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La crisis del discipulado en la Iglesia de los Estados Unidos

Por Charles T. Crabtree

Hace algunos años, mi esposa y yo decidimos comprar una casa vieja que nos dio la impresión de que tenía un gran potencial. Buscamos un contratista bien calificado para que examinara la casa. Cuando terminó de hacerlo, nos enfrentamos a una de esas situaciones de noticias buenas y malas. Decidimos oír primero la mala noticia. Entre otras cosas, se necesitaban unas cuantas reparaciones costosas en la estructura. Había hallado moho en el primer nivel, y parte del suelo necesitaba una base nueva. Por fin terminó con las malas noticias. La buena noticia era que, si pagábamos un precio y teníamos un poco de paciencia, él podía reparar la casa, y nosotros tendríamos un bello lugar donde vivir.

En muchos sentidos, este artículo es una especie de símbolo de la realidad en cuanto al estado del discipulado en las Asambleas de Dios. Como el contratista que examinó nuestra casa, quiero presentar a la Iglesia noticias buenas y malas.

He decidido hablar primero de las malas noticias. No obstante, en última instancia, todo se convierte en buena noticia. Pagando un precio, y con algo de paciencia, podemos reparar el discipulado en la iglesia local. El discipulado se puede convertir en el medio a través del cual reciban la salvación millones de personas y sean formadas por una Iglesia sana en los próximos años, si Jesús no ha llegado.

En estos últimos meses, muchos líderes de las Asambleas de Dios han experimentado un gran avivamiento del discipulado. Esta afirmación es algo osada, puesto que siempre ha habido conciencia de lo importante que es el discipulado más allá del ministerio desde el púlpito. Hay muchos libros buenos que tratan del discipulado. Es frecuente escuchar expresiones como la de “cerrar la puerta del fondo”. Sin embargo, no basta con que estemos conscientes. Nuestra Confraternidad debe pasar primero por un gran despertar en cuanto a la crisis que hay en el discipulado. Entonces podremos motivar la voluntad y la pasión colectivas para pagar el precio y perseverar hasta que todas y cada una de las iglesias tengan un ministro de discipulado poderoso y transformador.

La mayoría de los líderes de las iglesias estarían de acuerdo en afirmar que muchos cristianos de los Estados Unidos son débiles en su compromiso con las disciplinas espirituales, les falta osadía en su testimonio de Cristo, y tienen un estilo de vida que apenas de distingue del de los inconversos. El resultado es una iglesia débil y sin eficacia. La calidad de los discípulos de  una iglesia determina el grado de salud y de eficacia de esa iglesia. Las Escrituras nos exhortan a estudiar el fruto de nuestra propia vida con el fin de conocer la veracidad y la integridad de nuestra profesión de fe. Las evidencias sugieren que el estado del discipulado en la Iglesia de los Estados Unidos es ofensivo al Señor.

Muchos consideran a las Asambleas de Dios como una gran Iglesia pentecostal. En el mundo entero, su crecimiento es asombroso. Si alguna iglesia de los Estados Unidos debería estar produciendo unos discípulos firmes, saludables, y eficaces, deberían ser las Asambleas de Dios; y así es. Sin embargo, el número de creyentes comprometidos, en contraste con el número de decisiones por Cristo recogidas, es alarmante y decepcionante al mismo tiempo. Esto es algo que se halla dentro mismo del estado en que se encuentra el discipulado en toda la Iglesia evangélica/pentecostal de esta nación.

Desde 1995 hasta 2005, las Asambleas de Dios de los Estados Unidos informaron de 5.339.144 decisiones por Cristo, mientras que la asistencia al culto del domingo por la mañana para el mismo período creció sólo 221.790.1 La proporción entre el aumento de asistencia los domingos por la mañana y los informes de conversiones es cuatro por ciento. Es obvio que por varias razones este porcentaje necesita un ajuste que signifique un aumento.

  1. Conforme una iglesia envejece, hay una disminución natural en los números a causa de la proporción de fallecimientos. No obstante, esta proporción se equilibra en algo con la proporción natural de nacimientos.
  2. La mayoría de las iglesias experimentan un número significativo de pérdidas debido a que sus miembros o simpatizantes se trasladan de una comunidad a otra. Las evidencias proporcionadas por lo que se nos dice sugieren que cuando las personas se mudan a otra ciudad, algunas de ellas nunca se vuelven a conectar con otra iglesia, y se pierden para el Reino. Otras se mantienen dentro del Reino porque se conectan con otra iglesia evangélica o pentecostal/carismática. También hay incidencias de problemas en las iglesias y serias divisiones que causan una gran disminución en la asistencia. Con todo, también lo contrario es cierto. El hecho de que haya quienes dejen la iglesia se alivia en algo porque hay personas que comienzan a asistir a la iglesia, procedentes de otras ciudades e iglesias.
  3. En las estadísticas en las que se juega con números grandes, se pueden producir unos informes erróneos o una exageración en los números, sobre todo en cuanto a las decisiones para salvación. En algunos casos, los pastores hacen sus propios cálculos, en vez de insistir en ofrecer buenos datos objetivos.

Después de tener en cuenta todos los factores, no podemos decir con integridad que las Asambleas de Dios hayan retenido más de diez por ciento de los que han decidido aceptar a Cristo como Salvador. Si usamos esto como ejemplo, nos damos cuenta de que la falta de retención de los recién convertidos en las Asambleas de Dios es una tragedia espiritual.

Para poder arreglar este problema, necesitamos conocer su causa. Nos debemos apoyar en la sabiduría y la dirección del Espíritu Santo; de lo contrario, nos podríamos desviar y centrarnos únicamente en los efectos, en vez de ir a las causas.

La ConversiÓn Y El Bautismo En Agua

Lo primero que necesitamos determinar cuando vemos el número de decisiones por Cristo, es cuántas de esas decisiones han sido verdaderas conversiones. En la sabiduría de Dios, el Señor ordenó que se bautizaran en agua las personas que se arrepintieran de sus pecados y se convirtieran. En las Escrituras está claro que ninguna persona se puede ganar su propia salvación. Efesios 2 nos dice que la salvación es un don de Dios, y por medio de las obras no es posible perfeccionarla. La salvación es consecuencia de un sacrificio perfecto. Cuando hubo en los primeros tiempos de la Iglesia quienes consideraron la circuncisión como un elemento de salvación, Pablo —guiado por el Espíritu Santo— la rechazó como medio de la gracia. Al hacerlo, cerró por completo la puerta a la posibilidad de añadir algo que se pudiera interpretar como una exigencia de esfuerzos humanos para perfeccionar el don de Dios, y le aclaró para siempre a la Iglesia cuáles eran los medios y las exigencias de la salvación.

A lo largo de la historia de la Iglesia ha habido quienes han tratado de añadir obras y ordenanzas humanas como requisitos para la salvación. Un grupo pentecostal sostiene la falsa doctrina de la regeneración por el bautismo, y exige que la persona hable en lenguas para poder ser parte de los que experimentarán el Arrebatamiento. Estas enseñanzas son destructoras para la doctrina de la salvación.

Otros se han ido al extremo opuesto. Su temor de caer en el error de la regeneración bautismal ha subestimado la importancia que tiene el bautismo en agua. Es elogiable el que tratemos de evitar un error doctrinal, pero eso nunca debe apagar nuestra pasión por la verdad, y nuestra proclamación sobre ella, así como nuestro cumplimiento de nuestras obligaciones bíblicas.

No debemos insistir en que el bautismo en agua sea un requisito para la salvación. No obstante, sí insistimos en que los nuevos creyentes deben ser bautizados en agua, porque Cristo lo ordenó.

Cuando el Señor de la Iglesia le entregó la ordenanza del bautismo en agua, le estaba proporcionando una evidencia poderosa y continua de la verdadera conversión. Jesús sabía lo que hay en la naturaleza humana. Sabía que la decisión de seguirle no tenía sentido si la vida de la persona profesante no cambiaba. ¿Cuántos de nosotros no nos sonreímos al oír que alguien dice: “Voy a hacer una dieta para perder veinte kilos”? En cambio, si la persona cambia su estilo de vida y los resultados son observables, comenzamos a tomarla en serio.

El bautismo en agua no es un medio de salvación, pero es un primer paso serio en el discipulado. Los líderes de las iglesias cometen un error crítico cuando no insisten en que los nuevos creyentes presenten una prueba de su compromiso (esto es, el bautismo en agua).

El bautismo en agua es un ejemplo de obediencia. El Señor quiere ver obediencia en todos y cada uno de los nuevos creyentes, porque la obediencia es el principio del verdadero discipulado. El bautismo en agua no demuestra su soberanía, pero sí demuestra que el nuevo creyente no se avergüenza de decir al mundo que Cristo es su Salvador.

En algunos países y culturas, el bautismo en agua es castigado con la pena de muerte. En esos casos, la familia del nuevo creyente lo deshereda y excluye de su seno después que sigue al Señor en el bautismo en agua. En estas familias es corriente que celebren un funeral y proclamen que el nuevo creyente ha muerto para la familia. Es irónico que en una cultura pagana e incrédula, la gente parezca tener una comprensión mejor que la propia Iglesia respecto a una ordenanza bíblica.

Romanos 10:9, 10 revela el hecho de que la salvación consiste en algo más que una confesión oral; también es un asunto del corazón: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación”.

Este pasaje es crítico para comprender la razón de que haya tantas decisiones por Cristo que sólo son de palabra y que sean relativamente pocos los discípulos que estén viviendo lo que ellos dicen creer. Es la diferencia entre el asentimiento mental y la convicción del corazón; entre el hablar y el hacer, y entre el simple añadir a Jesús a la junta directiva, y el darle el lugar de presidente ejecutivo de la vida.

Me extiendo en este punto porque no nos debemos sentir satisfechos con limitarnos a contar las decisiones por Cristo. Debemos poner seriamente en tela de juicio una confesión oral que carezca del acto de obediencia que la acompaña: el bautismo en agua.

Aunque no abogo porque cesemos de contar las decisiones por Cristo en las estadísticas de las iglesias (puesto que indican los posibles discípulos), sí creo que el número de bautismos en agua da una imagen más clara de las verdaderas conversiones.

Usando las estadísticas de las Asambleas de Dios, observamos que durante el período ya mencionado éstas informaron de 1.329.364 bautismos en agua. La proporción entre el aumento de la asistencia al culto del domingo por la mañana y los bautismos en agua era diecisiete por ciento. Aunque es difícil entrar como factor en este cálculo la proporción de fallecimientos dentro de una denominación, y el efecto neto de los cambios demográficos y de población, es obvio que la iglesia promedio pierde mucho más de la mitad de las personas que han sido bautizadas en agua. La manera más suave de decirlo sería indicar que el estado del discipulado entre los que han sido bautizados en agua se halla en serios problemas.

La asistencia a la Iglesia

La asistencia a la iglesia es otro factor crítico que tener en cuenta cuando se analiza el estado del discipulado. El hecho de ir a la iglesia no hace cristiano a nadie, de la misma manera que el hecho de ir a un garaje no lo puede convertir en automóvil. Con todo, la iglesia no debe contar con una persona que toma una decisión por Cristo, y decide no asistir a los cultos. Por lo general, una persona así no es seria en cuanto a su conversión.

La Iglesia es una creación espiritual que la mente carnal no puede comprender. Es el cuerpo mundial de Cristo; una institución establecida por Dios para cumplir con sus propósitos. El precio pagado para fundar la Iglesia fue muy alto: la muerte de Cristo. Las personas que no se toman en serio a la Iglesia deciden rechazar la verdad divina.

La expresión física del cuerpo mundial de Cristo es la iglesia local. En el Nuevo Testamento, la iglesia siempre se encontraba en una ubicación determinada: Jerusalén y Antioquía. Quienes pretenden ser parte del cuerpo de Cristo, pero no participan en la iglesia física institucional se engañan a sí mismos. Las Escrituras hacen ver con claridad que el Señor ha dado dones a la Iglesia —como los pastores y maestros— para el perfeccionamiento/maduración (discipulado) de los santos. La Iglesia es la provisión de Dios para los que toman en serio su conversión. Los cristianos que sostienen que no necesitan a la Iglesia están poniendo en tela de juicio la sabiduría de Dios. Sin fidelidad a la Iglesia, el creyente no puede alcanzar la perfección en Cristo. Además de esto, las Escrituras nos ordenan reunirnos como cuerpo de Cristo, cada vez con mayor conciencia de la venida del Señor.

Siguiendo nuestro análisis, el aumento neto de asistencia a los cultos del domingo por la mañana en las Asambleas de Dios fue de 221.790 personas (de 1.531.003 a 1.752.793). Esto significa un crecimiento de catorce por ciento. Una vez más, cuando contemplamos estos datos, los números no nos dan el cuadro completo. La Confraternidad tuvo que crecer más de catorce por ciento en la asistencia promedio los domingos por la mañana para compensar factores como la proporción de fallecimientos y las posibles pérdidas netas causadas por los que entran y los que salen de las Asambleas de Dios. Como sucede con la comparación de números entre los bautismos en agua y las decisiones por Cristo, el crecimiento de la asistencia promedio los domingos por la mañana (221.790), cuando se compara con el número de decisiones registrado (5.339.144) debería preocupar seriamente a todo líder responsable de la Iglesia.

Toda persona responsable en cuanto al discipulado debe tener una profunda convicción respecto a lo importante que es la constancia en la asistencia a la iglesia. El enemigo ha convencido a muchas personas con la idea de que no podemos esperar de gente que tiene un estilo de vida tan complejo y unas exigencias tan grandes sobre su tiempo, que sea fiel a la iglesia. La asistencia a la iglesia queda así como una opción que debe ceder el paso ante los horarios de trabajo, las actividades para escolares, y las oportunidades de tomarse unas vacaciones. La gente se toma el día libre los domingos para irse a su segunda casa, o dar un paseo en su barco.

Algunos cristianos creen que leer meditaciones cristianas o ver la televisión cristiana son cosas que pueden reemplazar la asistencia a la iglesia. Otros son entusiastas en cuanto a asistir a reuniones de avivamiento, seminarios y conferencias, pero no lo son tanto en cuanto a ser fieles a la iglesia.

Durante demasiado tiempo las iglesias pentecostales han sido reacias a predicar, enseñar, y fomentar lo importante que es ser fiel a la iglesia local. Aunque la asistencia a la iglesia no sea tampoco un componente de la salvación, con todo, es un factor importante —el principal— en cuanto a discipulado.

Para crecer espiritualmente en nuestra cultura estadounidense del siglo XXI, el creyente necesita ser fiel en su asistencia a la iglesia. Ésta debe ser una de las mayores prioridades de su vida. ¿Por qué? La iglesia no sólo es lo que Dios ha provisto como recurso para todos los creyentes, sino que también es el único lugar seguro donde la familia se alimente en las cosas de Dios. Los que se quejan de que la iglesia es imperfecta, o que no satisface sus expectativas, se están olvidando de dos realidades fundamentales: la iglesia es el hogar espiritual del creyente, y descuidar la vida de iglesia equivale a disminuir la buena calidad de nuestra propia vida espiritual.

Hay una gran diferencia entre ser legalista y ser responsable. Decir que una persona no es salva si no asiste a la iglesia es un asunto de legalismo. Decir que la fidelidad en la asistencia a la iglesia es un requisito indispensable para el crecimiento y la seguridad espiritual es un asunto de responsabilidad. Decir que es pecado irse a pasear a un lago o disfrutar de los deportes en domingo, es puro legalismo. En cambio, enseñar a las personas lo importante que es ser fiel a la iglesia, es asumir una responsabilidad.

Todos y cada uno de los creyentes tienen una responsabilidad con su iglesia. Por su parte, los líderes de la iglesia tienen una responsabilidad con todos y cada uno de los creyentes. Los pastores deben hacer todo lo que esté a su alcance para hacer que la experiencia de la iglesia sea rica y satisfactoria. El Señor se merece lo mejor de nosotros en todos los aspectos en que le servimos: en la predicación, en la enseñanza, en la música, en las dependencias de la iglesia, en el cuidado pastoral, y en la administración. Los líderes de las iglesias no son sólo los encargados de proclamar la verdad, sino también modelos primarios de esa verdad. Todos los que pertenecemos al reino de Dios necesitamos orar como nunca para que la Iglesia esté siempre en su mejor forma.

Los Miembros De La Iglesia

La cantidad de miembros de las iglesias es un factor importante en el estado del discipulado. Las estadísticas revelan que desde 1995 hasta 2005, el crecimiento del número de miembros de las Asambleas de Dios fue de 235.016 personas, pasando de 1.377.320 hasta 1.612.336 (diecisiete por ciento). Sin embargo, en este mismo período, esa cantidad de miembros creció alrededor de tres por ciento más que la asistencia los domingos por la mañana.

Estas cifras nos dicen que se está promoviendo mejor la afiliación en las iglesias que en el pasado. Los líderes de las iglesias han comprendido que en nuestra cultura es importante que las personas se comprometan con su iglesia.

En el pasado muchos pastores titubeaban a la hora de insistir en que las personas se hicieran miembros formales de la iglesia. Según yo creo, la principal razón de esto era el temor de que la gente comenzara a ver la afiliación en la iglesia como un medio de aumentar los números de asistencia, más que un medio de animar al discipulado. Aunque no queremos usar la afiliación de las iglesias como una razón para gloriarnos, sí queremos convertirla en una importante herramienta para el discipulado.

Es importante que las personas se comprometan de manera formal con Cristo y con su Iglesia. Ésa es la razón del bautismo en agua y de la afiliación en la iglesia local. Habrá quien sostenga que el hecho de firmar una tarjeta no hace que alguien se convierta en discípulo. Sin embargo, firmar esa tarjeta es algo similar a firmar una licencia de matrimonio. Esta última es una expresión externa de un compromiso interno, y es importante para el futuro de una relación matrimonial. Es una proclamación ante el mundo de que los miembros de la pareja no están ya a disposición del noviazgo, y hace que sean responsables el uno con el otro en los momentos de tentación y de dificultades. En la ceremonia nupcial, el pastor dice: “El matrimonio es un estado honorable”. Necesitamos hacer una proclamación similar cuando la familia de la iglesia reconoce a sus nuevos miembros.

Como en el matrimonio, el ser miembros de una iglesia no es lo que determina la calidad de nuestra relación con ella. Sin embargo, sí sirve para destacar el plan de Dios en cuanto a que los creyentes tengan una relación rica y satisfactoria con todos los derechos, privilegios, y obligaciones inherentes en el cuerpo de Cristo y para él. La institución del matrimonio se halla sometida a un ataque continuo. Un matrimonio pierde su sentido cuando faltan el amor, la pureza, y la responsabilidad. Aunque haya quienes no quieran hacer del matrimonio lo que Dios quiere que sea, eso no disminuye la importancia de éste ni su contribución al aumento de la integridad y la fortaleza de la sociedad. En unos tiempos en los cuales se elogia mucho de palabra al matrimonio como institución y a la afiliación como obligación, nos corresponde a todos los cristianos honrar a Dios yendo más allá de ese elogio de palabra para mostrar una fidelidad continua a su voluntad y un compromiso real con sus planes.

Los Seguidores

Otra cifra indicadora que necesitamos tener en cuenta al analizar el estado del discipulado es el número de seguidores. Siguiendo nuestro estudio estadístico, vemos que este número creció de 2.387.982 a 2.830.861, lo cual significa un aumento de diecinueve por ciento. A la luz del hecho de que la asistencia promedio al culto de adoración de los domingos por la mañana en las Asambleas de Dios era de 1.752.793 en un domingo ordinario, esto significaría que más de un millón de personas que las iglesias de las Asambleas de Dios consideran como suyas, no asistían a estos cultos.

Por razones obvias, sería imposible determinar la calidad del discipulado de los seguidores de las Asambleas de Dios como grupo. Con frecuencia su única conexión con la iglesia en sentido formal, es su palabra. Las evidencias procedentes de las anécdotas y los testimonios de los pastores nos dicen que hay muchos creyentes fieles y comprometidos en las Asambleas de Dios. Sin embargo, una mirada realista a esas mismas evidencias nos dice que una gran mayoría de nuestros seguidores son, en el mejor de los casos, cristianos nominales solamente.

ConclusiÓn

Las Asambleas de Dios necesitan reunir las estadísticas mejores y más dignas de confianza que puedan para darse cuenta del inmenso potencial en cuanto a crecimiento y desarrollo espiritual que hay entre aquellos que las consideran como su iglesia. No obstante, el mejor indicador del estado en que se halla el discipulado se encuentra en la asistencia promedio los domingos por la mañana. Este es el único indicador d el número de personas que siguen unidas al cuerpo de Cristo. La decisión por Cristo, el bautismo en agua, y el bautismo en el Espíritu Santo son experiencias de un momento que son necesarias en la vida cristiana. A menos que el nuevo creyente siga adelante en un andar continuo con Cristo, estas experiencias no indicarán un compromiso ni un interés progresivo en las cosas de Dios.

Es difícil medir el grado de participación o de fidelidad de un creyente. En un sentido práctico, la asistencia los domingos por la mañana es una manifestación, no de buena o mala calidad, sino de un interés en la iglesia y una conexión continua con ella. Los pastores deben centrarse en estas personas como candidatos para un discipulado transformador.

Puesto que el estado del discipulado se determina por la buena o mala calidad de los discípulos que componen la iglesia, de vez en cuando necesitamos comprobar la realidad, para hacer las reparaciones y los ajustes que sean necesarios, y dar lugar en el futuro a aquellos que quieran vivir en la comunidad de la iglesia y a otros que consideren la iglesia como algo que Dios les ha proporcionado.

Volvamos a llamar a nuestro amistoso contratista —el Espíritu Santo— para que nos haga una evaluación del estado del discipulado. A partir de las estadísticas, un experto en edificios que inspeccionara las Asambleas de Dios podría decir:

“Cuando se las evalúa como albergue espiritual, las Asambleas de Dios siguen siendo viables. Tienen una estupenda curva de atracción y son funcionales. Constituyen una gran casa que tiene espacio para una familia en crecimiento. En el momento presente, los cimientos se hallan en buen estado. No obstante, hay algunos problemas de estructura que, si no se los resuelve, podrían hacer que la casa sufriera grandes daños en una tormenta o un terremoto. No estoy preparado para hablar del precio, ni del tiempo necesario para llevar la casa al nivel de las especificaciones divinas, pero será algo costoso en tiempo y en trabajo.

“Al contemplar el potencial de esta estructura que va envejeciendo, la buena noticia es que, si hay una buena disposición para enfrentarse a los hechos, pagar el precio, y buscar la ayuda debida, las Asambleas de Dios se pueden convertir en la Iglesia más sólida, atractiva, y mejor preparada para la vida espiritual de los Estados Unidos en el siglo XXI. Si quieren, yo les puedo hacer de contratista general”.

A Dios le agradaría que todas las personas conectadas con las Asambleas de Dios dijeran: “Bienvenido, Espíritu Santo. Te invitamos a examinar todos los rincones de la iglesia. Prometemos a Dios que no huiremos de la verdad, sino que responderemos a ella hallando una fe y una libertad nuevas para hacer de la Iglesia todo aquello que tú quieres que llegue a ser”.

Charles T. Crabtree is former assistant general superintendent of the Assemblies of God, Springfield, Missouri. Adapted from chapter one of his book, Transformation Discipleship. ©2007 by Gospel Publishing House, 1445 N Boonville Ave., Springfield, Missouri 65802.

Nota

  1. Los datos sobre la asistencia a los cultos de los domingos por la mañana se refieren al principal culto de adoración de la iglesia, y pueden incluir los cultos del viernes o el sábado por la noche, o varios cultos de domingo.

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