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Aprenda a dominar la desilusión

Para mí la desilusión es una lucha. Hasta hoy, después de casi veinticinco años de ministerio, a veces me siento encadenado por el dolor que trae la desilusión.

La desilusión se puede describir como el fracaso en alcanzar las expectativas o aquello de lo que se tenía esperanza. En una conversación entre ministros, escuché por casualidad a un pastor afirmar que él tenía la clave para superar la desilusión. Puse mucha atención en los que dijo. Empezó refiriendo su visión con un pequeño grupo de jóvenes ministros que se habían reunido alrededor de él.

"La clave para superar la desilusión -dijo--, es no esperar nada de nadie." Él y el ávido grupo de futuros pastores se rieron. Lamentablemente, muchos cansados y abatidos soldados del ministerio, marcados por las batallas, tomaron en serio su comentario casual sobre la desilusión.

Una desilusionadora tarde de domingo empieza cuando la asistencia al culto no llega al número esperado, cuando no se obtienen los resultados espirituales anticipados, y cuando nadie pasa al altar después de lo que usted cree haber sido un mensaje de Dios.

La desilusión aumenta cuando: un esperado avance evangelístico fracasa a pesar de sus oraciones, su planificación, y su preparación; un diácono está en desacuerdo con la obvia solución de un problema; un director de alabanza de pronto recibe nuevas directivas para el servicio del adoración y no se lo informa a usted; una familia consagrada y comprometida le informa, cuando usted se dirige a la plataforma el domingo por la mañana, que sus necesidades espirituales no están siendo satisfechas por su ministerio, y que han decidido asistir a la nueva iglesia en otro lugar de la ciudad.

Otro dolor, y aun más desalentador, se siente cuando los rumores acerca de sus hijos que andan de fiesta en fiesta y que se portan mal resultan ser ciertos. Esta clase de desilusión a menudo deja cicatrices.

La naturaleza del llamado, el ministerio, y la vida de un pastor incluye altas expectativas para él y su familia. Desgraciadamente, esas expectativas a veces no se cumplen.

Los reyes llamados por Dios tuvieron desilusión y descorazonamiento en su familia. El rey David lloró la muerte de Absalón, su hijo rebelde (2 Samuel 18:33-19:4). Los apóstoles llamados y ungidos por Dios sufrieron desilusión causada por la deslealtad de un ministro asociado. El apóstol Pablo escribió a Timoteo: "Demas me ha desamparado, amando este mundo" (2 Timoteo 4:10). Aun Jesús sintió la desilusión y se lamentó porque el pueblo de Jerusalén no quiso aceptar su ministerio (Mateo 23:37).

La desilusión es un aspecto negativo del llamado de un pastor. A menudo es doloroso y no deseado. Pero los pastores no deben permitir que su fe y futuro ministerio sean influidos por las desilusiones del pasado. Los ministros se deben cuidar para no volverse cínicos. Deben permanecer fieles a su rebaño, a su iglesia, y a su ministerio a pesar de los resultados y las desilusiones del pasado.

Aunque los pastores luchan con la desilusión, tienen que aprender a dominarla cuando se presenta. Pueden ser beneficiosas las siguientes sugerencias:

Mantenga la mirada fija en la fuente de su ayuda, no en el instrumento de ella. Para el pastor, el Señor es la fuente de su ministerio; pero Él usa al hombre como instrumento para dar sus bendiciones y beneficios. El Señor nunca defrauda, pero sus instrumentos a veces pueden causar desilusión. Mi abuela dijo: "Confía en el Señor, y agradece a Dios por los hombres." Si los pastores ponen su confianza en los hombres, abren el camino a la desilusión para ellos mismos y para los demás.

Medite constantemente en la Palabra de Dios y tenga comunión con el Espíritu Santo. Inconscientemente se puede desviar la lealtad. Casi todas las personas con las que tiene comunión el pastor automáticamente tendrán su lealtad. Es fácil sustituir la comunión con los fieles por la comunión con el Salvador. Cuando un pastor hace esta substitución, depende de su congregación en vez de depender de Dios. Cuando un pastor pasa tiempo con Dios, su confianza, su protección, y sus expectativas se fundamentan en el poder del Señor, no en el suyo propio.

La visión que Dios le ha dado es intransferible. A menudo los pastores son tentados a validar su visión por los resultados de ciertos programas, la asistencia de los hermanos, el total de las ofrendas, y aun los comentarios recibidos acerca de su predicación el domingo por la mañana. La visión dada por Dios a un pastor para su ministerio y su familia no se mide adecuadamente por un programa, una ofrenda, o la cantidad de asistentes. Esas medidas pueden indicar el progreso y desarrollo de una visión, pero no determinan la validez de la misma. Los pastores determinan, mediante la oración, el estudio de la Biblia, y el consejo de asesores espirituales lo que es la visión de Dios para su ministerio. Luego no deben dejar que la desilusión con los programas, la asistencia, u otras experiencias impiden avanzar en el cumplimiento de los planes y los propósitos para su vida y ministerio.

Habrá desilusiones en el ministerio. Aun así, es mejor vivir con expectativas y sufrir algunas desilusiones que pasar la vida sin esperar nada y recibir lo que se espera.

Robert Turner , superintendente del distrito de Tennessee de las Asambleas de Dios, Madison, Tennessee.