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El Espíritu Santo está aquí, en la tierra

(Las contribuciones de los latinos al avivamiento de la Calle Azusa)

por Gastón Espinosa

"Mientras yo me restregaba los ojos para despertar, ella comenzó a hablar con rapidez en una lengua que yo nunca había oído ... Entonces dejó de hablar y me dijo: 'Hijo, acabo de tener la más gloriosa de las experiencias. Recibí el bautismo en el Espíritu Santo y el don de lenguas'."

Muy tarde una noche de 1906 Susie Villa Valdez susurró estas palabras a Adolfo, su hijo de diez años.

"Estamos en tiempos benditos, hijo", afirmó. "El Espíritu Santo está aquí, en la tierra, como en el día de Pentecostés. Gracias a Dios, vivimos para ver el cumplimiento de las promesas de la Biblia." 1

El nuevo mensaje de la señora Valdez causó una verdadera revolución en aquella familia, católica devota. No pasó mucho tiempo para que llevara a su hijo y a su esposo enfermo al avivamiento de la Calle Azusa, donde también se convirtieron y recibieron el bautismo en el Espíritu. 2

No obstante la poderosa descripción dada por A. C. Valdez de la primera experiencia de su madre en el avivamiento de la Calle Azusa, no se ha escrito prácticamente nada acerca de la participación de los latinos en este suceso histórico y sus contribuciones al mismo. 3 El hecho de que se haya insistido en los orígenes del avivamiento entre personas de color y anglosajonas ha dejado en las sombras por largo tiempo la participación de los latinos en él. 4 Sin embargo, los latinos participaron de forma activa en el avivamiento de la Calle Azusa desde 1906 hasta 1909. Participaron en la primera manifestación sobrenatural del Espíritu Santo y la primera sanidad divina que se produjo; ayudaron también a dar sabor internacional y multilingüe al avivamiento, fueron reconocidos como líderes, llevaron a cabo trabajo evangelístico y social, y participaron en un conflicto que llevó a la decadencia del avivamiento de la Calle Azusa.

Los latinos ayudaron a alterar la composición del avivamiento y a transformar algo que al principio había sido esencialmente una reunión de oración birracial, estadounidense y en inglés en el 212 de la Calle Bonnie Brae, en un avivamiento multiétnico, multilingüe e internacional en el 312 de la Calle Azusa. 5           

Aunque la mayoría de los nombres de los latinos que participaron en el avivamiento han caído en el olvido, sí conocemos los nombres de once de ellos que participaron en el avivamiento de la Calle Azusa, y en algunos casos, contribuyeron a él: Abundio y Rosa López, José Valdez, Susie Villa Valdez, A. C. Valdez, Brígido Pérez, Adolph Rosa, Juan Martínez Navarro, Luis López, y posiblemente Jenaro y Ramonita Carvajal de Valenzuela. 6

Las contribuciones de los latinos al avivamiento de la Calle Azusa

La primera manifestación sobrenatural del Espíritu Santo. Aunque nunca se ha hablado de esto, lo cierto es que los latinos participaron por vez primera en el avivamiento de la Calle Azusa un día antes de que comenzara formalmente. El viernes 13 de abril de 1906, se informa que un trabajador latino fue derribado por el poder del Espíritu Santo mientras preparaba la Misión de Fe Apostólica para el culto del sábado. Arthur G. Osterberg, testigo clave que participó en el avivamiento, informó que él estaba limpiando de escombros la misión con tres trabajadores un día antes de que se abriera, cuando uno de sus trabajadores latinos cayó de rodillas en medio de aquel desorden y rompió a llorar. Osterberg informa que por lo menos seis latinos más asistieron al avivamiento aquella primera semana. 7 No se sabe quiénes eran. Osterberg sostenía que este suceso señalaba la primera manifestación sobrenatural del Espíritu Santo en la Misión de Azusa. También, él y otros lo han interpretado como una premonición de que algo histórico estaba a punto de suceder. 8

Los angloamericanos que participaron en el avivamiento se sorprendieron por la facilidad con que los católicos mexicanos eran bautizados en el Espíritu Santo. Osterberg informaba que los mexicanos eran los que recibían con mayor rapidez el bautismo en el Espíritu Santo. Afirmaba que, a pesar de que su teología era la mejor que había en aquel lugar, le sorprendió grandemente ver que aquellos mexicanos católicos recibían el bautismo en el Espíritu Santo, aun antes de convertirse. A Osterberg también le impresionó su piedad. Afirmaba que, en más de una ocasión, se arrodilló en aquel suelo cubierto de aserrín junto a un mexicano católico por cuyas mejillas corrían las lágrimas, aunque el propio Osterberg "no había llegado aún al punto en que Dios lo estaba tocando". Más tarde interpretaría esta experiencia como evidencia de que Dios estaba tratando de echar abajo los muros que separan a los protestantes de los católicos.9

La primera sanidad milagrosa en la Calle Azusa.

Los latinos no sólo participaron en la primera manifestación sobrenatural del Espíritu Santo en la Misión de la Calle Azusa, sino también en la primera sanidad divina. 10 Se informa que poco después de abrir la Misión de Fe Apostólica, un mexicano con un pie deforme fue sanado durante un culto de adoración. Osterberg afirma que éste fue el primer gran milagro del avivamiento. Esto es lo que escribió: "De repente, un hombre que había entrado de manera vacilante con un pie deforme, se levantó y salió al pasillo, y estaba batiendo palmas, y tenía el rostro levantado. Su esposa lo miró, y muy pronto lo siguió. Anduvieron hacia el fondo, y después hacia el frente (de la Misión), y ya para entonces estaban andando tomados del brazo, y él (estaba) batiendo palmas, y (tenía) el rostro levantado. Todo esto duró unos cuatro o cinco minutos, después se calmó, y él pasó al frente con su esposa. Yo observé que cuando anduvo por el pasillo no iba tropezando como cuando entró a la reunión. Sabía que algo había pasado a su pie. Por vez primera lo notó, se detuvo allí (en la Misión) moviéndolo, y después comenzó a andar; después de esto, empez ó a gritar '¡aleluya!'." 11

Aquella sanidad dejó una impresión indeleble en Osterberg. Aquel suceso lo conmovió tanto, que cerró su iglesia y se unió a la Misión de la Calle Azusa.12  También hubo muchas otras sanidades en el avivamiento, en las cuales participaron mexicanos. La primera edición de The Apostolic Faith describe a un indio mexicano pobre e inculto del centro de México imponiéndole sus manos oscuras y callosas a la Sra. Knapp, una joven blanca de habla inglesa. Este mexicano, cuyo nombre desconocemos, oró por la sanidad de ella durante una de las reuniones del avivamiento, y se afirma que fue sanada.   A. C. Valdez afirmaba haber presenciado muchas sanidades en la misión, entre ellas la de su propio padre. Abundio y Rosa López afirmaban también que la sanidad divina formaba parte de su ministerio.13 Un escritor pentecostal del momento atribuía la receptividad de los latinos a sus "tradiciones y creencias inmemoriales respecto a la sanidad divina", y afirmaba que la cuarta parte de sus misiones del sur de California estaba formada por "españoles y mexicanos, entre los cuales hay muchos lisiados y deformes". 14

Su carÁcter multiÉtnico, internacional, y multilingÜe

Los latinos contribuyeron directamente al carácter multiétnico, internacional, y multilingüe del avivamiento. Hay pocas razones de dudar que la participación de mexicanos como López, Valdez, y Pérez haya alterado la psicología del avivamiento, y animado a Seymour a alcanzar otras minorías étnicas. El simple hecho de que la mayoría de los mexicanos que asistían al avivamiento hablaban español como lengua materna, debe haber causado un profundo impacto en la forma en que él planeó ministrarles, y en su manera de interpretar el significado más amplio de la presencia de ellos. La participación de mexicanos también fue importante para ayudar a hacer una comparación entre la Calle Azusa y el primer gran derramamiento del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, descrito en Hechos 2, donde se hallaban representadas todas las naciones conocidas de la tierra. 15

El hecho de que la gente hablara en otras lenguas y de que asistieran muchos extranjeros no fue algo accidental; es posible que ambos factores estén relacionados. La afirmación de que se hablaba en lenguas desconocidas puede haber ayudado a crear un ambiente abierto a las veinte nacionalidades que según se afirma participaron en el avivamiento. Al parecer, los mexicanos fueron el primero y el mayor de los segmentos de habla extranjera del avivamiento.

Dejando esto a un lado, vemos que el número creciente y la importancia de los latinos que asistían al avivamiento de la Calle Azusa llevó a William J. Seymour y a los líderes del movimiento allí a publicar el testimonio de Abundio y Rosa López en inglés y en español en el segundo número del periódico The Apostolic Faith (octubre de 1906). No fue éste el caso con ninguna de las otras diecinueve nacionalidades que se afirma que participaron en el avivamiento. Al describir el impacto del avivamiento en su vida, Abundio y Rosa López escriben: "Testificamos del poder del Espíritu Santo en el perdón, la santificación, y el bautismo con el Espíritu Santo y fuego. Damos gracias a Dios por este don maravilloso que hemos recibido de Él, según su promesa. Damos gracias a Dios por el Espíritu que nos llevó a la religión antigua de la Misión de la Calle Azusa, la Fe Apostólica. Mi esposa y yo, el 28 de mayo pasado... vinimos buscando la santificación... y damos gracias a Dios por el bautismo en el Espíritu Santo y fuego que yo recibí el 5 de junio de 190[6]. No tenemos palabras para expresar la gratitud y acción de gracias que sentimos en todo momento, por lo que Él ha hecho a nuestro favor, así que queremos que nos use para la salvación y la sanidad, tanto de almas como de cuerpos. Soy testigo de su maravillosa promesa y sus prodigiosos milagros por medio del Espíritu Santo, por la fe en el Señor Jesucristo. Que Dios los bendiga a todos". 16

La obra evangelÍstica y misionera del avivamiento de la Calle Azusa

Los latinos llevaron a su comunidad el mensaje que acababan de hallar acerca de la salvación y la sanidad divina. El celo de Abundio y Rosa López los llevó al distrito de la Plaza Mexicana, en el centro de Los Ángeles, donde llevaron a cabo cultos evangelísticos al aire libre. Sus reuniones deben haber atraído a muchos mexicanos, porque los líderes de la misión escribieron que Dios los estaba usando. Abundio se retiró en 1944, a la edad de setenta y cinco años, después de cuarenta en el ministerio.17

Abundio y Rosa López no fueron los únicos mexicanos que propagaron el mensaje de avivamiento de la Calle Azusa. Un joven trabajador mexicano llamado Brígido Pérez comenzó a asistir al avivamiento en el verano de 1906. En septiembre, se informa que recibió el bautismo en el Espíritu Santo durante el notable aumento en la asistencia. Como los López, Pérez se sintió llamado a entrar al ministerio. Su fe recién adquirida lo llevó a San Diego, California, como misionero nacional, y allí escribió: "Por la gracia de Dios Todopoderoso y la fe en Jesucristo, puedo testificar de la santificación y del bautismo con el Espíritu Santo y fuego en mi corazón. ¡Cuán bueno ha sido Él conmigo! El 3 de septiembre, mientras estaba orando, sentí en el corazón que Cristo, nuestro Salvador, quería que yo testificara en su precioso nombre en diversos lugares del país". Los líderes de la Calle Azusa siguieron su ministerio en San Diego y más tarde afirmaron: "El Espíritu Santo resplandece desde el corazón de este hermano".18

Al llegar el otoño de 1906, los evangelistas pentecostales mexicanos comenzaron a propagar por toda California el mensaje de la Calle Azusa de redención espiritual y corporal. Como ya hemos indicado, Rosa y Abundio López, y Brígido Pérez, predicaron en Los Ángeles y en San Diego. 19 Los futuros evangelistas de la Asamblea Apostólica, Luis López, Juan Martínez Navarro, y Jenaro y Ramonita Carvajal de Valenzuela llevaron el mensaje de Azusa a los campamentos de trabajo migratorio en las granjas por los condados de Los Ángeles, San Diego, San Bernardino, y Riverside, en California. Adolph Rosa, nacido en las islas de Cabo Verde y antiguo pastor metodista, visitó la Calle Azusa y llevó después el mensaje pentecostal a Oakland, California, donde lo predicó a un público formado por personas de habla portuguesa y de habla española. 20 Susie Villa Valdez hizo obra evangelística por todo el estado de California. 21 A. C. Valdez (1896-1988), siguiendo los pasos de su madre, viajó con su bicicleta por todo el sur de California, cantando corridos pentecostales, distribuyendo tratados evangelísticos, y predicando en las esquinas de Los Ángeles, San Bernardino, Riverside, y San Diego. Después siguió predicando por todos los Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, la India, China, y Japón. Aunque frecuentemente pasado por alto, fue uno de los más importantes evangelistas pentecostales de principios del siglo XX. 22

El ministerio evangelÍstico y social de los pentecostales

Una de las claves del buen éxito de los primeros evangelistas pentecostales latinos fue su decisión de unir el evangelismo con la sanidad y el ministerio social. Ellos creían que Dios quería sanar el cuerpo, la mente y el espíritu. Aunque estos primeros pentecostales latinos no eran partidarios de la teología del evangelio social de Walter Rauschenbusch, realizaron una obra espiritual y social directa en sus comunidades. Por ejemplo, Susie Villa Valdez trabajó durante muchos años con prostitutas, alcohólicos, madres solteras y otros inmigrantes mexicanos marginados de Los Ángeles. Ella y la Sra de Louis Osterberg se unieron para predicar en los campamentos de trabajo migratorios de las granjas en Riverside y San Bernardino, California. Valdez también trabajó en el Hogar Pisgah, del Dr. Finis Yoakum, una misión en un barrio bajo de Los Ángeles. Recordando el ministerio laico de su madre, A. C. Valdez escribe: "La recuerdo (a Susie Valdez) como si fuera hoy, en su duro pero gratificante trabajo espiritual y social con prostitutas y alcohólicos de los peores barrios, hecho en el nombre del Señor en los Hogares Pisgah... A medianoche, la policía recogía a los borrachos y los dejaba en el Hogar Pisgah, en vez de llevarlos a la cárcel... Por las noches, cuando el Dr. Yoakum no la necesitaba, mi madre visitaba los tugurios, tocando la guitarra y cantando cánticos sagrados en sus calles mal iluminadas, para todo el que la quisiera escuchar. Sin temor alguno, porque iba armada con el Señor, oía las tribulaciones de muchas personas solitarias y deprimidas, y las solía llevar a los pies de Cristo. Alrededor de la medianoche, caminaba largo tiempo hasta casa, y muchas veces llegaba hasta a las dos de la madrugada". 23

Aunque hubo mujeres mexicanas que ministraron de manera activa en la Calle Azusa, no hay evidencias de que Valdez, López o ninguna otra de ellas haya sido ordenada jamás. 24

Líderes latinos en el avivamiento de la Calle Azusa

Una de las principales razones de que los expertos hayan pasado por alto la participación de los mexicanos en el avivamiento, y su contribución a él, es que éstos no fueron líderes. Esto sólo es cierto si la idea del liderazgo se limita al comité de ordenación y al personal pastoral oficial de la Misión de la Calle Azusa. En cambio, si se amplía la idea de liderazgo para incluir a los líderes, tanto ordenados como laicos, entonces sí hubo latinos que se condujeron como líderes. Fueron pastores, evangelistas, misioneros nacionales, trabajadores sociales, y líderes laicos que oraban con las personas en el altar durante los cultos de avivamiento.

Además de estas manifestaciones de liderazgo, la evidencia más fuerte de que hubo mexicanos que obraron como líderes reconocidos en el avivamiento, es la decisión de Seymour de ordenar a Abundio L. López y a Juan Martínez Navarro. 25 El autor de este ensayo ha visto una copia del certificado de ordenación de Abundio L. López, firmado por William J. Seymour en 1909. La ordenación era concedida sin hacer distinción alguna de raza, clase o nivel de estudios, pero no se ofrecía a los que no habían mostrado ser líderes. Teniendo en cuenta el papel activo como líder laico que había desempeñado Abundio en la misión durante los tres años anteriores, la decisión de ordenarlo parece algo natural.

Los latinos y la decadencia del avivamiento de la Calle Azusa

Ya en 1909, el papel creciente desempeñado por los latinos en el avivamiento de la Calle Azusa puede haber dado lugar en parte a un conflicto de importancia entre el líder de la misión (probablemente William J. Seymour) y el contingente mexicano. En la mente de Frank Bartleman, historiador y testigo presencial del avivamiento de la Calle Azusa, la decisión dictatorial de Seymour de aplastar sin piedad a un grupo de mexicanos pobres y analfabetos en el avivamiento de la Calle Azusa fue la que señaló la decadencia de la obra del Espíritu Santo en la misión. 26 Bartleman escribe: "La vieja Misión de Azusa se fue llenando cada vez más de ataduras. Ahora las reuniones se tenían que celebrar sólo en el orden indicado. El Espíritu trató de obrar a través de algunos mexicanos pobres y analfabetos que habían sido salvos y 'bautizados' en el Espíritu. Pero el líder se negaba deliberadamente a dejarlos testificar, y los aplastaba sin misericordia . Aquello era como asesinar al Espíritu de Dios. Solo Dios sabe lo que esto significó para aquellos pobres mexicanos. Personalmente, yo habría preferido morir antes que asumir un espíritu de dictadura como aquel. Ahora todas las reuniones estaban programadas de principio a fin. Lo lógico era que ocurriera un desastre, y así fue". 27

Aunque Bartleman no explica por qué Seymour rehusaba dejar que testificaran los mexicanos, compara su actitud con la de "asesinar al Espíritu de Dios". 28

La Calle Azusa y el nacimiento del movimiento pentecostal latino en los Estados Unidos

Cualquiera que fuera la causa de que comenzara el conflicto, éste tuvo por consecuencia la expulsión de hecho del contingente mexicano de la Misión de la Calle Azusa entre los años 1909 y 1910. Este suceso fue el que dio nacimiento al movimiento pentecostal latino. Entre 1909 y 1913, el autor calcula que unos doscientos mexicanos comenzaron a asistir a la Misión del Aposento Alto, la Misión de la Calle Séptima, ya Misión Apostólica Hispana, la Misión del Hogar Pisgah, y muchas otras misiones pentecostales más pequeñas de Los Ángeles. Aunque muchos se unieron a congregaciones blancas y negras de habla inglesa ya existentes, otros decidieron formar sus propias iglesias independientes.29 Alrededor del año 1912, un mexicano llamado Jenaro Valenzuela organizó la Misión Hispana de Fe Apostólica en Los Ángeles. Hubo personas que habían participado en el avivamiento de la Calle Azusa, como George y Carrie Judd Montgomery, que influyeron sobre futuros evangelistas precursores pentecostales, como Valenzuela, Juan Lugo, y Francisco Olazábal, quienes extendieron el movimiento pentecostal. Lugo propagó el fuego pentecostal en Puerto Rico en 1916 y en la ciudad de Nueva York en 1931. Olazábal celebró grandes campañas evangelísticas de sanidad en Los Ángeles, San Antonio, El Paso, Houston, Chicago, la ciudad de Nueva York, Ciudad de México, y San Juan, Puerto Rico. En su labor precursora en los Estados Unidos y Puerto Rico se les unieron A. C. Y Susie Villa Valdez, Abundio y Rosa López, Brígido Pérez, Francisco Llorente, Juan Martínez Navarro, Luis López, Antonio Castañeda Nava, Jenaro y Ramonita Carvajal Valenzuela, Rodolfo Orozco, Demetrio y Nellie Bazán, Francisco Ortiz y su hijo Frank, Salomón y Dionisia Feliciano, Jeannie Mishler, Clarissa Nuzum, H. C. Ball, Alice E. Luce, Frank y Aura Finkenbinder y muchos otros.

En 1915, Ball, Luce y Orozco organizaron la obra de las Asambleas de Dios entre los latinos. En 1916, Llorente, Marcial de la Cruz, y Navarro organizaron la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús, Inc., con el PAW. En 1923, Francisco Olazábal fundó el Concilio Latinoamericano de Iglesias Cristianas. Estos precursores, junto con sus convertidos y muchos otros, han ayudado a su vez a propagar el movimiento pentecostal por toda la América Latina. 30

ConclusiÓn

Durante su época de apogeo (1906-1090), hubo latinos como Susie Villa Valdez, y Abundio y Rosa López, que participaron en el avivamiento de la Calle Azusa, en Los Ángeles. Participaron en la primera manifestación sobrenatural del Espíritu Santo, la primera vez que hubo una sanidad divina, contribuyeron a imprimirle su sabor internacional y multilingüe, fueron reconocidos como líderes, llevaron a cabo obra evangelística y social, y participaron en un conflicto que según se informa, fue el que acabó con la espontaneidad guiada por el Espíritu que había en las reuniones, y marcó su decadencia. Los latinos ayudaron a alterar las cifras del avivamiento y a transformar algo que al principio era una reunión de oración esencialmente birracial estadounidense en idioma inglés, en el 212 de la Calle Bonnie Brae, en un avivamiento multiétnico, multilingüe e internacional en el 312 de la Calle Azusa.

El espíritu del avivamiento de la Calle Azusa sigue vivo y operante hoy en la comunidad latina. El movimiento pentecostal y carismático latino ha crecido desde el puñado de latinos que lo componían en 1906 hasta más de ciento cincuenta millones de hombres, mujeres y niños hispanos de toda la América Latina (ciento cuarenta y un millones, el veintisiete por ciento) y los Estados Unidos (nueve millones, el veintiocho por ciento) en 2004. En los Estados Unidos hay ocho millones de latinos entre protestantes y otros cristianos. El sesenta y dos por ciento de todos los protestantes latinos de los Estados Unidos se identifican a sí mismos como pentecostales, carismáticos, llenos del Espíritu o miembros de una denominación pentecostal. En total, nueve millones de latinos de los Estados Unidos (el veintiocho por ciento de todos los cristianos latinos) son protestantes pentecostales (3,8 millones) o católicos carismáticos (5,4 millones). Las Asambleas de Dios son la denominación pentecostal que sirve al mayor número de latinos en los Estados Unidos, con más de 2.092 congregaciones y misiones que sirven a latinos, y 770.000 afiliadas latinas. 31 Casi cien años después del inicio del avivamiento de la Calle Azusa y su manifestación en el escenario de la historia mundial, millones de latinos que viven por todos los Estados Unidos y en América Latina siguen proclamando que "el Espíritu Santo está aquí, en la tierra, como en el día de Pentecostés". 32

Gastón Espinosa , Ph.D., es profesor auxiliar de filosofía y estudios religiosos en el Claremont McKenna College, en Claremont, California.

1. A. C. Valdez y James F. Scheer, Fire on Azusa Street (Costa Mesa, Calif.: Gift Publications, 1980), pp. 3, 4.

2. Ibíd.

3. La única excepción a esto es el artículo de Cecil M. Robeck, Jr., titulado "Evangelization for Proselytism of Hispanics? A Pentecostal Perspective", en el Journal of Hispanic/Latino Theology, 4, n° 4 (1997): pp. 42-64. Aunque escribí la versión original de este ensayo antes de leer el artículo de Robeck, tengo una deuda de gratitud con Robeck por la identificación de dos citas que usé en la versión más larga del ensayo en mi disertación para el Doctorado en Filosofía, y por dos fuentes que desconocía: The Los Angeles Record y el Church of God Evangel. Gastón Espinosa, "Borderland Religion: Los Angeles and the Origins of the Latino Pentecostal Movement in the U.S., Mexico, and Puerto Rico, 1900-1945" (Ph.D. diss., Universidad de California, Santa Bárbara, 1999), pp. 117-140.

4. Walter J. Hollenweger, "Black Pentecostal Concept: A Forgotten Chapter of Black History: The Black Pentecostals' Contribution to the Church Universal", Concept , edición especial, n° 30 (Ginebra, Concilio Mundial de Iglesias, junio de 1970); Leonard Lovett, "Black Origins of the Pentecostal Movement", en Aspects of Pentecostal-Charismatic Origins, ed., Vinson Synan (Plainfield, Nueva Jersey: Logos International, 1975), pp. 123-141; Douglas J. Nelson, "For Such a Time as This: The Story of Bishop William J. Seymour and the Azusa Street Revival" (Ph.D. diss., Universidad de Birmingham, Inglaterra, 1981). Iain MacRobert, The Black Roots and White Racism of Early Pentecostalism in the USA (Nueva York: St. Martin's Press, 1988); Edith Blumhofer, The Assemblies of God: A Chapter in the Story of American Pentecostalism , vol. 1 (Springfield, Mo.: Gospel Publishing House, 1989), p. 98; Harvey Cox, Fire From Heaven (Reading, Mass: Addison-Wesley Publishing Company, 1995), pp. 45-65. Una excepción notable a esta línea de interpretación es la obra de Robert M. Anderson llamada Vision of the Disinherited: The Making of American Pentecostalism (Peabody, Mass.: Hendrickson Publisher, 1992), p. 69; también la obra de Grant Wacker llamada Heaven Below: Early Pentecostals and American Culture (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 2003), pp. 226-235. Aunque Anderson y Wacker mencionan claramente el carácter multirracial del avivamiento de la Calle Azusa, no exploran en detalle las contribuciones de los latinos, ni las de otras minorías étnicas. El próximo libro de Mel Robeck, titulado The Azusa Street Mission and Revival, examinará los componentes étnicos del avivamiento.

5. Aunque el movimiento pentecostal latino de los Estados Unidos nació principalmente en el avivamiento de la Calle Azusa de Los Ángeles, sus orígenes también se remontan a la obra de Charles Fox Parham en Texas. Espinosa, "Borderland Religion", pp. 151-153.

6. Mientras que la familia Valdez era católica romana, los López, Brígido Pérez, Adolph Rosa y Luis López ya tenían raíces en el protestantismo antes de asistir a la Misión de Fe Apostólica. Espinosa, "Borderland Religion", pp. 117-140.

7. Arthur G. Osterberg, "Oral History of the Life of Arthur G. Osterberg and the Azusa Street Revival", entrevista realizada por Jerry Jensen y Jonathan Perkins (1966), transcripción, Flower Pentecostal Heritage Center, Springfield, Mo.: p. 11.

8. Ibíd.

9. Ibíd.

10. Espinosa, "Borderland Religion", pp. 117-140. Valdez y López (Supernatural Manifestations). The Apostolic Faith (Los Ángeles), septiembre de 1906, p. 2. Osterberg (Divine Healing).

11. Nickel sostiene que el pie deforme de este hombre mexicano había quedado "totalmente corregido". Nickel, p. 13, citado por Espinosa en "Borderland Religion", p. 138.

12. Osterberg, "Oral History", p. 12.

13. Mrs. Knapp. The Apostolic Faith (Los Ángeles), septiembre de 1906, p. 3; Valdez, Fire on Azusa Street , pp. 27, 34, y en especial, 39. López, "Spanish Receive the Pentecost", The Apostolic Faith 1:2 (Los Ángeles), octubre de 1906, p. 4.

14. "A Revival in Los Angeles", Pisgah (diciembre de 1910), p. 13; "The Camp Meeting at Pisgah Gardens", Pisgah (diciembre de 1913), p. 7.

15. Jennie Moore, "Music from Heaven", The Apostolic Faith (Los Ángeles), mayo de 1907, p. 3; Frank Bartleman, Azusa Street (Plainfield, N.J.: Bridge Publishing Inc., 1980, publicado originalmente en 1925), p. 145.

16. Cursiva del autor. López, "Spanish Receive the Pentecost", p. 4.

17. Gastón Espinosa, "Your Daughters Shall Prophesy": A History of Women in Ministry in the Latino Pentecostal Movement in the United States, en Women and Twentieth Century Protestantism , eds. Margaret Bendroth y Virginia Brereton (Chicago: University of Illinois Press, 2002), pp. 25-48. Tengo copias de los certificados de ordenación de Abundio López en la Misión de Fe Apostólica y en Victoria Hall en mi colección personal de Historia del Pentecostalismo Latino.

18. "Preaching to the Spanish", The Apostolic Faith (Los Ángeles), noviembre de 1906, p. 4.

19. "Preaching to the Spanish", p. 4; "From Los Angeles to Home and Foreign Fields", The Apostolic Faith (Los Ángeles), diciembre de 1906, p. 4.

20. Adolph Rosa, "A Portuguese Minister Receives His Pentecost", The Apostolic Faith (Los Ángeles), octubre de 1906, p. 1; "Spreading the Full Gospel", The Apostolic Faith (Los Ángeles), noviembre de 1906, p. 1.

21. Valdez, Fire on Azusa Street , p. 25.

22. Ibíd., pp. 40ss.

23. Ibíd., pp. 24, 25.

24. Espinosa, "Your Daighters Shall Prophesy", 2002.

25. Tengo una copia de la solicitud de ordenación de Abundio López, junto con varias fotos suyas, en mi colección de Historia Pentecostal Latina.

26. Aunque Douglas J. Nelson rechaza la acusación de Bartleman, afirmando que no estaba de acuerdo con el carácter de Seymour tratar al contingente mexicano de una forma tan pobre. Antes de la disertación de Nelson, nadie (ni siquiera la esposa de Seymour, quien murió en 1938), había salido a la palestra para negar, revisar o desafiar las alegaciones hechas por vez primera por Bartleman en 1925 en su conocida historia del avivamiento de la calle Azusa, cuando muchos testigos presenciales aún vivían. En realidad, hay fuertes evidencias que corroboran el informe dado por Bartleman: (1) A. C. Valdez escribió que el avivamiento de la calle Azusa llegó a su fin (para él) en 1909; (2) alrededor de 1909-1910, otras misiones pentecostales de Los Ángeles informaron sobre una larga afluencia de mexicanos que ya estaban "bautizados en el Espíritu"; (3) Bartleman tenía muy poco que ganar, tanto política como moralmente, con acusar a Seymour de tratar tan mal a los mexicanos durante una época en que se los linchaba a lo largo de la frontera entre los Estados Unidos y México, y se los veía como personas ajenas a la cultura; (4) no se menciona que hubiera latinos que acostumbraran asistir a la Misión de Fe Apostólica después de 1909 (o 1911 con mi fecha alterna; vea mi disertación), aunque es posible que algunos la visitaran una que otra vez, y (5) esto ayudaría a explicar por qué Seymour no estableció una cuota para mexicanos entre los obispos y los líderes de la Misión después de revisar la Constitución y los Artículos de Incorporación en 1914. Hallará un detallado comentario en Espinosa, " Borderland Religion ", pp. 128-131, 139; Bartleman, Azusa Street , p. 145, y Nelson, " For Such a Time as This ", p. 92.

27. Comillas del autor. Bartleman, Azusa Street, p. 145.

28. William J. Seymour, "Receive Ye the Holy Spirit", The Apostolic Faith (Los Ángeles), enero de 1907, p. 2. Para una explicación de las razones de que estallara el conflicto, vea Espinosa, "Borderland Religion", pp. 128-131.

29. El cálculo de doscientos latinoos se basa en los números de latinos que se informa que asistían a las misiones del Aposento Alto, Pisgah, Midnight, Fe Apostólica Hispana y calle Séptima. "Our Spanish Mission", The Upper Room (enero de 1911), p. 1; "Work Among Spanish", Pisgah (enero de 1909), pp. 11, 12; "A Revival in Los Angeles" Pisgah (diciembre de 1910), p. 13.

30. Los Angeles County City Directory (1912), p. 33.; p. 1552; William McEuen, "A Survey of the Mexicans Living in Los Angeles" (tesis para la Maestría en Artes, Universidad del Sur de California, 1914), p. 38; Clifton Holland, The Religious Dimension of Hispanic Los Angeles (South Pasadena, Calif.: William Carey Library, 1974), pp. 356, 357; Valdez y Scheer, Fire on Azusa Street , pp. 41, 42; Nelson, "For Such a Time as This", p. 254; Ernesto S. Cantú y José Ortega, editores, Historia de la Asamblea Apostólica de la Fe en Cristo Jesús (Mentone, Calif.: Sal's Printing Press, 1966), p. 6; Nellie Rangel, Historia de la Confederación Nacional de Sociedades Femeniles "Dorcas", (Rancho Cucamonga, Calif.: Apostolic Assembly of the Faith in Christ Jesus, 1986), pp. 23-26; Juan Lugo, Pentecostés en Puerto Rico o La vida de un misionero (San Juan, Puerto Rico: Puerto Rico Gospel Publishing House, 1951); David Ramos Torres, Historia de la Iglesia de Dios Pentecostal, M. I. (Río Piedras, Puerto Rico: Editorial Pentecostal, 1992); Espinosa, "Borderland Religion"; Gastón Espinosa, "El Azteca: Francisco Olazábal and Latino Pentecostal Charisma, Power and Faith Healing in the Borderlands", Journal of the American Academy of Religion 67:3 (septiembre de 1999), pp. 597-616.

31. A menos que se indique algo diferente, todas las estadísticas han sido redondeadas a los centenares de miles más cercanos para los números superiores al millón, y a la decena de miles más cercana para los números superiores a cien mil. Gastón Espinosa, Pneuma: The Journal of the Society of Pentecostal Studies 26, n° 2 (2004): pp. 262-292; Gastón Espinosa, "Changements Démographiques et Religieux Chez les Hispaniques des États-Unis", Social Compass: International Journal of the Sociology of Religion, p. 51 (2004), pp. 303-320; Gastón Espinosa, Virgilio Elizondo y Jesse Miranda, Hispanic Churches in American Public Life: Summary of Findings (Notre Dame, Ind.: Institute for Latino Studies at the University of Notre Dame, 2003), p. 16; David Barrett, George Kurian y Todd M. Johnson, World Christian Encyclopedia (Oxford University Press, 2001), p. 14. Datos actuales de las Asambleas de Dios en el año 2005 (basados en el año 2004).

32. Quiero expresar mi agradecimiento a Glenn Gohr y Mel Robeck por sus sugerencias sobre un borrador inicial de este ensayo.