CD [Disco Compacto] de
Advance/Pulpit
Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas
Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros.
Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit casi 40 años de información,
inspiración, ayudas, e historia está disponible para usted en CD separados.
En inglés solamente.
Una Declaración de los Derechos de una Esposa de Pastor1
¿Piensa usted que ser pastor es un beneficio, o un peligro para su vida familiar?
Hace unos pocos años el Leadership Journal hizo esta pregunta en una encuesta con parejas que estaban en el ministerio. De los encuestados, el cuarenta por ciento dijo que era un peligro, y el sesenta por ciento que era un beneficio. Aunque todos nos podemos regocijar con el sesenta por ciento, estas respuestas significan que cuarenta de cada cien parejas en el ministerio piensan que se enfrentan a algún tipo de riesgo.
La clave para vivir con gozo, como parte del ministerio de su cónyuge, es el establecimiento de su propia Declaración de Derechos:
Trate de ser usted misma. Resístase a permitir que su cónyuge, sus hijos, o la familia de la iglesia la empujen a convertirse en alguien que usted no quiere ser.
Use con mayor frecuencia sus mejores dones. Haga las cosas que mejor hace, y delegue lo que no hace bien, y no se sienta culpable por ello.
Haga evidentes sus prioridades. Permita que la congregación sepa lo que es importante para usted. No deje que la iglesia la meta dentro de su molde, y no reaccione de manera demasiado fuerte, de manera que la iglesia se llegue a creer que usted se considera demasiado buena para ser sierva. Hace falta un delicado equilibrio.
No trate de controlar la iglesia. Trabaje mano a mano con la gente de su iglesia. Sea una alegre ayuda positiva, en vez de ser la que tiene todas las respuestas e influye en todas las decisiones.
Escuche más y hable menos. Cuando más se ayuda a los demás, es cuando uno se limita a escuchar. No condene a la gente, ni la ponga en su lugar. Escuche a los demás y permita que lleguen a sus propias conclusiones en cuanto a los asuntos de importancia.
Muestre que ama a su esposo. En sus conversaciones, haga saber a la gente que él es especial y humano a la vez. Siga mostrando a la iglesia que se aman entre sí, y que se preocupan el uno por el otro.
Hable a sus hijos acerca de las ventajas. Nunca les diga que tienen que hacer algo porque son los hijos del pastor. Déles mejores razones para las normas de su familia; hay muchas. No espere la perfección, pero ayúdelos a saber que aunque tienen obligaciones, también tienen privilegios. Ayúdelos a ver cómo tienen una parte positiva dentro del ministerio compartido de su familia.
Halle una compañera de oración como alma gemela. Trate de ser parte de un grupo de esposas de clérigo que se rindan cuentas mutuamente, o aun comience uno. Sean sinceras entre sí.
Tome un descanso para adorar. Vayan cada cierto número de meses a algún lugar donde puedan adorar como familia. Busque alguien que no sea su cónyuge, y que pueda ser su pastor.
No lo espiritualice todo. Disfrute de la vida, con sus altibajos, sin volverse tan religiosa en su manera de ver las cosas, que no sea divertido estar con usted. Aprenda a reírse de sí misma y de su situación. Tenga una vida que esté fuera de las actividades de la iglesia.
Planifique días de vacaciones y noches de cita con su esposo. Asegúrese de que él anote en su calendario las fechas importantes para la familia.
Anime a su esposo a buscar un compañero al que le pueda rendir cuentas. Todo pastor necesita un compañero de pacto, con el cual pueda hablar de asuntos pastorales, y quien pueda comprender y compartir sus cargas.
No incomode a su esposo. Todo el mundo conoce las pesadas cargas que tienen los pastores, y no necesitan que se las estén recordando todo el tiempo. No obstante, manténgalo siempre sujeto en lo que se refiera a usted y a sus hijos. Su hogar y su matrimonio le dan energía y estabilidad al ministerio de él.
Manténgase atenta a las necesidades de su esposo. No se aparte de ellas. Habrá momentos en los cuales él, bajo el peso de la lucha, se volverá hosco, reservado, y deprimido. Entonces es cuando más la necesita. Trate de duplicar o triplicar su afecto y su apoyo.
Comprométase a cuidar de su propia persona. Cuídese, tanto en lo espiritual como en lo emocional y lo físico. Siga madurando espiritualmente.