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Aprendizaje de toda la vida:

Desarrollando excelencia y terminando firme

Por Byron D. Klaus

“La preparación para el ministerio debiera empezar en el momento en que sentimos el llamado sobre nosotros. Y jamás debiera terminar”.1 Con esa conmovedora declaración, Ralph Riggs describió de manera simple y profunda una parte fundamental de la ecuación para un ministerio eficaz que tendrá permanencia. Aun cuando este líder de las Asambleas de Dios hizo esta declaración hace más de 65 años, su valor no ha disminuido.

Están ocurriendo grandes transacciones en nuestro mundo. Dondequiera vivan los pastores, ninguno está exento de las distorsiones radicales de nuestro mundo, de la cultura regional y del contexto eclesiástico en el cual nos encontramos.

El choque de civilizaciones anunciado por los historiadores y los eruditos está ocurriendo, no sólo entre culturas sino también dentro de culturas similares. Los pastores solamente tienen que observar al mundo musulmán para ver un fraccionamiento que es increíble.

Independientemente de lo que una persona pueda sentir respecto del postmodernismo y de su impacto en nuestra cultura, hay un cambio definido en las suposiciones por las cuales se llega a los valores en forma personal o corporativa. Uno no necesita ser un estudioso de la iglesia pentecostal para saber que están ocurriendo cambios a un ritmo extraordinario dentro de este movimiento. El esfuerzo para estar al corriente puede condenarnos a estar desfasados en forma permanente.2 La pregunta desolada del apóstol Pablo, “y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Corintios 2:16) no es mera retórica; representa lo que es la pregunta que se hace todo honrado líder eclesiástico.

Los pastores viven en un mundo caótico, que podría describirse más apropiadamente como coordenado.3 Están ocurriendo de manera simultánea múltiples capas de cambio en los lugares donde Dios ha llamado a los pastores a servir como líderes. Los pastores pueden decidir crear su propia realidad virtual – una realidad que llega a ser una zona de seguridad removida del desafío verdadero de representar el reino de Cristo en un mundo caído. Sin embargo, los pastores son más eficaces cuando eligen ver que Jesús, como Ministro por excelencia, no es sólo un modelo, sino también el poder continuo de ministerio que está siendo vivido a través de ellos mediante la presencia del Espíritu Santo.

¿CONDUCIDO O LLAMADO?

La conmovedora observación de Ralph Riggs de que la preparación para el ministerio comienza con el llamado de uno, requiere que la persona llamada se asegure de que procede de ese punto como verdaderamente llamado, no como conducido. Un pastor debe verse a sí mismo como un mayordomo de Cristo, y no como un amo de sus propios propósitos, papel, o identidad.

El contraste entre llamadoy conducido puede verse en la yuxtaposición de la vida de Juan el Bautista y la del rey Saúl. Juan parecía tener un sentido de destino que provenía de un profundo entendimiento de su llamamiento celestial. Vemos la disposición interior suya en Juan 3:27-30, cuando dijo que la fuente de su ministerio, propósito, y poder era celestial. Él entendía a quién representaba cuando concluyó su discurso, diciendo que “es necesario que Él (Jesús, el Mesías) crezca, pero que yo mengüe”.4

Contrástese a Juan el Bautista con el rey Saúl, quien supuso que su llamado-unción significaba que él personalmente poseía el trono de Israel. Cualquier amenaza a esa posesión debía enfrentarse con violencia y con una postura defensiva. En su condición de persona conducida, Saúl tomó la función que Dios le había asignado y produjo una crisis mayor. Cuando observamos la vida de Saúl desde su unción-llamado en adelante, vemos una lenta pero continua trayectoria hacia la auto-destrucción.5

Una comparación entre Juan y Saúl provee un ejemplo bíblico de lo que puede suceder a cualquier líder del siglo 21 que no procede con la debida perspectiva desde el punto del llamado de Dios. Los fundamentos bíblicos son la estructura principal y necesaria en la cual debe edificarse el ministerio para un largo trayecto. ¿Cuáles son los fundamentos bíblicos para un ministerio de toda la vida?

LA PALABRA DE DIOS: UN FUNDAMENTO PARA UN MINISTERIO DE TODA LA VIDA

El pueblo pentecostal sostiene una profunda fe en la autoridad de la Palabra de Dios. Esta dimensión de nuestra tradición no ha variado desde su afirmación de compromiso histórico con la autoridad de la Biblia. Sin embargo, este compromiso no tiene la intención de ser una posición fría y calculada que considera la Biblia como un documento científico al que hay que aproximarse con la habilidad y precisión de un hombre de ciencia, y que sólo aquellos que están profesionalmente preparados para entrar en un ejercicio interpretativo de esa naturaleza puede esperar saber lo que dice la Biblia. Mi padre, siendo pastor, solía cantar este himno antes de predicar:

La Biblia permanece aunque los montes puedan caer,

permanecerá firme cuando la tierra colapse;

pondré mis pies sobre ese firme fundamento,

porque la Biblia permanece.

Este cántico era una declaración de la autoridad de la Biblia, que afirmaba la seriedad de leer la Palabra con respeto. Por causa de la autoridad de la Biblia, también afirmaba que la Biblia revela a los lectores la perspectiva de Dios, de tal modo que la Biblia nos lee, mientras la leemos.

La prioridad de edificar el ministerio de uno sobre un fundamento bíblico es más eficaz cuando la Biblia se considera no sólo como una categórica o imperiosa fuente de información, sino también como una dinámica de formación espiritual. Cuando los pastores construyen fundamentos para el ministerio con la idea que la Biblia es meramente una fuente de confiable información, los resultados negativos pueden advenir en un ministerio que dura toda la vida.

Primero, los pastores pueden llegar a cansarse de acumular más información. Pueden llegar a sentirse cómodos con su cuota de información, y retirarse no sólo del rigor del estudio de la Palabra de Dios, sino también, y más importante, de cualquier disposición espiritual a someter su vida a la autoridad suprema de la Biblia.

Segundo, los pastores pueden llegar a estar orgullosos de la capacidad intelectual que han llegado a alcanzar en un ministerio de toda la vida, tal como su dominio de textos, tiempos de los verbos y características sintácticas.

Finalmente, la maestría o habilidad de un pastor en la interpretación bíblica podría llegar a ser una fuente de orgullo, y él mismo empuñar su espada con esfuerzos de auto-suficiencia para demostrar sus proezas y destruir la perspectiva de otra persona sobre textos similares. Tal clase de entendimiento de los fundamentos bíblicos para el ministerio puede llegar a estar centrada en uno mismo y estar privada de toda guía espiritual dadora de vida o de una revelación más plena de Jesucristo.

El fundamento bíblico para el ministerio que considera la Palabra de Dios como formativa, rinde un resultado totalmente distinto sobre una vida entera en el ministerio. La Palabra de Dios es un mediador entre la gente y Dios. Se inmiscuye en la vida de la gente y trae consigo la presencia de Dios que lleva a cabo una crítica de su ego-centrismo. La Palabra trae el poder de Dios que llama a la gente al arrepentimiento y exige sumisión al propósito de Dios en su Reino.

El cuadro que usa Pablo en 2 Timoteo 3:16, cuando describe las Escrituras como inspiradas por Dios, es crucial para cualquier líder pentecostal que desee un ministerio eficaz para toda la vida. Dios no sólo inspiró a aquellos siervos que usó para en primer lugar escribir los textos de la Biblia, sino que Él también inspira a la gente cuando lee esas palabras inspiradas, de modo que ellos puedan ver a Dios obrar en su vida por medio de una divina compañía con las Escrituras que leen. Como resultado, la Palabra de Dios hace que los pastores sean los portadores de la presencia de Dios en este mundo, en la medida en que ellos son revestidos del Espíritu Santo para representar sus propósitos redentores en manera concreta a un mundo perdido.6

EL TIEMPO PRESENTE DE JESÚS

Cuando los pastores han permitido que un entendimiento formativo de fundamentos bíblicos para el ministerio sea su experiencia, se abren a un ministerio que se basa en el tiempo presente de Jesús. Un ministerio como ese toma con seriedad la garantía de Pentecostés que provee la seguridad de que el ministerio de Jesucristo sobre la tierra continúa hasta este día por medio del poder del Espíritu Santo. La intención de Lucas en su contribución de dos volúmenes al Nuevo Testamento fue demostrar la conexión entre el ministerio terrenal de Jesús con su inapelable naturaleza y la función  del Espíritu Santo al continuar el ministerio redentor de Cristo en el presente. La Biblia llega a ser como un mapa de rutas en el cual los pastores ven los perímetros y las dimensiones del ministerio de Jesús sobre la tierra y comprenden que este mismo ministerio reside en ellos como Jesús en el tiempo presente. Cuando los pastores reconocen este principio pentecostal, comienzan a entender que toda una vida de ministerio eficaz está conectada a su capacidad de permanente maduración para discernir a Jesús en todo aspecto del ministerio en que participan. Los pastores llegan al punto de no considerar más la Biblia como un mero repositorio de información confiable, sino como la puerta de entrada permanentemente abierta a un conocimiento más profundo de la voluntad de Dios de redimir a la humanidad perdida. Los pastores infunden su ministerio permanente con una continua sensación de su presencia que conecta los tiempos bíblicos con la experiencia presente.7

El ministerio del siglo 21 requiere habilidades profesionales que las generaciones anteriores ni siquiera imaginaron. Por ejemplo, para una continua eficiencia en nuestro mundo actual son necesarias nuevas destrezas técnicas. Extraordinarios cambios filosóficos que habían estado gestándose durante medio siglo, ahora son evidentes cuando los pastores navegan en el siglo 21. Estos cambios impactarán su predicación, sus relaciones, y afectarán las estructuras sociales de nuestro mundo. Los cambios afectarán la manera en que la gente entiende la iglesia y la manera en que está organizada. Los pastores no pueden ser chapuceros en la manera en que encaran los preparativos para la extraordinaria tarea de ser un líder de la iglesia en el siglo 21. Las soluciones de parche a los problemas masivos o la preparación de corto plazo para un ministerio de toda la vida que ve la preparación como un fastidio y una pérdida de tiempo no pueden producir las raíces profundas que darán una cosecha abundante en el siglo 21.

DISCERNIMIENTO: UNA HERRAMIENTA BÁSICA

Aun cuando no se carece de literatura sobre el liderazgo y la administración en general y para la iglesia en particular, el líder pentecostal que desea experimentar un período largo de eficacia como líder, desesperadamente necesita cultivar la habilidad del discernimiento.8

El discernimiento para el ministerio es la madurez espiritual para saber la diferencia entre las obras del esfuerzo humano y el ministerio de continuidad de Jesús mediante la capacitación dada por el Espíritu Santo. Si los pastores han construido su ministerio sobre la Palabra de Dios que modela y transforma su vida, entrarán al ambiente en donde el discernimiento llega a ser el requisito mínimo para la eficacia.

Algunos pueden describir tal herramienta para el ministerio del siglo 21 como algo carente de valor práctico. La propensión hacia las acciones concretas que producen resultados en el ministerio y la tendencia pentecostal de valorizar los resultados como una línea de fondo pueden hacer que los pastores se vuelvan insensibles a la dinámica espiritual necesaria para el poderoso ministerio del Espíritu Santo. Los esfuerzos de ministerio bien entendidos también pueden no ser un reflejo de la obra continuada de Jesucristo por el poder del Espíritu Santo.

Los pastores deben estar dispuestos a admitir que no todos sus esfuerzos de ministerio han sido llevados a cabo en el poder del Espíritu Santo. La realidad es que en su frenético ritmo, a veces los ministros crean su propia visión del ministerio, construyen su organización para ese ministerio, solicitan los fondos para ese ministerio, y piensan que han hecho un favor a Dios cuando, al concluir este proceso, oran que su visión glorifique al Señor.

El discernimiento critica nuestra tendencia a obrar duramente y a creer que nuestros esfuerzos son valederos por sí, por el hecho de haber denominado a nuestros esfuerzos como ministerio. Pero el único ministerio que tendrá resultados duraderos es el ministerio de continuación de Jesucristo que obra a través de nosotros mediante la presencia y el poder del Espíritu Santo. Si los pastores no cultivan esta habilidad básica del liderazgo, habrán de tener la misma experiencia impactante que tuvieron los líderes en Mateo 7:21-23.

¿En qué manera construyen los pastores las habilidades de discernimiento ministerial? Fijar la atención en la Palabra de Dios es fundamental. Cuando los pastores aceptan la Biblia como inspirada por Dios, y afirman que la inspiración de Dios les incluye cuando encuentran este camino de entrada a la presencia de Dios, han construido bien su fundamento. Cuando los pastores encuentran que la Palabra de Dios tiene poder de transformar, usan la Biblia como viva y como Dios en acción. Hay una sensación de que la presencia, el poder y el propósito del plan redentor de Dios están escritos en cada página. Afirmamos esta acción continuada en la misma manera en que Jesús dice que Él estaba continuando la obra del Padre (Juan 5:17).

Los pastores deben alimentar una profunda comprensión de que la Biblia es el camino de entrada autorizado, que no sólo registra la acción y la perspectiva de Dios con su mundo creado, sino que también afirma que la acción de redención continúa hasta este día, porque los seguidores de Jesús han sido capacitados con poder para dar testimonio de ese propósito redentor (Hechos 1:6-8). Ninguna parte de nuestro mundo, ni dimensión alguna de nuestro ministerio en el nombre de Jesucristo, puede impedir la necesidad de reflejar la misión redentora de Jesucristo. Los pentecostales han sido de largo tiempo conocidos como personas que creen en la pronta venida de Jesús. Ellos han sido dotados con un bautismo de poder de Dios que está conectado intrínsecamente con el ministerio redentor de Jesucristo. La voluntad del Padre es que nadie perezca, y que algunos de toda tribu, lengua, pueblo, y nación estén presentes en el último día lpara dar testimonio del poder de la redención.

En mi calidad de líder pentecostal, vivo bajo el entendimiento de que el tiempo presente de Jesús es el aquí y ahora. La obra redentora que Jesús llevó a cabo hace dos mil años todavía está en operación; y, mediante la garantía de Pentecostés, llegamos a participar activamente en ese ministerio. Lo más práctico que pueden hacer los líderes pentecostales para conectarse al ministerio activo de Pentecostés es entender que Dios obra en este tiempo. Él no necesita una nueva agenda por el hecho de que estemos ahora en el siglo 21. Dios tiene exactamente la misma agenda que trajo a Cristo a la tierra. Jesús vino a dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Lo único que agradará a Dios y que asegurará un ministerio continuado de larga duración y eficacia es una viva conciencia de cuando hemos usado nuestros esfuerzos humanos como un substituto del poder transformador de Dios. La eficacia del ministerio se manifiesta únicamente cuando verdaderamente hemos permitido que Cristo brille en todo lo que vale su poder redentor.

LA PREPARACIÓN: ¿DÓNDE Y CUÁNDO?

En mi calidad de presidente de un seminario, creo en una preparación esmerada y en la continuidad del desarrollo de los ministros. Aun cuando no puedo señalar como claro indicador de un ministerio eficiente el número de títulos (o la falta de ellos), sé que el crecimiento personal como ministro requiere tiempo y duro trabajo. La preparación personal no es un apéndice que se añade a la agenda de uno si es que queda tiempo al fin del día. Yo no quiero que un médico me opere si la última vez que estuvo en una sala de operaciones fue durante el tiempo de su residencia médica. Si se considera necesario que los corredores de propiedad continúen aprendiendo para mantener sus licencias como tales, entonces me parece que la prosecución de aquellos recursos espirituales que crean vibrantes líderes pentecostales no debiera obstaculizarse.

El crecimiento continuo de un ministro no puede hacerse de una manera caprichosa. Los profesionales, como los médicos, tienen un camino específico que les conduce a la certificación. Los agentes de bienes raíces que desean que el gobierno renueve sus licencias deben seguir un camino específico de continuación de su educación para mantener su certificación.

Aun cuando hay abundancia de oferta de medios de capacitación, éstos deben clasificarse en tres áreas principales. El proceso formal es uno en el cual se lleva a cabo en forma sistemática un cierto conjunto de estudios en un lugar determinado y en un período determinado. Por el hecho de que el período de estudio es altamente informativo, este proceso se lleva a cabo en una institución educativa. Por lo general, llamamos experiencias educativas a aquellas que se reciben por medio de un proceso formal pre-service. Esta clase de proceso educativo se ve con mayor claridad en los colegios y universidades, y para algunos en el seminario.

El proceso no formal es de corta duración, y lo que podría llamarse capacitación in-service. La gente que ya se halla en carreras profesionales toma breves períodos para afinar sus habilidades, para ser más eficientes. Se espera que la educación no formal tenga resultados inmediatos en la eficiencia del profesional, por cuanto sus habilidades mejoradas son el propósito de dichos estudios.

El proceso informal se observa en el contexto de las relaciones. Las relaciones intencionales de amistad permiten que haya un desarrollo de las personas que las conduce al liderazgo. Ejemplos corrientes de esto son las relaciones con un mentor, los grupos de responsabilidad, y los adiestradores. Este proceso educativo pone su atención en la vida interior del líder y en la manera en que el ser interior de uno se desempeña en las relaciones humanas.

El liderazgo que espera tener eficacia de larga duración necesita componentes de estos tres tipos de experiencia educativa. El crecimiento hacia la eficiencia que dura toda la vida reconoce que los pastores necesitan una amplitud siempre creciente de información con la cual entender a la gente que Dios ha puesto con ellos, las necesidades que tiene esa gente, y cómo se han desarrollado estas necesidades. Pero el conocimiento informativo debe aplicarse, porque las relaciones humanas son el contexto en el cual operan los líderes de la iglesia. La conciencia de sí mismo de un pastor como un ser humano y su desarrollo de capacidades para comunicarse con la gente son cruciales. Con frecuencia se necesitan nuevas habilidades, puesto que los pastores tratan con un mundo que está cambiando constantemente. La educación no formal puede facilitar el crecimiento de esas habilidades profesionales que ayudan a los pastores a mantener su eficiencia.9

Aun cuando los pastores de la actualidad tienen oportunidades de aprendizaje que nuestros antepasados jamás soñaron, la necesidad más importante de los líderes pentecostales es la de aprender un modo de vida. El desarrollo de los rabinos en los tiempos finales de la historia del Antiguo Testamento creaba una prioridad y un deseo en la vida del Antiguo Testamento para un compromiso de aprendizaje que no tenía término.

Un compromiso con el aprendizaje no necesariamente significa ir tras grados académicos, pero significa el compromiso de un crecimiento sistemático y de exposición a recursos de aprendizaje que pueden ampliar nuestro empeño de toda la vida al llamado de Dios para nuestra vida. He conocido a algunos líderes pentecostales que dicen con orgullo que no han leído un libro desde el día que se graduaron del colegio bíblico. Ellos consideran que esto es como una distinción de espiritualidad. Tal afirmación tiene más sabor a orgullo personal que a vitalidad espiritual.

La aversión de algunos dirigentes espirituales al crecimiento continuo en su calidad de líder está afectada por la memoria de un maestro que estaba aburrido y fuera de contacto con las realidades del ministerio. Por poderosas que puedan ser tales experiencias, eso no explica el hecho de que uno quisiera repetir tal odisea. Los pobres ejemplos abundan de cómo algunos pastores han recibido tutoría, han sido enseñados en una institución educativa, o formados por las experiencias de la práctica ministerial.

Las necesidades de nuestro mundo son muy grandes, los desafíos del siglo 21 son tan sobrecogedores, y el hambre por las cosas espirituales es tan obvia en nuestro mundo, que lo menos que pueden hacer los pastores es comprometerse a los esfuerzos más rigurosos para desarrollarse como líderes del siglo 21. Esta es una tarea de toda la vida; es una disciplina necesaria para la persona llamada por Dios, y requerirá que nuestros esfuerzos sean rigurosos, no algo superficial.

Byron D. Klaus

Byron D. Klaus, D.Min., es presidente del Seminario Teológico de las Asambleas de Dios en Springfield, Missouri

Notas

1.   Ralph Riggs, Un pastor de éxito (Springfield, Mo.: Gospel Publishing House, 1931), 20,21.

2.   Véase Samuel Huntington, El choque de las civilizaciones y la configuración de un nuevo orden mundial (New York: Touchstone Books, 1996). Véase también George Barna, Revolución (Wheaton, Ill.: Tyndale House Publishers, 2005).

3.   Caordic es una palabra acuñada por el fundador de la tarjeta VISA, Dee Hock, para describir un mundo que tiene, simultáneamente, orden y caos entremezclados. Véase Dee Hock, Nacimiento de la era caórdica (San Francisco: Barrett-Koehler, 2000).

4.   Gordon MacDonald, Poniendo orden en tu mundo privado (Chicago: Moody Press, 1984), 56-59.

5.   Véase 1 Samuel 18-31 para un relato completo de la trayectoria autodestructiva de la vida de Saúl.

6.   M. Robert Mulholland, Formado por la Palabra: el poder de las Escrituras en la formación espiritual, rev. ed. (Nashville: Upper Room Books, 2000), 41-43.

7.   Ray S. Anderson, El alma del ministerio (Louisville: Westminster/John Knox Press, 1997), 149-158.

8.   Una búsqueda de http://www.amazon.com usando la palabra clave leadership obtendrá al menos 71.000 entradas. Si se usa la palabra management, se obtienen unas 200.000 entradas adicionales. Admitiendo que puede haber repeticiones en las entradas, todavía esto demuestra que no hay escasez de información sobre la materia.

9.   Edgar J. Elliston, “Diseño de la educación para el liderazgo”,  Missiology: An Internacional Review, 16, no. 2 (abril 1988): 203-213.