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Cuatro impedimentos contra el discipulado
“Es pasmoso el que sean tan pocas las iglesias que son iglesias de discípulos”; ésta es la conclusión a que llega George Barna, a pesar de reconocer que la mayoría de las iglesias tienen programas cuyo propósito es este mismo. “Nunca antes en la historia de los Estados Unidos ha penetrado tanto el evangelio de Jesucristo”, observa George Gallup, “al mismo tiempo que ha significado tan poco en la forma real de vivir del pueblo.”
El primer paso hacia la solución de este problema tan extendido y con unas raíces tan profundas es comprender los obstáculos que hay para el discipulado. En primer lugar, necesitamos superar dos tipos de impedimentos frecuentes y significativos en nuestro propio ministerio. Después necesitamos ayudar a los creyentes a enfrentarse con dos imponentes barreras que hay en su vida: las subversiones culturales y los asuntos personales.
Las vulnerabilidades del ministerio se dividen en dos categorías: unas metas defectuosas para el ministerio y un enfoque imperfecto de la labor de hacer discípulos. Entre los ejemplos de la primera categoría se encuentran el de esforzarse por aumentar la asistencia a la iglesia en vez de buscar la transformación de las vidas, y el de contentarse con tener unos miembros sumisos y celosos, en vez de buscar su maduración espiritual continua. Uno de los enfoques más corrientes que no alcanzan el nivel debido es el de apoyarse en la asistencia a los cultos y las actividades de la iglesia. En el mejor de los casos, estas cosas sólo deberían ser parte de una estrategia expresa y resuelta para hacer discípulos.
Entre las seducciones culturales se incluyen el evidente atractivo de las riquezas, las posesiones, el éxito y las diversiones. Aquí también se encuentran las creencias erróneas que se infiltran en nuestra mente mediante un bombardeo constante, y terminan moldeando nuestros valores. Podemos citar como ejemplos estas ideas: lo presente es lo que importa; el mundo físico es más real que el espiritual, y Dios existe para atender a nuestras necesidades. Estas seducciones producen anemia espiritual en vez de un discipulado creciente.
Muchas cuestiones personales también frustran el crecimiento en el discipulado. Por ejemplo, en un mundo caído, las experiencias dolorosas marcan profundas heridas en nuestro espíritu. Con frecuencia, esas heridas hacen que nos lancemos en busca de sustancias y formas de conducta, como el trabajo compulsivo, para embotar el dolor. Es fácil que se conviertan en dominantes o adictivas, y nos roben el tiempo, la energía, la libertad, y la voluntad para seguir la dirección de Dios en nuestra vida. A menos que las venzamos, lo que harán será bloquear la posibilidad de un discipulado significativo.
Para cumplir la Gran Comisión que nos dejó Jesús de hacer discípulos (Mateo 28:19), debemos superar los obstáculos relacionados con el ministerio y enseñar a los creyentes a vencer por medio de la capacitación del Espíritu de Dios los obstáculos que se levanten en su espíritu.
Stephen Lim, Springfield, Missouri
