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Los pecados de la maldición generacional

Por W.E. Nunnally

IntroduCCIÓn

En años recientes enseñar la maldición generacional ha llegado a ser un tanto popular en los círculos pentecostales y carismáticos, y lo promueven algunos de los líderes más visibles de estos movimientos. No obstante, la naturaleza de la verdad absoluta y la propia interpretación de las Escrituras no se pueden determinar por la cantidad de gente que incursiona en cierta enseñanza o por la popularidad de quienes la promueven. Los asuntos de la fe (lo que creemos) y la práctica (cómo vivimos la vida cristiana) sólo se pueden determinar por la debida comprensión de las Escrituras.

Base Para La Enseñanza De La MaldiciÓn Generacional

Casi todos los maestros de la maldición generacional basan su enseñanza en alguna combinación de Éxodo 20:5,6; 34:6,7; Números 14:18; y Deuteronomio 5:9,10. Cada uno de estos textos contiene las palabras: “visitar la maldad de los padres sobre los hijos… hasta la tercera y cuarta generación”.

Los que enseñan acerca de la maldición generacional interpretan estos versículos como si los delitos de una persona fueran genéticamente trasferidos a todos sus descendientes. La gente no sólo hereda la naturaleza pecaminosa de sus antecesores (la tendencia que todos tenemos de rebelarnos contra Dios), sino que también adquieren la maldad acumulada de sus antecesores. Como resultado, Dios los culpa, no sólo por sus propios pecados, sino también por los pecados de sus antecesores. Además, Satanás tiene derecho a seguir manteniendo un reclamo legal contra los creyentes que no han tratado de una forma eficaz con sus maldiciones generacionales, resultando en fracaso, violencia, impotencia, profanidad, obesidad, pobreza, vergüenza, enfermedad, aflicción, temor, y aun muerte física.

Los proponentes de la maldición generacional luego dirigen su enseñanza a su próximo paso lógico. Ellos concluyen que la sangre de Cristo fue derramada por los pecados de cada persona, pero que deben dar un paso adicional para quitar la trasgresión que hayan heredo de sus antecesores. Se requiere este paso adicional para que una persona sea liberada de las ataduras que la mantienen cautiva al pecado de sus antepasados. Este procedimiento involucra una elaborada ceremonia que consiste en listar los pecados de sus antecesores hasta la cuarta generación, confesando los pecados por ellos, recitando oraciones y declaraciones recomendadas, rompiendo personalmente esas supuestas maldiciones.

En Sus Propias Palabras

Una pagina Web dedicada a la maldición generacional afirma: “El reino de Dios y las tinieblas operan con plenos ‘derechos legales’. Jesús vino a confirmar el Antiguo Testamento, no a abrogar las leyes de Dios… Toda la familia paga por los pecados que cometieron sus ancestros.

”Satanás se presenta ante el trono y muestra derechos legales de atacar el cuerpo o la economía de usted. Se decide si los reclamos son válidos... si se le permite hacer lo que solicita contra usted y su familia.

”Maldición generacional: he visto a muchos que no han sido sanados de estas enfermedades aun después de muchas oraciones… ¡aunque ellos sí tienen fe! Los pastores no comprenden la razón y culpan a la persona enferma por su ‘falta de fe’… Después de aprender acerca de cómo romper las maldiciones generacionales... he visto a la mayoría de personas sanadas enteramente. ¡NUNCA vuelve la enfermedad! La enseñanza de esto lleva dos semanas, para poner en libertad a una iglesia y guiarla a hacer las oraciones.

“Dios está levantando hoy un ejército para traer una poderosa unción que libere a la iglesia... pero ésta debe tener el conocimiento.”1

Basándose en Éxodo 20:4,5, Neil Anderson enseña que los demonios pasan de generación en generación y que éstos se afianzan en la vida de los creyentes por los pecados generacionales. Para despojarse de estas fuerzas demoníacas, los creyentes necesitan saber cuáles son esas ataduras, y tener un ritual de liberación para romperlas. Se necesitan consejeros con conocimiento especial de ataduras diabólicas si el caso es grave. Se da un examen especial de diagnostico y se proveen las palabras que deben ser repetidas, como: “Rechazo toda obra demoníaca que me ha sido pasada de mis ancestros”.2

Derek Prince, afirma: “Puede haber fuerzas que obran en nuestra vida que tienen sus orígenes en previas generaciones. Por consiguiente, podemos ser enfrentados con situaciones recurrentes o patrones de conducta que no pueden ser explicados sólo en términos de lo que ha sucedido en nuestra vida o en experiencias personales .El origen de la causa puede ser desde hace mucho tiempo, aun miles de años”.3 Él continúa: “Muchos creyentes que deberían estar gozando de bendiciones están cargados de maldiciones… no comprenden la base sobre la que pueden ser liberados”.4

Rebecca Brown, explica: “Yo misma solía pensar que los creyentes no podrían tener un demonio habitando en ellos. Fue hasta que Dios me llamó a este ministerio”.5 Ella continúa: “Jesús nos limpia de nuestro pecado… Pero nosotros debemos asumir el poder y la autoridad que ahora tenemos por medio de Jesucristo y ‘limpiarnos’ de la ‘suciedad’ o de demonios. Tan pronto como aceptemos a Cristo, los demonios son intrusos y no tienen derecho a permanecer en nosotros a no ser que nosotros mismos les demos derecho a hacerlo debido a pecado o ignorancia”.6 Por otra parte, ella describe a niños que “han heredado demonios a través de los padres”, añadiendo que ella los aconsejaba a “pedir al Señor que rompa la línea de herencia y selle a sus hijos de ese origen de los demonios”.7

Teresa Castleman también provee instrucciones detalladas para echar fuera los demonios de los creyentes: “Conjuramos esas maldiciones que por generaciones se han permitido a través de un espíritu familiar. Rompemos la atadura y en nombre de Jesús ordenamos que salga. Ordenamos que vaya a lugares vacíos y decimos que a la maldición [sic] no se permita permanecer en ninguna futura generación. Su poder y dominio son rotos para siempre”.8

Los Que Promueven La MaldiciÓn Generacional Proveen Un MetÓdico Procedimiento Para La LiberaciÓn

Los promotores de esta enseñanza generalmente proveen a sus lectores con elaboradas listas y pruebas de diagnóstico, y aun palabras exactas para ser utilizadas durante la ceremonia de liberación. Una pagina Web sugiere: “Haga una lista detallada de todos los pecados que los miembros de su familia han cometido hasta cuatro generaciones. Si los miembros de la familia continúan pecando en el presente, sus pecados deben ser confesados cada día… Es importante arrepentirse por virtud de su familia. Después de que usted haya confesado todos los pecados en cada lista, renuncie en el nombre de Jesucristo a cualquier reclamo de Satanás sobre su vida… Luego dedique tiempo a adorar y glorificar al Señor… El Señor le revelará nuevas libertades en los días que siguen”.9

Un ejemplo representativo de las palabras de esas oraciones se puede encontrar en la misma página Web: “Padre celestial, en el nombre de Jesucristo de Nazaret, vengo ante ti humildemente para confesar el pecado de _________. Pido perdón de este pecado por mí mismo, y por cualquier pariente de ambos linajes de sangre de hasta cuatro generaciones. Proclamo la preciosa sangre de Jesús por este pecado, y seré limpio. Padre, pido que me perdones, de modo que pueda ser liberado del cautiverio de Satanás que ha sido puesto en mí debido a este pecado. Te pido esto en el nombre de Jesús”.10

Otra oración recomendada para ser recitada por creyentes, lee así: “Jesús, primero te pido que me perdones por mis pecados y me limpies de cualquier cosa en mi vida en que haya permitido la presencia de Satanás y de espíritus malignos… ahora cancelo toda maldición y todo demonio destinados a destruirme… cancelo toda maldad que se haya hablado contra mí”.11

¿Cuál Debe Ser Nuestra Respuesta?

Examine el texto bíblico en que se basa esta enseÑanza

Primero, necesitamos considerar el contexto del antiguo Cercano Oriente de los textos bíblicos usados para enseñar acerca de maldiciones generacionales. En Éxodo 20 y 34, Moisés se dirigía a los hijos de Dios que estaban rodeados de paganismo. Los paganos creían que aquellos que cometían infracciones de culto, que olvidaban el cumpleaños de su dios, que ofrecían falso sacrificio, o que rendían culto a otro dios que les ofrecía ayuda en algún asunto específico (lluvia, fertilidad, o guerra), morirían. (Fíjese que en el paganismo, nunca se trata de doctrina o moral.) El dios principal que una persona veneraba daba sentencia de muerte contra el ofensor y contra toda su familia hasta que ellos fueran completamente liquidados.

Como se advierte a los largo del Pentateuco, Moisés escribe para corregir. Él declara a los supersticiosos israelitas que su Dios es diferente; está interesado en la obediencia del corazón, no meramente en que se practiquen ciertos rituales. Los que constantemente lo ofenden serán juzgados conforme a la ofensa. Además, si persisten en rebelarse contra Dios y su Palabra, se arriesgan a afectar negativamente a sus descendentes; no por alguna percibida culpa biológicamente transferida, sino por su mal ejemplo (véase el siguiente punto).

En segundo término, necesitamos considerar el punto de referencia de Moisés. Los hijos que estaban siendo juzgados mostraban una conducta aprendida, no maldiciones y culpabilidad heredada que resultan de ella.

Los resultados y efectos del pecado no son trasmitidos a los descendientes naturalmente o genéticamente. Los efectos negativos del pecado son trasmitidos como conducta aprendida. La frase “hasta la cuarta generación” se refiere hasta el bis-abuelo e indica que la influencia que un hombre tiene sobre su hijo, su nieto, y su bisnieto se extiende sólo mientras él vive. La posibilidad de trasmitir a sus descendientes sus prácticas pecaminosas cesa cuando él muere. Durante su vida, sin embargo, sus descendiente pueden decidir si seguirán en estos caminos pecaminosos o si se volverán al Señor. Por lo tanto, no somos responsables por los pecados de nuestros antepasados ni estamos obligados a repetirlos. Tampoco tenemos la culpa legal o la tendencia genética que enseñan los proponentes de la maldición generacional.

En tercer lugar, necesitamos leer todo el pasaje de los textos usados por los que promueven la doctrina de la maldición generacional. Muchos eruditos bíblicos que estudian el Antiguo Testamento han notado que el juicio de Dios cae sólo sobre los miembros de la segunda, tercera, y cuarta generación “de los que me aborrecen” (Éxodo 20:5; Deuteronomio 5:9; compare también Deuteronomio 7:10; 32:41).12. Estos especialistas explican que estas palabras (las que aparecen al final de los pasajes citados por los proponentes de la maldición generacional) además identifican a aquellos sobre quienes cae el juicio: la gente que voluntariamente ha seguido a sus ancestros y sus modelos de conducta rebelde. Estas palabras de las Escrituras explican que el juicio divino está reservado para quienes persisten en rebelarse contra Dios al decidir que perpetuarán los pecados de sus ancestros.

Señale la falta de evidencia bíblica respecto de la maldiciÓn generacional

La frase “maldición generacional” o cualquier otra frase similar nunca aparece en las Escrituras, no se encuentra en ninguno de los Testamentos. Esto en sí no es suficiente para desechar la enseñanza como no bíblica. La palabra Trinidad no aparece en las Escrituras, pero refleja precisamente la enseñanza bíblica respecto de Dios. No obstante, el hecho que la frase maldición generacional no se encuentre en las Escrituras debería alertar a los creyentes con criterio sobre la necesidad de ser cuidadosos en este asunto. Debe haber pruebas convincentes cuando se estudia todo el consejo de Dios.

El concepto de maldición generacional no se halla en las Escrituras. Cuando se lee Éxodo 20:5 y 34:6,7, etc., en su contexto del antiguo Cercano Oriente, y se interpreta propiamente, se elimina por completo la posibilidad de que estos textos apoyen la enseñanza de maldición generacional.

Las pruebas de diagnostico, los rituales, y las oraciones recomendadas por aquellos que enseñan la maldición generacional no se encuentran en las Escrituras. No hay tales pasos en la Biblia, la cual es nuestra única regla para asuntos de fe y práctica. Si las maldiciones generacionales fueran una realidad, Dios habría dado las debidas instrucciones en las Escrituras respecto a cómo tratar con este problema.

Considerare lo que dice el resto de la Biblia

Siempre es un paso apropiado considerar toda evidencia bíblica antes de concluir cualquier asunto de interpretación bíblica. Como muchos otros asuntos, cuando se considera toda las Escrituras, queda poca duda respecto a una adecuada conclusión. Fíjese de nuevo en lo que dijo Moisés, cuyas palabras a menudo se usan para apoyar la doctrina de la maldición generacional. Moisés también escribió que “los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado” (Deuteronomio 24:16). La inspiración y naturaleza no contradictoria de las Escrituras, juntamente con el principio a prueba de tiempo de que las Escrituras interpretan las Escrituras, requieren que interpretemos las palabras de Moisés en Deuteronomio 5:9,10 a la luz de su inequívoca declaración en el capítulo 24.

En 2 Reyes 14:6 y 2 Crónicas 25:4 hay pasajes paralelos: “Pero no mató a los hijos de los que le dieron muerte, conforme a lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, donde Jehová mandó diciendo: No matarán a los padres por los hijos, ni a los hijos por los padres, sino que cada uno morirá por su propio pecado” (2 Reyes 14:6). Estas Escrituras indican que la enseñaza de Moisés en Deuteronomio 24 fue claramente comprendida y practicada en la antigua Israel.

En el tiempo de los profetas los israelitas habían olvidado la corrección de Moisés de las ideas del paganismo. Los profetas tuvieron que encarar el mismo asunto. Durante el exilio, Ezequiel registró lo siguiente: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: ¿Qué pensáis vosotros, los que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, que dice: Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen la dentera? Vivo yo, dice Jehová el Señor, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:1–4).

Ezequiel continúa: “Pero si éste engendrare hijo, el cual viere todos los pecados que su padre hizo, y viéndolos no hiciere según ellos; no comiere sobre los montes, ni alzare sus ojos a los ídolos de la casa de Israel; la mujer de su prójimo no violare, ni oprimiere a nadie, la prenda no retuviere, ni cometiere robos; al hambriento diere de su pan, y cubriere con vestido al desnudo; apartare su mano del pobre, interés y usura no recibiere; guardare mis decretos y anduviere en mis ordenanzas; éste no morirá por la maldad de su padre; de cierto vivirá. Su padre, por cuanto hizo agravio, despojó violentamente al hermano, e hizo en medio de su pueblo lo que no es bueno, he aquí que él morirá por su maldad. Y si dijereis: ¿Por qué el hijo no llevará el pecado de su padre? Porque el hijo hizo según el derecho y la justicia, guardó todos mis estatutos y los cumplió, de cierto vivirá. El alma que pecare, esa morirá [refiriéndose a Deuteronomio 24]; el hijo no llevará el pecado del padre, ni el padre llevará el pecado del hijo; la justicia del justo será sobre él, y la impiedad del impío será sobre él” (Ezequiel 18:14–20).

Jeremías, un contemporáneo de Ezequiel, habló a los judíos en Jerusalén: “En aquellos días no dirán más: Los padres comieron las uvas agrias y los dientes de los hijos tienen la dentera, sino que cada cual morirá por su propia maldad; los dientes de todo hombre que comiere las uvas agrias, tendrán la dentera” (Jeremías 31:29,30).

Estos pasajes son claros. En efecto, este es el principio de que las Escrituras interpretan las Escrituras: los pasajes difíciles deben ser interpretados a la luz de pasajes más claros, como estos de Ezequiel y Jeremías.

Es importante notar que no todos los judíos en esos tiempos trataban de culpar a los demás. Aunque tuvo las mismas pruebas del cautiverio en Babilonia, el profeta Daniel mostró una actitud opuesta a sus contemporáneos en Judá y Babilonia. En vez de culpar por su destino a sus antecesores, como hacía el público oyente de Jeremías y Ezequiel, él aceptó su propia responsabilidad personal y la de sus contemporáneos por el juicio que había caído sobre ellos. Él escribió: “Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos; hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas . . . Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado” (Daniel 9:4, 5,7–9).

En la oración de Daniel, no se menciona que la razón del exilio sea por los pecados de los padres. Esto es aun más asombroso si recordamos que Daniel era consciente de que por generaciones Dios había enviado profetas para advertir a Israel de ese juicio si no se arrepentían.

En el tiempo de Jesús, los judíos habían otra vez olvidado las correcciones del paganismo expresadas por Moisés y los profetas. Jesús encaró los mismos asuntos. En Juan 9:1–3 leemos: “Al pasar Jesús, vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” Aunque los discípulos tenían el antiguo punto de vista pagano de que la culpa y el pecado podrían ser heredados, Jesús enfatizó la gloria y la gracia de Dios.

Jesús también afirmó: “Vete, y no peques más” (Juan 8:11). Las palabras de Jesús sugieren que el perdón de Dios basta para alcanzar un grado tal de transformación espiritual que produzca un cambio de vida. Jesús creía que la mujer a quien acababa de perdonar era libre de escoger si permanecería en el pecado o se apartaría de él. No se hace ninguna referencia a la necesidad de una oración adicional, una ceremonia, o una fórmula de renunciación para complementar la oferta de la gracia y el perdón de Dios.

Las palabras de Pablo: “Dios. . . pagará a cada uno conforme a sus obras” (Romanos 2:5,6) y “porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo . . . de manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:10,12), claramente enfocan la responsabilidad individual a la que se da prioridad en el Nuevo Testamento. Estos pasajes deben ser vistos como la unificada enseñanza de las Escrituras, empezando con Moisés (Deuteronomio 24:16), continuando en los profetas (Jeremías 31:29,30; Ezequiel 18:1–4,14–16,18–20; Daniel 9:4, 5,7–9), y culminando con las enseñanzas de Jesús (Juan 8:11; 9:1–3).

Moisés había tratado de corregir el paganismo de sus días, pero para el tiempo de profetas el pueblo había vuelto a sus caminos paganos. Los profetas trataron de corregir el paganismo de sus días, pero para el tiempo de Jesús el pueblo había vuelto a caer en el pensamiento pagano.

La iglesia tiene hoy el testimonio de Moisés, de los profetas, de Jesús, y de los apóstoles, juntamente con el Nuevo Testamento, la plenitud del Espíritu, y los dones del Espíritu, incluido el don de discernimiento. No obstante, un porcentaje de la iglesia pentecostal y carismática ha caído en el paganismo.

Porque no hemos prestado atención a Jesús ni consultado toda las Escrituras, somos nuevamente afligidos con un mágico punto de vista del mundo de Dios. En este mundo el supremo sacrificio de Dios tiene limitado poder y efecto, y debe ser complementado por nuestras propias fórmulas exorcistas y nuestros esfuerzos humanos. En realidad, si uno busca en Google la frase “maldición generacional”, encontrará que esta enseñanza es aun más popular con la red de adivinos y el ocultismo que con el cristianismo. ¡Peculiares alianzas! Lo cual casi plantea la pregunta: ¿quién sigue a quién?

Afirme la suficiencia de la Cruz

La iglesia en siglo XXI debe afirmar la suficiencia del sacrificio de Cristo tan inequívocamente como lo hizo al principio. Pablo declaró, sin temor a contradicción: “A vosotros, estando muertos en pecado y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente [la referencia es a los espectáculos romanos en que los emperadores y generales que ganaban una guerra marchaban por las calles de Roma con el botín y los prisioneros conquistados para mostrar tanto al ciudadano como al enemigo el poder del Imperio], triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:13–15).

Las palabras de Pablo claramente muestran que cualquier deuda de pecado que hayamos acumulado fue efectivamente cancelada gracias a la muerte vicaria o sustitutiva de Jesús. Además, Pablo afirma que los poderes y principados que nos tenían esclavizados en el pecado no sólo fueron vencidos y desarmados, sino también totalmente humillados. La muerte de Cristo ofrece tanto el perdón de pecados como la liberación de la opresión y la posesión demoníaca a quienes se apropian de este sacrificio.

El compositor Horatio Spafford experimentó esto personalmente, y en su himno “Estoy bien”, aun comentó la metáfora que Pablo usó al escribir a los colosenses.

Feliz yo me siento al saber que Jesús
libróme de yugo opresor.
Quitó mi pecado, clavólo en la cruz;
gloria demos al buen Salvador.

Similarmente, Charles Wesley, en “Oh, que tuviera lenguas mil” expresó el mismo mensaje comunicado por el Apóstol hace ya dos milenios:

Su nombre trae consuelo y paz, nos libra del temor;
salud, aliento y gozo es; vida al pecador.
Quebranta el poder del mal, al preso libra hoy;
su sangre limpia al ser más vil. ¡Aleluya! limpio estoy.

ConclusiÓn

¿A qué conclusión llegamos? Cuando Jesús dijo: “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36, cursiva añadida), ¡eso es exactamente lo que significó!

W.E. Nunnally, Ph.D., profesor de Judaísmo temprano y orígenes del cristianismo, Evangel University, Springfield, Missouri

NOTAS

1. http://hometown.aol.com/godswaitn/genealgy/index.htm.

2. C. Peter Wagner and Douglas Pennoyer, Wrestling With Dark Angels: Toward a Deeper Understanding of the Supernatural Forces in Spiritual Warfare (Ventura Calif.: Regal Books, 1990), 125–159, especialmente 158,159.

3. Derek Prince, Blessing or Curse: You Can Choose (Grand Rapids: Baker, 1990), 32,33; véase también 17–20 en que las expresiones y los ejemplos claramente indican que el autor se refiere a los cristianos.

4. Ibid., 38.

5. Rebecca Brown, Prepare for War (Chino, Calif.: Chick Publications, 1987), 106.

6. Ibid., 109.

7. Ibid., 294,295.

8. Teresa Castleman in Brownsville Assembly of God Deliverance Manual (Pensacola: Brownsville Assembly of God, 1996–97) 25.

9. http://www.yourgoingtohell.com/curse.html.

10. Ibid.

11. Ibid.

12. Ejemplos de información accesible: Walter Kaiser y otros, Hard Sayings of the Bible (Downers Grove, Ill.: InterVarsity Press, 1996), 178; Norman Geisler y Thomas Howe, When Critics Ask: A Popular Handbook on Bible Difficulties (Wheaton, Ill.: Victor Press, 1992), 285,286; y Gleason L. Archer, New International Encyclopedia of Bible Difficulties (Grand Rapids: Zondervan, 1982), 152,153).

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