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ENRIQUECIMIENTO TEOLÓGICO

Perspectivas defectuosas de la salvación

Por W.E. Nunnally

IntroducciÓn

No todas las enseñanzas que se desvían de las enseñanzas históricas ortodoxas de la iglesia cristiana son herejía, ni tampoco deben serlo hoy. Algunas caen en lo ridículo o en lo absurdo, y simplemente podemos pasarlas por alto. Desde el punto de vista de los hechos y de la historia, otras sencillamente son incorrectas. Aun así otras son legítimamente falsas doctrinas. Si bien es cierto que las falsas doctrinas son peligrosas, no son mortales porque no tienen relación con ninguna de las doctrinas cardinales.

Prácticamente en toda declaración de fe protestante, la doctrina de la salvación se clasifica como una de las doctrinas cardinales del cristianismo. También es así en las Asambleas de Dios. La página oficial de las Asambleas de Dios establece que “la salvación, el bautismo en el Espíritu Santo, la sanidad divina, y la segunda venida de Cristo son consideradas doctrinas cardinales que son esenciales para la misión esencial de la iglesia de alcanzar al mundo para Cristo.”1 La clasificación como herejía de las modificaciones a la doctrina de la salvación tiene claros paralelos con la manera en que la iglesia ha tratado tales aberraciones en el pasado.

Pisamos sobre terreno bíblico firme cuando guardamos celosamente la pureza de la doctrina de la salvación, porque es la única doctrina en la Biblia por la que se pronuncia un anatema (maldición) a  quienes se atreven a pervertirla (metastrepsai) (Gálatas 1:6-9). En este pasaje, Pablo declaró “bajo maldición” (NVI) o “…” (…)2 la persona o el ángel que distorsiona el Ordo Salutis (el camino de la salvación) como se revela en las Escrituras (se establece dos veces para mayor énfasis, versículos 8,9). El Apóstol consideró el Ordo Salutis de tal fundamental importancia que aun un leve cambio comprometería la totalidad del evangelio. El resultado sería la concepción de un “evangelio diferente” (versículo 6). A pesar de esta terrible advertencia acerca de la desviación doctrinal, la doctrina de la salvación ha sufrido más ataques herejes que ninguna otra doctrina bíblica. Este artículo examina algunas herejías conocidas que se asocian a la doctrina de la salvación y ofrece la enseñanza de la sana doctrina como el antídoto a cada una de ellas.

Universalismo

En este contexto, el Universalismo enseña que todas las personas son hijos de Dios, en buena relación con Dios, y son salvos. Otra versión del Universalismo enseña que todas las personas tendrán una segunda oportunidad de reconocer a Jesús como Señor después de la muerte y antes del juicio final.

La sociedad hace mucho tiempo que aceptó la idea de que el único criterio para el juicio es si somos buenos o no. Con regularidad escuchamos a los medios de comunicación decir: “La fe de una persona no es más acertada que la de otra persona.”3 El mantra “todos los caminos llevan a Dios” prácticamente se ha convertido en proverbio.

A pesar de que la gente generalmente promueve el Universalismo como el resultado de la evolución teológica del hombre de la creencia primitiva en un dios crítico a una perspectiva más iluminada de Dios que es motivada exclusivamente por el amor, no hay nada nuevo o evolucionado. En realidad, el Universalismo es casi tan antiguo como el cristianismo mismo. Los principios básicos del Universalismo probablemente se originaron en el gnosticismo del segundo siglo. Esta enseñanza apareció desarrollada en los escritos de Clemente de Alejandría (c.D.C. 150–c. D.C. 215), Orígenes de Alejandría/Cesarea (c.D.C. 185–c. A.D. 254), y Gregorio de Nisa (c. D.C. 335–c. D.C. 395). De estos, Orígenes fue quien se excedió en su enseñanza de que también Satanás y sus demonios eventualmente serían liberados, reconciliados con Dios en el mundo venidero, y restaurados a su posición en el cielo.

En un momento u otro la mayoría de las personas probablemente habrían querido que el Universalismo fuera verdad. Sea que la chispa se hubiera encendido junto a la tumba de un ser amado cuya relación personal con Dios era ambigua, en una conversación con un amigo cercano que era un sincero seguidor de otra fe, o cuando alguien procura decidir si contraerá matrimonio con la persona que ama profundamente pero cuya condición espiritual no es clara, muchos hemos esperado que Dios en su misericordia expanda los parámetros de su Reino para incluir a esas personas buenas, amables, generosas, y con un alto sentido de la moral.

Las Escrituras, no obstante, son claras respecto a este punto. Los puntos del Camino de Romanos no han perdido su validez: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23); y “porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” Romanos 6:23, énfasis del autor). Todavía son verdaderas los que incluye Juan 3:16. Dios ama a todo el mundo, y dio a su Hijo para “todos los aquellos” del mundo. Pero Juan 3:18 también es verdad hoy: “El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.”

Si todas las personas tienen una buena relación con Dios y van al cielo, la mayor parte del lenguaje de la Biblia es incomprensible, sino irrelevante. No habría distinción entre el justo y el pecador, no habría separación del trigo y la cizaña (Mateo 13:37-43), los peces buenos de los peces malos (Mateo 13:47-50), o la ovejas de los cabritos (Mateo 25:31-34,41), y no habría juicio final (Job 21:30; Eclesiastés 3:17; Ezequiel 18:20-28; Daniel 7:9,10; Mateo 3:12; 16:27; Hechos 10:42; 17:31; 2 Corintios 5:10; 2 Timoteo 4:1-8; 1 Pedro 4:5,6; 2 Pedro 2:4-9; 3;7-12; Judas 14,15; Apocalipsis 20:11-15).

La sociedad como un todo, incluido el segmento de los que se dan a conocer como cristianos, ha abrazado una versión editada del evangelio. Para ellos, la “puerta” no es “estrecha”; es “amplia”; el “camino” no es “angosto”; es “ancho” (compare con Mateo 7:13,14). La presión de lo adecuado y el énfasis en el pluralismo, la diversidad, y la tolerancia han identificado al mensaje de la iglesia como demasiado exclusivo. Hoy se considera una arrogancia decir que Jesús es el camino, la verdad, y la vida, y que nadie puede ir al Padre sino por el Él (Juan 15:6). Así también, el mundo inmediatamente tilda de fanático a quien declara que no hay salvación en otro nombre sino en Jesús (Hechos 4:12). No obstante, quienes proclaman el evangelio hoy deben resistir la presión de transigir; hacer que la salvación sea más agradable a los oídos de nuestros contemporáneos postmodernistas.

Como creyentes, debemos llevar a Jesús las críticas a nuestro mensaje; Él es la fuente de la exclusividad del cristianismo. Debemos recordar a nuestros oyentes que no fueron los creyentes del primer siglo ni los del siglo veintiuno quienes dijeron que Jesús es el único camino al cielo. Jesús mismo es el origen de esa enseñanza.

No hay diferencias entre las enseñanzas exclusivistas de Jesús en el Nuevo Testamento y las declaraciones exclusivas de Yahvé en el Antiguo Testamento (compare Isaías 43:10,11; 45:5,6). La mayoría de los detractores no expresan las mismas quejas contra los profetas hebreos, la Biblia hebrea, el Dios del Antiguo Testamento, o el pueblo judío. Hoy, aparentemente nadie se opone a las declaraciones exclusivistas de los mormones, de los testigos de Jehová, y de los grupos del Islam. Esto no es así para los cristianos ortodoxos. Por eso, cuando nos critiquen por nuestro exclusivismo intolerante, debemos poner la responsabilidad sobre los hombres de Cristo; debemos decir a los detractores que no fuimos nosotros los que declaramos tales palabras y que debemos llevar las quejas a Él. Después, debemos recordarles que Jesús voluntariamente entregó su vida por ellos, y que por haberlo hecho tiene la potestad de establecer los parámetros donde a Él le parezca.

ExpiaciÓn limitada

La gente que se inclina hacia la interpretación de la expiación limitada de la doctrina de la salvación cree que la muerte expiatoria de Jesús fue solo por el beneficio de ciertas personas. Según ellos, Jesús no murió por todos, sino por los pocos preseleccionados que Dios sabía que responderían adecuadamente al evangelio. Quines promueven la expiación limitada hablan de la economía del sacrificio de Jesús. Explican que sería una pérdida poner la sangre de Jesús al alcance de quienes rehusarán responder adecuadamente al evangelio.

Aunque la mayoría de los adherentes a esta versión de la salvación se encuentran en los círculos reformados, es aceptable comentar acerca de la expiación limitada. Cada año aumenta el número de pastores pentecostales, especialmente entre los más jóvenes, que aceptan una versión de calvinismo. Muchos ni siquiera están informados acerca del debate entre los eruditos reformados acerca de si Juan Calvino realmente enseñó esta posición teológica que lleva su nombre. Pocos están conscientes de que el limitado enfoque de la salvación que promueve esta doctrina deriva principalmente de las enseñanzas de Agustín.

Agustín creía que el número de electos sólo podría igualar al número de ángeles que habían caído del cielo en la rebelión de Lucifer. La mayoría de los pastores no han considerado las negativas ramificaciones que este punto de vista de la salvación puede tener en el evangelismo personal y en las misiones. Más importante, quienes aceptan la expiación limitada como un elemento fundamental en su teología no sólo deben probar la redacción de su propia posición (Marcos 10:45; Romanos 5:8; 8:32; Efesios 5:2,25), también deben permanecer sin conocimiento alguno, pasar por alto, o subestimar muchos pasajes de las Escrituras que son contrarios a esta posición.

Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento claramente exponen la voluntad de Dios en relación con el alcance de la salvación. Moisés escribió que los descendientes de Abraham debían ser de bendición “a todas las familias de la tierra” (Génesis 12:3). Ezequiel reconoció que no es el plan de Dios que alguien perezca. Al contrario, su voluntad es que todos se arrepientan (Ezequiel 18:23,32; 33:11; compare con 2 Pedro 3:9). Isaías entendió la función de la antigua Israel como “luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra” (Isaías 49:6; compare con 42:6). En realidad, el más etnocéntrico y pluralista Antiguo Testamento termina: “Sea Jehová engrandecido más allá de los límites de Israel” (Malaquías 1:5). Aun así, en la revelación del Antiguo Testamento, el énfasis está en la expansión no en la limitación (comapre con Mateo 13:31,32).

Con más frecuencia y claridad, el Nuevo Testamento mantiene el mismo énfasis. Juan el Bautista establece el tono al describir el ministerio salvífico de Jesús, “que quita el pecado del mundo” (kosmos, Juan 1:29). Jesús invitó a todo segmento de la sociedad a iniciar una relación con Él (Mateo 9:10). Él reprendió a quienes reducían el alcance del reino de Dios (Mateo 9:12; 23:13). Invitó a encontrar descanso en Él a “todos los que [estaban] trabajados y cargados” (Mateo 11:28). Él dijo que había venido “para dar su vida en rescate por muchos” (Marcos 10:45). Esto incluye a toda la humanidad que cayó en pecado (Romanos 3:23). Es así porque, como Juan nos recuerda, “de tal manera amó Dios al mundo (kosmos), que ha dado a su Hijo unigénito” (Juan 3:16), quien ha recibido el título de ho soter tou kosmou, “el Salvador del mundo” (Juan 4:42, énfasis del autor). Respecto a su muerte (muchos por error aplican estas palabras a la adoración), Jesús dijo: “Y yo, si fuere levantado de la tierra [una referencia eufemística de su crucifixión], a todos atraeré a mí mismo” (Juan 12:32, énfasis del autor).

Cuando describe su misión, las palabras de Jesús suenan como el lenguaje del Antiguo Testamento. Jesús es la Luz del mundo (Juan 8:12; 9:5), entonces nosotros también debemos ser la luz del mundo (Mateo 5:14). Debemos proclamar a “toda criatura” las buenas nuevas del perdón y la salvación (Marcos 16:15) o “a todas las naciones” (Mateo 28:19). Si seguimos la lógica de la teología reformada, Dios está menos preocupado en la economía del esfuerzo de sus mensajeros humanos susceptibles a la fatiga que en la economía de su obra salvadora en su omnipotencia.

En la proclamación y en las cartas de la iglesia primitiva, las enseñanzas del Antiguo Testamento y de Jesús son aplicadas y aclaradas aun más. Pablo predicó que Dios “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30). Él predicó el mensaje de salvación en Arabia y Judea, y a todos los gentiles que oyeran, y les decía que se arrepintieran, que se volvieran a Dios, y que hicieran obras dignas de arrepentimiento (Hechos 26:17,18,20). Según la soteriología reformada, esto es posible solo para los elegidos.

El mensaje de Pablo no es diferente en sus escritos. Pablo dijo a las iglesias en Roma: “Cristo…murió por los impíos” (Romanos 5:6), palabras que nos recuerdan “al impío” de Ezequiel” y “al perdido” y “los pecadores” de Jesús. A la iglesia de Corino, Pablo escribió dos veces que Jesús murió “por todos” (2 Corintios 5:14,15), y “que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo (kosmos)” (2 Corintios 5:19). El amor de Dios motivó la obra de reconciliación por todos, no solo por un segmento preseleccionado de la humanidad (Tito 3:4-7).

Las instrucciones de Pablo a Timoteo son igualmente iluminadoras. Él recuerda a Timoteo que “Dios nuestro Salvador…quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:3,4, énfasis del autor). En la siguiente oración, él declara que “Jesucristo…se dio a sí mismo en rescate por todos” (versículos 5,6, énfasis del autor). Más adelante en la misma carta, nuevamente Pablo habla de Dios, “que es el Salvador de todos los hombres” (1 Timoteo 4:10). La yuxtaposición que Pablo hace de estos dos grupos, todos los hombres y los creyentes (término con el que no es sinónimo sino una porción de un grupo más grande), efectivamente hecha por tierra un argumento favorito de los calvinistas. Este argumento implica la redefinición de palabras como mundo y todo y la da el significado de toda persona (en el mundo) que sea cristiana / fue preseleccionada para la salvación. Consecuente con su instrucción a Timoteo, Pablo recuerda a Tito que “la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11, énfasis del autor).

Como los escritores del Antiguo Testamento –y como Juan el Bautista, Jesús y Pablo–, el resto del Antiguo Testamento habla sólo de una salvación que está al alcance de todas las personas. El escritor de Hebreos habla de Jesús, que gustó “la muerte por todos” (2:9). Como Ezequiel, Pedro destacó que Dios no quiere que “ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9, énfasis del autor).4

Juan también habló del asunto. Él volvió a usar el título “Salvador del mundo” que aparece en su Evangelio (1 Juan 4:14; compare con Juan 4:42). De más ayuda aun, Juan describe a Jesús como “la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 2:2).5 Para los comentaristas reformados este pasaje presenta el mismo problema que la yuxtaposición que Pablo hace de los mismos dos grupos (compare con el comentario de 1 Timoteo 4:10 que aparece antes). Aquí es claro que una comunidad de creyentes se contrasta con el resto del mundo, y Juan dijo que Jesús murió por ambos.

Perseverancia de los santos/seguridad eterna/una vez salvo, siempre salvo

Otra perspectiva defectuosa de la salvación es la perseverancia de los santos, la seguridad eterna, o más popularmente conocida como una vez salvo, siempre salvo. Esta doctrina enseña que una persona que ha aceptado a Cristo no puede perder la salvación. Como la expiación limitada, Agustín popularizó la doctrina de la perseverancia de los santos/la seguridad eterna. Más tarde, la Iglesia Católica Romana adoptó esta doctrina. Después los líderes protestantes, como Juan Calvino, introdujeron esta enseñanza al protestantismo.

La tradición arminiana/wesleyana/santidad/pentecostal rechazó esta versión de la salvación como bíblicamente defectuosa. El sitio oficial de las Asambleas de Dios establece: “Es posible que una persona que ha sido salva se aleje de Dios y se pierda nuevamente.”7 No obstante hoy, la doctrina PS/SE es prevalente, y está produciendo el mismo efecto negativo en el evangelismo, el discipulado, y la santificación. Por lo tanto, debemos examinarla junto con las otras aberrantes enseñanzas acerca de la salvación.

Quienes creen estas enseñanzas usan varios pasajes de las Escrituras para respaldar su punto de vista. En este artículo se comentarán solo los que se usan con más frecuencia. (Para un comentario más completo, lea mi próximo artículo: “¿Se enseña la seguridad eterna en las Escrituras?”, en el ejemplar del otoño de 2008 de Enrichment). Los proponentes de PS/SE a menudo usan Juan 5:24 para respaldar su punto de vista: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna.” Ellos insisten en que esto significa que el creyente eternamente tiene vida. La sintaxis, sin embargo, deja claro que la vida es eterna, no la posesión que se tiene de ella.

Los proponentes de PS/SE también citan Juan 6:37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”, y Juan 10:27,28: “nadie las arrebatará de mi mano” (compare con Romanos 8:35-39). Sin embargo, ninguno de estos textos desecha la posibilidad de que una persona pueda ejercer libre albedrío y decidir apartarse. Necesitamos entender estas Escrituras a la luz de Juan 15:1 al 16:1 donde Jesús habla de la clara posibilidad de la apostasía.

Algunos proponentes también citan las palabras de Pablo en Filipenses 1:6: el Apóstol estaba “persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. La seguridad de Pablo, sin embargo, era acerca del deseo de los filipenses de alcanzar la madurez, la única verdadera seguridad del creyente (1:1-11, compare con 2:12; 3:19).

Un último versículo favorito de los proponentes de la PS/SE es Hebreos 7:25: “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”. La palabra “perpetuamente” se interpreta como refiriéndose a quienes están siendo salvados, pero la segunda parte del versículo, y muchos otros pasajes en Hebreos (versículos 3:21,24; 6:20) requieren que la frase se entienda como una referencia a Jesús y la duración de su ministerio de salvación.

En contraste con la posición de la PS/SE de que en la salvación el creyente pierde el derecho de elegir, las Escrituras enseñan que quienes confían en Jesús y le obedecen tienen más libertad después de la salvación que antes de ella (Juan 8:36; Gálatas 5:1,13). Además, la posibilidad de apostasía es enfatizada por frases como “de la gracia habéis caído” (Gáltas 5:4); “apartarse” (Hebreos 3:12); y “recayeron” (Hebreos 6:6), en tanto que las frases “seguridad del creyente”; “seguridad eterna”; y “una vez salvo, siempre salvo” nunca aparecen en las Escrituras.

En el Antiguo Testamento, Dios trató con los israelitas casi exclusivamente a través de pactos condicionales. Dios continuamente les advierte que cumplan sus obligaciones del pacto o su relación con Él quedará anulada (compare con Éxodo 32:33; Levítico 22:3; Números 15:27-31; Deuteronomio 29:18-21; 1 Reyes 9:6,7; 2 Reyes 17:22,23; 24:20; 1 Crónicas 28:9; 2 Crónicas 7:19-22; 15:2; 24:20; Salmo 69:28; Isaías 1:2-4; 59:2; Jeremías 2:19; 5:3,6,7; 8:5,12; 15:1,6,7; 16:5; Ezequiel 3:20; 18:12,13; 33:12). En el Antiguo Testamento la gracia estaba al alcance del hombre (Éxodo 34:6; Números 6:25; Jeremías 3:12), pero como en el Nuevo Testamento, la gracia nunca fue una excusa para continuar en el pecado y nunca ha disminuido las demandas del pacto (compare con Juan 1:16,17; Romanos 6:1,2; 8:7-11; Lucas 12:48; compare también con Romanos 1:31, “desleales”).

Juan el Bautista y Jesús continuaron este mismo énfasis del Antiguo Testamento: “Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado en el fuego” (Mateo 3:10; 7:19). Jesús también enseñó que Él daría la salvación sólo a aquellos que perseveraran hasta el fin (Mateo 10:22; 24:13). Él dijo que algunos responderían a la Palabra y producirían fruto, pero diversas cosas destruirían a otros (Mateo 13:3-23). Advirtió que los falsos mesías “y a muchos engañarán” (24:5) y durante la persecución, “muchos tropezarán” (Mateo 24:10).

Las enseñazas de Pablo complementan las de Jesús. Él constantemente advirtió a los líderes y a las iglesias que la apostasía es un peligro real (Hechos 20:29,30; Romanos 11:21,22; 1 Corintios 9:27; 15:1,2; 2 Corintios 13:5; Gálatas 1:6; 4:1-11; 5:4; Filipenses 3:17-20; Colosenses 1:21-23; 1 Timoteo 4:1; 5:8; 2 Timoteo 4:3,4). La carta a los Hebreos advierte contra la apostasía y exhorta a los creyentes a permanecer firmes hasta el fin (2:1,3; 3:6,12,14; 4:1,11; 6:4-6; 10:26,27,35; 12:15).

Santiago escribió: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados” (5:19,20). Pedro describió a los falsos maestros “que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2:1). También escribió: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22).

Juan describe un pecado “de muerte [espiritual, no física, compare con 1 Juan 3:14]” que no puede ser perdonado (1 Juan 5:16). Se promete vida eterna solo a aquellos que vencen y permanecen fieles hasta el fin (Apocalipsis 2:10,25,26), pero la pérdida de la vida eterna a quienes no lo hacen (Apocalipsis 2:5; 3:11,16). Hasta el fin del Apocalipsis, Juan advirtió a los creyentes respecto a la pérdida de la salvación (Apocalipsis 22:19).

Los dos testamentos advierten que el creyente puede voluntariamente perder su posición ante Dios a través de la continua rebeldía. Es evidente que los creyentes tienen la opción de obedecer a Dios o persistir en su amotinamiento contra Él porque muchos escogen lo último y sufren la separación eterna de Dios (Génesis 4:3-16 [compare con  Judas 11]; 22:8-19; 24:1,2,13; 31:7,8; Éxodo 32:32,33; 1 Samuel 10:1-7, 9-11; 13:8-15; 16:14; 31; Juan 6:66 [compare con el versículo 67]; 1 Corintios 5:1-13; 1 Timoteo 1:19; 2 Timoteo 1:15;2:17,18; 4:9,10; Tito 1:12-16; 2 Pedro 2:1; Apocalipsis 2:6,15 [compare con Hechos 6:5]). Si renovamos nuestro compromiso de proclamar este aspecto del evangelio, es posible que Dios restaure la vitalidad, el poder, y el testimonio que caracterizó a la iglesia primitiva.

Los evangelios de JesÚs

Desde el primer siglo al siglo 21, el evangelio ha sufrido por los intentos de hombres pecadores de añadir pasos al Ordo Salutis. La iglesia primitiva fue testigo de los primeros esfuerzos.  El libro de los Hechos registra un movimiento dentro de la iglesia primitiva de añadir a la salvación la circuncisión y la observancia de toda la ley de Moisés (Hechos 15:1,5). Los judaizantes sostenían que los gentiles tenían que convertirse al judaísmo antes de que Dios les concediera la salvación. Los creyentes convocaron al primer concilio en Jerusalén para tratar este asunto que causaba división. Después de que todos tuvieron oportunidad de hablar, prevalecieron el testimonio apostólico (versículo 14), la Palabra de Dios (versículos 15-18), y la guía del Espíritu Santo (versículo 28), y los creyentes no añadieron estos dos requisitos al Ordo Salutis.

Sin embargo, la victoria fue breve. Comenzando con el libro de Gálatas, que fue escrito después del Concilio de Jerusalén, Pablo inició en su ministerio una implacable batalla contra los judaizantes que persistían en su intento de cambiar el camino de la salvación. (compare con Romanos 2 al 4; 1 Corintios 7:18-20; 2 Corintios 11:4-22; Gálatas 2:11-14; 5:6-11; Efesios 2:11;  Filipenses 3:2,3; Colosenses 2:11; y Tito 1:10). Este conflictivo asunto sobrevivió la muerte de Pablo y los apóstoles. Líderes cristianos como Ignacio de Antioquía también trató este asunto en el segundo siglo (Epístola a los Magnesios 8:1; 10:3).

A través de los siglos, el Ordo Salutis ha estado bajo continuo ataque. En la Edad Media los requisitos para la salvación incluían la aspersión, la afiliación satisfactoria a la iglesia adecuada, la observancia periódica de la Comunión, y la asistencia periódica a la confesión. Después de la Reforma Protestante, muchos grupos comenzaron a enseñar el bautismo en agua como un paso necesario para la salvación.

Recientemente se expresó un énfasis similar en los círculos pentecostales. En 1916, muchos pastores e iglesia dejaron la recién organizada Asambleas de Dios por un movimiento llamado Nueva Luz [New Light]. Basado en la revelación personal  en vez de las claras enseñanzas de las Escrituras, los seguidores de las enseñanzas de la Nueva Luz sostienen que la verdadera salvación requiere los pasos adicionales del bautismo en agua “solo en el nombre de Jesús” (en vez de la fórmula trinitaria que encontramos en Mateo 28:19) y el bautismo en el Espíritu Santo con hablar en lenguas. La Iglesia Pentecostal Unida, la Iglesia Apostólica, y los grupos pentecostales Solo Jesús todavía mantienen esta forma de Ordo Salutis.

Aparte de estos movimientos aberrantes, la gente hizo declaraciones similares en los ciclos de avivamiento más recientes. En muchas ocasiones los predicadores exhortaron a su auditorio: “No se atrevan a pasar por alto lo que Dios está haciendo en esta generación”, y “si usted no se adhiere, quedará atrás”. Muchos creyentes antiguos volvieron de estas reuniones  diciendo que habían verdaderamente nacido de nuevo porque habían experimentado algún tipo de manifestación que no tenía base bíblica alguna, especialmente respecto al Ordo Salutis. Mi intención no es denigrar las muchas y maravillosas experiencias que muchas personas han tenido en algunos lugares. Ofrezco esta observación sólo como evidencia de cuán fácil es que sinceras y bien intencionadas personas caigan en la antigua trampa de añadir al simple y directo camino de la salvación que presenta la Biblia.

La enseñanza y la práctica llamada maldición generacional es también un evangelio Jesús-plus. Estas enseñanzas requieren pasos adicionales más allá del arrepentimiento y el sometimiento al señorío de Jesús para que la persona tenga una buena relación personal con Dios.8 La maldición generacional requiere que la gente enumere los pecados de las generaciones anteriores, arrepentimientos de esos pecados, la renuncia a ellos, y las oraciones especiales para destruir la maldición que los ligan a ellos por causa de los pecados de sus antepasados. Sin embargo, según las Escrituras, el momento en que aceptamos a Jesús, Él clava nuestras deudas a la Cruz y son destruidas todas las ataduras demoníacas (Colosenses 2:8-15). No solo Jesús nos declara “libres” cuando venimos a Él en busca de salvación, sino que también nos declara “verdaderamente libres” (completamente libres, Juan 8:36). Por lo tanto, la enseñanza de la maldición generacional es por definición apostólica  una “herejía” (Gálatas 1:6-9), porque añade pasos al Ordo Salutis bíblico que no tienen fundamento en la enseñanza/práctica de los apóstoles de la iglesia primitiva.

¿Cuál es entonces el sencillo y claro Ordo Salutis que aparece en las Escrituras? Es nada más ni menos que: el arrepentimiento de los pecados y la confianza en Jesús como perdonar y Señor. Solo el sacrificio de la sangre de Jesús en la Cruz puede hacer posible el perdón y la reconciliación con Dios (Mateo 26:28; Juan 3:16; Hechos 20:28; Romanos 3:24,25; 5:9; Efesios 1:7; 2:13-26; Colosenses 1:14,20,22; Tito 2:14; Hebreos 9:14,26,28; 13:12,20; 1 Pedro 1:2,18-21; 1 Juan 1:7; Apocalipsis 1:5; 5:9; 7:14). Arrepentimiento, confianza, y sometimiento a su señorío destina a los creyentes los efectos de su sacrificio (Juan 3:16; Hechos 3:19; 5:31; 10:43; 13:38,39; 16:31; 17:30; 20:21; Romanos 10:9,10; 1 Juan 1:9). Según las Escrituras, el sacrificio de Jesús es suficiente para proveer para nuestra salvación. Solo se requiere la fe (confianza y obediencia a Él) para aplicarla a la vida de los creyentes (Juan 3:16; Hechos 11:17; 15:9,11; Romanos 1:16,17; 3:27,28; 4:5,16; 5:1; 10:3-13; Gálatas 3:1,2; Efesios 2:8,9).

ConclusiÓn

La salvación es crucial para una buena relación personal con Dios. Es el corazón de las buenas nuevas, el evangelismo y la salud de la iglesia. No nos debe sorprender, entonces, que la salvación sea el enfoque de toda la proclamación apostólica en las Escrituras. Tampoco nos debe sorprender que los apóstoles reservaron las más enérgicas denuncias para quienes alteraban, añadían, o complicaban la doctrina de la salvación. En contraste, en el libro de los Hechos y en las epístolas, los líderes de la iglesia primitiva predicaron constantemente el mismo evangelio. Hoy los pastores deben seguir su ejemplo y resistir cada tentación de comprometer el evangelio. Esto significa que los líderes de la iglesia deben conocer la Palabra de Dios, proclamarla en su pureza y poder, con denuedo y valentía, pero con humildad, resistiendo a los maestros y las enseñanzas que lo pervierten (1 Timoteo 1:3,4; 4:1-6,16,20; 2 Timoteo 1:13,14; 2:15,25,26; 3:13,14,16,17; 4:1-5; Tito 1:9-11,13,14; 2:1,7,10; Judas 3).

W.E. NUNNALLY, Ph.D., es profesor de Judaísmo Primitivo y Orígenes Cristianos en Evangel University, Springfield, Missouri.

 

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