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Este Río Pentecostal1Azusa: La corriente afluente original
Por George O. Wood
En sus comienzos en 1914, las Asambleas de Dios consistían sólo de 200 personas. En abril de 2006 celebraremos nuestro aniversario número 92; hemos existido más de 33,000 días. A escala mundial, nuestra familia de Asambleas de Dios alcanza los 53 millones. Si fuéramos un país, ocuparíamos el lugar 24 de los más grandes en el mundo.
Para crecer de 300 a 53 millones, un promedio de 6,226 personas debieron nacer de nuevo todos lo días en que las Asambleas de Dios han existido, presumiendo que nadie ha muerto en estos 92 años.
Nuestra iglesia en África, Latinoamérica, la India y otras partes del mundo crece exponencialmente. No obstante, durante muchos de los años pasados, las Asambleas de Dios en los Estados Unidos únicamente han experimentado una lenta tasa de crecimiento. Si la dinámica presencia del Espíritu Santo trae poder para testificar, entonces la presente falta de crecimiento debería preocuparnos sumamente.
Nuestro futuro, si el Señor Jesús no ha regresado, requiere un retorno a los principios de nuestra fundación que nos vieron nacer como movimiento pentecostal.
Los cristianos deben ser un río del cual fluye vida hacia las naciones por medio de la obra del Espíritu en nosotros. En lo que respecta al Espíritu Santo, Jesús dijo: "Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva"" (Juan 7:37, 38).
El río del Espíritu proviene de adentro, pero también tiene una fuente externa: "En los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne" (Hechos 2:17). Dios derramará su Espíritu con o sin las Asambleas de Dios; nosotros decidimos si existiremos dentro de este poderoso río del Espíritu.
Miremos atrás hacia la cabecera de este Río Pentecostal. Abril de 2006 marca el centenario del avivamiento de la Calle Azusa de 1906 a 1909. Yo llamo a Azusa, en terminología de río - la fuente viva original.
Fue una corrente que fluyó hacia afuera. Sin duda, se den ellos cuenta o no, lo que fluyó de la Calle Azusa ha tocado la vida de casi toda persona pentecostal o carismática hoy. Los primeros líderes de las Asambleas de Dios fueron directamente, o indirectamente, influidos por el avivamiento de Azusa, como también lo fue el liderazgo de todas las demás denominaciones pentecostales.
¿Qué hizo que Azusa fuera un avivamiento tan poderoso? ¿Podemos aprender de ello? ¿Cómo debería la efusión de la Calle Azusa afectar a esta generación del principio del siglo XXI?
El avivamiento de la Calle Azusa comenzó en la casa de Richard y Ruth Asberry en el número 214 de la Calle Bonnie Brae norte en Los Ángeles, California. Un predicador afronorteamericano, que sólo tenía un ojo, llamado William J. Seymour, había sido convencido de la realidad de Hechos 2:4 cuando asistía por breve tiempo a un instituto bíblico en Houston, Texas, dirigido por Charles Parham. Por ser persona de origen negro, las leyes Jim Crow le impidieron sentarse en el mismo salón de estudio con los alumnos blancos, así que él humildemente se sentó en el pasillo y escuchó detrás de la puerta. Seymour no recibió el bautismo en el Espíritu Santo en Houston, pero fue persuadido de que hablar en otras lenguas era la evidencia bíblica de haberlo recibido. Viajó a Los Ángeles para proclamar la disponibilidad de esta experiencia. Una pastora de una misión del movimiento santidad en Los Ángeles lo invitó a predicar. Él usó el texto de Hechos 2:4 para su primer sermón. Cuando regresó a predicar de nuevo esa tarde, no lo dejaron entrar.
Seymour comenzó a efectuar reuniones de oración en la pequeña casa de los Asberry en la Calle Bonnie Brae. La noche del lunes 9 de abril de 1906, el Espíritu cayó y aproximadamente siete personas fueron bautizadas en Él. Una de ellas, Jennie Moore - quien más tarde se convirtió en la esposa de Seymour - no sólo habló en otras lenguas conforme el Espíritu le daba, sino que también fue al piano y comenzó a tocar himnos y canciones del evangelio. Ella no tenía conocimiento previo de cómo tocar el piano. Esta habilidad dada por Dios permaneció con ella el resto de su vida. Varios días más tarde, Seymour recibió el bautismo en el Espíritu.
Azusa Street Mission, Los Angeles, California, 1906
Dentro de 3 días las multitudes que llegaban por torrentes a la casa habían aumentado tanto que el grupo necesitó buscar un lugar de reunión más grande. Dentro de una semana encontraron una iglesia que había sido convertida en establo. Durante los siguientes tres años avivamiento diario y continuo se experimentó en la Misión en la dirección del 312 de la Calle Azusa.
El avivamiento de Azusa comenzó 10 días antes al terremoto de San Francisco del 19 de abril de 1906. Este terremoto duró unos momentos, pero el terremoto espiritual de Azusa continúa reverberando e intensificando a nivel mundial.
Cinco afluencias o efusiones del avivamiento de la Calle Azusa deben caracterizar la vida en el río para la iglesia pentecostal.
Primera Afluencia: Una Gran Hambre De Dios
Durante el avivamiento de Azusa, había muchas iglesias, buenos predicadores, servicios litúrgicos conmovedores, y formulas doctrinales fundamentales y sólidas. Los precursores eran motivados por un hambre; no de saber acerca de Dios, sino de conocer a Dios; no de oír acerca de Dios, sino de oír a Dios. Ellos querían conocer al Señor en su plenitud; de ahí el término evangelio completo .
Ellos se tomaron a pecho lo que Jesús declaró acerca del Espíritu - que cualquiera que creyera en Él ríos de agua viva fluirían de su interior (Juan 7:37,38). Las palabras corrientes o ríos representan un cuerpo de agua substancial, que se agitan poderosamente - que fluyen del centro interior de la vida. En el Pentecostés, como en Azusa, los creyentes experimentaron esta poderosa plenitud y derramamiento a través del bautismo y plenitud del Espíritu Santo.
La gente vino a la Misión de la Calle Azusa esperando un encuentro con Dios. Esa expectación y la realidad de la presencia de Dios hizo que se olvidaran de las cosas que parecen ser tan importantes hoy: santuarios cómodos y bien diseñados; cultos ordenadamente planeados que comienzan y terminan a tiempo; el entusiasmo de invitar a conferencistas famosos o cantantes de renombre; la homogeneidad y movilidad ascendente de los miembros de la iglesia; reconocimiento social; y poder eclesiástico.
La Misión se presentaba en profético contraste con todo lo que el mundo llama sabio, poderoso, y rico. Las personas que venían a la Calle Azusa sólo conocían la sabiduría, el poder, y la riqueza de Dios. Su humilde salón de reuniones en el 312 de aquella calle fue descrito por el participante de Azusa y más tarde editor de El Evangelio Pentecostal , Stanley Frodsham, de la siguiente manera: "El lugar había sido en algún tiempo una iglesia metodista, pero había sido convertido parcialmente en una casa de huéspedes, dejando en el primer piso un salón grande sin emplasto, tipo establo. Se encontraba cerca de una tienda de lápidas sepulcrales, algunos establos, y un aserradero, un área en la cual nadie se quejaba de que se celebraran reuniones de toda la noche".
Un caballero laico metodista de importancia, después de visitar la Calle Azusa, escribió: "Bendigo a Dios por no haberlo comenzado en ninguna iglesia de esta ciudad, sino en un establo, para que todos pudiéramos venir y tomar parte en ello. Si hubiera comenzado en una iglesia lujosa, la gente pobre (afronorteamericana) y la gente de habla hispana no lo hubiera recibido, pero gloria a Dios que comenzó aquí. Dios dice que Él derramará su Espíritu sobre toda carne. Eso es exactamente lo que está sucediendo aquí".
No estoy sugiriendo que la presencia de Dios no puede llenar una catedral o un santuario bien edificado, sino que tales edificios no tienen ningún valor si el Espíritu está ausente, se excluye a los pobres, y el evangelio no es proclamado en su plenitud.
El avivamiento de la Calle Azusa nos fuerza a preguntarnos si los cultos estrechamente programados ponen al Espíritu Santo en una camisa de fuerza. Si bien nadie debería premiar la adoración sin estructura, el desorden, y el sentimentalismo rampante, no obstante, ¿no es acaso posible que la tendencia a controlar el culto pudiera bloquear la oportunidad para que el Espíritu Santo se mueva de manera soberana entre el pueblo de Dios?
Frank Bartleman
Frank Bartleman, un veterano de Azusa, describió los servicios: "El hermano Seymour [quien era el Anciano] generalmente se sentaba detrás de dos cajas vacías de zapatos, una sobre la otra. Él usualmente mantenía su cabeza dentro de una de ellas durante la reunión. Los cultos iban casi seguidos uno tras otro. Casi a cualquier hora, día, y noche, podía uno hallar almas que buscaban y se encontraban tocadas por el poder. El lugar nunca estaba cerrado o vacío, las personas venían a encontrarse con Dios. Él siempre estaba ahí. De modo que era una reunión continua. La reunión no dependía del líder humano. La presencia de Dios se dejó sentir más y más poderosamente. En ese viejo edificio, con sus vigas bajas y sus pisos al descubierto, Dios deshizo en pedazos a hombres y mujeres fuertes, y los volvió a hacer, para su gloria. Era un extraordinario proceso de rehabilitación. El orgullo y la autoafirmación personal, el amor propio y la autoestima no podían sobrevivir ahí. El ego religioso en un punto inicial del proceso predicó su propio sermón fúnebre.
"No se anunciaba con anterioridad el tema o el sermón, y tampoco había predicadores especiales en ese tiempo. Nadie sabía lo que vendría, lo que Dios haría. Todo era espontáneo, ordenado por el Espíritu. Queríamos oír de parte de Dios, a través de quien fuera que Él hablara. No se hacía acepción de personas. Los ricos y los educados eran iguales que los pobres e ignorantes, y se encontraban con que el proceso de la muerte del yo era mucho más difícil. Sólo reconocíamos a Dios. Todos éramos iguales. Ninguna carne se gloriaba de sí misma en presencia divina... Aquellas eran reuniones del Espíritu Santo, dirigidas por el Señor. Tuvo que comenzar en un ambiente pobre para dejar fuera el elemento egoísta humano. Todos caíamos a sus pies en humildad. Todos parecían iguales, y tenían todas las cosas en común al menos en ese sentido. Las vigas eran de corta altura y las personas de alta estatura tenían que encogerse. Para cuando llegaban a 'Azusa' ellos se hallaban en estado de humildad, listos para la bendición. Así que el forraje era colocado a la altura de los corderos, no de las jirafas [sic]. Todos lo podían alcanzar."
La edición de septiembre de 1906 de La Fe Apostólica , la publicación de la Misión de la Calle Azusa, describió las reuniones de esta manera: "Comenzaban alrededor de las 10 de la mañana y difícilmente se detenían antes de las 10 ó 12 de la noche, y algunas veces a las 2 ó 3 de la mañana, porque muchas personas están buscando, y algunos son derribados bajo el poder de Dios. Las personas buscan a Dios tres veces al día en el altar, y fila tras fila de sillas tienen que ser quitadas para dar lugar a personas que buscan a Dios. No podemos decir cuántas personas han sido salvadas, santificadas, y bautizadas en el Espíritu Santo, y sanadas de toda clase de enfermedades. Muchos hablan en lenguas... Continuamos para recibir más del poder de Dios."
Dios no hace acepción de personas. Él no respetaba la Misión de Azusa más que a la más espléndida catedral del mundo. No fue el lugar lo que lo impresionó, sino el corazón de quienes venían. ¿Hay hambre del Señor?
Cuando llegue el tiempo para que ustedes como ministros de este movimiento abran la Palabra de Dios a su grey, ¿lo harán sólo para llenar el tiempo programado, o primero que nada estará su corazón lleno de Dios? ¿Proclamarán para oír que otros les digan "bien hecho", o para que la Palabra de Dios sea confirmada con la autoridad del poder del Espíritu conforme Él viene a demostrar la plenitud de Dios en la asamblea de su pueblo? ¿Serán los servicios que usted dirige diseñados para entretener y motivar, o en oración tendrán la intención de satisfacer el hambre más profunda tanto del santo como del pecador? ¿Será la vida en la iglesia que usted preside un lustre, un delgado enchapado puesto sobre una cultura y mentalidad seculares; o una nueva vida en Cristo cambiará radicalmente la manera en que la gente piensa y se comporta?
Osterberg family portrait L-R:
Louis, Terry, Esther, Arthur, Cenna
Arthur Osterberg, un líder de los inicios de nuestro movimiento, visitó Azusa cuando era joven mientras pastoreaba una pequeña iglesia en la esquina de las calles 68 y Denver en Los Ángeles. Él escribió concerniente a su propia experiencia en Azusa: "Repentinamente el Espíritu caía sobre la congregación. Dios mismo haría un llamado al altar. Los hombres caían por todas partes del sitio, como los que son derribados en batalla, o se lanzan de prisa hacia el altar en masas, para buscar a Dios. La escena a menudo parecía ser un bosque de árboles caídos. Tal escena no podía ser imitada. Nunca vi que se diera un llamado al altar en esos primeros días. Dios mismo los llamaba. Y el predicador sabía cuándo terminar. Cuando Él hablaba, todos obedecíamos. Teníamos temor de obstaculizar o de contristar al Espíritu. Todo el lugar estaba empapado de oración. Dios estaba en su santo pueblo. El hombre debía mantenerse en silencio. La Shekinah se posaba ahí... Más de una vez a un par de cuadras del lugar me he detenido para pedir fuerzas antes de atreverme a continuar. La presencia de Dios era muy real".
¿No sería apropiado que humilláramos nuestro corazón ante Dios y le pidiéramos que nos concediera su sagrada presencia cuando nos reunimos a adorarlo, para que todos tuvieran temor reverencial del Santo a quien servimos?
Cuando uno se considera a sí mismo lleno y sin necesidad de nada, bloqueará la obra de Dios en su vida y a través de ella. Dios hace que los ricos se vayan con las manos vacías. Pero a los pobres que tienen hambre de Él - como a Moisés, quien anhelaba ver al Señor cara a cara - les concede la demostración de su divina presencia.
SEGUNDA AFLUENCIA: AMOR A LOS DEMÁS
Primeros líderes de la Misión en la calle Azusa: (I-D): William J. Seymour y John G. Lake
sentados, y el hermano Adams, F.F. Bosworth,
y Tom Hezmalhalch de pie, 1907
Charles Parham
El avivamiento de la Calle Azusa fue testigo del derrumbe de las barreras que normalmente dividen a las personas: raza, clase, género, riqueza, idioma, educación, afiliación eclesiástica, y cultura.
Seymour sirvió por nombramiento divino más que por exitosa manipulación política. La Misión tenía un liderazgo y congregación integrados. Aunque pasaron décadas antes del movimiento de Derechos Civiles, en la Misión había una asombrosa falta de discriminación. Esto no complacía a todo el que observaba, incluido a Charles Parham, el padre espiritual de Seymour. Parham, quien tenía prejuicios radicales, vino a la Calle Azusa y denunció la mezcla de razas. Después de eso, su ministerio declinó. Dios no bendecirá tal hostilidad hacia alguien por quien Cristo murió.
Stanley Frodsham dijo de Azusa: "Si un mexicano o un alemán no puede hablar inglés, él se levanta y habla en su propio idioma y se siente como en casa, porque el Espíritu interpreta a través del rostro, y la gente dice 'amén.' "
En las 13 ediciones de La Fe Apostólica , las únicas publicaciones de la Misión Azusa que sobreviven, nadie lista al director, prefiriendo en vez de ello que el Señor reciba el crédito. Pero la mayoría de las ediciones contienen un pequeño recuadro que establece algunos de los principios importantes que la Misión Azusa mantenía. Varios de los recuadros contienen esta declaración: "No somos hombres ni una iglesia de intrigas, sino que buscamos desplazar las formas y credos muertos o los fanatismos salvajes con cristiandad viviente y práctica. Nuestro lema es 'amor, fe y unidad' , y 'Victoria por medio de la sangre de la Expiación'.
En la historia de la Iglesia de Pentecostal de la Santidad escrita por Vinson Synan, titulada El Poder de tiempos antiguos , él explica cómo esa iglesia se convirtió en pentecostal principalmente a través del ministerio de G.B. Cashwell. Éste vino a la Misión de la Calle Azusa en 1906 proveniente de Carolina del Norte. Synan declara: "Uno de los principales problemas que él necesitó vencer fue su profundamente arraigado... prejuicio racial. Era perturbador para este visitante de Carolina del Norte sentarse a oír la predicación del ministro negro Seymour; pero hacer que dos negros impusieran manos sobre su cabeza y oraran para que recibiera el bautismo era casi más de lo que él podía soportar. En vez de recibir el bautismo, él admitió que esto causó que sintiera un 'escalofrío en toda su columna'. No obstante, perseveró por 5 días y noches en el Aposento Alto de la Misión antes de que llegara el bautismo. Durante la última parte de su búsqueda se despojó de su problema racial e invitó en súplica a Seymour y a varios hombres negros a imponer manos sobre él. Finalmente, a principios de diciembre de 1906, el 'poder cayó' y Cashwell recibió su Pentecostés."
Con este amor por la familia de Dios, ¿nos sorprende que las raíces de las denominaciones pentecostales estadounidenses y la renovación carismática moderna puedan hallar sus orígenes en la Calle Azusa? La antorcha se pasó hasta hoy.
Lamentablemente, el movimiento pentecostal se rindió rápido a la cultura, con su racismo, las leyes Jim Crow, y la segregación. Por décadas, el aspecto multirracial, multicultural del avivamiento de Azusa no halló cabida en nuestras iglesias.
Charles Mason, un ministro afronorteamericano y líder de un grupo bautista de la santidad, visitó Azusa durante febrero y marzo 1907, recibiendo la dotación de lo alto. Regresó después a Memphis donde él y un colega en el liderazgo difirieron acerca del bautismo en el Espíritu, separándose. Mason formalmente se incorporó a la Iglesia de Dios en Cristo en agosto de 1907. Un beneficio de la incorporación fueron los descuentos de viaje que los ministros de la organización recibían de parte de varias compañías de ferrocarril.
El primer Prebisterio Ejecutivo de las Asambleas
de Dios, Hot Springs, Arkansas, Abril 1914.
Sentados, I-D: T.K. Leonard, E.N.
Bell, Cyrus Fockler. De pie , I-D: J.W. Welch,
J. Roswell Flower, D.C.O. Opperman, Howard
A. Goss, y M.M. Pinson.
Casa de la Opera Hot Springs, Hot
Springs, Arkansas, lugar del 1er
Concilio General de las Asambleas
de Dios.
Entre 1907 y 1910, ministros blancos que se habían asociado con el movimiento de la Fe Apostólica de Charles Parham comenzaron a distanciarse de él debido a cuestiones relacionadas con su carácter moral, su espíritu divisor, y sus declaraciones racistas. Algunos de estos líderes — E.N. Bell, Howard A. Goss, D.C. Opperman, y Arch P. Collins — más tarde formarían las Asambleas de Dios. Ellos abordaron a Charles Mason respecto al otorgamiento de credenciales de la Iglesia de Dios en Cristo a ministros pentecostales blancos. Mason lo aprobó. Alrededor de 350 ministros recibieron credenciales. Mason no impuso manos sobre ellos, pero dio esa autoridad a Bell, Goss, Opperman, y Collins. Sin embargo, estos hermanos, finalmente sintieron la necesidad de separarse de la organización. En abril de 1914, la reunión de formación de la nueva organización, las Asambleas de Dios, se realizó en Hot Springs, Arkansas. El obispo Mason asistió al primer Concilio General, su coro cantó , y él predicó una de las sesiones, dando su bendición y oraciones a la nueva organización.
Esta segregación racial continuó por décadas. Cuando la organización de Compañerismo Pentecostal de Norteamérica fue formada hace 45 años, la Iglesia de Dios en Cristo, negra, no fue invitada a unirse. Sin embargo, en años recientes el Espíritu Santo ha intensificado la presión para regresar al modelo bíblico de Azusa, donde la frase "la línea de color fue lavada por la Sangre" era común. En octubre de 1994, en una reunión histórica en Memphis, los líderes del Compañerismo Pentecostal de Norteamérica, del cual las Asambleas de Dios es el mayor miembro, se reunieron para buscar una reconciliación con la Iglesia de Dios en Cristo de la población negra. El Compañerismo Pentecostal de Norteamérica fue disuelto. Una nueva organización fue formada - las Iglesias Carismáticas Pentecostales de Norteamérica, la cual aceptaba a los pentecostales sin importar su color.
Cerca de 200 delegados oficiales asistieron. Ensayos muy directos referentes al racismo del pasado se presentaron en las sesiones de la mañana. Las sesiones de la tarde estuvieron abiertas al público y presentaron grandiosa alabanza y predicación. Durante la última mañana, un espíritu de quebrantamiento y arrepentimiento prevaleció entre los delegados. Un pastor blanco de las Asambleas de Dios pidió lavar los pies de uno de los ministros líderes afronorteamericanos, el entonces obispo Ithiel Clemmons. Después de eso, un obispo blanco de la Iglesia de Dios en Cristo, de Los Ángeles, Charles Blake, preguntó si un ministro blanco permitiría que sus pies fueran lavados. El superintendente general Thomas Trask levantó su mano. El obispo Blake entonces lavó los pies de nuestro superintendente general. Hombres maduros lloraron, se postraron en oración, y después se levantaron para abrazarse unos a otros - haciendo caso omiso al color de su piel.
Cuando se terminó de lavar los pies, el obispo Clemmons, director adjunto de esta conferencia fue al podio y pidió que Trask se parara junto a él. En una dramática y simbólica declaración, el obispo Clemmons dijo a Trask: "En 1914 nos separamos. Pero Dios nos ha unido de nuevo". Ellos se abrazaron, se besaron en la mejilla, y lloraron. Dudo que hubiera alguien sin lágrimas en los ojos en ese lugar.
Las Asambleas de Dios y la Iglesia de Dios en Cristo no fusionaron sus organizaciones, pero ambas expresaron pesadumbre por haberse separado debido a raza. Se hizo una promesa de nunca dejar que la cultura volviera a dividir la riqueza de su amistad y compañerismo en el evangelio.
El Espíritu Santo quiso que el avivamiento de Azusa - el cual abrazó a blancos, negros, hispanos, asiáticos, ricos, pobres, de clase media, jóvenes, adultos, y ancianos, hombres y mujeres - se convirtiera en un modelo para dar forma a la iglesia del siglo XX. Pero los participantes no mantuvieron el ideal establecido por el Espíritu Santo. Con todo, en la hora presente la iglesia está testificando del derrumbe de paredes divisorias - y este avivamiento pentecostal continuará siendo testigo del hecho de que nuestra unidad en Jesucristo trasciende nuestras diferencias.
¿Qué lección puede aprender de Azusa la iglesia de hoy? Nuestra relación es monástica sólo si está marcada por hambre de Dios. El Señor no sólo quiere que lo amemos, sino que también nos amemos unos a otros. ¿Amamos a nuestros hermanos y hermanas? ¿A los oprimidos? ¿A los pecadores? ¿A los rechazados? ¿A los heridos? ¿A los ricos y a los poderosos? ¿A los humildes y necesitados? ¿A los diferentes? ¿Nuestras comunidades nos conocen por nuestro amor?
Tercera Afluencia: Un Compromiso Con La Palabra De Dios
Los primeros pentecostales de Azusa no deseaban experiencias sólo por la experiencia misma. Si bien hubo unos pocos énfasis fuera de lugar en Azusa, su búsqueda de una experiencia personal y subjetiva con Dios se encontraba dentro de las fronteras de la Palabra de Dios. Ellos creían que el Espíritu no iba donde Su Palabra no lo permitiera.
El movimiento Pentecostal ha tenido sus problemas con personalidades que enfatizaban y enseñaban como verdad asuntos no hallados en la Palabra de Dios. Las Asambleas de Dios han sido muy criticadas en ocasiones por su insistencia de que la Palabra de Dios debe corroborar la experiencia. Tal crítica debería portarse como medalla de honor. Las Escrituras nos amonestan a no ser llevados por doquiera de todo viento de doctrina (Efesios 4:14).
Al avivamiento de Azusa desenfadadamente proclamó que la segura línea vertical de la verdad era la Palabra de Dios. Seymour y otros fueron criticados fuertemente por su insistencia en verificar todo con la Palabra. Pero ellos no se avergonzaron. Seymour respondió a estas críticas en la edición de septiembre de 1907 de La Fe Apostólica : "Estamos midiendo todo por la Palabra, toda experiencia debe medirse por la Biblia. Algunos dicen que esto es demasiado, pero si hemos vivido muy apegados a la Palabra, esas cuentas las ajustaremos con el Señor cuando le encontremos en el aire".
A lo largo de este siglo, la iglesia Pentecostal ocasionalmente ha tomado el carácter de la satírica congregación de Flip Wilson: "La Iglesia de lo que Está Sucediendo Ahora". Sin avergonzarnos, queremos que algo suceda en medio nuestro, pero al mismo tiempo, debemos abandonar lo novedoso, la última tendencia carismática o de crecimiento eclesiástico, e insistir en una experiencia con Dios que es corroborada por las Escrituras.
LA CUARTA AFLUENCIA: UNA DEDICACIÓN AL EVANGELISMO Y A LAS MISIONES
El bautismo en el Espíritu Santo, como se entendió en Azusa, no era sólo para bendición personal; su propósito central era el dar poder. Esta es una distinción vital porque algunos han buscado al Espíritu por la experiencia misma, y no por un nuevo arrojo y competencia para ser testigos de Cristo.
Recuerdos de la Misión de la Calle Azusa
Ernest S. y
Laura Williams
Puesto que éste es el 60 aniversario de que el Espíritu se derramó en la Misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, se me ha pedido que recuente algunos de los sucesos de esos días. Desearía que mis poderes de descripción fueran tales que pudieran relatar los hechos tan vívidamente como lo merecen.
Aunque mi hogar estaba en Los Ángeles, al principio del verano de 1906 me hallaba empleado en Colorado, donde estaba privado del compañerismo de otros creyentes. Alrededor de ese tiempo las cartas de mi madre comenzaron a contarme acerca de la bendición de Dios que estaba derramándose en una simple misión de la Calle Azusa en Los Ángeles. Me fueron enviadas copias de La Fe Apostólica , publicadas por la Misión.
Mi padre había caído al suelo tocado por la bendición de la nueva experiencia, y mi madre escribió acerca del maravilloso cambio que había hecho en él, aunque había sido un hombre de la Santidad desde antes de que yo naciera. Convencido de que esto no podía ser sino la obra de Dios, regresé a Los Ángeles en septiembre de 1907. Fui lleno del Espíritu Santo el 2 de octubre de ese mismo año.
Mi primer contacto con el Pentecostés fue un domingo por la mañana en una iglesia que había pertenecido al Movimiento de Santidad, localizada en la esquina de las Calles Ocho y Maple. El culto fue bueno, pero nada inusual. Desde ahí caminé hacia la Misión de la Calle Azusa, llegando cuando el servicio de altar estaba en su punto cumbre.
Desearía poder describir lo que vi. Por todas partes había oración y adoración. El área del altar estaba llena de gente que buscaba a Dios; algunos estaban arrodillados; otros estaban postrados boca abajo extendidos en el suelo; algunos estaban hablando en lenguas. Todos estaban haciendo algo; todos parecían perdidos con Dios. Yo simplemente me quedé parado y mirando, puesto que nunca había visto nada como esto.
Antes de comenzar a buscar la experiencia, pasé un breve tiempo estudiando mi Biblia, buscando pasajes que pudieran enseñar acerca de una experiencia subsiguiente a la experiencia de santificación. No quería ser llevado a nada que no fuera bíblico, a pesar de que muchos de los adoradores de la Calle Azusa parecieran estar siendo divinamente bendecidos. Entonces el Señor me instó y sentí que debía buscarlo, pues mi corazón estaba completamente hambriento.
No me apresuré a tener esta experiencia. Recuerdo la primera vez que fui al altar. Estaba ahí para pedir a Dios que examinara mi corazón. El día siguiente continué buscando a Dios, esperando tener la seguridad de que todo estaba bien. Cuando obtuve esta seguridad comencé a buscar ser lleno.
He disfrutado varias experiencias inusuales con Dios, pero ninguna sobresale más que la que recibí una semana antes de hablar en otras lenguas. Yo estaba orando en el altar cuando el Espíritu de Dios vino sobre mí, lidiando con mi misma carne. Parecía como si mi alma estuviera revestida en un cuerpo al que Dios estaba tomando para sí. Después vino un descanso que no puedo describir. Sentí que me podía quedar ahí para siempre, descansando en el amor y la grandeza de Dios.
La Misión de la Calle Azusa era un lugar muy humilde. No había plataforma elevada para el predicador; ningún instrumento musical acompañaba los cantos. Las bancas eran pobres y no suficientes para llenar el edificio; la predicación era tan simple que uno difícilmente la podía llamar predicación, pero Dios estaba ahí. Algunas personas de trasfondos cultos afirmaban que ellos nunca habían oído en una ópera música tan exquisita como cuando el Espíritu de Dios se extendía sobre la congregación en lo que llegó a conocerse como canto celestial.
Se enseñaba fervientemente acerca de la sanidad del cuerpo, pero no se ponía en primer plano. Se echaban fuera demonios. Pero la adoración era el aspecto principal . Conforme los hechos de Dios eran difundidos en el exterior, personas venían de todo el continente, entre ellos líderes y ministros. Ellos eran llenos del Espíritu durante su estancia, después de la cual llevaban a sus áreas de trabajo la historia de que el Pentecostés había venido de nuevo como lo hizo con la Iglesia en el principio.
Por todo el país fuegos espirituales fueron avivados y los creyentes fueron llenos. Algunos se marcharon a los fines de la tierra a testificar que el Pentecostés había venido y que Jesús regresaría pronto.
Mi tiempo en la Calle Azusa fue de corta duración, puesto que pronto comencé mi ministerio (a pesar de no tener ningún entrenamiento).
Han pasado ya casi 59 años desde que fui lleno del Espíritu Santo. Todavía tengo mis temporadas de refrigerio de la presencia del Señor, hablando en otras lenguas y en ocasiones siendo sacudido bajo la influencia del Espíritu Santo. ¡Qué privilegio ser lleno de Dios, del Dios santo, enteramente consagrado a su voluntad! Este es el fundamento humano para una vida llena del Espíritu, puesto que Jesús nuestro Salvador es el Fundamento Divino.
Estamos viviendo en días de apostasía. El espíritu del mundo en estos últimos días atrapará aun al pueblo de Dios. Pero las Escrituras nos instan a "pedir al Señor que envíe lluvia en el tiempo de la lluvia tardía". Dios desea cubrirnos con nubes brillantes y refrescarnos con un nuevo derramamiento espiritual. Que Él humille nuestro corazón y nos haga hambrientos otra vez como al principio, y que nos llene de nuevo con las riquezas del Espíritu que Él ha prometido derramar sobre toda carne.
Ernest S. Williams sirvió como superintendente general de las Asambleas de Dios de 1929 a 1949.
Nota
Ernest S. Williams, "Recuerdos de la Misión de la Calle Azusa," El Evangelio Pentecostal , 24 de abril de 1966, 7.
La primera edición de La Fe Apostólica , página 1, septiembre de 1906, abordó la causa de las misiones y el envío de misioneros. Las misiones no se desarrollaron más tarde - estaban al frente y en el corazón de su existencia. Y ellos no esperaron hasta que creciera; comenzaron el énfasis en misiones y a contribuir para ellas en sus primeras horas.
Los líderes de la Calle Azusa no recogían ofrendas. Había una caja de colectas en la parte posterior, pero eso no quiere decir que las dádivas estaban ausentes. Esto es lo que ellos publicaron en esa primera página: "Cuando las líneas pentecostales son descubiertas, comienza la dádiva pentecostal. Cientos de dólares han sido depositados para el envío de misioneros, y se seguirán contribuyendo miles. No se harán colectas para la renta, ni se rogará que se dé dinero. No se codicia la plata ni el dinero de nadie. La plata y el oro son de Dios para llevar a cabo su obra".
De Azusa vino un río de misioneros, ministros, y obreros cristianos.
La falta de celo misionero en alguna iglesia o líder es la evidencia más directa posible por la cual no esté presente el avivamiento. Cuando las personas no tienen el corazón de Dios en lo que respecta al mundo, no tienen la presencia de Dios - aunque piensen que sí la tienen.
Nadie puede ser un discípulo de Jesucristo y desdeñar la Gran Comisión, o tratarla como si fuera la Gran Sugerencia. La falta de énfasis misionero anuncia a gritos la muerte espiritual de un pastor o de una iglesia. No habrá excusa para tal cosa en el Día del Juicio.
A partir de la mentalidad misionera de Azusa vino un movimiento de soldados de a pie en el ejército de Dios para las naciones. Tal vez el mayor evangelismo hoy está siendo realizado a través de los pentecostales. La Calle Azusa marcó una diferencia crítica. Se han dado pasos gigantescos para terminar la tarea inconclusa.
Necesitamos un renacimiento del celo misionero para nuestro propio país y para el mundo. Que el Señor nos ayude a enfatizar el lema de Azusa: "Cuando las líneas pentecostales son descubiertas, comienza la dádiva pentecostal".
Quinta Afluencia: Un Compromiso Con La
RestauraciÓn De La Iglesia Del
Nuevo Testamento
Los precursores de Azusa no estaban interesados en cambiar la mecánica de las tradiciones eclesiásticas. Su deseo era convertirse en la iglesia descrita en el Nuevo Testamento. Así que ellos fueron parte de lo que se ha llamado el Movimiento de Restauración.
Frank Bartleman declaró muy acertadamente su intención: "Los Ángeles parece ser el lugar, y éste el tiempo, en la mente de Dios, para la restauración de la iglesia a su sitio, favor, y poder original. El cumplimiento del tiempo parece haber llegado para que se lleve a cabo la restauración completa de la iglesia".
La promesa de Joel 2:28, citada por Pedro en el día de Pentecostés en Hechos 2:17 es, "en los postreros días, dice Dios, derramaré de mi Espíritu sobre toda carne".
Este derramamiento pudiera asemejarse a la lluvia que cae del cielo. Previo a la experiencia pentecostal, la Iglesia estaba en Egipto donde la tierra era regada por el esfuerzo humano, el pie sobre el pedal de la irrigación. Pero el Pentecostés se convirtió en la tierra espiritual de Canaán donde los habitantes bebían "la lluvia del cielo" (Deuteronomio 11:10,11).
Las lluvias que Dios envió a Canaán eran tanto tempranas como tardías (Joel 2:23). Las lluvias de otoño o las tempranas de octubre y noviembre debían suavizar el sediento suelo para que la semilla pudiera ser sembrada. Después venían las lluvias fuertes de invierno en diciembre, enero, y febrero. Finalmente, las lluvias tardías de abril - las más apreciadas porque ellas cosechaban el fruto y aplazaban la sequía del largo y seco verano. La lluvia tardía estaba directamente relacionada con la maduración de la cosecha.
¿Cuál es nuestra fuente de agua espiritual para estos últimos días? ¿Son nuestros propios esfuerzos para edificar una iglesia? ¿Son nuestras inteligentes estrategias eclesiásticas, nuestros bien elaborados planes, y nuestras probadas metodologías de crecimiento eclesial? ¿O hay una mejor fuente de agua - un derramamiento del Espíritu de Dios en toda carne humana?
En el siglo pasado, la Calle Azusa fue una lluvia temprana. Dio una infusión al cuerpo de Cristo con un restaurado sentido de identidad bíblica y de misión. Insistió en dar poder para testificar. Obligó a los creyentes a desistir de su modo pasivo de cristiandad y a buscar personalmente una experiencia continua y vital del Dios vivo.
Hoy, 100 años río abajo, ¿no es tiempo de una lluvia tardía, la lluvia que madura la cosecha final?
¿No está el Señor diciendo a su iglesia: "Si se humillan y buscan mi rostro como lo hicieron en el principio, derramaré una lluvia tardía sobre ustedes? Lo que me propongo hacer con esta lluvia tardía será tan copioso que la Calle Azusa parecerá una pequeña rociada comparada con la nueva visitación que enviaré. Desechen su dependencia del hombre, y los artificios de la carne. Renueven su corazón hacia mí, y yo los volveré a visitar".
El segundo número de La Fe Apostólica , octubre de 1906, contenía un mensaje titulado "Este mismo Jesús". Su notable observación de la relación entre el movimiento pentecostal moderno y el propósito profético de Dios es aun más pertinente hoy de lo que fue cuando las palabras fueron dichas por primera vez: "Cuando el Espíritu Santo cayó sobre los 120, fue en la mañana de la dispensación del Espíritu Santo. Hoy estamos viviendo en la noche de la dispensación del Espíritu Santo. Como fue en la mañana, así será en la noche. Este es el último llamado evangelístico del día".
ConclusiÓn
Resumamos las afluencias del avivamiento de Azusa. ¿Continuará este río pentecostal fluyendo aun más fuertemente? ¿Caracterizarán las efusiones de Azusa tu experiencia hasta que Jesús venga?
Un hambre del Señor.
Un amor genuino por los demás.
Compromiso con su Palabra.
Dedicación al evangelismo y a las misiones.
Compromiso con la restauración de la iglesia del Nuevo Testamento.
Que el Señor obre entre nosotros de tal manera que la Calle Azusa sólo sea una llovizna comparada con lo que Él hace en la lluvia tardía, la cual Él dará en los años finales de esta década, siglo, y milenio.
George O. Wood, D.Th.P., es el secretario general para el Concilio General de las Asambleas de Dios, Springfield, Missouri.
nota
El autor sirvió como secretario en 1991 del Comité de Vida Espiritual del Concilio General y escribió el reporte que el Comité presentó al Concilio General en sesión. El anterior artículo copia o adapta algunas porciones de ese reporte.