Assemblies of God SearchSite GuideStoreContact Us

Permita que viva el amor

El principio del amor de Cristo transformó todo el modelo de ministerio de la iglesia de Timberline.

Por Dary Northrop

En 1986, Bonnie y yo llegamos a Fort Collins, Colorado. Yo tenía veintiocho años cuando fui elegido pastor principal de una iglesia de sesenta y cinco años. Éramos jóvenes y nunca habíamos sido pastores principales. Un joven pastor y una iglesia con una herencia multigeneracional puede prescribir una receta para el conflicto.

Pero no experimentamos el conflicto. ¿Por qué? Por nos amaron de la manera que éramos. Aceptaron nuestro ministerio y nos aceptaron a nosotros. Cuando comenzamos a amarnos los unos a los otros, se volvió un buen matrimonio. Dios vio nuestros corazones y el corazón de ellos, y nos moldeó juntos como una familia de la iglesia.

Casi dos décadas más tarde, Dios ha usado ese principio fundamental del amor para que crezcan la iglesia de Timberline y sus miembros. El lema de nuestra iglesia es Permita que viva el amor. El amor ha dado forma a toda mi manera de ministrar.

Cuanto más reflexiono sobre el amor de Cristo, tanto más convencido estoy de que es el mejor instrumento para echar abajo las barreras. El amor de Cristo trae personas de todos los rincones de la sociedad a Timberline. El amor de Cristo llevará a las personas a su iglesia. El amor de Cristo lo guiará en cómo relacionarse con esas personas hasta que descubran plenamente su amor por sí mismas.

El amor invita

Una de las primeras cosas que usted descubrirá acerca del amor de Cristo es que atrae a su iglesia a personas que pudieran hacerlo sentir a usted incómodo a menos que usted obre siempre con amor.

No habíamos estado en Timberline mucho tiempo antes de que una joven asistiera a nuestro culto y fuera salva. Ella se dedicaba a desnudarse en algunos espectáculos. Ella encontró al Señor a pesar de nuestros mejores esfuerzos. Sus amigas fueron a su bautismo en agua, y encontraron al Señor. Esas no eran las muchachas vecinas que muchas iglesias atraen. Pronto se les unieron otras personas — algunas que se hacían agujeros y tatuajes en el cuerpo — cuya apariencia daba la impresión de ser contraria de lo que considerábamos apropiado para una iglesia.

Esas personas no parecen ajustarse a nuestras clases de escuela dominical o a los pequeños grupos. Ninguno de los programas de estudio que estábamos usando daba resultado para ellas. Al principio, no podíamos servir con eficiencia a estos nuevos creyentes. No podíamos relacionarnos con su mundo, y eso abrió nuestros ojos. De modo que determinamos que cambiaríamos. De esa determinación surgió nuestra misión y nuestro lema, Permita que viva el amor. Esas cinco palabras nos dieron el poder para decir a nuestros visitantes que, sin que importe quiénes sean o de dónde vengan, permitiremos que viva el amor.

Descubrimos que el amor de Dios está vivo y sano. A menudo los cristianos ponen el amor de Dios en una caja y tratan de definirlo a través de los filtros del prejuicio. Cuando usted ama a las personas de la manera que son, aun antes de que cambien, usted las valora como seres creados por Dios. Esa clase de amor cambia su perspectiva. Usted comienza a ver el valor que Dios le ha dado.

Esta clase de amor es la raíz del evangelismo. Las personas quieren relaciones verdaderas y auténticas en las que puedan ser vulnerables y transparentes.

La manera más eficaz de hablar del evangelio es mediante las amistades. El que extraños lleven a extraños al Señor ha llegado a ser más improbable en nuestra cultura. Enseñamos a nuestra gente a andar con los perdidos, a amarlos como son, a ser sus amigos sin colgarles letreritos y sin considerarlos el blanco del evangelismo. Los perdidos deben saber que la amistad de un creyente no depende de una decisión de salvación. Si nunca se entregaran al Señor, la amistad continuará.

Queremos que nuestros amigos inconversos comprendan que no tienen que llevar una doble vida ni ocultar las cosas que los atan. Como soy pastor, a veces las personas esconden sus cigarrillos detrás de ellas cuando me ven venir. Eso me resulta embarazoso. Quiero decirles: “Tenga la bondad de no ocultarme su vicio.”

La iglesia es un lugar a donde llevamos nuestros vicios, no donde los escondemos. Tenemos ceniceros fuera de la iglesia porque algunos fuman antes de entrar. El hecho de que fumen no nos preocupa. Queremos amarlos como son y dejar que el Espíritu Santo los cambie. Nosotros pescamos, y Dios limpia el pescado.

Vivo según este principio en mis relaciones. Mi oración es que algunos de mis amigos inconversos puedan decir: “Dary es mi mejor amigo.”

La iglesia se ha escudado detrás del mandato bíblico de que nos separemos del mundo, y ha olvidado que lo que quiere decir ese mandato es que nos separemos de una manera pecaminosa de vivir y que nos apartemos para servir a Dios. Mientras estamos sirviendo a Dios y viviendo como Cristo, estamos extendiendo la mano a los perdidos con el mismo amor y la misma compasión que Cristo mostró. Jesús pasó tiempo con los pecadores. Es algo asombroso decir que Jesús comió con los pecadores; es aun más asombroso para mí que los pecadores quisieran comer con Jesús.

Me uní al Club Rotario. Voy a esquiar con los paganos. Ceno con personas que piden bebidas en la comida. Los creyentes necesitan ir a las fiestas de Navidad de sus centros laborales. Tienen que participar en la vida de su ciudad. Pueden unirse al concejo municipal o postularse para un puesto. Quiero que nuestra iglesia dé libertad a los creyentes para que vayan adonde están los perdidos y los amen donde están.

El amor no es labia para vender

Cuando nos relacionamos con los inconversos, ellos tienen que ver que somos genuinos. A veces nuestra presentación del evangelio es como el recibir llamadas telefónicas no deseadas a la hora de la cena. La mayoría de las personas no están interesadas en hablar con alguien a quien no conoce y que tiene algo que vender. A veces los cristianos son culpables — aunque su motivación sea su amor a Dios — de ver el evangelio como algo para vender, o al menos repartir. Pero los pastores tienen que permitir que su predicación y su enseñanza lleven a las personas a su relación con Dios.

Este es un gran cambio de algunos de los antiguos paradigmas. Algunas personas necesitan tiempo para descubrir a Dios. En realidad, Dios tiende a obrar con muchas personas a través del tiempo para atraerlas hacia sí mismo. Hemos visto a personas que hacen un viaje de tres, cuatro o seis meses. Van fielmente a la iglesia, y aun dan sus ofrendas antes de que acepten a Cristo.

Tenemos que animar a los perdidos en su camino. Cuando llegan al punto en el que pueden decir: “Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios y que murió por mis pecados”, esto tiene que ser un paso natural en vez de un salto a lo desconocido.

Algunos predicadores son buenos hablando, pero no buenos escuchando. Los que no van a la iglesia necesitan a un pastor que sepa escuchar. Lo que tienen que decirnos los perdidos cambiará lo que hemos preparado de antemano para decirles. Las personas rara vez hacen las preguntas que estamos preparados para responder.

Cuando hablamos tenemos que crear un ambiente en nuestra iglesia en que los inconversos se sientan cómodos. Hago eso todo el tiempo, y no sabía que era algo excepcional hasta que algunos pastores me lo mencionaron. Cuando doy la bienvenida a las personas en un culto, a menudo digo: “Doy la bienvenida a aquellos de ustedes que no han tomado la decisión de seguir a Cristo. Queremos que hagan preguntas. Queremos que viajen con nosotros. Piensen en lo que nosotros creemos. Esperamos que ustedes puedan aprender a entender los reclamos de Cristo para ustedes, y no simplemente aceptar lo que les decimos nosotros. Dejen que Dios se revele a ustedes. Nos alegra que estén aquí. Siéntanse como en su casa.”

Recomiendo ese modelo a los pastores, aun cuando estén pastoreando una pequeña iglesia donde conocen a todo el mundo y no vean a ningún inconverso entre sus oyentes. El hacer esto cambia la actitud de la congregación hacia los inconversos y los prepara para amar incondicionalmente a los que de ellos nos visitan.

Cada fin de semana la gente me dice: “No soy cristiano todavía, pero lo estoy considerando.” Dicen dónde están en su viaje y piden oración. Pudieran hacer una petición específica de oración. Estoy aprendiendo cuán rara es esa clase de comunicación en muchas de nuestras iglesias porque el ambiente no lo permite.

Hoy es el día de salvación; pero, cuando presionamos a las personas para obtener una respuesta, podemos arruinar lo que está haciendo el Espíritu Santo. Quiero que las personas entiendan por sí mismas que el Espíritu las está llevando a pensar acerca de asuntos espirituales. Quiero ayudarlas en su jornada al alentarlas y fortalecerlas. Me río con las personas, lloro con ellas, y participo en la vida de ellas.

¿Quiere decir eso que evito el hacer llamados al altar para salvación en nuestra iglesia? No. por lo general hago esta invitación a la salvación: “En este día. mientras termino, quiero dar la oportunidad de responder a quienes sienten que Dios está tocando en su corazón. Ustedes saben que están separados de Dios. Pero hoy, por la fe, ustedes quieren aceptar a Cristo en su vida. Los guiaré en una oración, y los invitaré a que respondan si creen que es su tiempo. Si lo dicen seriamente, su vida cambiará por completo. Si ustedes oran conmigo esta oración de fe, levanten ahora mismo la mano, donde quieran que estén.”

Se levantan las manos en cada culto. A veces las personas responden después de asistir tres meses, pero algunas responden el primer domingo. No pido a las personas que se pongan de pie ni que pasen al frente. Las guío en oración donde están sentadas. Luego les doy una Biblia e información que las ayude a participar en el discipulado.

El amor extiende la mano

Cuando el amor de Cristo vive en una iglesia, se concentra en la Gran Comisión y busca formas de relacionarse con la comunidad. Algunos pastores creen que el evangelismo siempre tiene que relacionarse con una actividad. El evangelismo tiene que relacionarse con la vida cotidiana de las personas.

Tratamos de dirigir tantos funerales como sea posible en que participan personas no asociadas con una iglesia. Quienes dirigen los funerales nos llaman, y con gusto los ayudamos porque sabemos que ayudaremos a las familias. Eso nos permite que como iglesia extendamos la mano con amor a las personas que están pasando por el dolor y la tristeza. Tratamos de hacer lo mismo con las bodas. Reconocemos que no podemos casar a cualquiera. Pero cada vez que pueda, forme un ambiente en el que una joven pareja comience una relación de toda la vida con la bendición de una iglesia. Le habrá dado a esa nueva familia un maravilloso regalo.

Buscamos actividades que no son de la iglesia que podamos patrocinar. Somos un centro electoral para nuestro distrito. Permitimos que la ciudad realice sus funciones en nuestro edificio. Tenemos abogados, un grupo semanal de agentes inmobiliarios, y otras actividades públicas que se celebran en nuestras instalaciones. Hacemos esto como un ministerio para la comunidad. Sólo cobramos el costo de la limpieza, del mantenimiento, y algún trabajo como el del funcionamiento del sistema de sonido.

El comedor de nuestra iglesia tiene una gran influencia. Personas que nunca han asistido a un culto de la iglesia se reúnen regularmente con su grupo y almuerzan en nuestro comedor.

Nuestro edificio no se ha desplomado ni ha sido alcanzado por un rayo porque lo usemos para esas funciones. Creo que a Dios le agrada. Los perdidos están conociendo a nuestra iglesia. Ellos comprenden esto: podemos entrar en esa iglesia, y la gente es agradable allí. Poco después, van a un culto de la iglesia.

Tenemos patios exteriores donde las personas pueden sentarse y escuchar el culto. También pueden ver el culto en un monitor de televisión en el segundo piso si no pueden ir al santuario. Es importante, sin embargo, que las personas tengan la oportunidad de comprometerse con la vida de la iglesia. Quiero darles la oportunidad de que lo hagan. Ese es el espíritu de nuestra iglesia.

No estoy en contra de las actividades organizadas; sin embargo, quiero que esos proyectos complementen el enfoque diario que mantenemos. Patrocinamos un proyecto de adoptar una familia en Navidad. Pedimos los nombres de las personas que viven en nuestra ciudad y que están necesitadas. A través de los años hemos adoptado a millares de familias. En realidad, somos el lugar adonde hay que ir en nuestra ciudad. Cuando el Ejército de Salvación se asocia con la policía local para Navidad, ellos trabajan con nuestra lista. No se les exige a las familias que asistan a nuestra iglesia para recibir esos regalos. Los miembros de nuestra congregación compran regalos para la familia que han escogido y los entregan en sus casas sin condición alguna. Sencillamente dicen a esa familia sufrida: “Los amamos, y queremos que esta sea una gran Navidad para ustedes.”

La semana del 4 de Julio celebramos una gran actividad para nuestra comunidad. Honramos al personal médico y militar, junto con nuestras agencias de mantenimiento del orden. Tenemos una gran reunión y les damos las gracias por todo lo que hacen por nuestra comunidad.

Un factor clave para amar y ganar a su ciudad es aprender lo que la comunidad ve como sus necesidades. Además de nuestra despensa de alimentos, contribuimos con el banco de alimentos de la ciudad. Les decimos a los funcionarios de la ciudad: “No queremos ni un desamparado en este pueblo. Apoyaremos ese refugio si ustedes lo construyen.”

Preguntamos: “¿Qué necesita usted? ¿Cómo podemos ayudar?” Tenemos voluntarios con Habitat for Humanity. Hemos dado dinero con el objeto de ayudar a construir nuestro centro para ancianos. No es un edificio para atención cristiana, pero se puede ver el nombre de nuestra iglesia en la placa de ese edificio así como en las placas por todo Fort Collins porque damos a las escuelas de segunda enseñanza y a las escuelas secundarias y a otros proyectos comunitarios para apoyar la visión que tienen para reformar la ciudad.

Creo que dar a la comunidad es parte de una buena mayordomía. Entusiasma a las personas ver satisfechas las necesidades locales. En un reciente banquete misionero dimos $50.000 a agencias en nuestra comunidad para decirles: los amamos. Los abrazamos. Creemos en lo que está haciendo. Cuando una iglesia extiende la mano a su comunidad y ayuda en formas tangibles, las personas comprenden que la iglesia es parte esencial de la comunidad. Ellas creerán en usted y lo escucharán cuando usted hable.

El amor toca al mundo

Algunos pudieran preguntarse si Timberline está tan concentrada en Fort Collins que nos hemos olvidado del resto del mundo. La Gran Comisión comienza en Jerusalén y en Judea, y ponemos en práctica eso en cada expresión de nuestro ministerio. Pero también se extiende hasta lo último de la tierra. Creemos que tenemos la responsabilidad de ganar al mundo. Tomamos en serio esa responsabilidad.

Las misiones comienzan en nuestro santuario. Apoyamos y presentamos a muchos misioneros. Presentamos vistas de cinco minutos para que los nuestros estén conscientes de los lugares necesitados alrededor del orbe. Mostramos muchísimos videos. La obra misionera mundial de las Asambleas de Dios tiene algunos excelentes materiales. También producimos algunos materiales nuestros.

Fomentamos una actitud mental misionera en todo nuestro edificio. Cuando se acerca nuestra convención misionera cada año, ponemos fotos, carteles y pantallas de video alrededor de nuestra iglesia de modo que las personas puedan aprender acerca de distintos lugares en el mundo.

La participación en las misiones se extiende a los viajes que organizamos. A menudo planeamos varios viajes misioneros cada año. Llevamos equipos médicos y equipos de adoración de nuestra iglesia a países donde estamos asociados con misioneros de las Asambleas de Dios. Hemos visto los efectos impactantes de llevar a las personas al lugar de un ministerio. Pero no podemos gastar todo nuestro dinero llevando a las personas allí. Tenemos que dar dinero para ayudar a los misioneros.

Una vez que usted cultiva una actitud misionera en su iglesia, sólo necesita llevar a las personas a un sitio misionero una vez. Cuando tienen su experiencia misionera, se convierten automáticamente en ofrendadores para las misiones. Ven que nuestros misioneros hacen un gran trabajo con los fondos que les enviamos.

Nunca nos disculpamos cuando recogemos ofrendas misioneras. Nuestros hermanos comprenden que cuando damos una ofrenda para las misiones, esperamos con emoción cómo Dios la usará. Exhortamos a que las personas den en cada ofrenda si es posible. Eso es parte de ser cristiano con una cosmovisión espiritual.

El amor tiene muchos rostros

Constantemente fomentamos — lo que llamo el ADN de Timberline — la diversidad de nuestra ciudad que está representada en nuestra iglesia. Tenemos juntos a ricos y a pobres, a jóvenes y a viejos, a adoradores tradicionales y a contemporáneos. Queremos que Timberline sea un ambiente en el que existan las diferencias sin que obstaculicen el camino.

Durante la semana se reúnen varios grupos de interés de nuestra iglesia. Por ejemplo, tenemos ciclistas, grupos de motociclistas, y grupos de tejedoras, entre otros. Los pequeños grupos son grandes catalizadores para llevar a las personas al viaje de su fe con Dios.

Cuando observo a mis oyentes durante la adoración, veo a alguno de ochenta años sentado junto a uno de veintiún años, y los dos están adorando a Dios. Habrá aspectos del culto de adoración que le complacerá más al de ochenta años mientras que otros le agradará más al de veintiuno. Pero cada aspecto es valioso.

Siempre cantamos un himno el domingo porque hay grandes himnos que deben cantarse. No cantamos himnos para complacer a la generación más vieja. Cantamos himnos porque la generación más joven necesita valorar el poder de esos himnos. Necesitamos esa diversidad.

No tenemos muchos hispanos en nuestra ciudad, pero sí tenemos una gran representación que asiste a nuestra iglesia. Muchos no hablan inglés, pero se mantienen sentados durante todo el culto porque quieren ver lo que Dios está haciendo entre nosotros. Ahora ofrecemos audífonos con intérpretes.

Demócratas y republicanos adoran juntos en Timberline. No le decimos a la gente por quién debe votar. Decimos: “¿Cuántos de ustedes están de acuerdo en que tenemos que votar y prestar atención a lo que está ocurriendo en nuestra cultura y en nuestra sociedad?” Así es como presento las cuestiones cuando se acerca una elección.

Creo en el poder de la diversidad. A menudo digo: “Pudiera no gustarle este estilo, pero no es acerca de usted; es acerca de Dios. ¿Qué le gusta a Dios? A Dios le gusta la diversidad. Observe al mundo. Observe a quienes Dios creó. No seamos egoístas en nuestras preferencias. Respetemos a otras personas y honremos otras personas. Respetemos la diversidad.”

He aquí el quid del asunto. Debe haber unidad en el cuerpo de Cristo, pero la unidad no es uniformidad. Unidad es diversidad con cooperación. La unidad es la vida de la iglesia, y eso nos pone aparte en Timberline. Cristo nos ha dado amor sin límites de los unos a los otros en medio de la diversidad extraordinaria que ha creado.

Permita que viva el amor.

DARY NORTHRUP, pastor principal, Timberline Church, Fort Collins, Colorado

 

 

 

Haga su pedido del CD Paraclete

Incluye todos los 29 años de la ahora agotada revista Paraclete [El Paracleto].Una excelente fuente de temas y asuntos pentecostales. Contiene artículos sobre temas teológicos tocante la obra y el ministerio del Espíritu Santo. Una fuente indispensable de material para sermones y para el estudio bíblico con un índice por Tema/Autor totalmente buscable. En inglés solamente.

Good News Filing System

Ordene Advance CD

Agotadas desde hace mucho tiempo pero recordadas con afecto, las revistas Advance [Avance] y Pulpit [El púlpito] bendijeron a miles de ministros. Ahora el archivo entero de Advance/Pulpit ­ casi 40 años de información, inspiración, ayudas, e historia ­ está disponible para usted en CD separados. En inglés solamente.

Visit our English web site

La edición impresa (disponible sólo en inglés) ofrece más que la edición en la red. Subscríbase ya para recibir los beneficios. (1 año - $24; 2 años - $42, añada $10 al año fuera de Estados Unidos.)

O llame gratis al:

1-800-641-4310