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Cómo ayudar a las parejas a ser compañeros y no enemigos a lo largo de la vida
Por Mark R. Laaser
Muchos pastores conocen este escenario: un esposo y una esposa van a su consulta y cuentan cuán malo es su matrimonio. El pastor quiere dar orientación, pero lo único que ellos quieren saber es: “¿Qué dice la Biblia acerca del divorcio?”, o “¿seremos condenados si no permanecemos juntos?”
El pastor sabe la respuesta bíblica. Jesús dijo: “Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera” (Mateo 19:3–9). Pablo escribió: “Que la mujer no se separe del marido. …Y que el marido no abandone a su mujer” (1 Corintios 7:10,11).
El libro de Génesis, la enseñanza de Jesús, y los escritos de Pablo acerca del matrimonio están de acuerdo en que, cuando un hombre y una mujer se unen en matrimonio, crean una unión de una sola carne. Pablo reconoce que este es un gran “misterio” (Efesios 5:32). Luego explicó que estaba hablando acerca de la relación de Cristo con la Iglesia. En otras palabras, un esposo debe estar dispuesto a sacrificar su vida por su esposa y evitar exigencias egoístas. Cuando hay egoísmo y no desinterés en los matrimonios, el resultado es el conflicto.
Así pues, ¿qué es lo que el pastor quiere? Debe preguntar a la pareja si estarían dispuestos a tratar su matrimonio como no lo han tratado antes. Si un pastor no puede dar la orientación a largo plazo que eso requiere, puede remitirlos a un consejero cristiano competente.
Un pastor no debe emplear el sentimiento de culpa a fin de persuadir a una pareja a que busque orientación, diciéndole: “Dios aborrece el divorcio”. Más bien lo que tiene que hacer es alentarlos a que se den a sí mismos la oportunidad de encontrar la relación que Dios quiere que tengan.
Todas Las Parejas Pasan Por Un Proceso De Desarrollo
Los pastores deben ayudar a las parejas a tener una perspectiva. Las parejas no están solas en sus conflictos, y el conflicto es parte del normal desarrollo de las parejas. Un mito que las parejas pudieran creer es que el matrimonio debe ser siempre emocionante y romántico. Si no es así, algo anda mal. La verdad es que las relaciones se cultivan con el tiempo; maduran y crecen. Un amor duradero siempre está creciendo en profundidad espiritual y en intimidad emocional. Las luchas y dificultades de la vida dan a las parejas la oportunidad de alcanzar su desarrollo.
Por lo general una persona pasa por seis etapas en la vida. En primer lugar, es soltera. Si ha tenido un buen desarrollo, tendrá una identidad fuerte y estará consciente del llamamiento, del plan y del propósito de Dios para su vida.
En segundo lugar, una noche encantada una persona se encuentra con su cónyuge. Suenan las campanas y comienzan a tocar violines. Los dos tienen sólo ojos el uno para el otro. Llegan a identificarse como parejas y se pierden el uno en el otro. A veces nos referimos a ese período como la infatuación del uno por el otro.
En tercer lugar, un tiempo después de la boda, la luna de miel termina. Una mañana la esposa descubre que su esposo no puso el papel higiénico de la manera debida. El esposo recuerda a su esposa que ella fue criada en las Asambleas de Dios, y que él no. Él es republicano; ella es demócrata. Un cónyuge desea tener relaciones sexuales frecuentes, y el otro no. Se hacen patentes las idiosincrasias. Algunos comienzan a dudar de que se hayan casado con la persona apropiada. Se producen conflictos acerca de las diferencias. Un cónyuge decide (o ambos) que es tiempo de vivir su propia vida. Como resultado, pierden interés el uno por el otro. Eso lleva a la separación y a la coexistencia mutua.
En cuarto lugar, las personas pasan por una fase en la que parecen perderse en sí mismas. Un cónyuge pudiera preocuparse por el trabajo mientras que el otro se preocupa por los hijos. Ese es un tiempo peligroso en que un cónyuge (o ambos) pudiera buscar formas indebidas de afrontar sus sentimientos y volverse solitario. Puede dar como resultado conductas compulsivas y viciosas. Lamentablemente, alguno se volverá a otras personas, y el resultado es algún romance fuera del matrimonio.
El criticar al cónyuge por afrontar los problemas de una manera indebida lleva a un conflicto permanente, y la pareja parece estancada. Algunas parejas acostumbran evitar afrontar el dolor, o la pareja pudiera volverse al enojo y al conflicto. El enojo y el conflicto al menos producen adrenalina. La lucha pudiera ser la única pasión experimentada en esa relación. En esa primera etapa, las parejas pudieran luchar, y luego decidir. A menudo quedan atrapadas en ese interminable ciclo de altibajos.
Si una pareja es fuerte y paciente, pueden sobrevivir a esa primera etapa y seguir a la siguiente. Pablo dijo: “El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad” (1 Corintios 13:4,5).
En quinto lugar, para sobrevivir, las parejas se aferran a la fe de que Dios los unió por alguna razón. Si Dios hubiera tenido el propósito de que las personas fueran exactamente iguales, no se necesitaría una persona en el matrimonio. Conforme crecen en su relación, las parejas descubren que uno tiene fortalezas en lo que el otro tiene vulnerabilidades. También las parejas aprenden a colaborar y a ser íntimos aliados. Tal vez las parejas aun consideren que sus virtudes y flaquezas se complementan.
En la última etapa del desarrollo, las parejas comprenden que pueden ocuparse de sí mismos como individuos porque dependen de Dios. Reconocen sus fortalezas, sus talentos, y sus vulnerabilidades mientras cultivan la confianza en sí mismos. Pero por sus fortalezas deciden permanecer juntos. Aunque uno de los miembros en algunas parejas sabe que puede estar solo, reconoce también que su cónyuge lo complementa en una unión espiritual. Los dos han llegado a ser uno, y se regocijan en eso.
Pocas parejas tienen el valor de llegar hasta esa última etapa. La mayoría de las parejas van y vienen entre las etapas 2, 3 y 4. Cuando alguna llega a la etapa 3, sus percepciones de los continuos conflictos y diferencias que las acompañan los lleva al divorcio.
En la orientación, pregunte a las parejas en cuáles de esas etapas piensan que están. Ayúdelas a ver que es normal el proceso. Pídales que lleguen hasta las últimas dos etapas. Para llegar más allá de la etapa 4 hay que saber bien cómo resolver el conflicto.
SoluciÓn Del Conflicto: El Problema Nunca Es El Problema
A la terapeuta familiar Virginia Satir le gustaba decir: “El problema nunca es el problema, enfrentarse al problema es el problema”.
El conflicto de una pareja puede surgir por cuestiones que sólo son síntomas o expresiones de asuntos más profundos. Cuando una pareja pelea por cuestiones superficiales, no hay solución alguna porque no se tratan los pensamientos, las necesidades, y los sentimientos más profundos.
Un ejercicio que trae entendimiento y oportunidad
Un ejercicio que los pastores pueden pedir que las parejas hagan pudiera ayudarlas a entender cómo comenzar a cambiar. Si una pareja dedicara de cinco a diez minutos al día a ese ejercicio, podría tener resultados asombrosos.
Sentimientos
Cada una a su turno, cada persona expresa lo que está sintiendo ese día. Pudiera necesitar una lista de sentimientos que le recuerde que hay más sentimientos que estar enojado.
Seguridad
Pida que cada cónyuge dé seguridad al otro, y viceversa. Pudiera ser tan sencillo como: “Gracias por fregar los platos”. Pudiera ser algo más profundo: “Gracias por cuidar esta noche a los niños. Eres un gran padre”.
Necesidad
La pareja expresa su necesidad. Pudieran descubrir que tienen dificultad en saber lo que necesitan. Además, pudiera ser una necesidad simple o muy compleja. Recuerde a los cónyuges que porque cada uno exprese las necesidades no quiere decir que el otro satisfará su necesidad.
Responsabilidad
Los cónyuges aceptan la responsabilidad por algún comportamiento que han tenido y que consideran que no fue nada útil. Deben resistir cualquier tentación de señalar algo que su cónyuge ha hecho que no fue útil. Al aceptar la responsabilidad y al dar seguridad, la pareja revierte el ciclo de acusaciones mutuas.
Espiritualidad
Por último, la pareja comparte cualquier lectura bíblica o pensamiento espiritual que haya tenido ese día. No convierta eso en un sermón, sino en un resumen.
En el griego bíblico, hay una palabra semejante a FANOS (phanos, linterna). La forma verbal de esta palabra (phaino) se traduce como brillar o ser revelado.
Los pastores deben pedir a los cónyuges que se escuchen mutuamente y que no critiquen o censuren lo que el otro ha dicho. En realidad, este también es un ejercicio de escuchar. La función del pastor es mantenerlos haciendo eso. Pídales que cada semana comprueben cómo les va.
Mark Laaser, Chanhassan, Minnesota
Los pastores pueden ayudar a las parejas a que vean que aquello por lo que están peleando no es el verdadero problema. Cada momento el pastor debe apartarlos de sus argumentos superficiales mientras los ayuda a entrar en niveles más profundo de entendimiento.
En primer lugar, ayude a los cónyuges a entender cómo cada uno de ellos se enfrenta a la vida. Déles ejemplo de lo que significa enfrentarse a la vida. Algunos usan sustancias como el alcohol, las drogas, la nicotina y hasta la cafeína para cambiar la manera en que se sienten. Algunos comen, compran, limpian o tienen relaciones sexuales para hallar algo que mitigue sus sentimientos. Esas estrategias pueden desenfrenarse y convertirse en vicios. Otros acostumbran estrategias de prevención trabajando, durmiendo, viendo televisión o excesivamente participando en otras actividades.
Pida que cada persona haga una lista de sus estrategias para afrontar las dificultades, y pídale que comparta eso con su cónyuge. Ese es el comienzo de la asunción de responsabilidad por las acciones de cada persona.
En segundo lugar, enseñe a las parejas cómo pudieran relacionarse de manera que las ayude a enfrentarse a los sentimientos difíciles que afectan su matrimonio. Un cónyuge (o ambos) pudiera estar constantemente culpando al otro. Algunos cónyuges siempre tratan de agradar al otro. Eso a veces llega a ser una dependencia del cónyuge. Otros pudieran comportarse de una manera que consideran razonable, pero a veces de un modo farisaico. Los cristianos que emplean este método pudieran usar las Escrituras para probar su punto razonable. Por último, algunos pudieran comportarse como si no les importara o como si nada tuviera importancia.
En la orientación, a veces tengo parejas que asumen una postura que consideran agradable y razonable, y no preocupada. Entonces les pido que escojan la frase que más les guste. También esa es una forma de asumir responsabilidad personal.
En tercer lugar, usando su propio ejemplo, enseñe a las parejas acerca de los sentimientos. Doy a las pareja una lista de palabras y les pido que escojan cuáles expresan lo que sienten. A veces puede verse en su rostro cómo se están sintiendo. Entonces diríjanla a ellos. Pídales que se escuchen el uno al otro y que reflexionen sobre lo que el cónyuge está sintiendo.
En cuarto lugar, enseñe a las parejas a comprender que tienen ciertas creencias acerca de sí mismos que se han formado en su historia. Eso incluye a sus familiares, a sus iglesias, a sus escuelas, y a la cultura en general.
Muchas veces algunas personas me dicen: “Usted puede hablar todo lo que quiera acerca de la gracia y del amor de Dios, pero sé que eso no es aplicable en mi vida”.
¿De dónde vino ese obstáculo? En algún momento del pasado de esas personas se les dijo que no satisfacían las expectativas, que eran malas y que no merecían que se satisficiera sus necesidades.
Los hombres pueden desarrollar mensajes incorrectos acerca de ser hombres por las mentiras de la cultura. La misma dinámica puede observarse en el caso de las mujeres. Por ejemplo, los hombres tienden a creer que su mayor necesidad es el sexo cuando, en realidad, ese es un mito biológico. Las mujeres pueden llegar a creer que son intelectualmente inferiores a los hombres. Ese también es un mito biológico. Las listas de creencias acerca de sí misma a que se aferran las personas pueden ser interminables. Sin embargo, esas erróneas creencias pudieran ayudar a las personas que tienen conflictos. Si desde su tierna edad una mujer ha creído que no es atractiva, ¿cómo podría su esposo convencerla de que piense de otro modo? Pida que las parejas enumeren las creencias que llevan consigo, y propóngales que analicen entre ellos dónde las aprendieron.
En quinto lugar, ayude a las parejas a que admitan las expectativas que desean de su cónyuge. Esas expectativas están formadas por los deseos esenciales de una persona. Cuando una persona no sabe cómo satisfacer sus deseos en su relación con Cristo y con los demás, espera que su cónyuge los satisfaga. Por ejemplo, si una madre no ha alimentado a su hijo de una manera saludable, su hijo pudiera esperar más tarde en la vida que su esposa lo alimente como si fuera su madre. ¿Cuántas esposas le han dicho a su esposo: “Yo no soy tu mamá”?
Las personas llevan consigo al altar esas expectativas. Pero ellas no están conscientes de esas expectativas. Una persona se pone furiosa cuando su cónyuge no parece ser lo que esperaba. Ayude a las parejas a ver que muchas de las cosas que esperan uno del otro son aquellas que solo pueden esperar de Dios.
Ya al final de esos niveles hay siete deseos del corazón que son universales para los hombres y las mujeres. Estos son: el deseo de que se nos oiga y comprenda, se nos dé seguridad, se nos bendiga, se nos toque no en el sentido sexual, se nos escoja y se nos incluya.
Los hombres y las mujeres tienen más cosas en común que cosas que los separan. Estudios recientes han descubierto que 95 por ciento de las diferencias entre uno y otro sexo son conductas aprendidas. Las personas pueden aprenderlas. No tiene valor alguno concentrarse en diferencias que se basan en el género. Por lo general eso lleva a la crítica y al enojo que a menudo se disfraza de sarcasmo.
¿Cuántos conflictos son consecuencia de que las parejas no se escuchan mutuamente? ¡Cuántas personas anhelan seguridad, y sienten que su cónyuge no les da ninguna! La bendición es acerca del amor incondicional que debiéramos haber recibido de nuestros padres, pero que esperamos de nuestro cónyuge. Seguridad significa ser libres de la ansiedad. El toque saludable es una necesidad básica que tienen las personas. Cuando los niños nacen, si no se les toca lo suficiente, tendrán una afección y aun pudieran morir.
Muchos de los conflictos entre parejas nacen cuando se confunde la necesidad de ser tocado con la necesidad de afecto sexual. Aunque las personas pueden ser físicamente atractivos para muchos otros, Dios ha puesto en ellas un deseo de ser exclusivas en la vida de otra persona. Además, la única forma de permanecer físicamente fiel es decidir espiritualmente en su corazón que su cónyuge es la única persona para usted.
Por último, todas las personas anhelan ser incluidas por su comunidad, en sus hogares, en sus vecindarios y en sus iglesias. Cuando las personas no se sienten incluidas, se aislan y vuelven solitarias. Puede haber conflicto en el matrimonio cuando un cónyuge no se siente incluido en la vida del otro.
Un ejemplo de cómo los deseos insatisfechos pueden emerger a la superficie del conflicto conyugal es el deseo de sentirse seguro. Todas las personas tienen algunas cosas que piensan que les darán seguridad. Creen que si tienen suficiente dinero estarán libres de preocupaciones y problemas. Una esposa pudiera sentir que es importante tener un presupuesto ligero. Su esposo pudiera ocultar su ansiedad al no pensar en el dinero. Imagínese el conflicto que puede haber entre ellos porque tienen distintas estrategias para administrar su necesidad de estar seguros.
Durante la orientación doy a las parejas una lista de esos siete deseos y les pido que reflexionen sobre cómo han esperado que su cónyuge satisfaga esos deseos. Señalé que Dios es el único que puede oírnos y entendernos, darnos seguridad, bendecirnos, tocarnos, hacernos sentir seguros, escogidos e incluidos. Después pido a las parejas que sirvan al otro en sus deseos. Pido a cada persona que lleve un diario de cómo le va en esta manera de servir.
Por último, en el fondo de todos los conflictos está el hecho de que las parejas olvidan quiénes son en Cristo. En primer lugar, no recuerdan que las obras de Dios son “maravillosas” (Salmo 139:14). También olvidan que Dios los ama tanto que envió a su Hijo unigénito. Entonces pierden la fe en que solo Dios puede satisfacer sus deseos más profundos. Por último, desarrollan expectativas nada realistas basadas en creencias que llevan a sentimientos insoportables. La manera en que las personas se enfrentan a esos sentimientos pueden causar conflictos con su cónyuge que pudiera no ayudarlas con sus estrategias.
Sugiero a los pastores que pidan que las parejas se arrodillen una frente a la otra. Pídales que se tomen de las manos y que se toquen en los ojos. Entonces tenga una conversación con ellos acerca de todos los niveles de este modelo. Gracias a la práctica, los pastores pueden ayudar a las parejas a comenzar sus análisis en la parte inferior de su lista, reconociendo la verdad de quiénes son como individuos y como parejas en Cristo. A partir de aquí, pueden hallar que, cuando Dios satisface sus deseos, pueden tratar de servir a los deseos del otro. Cuando se debilitan las expectativas, las parejas desarrollarán un verdadero entendimiento de quiénes son, sus sentimientos difíciles llevarán al regocijo y desaparecerá la falsedad. A lo largo de la vida las parejas deben convertirse en compañeros y no en enemigos.
Mark R. Laaser, Ph.D., Chanhassan, Minnesota, es director del Instituto para la Sexualidad Saludable de la Asociación Norteamericana de Consejeros Cristianos (1-800-526-8673), y es director ejecutivo de los Ministerios Fiel y Verdadero.