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La esposa del pastor: la superación del desánimo en el ministerio

Por Gabriele Rienas

Shelly se agitó incómoda en su asiento de primera fila. Consciente de que la gente la podía estar observando en aquel auditorio semicircular, mantuvo la serenidad en el rostro, con una leve sonrisa de serenidad en los labios. Con la mirada dirigida al frente, sus pensamientos volaron a la semana anterior. Su esposo había estado callado y letárgico durante varios días, hablando con monosílabos y retirándose a su estudio por horas y horas. Todo intento por sacarlo de allí causaba en él impaciencia e irritabilidad.

Mientras ella dejaba que su mente siguiera divagando, volvió a vivir la llamada telefónica que recibió de un miembro de la iglesia a mediados de semana, en la que le expresó toda una letanía de críticas y quejas que la dejó agotada y desanimada. Se sentía algo culpable a causa del brusco comentario que había hecho, en un inútil intento por poner al quejicoso en su lugar. Recordaba brevemente que había pensado en llamar a una amiga, y después no lo había hecho, porque no le quedaban opciones viables. Entonces, estaba también la llamada telefónica de anoche a las nueve, para informarle que el que tocaba el teclado electrónico había olvidado avisar que no iba a estar en la ciudad durante el fin de semana. Treinta minutos y varias llamadas telefónicas más tarde, lo había reemplazado con alguien que no tenía mucho interés de hacerlo. Hizo una anotación mental sobre la necesidad de dar afectuosamente las gracias al músico de reemplazo después del culto.

Traída de vuelta al presente por alguien que tosió en la congregación, Shelly trató de centrarse otra vez en lo que estaban compartiendo su esposo y ella. Mientras con sus gestos él trataba de hacer resaltar el tercer punto de su sermón, ella notó que no tenía la camisa metida en el pantalón por la espalda. Hizo una anotación mental sobre la necesidad de decírselo cuando terminara el culto.

Como Shelly, muchas esposas de ministro luchan con los retos que trae consigo la ocupación de su esposo. Tanto si ella tiene un llamado personal al ministerio, como si no lo tiene, la esposa del ministerio, por virtud de sus votos matrimoniales, está llamada a apoyar a su esposo y sus intereses. Como pocas profesiones, el ministerio lleva al cónyuge y a los miembros de la familia a sus retos dentro de la vida diaria. Mucho más que un trabajo, el ministerio se convierte en una forma de vivir, una estructura social, un sistema de valores, y una ocupación; todas estas cosas combinadas.

Las congregaciones funcionan de una forma muy similar a la de una familia. Aunque esto puede traer consigo realización y gozo, también tiene sus desventajas. Como las familias, las congregaciones pueden experimentar conflictos y tensiones en las relaciones. Las críticas, la deslealtad, y la división pueden surgir con frecuencia y cuando menos se las espera. La gente se comporta con inmadurez y egoísmo, y a veces impone sobre la familia del pastor sus propias cuestiones sin resolver que traen arrastrando del pasado. Por esto, más de una esposa de pastor ha dicho sentir un fuerte desagrado por el papel que desempeña.

Hay esposas de ministro cuya reacción es retraerse todo lo que pueden, mientras que otras pasan por depresión y letargo. Hay también quienes sienten ansiedad; es como si estuvieran esperando que se oiga caer el otro zapato cuando las cosas van bien. A menos que la esposa del pastor se prepare con sabiduría y dé unos pasos deliberados para superar el desaliento, el drama de la iglesia la afectará con el tiempo, y la contribución que podría hacer se volverá ineficaz.

El Reto de una ConexiÓn Significativa

Pregunte a las esposas de pastor acerca de las cosas que constituyen un reto para ellas, y con frecuencia la soledad aparecerá muy cerca del principio de la lista. Los sentimientos de aislamiento parecen ser corrientes, tanto si tratan de buscar amistades en la congregación, como si no. Hay una soledad que es inherente a los puestos de liderazgo. Ser líder de la gente no es lo mismo que formar parte de la multitud. Aunque la esposa del pastor no asuma un papel de liderazgo, la posición de su esposo puede causar que ella experimente un cierto grado de aislamiento. Aun en las relaciones más afectuosas dentro de la congregación hay ciertas cosas que ella no puede ni debe compartir. Su confidencialidad y el respeto por su esposo impiden una revelación total. Si siente carga por una dificultad con un miembro de la iglesia en particular, no sería ético que compartiera su frustración con una tercera persona.

La esposa de un ministro puede enfrentarse a obstáculos desafiantes, como las críticas injustas y la murmuración por parte de alguien de la congregación, en especial si ella toma la madura decisión de no responderle.

Una de las damas que asistían al estudio bíblico estaba regando la acusación de que Lindsay era fría y poco amistosa con ella, y que tenía sus favoritas, que eran sus amigas con las que llenaba su álbum de recortes. Lindsay se sintió estupefacta y horrorizada, porque ella había tratado de conversar varias veces con aquella mujer, pero siempre todo lo que encontraba era desinterés y poca atención. Era cierto que le encantaba trabajar con el álbum de recortes, pero ella trataba de no tener favoritismo con las damas de la iglesia. Sintió un fuerte impulso por corregir aquellas falsas afirmaciones. Pensó en enviar una carta en la que expresará su punto de vista a todas las personas involucradas. Aunque le dolía el corazón, su sentido común le recordó que rebajarse a aquel nivel era una pobre solución, y que lo más probable era que sólo sirviera para complicar la situación. Entonces se consoló con la Palabra de Dios: "Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová" (Isaías 54:17).

Antes de desanimarse más de la cuenta respecto a la soledad en el ministerio, las esposas de pastor necesitan recordar que los tiempos de soledad sólo son eso: tiempos, temporadas. No son la suma total de las experiencias en la vida. El ministerio también trae consigo muchas oportunidades para la interacción social y la realización. No todo el mundo se volverá contra nosotros, o nos herirá. En la mayoría de las congregaciones hay personas maravillosas que nos apoyan y nos aman profundamente, y sólo nos desean lo mejor. Las relaciones que nos hacen sentir realizadas exigen riesgo. Después que nos han herido, es frecuente que sintamos la tentación de evitar volver a vernos en una situación vulnerable.

La esposa de ministro que siga acercándose a las demás personas será recompensada con unas relaciones sanadoras. Lo irónico es que hace falta arriesgarse para hallar sanidad, y sin embargo, el riesgo deja a la persona expuesta o vulnerable a más dolor. Por eso el Espíritu Santo nos ha ofrecido andar con nosotros y ayudarnos (Isaías 43:2).

La existencia de relaciones fuera de la congregación es algo imprescindible. Su establecimiento puede ser un reto, porque tenemos poco tiempo, y pocos contactos con las personas que se encuentran fuera del círculo de la congregación. Con todo, el reto no debe convertirse en un freno para nosotras.

Si las esposas de pastor se mantienen abiertas, Dios puede usar muchos caminos para traer a su vida personas en las que puedan confiar. La esposa de otro pastor de la misma comunidad puede ser un gran recurso. En una experiencia ministerial, fui reuniéndome para almorzar con varias esposas de ministro locales, hasta que hallé una con la cual sentí afinidad. Durante cinco años nos reunimos mensualmente para almorzar, y nos seguimos encontrando hasta hoy.

Muchas comunidades ofrecen estudios bíblicos interdenominacionales. Las mujeres que ocupan los puestos de liderazgo muchas veces son maduras, compasivas, y potenciales candidatas para una amistad. La esposa de pastor puede hacer una conexión con una vecina, una compañera del trabajo o una persona de su familia en la que pueda confiar. A veces las relaciones del pasado, como alguna persona leal con la que se ha tenido una experiencia en el ministerio, pueden ser una fuente de aliento.

La esposa de pastor necesita obrar con sabiduría a la hora de escoger la persona en la que depositará su confianza. Debe estar consciente de que la seguridad no está asegurada porque la persona sea amistosa, o porque reciba bien sus revelaciones. Lamentablemente, hay quienes disfrutan lo que consideran una posición social que acompaña a la amistad con la esposa del pastor. Podríamos sufrir unas dolorosas repercusiones si tomáramos una decisión poco sabia en esto. Pruebe las aguas, y busque señales de que esa mujer es genuina y tiene una motivación desinteresada respecto a su amistad. La persona digna de confianza es madura en su fe, compasiva, y sincera. Por otra parte, hay ciertas banderas rojas que nos deben frenar. ¿Murmura esta persona de otras? ¿Tiene una prolongada historia de luchas con relaciones en las cuales ella era la víctima? ¿Tiene una actitud de amargura respecto a la iglesia? ¿Tiene una historia de traumas y dificultades relacionadas con la iglesia? ¿Está de acuerdo esta persona en todo lo que usted dice, en vez de enfrentársele con delicadeza acerca de su propia contribución a las cuestiones que se van produciendo? Estas son las señales de que necesitamos buscar en algún otro lugar la amistad de apoyo que con tanta urgencia necesitamos. Aunque sea todo un reto hallar tiempo y energía para cultivar relaciones con personas de fuera, las recompensas superan con mucho al esfuerzo.

EL RETO A SER USTED MISMA

¿Qué significa ser una buena esposa de pastor? Las respuestas a esta pregunta podrían ser tan diversas como las personas que la respondan. La esposa de un pastor tiene que enfrentarse a las expectativas de la congregación y de su esposo, y también a las suyas propias.

Las expectativas son algo que se da por descontado en toda relación. No hay relación alguna que se halle totalmente libre de ellas. Por consiguiente, no todas son erróneas o inadecuadas.

En toda relación es necesario negociar las expectativas. El problema surge cuando esas expectativas no son realistas. No es realista esperar de la esposa de un pastor que sea perfecta todo el tiempo: que siempre sea amistosa, encantadora, y simpática, y que tenga unos hijos perfectos. Con demasiada frecuencia este tipo de presión se complica con las normas poco realistas que ella se ha impuesto a sí misma. Tratar de estar a la altura de esas expectativas es como apuntar con arco y flecha a un blanco escondido en movimiento: algo frustrante e inútil. O bien luchará sin buen éxito, o se dará por vencida en su frustración.

LAS EXPECTATIVAS DE SÍ MISMA

Las primeras expectativas con las que tiene que enfrentarse la esposa de un pastor son las suyas propias. Todo lo que ella puede hacer es luchar por ser ella misma y usar sus dones para realzar el reino de Dios. Él no espera más de ella. Dios siempre nos equipa para la tarea que quiere que hagamos. No obstante, es corriente que la esposa de pastor luche para identificar sus puntos fuertes. En nombre de la humildad, muchas veces rehúsa evaluarse a sí misma. De esa forma sus dones permanecen sin desarrollar y su potencial no es reconocido.

Lo primero que debe hacer es un examen de sí misma que sea sereno y sincero. Responda a preguntas como éstas: ¿qué me encanta hacer? Cuando hay una lista de actividades que realizar, ¿hacia cuál me dirijo yo primero? ¿Qué me encanta hacer en cualquier momento durante un largo período de tiempo? Haga una lista de sus experiencias relacionadas con el ministerio, y pregúntese: ¿en cuál de estas actividades me sentí más realizada? Lo más probable es que haya actividades en las cuales usted se sienta más cómoda y que le sean más gratificantes que otras. En estos aspectos, es posible que otros la admiren y, sin embargo, usted no siente que esté haciendo nada difícil ni particularmente especial. Usted triunfa en estos aspectos porque Dios le ha dado dones y rasgos de carácter que sirven para realizar los propósitos de Él en su vida.

Hay diversos instrumentos que pueden ayudar a las personas a descubrir sus puntos fuertes. Algunas iglesias o centros de consejería ofrecen perfiles de personalidad como el Myers-Briggs Type Indicator® o el llamado DISC® Profile. El llamado Clifton StrengthsFinder® es un recurso accesible para los lectores del libro Now Discover Your Strengths ["Descubra ahora sus puntos fuertes"], por Marcus Buckingham y Donald O. Clifton. Se puede obtener en la web. Este tipo de evaluaciones muchas veces confirma lo que ya sabemos, pero que tal vez no hayamos querido admitir. Al final, lo que se aprenda del uso de estas herramientas puede facilitar habilidades y motivar. Cuando la esposa de un pastor halla la libertad necesaria para ser ella misma, puede ser firme y bondadosa a la vez respecto a aquellas expectativas de la congregación que no sean realistas.

El pastor desempeña un papel de gran importancia en el apoyo a su esposa en cuanto al papel que ella decida realizar dentro del Cuerpo. Si él la apoya en público en el uso de sus dones, su apoyo servirá grandemente para animar a la congregación a apoyarla también. Esto lo puede hacer de muchas formas. Se puede referir de manera positiva a las contribuciones de ella al ministerio, hablando de ellas desde el púlpito. Puede expresar admiración por sus puntos fuertes. Cuando ella esté desempeñándose en sus dones, puede estar presente de una manera positiva que le dé apoyo. Se puede referir a ella de forma positiva en los escenarios sociales. Por ejemplo, si se sabe que ella evangeliza a sus vecinos ayudándolos en sus dificultades, el pastor se puede referir a un suceso concreto, expresando su admiración: "Ayer, Sherri se pasó la mayor parte del día en el hospital con nuestra vecina, y hablaron de la fe y de la sanidad. Ella es muy buena para atravesar todas esas barreras".

LAS EXPECTATIVAS DE SU ESPOSO

También es necesario negociar las expectativas que tiene el pastor respecto a su esposa. Éste es un aspecto que puede suscitar conflictos en una relación matrimonial. ¿Qué sucede si un pastor espera que su esposa invite con frecuencia a la gente a cenar, pero a ella la aterra la idea de preparar una cena?

El esposo de Christine pensó que ella debía hacerse cargo de la iglesia de niños cuando la líder se mudó. Ciertamente, Christine tenía un título de educación de niños pequeños, pero también tenía dos hijos pequeñitos y un padre enfermo que estaba ayudando a cuidar. Su resistencia pareció caer en oídos sordos. Su esposo creía que ella era la persona lógica para llenar aquel vacío. Lo mejor es enfocar este tipo de conflictos como se enfocaría cualquier otro conflicto en un matrimonio.

La esposa del ministro tiene también que enfrentarse a su propia tendencia a asumir demasiadas responsabilidades para suplir las necesidades que nadie satisface en la iglesia. Debe hacer las paces con sus limitaciones. Christine debe explicar con firmeza, aunque calmadamente, por qué no cree que en estos momentos pueda hacerse cargo de esta responsabilidad. Puede negociar en busca de un papel de menos responsabilidad que sí podría aceptar. Debe explicar a su esposo por qué se siente abrumada, y comunicarle que está preocupada también por el dilema en que él se encuentra. Podría aun sugerir otras opciones que su esposo debería tener en cuenta para llenar el vacío.

Si las expectativas del cónyuge causan continuos conflictos, esto refleja una cuestión de mayor importancia dentro del matrimonio, en la cual los conflictos no se están negociando con buen éxito. Es necesario hacer algo respecto a esa cuestión mayor. Las dificultades matrimoniales constituyen un elemento destructivo en el ministerio. Cuando se destruye un matrimonio ministerial, los efectos que produce son asombrosos.

EL RETO DE PROCURAR UN EQUILIBRIO ENTRE EL TRABAJO Y LA IGLESIA

Cerca del sesenta por ciento de las esposas de ministro trabajan fuera de su casa. En otras palabras, más de la mitad de las esposas de pastor tienen que buscar un equilibrio entre su trabajo, su familia, y su iglesia. Hay algunas esposas de pastor cuyo esposo acepta que trabajen fuera del hogar. Estas mujeres han tomado la decisión personal de desempeñarse en una profesión por la que sienten pasión, y lo más probable es que nos hablen de sentimientos positivos y de una sensación de bienestar. Otras necesitan trabajar por razones económicas. Es más probable que las mujeres que se encuentran en este grupo luchen con las exigencias que hay sobre su tiempo y la frustración de unas expectativas que no han podido satisfacer. Tal vez se desalienten cada vez más por su falta de capacidad para satisfacer las muchas necesidades que las rodean. También es posible que se sientan desconectadas respecto a otras mujeres que no trabajan y que tienen más tiempo para hacer vida social.

Para superar su desaliento, la esposa de ministro que trabaja necesita ajustar sus expectativas. Debe tener presente que el tiempo es fijo y limitado. Las personas tienen sus limitaciones. Una esposa de pastor sólo puede hacer lo que puede hacer. Resolver los problemas del mundo entero es más de lo que ella es capaz de hacer. Debe centrar su atención en las cosas para la que está preparada. En cuanto al resto, necesita entregárselas a su amoroso Salvador, a quien se le pueden confiar las preocupaciones del mundo. Básicamente, es necesario que deje de controlar, y permita que haya algunas cosas que no se hagan, confiando en que Dios llene el vacío en el momento que Él disponga. Esto es un reto para quienes les gusta controlar las cosas (Job 37:14-22).

La familia y el matrimonio deben estar siempre en primer lugar. La familia debe estar antes que la iglesia, las satisfacciones personales, y la economía. Ponerlos en primer lugar significa monitorear tres aspectos concretos de la vida familiar con relación al trabajo: la disponibilidad, el nivel de estrés, y el funcionamiento como familia. La disponibilidad significa que siempre se debe estar emocionalmente y físicamente al alcance de la familia. El nivel de estrés se refiere a la presión interna excesiva y a la ansiedad que trae consigo el trabajo. El funcionamiento como familia se refiere a la salud y el bienestar generales de la familia y de sus miembros. La esposa de pastor que trabaja fuera de su casa puede monitorear el impacto que tiene su trabajo en la familia, preguntándose: ¿me siento conectada y a disposición de todos y cada uno de los miembros de mi familia? ¿Sé lo que está pasando en la vida de mis hijos? ¿Cuánto estrés añade este trabajo a mi sensación general de bienestar? ¿Cómo van las cosas en mi familia? ¿Cómo está funcionando cada uno de los miembros de mi familia? A veces dialogar con la familia acerca de estos asuntos es algo que puede mejorar nuestra perspectiva. Las reuniones familiares ayudan a unir a la familia y producen una compartida sensación de responsabilidad.

En todo caso, las personas que usan varios sombreros en la vida necesitan ser diligentes en cuanto a su mayordomía personal. La mayordomía va más allá de las responsabilidades familiares. Incluye el cuidado físico y emocional de nuestra propia persona. En otras palabras, la esposa debe cuidar de su cuerpo y de su mente. Cuando se corre una carrera, no es prudente gastar toda la energía al principio, y después salirse antes de llegar a la meta. El cuidado saludable de sí misma y el descanso son exigencias importantes para que haya vigor y resistencia.

EL RETO DE LA RESISTENCIA

Allison se estaba sintiendo cada vez más desilusionada en cuanto al ministerio. Una serie de problemas relacionados con la iglesia habían dejado su huella. Temía los domingos, porque se sentía en peligro y vulnerable en la iglesia. Temía las reuniones sociales de la iglesia. Sentía como si estuviera fingiendo, mientras que interiormente lo que quería era salir corriendo y gritando de la habitación. La congregación se había convertido en el enemigo que amenazaba su bienestar, su humor, y su estabilidad. Cada vez se sentía más cómoda en su propia casa, centrada en las necesidades de su familia, y evitando las necesidades de la gente de la congregación. Soñaba despierta con marcharse de la iglesia y cambiar de ocupación. Como sabía que esto era difícil, se sentía atascada y frustrada.

La experiencia de Allison es corriente. Es ejemplo de lo que es una esposa de ministro totalmente agotada. El estrés y el reto de la vida en la iglesia pueden ir dejando su huella hasta llevar al desaliento. El estrés y la depresión se convierten en compañeros inevitables.

La mayoría de las esposas de pastor comienzan tratando de hacer lo mejor que puedan para fomentar el Reino. Como es inevitable, la realidad las sacude en algún punto del camino: se desarrollan conflictos, unos líderes se desilusionan y se marchan, los asuntos económicos traen consigo limitaciones, los pastores batallan con sus emociones, la gente lanza críticas y la esposa del pastor experimenta el rechazo. El estrés deja su huella, y a veces uno de sus resultados es la depresión.

La depresión es una dolencia reconocible. Incluye síntomas como la tristeza, el letargo, la falta de motivación, la mala memoria, los problemas con el sueño, y el aislamiento. Pero se puede tratar. Cada vez son más los recursos que se encuentran al alcance de los líderes cristianos para ayudarlos a enfrentarse a las situaciones emocionalmente desafiantes. El primer paso en el proceso de curación consiste en pedir ayuda. En muchos casos, hay consejería cristiana profesional a nuestra disposición. Cuando no lo está, una persona de confianza o un mentor que nos estime puede convertirse en un recurso de un valor inapreciable.

En medio de una angustia prolongada, las personas anhelan tener un alivio. El retraimiento se convierte en una táctica de supervivencia, o al menos, lo parece. No obstante, es lo diametralmente opuesto a lo que la persona necesita. La sanidad se produce en el contexto de las relaciones. Aunque tal vez no haya deseo de comunicarse con los demás, la comunicación es tan importante como lo es la insulina para una persona diabética. Pida a otras personas que se le acerquen. Puede exigir humildad el hecho de ser la persona necesitada de que se le ministre, pero también puede ser una experiencia de crecimiento en nuestro propio peregrinar.

Un aspecto que con frecuencia se descuida en la vida de una mujer muy ocupada, es el cuidado de sí misma. Muchas veces pregunto a las esposas dentro del liderazgo: "¿A qué actividad tiene la costumbre de dedicarse, y le encanta realizarla?" Demasiadas veces, la respuesta es una mirada en blanco o una risa incómoda. Hasta se tiene el concepto no expresado, de que cuidarse a sí misma podría ser algo nada espiritual o ser egoísta. La mayoría de la gente acepta que a Dios le importan mucho la salud física y la salud económica, y aun la buena administración del tiempo. Entonces, ¿por qué habrían de desechar las esposas de pastor el cuidado emocional de su propia persona?

Más que ninguna otra cosa, la esposa en el ministerio necesita resistencia. Esta cualidad, que podríamos definir como "la capacidad para recuperarse con rapidez de los contratiempos", 1 permite que volvamos a nuestra forma normal después de haber sido estiradas. Aunque es posible que una esposa de pastor se sienta herida de forma permanente a causa de unos sucesos inesperados que se le presentan en el camino, la decisión de recuperarse es asunto de ella y de su deseo de volverlo a intentar.

Desde el punto de vista bíblico, tiene una promesa tras otra en cuando a que Dios está a su favor y le ofrece los recursos que necesita para recuperarse de sus pruebas cuando ella lo deja obrar. Dios quiere revelar su poder en medio de las circunstancias difíciles (2 Corintios 4:16). Él es quien proporciona a los que están en el ministerio las oportunidades necesarias para comprender lo mucho que dependen de Él y de su gracia en la vida (Deuteronomio 8:3).

EL RETO DE SER UNA ESPOSA QUE APOYA A SU ESPOSO

Brenda estudió a su esposo Steve mientras éste dormía. Sentía por él una profunda carga en el corazón, y oró en silencio. La vida y el ministerio habían sido difíciles durante el último año. Unos conflictos crecientes con ciertos miembros de la junta, los problemas económicos, y la muerte del padre de él habían dejado su huella. Aunque en la iglesia parecía ser el mismo de siempre, en la casa estaba retraído, letárgico, y taciturno. Con frecuencia hacía comentarios negativos acerca del ministerio y de su capacidad como pastor. Estaba pasando más tiempo en la casa, pero la mayor parte de ese tiempo se lo pasaba viendo televisión o durmiendo en el sofá. No devolvía las llamadas a sus amigos. Los intentos de ella por sacarlo de su situación lo encontraban irritado y a la defensiva. Brenda suspiró.

¿Qué hace la esposa de un ministro cuando su esposo se halla en medio de luchas emocionales? La mujer tiende a proteger por naturaleza. Quiere ayudar y consolar a las personas cercanas a ella que se hallan angustiadas. Además, en el ministerio la vida y la ocupación se hallan íntimamente entrelazadas. La esposa de pastor sabe que si su esposo sigue batallando, esto podría afectar el futuro de ellos.

Los pastores y su esposa pueden trabajar en la búsqueda de una solución, aun antes que lleguen el desaliento y la depresión: cultivar una atmósfera de seguridad en el hogar donde sean bien recibidas la sinceridad y la revelación de lo que hay dentro de ellos. Esto se produce cuando se es un cónyuge que escucha bien, y usa pocas veces de los consejos y las correcciones. Si lo que un líder revela a su cónyuge es recibido con una reacción excesiva, con críticas, y con desesperación, pronto aprenderá a limitar su nivel de vulnerabilidad con su esposa. En una atmósfera donde ambos comparten y son sinceros, la esposa puede expresar sus preocupaciones respecto a la depresión y el estado de humor de su esposo. Así se habrá ganado el derecho a hacerle sugerencias, o a irlo llevando con delicadeza hacia las soluciones posibles.

La depresión es un asunto de familia. Se debe hablar de ella en familia, y las soluciones se deben enfocar en familia. La depresión del pastor se debe hablar también con los líderes de la iglesia. En la mayoría de los casos, es un estado temporal de la mente, y se puede tratar, tanto desde la perspectiva espiritual como desde el psicológico. Si es necesario, obtenga ayuda del exterior. Tal vez se necesite disponer de otro modo las responsabilidades familiares por un tiempo. La persona deprimida necesitará mucha oración y apoyo espiritual durante sus momentos de dificultad.

Ser una esposa que apoya no es lo mismo que ser una esposa codependiente. La esposa codependiente toma sobre sí la responsabilidad de asegurarse de que su esposo tiene buen aspecto y se comporta correctamente. Esta tarea es demasiado grande para cualquier mujer. A ella la lleva a la frustración, y a él al resentimiento, al mismo tiempo que le permite quedarse sin dar lo mejor de sí.

La esposa que apoya comunica a su esposo que ella está a su lado, y que confía en que Dios está en la vida de él. Le ofrece un amor incondicional y lo ve siempre de manera positiva. Se ofrece a ayudarlo de formas razonables, teniendo en cuenta sus propias limitaciones. Reconoce que es incapaz de resolver todas las limitaciones de él, y renuncia a tratar de controlarlas. Dedica su energía a enfrentarse a sus propios asuntos, donde será más eficaz.

Al volver su atención al sermón, Shelly sintió que brotaban en ella la compasión y la admiración por su esposo. Semana tras semana lo daba todo por llevar la verdad de Dios a la gente de su congregación. Raras veces se tomaba un día libre, y cumplía con apasionamiento su llamado, sintiendo la carga de las necesidades que tenía la gente de la comunidad. También se esforzaba intensamente por ser un buen esposo y padre. Ella tomó la resolución de apoyarlo mejor y ser más positiva. Recordó que a Dios le importaba más que a ella misma su bienestar y su futuro. Respiró profundamente, susurró una oración para pedir fortaleza, y se acomodó para escuchar el resto del sermón.

Gabriele Rienas

Gabriele Rienas ha sido esposa de pastor durante veintitrés años, y actualmente se encuentra en la iglesia Christian Life Center, de Aloha, Oregón. Es consejera profesional en el Christian Counseling Center de Oregón, y también organiza seminarios para formar equipos de trabajo con las iglesias y los negocios. Se puede hablar con ella al 503-649-4444.

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  1. Anne Soukhanov, Encarta Webster's Dictionary of the English Language, 2ª ed. (Nueva York: Bloomsbury USA, 2004).