio espera, de manera realista, una vida sin problemas. Hay opiniones diferentes en cada congregación. Pero cuando estas diferencias crecen hasta desafiar la autoridad del pastor, la iglesia llega a un punto crítico. ¿Están desafiando la autoridad del pastor por los errores del liderazgo o por los errores de las personas que deben estar siguiendo?
Tal distinción no elimina la posibilidad que los dos pueden cometer errores pequeños. Cada una de esas parejas expresaron cosas que pudieran haber hecho diferentes. Pero cada uno de estos ejemplos fue escogido porque, en algún punto, el liderazgo pastoral sólido fue resistido por razones no muy sólidas. A diferentes grados, el conflicto resultó en inquietudes tanto para los que estaban en el ministerio como para los que estaban en las bancas.
Problemas diferentes, lecciones comunes
Una congregación, un equipo pastoral, y un cuerpo oficial — los pastores se relacionan con los tres, y estas parejas experimentaron problemas específicos en conexión con cada uno de estos grupos.
Para Guillermo y Karina, el conflicto surgió de miembros del equipo pastoral. Los Sánchez descubrieron una diferencia en la visión que tenían y la que tenían un miembro del equipo pastoral y su esposa. Después de un tiempo, la negación de esa pareja de seguir el liderazgo de los Sánchez obligó a Guillermo a tomar los pasos necesarios, junto con el cuerpo oficial, para despedirlo del equipo pastoral. Estaba agradecido que el cuerpo oficial lo apoyaba en oración, reconocieron claramente el problema, y estaban completamente de acuerdo con él en cuanto a la solución necesaria. Pero todavía había resentimiento en la congregación.
Jorge Rodríguez le hubiera gustado que su cuerpo oficial fuera tal leal. Él descubrió que dudaron de su liderazgo y que miembros del cuerpo oficial, con quienes él pensaba que podía razonar, habían influenciado a miembros importantes de la iglesia. Él y Sara fueron despedidos, tenían que trasladar a su familia, y pasaron años reconstruyendo sus vidas en otro ministerio.
Juan y Laura Martínez llegaron a una congregación que había sido establecida como resultado de la división de una congregación. El cisma creó un testimonio negativo para la congregación en la comunidad pequeña donde los Martínez estaban ministrando. Juan creía que hacer las paces con la otra congregación era la única manera que su iglesia podría llegar a ser todo lo que Dios deseaba que fuera. Cuando él empezó a enfrentar el conflicto, pensaba que tenía el apoyo de su iglesia. Pero cuando el proceso de reconciliación comenzó, él descubrió que su iglesia no quería estar reconciliada. Los Martínez, incapaces de redirigir las prioridades de su iglesia, tomaron la decisión de buscar otro pastorado.
Tres iglesias, tres parejas, conflictos que surgieron de tres situaciones — pero cuando ponemos a un lado los factores diferentes, aparecen características básicas comunes. Estas parejas concuerdan que, a pesar del origen del conflicto, las emociones que resultaron eran dolorosas. En cada caso, sus familias se sentían atacadas donde antes sentían amor, y buscaron maneras de defenderse y preservar sus hogares. Acostumbrados a ofrecer fortaleza a otros, ellos encontraron que ya no tenían fuerzas y tenían que buscar renovación. Pero la característica más fuerte que tenían en común tiene un tema como Romanos 8:28. Al final, sobrevivir el conflicto les dio una perspectiva nueva de lo que Dios podía realizar por medio de su ministerio. Ellos comparten su perspectiva para ayudar a otros que están enfrentando dolores similares.
Enfrentando los dolores emocionales
Como el conflicto de los Sánchez estaba más enfocado en un miembro del equipo pastoral, entonces algunas de sus emociones dolorosas también se enfocaban en esa persona.
"Pensé, voy a ayudar a este hermano," Guillermo dice, "pero él rechazó esa ayuda. Él no podía ver que yo realmente buscaba el bien de él. Seguía preguntándome a mí mismo por qué es que él no podía ver que yo era su admirador más grande y que no le habría pedido hacer esas cosas si no fuera por el bien de su futuro y lo que Dios quería hacer en su vida."
Debido a que el cuerpo oficial de los Sánchez los apoyaba, Guillermo y Karina no se sentían el temor de perder su propia posición, pero todavía había desanimo. Cuando el miembro del equipo pastoral empezó a expresar la situación a ciertas familias en la iglesia, los Sánchez luchaban con las dudas y acusaciones que esas familias empezaban a expresar hacia ellos.
"¿Pensaba en darme por vencido?" dice Guillermo. "Por supuesto. Pero sabía muy claramente del Señor que este nunca es el tiempo."
"El Señor me recordó como Él había pedido a Abraham a sacrificar a Isaac," Karina dice. "El Señor había iniciado esta iglesia, y nosotros habíamos salido adelante. Dios pidió que Abraham sacrificara a Isaac, él estuvo dispuesto a hacerlo, y Dios le paró. Había un punto cuando yo tenía que estar dispuesta a hacerme a un lado si esto era lo que necesitaba hacer."
Jorge y Sara no tenían la opción de quedarse en su iglesia. Los Rodríguez se sentían asombro e incredulidad cuando alguien en el cuerpo oficial convenció a la congregación a despedirlos.
"Seguíamos preguntándonos cómo podría acontecer esto, porque antes todo iba muy bien," dice Sara.
Después de su último domingo en la iglesia, fueron a una iglesia local de las Asambleas de Dios y pasaron todo el servicio aturdidos. Cuando llegaron a casa, Jorge se acostó en la cama vencido.
"Yo me acuerdo que me paré a su lado," dice Sara, "y le dije — sabes que tenemos una opción aquí. Podemos ser amargados o podemos mejorarnos, y necesitamos determinar que vamos a salir de esta situación mejor que éramos antes. Entonces decidimos que no íbamos a permitir que esta situación nos destruyera, porque definitivamente tenía la habilidad."
Los Rodríguez hicieron un compromiso fundamental para abrazar la recuperación. Pero la determinación personal puede estar complicada por las percepciones y reacciones de otras personas.
"En un conflicto," dice Juan Martínez, "todo llega a ser muy confuso, especialmente cuando hay ataques personales. Uno se pregunta si hay validez en lo que la gente está diciendo. Empieza uno a evaluarse a sí mismo y evaluar el uno al otro. Y si no se cuida, pueden empezar a atacarse el uno al otro y a creer algunos de los críticos."
"Yo estaba deprimida a veces por días y días," Laura recuerda. "Oraba y pedía a Dios que me ayudara a salir de esta depresión porque no sabía cómo responder. Empezaba a cerrarme y entonces Satanás realmente jugaba con mi mente. Él me diría que quizás todo esto realmente es cierto. Quizás soy el problema. Había muchas noches cuando no podía dormir toda la noche y solamente oraba y lloraba."
Juan advierte que en medio de la profunda desesperación inicial, los pastores son vulnerables al consuelo falso ofrecido por los hábitos pecaminosos.
"Tenemos que cuidarnos mucho que no busquemos consuelo en el mundo," dice él. "No podemos recurrir al alcohol o pornografía, ni podemos recurrir a las cosas del mundo durante ese tiempo. Tenemos que sanar las heridas con la medicina de Dios."
Juan y Laura descubrieron que necesitaban ser menos introspectivos y examinar más cuidadosamente a las personas en su congregación que se les oponían.
"Frecuentemente las heridas y dolor causan que nos enfoquemos en nosotros mismos," dice Juan. "Y todo lo que estamos haciendo es enfocándonos en nosotros mismos y como nos sentimos y lo que están diciendo de nosotros. Pero llega un momento en el conflicto cuando uno tiene que examinar por qué esta persona está actuando de esta manera."
Cuando los Martínez examinaron más cuidadosamente a ciertas familias clave, descubrieron personas que traían dolores profundos, arraigados, y no resueltos. Cuando descubrieron esto, su propio sentido de respeto por sí mismos empezó a resurgir. Cuando se pusieron en el lugar de los acusadores, empezaron a desarrollar un sentido de compasión por ellos.
"El llamado de Dios se trata de amar a las personas y amar a Dios." Juan dice. "Eso es la esencia de ser un siervo en el ministerio."
Pero el conflicto en la iglesia afecta más que las relaciones congregacionales. También puede hacer que las relaciones con otros en el ministerio sean difíciles.
"En el concilio de distrito," Jorge Rodríguez recuerde, "no podíamos ni hacer que la gente conversara con nosotros a menos que nosotros nos aceráramos a ellos primero. La gente se sentía incómoda con nosotros. No sabían cómo hablar con nosotros. Cuando nos veían surgían toda clase de inseguridad. Era doloroso para nosotros, pero entendimos por qué se sentían así. Yo animo a los pastores y sus esposas a poner a un lado sus propias inseguridades y abrazar a los que están experimentando conflicto y ayudarlos y animarlos y darles palabras de esperanza. Supuestamente de esto se trata el ministerio — edificar y animar a otros."
Las emociones dolorosas toman tiempo para disiparse, aun cuando los pastores han entrado en un ministerio nuevo.
Los Sánchez, aun meses después de ver la resolución que Dios trajo al conflicto, todavía se estaban estremeciendo cada vez que surgieron problemas inesperados en su iglesia.
"Justamente cuando estábamos listos para olvidarnos del pasado," dice Karina, "era como una de esas películas de ciencia-ficción cuando al final el monstruo se despierta o mueve o algo. De vez en cuando, justamente cuando estábamos pensando que finalmente se había acabado, algo sucedería que nos haría pensar, "Dios mío, todo va a empezar de nuevo."
Sara Rodríguez luchaba con las memorias de las bendiciones que ella y Jorge habían disfrutado antes de estar despedidos. Ella se sentía reacia para hacer la transición al pastorado siguiente.
"Cuando recién llegamos aquí, yo estuve en un estudio bíblico. Yo ya no aguantaba y empecé a llorar," ella dice. "Confesé a las hermanas que estuvieron conmigo que yo no quería estar allí. Ellas me amaban a pesar de todo, y eso fue lo que realmente hizo la diferencia para mí."
Las expresiones de amor de las hermanas ayudaron a Sara a redescubrir las emociones profundas y sanadoras que uno puede encontrar cuando los miembros del cuerpo de Cristo se relacionan sanamente. Cuando una familia ha dejado atrás el conflicto, tal redescubrimiento es vital. Los pastores y sus esposas tienen que evitar la tendencia de protegerse constantemente y hacer suposiciones acera de otros.
"Cualquier pastor que tiene una experiencia similar se siente que todos lo está juzgando," Jorge dice. "Dondequiera que vaya siente que la gente lo está mirando, pensando de él, hablando de él — y por supuesto, realmente no es cierto."
Conservando las fundaciones de la familia
A pesar de su pacto de buscar el crecimiento personal en medio de la crisis, los Rodríguez aprendieron que el perder su iglesia y trasladar a su familia a otro lugar causó mucho estrés en su matrimonio. Cada elemento de cambio en su situación parecía contribuir a la tensión. Una iglesia más pequeña implicaba un salario más pequeño para Jorge. Una comunidad más pequeña implicaba menos oportunidades de trabajo para Sara, cuyos ingresos habían sido una buena adición cuando estaban en su iglesia anterior pero que ahora eran vitales para sobrevivir financieramente.
Su primero paso después de mudarse era participar en un retiro de matrimonios.
"Pasamos una semana con un asesor de matrimonios y 15 otras parejas," dice Jorge. "Nos enfocamos en el mantenimiento de nuestro matrimonio. Sabíamos que necesitábamos ayuda de otra persona para mantenernos unidos."
Pero no hubo una solución fácil.
"Me tomó dos años de estar aquí para darme cuenta de que tan enojada yo estaba con Jorge," Sara confiesa. "Yo lo culpaba por la devastación que había acontecido en nuestra familia. Algo dentro de mí decía, tu deberías de haber evitado esto. Ninguna familia debe tener que pasar por eso, y tu deberías de haber hecho algo para que esto no sucediera."
Cuando Sara encontró un trabajo, requería un viaje diario. La localidad nueva de la familia implicaba viajes largos y solitarios para ella, especialmente en el invierno. "Yo estaba manejando 35 minutos cada día para llegar al trabajo," ella recuerda," llorando todo el camino de ida y todo el camino de regreso y diciendo a Dios, ¿por qué tengo que hacer esto? No quiero trabajar tiempo completo. No quiero tener que manejar en las calles heladas para llegar a mi trabajo."
Con sus propios desafíos en su nueva posición de ministerio, Jorge parecía ajeno a la aflicción de Sara. "Él no notaba el gran cambio de estilo de vida para mí que había acontecido en esta situación," ella dice.
Sin embargo, los Rodríguez están de acuerdo que la experiencia finalmente resultó en más intimidad entre los dos. A pesar de los conflictos, o quizás por causa de ellos, las tres parejas empezaron a dependerse el uno del otro en maneras nuevas, buscando oportunidades de pasar tiempo juntos como familia, y aun descubrir áreas que habían descuidado en sus relaciones cuando estaban en medio de un ministerio activo.
"El resultado de esta situación fue que pasamos mucho tiempo juntos como familia," dice Laura Martínez. "Realmente crecíamos en intimidad como familia y tratábamos de mantenernos unidos, porque la iglesia no estaba unida. Yo estaba decidida como mamá que esto no iba a separar a nuestra familia - que íbamos a mantenernos juntos. Las personas iban a intentar romper nuestra unidad, pero como familia íbamos a mantenernos unidos y vivir para el Señor."
"Pasamos mucho tiempo juntos," Jorge Rodríguez dice. "La tensión y dinámicas de lo que sucedía alrededor de nosotros realmente nos consolidaron. Era algo doloroso que estábamos experimentando, entonces hablábamos mucho. Había muchas platicas en la mesa durante la cena acerca de cómo nos sentíamos y lo que estaba pasando, y explicábamos honestamente a nuestros hijos las dinámicas de lo que estaba aconteciendo. Necesitábamos que ellos formaran parte de todo."
La decisión de Jorge y Sara de involucrar a sus hijos en las discusiones fue el resultado del impacto inevitable que la mudanza a una comunidad nueva tendría en su familia. Los pastores tienen que considerar cuánto van a incluir a sus hijos en las discusiones del conflicto. En muchos casos, la decisión está basada en factores fuera del hogar.
Guillermo Sánchez recuerda el efecto que tuvo el conflicto con el miembro del equipo pastoral en su hijo e hija. "Creo que nuestro hijo no tuvo muchos problemas porque realmente nunca se metió en el asunto," él dice. "Pero nuestra hija estuvo en la secundaría, y creo que no habría tenido problemas si no fuera por el hecho de que los padres de unas amigas de ella estaban muy involucrados en el asunto. Un día llegó a casa después de una platica larga con algunas de las muchachas de la iglesia. Entonces la única opción en este momento era hablar con ella acerca del conflicto. Dolió, pero para nuestra hija los últimos dos años le han dado una oportunidad maravillosa de aprender a morir a sí misma y poner esas cosas a un lado. Creo que realmente ésta ha sido una experiencia de crecimiento para ella."
Las tres hijas de los Martínez reaccionaron a las tensiones en su iglesia en maneras distintas.
"Desafortunadamente, nuestras hijas estaban escuchando a los otros niños de la congregación hablar de nosotros y el conflicto aunque no lo estaban escuchando en la casa," Juan dice. "Lo estaban escuchando de los otros niños porque sus padres estaban hablando del asunto en la casa. Esto era un tiempo abusivo para nuestras hijas, especialmente las dos mayores. Nuestra hija menor realmente estuvo demasiado pequeña para sentir los efectos."
Juan y Laura trataron de proteger a sus hijas como mejor pudieran cuando el conflicto se empeoró. Había tiempos cuando Laura saldría del servicio temprano.
"Ella sacaría a las niñas durante este tiempo," Juan dice. "Para entonces ya se trataba de conservación propia."
Laura recuerda que su hija mayor preguntó por qué las familias de la iglesia estaban atacando a ella y Juan: "¿Aman a Jesús? preguntaba. Y yo le diría, hija no entienden. Ellos están tratando de hacer lo que les parece correcto. Tienes que orar por ellos y amarlos. Para mí, era difícil explicar eso a una niña tan pequeña - que uno tiene que amar a las personas cuando están haciendo las cosas incorrectamente."
Al final, el impacto en sus hijas era el factor decisivo en la resignación y traslado de los Martínez a otra iglesia.
"El Espíritu de Dios me dijo muy claramente que si yo no me fuera de esa iglesia mis hijas no servirían a Dios," Juan dice. "Él me dijo que había llamado a mi hija mayor al ministerio. Ella ahora está terminando su último año en la universidad preparándose para el ministerio."
Fortaleciendo el espíritu
El conflicto no solamente interrumpe el flujo del ministerio en una congregación, pero también puede robar a las parejas pastorales de las fuerzas y ánimo espiritual que antes disfrutaban. De repente, se encuentran con necesidades emocionales y espirituales. Los que sobreviven este desierto interno lo hacen aferrándose a las disciplinas espirituales básicas.
"Tiene que orar todo el tiempo," Laura Martínez dice. "Tiene que orar en la mañana, tarde, y noche."
"Durante este periodo, Karina y yo tuvimos más tiempos de oración intensa juntos que habíamos tenido durante todo nuestro ministerio y matrimonio," Guillermo Sánchez dice. "Tuvimos momentos intensos de oración en la sala de nuestra casa durante diferentes horas del día, realmente buscando la ayuda del Señor."
"Nuestro enfoque," Karina recuerda, "era descubrir lo que el Señor estaba tratando de hacer. No importaba lo que la gente estaba tratando de decir acerca de nosotros. Lo que era importante era lo que el Señor estaba tratando de enseñarnos a nosotros, porque Él estaba permitiendo esta situación."
El compromiso de los Martínez a la oración causó que su congregación empezaba a orar más. Mientras que el equipo pastoral trabajaba dolorosamente para encontrar una solución, la iglesia declaró un fin de semana de ayuno y oración. Estos fines de semana ahora están celebrados cuatro veces al año.
Las devociones personales son vitales para el crecimiento espiritual continuo durante toda la vida, pero también pueden crear una fundación para la recuperación en medio de la crisis.
Jorge Rodríguez había empezado a leer un libro titulado The Calvary Road [El camino del Calvario] sobre el tema de un espíritu quebrantado un año y medio antes del comienzo de los problemas de su iglesia.
"Cuando esto empezó a acontecer, yo ya tenía una base teológica puesta en mi corazón," él dice. "Yo sabía que esta situación iba a ser muy dolorosa, pero no era el fin para mí como pastor ni como esposo ni como padre. Ya tenía yo esperanza que esto iba a pasar y que Dios iba a hacer algo bueno en medio de todo esto."
Juan y Laura Martínez también descubrieron que un libro devocional les ayudaba a superar el conflicto.
"Lo que realmente nos ayudada durante este tiempo era el libro God Meant It for Good [Dios lo destinó para algo bueno] por R.T. Kendall," Juan dice. "En el libro, la historia de José cobró vida. Vivir la Palabra enfrente de estas personas era tan importante. Yo no podía estar en el nivel donde ellos estaban y pelear de la manera en que ellos estaban peleando y ser bendecido por Dios. Habría sido incorrecto. Ese libro realmente me abrió los ojos para ver cómo tratar con la justificación propia. No quería llegar a creerme muy justo y bueno. José permitió que Dios le vindicara. Entonces, yo tenía que vivir la vide de José."
Jorge y Sara rápidamente dijeron que esperan que nunca tengan que experimentar un trauma similar. Pero dicen de la misma manera que están agradecidos por lo que experimentaron.
"Dios nos ha cambiado, y somos mejores debido a esta situación," Jorge dice. "Nuestro matrimonio es mejor; nuestro ministerio es mejor; nuestro carácter es diferente. Dios usó esto para quebrarnos y cambiarnos."
Para los Martínez, una parte de su transformación interna fue el resultado de buscar otras oportunidades de ministerio aun durante el conflicto.
"Cuando uno está en una situación como ésta, necesita un ministerio fuera de la iglesia," Juan dice. "Yo recomiendo que los pastores y sus esposas traten de encontrar otro ministerio que les recuerda que Dios todavía los está usando. Hay muchos ministerios prácticos en los cuales pueden participar. Una cosa que tenemos que entender es que a veces tenemos que predicar y ministrar aun cuando estamos lastimados. La manera en que tratamos con eso es muy importante."
"Si yo hubiera tenido una iglesia grande que estaba creciendo todo el tiempo probablemente me habría quedado allí asilada," Laura dice. "Nunca habría conocido a muchas personas en mi comunidad. Había muchas personas ancianas que vivían alrededor de nosotros, y necesitaban ayuda a veces. Iríamos con ellos y recogeríamos basura en sus jardines y ofrecer a cortar el césped o ayudarles o cualquier cosa que podíamos hacer. A veces tenemos que salir de la iglesia para quitar el enfoque de lo negativo y para poder ver las cosas positivas en el mundo también."
Jorge Rodríguez enfatiza la necesidad de ser humilde si un pastor quiere crecer espiritualmente en medio de un conflicto: "Si un pastor es orgulloso y no fácil de enseñar, va a ser muy difícil para él aprender de su experiencia y ayudar a su familia y salir adelante en el ministerio. Pero el pastor que es humilde y tiene un espíritu quebrantado, que acepta los propósitos y planes de Dios, superará el conflicto — y también su familia lo superará. Esa es una dinámica vital."
Recuperar y compartir
Los Sánchez, Martínez, y Rodríguez pueden ver hacia atrás y contemplar los conflictos de su iglesia desde la perspectiva de ministerios nuevos o renovados. Mientras que el deseo de olvidarse de las aflicciones que experimentaron parece natural, todos describen lecciones que aprendieron que siguen vigorizando sus ministerios.
Guillermo Sánchez ahora rápidamente identifica tres principios que él guarda en su vida diaria que han sido el resultado del conflicto con el miembro del equipo pastoral. "Primero, uno tiene que morir a sí mismo y dejar de preocuparse por lo que la gente piensa," él dice. "Segundo, realmente uno tiene que empezar a aprender que tenemos que confiar en los principios bíblicos más que nuestros sentimientos."
"Cada vez que nos sentimos algo," Karina dice del segundo punto, "nos deteníamos y nos daríamos cuenta que solamente eran nuestros sentimientos, entonces no podíamos confiar en ellos en medio de la aflicción. Estábamos lastimados, quebrantados, confundidos, y cansados. Teníamos que identificar el principio bíblico, la acción correcta en medio de estos sentimientos."
"Tercero, y la base para todo lo demás," Guillermo dice, "uno tiene que confiar en Dios en estas situaciones en lugar de confiar en sí mismo."
Además de enseñarles muchas lecciones, el conflicto en la iglesia de los Sánchez también reforzó su congregación.
"Vimos una unidad en nuestra iglesia en cuanto al propósito del reino," Guillermo dice. "Si uno está edificando más que un reino dentro de una iglesia, va a haber problemas con unidad. Nuestra iglesia ahora disfruta de una unidad increíble al hacer lo que Dios quiere que hagamos. La gente que soportó las tormentas — pudimos ver su carácter."
Guillermo identifica seis puntos clave de los cuales un pastor puede beneficiar personalmente durante un conflicto:
Recuerde que el conflicto no es una lucha de sangre y carne. "Es contra principados y potestades," Guillermo dice. "Entonces Pablo explica muy claramente cómo luchar. Es una lucha espiritual." Él dice, para este fin es vital luchar contra el conflicto con oración.
No se involucre en el alboroto. "No trate de defenderse," Guillermo aconseja. "No hable, porque cualquier cosa que dice será citada equivocadamente, y usado en contra de usted. Guarde silencio; permita que el Señor sea su defensor. Y al mismo tiempo, permita que el Señor le enseñe cosas que Él necesita enseñarle."
Esté decidido a perdonar. "Hay dos mandatos que no puede negar en la Escritura," Guillermo dice. "Tiene que perdonar a todos, y tiene que amar y ser bondadoso con todos. Sin embargo, no tiene que confiar en todos ni renovar una relación íntima con todos. Renovar la confianza toma tiempo."
No se involucre en las ofensas de otras personas. En el caso de los Sánchez, los miembros de la congregación que no eran conscientes de los problemas creados dentro del equipo pastoral por el miembro no cooperativo se ofendieron cuando ese miembro del equipo pastoral fue disciplinado. "Es una cosa tratar con la situación cuando está ofendido personalmente," Guillermo dice, "pero cuando está tratando con alguien que se ha involucrado en las ofensas de otra persona, es casi imposible ayudar a esa persona."
Siga dirigiendo durante el conflicto. "¿Quiere ver por el espejo retrovisor o por los parabrisas?" Guillermo pregunta retóricamente. "Yo animo a los pastores, una vez que hayan tratado con el dolor inicial, que suelten lo mejor que puedan la situación para seguir dirigiendo."
Dependa de un mentor. "Una de las mejores cosas que me ayudó a seguir adelante," Guillermo dice, "fue la compasión y guía de otros ministros más grandes y sabios. Cualquier persona en liderazgo ha experimentado lo que Karina y yo experimentamos. No estarían dirigiendo si no hubieran pasado por estos dolores."
Jorge Rodríguez dice que ese punto final es especialmente valioso. "Cuando Sara y yo fuimos despedidos," él recuerda, "había un periodo de tiempo cuando teníamos que seguir ministrando en esa iglesia hasta nuestra salida programada. Un querido amigo que se había jubilado del liderazgo de distrito se me acercó para ofrecer un consejo. "Jorge," me dijo, "la manera en que ministras en los próximos meses determinará el nivel de éxito del resto de tu ministerio." Yo tomé ese consejo a pecho."
Jorge decidió que cuando él estaba predicando en el púlpito, aunque él y Sara iban a irse pronto, él edificaría la congregación, animarla, y ayudarla a enfocarse en el futuro.
"Todos mis sermones estaban enfocados en esa dirección," él dice.
Para los Rodríguez, la transición forzada de una iglesia a otra les hizo reenfocarse en el llamado de Dios en lugar de la aprobación de una iglesia como la fundación de su ministerio.
"Si sabe que Dios le ha llamado, no puede dejar su llamado," Jorge dice. "A veces nos decimos - realmente no estoy llamado al ministerio porque estas cosas están aconteciendo. Pero hay que aguantarlas."
Una visión renovada del llamado de Dios es una sensación que nos libera.
"Después de venir aquí," Sara dice de su pastorado actual, "Jorge me dijo - ahora son peligrosos. Lo que quería decir es que habíamos enfrentado lo que muchas personas consideran como lo peor que pueda suceder en el ministerio. Fuimos despedidos y sobrevivimos. Ahora estábamos dispuestos a arriesgarnos."
Los Martínez también sienten que tienen nuevas oportunidades en su iglesia nueva.
"Había un conflicto en la iglesia que estoy pastoreando actualmente años antes de mi llegada como pastor," Juan dice. "Esta iglesia también se había dividido. Yo he tenido la oportunidad de ir con el pastor anterior que estuvo aquí durante el conflicto y decirle que Dios lo había usado durante su tiempo aquí. Él ni siguiera se había dado cuenta de eso. En efecto, él lloró. Creo que él sentía que había fracasado totalmente.
"Frecuentemente es lo que Satanás quiere que nos sentamos cuando dejamos un conflicto que no ha sido resuelto. Pero si hemos ministrado la Palabra de Dios, si hemos amado a la gente, si hemos orado por ellos, si hemos hecho todo lo posible para hacer las paces - no hemos fracasado," Juan dice. "Podemos irnos en victoria. Podemos marcharnos como vencedores. Podemos seguir escogiendo a amar a las personas que nos lastiman y usar la experiencia para ayudar a otras personas lastimadas.
"Las personas tendrán conflictos. Dios no tiene conflictos. Él todavía nos puede ungir y apoderar para ser testigos."
*Los nombres usados en este artículo son seudónimos.
Scott Harrup es el editor asociado de Today's Pentecostal Evangel, Springfield, Missouri.