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Mirar más allá: cómo hallar fe para su promesa

Por Randal Ross

La llamaré Rut. Es viuda y miembro de la Iglesia Calvary, en Naperville, Illinois, y apenas sobrevive con su cheque del Seguro Social. Estira su dinero hasta el último centavo.

Rut parecería la persona de la que menos esperaríamos que se comprometiera a dar dos mil quinientos dólares anuales para las misiones. Sin embargo, esto fue precisamente lo que hizo durante uno de nuestros énfasis misioneros. Confiaba en que Dios le daría los recursos necesarios para dar cincuenta dólares por semana.

Dios honró su fe y su obediencia. Le comenzó a llegar dinero en el correo, y a través de fuentes milagrosas. Aunque nunca había hablado en público de su promesa de fe, la gente seguía derramando bendiciones sobre su vida. Al terminar aquel año, sus ingresos habían aumentado.

Ahora los llamaré Juan y María. Son los dueños de un pequeño negocio, gente de empresa que ha tenido un buen éxito moderado, y por mucho que ejercitemos la imaginación, no los podríamos calificar de ricos. El que se comprometieran a dar ciento ochenta mil dólares era claramente un sacrificio. Apenas se había secado la tinta en la tarjeta de su promesa de fe, cuando su negocio se vino abajo. Habrían podido retirar su promesa, y nosotros los habríamos comprendido. Ésa es la realidad que hay tras las promesas de fe. Usted se compromete con Dios —no con una iglesia, con un pastor o con un misionero— y le confía a Él los resultados.

Juan y María tomaron la decisión de confiar en Dios. Para ellos no había marcha atrás. Y Dios estuvo de acuerdo con ellos. El hundimiento repentino de su negocio dio un giro total en sentido inverso. Al llegar el final del año habían recibido los fondos necesarios para cumplir su promesa de fe, y les había quedado dinero.

Tenemos después el caso de Enrique. Llevaba meses desempleado cuando hizo su promesa de dar cien mil dólares. Yo he visto gente que se ha comprometido con cantidades grandes, movida por la emoción, y siempre les advierto en seguida que busquen dirección de parte de Dios. Enrique apenas podía contar con un solo dólar, pero estaba convencido de que Dios lo había guiado a prometer una ofrenda de seis cifras para las misiones.

Un abogado lo llamó para decirle que había heredado los bienes de un pariente. Con el primer pago de su herencia bastó para cubrir aquellos cien mil dólares.

Mirar mÁs allÁ de la tinta roja

Hace años descubrí en una iglesia anterior la bendición que son las promesas de fe. Ese descubrimiento se produjo durante un tiempo en el cual nuestra congregación estaba luchando para pagar sus gastos mensuales. Bajo esas circunstancias, muchos pastores no quieren llevar a su gente a hacer promesas de fe, porque creen que quitarán dinero al fondo general de la iglesia.

Nada podría ser menos cierto. Las promesas de fe llenan de energía a la congregación para que aumente su generosidad al dar. La clave está en seguir adelante con firmeza, y centrarse en la fe, no en la manipulación o la emoción. Comience por poco, decidido a ir aumentando sus ofrendas según Dios le vaya proveyendo. Créame; Dios proveerá. Cuando usted ponga el reino de Dios en primer lugar en el corazón de las personas, el Reino regresa para bendecir económicamente a su iglesia con los diezmos y las ofrendas. Es un proceso asombroso.

Todas las iglesias tienen facturas y sueldos que pagar, y un edificio que mantener. Esos asuntos son importantes, y no tiene nada de impropio el que seamos sinceros con Dios acerca de nuestras preocupaciones y nuestros temores. Pero cuando ponga las necesidades de su iglesia en las manos de Él; cuando lea su Palabra y deje que ésta le llene el corazón, comenzará a sentir que Él está guiando a su iglesia hacia un territorio desconocido de generosidad y bendición. Tal vez sienta que el Espíritu Santo lo guía a usted y guía a su iglesia a dar mil, diez mil, o cincuenta mil dólares para las misiones este mes, o este año. Busque la voluntad del Señor y permita que esos primeros pasos echen unos cimientos.

Nuestra iglesia estaba batallando por sobrevivir. Pensábamos que nos estábamos extendiendo hasta el máximo cuando la congregación se comprometió a dar cincuenta mil dólares ese año para las misiones. Pero Dios proveyó. En los años que han seguido, he visto que Él ha continuado proveyendo. Hoy, en la Iglesia Calvary nuestras promesas de fe llegan a una cantidad superior a los cincuenta mil dólares por semana. Y Dios responde con unas bendiciones aun mayores.

Mirar mÁs allÁ de las necesidades locales

Durante unos tiempos de tensiones económicas parece ir contra la intuición el que abramos la bolsa de una iglesia, en vez de apretarnos todos el cinturón. Pero Dios está obrando en el corazón de su pueblo. Las ofrendas constantes y disciplinadas que van más allá de la visión local para abarcar a un mundo perdido son espiritualmente poderosas. Producen a largo plazo un saludable ambiente de fe en la iglesia. Siempre es más sano centrar la atención en el exterior, en las necesidades de los demás, y las iglesias sanas crecen. Son más las personas que se sienten atraídas hacia un ambiente de generosidad.

Nosotros utilizamos dos énfasis especiales por año para conectar a nuestra gente con las necesidades mundiales. En la primavera tenemos nuestro énfasis anual en las misiones, y damos a la gente la oportunidad de hacer una promesa de fe para todo el año. En el otoño les damos a conocer varios proyectos de ministerio especiales. Muchas familias de nuestra iglesia sienten que Dios las está guiando a hacer un compromiso adicional para ayudar en esas necesidades.

Nuestra gente espera con entusiasmo estos acontecimientos anuales como oportunidades de ver lo que han obtenido su dinero y sus oraciones. Menciono la oración, porque las promesas de fe tienen que ver con mucho más que con la economía. Dios está produciendo un cambio palpable de vida en el corazón de nuestra gente, y ellos ven ese compromiso a largo plazo como el medio con el cual producir una cosecha para el Reino.

Mirar mÁs allÁ de una sola promesa de fe

Vivir con la mentalidad de una promesa de fe es algo que se convierte muy pronto en todo un estilo de vida. Nuestra gente comprende que no está dando sólo para ese año; está edificando el Reino al sostener a los misioneros y su labor un año tras otro. Es algo gratificante. La Iglesia Calvary ha estado sosteniendo a algunos misioneros durante treinta y cinco o cuarenta años.

Hacemos que nuestras familias se habitúen a este compromiso a largo plazo al proporcionarles constantemente enseñanza y oportunidades de dar. Comenzamos dos semanas antes de nuestro principal culto de promesas, guiando a la gente en oración y en preparación del corazón. Todos nuestros pequeños grupos oran por los misioneros y por la voluntad de Dios en cuanto a la forma en que esos misioneros necesitan que se les sostenga. Nuestra gente ora que haya más almas salvadas y que se cause un impacto que vaya más allá de toda cantidad de dinero.

La promesa de fe no tiene que ver en primer lugar con el dinero, sino con alcanzar para Cristo a las almas perdidas y convertirlas en seguidoras suyas consagradas. Una promesa de fe nunca comienza con el dinero, sino que comienza con el corazón. Y no se centra de manera exclusiva en el corazón del creyente. Dar en fe es hallar una conexión especial con el corazón de Dios. Nuestro mundo perdido es objeto de la pasión de Dios, tal como quedó demostrado en la Cruz; ese mundo perdido es la razón de que Jesús muriera por todos los hombres; es nuestra misión.

La iglesia que comienza con oración y visión, halla la fe necesaria para creer respecto al dinero. Cuando su congregación adquiera una pasión, una visión, y un corazón que siente por las almas perdidas; cuando ore fielmente y hable con Dios, llegará al punto en que abrirá gozosa sus recursos para alcanzar a ese mundo perdido.

Mirar mÁs allÁ de los pocos, para ver a los muchos

¿ Alguna vez ha soñado usted que comienza un programa de construcción, o que tiene en el corazón un importante proyecto de ministerio? Sabe que le costará a su iglesia una gran suma de dinero, así que se encierra a orar y espera a que Dios provea. Después del tiempo adecuado de oración, alguien toca a la puerta de su oficina. Usted abre la puerta para encontrarse con su asistente administrativo, que tiene un cheque en la mano. Algún miembro rico de su iglesia o de su comunidad ha captado su visión, y ha decidido financiar por completo su proyecto.

Hay experiencias reales como esas. Sin embargo, estoy convencido de que en una iglesia saludable todo el mundo da a las misiones por encima de sus diezmos y ofrendas. Este valor clave que tiene el hecho de distribuir una gran cantidad entre todo el pueblo de Dios, es algo que da a la iglesia muchísima más energía de la que le podrían dar una o dos ofrendas espectaculares. En realidad, estoy convencido de que una de esas ofrendas espectaculares podría llegar a desanimar a muchos de los miembros de su iglesia, y hacer que dejaran de dar.

En la Iglesia Calvary enseñamos acerca de las promesas de fe cada vez que hay un nuevo creyente y una nueva familia que se incorpora a la congregación. Forma parte de nuestra clase para los miembros nuevos. Forma parte también de las verdades bíblicas que estudiamos en nuestros pequeños grupos.

Por ejemplo, de vez en cuando les recordamos cuando recibimos los diezmos y ofrendas: “No olviden su promesa de fe, ahora que estamos llegando a julio. Sean fieles”. Conforme nos acercamos a nuestro énfasis misionero del otoño, cada mes incluimos un artículo sobre las misiones en nuestra circular acerca de las promesas de fe. Le recordamos a la gente dónde va el dinero, qué está sucediendo, y la exhortamos a ser fiel.

Mirar mÁs allÁ del dar, hasta el ir

La gente necesita ver que dar para las misiones no es sólo un asunto de dinero; también tiene que ver con los resultados de su obediencia al dar. Cuando ven esos resultados proclamados por medio de los misioneros a los que apoyamos, pronto comienzan a sentir que pueden participar en la acción de una manera más personal. Debido a esto, cada año hacemos docenas de viajes a las misiones.

Imagínese la emoción que se siente cuando presentamos un testimonio procedente de nuestra propia gente antes de tomar la ofrenda. Decimos: “Veinte personas acaban de regresar de África; hubo cien personas que recibieron la salvación. Pasamos un tiempo maravilloso, viendo cómo se realiza la obra de Dios allí. Esto se hizo posible gracias a su fidelidad al dar de acuerdo con sus promesas de fe”.

Relacione sus ofrendas con los resultados para el Reino, y ofrézcales la oportunidad de pasar del dar al ir. La gente no quiere dar para cosas neutrales; quiere ver vidas transformadas. Quiere ver que sus promesas de fe son eternamente eficaces Quiere ver que se alcanza a las personas, y también que se les ministra materialmente por medio de actividades humanitarias. ¿Qué manera mejor de hacer esto que unirse a un corto viaje misionero e ir donde sus ofrendas han estado yendo?

Mirar mÁs allÁ de las metas para ver a Dios

Cuando las personas hacen una promesa de fe en el ambiente adecuado, nunca deberían tener que preocuparse de que alguien los llame o les exija el dinero. Nosotros les hacemos entender esto con toda claridad en la Iglesia Calvary. Una promesa de fe es un compromiso entre la persona y Dios. Según la persona vaya haciendo progresos en esa promesa, Dios le irá proveyendo, y ella le seguirá dando. Es un andar en fe.

Dios nos puede guiar de diversas maneras. Exhorte a su gente a orar acerca de lo que Él quiere que haga. Deje que sea Él quien les indique con qué cantidad se deben comprometer, o para cuál proyecto deben contribuir. Tal vez no sepan cómo obtendrán el dinero; lo que deben hacer es pedir a Dios que les provea, y esperar un milagro suyo.

Los milagros pueden producirse cada semana, cada mes o cada año. Los que trabajan por horas tal vez quieran basar su ofrenda en cada cheque de su sueldo. Los dueños de negocios tal vez quieran fijar su promesa de fe por trimestres, o cada seis meses. En la Iglesia Calvary nos aseguramos de indicar cuál es el fin al que serán destinadas las cantidades con las que se comprometan las personas, y les pedimos que oren sobre su ofrenda, que confíen en Dios, y que dejen que Él les hable al corazón.

Cuando se centran de esa manera en Dios, es cuando sentimos que hay buen ambiente para pedirles que llenen sus tarjetas de promesa, o que se las lleven a su casa y las devuelvan más tarde. Confiamos en que el Espíritu Santo les haga ver cuál es la cantidad adecuada de la ofrenda que deben dar durante el tiempo que señalen.

En última instancia, el centro de una promesa de fe no está atado al hecho de recoger dinero. En su condición de líder de la iglesia, usted necesita fomentar las promesas para honrar al Señor y para ayudar a crecer a su gente. Aunque el ministerio de los misioneros es muy noble, las promesas de fe no son sólo para proveerles dinero. Son también para bendecir a su gente y hacer que crezca en ella un sentido de lo que son los principios del Reino.

Si usted no cree que las ofrendas son una parte central de su andar espiritual; que es bueno que su gente crezca por medio de su generosidad, entonces no podrá enseñar con integridad acerca de las promesas de fe. En cambio, si ora con honradez, diciendo: “Señor, yo creo que éste es tu plan”, su gente lo sabrá. Algo sucede en una congregación cuando un pastor descubre que las ofrendas misioneras no tienen que ver en primer lugar con el dinero, sino con hacer crecer en el pueblo de Dios la pasión por alcanzar a las almas perdidas.

Mirar mÁs allÁ

Al final, el gozo de una promesa de fe consiste en mirar más allá de todas las limitaciones, para ver a un Dios que es ilimitado. El gozo de una promesa de fe consiste en mirar más allá de una superficial organización de los números que colocaría la ofrenda de su iglesia en una especie de orden de importancia respecto a las demás iglesias. El gozo de una promesa de fe consiste en mirar más allá de los retos de hoy, para ver la esperanza de lo que Dios hará mañana en las vidas que nos rodean.

Sea obediente al Señor. Crezca en Él. Ayude a su gente a crecer también en Él, y permita que lo lleve a usted, y con usted a su iglesia, a un viaje maravilloso.

El dinero tiene que ver con los planes de Dios para todos los cristianos. Cuando usted tiene pasión por Cristo y está ayudando a crecer a unos discípulos, el dinero es parte de la ecuación. Dios quiere que seamos dadores, y quiere que usemos nuestros recursos para los propósitos del Reino. Cuando usted edifique su corazón para Cristo y enseñe a su gente a llevar una vida consagrada a Él, el Espíritu Santo pondrá en su interior la convicción de convertir sus ofrendas y su servicio en parte de su andar espiritual.

Las promesas de fe de su congregación se reunirán en un mosaico de ofrendas inspiradas por el Espíritu. Y esto es parte del plan de Dios para conectar a este mundo que sufre con el poder sanador de la Cruz.

Randal Ross, senior pastor, Calvary Church, Naperville, Illinois

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