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Misiones a corto plazo que perduran

Nine principles to effective short-term missions trips

Por E. Scott Martin

El libro de los Hechos está repleto de poderosas experiencias misioneras a corto plazo cuyos resultados perduraron. En Hechos 8:26-40 se nos habla de un importante y eficaz encuentro de ministerio a corto plazo: el de Felipe y el eunuco etíope. La misión de Pedro a la casa de Cornelio sólo duró unos pocos días, pero tuvo unos resultados fructíferos (Hechos 10:48). Las misiones a corto plazo son eficaces.

Durante los diez años pasados, más de noventa por ciento de los misioneros Chi Alpha nombrados por las Misiones Mundiales de las Asambleas de Dios han realizado previamente alguna misión a corto plazo en el campo que habían escogido. Ron Maddux, director regional para el norte de Asia, afirma que más de ochenta por ciento de los misioneros de esa región trabajaron primero allí como misioneros asociados. Las misiones a corto plazo ponen a las personas en contacto con las necesidades del campo y las ayuda a abrir el corazón al llamado de Dios.

Yo pasé todo un año con Crystal, mi esposa, en el centro de Eurasia, lanzando el primer ministerio para estudiantes universitarios de la región. Un equipo de trece misioneros asociados y obreros de MAPS nos ayudaron. Aquellos graduados del colegio universitario tenían muy poco conocimiento o ninguno de la lengua del lugar. Aunque tenían una experiencia limitada en cuanto a ministerio en el recinto universitario y a misiones, querían aprender, y estaban en buena disposición de servir. Albergar a un equipo de ese tamaño consumía una gran cantidad de tiempo, pero la inversión produjo múltiples ganancias.

Una de las jóvenes que formaban nuestro equipo, Rochelle Denton, se graduó en la Universidad North Central, en Minneapolis, Minnesota. Nunca había participado en el ministerio de Chi Alpha, ni en el ministerio en el recinto universitario, pero poseía todos los atributos necesarios para que su experiencia a corto plazo diera buenos frutos. Durante su año en el campo, nunca se quejó. Aprendió a moverse por la ciudad y no dependía de nosotros en cuanto a transporte. Estudió con diligencia la lengua, y la aprendió bien. Estaba abierta a nuevos paradigmas en el ministerio, y nunca desafió la autoridad. Su excelente ética de trabajo les sirvió de modelo a los otros estudiantes. Su vida y su fe eran contagiosas. Nunca la vimos sin una sonrisa en el rostro.

Habrá quienes dirán que ésas eran sus cualidades, pero yo creo que ella escogía sus actitudes y sus acciones. Como consecuencia, Rochelle mejoró mucho nuestro ministerio en el centro de Eurasia. En el equipo tuvimos doce más como ella. Con ellos, realizaron en un año lo que probablemente nos hubiera tomado a Crystal y a mí tres años o más.

En muchas regiones cerradas o restringidas, los equipos misioneros a corto plazo bien entrenados constituyen un gran recurso. Estos equipos hacen contacto con las personas que están interesadas en el evangelio, pero no tienen acceso a Biblias ni a literatura cristiana. Los misioneros en residencia reciben la información sobre estos contactos, y después los continúan. Muchos equipos llevan el evangelio a los hogares y los poblados por vez primera.

Un equipo de corto plazo de Chi Alpha que estaba trabajando en una nación de acceso restringido conoció a un estudiante universitario llamado Aziz. Éste los invitó a su casa. Ningún misionero de las Asambleas de Dios había entrado jamás a su pueblo. Durante los tres días que el equipo permaneció allí, la familia anfitriona oía aun sin pretenderlo las devociones y la adoración de los estudiantes.

En la noche final de su visita, la familia invitó a sus parientes y a ciertos huéspedes especiales a una fiesta de cumpleaños (en realidad, una fiesta para que conocieran a sus huéspedes de los Estados Unidos). Acudieron alrededor de cuarenta personas entre tías, tíos, primos, y el abuelo. En un momento determinado, un miembro de la familia dijo: “Los hemos oído cantar en nuestro hogar. ¿Quisieran cantar ahora uno de sus cantos?”

El equipo de seis estudiantes universitarios se puso de pie y entonó el himno Te magnificamos, Señor. Cuando lo hicieron, el Espíritu Santo se derramó sobre todos los que estaban en la habitación. Con lágrimas en los ojos, el abuelo se levantó de su asiento y Aziz lo llevó hasta donde estaba el equipo. Quería conocer las palabras que ellos habían cantado, aunque no hablaba inglés. “Porque todos las sentimos”, fue su explicación.

Aquel equipo de corto plazo tuvo la oportunidad de compartir el evangelio, dejar Biblias, bendecir a la familia en el nombre de Jesús, y anotar nombres para entregárselos al misionero en residencia. Llevaron el reino de Dios al hogar de Aziz, un lugar donde nunca había estado ningún otro creyente. Después lo describían como una experiencia “tipo Cornelio”. Podríamos referir muchas historias semejantes.

¿QuÉ hace eficaz a un equipo misionero de corto plazo?

Debe ir donde hay necesidad — Hay muchos factores, como una comprensión muy limitada del idioma, el interés en una zona determinada, el hecho de conocer a un misionero en un cierto país, o lo favorables que son los precios y la accesibilidad, que muchas veces se convierten en la prueba decisiva respecto a dónde decide ir el equipo. Aunque ninguno de estos factores sea forzosamente negativo, no deberían ser ellos los que principalmente determinaran dónde trabajará el equipo. Los equipos misioneros a corto plazo que son eficaces van donde se los desea y se los necesita.

El equipo debe estar de acuerdo con las metas del misionero en el ministerio que desarrolla en ese campo. Es frecuente que la gente pida a los misioneros que adapten su ministerio a los dones y talentos del equipo, en vez de buscar un equipo que se ajuste a las necesidades del campo. En ocasiones es posible que los misioneros no necesiten un equipo, o que el momento no sea oportuno, pero por el bien de las relaciones con una iglesia o con un pastor, aceptan hospedar a un grupo. En estas situaciones, los equipos pueden consumir dos semanas del calendario del misionero, y después tener poco que decir sobre lo que hicieron. Un equipo realiza un trabajo mayor si sus miembros están dispuestos a acudir donde está la necesidad.

Deben ir a servir. El equipo misionero debe llegar con una actitud de servicio. Servir significa estar dispuestos a hacer todo lo que pida el misionero anfitrión, y hacerlo con una buena actitud. Los equipos no deben llegar con una agenda preconcebida. Pregunte al misionero cuáles son sus metas, y conozca mejor el trabajo que realiza como misionero. Pregúntele cómo lo puede ayudar el equipo a progresar en su ministerio y su visión. No le diga lo que el equipo puede hacer, hasta que haya quedado claro cuáles son las necesidades de él. Planifique el entrenamiento del equipo alrededor de las respuestas que le dé el misionero. La meta primaria del equipo consiste en servir al misionero y a la iglesia autóctona.

Debe ser flexible. Un amigo que trabajaba en el sureste de Asia me dijo: “En las misiones nada sucede nunca de la forma en que uno lo planifica”. Por experiencia, sé que esas palabras son ciertas. Los misioneros invierten tiempo y esfuerzo en la planificación de un ministerio de alcance, y terminan viendo sus esfuerzos anulados por la lluvia, la falta de energía eléctrica o la negación de un permiso que se necesitaba. Hasta en los planes hechos con el mayor de los cuidados se producen fallas.

Recuerdo una ocasión en que participé en un corto viaje misionero a la América Latina. Nuestro equipo se preparó para seis meses. Nos aprendimos un detallado drama de media hora, además de versículos bíblicos y cantos en español. En nuestro último día de ministerio, aquel equipo de setenta miembros se reunió en la estación de ferrocarril para realizar su última presentación. Teníamos la intención de que fuera el punto máximo del viaje.

Mientras estábamos actuando, una mujer leprosa y un adolescente callejero se nos acercaron, comenzaron a burlarse y hacer gestos obscenos. La presentación del drama quedó arruinada. La terminamos y abordamos el autobús. No teníamos flexibilidad cuando las cosas no iban como las habíamos planificado; por eso, fue muy poco el ministerio que se hizo aquel día. Esté siempre dispuesto a adaptarse. El equipo que es fuerte se mueve con los cambios sin quejas y sin trepidación.

Debe ser una bendición, y no una carga. Todo equipo quiere bendecir al misionero y a la iglesia nacional; no obstante, no todos lo hacen. El equipo que es de buena calidad se esfuerza por bendecir a sus anfitriones, en vez de sobrecargarlos. Los miembros del equipo deben ser poco exigentes, y hacerse ellos mismos las cosas. Muchas veces el equipo pierde su capacidad de funcionamiento si el misionero no lo acompaña constantemente para dirigirlo. El equipo de buena calidad aprende rápido a manejarse dentro de un lugar determinado y a ministrar con eficacia. Los equipos que exigen mucho en cuanto a comida, albergue y turismo son más una carga que una bendición. Permita que sea el misionero quien fije la agenda. Tenga en cuenta la cultura y el calendario de actividades del misionero.

Mientras Crystal y yo estábamos en el centro de Eurasia, recibimos seis equipos de corto plazo. Cada uno de esos equipos traía consigo unas cualidades únicas que aceleraban el propósito general de nuestra misión.

Un equipo llegó específicamente con el propósito de hacer conciertos de Navidad en los recintos universitarios. La energía y la actitud de siervos de sus miembros —y el fruto que produjo su ministerio— nos bendijeron y nos abrieron puertas para un alcance a largo plazo en aquellos recintos universitarios. Desde entonces, las universidades nos han estado invitando para que regresemos a dar más conciertos.

También recibimos dos equipos de Chi Alpha. Uno de ellos trabajaba sobre todo en caminatas de oración por el recinto universitario, en la enseñanza del idioma inglés, y en la ayuda a los misioneros asociados con los estudios bíblicos. El otro equipo ayudó a una iglesia de otro poblado. Cada uno de ellos trajo consigo vida, esperanza, visión, y unción.

La Universidad Evangel envió a un entrenador de fútbol para que fuera el líder de un alcance dirigido a los estudiantes de las universidades que eran atletas, en conjunción con un campamento de entrenamiento en fútbol. Un equipo de construcción nos ayudó construyendo campos de béisbol y jaulas de bateo para el alcance que estábamos estableciendo por medio de unas Ligas Menores. Trabajaban con toda diligencia doce horas diarias. El día en que recorrerían la zona, renunciaron a hacerlo para poder terminar su proyecto. Después llegó un equipo de veintitrés estudiantes de Chi Alpha, que se quedó dos meses para echar a andar la primera Liga Menor del país. Cada equipo traía algo especial y muy necesario. Nosotros no habríamos podido realizar nuestra misión sin la ayuda y la presencia de estos equipos de corto plazo. Fueron una bendición.

Deben dejar un regalo con los misioneros anfitriones. Es posible que un equipo desarrolle unos fuertes lazos emocionales con ciertas iglesias o ciertos pastores nacionales específicos, pero necesita resistirse a la tentación de dar fondos directamente a ellos. Los misioneros anfitriones son los que conocen los detalles de cada situación. Compartan sus intenciones con estos misioneros, y hagan su donación a través de ellos.

Deben bendecir a los hijos de los misioneros. El impacto que un equipo de corto plazo puede causar en los MKs es profundo. El equipo les trae un poco de su patria a un lugar muy lejano. Invítelos a unirse al equipo y a su trabajo. Utilícelos como intérpretes. Lléveles un regalo de los Estados Unidos. Se lo agradecerán.

Deben vivir de acuerdo con este lema: “Ni una palabra de queja entre nosotros”. Albergar a un equipo es un trabajo sumamente duro. Por lo general los misioneros anfitriones son las primeras personas que se levantan por la mañana, y las últimas que van a la cama por la noche. La atención que hay que dar al equipo crea más trabajo y aumenta la presión que tienen encima los misioneros. Atenderlos significa alejarse de su familia, y algunas veces, alejarse también de su principal responsabilidad. Los misioneros anfitriones hacen todo lo que pueden para servir al equipo; no obstante, no hay nada que los desanime más que oír quejas.

Cuando yo dirijo un equipo, no tolero las quejas. Por lo general, excuso a la persona una sola vez, y después le entrego un boleto de avión para que regrese a su casa. Los misioneros no necesitan que los nacionales se sientan desilusionados al escuchar cómo los estadounidenses se quejan sobre la forma en que ellos viven.

Un día, una joven de un equipo bajó como un bólido por las escaleras declarando que los aparatos del baño “sencillamente no funcionaban”. Su actitud hirió a los misioneros y a los creyentes nacionales que habían trabajado duro en espera de su llegada. A la mañana siguiente, yo le entregué un boleto de avión para que regresara a los Estados Unidos. Ella lo rechazó y corrigió su actitud. El equipo donde no hay quejas es un gran equipo.

Debe pensar en algo pequeño. La mayor parte de los misioneros no pueden manejar equipos grandes. Pregunte de qué tamaño debería ser el equipo que mejor sirviera para sus necesidades, en vez de hacer que sean sus necesidades las que se ajusten al equipo. Los equipos de cuatro a seis miembros funcionan bien en cuanto a albergue, transporte, y comida. Los equipos grandes pueden hacer que algunos miembros prácticamente no hagan ministerio alguno, pero un equipo pequeño asegura la participación de todos.

Debe pensar a largo plazo. Cuando envíe un equipo, comprométase a largo plazo con esa región y con los misioneros que trabajan en ella. Cuando se envían equipos de corto plazo o misioneros asociados a los mismos misioneros o a la misma zona cada año, se mejora la eficacia a largo plazo de su inversión y su ministerio en general. Proporcione oraciones, economía, y personal para largo tiempo. No se limite a organizar viajes. En vez de esto, tenga estrategia al invertir en los equipos y en los misioneros asociados.

ConclusiÓn

Puesto que he hecho tanto la labor de recibir y movilizar a los misioneros y equipos de corto plazo, creo en su potencial para acelerar la propagación del evangelio en todo el mundo. Las misiones a corto plazo guiadas por el Espíritu, si se hacen de una manera estratégica, tienen unos resultados positivos. La duración de la misión no es tan importante como su eficacia.

Jesús enviaba equipos de corto plazo (Marcos 3:13-15). Las misiones de corto plazo con una visión a largo plazo son bíblicas, fructíferas, y pueden causar un gran impacto en la Iglesia a favor del reino de Dios. Coseche una bendición y asegúrese de que su iglesia se ocupe activamente en las misiones a largo plazo.

E. Scott Martin, national Chi Alpha student mission director and pioneer planter of One More Friend, Central Eurasia

 

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