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Los vientos de cambio: la experiencia de una iglesia en la transición a los pequeños grupos

Mientras veía la televisión en agosto de 2005, me sentí afligido y enfermo ante las imágenes que llegaban de los estados situados en la costa del Golfo después del huracán Katrina. Puesto que vivo en la costa del Golfo de la Florida, no sólo supe que estaba presenciando uno de esos momentos en los que a mí me habría podido pasar lo que había pasado allí, sino también me sentí profundamente preocupado por el impacto que una tormenta como aquélla habría podido tener en la iglesia que pastoreo. Si mi iglesia, como tantas otras, quedaba totalmente devastada, o no podía funcionar en su local central, ¿sobreviviría? ¿Cómo?
Doing Life TogetherTM Creo que no es ninguna coincidencia el que mucho antes que Katrina arrasara, Dios hubiera estado poniendo en el corazón a los miembros de nuestro equipo pastoral que era hora de sacar a la iglesia de entre las cuatro paredes del edificio. Durante meses antes que los vientos de Katrina comenzaran a soplar, nosotros habíamos estado en un tiempo de oración y descubrimiento respecto a la siguiente fase en el desarrollo de nuestra congregación. Estábamos sintiendo que era hora de guiar a nuestra gente a través de algunos cambios revolucionarios; era hora de pasar de ser una iglesia con pequeños grupos, a una iglesia de pequeños grupos.
Doing Life Together
Con la dirección del Espíritu Santo y las imágenes de Katrina grabadas en la mente, anunciamos a la iglesia nuestra estrategia para el discipulado, y la importancia que tiene el que vivamos juntos la vida. Durante nuestros cultos de fines y de mediados de semana, comencé a presentar el esquema bíblico de los pequeños grupos. Hablé también de que el equipo pastoral creía que Dios nos estaba llevando a salir de los confines de nuestras dependencias. Compartí con ellos la estrategia que permite que los pequeños grupos puedan ser el catalizador para la asimilación de nuevos miembros en la iglesia, discipulándolos por medio del estudio y la responsabilidad. Por medio de esos grupos tan unidos se podían satisfacer amorosamente las necesidades, y se podía experimentar la comunión (koinonía) bíblica.
Aunque en nuestra congregación había algunos que no estaban convencidos de que este cambio fuera lo mejor para la iglesia, los seguimos dirigiendo según Dios nos dirigía a nosotros. Muchas personas de la iglesia no estaban familiarizadas con el concepto del pequeño grupo. Con frecuencia los miembros de nuestro personal pastoral y los líderes sostenían reuniones y daban oportunidades de entrenamiento para ayudar a la gente a ver los beneficios que recibiría nuestra iglesia. Aprendimos que los cambios de paradigmas no se producen con facilidad, así que prestamos una cuidadosa atención a los que estaban preocupados, guiándolos de una manera delicada y firme a la vez en la dirección en que Dios nos iba llevando.
Después de semanas de enseñanza y de adiestrar a la congregación sobre la forma de realizar la transición de ser una iglesia ubicada en un local central, a ser una iglesia esparcida dentro de la comunidad, lanzamos a la comunidad cuarenta grupos con más de cuatrocientos adultos (las dos terceras partes de los adultos). Basados en la serie de Brett Eastman sobre los pequeños grupos, Doing Life TogetherTM, desarrollamos cinco mensajes de fin de semana que se correspondían con el material que comentaba el grupo cada semana. A todos los líderes se les dieron guías de estudio y un DVD de quince minutos que habíamos desarrollado, de manera que pudiera echarlo a andar sin sentir la carga de preparar o presentar la enseñanza principal.
Mejor juntos
Los miembros de los grupos comenzaron a preocuparse los unos por las necesidades de los otros, a servir y a compartir responsabilidades en el ministerio, y también a acercarse a sus amigos y a su comunidad para alcanzarlos. Experimentaron además el gozo en su experiencia cristiana cuando se dieron cuenta de que Dios no los había hecho para vivir solos. Cada vez más nuestra congregación fue experimentando el poder de la comunidad y viendo que era mucho mejor estar juntos.
Una joven que llevaba poco tiempo de creyente me envió un mensaje por el correo electrónico acerca de la primera experiencia que tuvieron ella y su esposo en un grupo: “Yo dije una breve oración antes de marcharnos, confesé mi temor e inquietud, y también pedí a Dios que nos ayudara y nos guiara para que halláramos lo que estábamos buscando: un fuerte grupo de gente con la cual pudiéramos crecer en la fe, y unos cuantos amigos cristianos. Aquella noche, Dios me hizo saber que me había escuchado. Pasamos un tiempo maravilloso. El grupo nos aceptó tal como somos, y nos hizo sentir como si siempre hubiéramos estado allí. Hemos hecho amistades en ese grupo, y nos sentimos bendecidos por ellas. Hemos llegado a saber lo que significa tener amigos que realmente se interesen en nosotros y nos exijan responsabilidad. Estoy asombrada de lo que Dios hizo que sucediera en nuestra vida con aquella cosa tan pequeña.
Una iglesia sana
Nuestra congregación ha sido transformada. Está más sana que nunca, y los miembros del Cuerpo están aprendiendo a cuidarse y ayudarse mutuamente por medio de los pequeños grupos. A lo largo del año y medio pasado, nuestra congregación ha crecido, no sólo en lo espiritual, sino también en números, de ochocientas personas a mil doscientas. Nuestra gente está experimentando una vida nueva en Cristo. También está orando por sus amigos que están en más de setenta grupos de comunidad a lo largo de toda nuestra zona. El ministerio de cuidado pastoral que dan los pastores ha disminuido notablemente. Los miembros de los grupos están acompañando ahora a otros miembros al hospital, proporcionándoles comidas, cuidando de los que han perdido un familiar, o ayudando materialmente a los que tienen necesidades.
Los pequeños grupos también han proporcionado una atmósfera propicia para el desarrollo de líderes. Nuestro sistema mejora notablemente las habilidades de los líderes existentes, al mismo tiempo que proporciona oportunidades para descubrir y preparar a los líderes en potencia.
El ministerio más allá de las paredes de la iglesia
Ocho meses después de comenzado este andar, mi equipo de líderes estaba haciendo un recuento de los milagros y la transformación de nuestra iglesia. Uno de los relatos me impresionó, y me trajo de vuelta el recuerdo de Katrina. Kim, una madre soltera de Mississippi, había sido desplazada por la tormenta. Su apartamento había quedado totalmente destruido, y había perdido todo cuanto tenía. No sabiendo qué hacer, se mudó a nuestra ciudad y comenzó a trabajar en una compañía local para poder rehacer su vida. Después de oír hablar de la situación de Kim, una compañera suya de trabajo que es miembro de nuestra iglesia, regresó a su pequeño grupo. Allí dijo que Kim y su hija estaban durmiendo en colchones de aire y no tenían muebles ni utensilios de cocina. Este grupo les compró camas y les amuebló el apartamento, oró sobre su nueva casa para pedir la bendición de Dios y la invitó a la iglesia. Kim vino a la iglesia con su hija. El Domingo de Resurrección fue bautizada durante nuestro culto del amanecer en la playa.
Mi mente volvió de inmediato a ese momento cuando estaba frente a mi televisor y Dios me confirmó la dirección en que estaba a punto de llevar a nuestra iglesia. Recordé mi pregunta: ¿sobreviviría nuestra congregación a una tormenta así?
En ese momento, supe que sí sobreviviríamos, porque ya no éramos una iglesia atascada entre las cuatro paredes de nuestro edificio. Nuestra fe y nuestra fraternidad habían sido liberadas para causar un impacto en nuestra ciudad con el amor de Cristo, cualesquiera que fueran las circunstancias que se presentaran en nuestra comunidad.
Mark Canfield, pastor principal, Pinellas Community Church, Saint Petersburg, Florida
