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Ministerio Y Ética Médica

Biología y conducta humana: ¿determinan los genes el destino?

Por Christina M.H. Powell

En el ministerio hay que tratar con todos los aspectos de la conducta humana. Para señalar el camino a la Cruz, los siervos del Señor tienen que tener en mente las necesidades y los problemas de la gente. Sea que el pastor predique a toda la congregación o aconseje a un individuo, tiene que aplicar la verdad bíblica con sensibilidad y exactitud a todos los aspectos de la conducta humana. Además de su función como líder moral en su comunidad, el pastor muchas veces tiene que tratar los asuntos sociales que se presentan como ramificaciones de la conducta humana.

Al hablar de la conducta humana, generalmente los pastores enfatizan la responsabilidad personal, la necesidad de mantener las normas bíblicas, y el papel del libre albedrío. No obstante, en la sociedad de hoy, la gente espera que la ciencia revele el origen de cierta conducta humana, y buscan hallar el origen de esta conducta en los genes o en el ambiente. Lamentablemente, los hallazgos de los estudios científicos sobre la conducta humana se distorsionan en la literatura popular porque se perciben con implicaciones sociales y políticas. Un estudio científico que sugiere una posible conexión genética llega a ser prueba de que la conducta estudiada es innata o incambiable. Cuando un posterior estudio desaprueba esa conexión, generalmente se da poca atención en los medio de comunicación para corregir los previos exagerados reclamos. Se puede encontrar ejemplos de esta falta de conexión entre las investigaciones académicas y la comprensión popular para los estudios sobre la base biológica de agresión, inteligencia, esquizofrenia, alcoholismo, y homosexualidad. Este artículo enfoca la relación entre la biología y la conducta humana en relación al desarrollo de la homosexualidad, un tema controversial que los ministros del evangelio muchas veces tiene que tratar. ¿Determinan los genes el destino?

EL DETERMINISMO BIOLÓGICO Y LA CONDUCTA HUMANA

Ahora que los científicos han secuenciado el genoma humano, se ha popularizado la idea de que la conducta humana pudiera determinarse por nuestra constitución genética. Este pensamiento es una forma de determinismo genético, una creencia de que los genes en gran parte determinan las características física y de conducta. Es claro que algunas enfermedades, como Huntington, se deben a ciertos genes. Algunos rasgos, como el color de los ojos, son el resultado de la interacción de dos o más genes. Algunas afecciones, como el síndrome de Down, se pueden trazar a una anomalía de cromosomas. No obstante, los rasgos de conducta —como agresión, inteligencia, y orientación sexual— son complejos; por tanto, es difícil y controversial la búsqueda de base genética para éstos.

Los científicos han empleado distintos métodos para descubrir una base biológica para la homosexualidad. Estos métodos incluyen la búsqueda de diferencias en la neuroanatomía (estructura del cerebro) entre varones homosexuales y heterosexuales, el estudio de gemelos y hermanos de homosexuales, y el análisis de conexión para buscar la existencia de genes “gay”. Necesitamos analizar más de cerca cada uno de los métodos y las conclusiones a las que se puede llegar.

BÚSQUEDA DE UNA BASE BIOLÓGICA DE CONDUCTA EN LA ESTRUCTURA DEL CEREBRO

Primero, considere los estudios que buscan las diferencias en la estructura cerebral entre los varones homosexuales y los heterosexuales. Estos estudios se basan en investigaciones anteriores que se han hecho para localizar pequeñas diferencias entre los cerebros masculinos y femeninos. Se han notado minúsculas variaciones en las regiones del hipotálamo, que unen al sistema nervioso con el endocrino, y la comisura mayor del cerebro, que conecta los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro. Se piensa que estas diferencias entre el cerebro masculino y el femenino se deben al efecto de las hormonas del sexo (particularmente andrógeno) en el cerebro en desarrollo antes del nacimiento de un niño.

En 1990, Dick F. Swaab del Instituto de Investigación Cerebral de los Países Bajos encontró en sus autopsias del cerebro de homosexuales que una pequeña parte del hipotálamo del cerebro, llamado núcleo supraquiasmático, en general era el doble del tamaño de los varones heterosexuales; y la forma se asemejaba más a la que típicamente se halla en mujeres. A veces se refiere a esa sección del hipotálamo, del tamaño de una cabeza de alfiler, como el reloj del cerebro porque coordina el ritmo circadiano. Otro estudio, publicado en 1992, por Laura S. Allen y Roger A. Gorski, neurobiólogos de la Universidad de California en Los Ángeles, mostró que la comisura anterior, un conjunto de nervios que conectan una minúscula porción de la corteza cerebral de los hemisferios derecho e izquierdo, es más grande en las mujeres que en los hombres y también más grande en hombres homosexuales que en heterosexuales.

No se conoce que el núcleo supraquiasmático o la comisura anterior regulen la conducta sexual, de modo que cualquier diferencia entre homosexuales y heterosexuales no implica que estas regiones determinen la orientación sexual. Los hallazgos de estos dos estudios no han sido ni reproducidos ni refutados por otros laboratorios.

En un tercer estudio, publicado en 1991, el neurocientífico y activista de homosexuales Simón LeVay, trabajando en el Instituto Salk en La Joya, California, descubrió que el tercer núcleo intersticial del anterior hipotálamo (NIAH3) por lo general es más pequeño en varones homosexuales que en heterosexuales. El NIAH3 por lo general es más pequeño en mujeres que en hombres. En estudios de animales, el centro del hipotálamo se ha implicado en la generación de típica conducta sexual masculina. En el sentido que se puede comparar ovejas con humanos, los estudios hechos con ovejas en la Universidad de Salud y Ciencia de Oregon en 2004, apoyan los hallazgos de LeVay.

Hay solo un grupo de investigadores que han tratado de repetir los hallazgos de LeVay. En 2001, William Byne del Hospital Monte Sinaí en Nueva York, y coautores, confirmaron la considerable diferencia en tamaño entre hombres y mujeres descubierta por LeVay. Aunque estos investigadores hallaron diferencia en tamaño entre varones homosexuales y heterosexuales, la diferencia era minúscula, sin importancia estadística. Estos investigadores avanzaron un paso más que LeVay y contaron la cantidad de neuronas (células nerviosas) en una región además de medir el tamaño de la misma. Aunque no hallaron diferencia entre la cantidad de neuronas entre hombres y mujeres, descubrieron una significativa diferencia entre los varones homosexuales y los heterosexuales.

Algo importante que se debe notar respecto a todos los estudios de la estructura del cerebro es que la correlación no implica una causa. Una correlación entre el tamaño de una región del cerebro y una conducta pudiera significar que esa conducta cambia la estructura del cerebro en vez de que la estructura del cerebro cambie la conducta. Por ejemplo, los estudios del cerebro hechos con representación óptica muestran cambios en la estructura relacionados con el aprendizaje de Braille o la destreza de tocar un instrumento de cuerda. Otro aspecto importante acerca de los estudios de la estructura del cerebro es que las diferencias entre individuos varió mucho en comparación con las diferencias entre grupos. Por ejemplo, tres de los varones homosexuales en el estudio de LeVay tenían regiones de NIAH3 tan grandes como las de los varones heterosexuales; pero también dos de las mujeres. Por tanto, una persona puede ser homosexual sin tener una menor región NIAH3. Además, sería imposible predecir la orientación sexual de un individuo basado únicamente en una medida de las regiones del cerebro.

Finalmente, los estudios de la estructura del cerebro son muy difíciles de reproducir. Un problema que se encuentra al medir el tamaño de una pequeña región es poder determinar los límites de esa región. ¿Dónde termina ese región y comienza otra? La variación entre la manera en que un investigador define los límites en su estudio puede producir distintos resultados de un estudio a otro. Por esta razón, se disputan muchas de las conclusiones acerca de las diferencias entre hombres y mujeres. Nuevas tecnologías, como el método de imágenes por resonancia magnética (IRM), que permiten medir la estructura en cerebros humanos vivos, en vez de cerebros de cadáveres, han hecho que los investigadores reconsideren las teorías anteriores. Por ejemplo, con el uso del método de IRM algunos investigadores no han hallado diferencia en el tamaño de la comisura mayor del cerebro entre hombres y mujeres, aunque otros han descubierto diferencia en la forma. Por tanto, todavía se debate la noción popular de que las mujeres pueden realizar varias tareas al mismo tiempo mejor que los hombres debido a la mayor comunicación entre los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro.

ESTUDIO DE GEMELOS HERMANOS PARA ENCONTRAR UNA CONEXIÓN BIOLÓGICA

Otro método para tratar de establecer una base biológica para la homosexualidad es el estudio de gemelos. Los estudios de gemelos es la manera tradicional de establecer una base genética para un rasgo. Estos estudios miden la concordancia, que es la probabilidad de que dos personas, como gemelos, tengan ambas cierta característica a que sólo una de ellas la tenga. En teoría, la concordancia entre gemelos univitelinos o idénticos de cierto rasgo determinado por genes sería de cien por ciento, ya que comparten los mismos genes. La concordancia entre gemelos bivitelinos y entre hermanos de sangre sería de cincuenta por ciento ya que un hijo hereda la mitad de su ADN de cada uno de sus padres. Los hermanos adoptados, sin relación genética, deben mostrar menor concordancia de un rasgo que los hermanos de sangre.

En un estudio de 1991, hecho por el psicólogo J. Michael Bailey en la Universidad Northwestern de Evanston, Illinois, y Richard Pillard, profesor de psiquiatría en la Universidad de Boston, que tuvo bastante cobertura publicitaria, los investigadores observaron la concordancia de la conducta homosexual en cuatro grupos de hombres: 56 pares de gemelos univitelinos, 54 pares de gemelos bivitelinos, 142 hermanos de gemelos, y 57 pares de hermanos adoptivos. Hallaron que un hombre con un gemelo idéntico homosexual tenía 52 por ciento de probabilidad de ser homosexual mientras que un hombre gemelo bivitelino homosexual tenía sólo 22 por ciento de probabilidad. Los investigadores también descubrieron que mientras los hermanos adoptivos sin relación genética, tenían 11 por ciento de probabilidad de ambos ser homosexuales; los hermanos de sangre no gemelos tenían sólo 9,2 por ciento, considerablemente por debajo de la esperada probabilidad. La concordancia entre gemelos bivitelinos y entre hermanos de sangre debe ser la misma para un rasgo determinado únicamente por los genes. El hecho de que gemelos bivitelinos u hombres homosexuales tenían más del doble de probabilidad de ser homosexuales que otros hermanos de sangre (compare 22 por ciento a 9,2 por ciento) muestra que entraban en juego factores ambientales.

Un factor que puede haber afectado los resultados de este estudio es el margen de error en determinación, que es una sistemática distorsión de datos causados por ejemplos no-aleatorios. Bailey y Pillard no hicieron un estudio con homosexuales seleccionados al azar; en cambio, mediante avisos publicitario en revistas homosexuales reclutaron a homosexuales para su estudio. Si la probabilidad de que una persona responda a tal publicidad depende de si su gemelo también es homosexual, entonces las estadísticas resultarán de manera sesgada. Esta posibilidad se sugiere por otro estudio de gemelos, que se vale de información del registro nacional de gemelos de Australia en vez de participantes voluntarios. En este estudio el índice de concordancia de homosexualidad entre gemelos idénticos era sólo de 20 por ciento. Estos resultados indican que un gemelo idéntico de un homosexual tiene 80 por ciento de probabilidad de ser heterosexual, a pesar de tener los mismos genes y el mismo ambiente prenatal, y de haber sido criado en la misma familia.

EN BUSCA DE UNA CONEXIÓN GENÉTICA

Una manera de buscar una potencial conexión genética para una característica es el análisis de conexión, lo cual implica hacer un escáner de parte o toda la genoma humana en busca de lugares en que pares de hermanos con cierta característica heredan ADN más frecuentemente que lo que se espera que suceda por casualidad. En 1993, Dean Hamer, un especialista en genética molecular del Instituto Nacional de Salud de Bethesda, Maryland, halló que ciertos indicadores genéticos dentro de una pequeña región de cromosomas X (en los hombres siempre heredado de la madre) llamadas Xq28 eran compartidos por 33 de 40 pares de hermanos homosexuales. Las secuencias comunes compartidas dentro de esta región no eran las mismas para cada par de hermanos. Cuando se publicó el estudio de Hamer, parecía que tal vez había encontrado la conexión genética de la homosexualidad.

No obstante, el estudio de Hamer tenía graves errores y los más recientes estudios científicos no apoyan sus hallazgos. Un grave error en su estudio fue que no incluyó el obvio control para su estudio, si los hermanos heterosexuales de los hombres que participaban en el estudio también tenían indicadores genéticos. Un posterior estudio, en 2005, dirigido por Brian Mustanski de la Universidad de Illinois en Chicago (que incluyó a Hamer como colaborador), que escaneó toda la genoma humana, no confirmó la conexión Xq28, aunque descubrieron evidencia de conexión en tres otros lugares en cromosomas 7, 8, y 10 en lugar de cromosomas X. Sin embargo, los investigadores no han podido hacer un análisis estadístico para evaluar si la conexión en los otros tres sitios fue simplemente por casualidad. Por tanto, los genes responsables de influir en la orientación sexual no han sido descubiertos.

CONDUCTA NO PREDETERMINADA POR LA BIOLOGÍA

Aunque la investigación científica puede ser intrigante, la conclusión general que se saca de los estudios que buscan una base biológica para la homosexualidad es que los genes no determinan el destino. Ninguna estructura del cerebro ni tampoco los genes han mostrado ser la causa de la homosexualidad. Casi siempre, hasta gemelos idénticos que han crecido juntos no son ambos homosexuales. No se puede negar la influencia cultural en la conducta homosexual. Por ejemplo, la conducta homosexual es más prevalente en las escuelas de varones, en cárceles, y en otras instituciones únicamente del mismo sexo, y a menudo ocurre aun entre los que se consideran heterosexuales. Las investigaciones sugieren que el desarrollo de la homosexualidad puede ser influenciada por factores sociales y psicológicos, como las tempranas relaciones familiares, la seducción sexual, y un sentido de inaptitud con compañeros del mismo sexo.

Supongamos que los científicos pudieran demostrar una predisposición biológica de la conducta humana. ¿Qué significaría? El descubrimiento de una predisposición biológica no significaría que la conducta es inevitable o imposible de cambiar.

 Una predisposición no es un destino; nuestro libre albedrío supera las tendencias de conducta. La habilidad de tomar decisiones es lo que como humanos nos da dignidad y nos diferencia de los animales. El cuadro que pintan las Escrituras no es de fatalismo sino de libre albedrío y responsabilidad moral. En Deuteronomio 30:19,20, Dios hizo recuerdo a su pueblo tanto de su responsabilidad moral como de su libertad a escoger: “A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.”

 Como ministro del evangelio que ayuda a la gente a comprender y tratar los asuntos de la conducta humana, usted haría bien en recordarles que todavía hoy tienen esta opción a escoger.

Christina M.H. Powell

Christina M.H. Powell, Ph.D., es ministro ordenado y científica de investigación médica, predica en iglesias y conferencias en todo el país. Ella es uno de los miembros del grupo de investigación en la Escuela de Medicina de Harvard, como también es la fundadora de los Ministerios de Impacto de Vida.

NOTAS

1. D.F. Swaab y M.A. Hofman, “An Enlarged Suprachiasmatic Nucleus in Homosexual Men”, Brain Research 537, no. 1,2 (1990): 141–148.

2. S. LeVay, “A Difference en Hypothalamic Structure Between Heterosexual and Homosexual Men”, Science 253 (1991): 1034–1037.

3. C.E.Roselli, K. Larkin, J.A. Resko, J.N. Stellflug, y F. Stormshak, “The Volume of a Sexually Dimorphic Nucleus in the Ovine Medial Preoptic Area/Anterior Hypothalamus Varies With Sexual Partner Preference”, Endocrinology 145, no. 2 (2004): 478–483.

4. W. Byne, S. Tobet, y otros, “The Interstitial Nuclei of the Human Anterior Hypothalamus: An Investigation of Variation With Sex, Sexual Orientation, and HIV Status”, Hormones y Behavior 40, no. 2 (2001): 86–92.

5. L.S. Allen y R.A. Gorski, “Sexual Orientation and the Size of the Anterior Commissure en the Human Brain”, Actas de la National Academy of Sciences of the U.S.A. 89 (1992): 7199–7202.

6. A. Pascual-Leone y F. Torre, “Plasticity of the Sensorimotor Cortex Representation of the Reading Finger in Braille Readers”, Brain 116 (1993): 39–52.

7. T. Elbert, C. Pantev, C. Wienbruch, B. Rockstroh, y E. Taub, “Increased Cortical Representation of the Fingers of the Left Hand en String Players”, Science 270 (1995): 305–307.

8. J. Bailey y R. Pillard, “A Genetic Study of Male Sexual Orientation”, Archivos de General Psychiatry 48 (1991): 1089–1096.

9. J.M. Bailey, M.P. Dunne, y N.G. Martin, “Genetic and Environmental Influences on Sexual Orientation and Its Correlates in an Australian Twin Sample”, Journal of Personality and Social Psychology 78, no. 3 (2000): 524–536.

10. D.H. Hamer, S. Hu, V.L. Magnuson, N. Hu, y A.M.L. Pattatucci, “A Linkage Between DNA Markers on the X Chromosome and Male Sexual Orientation”, Science 261 (1993): 320–326.

11. B.S. Mustanski, M.G. Dupree, y otros, (2005): “A Genomewide Scan of Male Sexual Orientation”, Human Genetics 116, no. 4 (2005): 272–278.

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