CD [Disco Compacto] de
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El siguiente es un extracto de un mensaje predicado la noche del viernes, 5 de agosto de 2005, en el servicio de adultos y jóvenes del quincuagésimo primer Concilio General de las Asambleas de Dios en Denver, Colorado. Puede oír el audio completo y ver el video de este mensaje en: http://ag.org/top/events/General_Council_2005/broadcasts.cfm
Soy producto del ministerio de jóvenes de las Asambleas de Dios. Durante mi adolescencia, mi mamá, una madre soltera, asistía a una pequeña iglesia pentencostal que no tenía ministerio de niños ni de jóvenes. Por su intuición sintió la rebelión en mis años de preadolescencia, y decidió comenzar a buscar una iglesia llena del Espíritu que tuviera un viable ministerio de jóvenes. Esto la llevó a una iglesia Asambleas de Dios en un pequeño pueblo de agricultores en el este del estado de Arkansas.
Este ministerio de la iglesia me llevó a campamentos de jóvenes de las Asambleas de Dios en los cuales mi pasión por Dios fue encendida. Allí conocí a una joven que ha sido mi esposa por más de 12 años y la madre de nuestros tres hijos. Mi familia ha recorrido esta nación reinvirtiendo nuestra vida en las iglesias y los campamentos que influyeron tan poderosamente en nosotros.
En este ministerio de jóvenes oí acerca dle Central Bible College [Colegio Bíblico Central]. En ese colegio mi esposa y yo recibimos el fundamento del ministerio pentecostal, y entablamos innumerables y perdurables amistades.
Hoy sirvo a esta confraternidad como pastor de una iglesia local, y continúo dependiendo del fundamento establecido por el ministerio de jóvenes de las Asambleas de Dios. Tengo una gran deuda con esta confraternidad y su ministerio de jóvenes.
Esta noche mi encomienda es difícil: tender un puente entre las generaciones. Sin embargo, mi mensaje es simple.
Examinaremos dos pasajes únicos de las Escrituras. El primero se encuentra en Génesis 27:32-34: "Isaac su padre le dijo: ¿Quién eres tú? Y él le dijo: Yo soy tu hijo, tu primogénito Esaú. Y se estremeció Isaac grandemente, y dijo: ¿Quién es el que vino aquí, que trajo caza, y me dio, y comí de todo antes que tú vinieses? Yo le bendije, y será bendito. Cuando Esaú oyó las palabras de su padre, clamó con una muy grande y muy amarga exclamación, y le dijo: Bendíceme también a mí, padre mío." 1
El segundo pasaje es 2 de Timoteo 1:13,14: "Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros".
El primer pasaje registra una terrible tragedia; el segundo es un desafío eterno. Antes de hablar de tragedias terribles y desafíos eternos, permítanme referirme a la gran desconfianza que hay entre las generaciones.
Desconfianza TitÁnica
Hay una desconfianza titánica entre las generaciones. Esta noche, sin embargo, no hablaré de los Builders, Boomers, Busters, Bridgers. Simplemente me referiré a los jóvenes y a los adultos.
Por una parte se encuentra la generación anterior. Muchos de ellos han dado su vida como misioneros, pastores, y miembros laicos dedicados a proteger y promover el evangelio. Han derramado su sudor y sus lágrimas y su sangre para edificar esta iglesia. No quieren morir sin haber dejado un legado de fe a otros.
La antigua generación quiere buscar a alguien en quien puedan depositar su fe, o como dice Pablo, buscan a alguien a quien encomendar el evangelio completo (1 Timoteo 1:11; 1 Timoteo 6:20). Sin embargo, vacilan en hacer ese depósito por temor a que su fe, su iglesia, y su confianza sean diluidas, alteradas, o aun olvidadas.
Por otra parte se encuentra la joven generación. Son apasionados como los precursores de esta iglesia pentecostal y tienen un extraordinario potencial para proclamar el evangelio en este mundo. Pero están cansados de la rutina de la iglesia, con sus expectativas legalistas y bendiciones condicionales.
La joven generación necesita que la iglesia provea un ejemplo consecuente en un mundo en constante cambio. Al mismo tiempo, necesitan que la iglesia deje de incluir a la fuerza en su fe a las convicciones culturales y geográficas hechas por hombres y que llamen a eso el evangelio. En el curso de mi vida he notado que ahora la iglesia acepta muchas cosas que antes eran pecado. Nuestros jóvenes están confundidos.
Los jóvenes están dispuestos a proclamar la fe, a proteger la encomienda bíblica, o a promover el mensaje pentecostal. En realidad, muchos esperan con su brazo extendido el pase del testimonio. Muchos ya lo habrían tomado si hubieran tenido la oportunidad.
Usualmente cualquier aversión a tomar el testimonio es producto de las condiciones que hemos atado a éste. La joven generación no quiere tomar todo el bagaje creado por el hombre que está asociado con él. Se resisten cuando se les obliga a hacerlo como siempre se ha hecho. No temen el mensaje, sino el bagaje que viene con él.
Por tanto una generación está renuente a dar y la otra a recibir. Esta desconfianza titánica entre las generaciones ha puesto en una posición vulnerable el futuro de esta iglesia pentecostal. Puede que tengamos los jóvenes más talentosos, algunas de las mejores iglesias y predicadores en el mundo, y la más extraordinaria empresa misionera que el hombre ha conocido, pero si no pasamos correctamente el testimonio de una generación a otra, las Asambleas de Dios podría terminar tan rápido como comenzó.
Hasta el 1996, los hombres del equipo olímpico Estadounidense de la carrera de relevo de 100 metros nunca habían perdido la medalla de oro. En el 1996, asombraron al mundo con su primera derrota. El equipo no perdió porque sus jugadores no hubieran entrenado como debían o porque estuvieran fuera de forma. Eran los mejores atletas en el mundo; pero perdieron porque no supieron pasar el testimonio. Nuestra confraternidad ha disfrutado de 91 años gloriosos, pero podríamos dejar de ser todo lo que Dios quiere que seamos si fallamos en este pase. Como nos dice nuestro nuevo tema para la juventud, tenemos "una sola oportunidad".
Irónicamente, entiendo las cautelas de ambas generaciones. Por circunstancias familiares, mi madre y yo vivimos en la casa de mis abuelos durante la mayor parte de mis años de adolescencia. Mi abuelo de 83 años ha sido la figura de padre y la mayor influencia de un hombre que yo haya tenido. Él era un pastor bivocacional en una pequeña iglesia rural.
Él era y todavía es áspero como papel de lija y fuerte como el metal. Cada domingo predicaba de uno de tres temas: el cielo, el infierno, o el Espíritu Santo. Predicaba la santidad con tanto ímpetu y el cielo tan difícil de alcanzar que la única manera de pasar por la puerta angosta era virándose de lado y aguantando la respiración.
Amo a mi abuelo y amo a esta generación. Amo su lealtad, dedicación, disciplina, firmeza, convicción, espíritu, fuego, y compromiso con la predicación del evangelio integral. Yo les debo mucho
Pero yo nací en una generación distinta, y mi generación lucha por alcanzar a nuestro mundo sin comprometer los principios de nuestros padres espirituales. Se nos hace difícil hallar el equilibrio entre la pertinencia cultural y la verdad eterna. Tenemos el mandato bíblico de alcanzar nuestro mundo, pero entendemos que los viejos métodos de nuestros padres espirituales no son efectivos hoy. Buscamos maneras de alcanzar a nuestros amigos y de contribuir al crecimiento de la iglesia mientras mantenemos la integridad de la fe que nos ha sido encomendada.
Me siento atrapado en el medio, oyendo las quejas válidas de los jóvenes y las de los adultos de mayor edad. Quizá aquí es donde debo estar, en el centro, para extender una mano al joven y la otra al anciano, con la petición al joven de que respete y al anciano que dé su bendición. Si no se pasa bien el bastón, nuestra confraternidad podría experimentar lo mismo que otros avivamientos de la historia moderna que han perdido la pasión y la convicción.
Por esto, jóvenes, les pido que abandonen esta desconfianza titánica y acepten el desafío eterno dado a Timoteo.
Un DesafÍo Eterno
Jóvenes, ustedes son Timoteo. El desafío de Pablo a Timoteo fue que retuviera "la forma de las sanas palabras" (2 Ti. 1:13) y que "guardara el buen depósito" (2 Ti. 1:14).
La joven generación necesita entender que las iglesias Asambleas de Dios y sus ministerios, como el de los jóvenes en particular, sólo existen porque fueron establecidas por alguien que los precedió. Los jóvenes de hoy pueden alcanzar las alturas porque están erguidos sobre los hombros de alguien que vino antes que ellos.
Hace más de 90 años, mi tátara-abuela asistíó a una campaña de avivamiento bajo un techo hecho de ramas de árboles a orillas de uno de los ríos del este del estado de Arkansas. Allí por primera vez escuchó el mensaje pentecostal. Vio a los cojos andar, a los ciegos ver, a los sordos oir, a los perdidos salvados, y los creyentes bautizados en el Espíritu Santo. Por su nueva experiencia pentecostal, ella y otros fueron ridiculizados, atacados por gente que les tiraba cosas, y eventualmente echados de sus iglesias.
Ella pasó su fe a su hijo, quien la pasó a su hija, quien a su vez la pasó a mí. Hay demasiado en riesgo como para no atesorar lo que se nos ha dado. No menosprecies la fe que te ha sido pasada. Debemos proteger el legado.
Amo a la generación joven, y creo en ellos. Pero si la generación anterior pareciera un poco reacia a darles su bendición, es porque tiene razón de sentirse de esa manera.
La mayoría de la generación joven no hace decisiones basadas en la convicción, sino en la conveniencia. Han hecho del "yo' el centro del universo, y cuando las cosas ¾ las relaciones, el ministerio, y aun la iglesia ¾ dejan de "beneficiarme", las echan a un lado.
En un artículo reciente, Jay Mooney, nuestro director nacional de jóvenes, cita una estadística del Concilio de la Familia de la Convención de los Bautistas de Sur, que muestra que la iglesia evangélica pierde tanto como 88 por ciento de los jóvenes después del primer año de que se gradúan de escuela superior. Esto significa que solo un años después de su graduación de escuela superior, 9 de 10 jóvenes adultos no asisten a una iglesia. En vez de proteger el legado, muchos de la generación joven lo intercambian por otra cosa o lo abandonan.
En comparación con los jóvenes en el pasado, los de hoy tienen el doble de la probabilidad de herir físicamente a alguien, de embriagarse, de mirar pornografía, el doble y un cuarto de probabilidad de robar, la triple probabilidad de usar drogas, y son seis veces más propensos a suicidarse.
Alguien podría decir: "Pero esos son jóvenes fuera de la iglesia". No esté tan seguro. Tristemente, las indagaciones de George Barna han probado que hay poca diferencia entre las estadísticas de los jóvenes en la iglesia y los que están fuera de ella. La generación anterior tiene razón de ser reacia.
Se han escrito libros acerca de la falta de conocimiento bíblico de la cultura norteamericana, especialemente la cultura de la juventud. Algunos dicen que la generación joven es la que menos conoce la Biblia de todas la generaciones en la historia de los Estados Unidos. Nadie niega que tienen pasión, y pocos cuestionan su hambre espiritual; pero muchos sí cuestionan su solidez.
Nuestros líderes no creen que los jóvenes pueden dar una respuesta por la fe que tienen. Pueden describir lo que sienten, pero ¿pueden explicar cómo venir a la fe? La generación de hoy tiene el enfoque en los "sentimientos"; quieren un Dios que puedan sentir.
La iglesia ha intentado crear un ambiente que promueva la asistencia de los jóvenes, y en el proceso han convertido la palabra 'doctrina' en una mala palabra. La iglesia ha creado en la mente de los jóvenes un concepto erróneo de lo que es la doctrina, pues ellos piensa que es aburrida y hasta una causa de división.
Hace varias décadas la doctrina era el tema principal de los sermones y los himnos en la iglesia. Había tanto énfasis en la doctrina que se pasó por alto su aplicación y práctica. En vez de buscar un equilibrio, hemos inclinado tanto la balanza hacia la práctica que las generaciones jóvenes saben poca doctrina.
Pero la doctrina es Jesús. Él es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, el Pan de Vida, La Estralla de la Mañana, el Consejero, la Piedra Angular, la Puerta, el Libertador, el Electo, Emanuel, el Padre Eterno, la Esperanza de Gloria, El que es, El que ha sido, y El que siempre será, la Luz del Mundo, el Señor, el Mesías, el Dios Poderoso, el Profeta, la Propiciación, el Rabí, la Roca, la Rosa de Sarón, la Raíz de Isaí, el Camino, Admirable, el Verbo de Dios. No hay nada que entusiasme más que hablar de las verdades de la Palabra de Dios.
Una Terrible Tragedia
Adultos, oigan el clamor de Esaú en Génesis 27:34: "Bendíceme también a mí, padre mío".
¿Pueden sentir el dolor de su corazón? ¿Pueden percibir el deseo? Lloraba por una bendición que habís desdeñado. Clamaba por una bendición que le había pertenecido. El clamor de Esaú es el clamor de la generación de jóvenes: "¡Bendíceme a mí también, por favor!"
Según Josh McDowell, muchos más niños y jóvenes de esta generación viven sin su padre que ninguna otra generación en la historia de los Estados Unidos. Muchos cuyo padre está físicamente presente en el hogar no tienen la presencia interactiva de él en su vida.
La indagación de McDowell también revela que esta generación será la primera en la historia norteamericana que tendrá pocas oportunidades de disfrutar un mejor estilo de vida que el de sus padres.
La generación joven sabe lo que dicen las estadísticas acerca de ellos. Saben que han sido llamados la generación "patito feo". Saben que, según los números, no hay mucho a su favor.
Basado en mis conversaciones con los jóvenes, sé que se preguntan si la iglesia está a su favor. Durante toda su vida les hemos dicho lo malo que han hecho. La mayoría de estos jóvenes pueden mencionar todo a lo que la iglesia se opone, pero poco de lo que apoya. Necesitan saber que la iglesia los apoya y que, a pesar de las estadísticas, creen en ellos.
Habrá quien pregunte: "Pero, pastor, ¿cómo podemos darles nuestra bendición? ¿Cómo podemos pasarles el testimonio? Si lo que usted mencionó es cierto, ¿cómo podemos confiar en ellos?"
La generación anterior sabe que no habrá otro barco de peregrinos lleno de gente anticuada que llegarán a la tierra de Plymouth Rock antes del próximo Concilio General para salvar esta confraternidad. La generación joven es todo lo que ustedes tienen. Arriésguense; bendíganlos. La generación anterior podría retener la bendición y ver a la confraternidad morir; o puede arriesgarse y depositar la confianza en una generación que muchos han desechado.
La generación joven sabe que no son populares; pero recuerden, " lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios" (1 Corintios 1:27).A Dios se le conoce por valerse de lo que ha sido considerado sin posibilidades de ser exitoso, y se valdrá de esta generación para traer otro gran avivamiento a las Asambleas de Dios en los Estados Unidos.
La generación milenaria representa la más grande generación desde los Baby Boomers, con 71 millones de jóvenes. De este grupo, 33 millones son adolescentes. En la dirección en que los milerarios decidan ir, irá el futuro de nuestra sociedad y el de las Asambleas de Dios. Un momento tan crítico en la historia requiere la acción de los jóvenes y de los adultos. Iglesia, este es tu llamado de alerta.
Algunos dicen que los jóvenes son rebeldes; yo digo que son revolucionarios. Hay una unción de reforma en esta generación. Son la generación de la reforma. No quieren ser normales; quieren ser distintos. No quieren operar en lo natural; quieren andar en lo sobrenatural.
Hace más de 90 años, mi tátara-abuela dejó la iglesia tradicional para ser parte de algo distinto, algo diferente. Esta confraternidad plantaba iglesias en todos los Estados Unidos ¾ en graneros, en carpas, en mercados. Pensaba que era la continuación de la iglesia del Nuevo Testamento. Creía que por medio del Espíritu Santo sería una iglesia sobrenatural. Mi tátara-abuela dejó lo que era normal por lo distinto.
En el transcurso de los años las Asambleas de Dios ha pasado de graneros, carpas, y almacenes a mejores edificios, a tener pastores con una mejor educación, e iglesias con un mayor presupuesto. Damos gracias a Dios por su bendición. Pero permita Él que conforme somos más aceptados en la cultura de la iglesia, no dejemos menos espacio a la demostración del poder del Espíritu. Que Dios nos libre de perder nuestros disitintivos; que nos libre de convertirnos en un grupo normal o aceptado.
Thomas F. Zimmerman, antiguo superintendente general de las Asambleas de Dios, dijo: "Aunque hemos crecido en número, sería insensato pensar que 'habiendo comenzado por el Espíritu' ahora podemos sustituir el poder y la presencia de Dios en nuestra vida por la fuerza masiva. Nuestra fortaleza no es por ejército, ni por fuerza, sino por mi Espíritu, dice Jehová de los ejércitos".
Amo a mis hermanos evangélicos. Leo sus libros, asisto a sus conferencias, y aprendo de sus modelos. Estoy en deuda con ellos por su contribución al reino de Dios; pero para aprender de ellos no tenemos que perder nuestra identidad pentecostal. Soy evangélico, pero no solo esto; soy pentecostal. Somos "gente del Espíritu".
Lo irónico de esto es que la comunidad evangélica está tratando de que sus servicios se centren más en la experiencia. Para evitar que los jóvenes abandonen su iglesia, y por cuanto esta es una generación que se centra en la experiencia, se ha instruido a los líderes a que preparen un servicio de adoración que sea más emocionante y que provean tiempo para que las personas tengan una experiencia con Dios.
El DNA de esta cultura juvenil es parecido al DNA de esta confraternidad. Todo lo que necesitamos es ser lo que Dios nos llamó a ser hace 91 años: una iglesia del Espíritu.
Los jóvenes de esta generación no quieren ser normales. Anhelan lo sobrenatural. Los jóvenes de esta generación tienen orificios en su lengua y aretes en muchas otras partes del cuerpo. Alguien que habla en lenguas no los asustará. Probablemente dirán, "¡chévere! Al fin encuentro una iglesia que no es normal".
En una encuesta reciente se pidió a los pastores que identificaran tres libros que habían sido más útiles en su ministerio. George Barna descubrió algo interesante acerca de los pastores más jóvenes: "Una de las conclusiones más interesantes es cuán distintos son los intereses de los pastores jóvenes. Su inclinación es a mencionar libros y autores que hablan de aventura, de experiencias en comunidad, de liderazgo visionario, de guía sobrenatural, y de conexiones de relación. ... Parecen estar menos obsesionados con el tamaño de la iglesia y más interesados en tener un encuentro con el Dios viviente."
El descubrimiento es consecuente con la pasion y la profunda hambre espiritual de la cultura de los jóvenes. Los que tienen mi edad o menos no son atraídos por las 21 leyes del liderazgo, 7 maneras de romper la barrera de los 1.000 miembros, 10 pasos para esto, y 45 pasos para lo otro. Los jóvenes de hoy quieren alguien que los guíe a una experiencia con el Dios del libro de los Hechos.
Las iglesias deben mantener la excelencia: el jardín debe ser cuidado, la orquesta afinada, el sermón bien preparado, y el servicio bien organizado. Pero si Dios no está presente y sopla en nosotros, todo lo que hemos hecho es preparar un 'programa'.
Como Esaú, la generación joven desea la bendición que antes dieron por sentada. Muchos jóvenes en las Asambleas de Dios han comenzado a reconocer que son parte de algo mayor que ellos mismos. Quieren desde los campos de batalla de su escuela y de sus hogares levantar su mirada y saber que aguien de esa "gran nube de testigos" los bendice y cree en ellos.
La iglesia es experta en dar su bendición condicional. "Te bendeciré si..." Eche a un lado las condiciones. Solo bendígalos y envíelos a la labor.
Mi intención no es sugerir que se remueva las estructuras que exigen responsabilidad. Tampoco sugiero que que se permita que la juventud viva y ministre fuera del perímetro de la revelación bíblica. Pero, si no es pecado y está dentro de los parámetros establecidos por las Escrituras, la antigua generación debe animar a la nueva generción a edificar esta iglesia y a ensanchar el reino de Cristo. Anímelos a poner en práctica sus ideas creativas y dones únicos que Dioe les ha dado para hacer lo que no ha sido aún hecho y para tratar lo que nadie ha tratado.
Jóvenes, arriésgense. Solo tienen una vida, una oportunidad.
Muchas veces las personas tienen una mentalidad que busca tanto el buen éxito que no prestan atención a sus sueños, y nunca alcanzan su destino porque temen el fracaso. Por este temor, hay iglesias que no han sido establecidas y misioneros que no se han rendido a su llamado. Celebramos con los que alcanzan el buen éxito, pero acallamos a los que han fracasado.
La antigua generación debe dar una bendición a la nueva generación, que diga: "Vé. Si fracasas, al menos saliste del barco. Tienes solo una vida y una oportunidad, no vivas sin desarrollar tu potencial. Haz algo grande para Dios."
Si la generación joven intenta ganar para Cristo a personas que no lo conocen y que viven en una cultura única, que se vistan con la vestimenta típica de esa cultura siempre que sea modesta. Si quieren llevarse una guitarra y establecer una nueva iglesia en un establecimiento donde sirven café, déjenlos. No dejen de apoyarlos financieramente y emocionalmente si no tienen un servicio los domingos en la noche. Deje de bendecir condicionalmente.
Los adultos se resisten a dar su bendición, y los jóvenes se resisten a aceptarla. Así que, ¿debemos sentarnos uno frente al otro en esta arena y desafiarnos con la mirada mientras el pulso de nuestro Movimiento es cada vez más débil? Alguien tiene que dar el primer paso, y pienso que la responsabilidad pertenece a la generación anterior.
Parte de la tragedia es que la antigua generación busca el Dios de su pasado y recuerda las buenas experiencias de su juventud, mientras que los jóvenes buscan al Dios del futuro. Las dos fracasarán en su búsqueda porque no solo Él ha sido y será , sino que es para todos. Él está aquí. Él quiere que estas generaciones se unan y pidan al Yo soy que llene su Iglesia.
Necesitamos una experiencia como la del libro de los Hechos, pero necesitamos reconocer que el Dios de hoy podría soplar en un estableciemiento que sirve café en vez de hacerlo bajo una carpa hecha de pedazos de madera. Puede que no se manifieste en los altares de nuestras iglesias bien organizadas, pero sí un sábado en la noche mientras jóvenes de 15 ó 20 años cantan alabanzas en el cuarto de atrás de una librería. Entiéndanme: no me importa en dónde se manifieste o si decide encontrarnos un jueves o un domingo en la noche. No es importante si viene a Starbucks o a la Primera Asamblea; sólo quiero que toque a mi generación.
Si se retiene la bendición, en los próximos 20 ó 30 años morirá junto con la antigua generación , y las Asambleas de Dios nunca serán lo que antes eran. La generación joven reformará nuestro Movimiento, o lo abandonará y comenzará otro como lo hicieron nuestros antepasados hace cuatro generaciones.
Cuando todavía era un evangelista, prediqué en un servicio en un pequeño pueblo en la frontera de los estados de Arkansas y Missouri. Esa noche en mi sermón desafié a la congregación a que buscara a Dios para que enviara otro gran avivamiento a los Estados Unidos. Después del llamado al altar, un anciano con 80 ó 90 años anduvo hacia mí con determinación. Era obvio que estaba llorando.
Lleno de pasión me agarró por la chaqueta y dijo: "Hijo, oye a este hombre viejo. Soy un pastor metodista jubilado. Comencé en la iglesia metodista cuando era un movimiento de avivamiento. Nos llamaban los metodistas gritones. Pasó el tiempo, y llegaron las Asambleas de Dios, nos robaron el fuego, y nos dejaron con un fogón negro y frío. Lo que pasó con mi iglesia está pasando con la tuya. Si no hay un avivamiento en tu iglesia, cuando seas viejo, agararrás por la chaqueta a un joven y llorarás las mismas lágrimas agrias que este hombre viejo llora hoy."
He aprendido mucho de los fogones negros y fríos. Mi abuelo, a quien mencioné antes, tiene esta filosofía: "Si no está roto, no lo arregles". Así que hasta que tuve 16 años nos alimentamos con comida preparada en una estufa que quemaba madera. En el invierno, mi abuelo limpiaba las cenizas y comenzaba el fuego antes de acostarse. Mi abuela se levantaba temprano en la mañana y hacía el desayuno en esa estufa.
Mi cuarto estaba cerca del área donde estaba la estufa. Una mañana mi abuela se levantó y abrió la puerta de la estufa y el ruido me despertó súbitamente. Fui a la puerta y la miré; la recuerdo como si fuera hoy. Estaba arrodillada frente a la estufa en su camisa de noche y soplaba el fuego. Pensé que mi abuela se había vuelto loca. Uno sopla las velas y los fósforos para que se apaguen. Como estaba tratando de avivar el fuergo, pensé que había perdido la cabeza, pues de seguro apagaría el fuego si lo soplaba.
Ella me vio de pie junto a la puerta y me invitó a parame junto a ella. Le dije: "Abuela, ¿sabes que apagarás el fuego?"
Ella sonrió, me sentó sobre su rodilla, y me dijo: "Bryan, observa esto".
Entonces sopló hacia adentro de la estufa, y cuando lo hizo, los carbones del fuego de la noche anterior comenzaron a ponerse rojos. La estufa parecía seca, vacía, y fría, pero cuando ella sopló, las cenizas se tornaron al rojo vivo.
Me dijo: "Hazlo tú".
Soplé hacia adentro de la estufa. Cuando soplé sobre las cenizas, se pusieron rojas, pero cuando dejé de hacerlo, pararon de arder. Así que ella sopló y yo soplé. Ella sopló y yo soplé. Entonces ella tomó la leña menuda para encender el fuego que yo había entrado a la casa la noche anterior, y la puso sobre las cenizas ardientes. Entonces sopló, y yo soplé, y me dijo: "¿Ves, hijo? Hubieras pensado que teníamos que comenzar de nuevo, pero todavía hay suficiente fuego en la estufa del que tuvimos ayer. Todo lo que tenemos que hacer es soplar sobre las cenizas, y podemos comenzar uno nuevo."
El mismo mensaje que mi abuela compartió conmigo esa mañana de invierno aplica a la iglesia. Un miembro de la previa generación sopló sobre las cenizas del fuego de ayer y a él se le unió un joven que no entendía todos los hechos, pero comoquiera sopló sobre las cenizas del fuego de ayer.
Este Movimiento tampoco neceita empezar de nuevo. Hay suficiente fuego del avivamiento de ayer. Si la generación joven sopla de un lado y la generación anterior sopla del otro, las brasas de los avivamientos del pasado volverán a arder. Entonces, si los jóvenes entregan su vida como leña sobre el fuego del avivamiento pasado, Dios puede hacer hoy lo que hizo en el pasado. El Dios de las cruzadas de avivamiento en carpas es el mismo Dios de las catedrales alfombradas. Él puede volver a hacerlo. Únase al clamor de Habacuc: "Oh, Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos" (Habacuc 3:2).
Ahora se requiere que a los que les ha entregado la encomienda, sean fieles.