La iglesia que se multiplica:
De qué manera las prácticas del Nuevo Testamento dieron forma a las Asambleas de Dios en todo el mundo
Por Randy Hurst

Más de cuatro mil millones de personas no han recibido aún un testimonio adecuado del evangelio. ¿Cómo las podemos alcanzar?
Después de noventa y cuatro años de misiones en las Asambleas de Dios, tenemos más de cincuenta y ocho millones de creyentes en más de trescientas mil congregaciones. Sin embargo, esto representa un poco más de uno por ciento de las vastas multitudes sin alcanzar en todo el mundo. Cuando pensamos en esta desafiante tarea de alcanzar a nuestro mundo, ¿cómo podemos tener la esperanza de ver cumplida la Gran Comisión?
En estos últimos años se ha hecho corriente hablar de las “mejores prácticas”. Estas palabras describen un enfoque de la administración que busca los procesos y métodos más eficientes y eficaces para el producto final deseado. Por consiguiente, las mejores prácticas se basan en unos procedimientos repetibles que han demostrado su eficacia a lo largo del tiempo. Desde muy temprano los líderes de las misiones en las Asambleas de Dios estaban comprometidos con un enfoque al estilo de las mejores prácticas, mucho antes de que esta expresión se volviera de uso popular.
Citamos con frecuencia una resolución tomada en 1914, en el segundo Concilio General de las Asambleas de Dios: “Nos consagramos a nosotros mismos y a nuestro Movimiento a Él para realizar el mayor evangelismo que el mundo haya visto jamás”. Estas palabras no nacieron de un ferviente optimismo, ni de la confianza en ellos mismos, sino de una respuesta deliberada y de corazón al mandato del Señor de ir por todo el mundo. Su tono refleja tanto una comprensión como una captación de la promesa del Señor respecto al poder que les daría el Espíritu para llevar a cabo esta tarea.
Otra resolución aprobada siete años más tarde, en el Concilio de 1921, fue más significativa aun en la historia de nuestra misión, porque determinaba la forma en que podríamos convertir en realidad la decisión tomada en 1914.
La resolución de 1921 estipulaba que guiaríamos nuestra misión utilizando prácticas del Nuevo Testamento. Entre las seis prácticas que se mencionaban estaban las siguientes: (1) “Se seguirá tanto como sea posible el ejemplo paulino, buscando las regiones descuidadas, donde el evangelio no ha sido predicado aún, para no edificar nosotros sobre los cimientos echados por otros” (Romanos 15:20), y (2) “Nuestro propósito será tratar de establecer unas iglesias nacionales que se sostengan, propaguen, y gobiernen a sí mismas”.1
Hay una vital correlación entre estas dos prácticas. El carácter apostólico de la primera significa que la misión dará prioridad al establecimiento de la Iglesia de Cristo donde aún no exista. El carácter misionológico de la segunda práctica es el que define la metodología. El cumplimiento eficaz de la primera práctica depende de nuestro compromiso con la segunda.
Las iglesias que la resolución describe como unas iglesias nacionales “que se sostengan, propaguen, y gobiernen a sí mismas”, son las conocidas en la actualidad como iglesias autóctonas. La palabra “autóctonas” define a las iglesias que comienzan, crecen, y viven en su propio escenario o ambiente natural. Nuestros primeros líderes decidieron que la misión de la Fraternidad no consistía en trasplantar a la iglesia estadounidense, sino en fundar cuerpos de creyentes que vivieran y crecieran sin dependencia de la iglesia de los Estados Unidos que enviaba a los misioneros.
Varios líderes misioneros fueron influyentes en el establecimiento de los principios y las prácticas de estas iglesias autóctonas. La primera, Alice Luce, había recibido una influencia importante de parte de Roland Allen, misionero anglicano en China. El libro de Allen, Missionary Methods: Saint Paul’s or Ours? [Los métodos misioneros: ¿los de san Pablo, o los nuestros?], fue publicado en 1912. En la primavera de 1921, Alice Luce escribió una serie de tres artículos para Pentecostal Evangel, titulados “Los métodos misioneros de Pablo”. Está muy claro que estos artículos ejercieron una significativa influencia en la resolución tomada por el Concilio General en 1921.

Since 1965, the number of churches in Myanmar has increased 1,078 percent,
with a 2,074 percent growth in membership. In Cuba the growth is even
more dramatic: 2,354 percent in churches and 11,791 percent in membership.
Both national fellowships were established firmly on indigenous principles
before missionaries were forced by new governments to leave.
Después de recibir el cargo de secretario de las misiones extranjeras (actualmente director ejecutivo) en 1927, Noel Perkin se convirtió en el paladín de la práctica usada en el Nuevo Testamento de establecer lo que hoy nosotros llamamos iglesias autóctonas. Nadie tuvo mayor influencia que Perkin en la integración total de estos principios a la misionología de las Asambleas de Dios.
Treinta y dos años después de los escritos de Alice Luce, Melvin Hodges, misionero en El Salvador y Nicaragua desde 1935 hasta 1953, documentó la misionología primaria de las Asambleas de Dios en su libro La iglesia autóctona. Publicada en 1953, la obra de Hodges fijó el rumbo de las misiones, no sólo en las Asambleas de Dios, sino también en muchas otras agencias de misiones evangélicas.
No obstante, el extenso y perdurable buen éxito de los principios respecto a la iglesia autóctona se debe a los muchos misioneros casi desconocidos que practicaron estos métodos del Nuevo Testamento en todo el mundo. Desde los años veinte hasta principios de los cincuenta, los misioneros de las Asambleas de Dios comenzaron a fundar con gran dinamismo iglesias autóctonas en todo el mundo. El crecimiento de estas iglesias autóctonas fue muy rápido. En 1953, el número de creyentes de las Asambleas de Dios fuera de los Estados Unidos sobrepasaba al número de los Estados Unidos. (Vea la barra lateral sobre el crecimiento de las iglesias autóctonas).
Los principios de la entrega de autoridad y de la autoctonÍa
El enfoque usado por las Asambleas de Dios para el establecimiento de iglesias a lo largo y ancho del mundo se puede resumir en la orden de Pablo a Timoteo: “Lo que has oído de mí... esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros” (2 Timoteo 2:2).2
El apóstol Pablo indicó a Timoteo y a Tito que nombraran ancianos y diáconos en todas las iglesias nuevas. Esta práctica estableció un modelo para una eclesiología que reconoce el ministerio del Espíritu Santo en cuanto a hacer que se levanten líderes. El Espíritu equipa a los creyentes para el liderazgo dondequiera que se establece la Iglesia.
El reconocimiento de la dependencia del poder del Espíritu es algo característico del mundo pentecostal. Los misioneros pentecostales esperan de los líderes nacionales en todas las culturas que reciban la misma autoridad procedente del Espíritu que ellos mismos han recibido con anterioridad. Lo que los analistas seculares podrían considerar como igualitario, sólo es humildad espiritual y obediencia a la Palabra de Dios. La seguridad de que el Espíritu llama y capacita a los líderes nacionales es la que llevó a los misioneros de las Asambleas de Dios a desarrollar instituciones para el entrenamiento al ministerio en todo el mundo. Estas instituciones exceden hoy las cifras de ochocientas ochenta y nueve escuelas bíblicas y mil doscientas treinta y una extensiones en más de ciento cuarenta y tres países.
Un ejemplo tomado del Nuevo Testamento
Lucas recoge en sus escritos el poder del discipulado y de la multiplicación en la expansión inicial de la iglesia del Nuevo Testamento. Pablo, en su segundo viaje misionero con sus compañeros, “atravesando Frigia y la provincia de Galacia, les fue prohibido por el Espíritu Santo hablar la palabra en Asia;3 y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero el Espíritu no se lo permitió” (Hechos 16:6, 7).
Parece asombroso que el Señor enviara a Pablo a proclamar el evangelio, y sin embargo, el Espíritu le impidiera ir a Asia, donde aún no lo había predicado. Pero el Espíritu tenía un mejor método para alcanzar Asia. Inmediatamente después que le impidió ir, Pablo tuvo una visión, a la que con frecuencia se le da el nombre del “llamado macedonio”. En esa parte de su recorrido misionero, fundó iglesias en Filipos, Tesalónica, Berea, y Corinto.
¿Y Asia, aún sin alcanzar? Después de ir a Macedonia y Acaya, Pablo fue a Éfeso. Lucas escribe: “Y entrando Pablo en la sinagoga, habló con denuedo por espacio de tres meses, discutiendo y persuadiendo acerca del reino de Dios. Pero endureciéndose algunos y no creyendo, maldiciendo el Camino delante de la multitud, se apartó Pablo de ellos y separó a los discípulos, discutiendo cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” (Hechos 19:8-10).
Si Pablo hubiera seguido su propia inclinación y sus propios planes, habría viajado por toda Asia proclamando el evangelio de poblado en poblado. En vez de que esto sucediera, el Espíritu lo puso en Éfeso, en la escuela de Tiranno, donde se multiplicó el mensaje a través de aquellos a quienes él discipulaba. El resultado fue que “todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús”.
La capacidad para sostenerse y para multiplicarse
Una prueba convincente de la eficacia en la paternidad es lo que les sucede a los hijos después que salen del hogar y ya no dependen del liderazgo de sus padres. Una prueba contundente similar es la que se produce en las misiones, sólo que a la inversa. ¿Qué sucede cuando se marchan los misioneros? En las ocasiones que se han producido en la historia de nuestra Fraternidad, en las que los misioneros han sido obligados por los gobiernos a marcharse de ciertos países, unas fuertes iglesias autóctonas no sólo han sobrevivido, sino que han florecido.
Cuando nuestros misioneros salieron de Cuba en 1963, la iglesia nacional contaba con doscientas noventa iglesias y unos cuatro mil doscientos miembros. Hoy hay más de siete mil cien iglesias, con más de medio millón de miembros.

Prior to the decision to stop paying national pastors and make the church
indigenous, the Togo fellowship had less than a third as many churches as
Liberia. Nearly 20 years passed before Togo fully recovered. Today, not only
is its increase in churches and members much more pronounced, but the
average church attendance is much higher — 247 in Togo to Liberia’s 112.
Cuando se produjo un cambio de gobierno en Birmania (hoy llamada Myanmar) en el año 1966, los funcionaros obligaron a los misioneros a marcharse del país. Otras agencias misioneras que trabajaban en Birmania habían adoptado la práctica de pagar sueldo a los pastores nacionales con dineros procedentes del exterior. En cambio, los misioneros de las Asambleas de Dios de los Estados Unidos habían establecido las Asambleas de Dios de Birmania como una fuerte iglesia autóctona.
Ray Trask fue el último misionero de las Asambleas de Dios en salir de Birmania. En el aeropuerto, Trask se encontró con un misionero de otra denominación que había estado pagando a sus pastores nacionales con fondos llegados del exterior. Cuando la iglesia ya no pudo seguir utilizando fondos extranjeros, este misionero tuvo que informar a los pastores que ya no seguirían recibiendo sueldo. Así perdieron todos los pastores, y la denominación desapareció en Birmania. El misionero dijo a Trask: “Ustedes sí supieron hacer las cosas”.
Al salir de Birmania los misioneros estadounidenses de las Asambleas de Dios, la fraternidad nacional tenía ciento setenta y dos iglesias, con doce mil seiscientos sesenta y ocho miembros. Actualmente hay dos mil veintisiete iglesias con más de doscientos setenta y cinco mil trescientos sesenta y nueve miembros.
Conforme las Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios han ampliado su alcance durante las últimas cinco décadas, ha ido surgiendo una perspectiva muy clara. En todos los lugares donde se aplican los principios de la iglesia autóctona, la iglesia nacional crece fuerte y saludable, y se multiplica ella misma. Dondequiera que los misioneros no practican estos principios de la iglesia autóctona, la iglesia nacional se mantiene débil y dependiente y, en algunos casos, los misioneros tienen que volver a comenzar la obra.
Unas evidencias convincentes
Hay unas evidencias sencillas, pero profundas, que confirman la realidad de que las prácticas autóctonas son esenciales para el buen éxito de nuestra misión:
- Otros grupos pentecostales que comparten la doctrina de las Asambleas de Dios, pero no tienen la misma misionología, no han experimentado este mismo crecimiento exponencial y a largo plazo en todo el mundo.
- La dependencia del poder que nos comunica el Espíritu Santo es esencial para la eficacia de una misión pentecostal. Con todo, hasta los grupos no pentecostales que practican los principios de autoctonía ven unos resultados mayores que las misiones pentecostales que descuidan o abandonan estas prácticas.
- Aunque por lo general nuestras estadísticas en el exterior son citadas con cifras generales, nuestro crecimiento no es el mismo en todos los países. Hay quienes miran el número total del crecimiento en los demás países, y lo comparan con el de los Estados Unidos. Sin embargo, los promedios no constituyen normas. Nuestras historias de buen éxito en el exterior pueden eclipsar los fracasos, de la misma forma que las estadísticas sobre las iglesias sin crecimiento, en decadencia, o que cierran sus puertas en los Estados Unidos, pueden eclipsar la realidad de que contamos con muchas iglesias florecientes, saludables, y en pleno crecimiento.
Nuestra historia revela esta realidad: en los países donde hemos sido fieles al rumbo establecido por el Espíritu por medio de nuestros primeros líderes, hemos tenido un buen éxito que supera sus mayores esperanzas. En las naciones donde hemos hecho concesiones, hemos fracasado. No somos sólo nuestro propio mejor ejemplo, sino también el peor.
En algunos países, los misioneros de las Asambleas de Dios han tratado de buscar atajos y han adoptado enfoques paternalistas en la fundación de iglesias, como el de pagar sueldo a los pastores nacionales. La consecuencia de esto ha sido que la salud de esas iglesias nacionales ha sufrido.
Liberia y Togo: un contraste
Un ejemplo en el cual los misioneros de las Asambleas de Dios no practicaron los principios de autoctonía es Liberia. Allí los misioneros no iban a los poblados para exhortar a los nacionales a llevar una vida cristiana. En vez de hacer esto, llevaban a los nacionales a las dependencias de la misión, donde recibían alimentos, ropa, y paga por la mayor parte de la ayuda que daban. Los misioneros pagaban a los pastores para que asistieran a la escuela bíblica, y subvencionaban completamente sus sueldos en las iglesias. Aquellos misioneros tenían buenos motivos. En Liberia hay cuarenta y cinco misioneros de las Asambleas de Dios enterrados como testimonio de su dedicación. No obstante, comenzaron un sistema no autóctono que se volvió difícil de invertir.
En otros países donde faltaban los principios de autoctonía, los misioneros han podido volver a establecer la iglesia basados en estos principios. Togo es un buen ejemplo. Los nacionales y los misioneros de las Asambleas de Dios procedentes de la vecina Burkina Faso comenzaron el ministerio en Togo, y los pastores nacionales recibían su paga en fondos procedentes de los Estados Unidos. Pero a principios de los años sesenta, Everett Phillips, director de Campo para África, pidió que cesara la práctica de utilizar este principio contrario a la autoctonía. La Fraternidad nacional perdió inmediatamente sesenta y tres de sus setenta y cuatro pastores. La transición fue lenta y dolorosa, e hicieron falta quince años para volver a establecer la obra. Pero la iglesia nacional de Togo se fortaleció, y su crecimiento se duplica cada pocos años. Actualmente informa tener quinientos treinta y seis pastores, novecientas veintiséis iglesias, y doscientos veintiocho mil novecientos veintiún miembros. (Vea la barra lateral Crecimiento de la iglesia autóctona).
Cuando pagamos el precio para volver a establecer una iglesia sobre los debidos fundamentos, los principios de autoctonía funcionan bien.
De la paternidad a la colaboraciÓn
Conforme una iglesia nacional crece y madura, la relación con los misioneros progresa, pasando de la paternidad espiritual a la colaboración espiritual. Este progreso se hizo cada vez más evidente en las décadas de los años ochenta y noventa. En los noventa, mientras los misioneros y las iglesias nacionales se comprometían a realizar un intenso evangelismo, la estrategia de colaboración con las iglesias autóctonas produjo el mayor crecimiento que ha habido en la historia de nuestras misiones. En las dos últimas décadas, el número de miembros de las fraternidades de las Asambleas de Dios en todo el mundo ha pasado de dieciséis millones a más de cincuenta y ocho. Los fundadores de esta Fraternidad nunca se habrían podido imaginar lo que nosotros estamos viendo hoy. Lo más probable es que esos resultados a largo plazo hayan excedido sus mayores esperanzas y expectativas.

Los principios y las prácticas de autoctonía han demostrado su eficacia en todo el mundo. Los resultados en América Latina y en África —donde la constante aplicación de estos principios ha sido más amplia y pronunciada— han sido especialmente notables.
En los últimos quince años el número de iglesias de América Latina ha crecido de 110.098 a 187.392, y el número de miembros ha pasado de 16.875.401 a 25.641.347. El número de iglesias en África ha pasado de 13.953 a 45.145, y el número de miembros ha aumentado de 2.801.536 a 13.917.391. Los países donde los misioneros han practicado fuertemente los principios de autoctonía han presentado el mayor crecimiento.
A principios de los años noventa, las Asambleas de Dios de Malaui sólo tenían doscientas veintiséis iglesias. Hoy hay más de tres mil seiscientas. Las Asambleas de Dios de Kenya están fundando un promedio de diez iglesias por semana.
En otras regiones del mundo, las iglesias también han experimentado un crecimiento asombroso. En Chennai, India, la Asamblea New Life, pastoreada por David Mohan, tiene más de treinta y cinco mil miembros y ha sido iglesia madre de más de ciento veinte iglesias en la ciudad. La Iglesia del Evangelio Completo de Yoido, en Seúl, Corea del Sur, fundada por David Yonggi Cho, la iglesia más grande de todo el mundo, tiene más de ochocientos mil miembros.
Muchas iglesias de América Latina tienen decenas de miles de miembros. Más de tres millones de personas —un número superior al total de los miembros de todas las Asambleas de Dios de los Estados Unidos— asisten a iglesias de las Asambleas de Dios todos los domingos en São Paulo, Brasil.
Podemos remontar la acelerada multiplicación y el duradero crecimiento de las fraternidades de las Asambleas de Dios en todo el mundo a las prácticas del Nuevo Testamento con las cuales se comprometieron nuestros primeros líderes en 1921.
Las soluciones a los retos a los que nos enfrentamos en el presente y en el futuro no se encuentran en unas estrategias nuevas, sino en la restauración de nuestra dedicación a aquellas que fueron establecidas por el Señor.
Notas
1. Una combinación de los textos sobre estas dos prácticas se halla aún hoy en nuestras Constitución y Reglamentos. Vea el artículo 13, sección 1..
2. Las citas bíblicas están tomadas todas de la Biblia Reina-Valera, versión de 1960, Copyright © Sociedades Bíblicas en América Latina; Copyright © renovado en 1988, Sociedades Bíblicas Unidas.
3. No se trata de lo que hoy llamamos Asia, sino de la península de Anatolia, actualmente parte de Turquía.
