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Cuidado Pastoral

Los pastores: llamados a atender en las crisis

Estemos preparados o no, como pastores tenemos que asesorar en las crisis, y enfrentar esto requiere mucha fortaleza.

Por James D. Berkley

Este artículo es el primero en una serie que aparecerá en los próximos diez números de "Enriquecimiento." Estos artículos ofrecerán lo último en la asesoría de las crisis que se consideran más dificultosas. Cada artículo enfocará una crisis en particular.

Muchas personas tienen una noción poco realista acerca de la vida de un pastor. Junto a los chistes de que sólo trabaja un día de la semana, está la rara noción de que los pastores llevan una vida protegida, enclaustrada, apartada de las agudas realidades de la existencia que soporta la mayoría. La gente conjetura que los pastores se pasan los días en una reflexión silenciosa, en una resplandeciente diócesis pastoral. Estas personas creen que los pastores sólo aparentan estar en este mundo y que sería imposible que fueran zarandeados por los choques y golpes que otras personas soportan. Creen que los pastores toman té en serenos salones y que la mayor parte de la semana disfrutan benignamente de sus pensamientos celestiales. Recuerdo un encuentro que tuve en una reunión social con el hijo de un miembro de la iglesia. Él era abogado diputado del fiscal del distrito, y en ese tiempo, me desempeñaba como capellán voluntario de la policía local. Amistamos inmediatamente y pasamos un rato jovial contando historias de policías y salas del tribunal. Repentinamente, su madre pasó por detrás y escuchó algo de nuestra conversación. Espantada, reprimió a su hijo el abogado por hablar conmigo sobre tales escapadas. "Él no quiere pensar en cosas tan horribles --lo advirtió--. ¡Es un ministro ! " En otros términos: "¿Qué puede saber él acerca del duro mundo en el que vivimos los demás ni qué puede importarle?"

"¡Muchísimo! --pudiera haberle dicho--. Desde que llegué a ser pastor, he tenido que tratar con los más oscuros, más yermos, más dolorosos incidentes en la vida de muchas personas. Lejos de estar protegido de las duras realidades de la vida, me las lanzan en un aturdido enredo." Lo que debiera haberle dicho a esa madre es: "A los pastores se los llama en las crisis". Es parte del "paquete" cuando Dios nos llama a ser pastores que curan las heridas de las ovejas.

Uno de mis preferidos autores seculares es Ivan Doig, que escribe vívidas historias basadas en su niñez en un rancho familiar de ganado ovino en Montana, Estados Unidos. En sus memorias, refiere lo que pasó con sus ovejas un verano: "No había absolutamente nada en todas esas millas de pastos contra lo cual las ovejas pudieran rascarse el comezón bajo sus pesados vellones . . . Las ovejas rodaban en tierra para rascarse; una rodada que fácilmente las llevaba demasiado lejos y se quedaban de espaldas sin poder levantarse de nuevo, y en pocos minutos en el calor del verano, su esfuerzo las hinchaba hasta la muerte. Teníamos la posibilidad de ver interminables cadáveres inflados alrededor nuestro." 1

Una crisis. Durante las siguientes dos semanas, patrulló agotadamente entre las ovejas, y cada vez que una se ponía de espaldas, frenéticamente la volteaba poniéndola de pie. Ése es el trabajo de un pastor de ovejas. Es natural que vengan las crisis, y el pastor improvise un plan para intervenir por el bien del rebaño. Y así también hacen los pastores del rebaño del Señor.

Cualquier pastor podría evocar relatos tristes como éstos:

  • Una agraciada muchacha, reina de belleza de su escuela, va a la universidad. Ocurre una horrible transformación, y ella se lanza hacia la muerte desde un paso elevado en la autopista. Momentos más tarde, su madre maneja bajo ese mismo paso elevado rumbo a la casa de su hija.
  • Un joven y vigoroso padre se enferma con un tumor en el cerebro, luego otro, y otro. Se adhiere a la vida, de operación en operación, de tratamiento en tratamiento. Entonces, su hijita se enferma con leucemia.
  • Un matrimonio aparentemente normal se destruye cuando una serie de infidelidades salen a la luz. La práctica adúltera del marido ha sido continua y frecuente, y la humillación y el sentido de traición casi sofocan a la esposa.

Los pastores no sólo pueden contar estas historias, sino que se hacen actores del drama. Las expectativas de la gente es que puedan hacer algo para ayudar a dar alivio y curación, y palabras de esperanza. Mientras que otros leen informes noticiosos o chismorrean de estos acontecimientos y quizás una o dos veces en su vida experimenten tales traumas, los pastores muchas veces al año se adentran es esas situaciones, quizá cientos de veces durante todo su ministerio.

La mayoría de los pastores no son consejeros profesionales. Yo me especialicé en psicología en la universidad y tomé un par de clases de consejería en el seminario. Pero el hacer experimentos con ratas y leer un libro o dos apenas me prepararon para ser consejero de situaciones de crisis. Supongo que casi todos los pastores se sienten tan inadecuados como yo me he sentido tratándose de esa tarea. Aprendemos con el tiempo. De algún modo Dios nos usa, y ganamos experiencia conforme hacemos el trabajo.

Aunque no se precisa un grado avanzado de "crisisismo" para que el Espíritu obre por medio de nosotros, no hace daño pensar un tanto en este asunto. Así como la mayoría de las personas tienen un extintor de incendios en su cocina porque quieren estar preparadas en caso de incendio, es aconsejable que los pastores piensen de antemano sobre las crisis, antes de que suene el teléfono y salgan corriendo por la puerta con la Biblia en la mano para ayudar a dar la vuelta a una oveja y volver a ponerla de pie.

En 1989 tuve la oportunidad de consultar con algunos excelentes consejeros de crisis, tanto pastores como cristianos profesionales de la consejería. Una revista cristiana había hecho indagaciones acerca la crisis de cuidado pastoral que los ministros consideraban ser la más difícil. Me apresuré a extraer la sabiduría de los expertos en los nueve más cruciales aspectos del cuidado pastoral: conflictos matrimoniales y divorcio, desviaciones en la conducta sexual, violencia y abuso doméstico, homosexualidad, enfermedades y lesiones graves, la muerte de un hijo, la muerte de un cónyuge, el suicidio, y problemas de alcohol y drogas.

El resultado fue un libro ( Called Into Crisis ) en que doy consejos para la asesoría de crisis en general 2 , y cómo ocuparse de diversos asuntos en particular. El libro puede obtenerse electrónicamente (en inglés) a través del http://www.ChristianityTodayLibrary.com. 3 A continuación expongo algunas de las lecciones que aprendí y comuniqué en ese proceso, y una actualización a las circunstancias particulares en que se encuentran hoy los pastores.

EL MODO DE CRISIS

En el núcleo de una crisis hay un sentido de pérdida de gobierno-propio. Cuando uno se siente en el mando, aun los asuntos difíciles o muy problemáticos pueden ser tratados en forma rutinaria. Pero cuando sentimos que ya no tenemos el mando, entramos en crisis. Por ejemplo, es difícil manejar bajo la lluvia por un camino resbaladizo, y con limitada visibilidad, pero uno sigue avanzando. Sin embargo, cuando el semáforo está en rojo no sirve de nada frenar porque el automóvil patina, y entonces el chofer se encuentra en una crisis. Durante una crisis, los mecanismos normales de sobrellevar las cosas quizá no resulten, porque la vida está desenfrenada. A menudo la gente se "estrella", realmente o figuradamente. Entonces necesitan al pastor.

Cuando un pastor entra en una situación de crisis, necesita hacer algunas rápidas valoraciones. Hay cuatro preguntas que ayudarán a un pastor a decidir cómo poner en orden lo que se ha enredado:

¿ES ESTA CRISIS DEBIDO A FACTORES REALES O IMAGINARIOS?

Los que sienten estar en crisis, están en crisis, pero es útil para los pastores saber la razón de la crisis. Una mujer llamó a la policía repetidas veces porque los extraterrestres estaban intentando robar sus pensamientos disparando rayos especiales a través de sus ventanas. Se supone que la crisis de esta mujer era imaginaria, aunque se pudo solucionar fácilmente cuando un sargento cauteloso la aconsejó que cubriera las ventanas con láminas de papel de aluminio para reflejar los rayos. Pero cuando me llamaron a consolar a una familia cuyo hijo se había electrocutado en un accidente en la granja, no hubo nada imaginario en esa circunstancia. Es muy útil saber los hechos de una situación.

¿QUÉ COSAS DEL PASADO TRAE LA PERSONA CUANDO ENTRA EN CRISIS?

La gente entra en una experiencia con diversos niveles de tensión o habilidad de sobrellevar una situación. La mujer que acaba de perder su trabajo, sepultar a su padre, y cuyo marido se marchó, es probable que responda a ser arrestada por la policía en forma distinta de una mujer que está de lo más bien. Las experiencias de la vida y los rasgos de la personalidad permiten a algunos sobrellevar las cosas mejor que otros. Para algunas personas sería beneficioso tener en su escritorio una placa que diga: "Puedo ocuparme de todo menos de la adversidad".

Nuestra fe cristiana y la madurez espiritual por lo general tienen mucho que ver con nuestra habilidad de sobrellevar algo. Es muy bueno si un pastor puede ver más allá del revoltijo inmediato y fijarse en los recursos u obligaciones que la persona trae a su situación.

¿QUÉ APOYO TIENE LA PERSONA?

Un día la policía me llamó para que fuera a un condominio. Estaban esperando junto con un anciano para que la oficina del juez retirara el cuerpo de la esposa de éste que había muerto repentinamente. Este reciente viudo no tenía afiliación a ninguna iglesia ni tenía pastor. No conocía a sus vecinos. Había perdido el contacto con su familia, después de haberse alejado de ellos al correr de los años. No tenía hijos. No tenía ningún amigo. Él y su esposa habían aminorado su círculo social hasta que quedaron sólo los dos, y ahora ella había muerto. Al fin sugirió que yo llamara a su corredor de valores. Ese era el único número de teléfono que tenía. Era una situación trágica; ese hombre estaba en crisis. Obviamente, cuanto más grande es la red de apoyo de una persona, tanto mejores son las perspectivas de poder sobrellevar una crisis.

¿QUÉ SÍNTOMAS ESTÁN PRESENTES?

Ciertamente una fuerte hemorragia o un corazón que deja de latir es señal de una crisis, pero otros síntomas fisiológicos más sutiles pueden también indicar esto: dolores de cabeza, vómitos, la hiperventilación, y el pánico son ejemplos. El humor también es un indicador. Los indicadores de humor incluyen el sentirse agobiado, desesperado, decaído, vencido, desesperado, o frenético. En el peor de los casos, los síntomas son la crisis: el alcoholismo, la depresión, y el fingimiento son ejemplos. Aun cuando los síntomas agudos necesitan de cuidado, éstos generalmente apuntan al problema subyacente.

Quedan dos preguntas fundamentales. La primera es: ¿de quién es el problema? Un pastor prudente recuerda que Dios y el participante son "dueños" del problema. Un pastor puede ayudar, pero no es bueno que se apropie el problema. Un pastor de California dice: "Si alguien intenta pasarme el problema, sencillamente se lo devuelvo, y digo: 'Es suyo. ¿Qué puedo hacer parar ayudarlo?'"

La segunda pregunta es: ¿por qué hago esto? Como la mayor parte de lo que hacemos en el ministerio, la intervención en una crisis no debe tratarse de nosotros: nuestra necesidad de rescatar a las personas, nuestra necesidad de mostrar nuestro valor, o nuestra necesidad de ser exitosos. Intervenir en una crisis no es fácil. Es complicado y riesgoso. Gran parte de la situación es desconocida. Atender a una crisis lleva tiempo y puede ser inoportuno.

Los pastores no hacen asesoría de crisis por beneficio propio. Aconsejan en situaciones de crisis para atender y servir al prójimo. Dios llama a los pastores a las crisis, para que cuiden de las ovejas que Él ama. Y las ovejas a veces necesitan una mano.

LAS REALIDADES DE HOY

Desde que escribí mi libro acerca de crisis, casi dos décadas han cambiado el paisaje cultural. Aunque Dios, y su Palabra dada por el Espíritu Santo, permanecen firmes, la sociedad ha cambiado, se han vuelto a escribir las costumbres sociales, y las actitudes se han alejado de los principios cristianos. Esto significa que la imagen y función del pastor como consejero de crisis está en terreno más inseguro de lo que estaban estas funciones tan recientemente como en los años ochenta.

Por ejemplo, al repasar una crisis en la que intervine hace treinta años, descubrí que me relacioné con una mujer joven angustiada de maneras que no sería prudente hoy. La llevaba a lugares sin nadie más en el automóvil, me reunía con ella sin otra persona presente, la invité a nuestra casa para que viviera un tiempo con mi esposa y yo.

Mi conducta era inocente; nada impropio ocurrió. Pero una buena norma para evitar problemas de carácter sexual categóricamente desaprueba tales cosas para evitar algún daño o la oportunidad de sospechas o falsas acusaciones que podrían presentarse fácilmente por tal asesoramiento ingenuo. Hoy no cabe ser platónico, de disposición piadosa, y bien intencionado. Lamentablemente, los pastores deben ser más cautos.

He aquí se algunas otras influencias sociales de hoy que afectan la intervención en crisis:

LA POST CRISTIANDAD

Hace poco, los valores culturales y los principios cristianos se asemejaban bastante. Esto ya no es el caso. El cristianismo ya no es una principal corriente. Muchas personas no comprenden el cristianismo. Los cristianos --y sobre todo los pastores-- a menudo son muy mal entendidos, por no decir que se desconfía de ellos. En un tiempo los pastores podían esperar una medida de respeto, honor, y confianza; pero ya no pueden entrar en una crisis suponiendo esas ventajas.

La post cristiandad también significa que los valores básicos de una persona quizá no sean los del cristianismo. Menciónese, por ejemplo, el respeto de la vida. No todos piensan que debe prevenirse el suicidio. Uno escucha historias de muchedumbres que gritan: "¡Salta! ¡Salta!" a una posible víctima del suicidio que está emperchada en lo alto de un anaquel. Los pastores no pueden suponer que la gente tiene normas y principios cristianos.

EL POST MODERNISMO Y EL "DESCONSTRUCCIONISMO"

Estos términos se refieren a cómo piensan las personas, lo cual difiere mucho de lo que solía ser. Las respuestas racionales y lógicas ya no llevan el mismo peso. Ya no se acepta la verdad como absoluto, sino, como dicen algunos, algo bastante efímero y de lo que no vale la pena preocuparse. Las respuestas que una vez hubieran servido para contestar a las preguntas fundamentales de un padre acerca del problema de la maldad en la muerte de un hijo ahora llegan a oídos perplejos. La lectura de un pasaje de la Biblia sobre el amor inagotable de Dios bien puede provocar un "¿y qué?" con encogimiento de hombros. Para muchos, "su verdad" puede ser muy distinta a "mi verdad". Hay también una gran indiferencia acerca de la verdad. Los pastores no pueden suponer que las personas aceptarán automáticamente la clase de ayuda que se ha ofrecido tradicionalmente.

EL INDIVIDUALISMO Y EL DERECHO

La gente se ha vuelto sumamente individualista, y desea una religión que coincida con sus antojos personales. Esperan seleccionar su experiencia con Dios de la misma manera que piden el café de su preferencia. Como la gente constantemente es bombardeada con eslóganes en los anuncios comerciales, también se sienten con derecho a tener placeres y satisfacciones sinfín que con seguridad los frustrará y defraudará en la vida real en un mundo perdido. Como resultado se exponen a enormes caídas. Cuando a muchos les llega la inevitable crisis, no están programados para beneficiarse del clásico cuidado pastoral. Los pastores que quieren ayudar en la crisis primero tienen que comprender cómo piensan estas personas, cosa que está lejos de nuestro modo de pensar. Podemos suponer que algunos reaccionarán contra el elemento de fe que implica nuestra ayuda.

EL RELATIVISMO MORAL

Hoy la gente considera inmorales a los pastores, no por tener una aventura amorosa con alguien de la iglesia porque viola las normas sexuales de Dios --en lo que apenas se piensa-- sino debido al desequilibrio de poder en la relación. Porque no se tiene los mismos valores morales, las crisis tendrán distintas dimensiones y serán hoy mucho más complicadas. La gente puede no estar de acuerdo con que la infidelidad sexual es pecado, lo cual dificulta el proceso. Pueden también considerar que Dios es "el villano" si el cónyuge muere de alcoholismo. En ese caso, el pastor tiene que tratar con el enojo de la viuda contra Aquel que mejor puede curar el dolor.

Un "cónyuge" cuya muerte causa una crisis puede ser una pareja del mismo sexo o un conviviente. Los pastores ya no pueden dar por sentado que las personas estén al mismo nivel de ellos respecto de la conducta moral.

Aunque la cultura ha cambiado, Dios no. Tampoco han cambiado los mandamientos y las promesas de Dios. Los que se preguntan si Dios existe, los que debaten la voluntad de Dios para su vida, los que ingeniosamente amoldan falsos dioses para que encajen con sus propios propósitos, tienen crisis, y hasta pueden experimentar una crisis de fe, que es la más grande de todas. Estas personas -confundidas y desconcertadas, enfadadas y perdidas, caídas y equivocadas-- siguen siendo objeto del amor de Dios. También siguen siendo objeto de nuestro cuidado en tiempos de crisis, un cuidado que se dificulta por sus desafíos, pero un cuidado que es necesario. Los que son llamados a ayudar en las crisis, verán cómo mostrar verdadera compasión cristiana.

James D. Berkley es director de ministerio especializado de Presbyterians For Renewal . Ha sido editor asociado de la revista Leadership y editor de la revista Your Church . Ha escrito diversidad de artículos y es autor de siete libros.

Notas