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Las cuatro columnas de la estrategia misionera: alcanzar, plantar, entrenar, y tocar.

Alcanzar, Plantar, Entrenamiento, Toque

Las Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios no sólo son universales en cuanto a su alcance geográfico, sino que también abarcan todos los aspectos posibles de esta labor.

Los distintivos de nuestras misiones mundiales no son formulados por un comité de estrategia, sino que se basan en una cuidadosa observación de lo que el Espíritu de Dios llevó a hacer a los primeros líderes de nuestras misiones, y lo que los líderes que les sucedieron han reafirmado y mantenido. Nuestra estrategia en cuanto a las misiones mundiales ha consistido en colaborar con el Señor de la mies, el cual está cumpliendo su promesa de edificar a su Iglesia.

Hay cuatro palabras que describen nuestra misión: alcanzar, plantar, entrenar, y tocar. No se trata de cuatro objetivos separados, sino de un plan integrado y completo dado por Dios. Representan las cuatro actividades de nuestros misioneros: evangelizar, fundar iglesias, entrenar líderes para la iglesia nacional, y manifestar la compasión de Cristo hacia los pobres y los que sufren. Se trata de los cuatro mandatos bíblicos que nos esforzamos por obedecer. Una iglesia nacional fuerte y madura participa en cada uno de estos cuatro aspectos de nuestra misión y los apoya.

Los directores regionales Russ Turney, Richard Nicholson, Mike McClaflin, y Ron Maddux expresan lo esencial que es cada una de estas prioridades para el cumplimiento de la Gran Comisión.

Alcanzar: la proclamaciÓn del mensaje de esperanza

Por Russ Turney

El arrugado rostro del anciano hacía que pareciera tener una edad superior a sus setenta y cinco años. Pero las que captaron mi atención fueron sus palabras; no fue su rostro. Me dijo: “Ésta es la primera vez que he escuchado este mensaje”.

Por haber vivido en una pequeña aldea de una isla también pequeña, no había oído nunca el evangelio en sus setenta y cinco años de vida. Después de oír hablar del amor y del perdón de Cristo, su reacción fue pedir al Señor que transformara su vida. Quería ser cristiano, y saber que podría entrar al cielo. Aquel hombre era como tantos que están acudiendo a Cristo en esta generación. Había estado en busca de respuestas, pero nada había satisfecho sus necesidades más profundas, hasta que encontró al Salvador.

Jesús fue muy claro cuando ordenó a los discípulos que “proclamaran el evangelio a todas las naciones”. En efecto, Mateo nos dice que se trataba de una orden. Lucas recoge estas palabras suyas como una promesa del Padre, mientras que el Espíritu Santo nos da el poder necesario para testificar en los lugares más remotos de la tierra. Jesús había ido a los distintos poblados llevando un mensaje de esperanza a las almas perdidas que necesitaban el perdón. Había dado el ejemplo, como el pastor que andaba en busca de la oveja perdida en medio de las tinieblas.

Hoy no es difícil reconocer que la humanidad se halla extraviada en todas las culturas que existen en el mundo. Cuando la gente se pasa horas de pie rezando ante las estatuas budistas de Bangkok, podemos ver lo inútiles que son sus oraciones. Hay quienes dan vueltas y más vueltas a las ruedas de oración en la Mongolia, creyendo que las oraciones escritas que tienen pegadas pasarán a la atmósfera y los espíritus les responderán de manera favorable. Otros marchan con precisión alrededor de sus sitios sagrados, para asegurarse de no ofender a los espíritus. Las creencias animistas hacen con frecuencia que la gente de Asia llame a los chamanes y a los médicos brujos para que hagan encantamientos, con la esperanza de recibir alivio a sus enfermedades. El temor domina la vida de millones de familias en todas las culturas. Cuando observamos estas cosas, y otras semejantes, se nos hace obvio que los seres humanos se hallan espiritualmente perdidos, confundidos, y desesperadamente necesitados de conocer la Verdad.

El evangelismo es una respuesta del corazón del Padre al estado de perdición en que vive sumida la humanidad. Dios amó tanto al mundo, que le dio lo más que le podía dar: su único Hijo. Su gran compasión significa que hasta el peor de los pecadores puede hallar el perdón. Su plan está tan claro, que hasta un niño puede comprender y recibir la salvación. Su Espíritu nos proporciona el poder necesario para llevar con eficacia esta esperanza hasta los lugares más remotos de la tierra. La dedicación de Jesús a su misión era tan grande, que nada pudo impedir que completara su obra y proporcionara un camino de salvación a todos los que lo invoquen.

Hoy, el evangelio está llegando a todas las naciones. Dentro de la región de Asia y el Pacífico hemos visto el mayor crecimiento durante los últimos años. Hace veinte años había menos de seis mil congregaciones, con un millón y medio de creyentes. Hoy hay más de veintitrés mil congregaciones, y bastante más de cuatro millones de creyentes. Durante este tiempo de crecimiento sin precedentes, el evangelismo sigue siendo una de las grandes prioridades. Se está presentando por medio de los ministerios de alcance, los esfuerzos de compasión, la distribución de literatura, el testimonio personal, los ministerios de los medios de comunicación, y el evangelismo por amistad. Hay muchísimas oportunidades para compartir con eficacia el evangelio.

En las Filipinas, todos los distritos participan en un programa llamado Verano de Servicio, en el cual los cristianos se dedican a alcanzar otras aldeas y comunidades, utilizando entre seis y diez semanas de su verano. Esta labor comprende cosas como las visitas de casa en casa, el esfuerzo por compartir el evangelio con esas personas, y la oración por las necesidades que haya en esos hogares. Muchas veces las personas reciben respuestas a esa oración, cuando Dios sana a los enfermos, y las familias invitan a Cristo a su vida.

El Ministerio de Medios de Comunicación para Asia y el Pacífico produce películas de largo metraje que los misioneros presentan en varios países. Millones de personas de las Filipinas, Camboya, y Mongolia han visto estas películas basadas en la familia, orientadas hacia los valores morales, y centradas en Cristo. Las iglesias nacionales han alcanzado a muchas familias por medio de este ministerio.

Estas iglesias nacionales responden durante los momentos de desastres naturales y de crisis nacionales, ayudando a las personas que sufren o que han tenido que ser desplazadas. En Tailandia e Indonesia, las iglesias nacionales han alcanzado a muchos con el evangelio, mientras han estado respondiendo a las necesidades de los refugiados y de los que fueron víctimas del tsunami de 2004. Muchas veces, cuando las personas pasan por una angustia poco usual y por crisis personales, están dispuestas a aceptar a Cristo. En los momentos de desesperación, descubren que solo el evangelio les puede dar unas respuestas eternas.

Muchas veces he oído decir a los pastores nacionales: “Gracias por haber enviado misioneros a nuestro país. Yo no habría hallado a Cristo si ellos no hubieran traído el evangelio”. Gracias a los esfuerzos de los misioneros, muchas personas han aceptado a Cristo y se hallan hoy entre los mejores pastores y evangelistas de su región.

Estando en las naciones de Fiji y Samoa, en el sur del Pacífico, los líderes nacionales me han recordado que aquellos lugares son parte de esos confines de la tierra de los que hablaba Jesús cuando nos prometió poder para testificar (Hechos 1:8). En ambas naciones la iglesia nacional ha tenido un gran crecimiento en los últimos cuarenta años. Max Haleck, quien fuera superintendente general de Samoa, era un joven negociante en la década de los años cincuenta. Cuando un misionero comenzó a celebrar cultos evangelísticos en un teatro, Max acudió para escuchar el evangelio, y Dios lo salvó poderosamente. Entonces utilizó su negocio de transportes para llevar gente a la iglesia, y a lo largo de los años ha ayudado a miles de personas a acercarse a Cristo.

En la actualidad las iglesias de Fiji y de Samoa están enviando misioneros a otras zonas del Pacífico. La meta de alcanzar a mil millones de personas dentro de la región de Asia y del Pacífico requerirá del esfuerzo unido de las iglesias nacionales y de sus líderes, además del personal misionero. Gracias a su colaboración se está produciendo una proclamación acelerada del Evangelio que alcanza a muchas zonas remotas.

Desde Mongolia hasta Malasia; desde Vietnam hasta Vanuatu, desde Japón hasta Yakarta, hay misioneros, pastores nacionales, y cristianos comprometidos que enseñan y predican el evangelio.

Las Escrituras nos animan, asegurándonos que todas las tribus y lenguas, todos los pueblos y naciones, responderán en estos últimos días. En el día de Pentecostés los discípulos hablaron en muchas lenguas desconocidas. La gente que formaba la multitud decía con gran asombro: “¿No son galileos todos estos que hablan? ¿Cómo, pues, les oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?” (Hechos 2:7, 8). Fue una manera de animar a la Iglesia, haciéndole ver que el mensaje de salvación es para todas las naciones. En el Apocalipsis Juan nos infunde aliento, diciendo que Dios cumplirá su promesa. En la gran multitud del cielo estarán incluidos seres humanos de todos los grupos étnicos de la tierra (Apocalipsis 7:9).

Dentro de los países de Asia y el Pacífico hay más de setecientos de los grupos menos alcanzados, y llegar hasta ellos constituye una prioridad. Mientras todas las aldeas, todas las lenguas, y todas las etnias no hayan recibido el evangelio, la labor de la Iglesia no estará completa.

Cuando las personas se incorporan a las misiones, sea sosteniendo a otros, o yendo ellas mismas, están ayudando a completar la labor de la Iglesia y a cumplir la promesa divina de que el evangelio sería predicado en todo el mundo. Esta generación siente el compromiso de querer terminar esta tarea, y cuando eso suceda, entonces vendrá el fin.

Russ Turney, regional director, Asia Pacific, Assemblies of God World Missions

 

Plantar: el plan de Dios para extender el Reino

Por Richard Nicholson

En 1968, después de graduarnos en el Central Bible College, mi esposa Cynthia y yo, ayudados por seis estudiantes del College, fundamos una nueva iglesia en La Grange, Illinois. En nuestros años posteriores de ministerio misionero en la Argentina y en Paraguay, Cynthia y yo participamos en la fundación de dieciséis iglesias más. Nada nos ha traído una recompensa mayor, ni una satisfacción más personal en el ministerio, que nuestra participación en aquellas experiencias como fundadores de iglesias.

Dondequiera que se le dé prioridad a la fundación de iglesias, la Iglesia florece. La fundación de iglesias libera una energía espiritual que es única, y que llena de vigor a la iglesia nacional o local, o a la persona que se dedica a esta labor. He aquí algunos ejemplos de lo que está sucediendo alrededor del mundo:

La gente llena del Espíritu está fundando iglesias en el mundo entero, a veces en medio de situaciones aparentemente imposibles:

Los líderes de las iglesias han dicho respecto a las cuatro columnas —evangelismo, fundación de iglesias, entrenamiento, y ministerios de compasión— que casi todos los grupos religiosos participan en el evangelismo y en los ministerios de compasión dentro de las Asambleas de Dios trabajamos en estas cuatro actividades como componentes integrales de nuestra misión, haciendo resaltar sobre todo la fundación de iglesias y el entrenamiento de líderes. Nuestro centro de atención se halla en la fundación de iglesias. Actualmente tenemos una red creciente de casi trescientas mil congregaciones de las Asambleas de Dios en todo el mundo. En dos mil centros de entrenamiento bíblico distribuidos por todo el mundo, estamos dando la debida prioridad a la preparación de líderes para estas congregaciones nuevas y nacientes.

Las personas pueden fundar iglesias de muy diversas maneras. Hay algunas iglesias que son producto del crecimiento espontáneo de grupos en los hogares o de estudios bíblicos. Las hay que surgen de reuniones secretas o clandestinas celebradas en países donde hay restricciones. Otras son resultado de que varios creyentes sientan que Dios los está reuniendo con un propósito. Después de Pentecostés, la Iglesia naciente fue dispersada a causa de la persecución. También las iglesias enviaban a creyentes llenos del Espíritu para que llevaran el evangelio a otras regiones o a otros grupos étnicos.

La fundación de iglesias refleja con frecuencia las intenciones de una iglesia madre que envía gente a realizar esta labor, y cuya meta es alcanzar diversos lugares por medio de congregaciones satélite. Es posible que haya personas individuales, o equipos, que hayan recibido de Dios una pasión que los lleva a formar un nuevo cuerpo de creyentes en una zona geográfica determinada. Michael Chowning describe a la iglesia madre como “una iglesia que alcanza a su comunidad, causa en ella un impacto, e influye sobre ella; discipula y equipa a los que son salvos, y hace que las personas reciban poder para ministrar. Cuando los líderes se quedan dentro de su región local, tienen mayores probabilidades de alcanzar el buen éxito, porque tienen una base que los apoya. Tienen una iglesia local saludable que les da las herramientas necesarias para triunfar”.

En 1968 la iglesia que fundamos en La Grange, Illinois, fue resultado de la visión y la pasión de nuestra iglesia madre, situada en Naperville, cerca de allí. Esta iglesia, pastoreada por Robert y Karen Schmidgall, era una congregación de menos de setenta y cinco personas que tenía menos de un año de nacida. Nos dieron dos familias que vivían cerca de nuestro barrio residencial, compraron el local de una vieja iglesia Sueca del Pacto por diez mil dólares, y nos ayudaron a restaurarla. ¿Podría dudar alguien de la bendición de Dios sobre la congregación de Naperville, que ha crecido hasta tener más de seis mil congregantes en los años recientes?

Cualquiera que sea el método utilizado para comenzar una nueva congregación, un elemento evidente es la transmisión del ADN del fundador de la iglesia o de la congregación madre al nuevo grupo de creyentes. Si la iglesia madre es evangelística, la congregación satélite lo será también. Si el grupo fundador está comprometido con el discipulado y el entrenamiento de nuevos creyentes y líderes, la nueva congregación compartirá esas mismas características. Si la iglesia madre fomenta la obra de los dones del Espíritu, la iglesia hija hará lo mismo.

La fundación de iglesias no es sólo una recolección de creyentes o grupos de creyentes, sino también la transmisión de una vida nueva desde un grupo de creyente hacia otro grupo de creyentes. Mientras estaba dando un curso sobre fundación de iglesias y evangelismo en el Instituto Bíblico del Río de la Plata, cerca de Buenos Aires, el núcleo básico de mi mensaje a los alumnos era: “Comiencen en algún lugar, y de alguna manera. Después de hacer sus planes, confíen en el Espíritu Santo y trabajen duro, y la iglesia crecerá”.

Ralph y Frances Hiatt fundaron docenas de iglesias durante su ministerio en la Argentina. Varias de ellas han crecido hasta tener más de diez mil miembros. Ralph es un verdadero padre espiritual para los pastores de estas iglesias.

El milagro de la fundación de las iglesias es el hecho de que tal vez no haya hoy una iglesia en una comunidad, pero mañana puede llegar una persona para fundar una. Tal vez los comienzos sean modestos, pero está destinada y diseñada para crecer.

Los principios que nos deben guiar en la fundación de iglesias son:

  1. La fundación de iglesias es indispensable para el evangelismo, y es el corazón, la pasión, y el plan de Dios para la extensión de su Reino en este mundo.
  2. Los fundadores de iglesias experimentarán lo que es la milagrosa provisión del Espíritu. Dios enviará colaboradores y liberará recursos que ayudarán en la realización de la obra.
  3. La fundación de las iglesias puede ser espontánea, pero principalmente, se realiza de una manera intencional. Con frecuencia es resultado de la visión y la pasión de una iglesia o persona que se ha comprometido a llegar hasta un grupo o comunidad concretos. Comprende las labores de compartir el evangelio, invertir recursos económicos, liberar familias o miembros del equipo de la iglesia para que participen, evaluar y planificar con un enfoque claro, y comprometerse a ayudar para que la fundación de la iglesia tenga buen éxito.
  4. El fundador de la iglesia es una figura paterna que recibe su recompensa al participar en el milagro de una nueva congregación que manifestará la presencia del Reino en medio de la comunidad donde es fundada.
  5. La fundación de una iglesia es una aventura. Sea que se funde en los barrios bajos de una ciudad, en un barrio residencial floreciente, o en una población rural, alcanzar a gente que aún no lo había sido fundado una iglesia, es una de las grandes emociones de la vida, y vale cuanto esfuerzo e inversiones se le dediquen.

Richard Nicholson, regional director, Latin America and the Caribbean, Assemblies of God World Missions

 

El entrenamiento: el cultivo de la iglesia para la cosecha

Por Mike Mcclaflin

En un profundo discurso de Cristo que aparece en Juan 4:34-38, Él establece un equilibrio entre la necesidad de la empresa evangélica (vv. 35, 36) y una conciencia continua de aquellos cuya labor pasada ha hecho contribuciones significativas para la propagación del Reino (vv. 37, 38). En el esfuerzo de equipo que se realiza en las misiones, necesitamos aceptar el hecho de que nos podemos subir sobre los hombros de otros.

El proceso de producción de la mies se puede dividir en cuatro fases:

  1. La preparación de la tierra.
  2. La siembra
  3. El cultivo.
  4. La cosecha..

Si enlazamos la actividad, la habilidad, y la personalidad de los seres humanos con estas cuatro cosas, podríamos terminar con un enrejado que tendría un aspecto semejante a éste:

  1. La preparación de la tierra – intuición, profundidad de pensamiento, estrategia.
  2. La siembra – oportunidad, disponibilidad.
  3. El cultivo – paciencia, perseverancia, precisión, minuciosidad.
  4. La cosecha – urgencia, trabajo duro.

La cosecha, tanto si estamos hablando dentro de un contexto bíblico, como si la relacionamos con las idas y venidas de los sucesos de la vida, suele indicar que hay una siembra seguida por una actividad que tiene por consecuencia un beneficio o una recompensa.

Entre las cuatro fases ya mencionadas, no hay ninguna que exija un esfuerzo más paciente que la del cultivo. Dentro de las labores de cultivo están el espaciamiento de las plantas según van creciendo, la eliminación de las malezas, la preparación del suelo para el riego, y la aplicación de fertilizantes e insecticidas.

Yo crecí en una granja, y recuerdo las largas y agotadoras horas pasadas en los campos, asegurándonos de haber cumplido con estos críticos aspectos del cultivo. Aquel esfuerzo valía la pena, como lo evidenciaban las abundantes cosechas que producían constantemente los campos de mi padre.

En una estrategia diseñada por el Espíritu Santo, los fundadores de las Asambleas de Dios establecieron unas iglesias nacionales locales, que se sostienen, propagan, y gobiernan a sí mismas, como valor central del evangelismo. Las iglesias en crecimiento que son lo suficientemente maduras para confiar en que Dios las sostendrá en sus necesidades, han hecho de África uno de los grandes milagros de la actualidad en lo que a crecimiento de la Iglesia se refiere.

El fervor con el cual nuestros hermanos africanos se dedican a la propagación del evangelio se manifiesta por todas partes. No obstante, en nuestra sensación de exhuberancia al ver las multitudes que son ganadas para el Reino, no debemos olvidar que el evangelismo es sólo una parte de la responsabilidad que recae sobre nosotros para que se llegue a recoger la cosecha. Nuestra meta consiste en llevar a la gente al cielo.

En este ambiente es en el que se produce el proceso paralelo del cultivo. En la Iglesia, al cultivo lo llamamos entrenamiento.

En África los pentecostales son famosos por lo que destacan el poder capacitador del Espíritu Santo, tal como se ha estado manifestando en ese vasto continente. Es emocionante, y a veces abrumador, ver el explosivo y regenerador nacimiento de una nueva iglesia en los lugares más inesperados. Sin embargo, este fervor guiado por el Espíritu, de no ser cultivado en la forma debida, puede llevar a quebrantos de corazón y a divisiones. El enemigo puede explotar este fervor para hacer grandes daños a la Iglesia.

Como fuerza misionera en África, la columna vertebral de nuestro ministerio tiene en su centro el entrenamiento. Los primeros misioneros fundaron iglesias y edificaron escuelas bíblicas de una manera casi simultánea. Los pastores llenos del Espíritu que han sido entrenados para examinar las Escrituras y exhortar a una doctrina sólida, son una poderosa fuerza. No obstante, las doctrinas sin fundamento sólido y las falsas enseñanzas pueden dividir, destruir, y marchitar las semillas sembradas y germinadas por los misioneros.

A principios de nuestra historia, la mayor parte de los instructores y los administradores de nuestras escuelas bíblicas eran misioneros. Según la Iglesia ha ido madurando y el liderazgo ha ido teniendo una composición cada vez más nacional, los maestros y los líderes de nuestras escuelas con internado han ido llegando a ser africanos capacitados y bien entrenados. El papel del misionero ha pasado a ser de apoyo y de especialización. En los países donde la Iglesia sigue aún en su infancia, es posible que el grupo de líderes y el personal central siga formado mayormente por misioneros.

Una de las consecuencias positivas del movimiento misionero moderno es el creciente número de misioneros que proceden de naciones receptoras. Cada vez son más los misioneros africanos que reciben el apoyo de su iglesia nacional, y que responden a la necesidad de entrenadores en escuelas situadas en naciones que no son la suya.

Los niveles de entrenamiento en nuestras escuelas con internado varían. En los primeros años, todas las escuelas ofrecían diplomas por medio de un plan de estudios diseñado principalmente para equipar a los pastores a fin de que interpreten las Escrituras y ofrezcan una atención eficaz. Con el crecimiento y la maduración de la Iglesia se fue haciendo evidente que las escuelas deben proporcionar un nivel académico más elevado para que África ocupe un lugar dentro del mundo de la cultura.

En los años sesenta y setenta, las Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios desarrollaron unas escuelas que concedían licenciaturas. En la mayoría de las naciones donde hay una iglesia nacional fuerte, tenemos por lo menos una escuela en las que se conceden estos títulos de licenciatura. No obstante, para que estas escuelas puedan contratar personas de esas naciones que sean capaz de enseñar a un nivel de licenciatura, ha sido necesario elevar el nivel académico en esos lugares. Durante muchos años se ha acudido a la costosa solución de enviar fuera del país a los obreros nacionales calificados para que terminaran sus estudios universitarios. En los años ochenta y noventa, las Misiones Mundiales se dieron cuenta de que la Iglesia africana había llegado a un punto en el que podía sostener sus propias escuelas hasta el nivel de una maestría. Oramos, colaboramos, y aceptamos el reto. En estos momentos tenemos en África cinco escuelas que ofrecen el nivel de maestría.

En 2003, el veterano misionero John York, ya fallecido, y diversos líderes africanos clave establecieron el Seminario Teológico Panafricano en la Escuela Avanzada de Teología para África Occidental, en Lomé, Togo. Esta escuela ofrece un programa de doctorado en filosofía dentro del contexto africano y completa el programa de entrenamiento con internado en África.

Aunque estamos agradecidos por el progreso que ha habido en nuestras escuelas bíblicas con internado, sabemos que estas escuelas sólo representan una solución parcial a nuestras necesidades de entrenamiento. Por ejemplo, tanto Angola como Mozambique tienen cada una de ellas más de cuatro mil iglesias y cerca de 1,7 millones de creyentes adultos, pero sólo disponen de seiscientos o setecientos pastores entrenados. Además de esto, no todos los pastores se pueden costear la estancia de tres años en un programa con internado. La situación exige que hallemos otras soluciones para satisfacer nuestras necesidades en cuanto a entrenamiento.

Las escuelas por extensión ofrecen opciones que permiten que el pastor se mantenga cerca del lugar donde ministra, al mismo tiempo que toma clases en plan de internado durante breves períodos y en lugares estratégicos. Hoy tenemos en África ciento cuarenta escuelas por extensión con más de 4.143 estudiantes.

Con este sistema, una facultad móvil viaja a los centros de población o a otras regiones con necesidades relacionadas con el crecimiento de las iglesias. No es práctico construir una escuela de internado en todos los lugares donde se produce un avivamiento. Sin embargo, cada vez son más las situaciones en que necesitamos esforzarnos por cultivar y entrenar dondequiera que está creciendo la cosecha. Tanto en la práctica, como en el sentido de las relaciones, la estrategia de las escuelas por extensión está hallando favor entre nuestras iglesias nacionales.

En años recientes, las Misiones Mundiales crearon “Africa’s Hope”, un ministerio multifacético con ayuda para el entrenamiento, el desarrollo de planes de estudio, la colaboración estratégica, las oportunidades relacionadas con el uso de computadoras, y apoyo en cuanto a bibliotecas y libros, para asistir a nuestros misioneros y a nuestras iglesias nacionales, a fin de que puedan satisfacer las necesidades de entrenamiento. La esperanza de África está en unos líderes llenos del Espíritu y debidamente entrenados.

El entrenamiento, que es el núcleo mismo de nuestra estrategia, es crítico y eficaz en todas las iglesias nacionales del mundo. El hecho de que las Asambleas de Dios se hallen al frente en todo el mundo como cuerpo misionero, y que tengan el mayor número de escuelas bíblicas, da testimonio de esta realidad.

Para subrayar la naturaleza crítica de la paciencia, la perseverancia, la precisión y la minuciosidad de este proceso de cultivo, podríamos decir en principio que lo más probable es que el último misionero de las Asambleas de Dios que se marche del continente africano, sea un maestro de escuela bíblica.

Mike McClaflin, regional director, Africa, Assemblies of God World Missions

 

Tocar: una perspectiva sobre los ministerios de compasiÓn

Por Ron Maddux

Estuve trabajando como misionero en Asia durante treinta años. La mayor parte de ese tiempo estuve dedicado al evangelismo y a la fundación de iglesias. Cuando era joven, y aún candidato a misionero, decidí hacer evangelismo y evitar las empresas que tuvieran que ver con el “evangelio social”. Sin embargo, descubrí que el evangelio también debe incluir una manifestación del amor de Cristo. Llegué a reconocer que aunque Jesús vino “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10), su vida y su ministerio manifestaron el amor y la compasión de Dios.

Su discurso inaugural (Lucas 4:18, 19) sirve de modelo para nuestra misión, que recibe del Espíritu su poder. Como pentecostales, estamos equipados de una manera única para llevar a cabo ministerios de compasión, al mismo tiempo que mantenemos el enfoque debido en el evangelismo.

Al formar una base para un ministerio de alcance compasivo, debemos tener en cuenta estos cuatro puntos:

El ministerio de JesÚs fue un ministerio de compasiÓn

De los treinta y seis milagros de Jesús que recogen los Evangelios, treinta y tres eran milagros de compasión.

Su primer milagro, el de convertir el agua en vino en las bodas de Caná (Juan 2:1-11), salvó al anfitrión de la boda de pasar una vergüenza. Este milagro demostró su preocupación por el bienestar emocional de una persona. Juan 2:11 se refiere a otro beneficio adicional: “Y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él”. Este milagro lleno de compasión revelaba la naturaleza de Dios: una gloria que infundía fe.

Jesús echó fuera demonios (Marcos 1:21-26), sanó enfermos (Mateo 8:14, 15), curó leprosos (Lucas 5:12, 13), resucitó muertos (Lucas 7:1-10), hizo desaparecer temores (Mateo 8:23-27), y alimentó hambrientos (Marcos 6:35-44). No podemos comprender su vida terrenal sin tener en cuenta sus milagros, ni sus milagros sin tener en cuenta su compasión.

La declaraciÓn de JesÚs sobre su propia visiÓn incluía un ministerio compasivo.

En Lucas 4, Jesús se puso en pie en la sinagoga y leyó en el libro de Isaías. Este discurso inaugural le serviría como declaración sobre su propia visión. “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor” (Lucas 4:18, 19).

El ministerio de Jesús (y el nuestro) es un ministerio dirigido a:

La respuesta a todas estas necesidades es el evangelio, que es el que hace que las personas sean espiritualmente libres y las levanta, tanto económicamente, como físicamente y socialmente. El modelo de ministerio de Jesús fue una mezcla perfecta de poder del Espíritu, evangelismo, y compasión:

El modelo encarnado en Jesús no representaba una dicotomía entre el mensaje y el ministerio. El ministerio era la manifestación práctica de su mensaje. Eran palabras y obras: una proclamación y una manifestación del amor de Dios por medio del mensaje y el ministerio del Cristo lleno del poder del Espíritu.

JesÚs realizaba su ministerio bajo el poder del Espíritu.

Algo significativo sucedió en la vida de Jesús antes de la proclamación que hizo en la sinagoga de Nazaret. Lucas 3:21, 22 describe la venida del Espíritu Santo sobre Él: “Aconteció que cuando todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fue bautizado; y orando, el cielo se abrió, y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y vino una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia”.

Lucas 4:14 nos presenta el resultado práctico de aquella experiencia: “Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea”.

El Espíritu Santo le había dado poder para ministrar. Su experiencia nos sirve de modelo para nuestro propio ministerio en la Iglesia.

El misionero pentecostal es el mejor equipado para mantener un enfoque evangelístico cuando se dedica a ministerios de compasiÓn.

A lo largo de toda su historia, las Asambleas de Dios han sido cautelosas en cuanto a participar en ministerios de compasión, por el temor de que nos convirtamos en lo mismo que otros que predican un “evangelio social” de obras solamente. Movido por esa preocupación, cuando era candidato a misionero, decidí hacer evangelismo y evitar un ministerio relacionado con un evangelio social. Al final terminé descubriendo que ese enfoque no estaba de acuerdo con el modelo ni con la orden que nos presenta Jesús en Lucas 4. La experiencia pentecostal que me daba el poder necesario para predicar el evangelio, también me capacitaba para mantenerme dentro del enfoque debido mientras me dedicaba a ministerios de compasión.

Mientras que en Lucas 4 se manifiesta el modelo del ministerio de Cristo, en Hechos 1:8 se nos proporciona el medio de no apartarnos de nuestra meta: “Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”.

La naturaleza de la experiencia pentecostal nos proporciona nuestro enfoque definitivo dentro del ministerio: ser testigos suyos. Mientras que Hechos 1:8 nos indica que el Espíritu Santo nos da poder para ser testigos de Cristo, Lucas 4 nos demuestra que el Espíritu nos unge para que proclamemos el evangelio mientras participamos en ministerios de compasión.

Mientras nos mantengamos llenos del Espíritu, seguiremos caminando hacia la meta de nuestro ministerio. La cuestión no está en mostrar compasión, sino en el modelo que nos brindan, tanto Cristo como la Iglesia de los primeros tiempos. La experiencia pentecostal nos equipa para bendecir a otros seres humanos por medio de ministerios de compasión, tal como lo hizo Jesús, y acompañarlos con la proclamación del evangelio.

Una aplicaciÓn prÁctica

Dios nos mueve hacia la estrategia del Espíritu. En los primeros tiempos de mi ministerio, incorporé la labor de compasión a mi programa general. Además de participar en las campañas evangelísticas, y de fundar iglesias, participaba en el ministerio por medio de clínicas, unidades médicas móviles, y programas de alimentos. No obstante, cuando comenzamos a entrar en las naciones en las cuales el acceso se halla restringido, empecé a ver los ministerios de compasión como una estrategia.

En muchos países no podemos entrar como organización misionera. En vez de hacer esto, debemos entrar como organización compasiva. Por medio de esta estrategia, podemos manifestar el amor de Jesucristo en lugares y ambientes en los cuales de otra manera no podríamos servir a nadie. En última instancia, la proclamación acompaña a la demostración. Por medio de las palabras y de las obras, el evangelismo y la compasión pueden ser integrados por el poder y la unción del Espíritu Santo.

Una estrategia que comprenda un ministerio de compasión en el poder del Espíritu puede obtener tres cosas:

Ron Maddux, regional director, Northern Asia, Assemblies of God World Missions

 

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