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El cuero del rinoceronte:
Abogando por la longevidad en el pastorado

Por Richard L. Dresselhaus

Por 18 meses alguien descontento en mi congregación había llevado una campaña de escritura de cartas anónimas en las que criticaba a los líderes de la iglesia, y yo era el blanco de este vengativo asalto.

Un día recibí un sobre de manila bastante pesado de parte de Tim LaHaye, un compañero pastor en San Diego para ese tiempo, que contenía el trabajo cumulativo de este escritor anónimo de cartas. Mi corazón desmayó al saber cuán lejos había circulado este tóxico material.

Pero la carta de presentación llamó mi atención y capturó mi corazón. Después de explicar que estaba devolviendo estos materiales “caseros” sin leerlos, hizo este profundo comentario: “Un antiguo ministro me dijo en una ocasión que para sobrevivir en el ministerio necesitaría tener el cuero de un rinoceronte”. Y luego añadió una sabia e inolvidable declaración final: “Dios lo bendiga, Dick, conforme crece el suyo”.

¿Cómo puede un pastor permanecer en el mismo lugar por décadas? Hay innumerables maneras, formas, y técnicas, muchas de las cuales son buenas y útiles, pero todo se resume en lo siguiente: tener el cuero duro.

El ministerio pastoral no es para cobardes. Requiere fortaleza, determinación, y nervios de acero. La tranquilidad y la comodidad no acompañan al pastor del rebaño de Dios. En la senda del ministerio se encontrarán campañas de escritura de cartas anónimas y otros ataques. La manera en que el pastor maneje situaciones como esas determinará los parámetros de longevidad en el ministerio.

Quisiera tener un dólar por todas las veces que se me ha preguntado: “Dick, ¿cómo pudiste permanecer por tantos años como el pastor de la Primera Asamblea de Dios de San Diego?” Los principios incluidos en este artículo son el producto de mis momentos de meditación en esta pregunta.

O, en otras palabras, los siguientes son principios que facilitarán el desarrollo de ese tan importante “cuero de rinoceronte”. En el proceso, espero abogar por el pastorado a largo plazo.

Pero espere. Quizá no haya necesidad para tal deliberación. Quizá los pastorados a largo plazo son la norma y este tema no es pertinente.

Prepárese porque nada está más lejos de la verdad. Visite el sitio web de Barna Group (Pastor’s Profile [Perfil del Pastor]) y véalos por usted mismo.1 El número de años promedio que un pastor sirve en su encomienda presente es cuatro años. Otras estadísticas sugieren que la máxima efectividad no se alcanza hasta el séptimo año. El punto es irresistiblemente claro: la mayoría de los pastores renuncian antes de producir el máximo impacto en el ministerio.

La mayoría estará de acuerdo en que este asunto demanda atención y es urgente.

Seis puntos de este argumento promueven el pastorado a largo plazo:

Los pastorados a largo plazo disminuyen el impacto de la desilusión personal

Es prácticamente imposible para mí recordar algún momento en los 45 años de pastorado en que no tuve que enfrentar el desánimo, un sentimiento de no haber dado lo que se esperaba de mí, de haber fracasado en mi intento de alcanzar las metas y objetivos.

Cuando los pastores detienen el reloj en cualquiera de estos momentos, el desánimo los paraliza. Pero cuando se enfocan en meses, años, y décadas, las heridas del momento se alivian con el paso del tiempo.

Permítame personalizar lo que acabo de declarar. Muchas veces he examinado las estadísticas de algún domingo y el resultado parece desalentador; pero cuando contemplo ese domingo en particular a la luz de años de ministerio, el cuadro comienza a cambiar.

Al evaluar el cumplimiento de las metas al final del año, nos vemos tentados a pasar por alto el progreso de la década y a concentrarnos solo en las deficiencias de un año en particular. Lo que realmente importa es lo que se ha alcanzado durante un período de tiempo. La victoria en la guerra es lo que opaca las batallas que hemos perdido o las que hemos ganado en el trayecto.

Un beneficio de la mirada retrospectiva es que los valles se convierten en mesetas y los caminos tortuosos, en sendas rectas. El criterio que se usa para medir la efectividad ministerial se hace más confiable y preciso. Las perplejidades de un momento dado disminuyen y se minimizan por la acción del confiable veredicto del paso del tiempo.

Ya antes comenté acerca de un período de 18 meses en que me sentí devastado por un pequeño grupo de críticos. Me avergüenza admitir que me sentí desalentado durante esos meses de prueba.

Eso sucedió hace 25 años. Hoy la experiencia tiene otro sabor. Los veinticinco años han filtrado los sentimientos para dejar los hechos objetivos, la emoción para dejar la realidad.

¿Qué habría sucedido si 25 años atrás me hubiera rendido? ¿Qué habría sucedido si hubiera dejado que el dolor del momento hubiera obstruido mi perspectiva a largo plazo? ¿Y si hubiera llegado a la conclusión de que ya no tenía energía ni paciencia? Hubiera permitido que un momento me robara lo que había recibido durante décadas.

Soy partidario de los pastorados a largo plazo. Me duele cuando veo que un talentoso ministro presenta una renuncia prematura. Quisiera gritar: “¡Espere! ¡No se apresure! ¿Qué es un día o dos, un mes o dos, o un año o dos cuando se aprecia a la luz de 40 ó 50 años de llamado al ministerio?”

También soy realista. A veces la labor que el Señor nos encomienda es por un breve lapso. A veces el pastor no tiene dominio sobre lo que sucede. Hay un tiempo oportuno de concluir una tarea. Salir de un lugar puede ser un paso de obediencia como también puede ser el quedarse.

Hay un hecho que no se puede negar, muchos pastores dejan su responsabilidad prematuramente, y al hacerlo pierden la oportunidad de disfrutar las extraordinarias oportunidades que ofrece la longevidad.

Los pastorados a largo plazo facilitan el cumplimiento de metas a largo plazo

En los primeros años de la década del 1980, mi esposa Elnora y yo decidimos planificar el resto de nuestra vida (tentativamente y generalmente). Establecimos metas relacionadas a los recursos para la jubilación, la educación, los viajes, y otras importantes prioridades de la vida. En ese momento, me di cuenta de cuán importante era que comenzara inmediatamente a trabajar en obtener un doctorado. El tiempo de nuestras proyecciones (1980-2000) era limitado. Si quería tener algunos años para aplicar lo aprendido, debía comenzar  rápidamente. El estudio en Fuller Seminary [Seminario Fuller] ayudó a revitalizar mi visión y a prepararme para los últimos años en el ministerio pastoral. Creo firmemente que la educación continua es necesaria si un pastor quiere ser efectivo en un pastorado a largo plazo.

Las metas que son establecidas cuidadosamente y en oración son como imanes. Atraen al pastor día tras día hasta que alcanza los objetivos de la vida. Podría decirse que las metas son creadas y luego alimentadas, y esto requiere tiempo. Las metas cuidadosamente definidas y el esfuerzo aplicado resultan en buen éxito. Aunque esto es verdad en las experiencias de la vida, es especialmente aplicable en el cumplimiento del llamado de Dios en el ministerio.

Disfruto del privilegio de tener una amistad con el pastor de una gran iglesia en nuestra ciudad. La iglesia comenzó hace 5 años y ahora atrae a 7.000 personas cada fin de semana. El pastor amigo compartió conmigo sus planes para el futuro. Él desea tener una asistencia de 30.000 personas cada fin de semana, y cree que Dios puede hacerlo. Esa meta inspirada por Dios lo ayuda a marchar hacia delante día tras día en su ministerio.

Muchos pastores no piensan en metas a esa escala. Por ejemplo, yo crecí en una iglesia Asambleas de Dios en la que se reunían de 30 a 50 personas cada semana. Sin embargo, era una gran iglesia  y el fijar metas también da buen fruto en un contexto como ese.

El punto es claro. El tiempo es necesario para que una visión sea productiva y alcance la madurez. No es posible acelerar el crecimiento de nuestra pequeña nieta. El crecimiento requiere tiempo. La labor a la que Dios ha llamado a los pastores también requiere tiempo.

Por la impaciencia algunos pastores han truncado su visión. Por su ambición idealista y poco realista han intentado convertir a un niño en adulto. El alcanzar metas requiere tiempo, y solo el pastorado a largo plazo provee esta oportunidad.

El pastorado a largo plazo aprovecha la posibilidad de influir en la comunidad

Hace varios años Billy Graham celebró una cruzada en nuestra ciudad y se me pidió que hiciera la oración de cierre. ¿Por qué? En gran parte porque he pastoreado muchos años en San Diego. Cuando en la comunidad  había una discusión acerca de la pregunta del compañero doméstico, el periódico de San Diego Union and Tribune pidió que hiciera una declaración pública y publicable acerca del asunto. ¿Por qué? Porque he pastoreado en esta ciudad por muchos años.

John Maxwell ha ayudado a los pastores a entender que el verdadero liderato se expresa en la influencia. No hay atajos; requiere mucho tiempo.

La influencia requiere más que longevidad. También son esenciales la integridad, el carácter, el espíritu de cooperación, la hospitalidad, la amistad, y el desinterés. Pero todo esto requiere tiempo. La influencia es inconstante; puede disminuir y perderse. Solo el tiempo solidifica y establece la confianza. 

Un pastor asociado concluía usualmente su presentación a los nuevos miembros con la siguiente historia: “He preguntado a personas que no son parte de la iglesia si han conocido al pastor Dresselhaus.

“Muchas veces respondían: ‘No, pero hemos conocido a uno de los miembros de su iglesia’ ”.

El mensaje es claro. La influencia de un pastor puede medirse por el impacto observable en la gente de la congregación, y este proceso requiere tiempo.

Aunque yo no fui el primero en declararlo, por mucho tiempo he proclamado el siguiente principio dinámico de la labor pastoral: el ministerio fluye de una relación.  No hay nada más cierto. Este principio se demuestra en la vida y en el ministerio de Cristo, la naturaleza corroborativa del ministerio apostólico, y las persistentes lecciones de la historia de la Iglesia. El ministerio influyente es el producto de sólidas y significativas relaciones, y esto requiere tiempo.

Un pastorado a largo plazo provee la ocasión y la oportunidad para la buena influencia tanto en la iglesia como en la comunidad. Es triste ver a pastores capaces y dedicados terminar prematuramente su labor y perder valiosas oportunidades de ejercer una influencia transformadora en las personas.

Algunos pastores hábiles legan muy cerca de la meta, para darse luego por vencidos y nunca completar la misión. La labor del ministerio pastoral es saboteada por la falta de perseverancia.

Recuerde, la influencia requiere tiempo, y solo el pastorado a largo plazo puede aprovechar al máximo la oportunidad.

El pastorado a largo plazo facilita el desarrollo de un buen mensaje

Creo que puedo contar con los dedos de una mano las veces en que repetí un mensaje durante mis 33 años de pastorado. (Piensas más rápido que yo si ya dijiste: “Probablemente no valía la pena repetirlos”.) Mi compromiso a la predicación expositiva es la verdadera razón. El pozo nunca se seca si los pastores permiten que las Escrituras hablen acerca del contenido, del tono, de la elocución, de la aplicación, y de la invitación.

La preparación de un mensaje expositivo es como andar por el lecho de un río en busca de gemas. Algunas estarán a plena vista pero otras son solo descubiertas por el esfuerzo cuidadoso y persistente. En un texto seleccionado cuidadosamente, algunas de las verdades más profundas están solo bajo la superficie y requieren una detenida búsqueda, pero los resultados merecen el esfuerzo.

En su libro Biblical Preaching [Predicación bíblica], Haddon Robinson incluye el revelador poema:

“Tenía seis fieles amigos,
me enseñaron todo lo que yo sabía
sus nombres son Cómo y Qué, y Por qué,
Cuándo y Dónde, y Quién.”2

Le doy un buen consejo. Considere. Pregunte. Imagine. Conjeture. Especule. Siga el hilo de pensamiento. Exprima. Desempaque. Solo entonces será conveniente buscar lo que piensan otros. No permita que las ideas de otros obstruyan el fruto descubierto por medio de la exploración del texto.

El mensaje es que requiere tiempo desarrollar un sólido y efectivo ministerio de predicación en una iglesia.

Las siguientes son dos preguntas muy relacionadas: ¿es posible edificar una gran iglesia sin que haya un sólido mensaje desde el púlpito? Y: ¿es posible establecer un sólido mensaje en el púlpito sin el beneficio del tiempo?  Aunque podría haber excepciones, el peso de la evidencia apoya al púlpito en el que se ha invertido tiempo. Un ministerio de predicación sólido edifica iglesias sólidas, y tal ministerio requiere tiempo.

¿Habrá algo mejor que tener un programa de predicación de larga extensión que trate con los grandes temas de la Palabra de Dios, que considera con igual importancia todas las partes de las Escrituras, y que cree un espíritu de expectativa en el corazón de los adoradores?

Maravillosamente, en el proceso, el predicador es también alimentado, edificado, y preparado para la próxima privilegiada oportunidad de pararse en el púlpito.

Los pastores deben dejar que la pasión por la predicación contribuya a la longevidad en el pastorado. La pasión nace y se mantiene por el serio uso de las Escrituras.

El pastorado a largo plazo reaviva el compromiso de los líderes laicos

Imagine la decepción que sienten los líderes por la prematura renuncia de su pastor. De la misma manera, imagine la energía que produce el compromiso de un pastor a permanecer en el ministerio sin que importen los obstáculos.

Es cierto que todo depende del liderazgo. Sin lugar a dudas, por más que se discuta, esto es una realidad. Ponga a un buen y efectivo pastor en una iglesia, y el crecimiento y progreso también lo será. Escoja un pastor pusilánime e inefectivo, y la falta de crecimiento y de progreso será inevitable. Cualquiera que sea el caso, la permanencia será el aspecto constante en los líderes dinámicos que edifican iglesias sólidas.

¿Cómo pueden los líderes laicos estar motivados a hacer compromisos a largo plazo cuando el liderazgo pastoral es interrumpido por razones carnales y egoístas? ¿Cómo pueden los pastores pedir de los líderes laicos un compromiso que ellos mismos no están dispuestos a asumir? ¿Cómo pueden los líderes laicos adoptar los ambiciosos planes a largo plazo si su pastor no está dispuesto a hacer el mismo compromiso?

¿Cuántas veces he oído decir: “Nos metió en una gran deuda y luego se marchó. Ahora estamos atados por un alto pago de hipoteca, una afiliación que disminuye, y una falta de dinero en efectivo”. No es justo. Nunca se debe presentar un plan al liderazgo laico para luego abandonarlos y que a consecuencia de esto ellos recojan las piezas rotas de una visión abortada.

Un pastorado a largo plazo provee el beneficio de la continuidad

¿Qué podría ser mejor que casar a una pareja consagrada, dedicar los hijos de ellos al Señor, ver a esos niños crecer y madurar, casar a esos hijos, y luego dedicar al Señor a los niños de ellos?

Solo el pastorado a largo plazo provee al pastor este incomparable privilegio. Ha sido un gran placer participar varias veces en la demostración gozosa de la continuidad.

He escuchado a los jóvenes que crecieron en nuestra iglesia y luego partieron para alcanzar objetivos educativos y vocacionales. Cuando regresan de visita, muchas veces comentan que es bueno ir a su iglesia y comprobar el hecho de la continuidad.

En una cultura en la que el cambio radical es la norma, es esencial que las personas encuentren estabilidad y constancia en su iglesia. Una constante presencia pastoral es parte importante de esa ecuación. Un pastor a largo plazo se convierte en un pilar de consecuencia en una sociedad inconsecuente e inestable. Ver que el pastor está aún a la puerta del redil es increíblemente tranquilizador e inspirador. Pastor, las personas se sienten agradecidas de que esté presente semana tras semana, año tras año, y década tras década. Esto contribuye a que tengan un sentido de continuidad y estabilidad en su vida. Y dicen, “gracias”.

Lo siguiente es el testimonio del privilegio único que espera al fiel pastor: “Ser objeto de la confianza de la gente; conocer los secretos que a ningún viviente han contado; enrojecerse con ellos por su pecado, y alegrarse con ellos cuando se despojan del pecado; conocer sus asuntos privados y ser el que comparte sus grandes ideales; es tener un gozo del que ninguno de nosotros es realmente merecedor”. 3

Esta bendita oportunidad está disponible a los pastores que ganan la confianza de su gente y eso requiere tiempo.

Nunca olvidaré un momento en particular en nuestro ministerio. La iglesia obsequió a mi esposa y a mí con un viaje a Hawaii para celebrar nuestro 25 aniversario de bodas. Pero poco antes de partir, recibimos una oferta en que se preguntaba nuestro interés en la posibilidad de un cambio pastoral. La iglesia que hizo la oferta era grande, prestigiosa, y bien conocida por proveer generosamente para el pastor.

Entre caminatas en la playa, visitas a los bosques tropicales, y disfrutar de deliciosas comidas juntos, consideramos en oración cómo responder a tan generosa  invitación. Durante esos días, llegué a esta conclusión: no hay iglesia suficientemente grande o salario suficientemente alto que me haga dejar mi presente encomienda. En otras palabras, no me iría por ninguna otra razón que no fuera la inalterable convicción de que el Señor nos estaba llamando a cambiar de lugar de ministerio.

Puede parecer trivial o elemental, pero ese compromiso facilitó el declinar otras oportunidades que se presentaron. En otras palabras, un pastor nunca debe entretener la posibilidad de un cambio de lugar ministerial sin una instrucción auténtica y validada de parte del Señor. Demasiados púlpitos son abandonados sin suficiente razón o por excusas de conveniencia. La hierba podría ser más verde al otro lado de la verja, pero eso no es suficiente razón para hacer un cambio.

Conclusión

No estoy seguro de si he expuesto convincentemente los argumentos, o si el razonamiento ha sido comentado con claridad, pero he hecho un sincero esfuerzo de mostrar que un pastorado a largo plazo se convierte en una oportunidad para una vida ministerial más productiva y de mayor influencia y satisfacción.

Sin embargo, si los pastores no están aún convencidos, hagan un viaje mental por Norteamérica y visiten las iglesias más grandes y de influencia en el continente. ¿Cuál es el denominador común? ¿Qué factor está invariablemente presente? Esas iglesias tienen cómo líder a un pastor que ha hecho un compromiso a largo plazo.

¿Qué es necesario para obtenerlo? ¿Qué se necesita para esquivar las balas, navegar las aguas difíciles, y evitar las minas que se encuentran en todo el campo de la labor pastoral?

El viejo amigo de Tim LaHaye todavía tiene la respuesta: “Si vas a sobrevivir en el ministerio, necesitas tener un cuero de rinoceronte”.

Dios le bendiga conforme crece el suyo.

Richard L. Dresselhaus

Richard L. Dresselhaus, D. Min., es presbítero ejecutivo y antiguo pastor de First Assembly of God [Primera Asamblea de Dios], San Diego, California.

Notas

1. http://www.barna.org/Flexpage.aspx?Page=Topic&TopicID=30

2. Haddon Robinson, Biblical Preaching: The Development and Delivery of Expository Messages [La predicación bíblica: el desarrollo y la presentación de mensajes expositivos], 2d. ed. (Grand Rapids: Baker Academic, 2001), 67.

3. W.E. Sangster citado en Elizabeth Achtemeier, Creative Preaching: Finding the Words [La predicación creativa: buscando las palabras] (Nashville: Abingdon Press, 1980), 58.

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