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Los mayores retos de la atención pastoral

Maltrato y abuso deshonesto de niños: ¿qué debe hacer la iglesia al respecto?

Por Dan Prater

Etán sabía lo que era el maltrato de niños. Durante los primeros cuatro años de su vida, su madre lo golpeó diariamente y permitió que extraños en su casa cometieran actos repugnantes contra su hijo. Durante esos años la madre de Etán lo mantuvo encerrado en una habitación oscura tipo armario. Nunca dejaba que saliera. Ni una sola vez.

Cuando los Servicios de Protección de Niños recibieron una llamada telefónica respecto a la familia y sacaron a Etán de su hogar, parecía como que su vida mejoraría al fin.

Fue difícil hallar una ubicación apropiada para Etán. El horrendo maltrato físico y emocional, y la falta de alimentación habían creado importantes demoras del desarrollo e incapacidades, graves desórdenes de relación, y problemas de enojo.

Los Servicios de Protección de Niños pusieron a Etán con la familia Duncan, que tenía una buena reputación de ayudar a los niños maltratados y abandonados. Los Duncans, trabajaban incansablemente para ayudar a esos niños a encontrar amor, coherencia, y organización, cosas que la mayoría de ellos nunca habían experimentado.

Como todos los niños en este hogar adoptivo, Etán asistía a una pequeña congregación de las Asambleas de Dios en la región central del país. La iglesia se había acostumbrado a los hijos adoptivos de los Duncans, y los aceptaba como suyos. Esos niños estaban a menudo en la clase de cuna, en los Exploradores, en las Misioneritas o en el grupo juvenil.

Etán no era como los otros niños de su clase. No sabía nada de sentarse tranquilo ni de la Biblia. En realidad, nunca había visto un libro hasta que tuvo cuatro años. Sus capacidades para hablar y escuchar eran casi inexistentes. Para complicar más las cosas, a Etán no se le había enseñado a ir a hacer sus necesidades fisiológicas al servicio sanitario.

Marie, la estudiante universitaria soltera de veintiún años que enseñaba a los niños de la clase a la que asistía Etán, estaba dedicada a enseñar y a amar a los niños y niñas de su clase. Cada semana preparaba lecciones y actividades que ayudaban a los niños a aprender más acerca de Dios y de su amor por ellos.

Como en muchas iglesias, nunca parecía haber suficientes voluntarios. A veces Marie permitía que su novio, Oliver, la ayudara en la clase. Parecía tener la habilidad de ganarse la simpatía de los niños y hacerlos reír.

Semana tras semana Marie comenzó a ver una notable diferencia en Etán. Con cautela comenzó a sonreír y a mostrar emociones aparte del enojo. El mejoramiento era evidente, y parecía estar progresando por primera vez en su vida.

Es decir, hasta una noche de marzo.

Los Duncan recuerdan aquella noche. “Era como si alguien prendiera un interruptor para Etán”, dijeron. “Un día estaba riendo y en paz; al día siguiente estaba retraído y enojado otra vez, muy semejante a como había actuado la primera noche que llegó.”

La experiencia de los Duncan con los niños maltratados los ayudó a dar el siguiente paso. Invitaron a un consejero cristiano para que hablara con Etán. De inmediato el consejero sospechó que algo traumático había ocurrido.

Los Duncan supieron más tarde que Oliver, el novio de Marie, había maltratado físicamente y había cometido abusos deshonestos contra Etán en la iglesia. Nadie — ni el personal de la iglesia ni Marie — sabía que Oliver era un delincuente sexual ya detectado. Tenía una larga historia de aprovecharse de los niños, en especial de aquellos que eran vulnerables.

Lo asombroso es que esta historia real tiene un final feliz. Los Duncan adoptaron a Etán y, con el tiempo, Etán hizo notables progresos en su vida académica, emocional, y espiritual. La fiscalía estatal halló culpable a Oliver, y el juez lo condenó a siete años de cárcel.

Al dar algunos pasos sencillos, las iglesias de todo el país pueden evitar incidentes semejantes.

AnÁlisis del abuso

Antes de que los pastores y líderes de la iglesia puedan adiestrar debidamente a su personal y a los voluntarios para proteger a los niños contra el abuso deshonesto, deben entender qué es y cómo afecta a sus víctimas. El maltrato y el abuso deshonesto de niños tiene muchas formas. Las más notables son el maltrato físico, emocional, y educativo, y el abuso deshonesto.

El maltrato físico incluye golpes, mordiscos, patadas, quemaduras, o cualquier acción que cause daño físico a un niño.

El abuso sexual ocurre cuando un adulto se relaciona con un niño para satisfacción sexual, sin que importe si el niño lo ha consentido. Eso puede incluir contacto físico, tal como el estupro o las caricias. También puede incluir el obligar a un niño a que vea pornografía o adultos participando en actos sexuales.

El maltrato emocional es difícil de identificar porque no hay ninguna señal visible. Este tipo de maltrato ataca la dignidad de un niño mediante la vergüenza, el aislamiento, el rechazo, y la humillación. Quienes maltratan emocionalmente a los niños pudieran decirles que son indignos y no valen nada.

Los niños que sufren maltrato emocional tienen un pobre concepto de sí mismos y sienten que no merecen ser amados. Quienes sufren el maltrato emocional a menudo reaccionan enojados y muestran un comportamiento destructivo.

El maltrato educativo es una forma de abandono. El abandono educativo incluye el permitir el ausentismo escolar crónico, el dejar de proveer para las necesidades educativas especiales de un niño, y el no matricular en la escuela a un hijo en edad escolar.

Según la Asociación Médica Americana, los familiares o amigos de confianza o personas con autoridad cometen casi noventa por ciento de casos probados de abusos deshonestos de niños.1 Esas estadísticas refutan el mito de que quienes cometen abusos deshonestos con los niños son extraños vestidos de largos abrigos negros que acechan en las callejuelas oscuras.

Quienes cometen abusos deshonestos con los niños a menudo buscan niñitos que son tímidos, retraídos o de hogares con problemas. Pudieran aun buscar niños con incapacidades mentales y físicas. Quien comete abuso deshonesto con los niños, sobre todo un pedófilo que comete violación sexual, pasa gran parte del tiempo cultivando relaciones. Se mueven poco a poco de la amistad hacia conversaciones indebidas, mentiras, y amenazas, y finalmente el abuso deshonesto.

Los niños que crecen en hogares de maltrato, drogas y alcohol, incesto, violencia, y pobreza tienden a esos comportamientos en la edad adulta. Por esta razón, los adultos que fueron víctimas del abuso deshonesto cometen ellos mismos abusos deshonestos.

La perspectiva de una iglesia

“Si la iglesia no trata estos asuntos dando instrucción bíblica, advertencia, y dirección, estamos pasando por alto aspectos de la enseñanza de la Palabra de Dios y una gran esfera de necesidad en nuestra cultura”, dice Ron Hawkins, padre, pastor del Centro Cristiano de la Primera Asamblea de Dios en Fort Wayne, Indiana. Hawkins considera a su congregación de mil ochocientos miembros como un hospital espiritual que debe participar en los asuntos que afectan la vida de las personas en nuestro mundo.

Pero no todos los pastores tienen la perspectiva de Hawkins.

Hace unos cinco años comencé a trabajar para Court Appointed Special Advocates, una organización no lucrativa que sirve como defensora de niños que son víctimas del maltrato y del abandono. A través de CASA brindo adiestramiento y educación acerca de los temas del maltrato infantil y de la negligencia con los niños.

En 2005, un misionero de las Asambleas de Dios me ayudó a redactar una carta que enviamos a casi todas las iglesias de nuestra comunidad. Escribimos cuidadosamente la carta empleando ejemplos bíblicos. Explicamos que no estábamos buscando una ofrenda; sencillamente queríamos dar educación y oportunidades de servir a pequeños grupos de líderes.

Enviamos cartas a más de 250 iglesias de varias denominaciones. Recibimos una respuesta, una sola: “No, gracias.”

Se pudiera argüir que esa respuesta era una señal de indiferencia. Creo que era un mensaje claro y enfático: no queremos tener nada que ver con el maltrato y el abuso deshonesto de niños. Como me dijo un pastor: “El abuso deshonesto de niños es ofensivo, y no quiero asustar a los miembros de mi iglesia.”

El maltrato y el abuso deshonesto de niños es uno de los asuntos  difíciles que debe tratar la iglesia en nuestra cultura cada vez más desmoralizada. “Creo que Jesús trataría ese cáncer social si estuviera predicando en nuestros púlpitos hoy”, dice Thomas L. Moore, padre, pastor principal de la Asamblea Carmelo en Bonifay, Florida. “Nunca pareció soslayar ninguno de los problemas que se presentaban en la sociedad que rodeaba sus enseñanzas.”

El maltrato y el abuso deshonesto de niños es un asunto casi incalificable; pocos discutirían eso. Como cristianos, compartimos muchos de los sentimientos del mundo acerca del maltrato y del abuso deshonesto de niños: repugnancia, repulsión, enojo, temor e incredulidad. Sin embargo, vemos una raíz más profunda: el pecado.

No obstante, los líderes de la iglesia tienen diversas opiniones respecto al maltrato y al abuso deshonesto de niños. Algunos creen que los problemas sociales, tales como el abuso deshonesto de niños, las drogas, y la violencia doméstica, no son parte de la verdadera misión de la iglesia de salvar a los perdidos.

“La actitud de muchas iglesias respecto a estos temas es la de vivir y dejar vivir. Muchos consideran que la iglesia no tiene que ocuparse de esos temas”, dice Larry McGarry, pastor principal de la Primera Asamblea en Prineville, Oregón. “Estoy totalmente en desacuerdo. Creo que la ausencia de predicación y enseñanza acerca de esos temas ha jugado, y está jugando, un papel importante en el desorden que ahora tenemos en nuestra sociedad.”

Jim Farrell, pastor principal de Asamblea Nueva Vida en Bristol, New Hampshire, tiene un punto de vista semejante. “Mientras las cuestiones sociales, tales como el abuso deshonesto de niños, la pornografía, la violencia doméstica, y el vicio a la droga y al alcohol sean parte de la condición humana, nosotros, como iglesia de Jesucristo, tenemos que estar haciendo algo a fin de ganar para Cristo a esas personas allí mismo donde están con lo único que puede salvarlas: el amor de Jesucristo.”

El hacer todo lo que podemos tiene muchas repercusiones para la iglesia. Los posibles pasos de las iglesias incluyen:

  1. Ayudar a las víctimas del abuso, a los que lo cometen, y a los familiares de ambos grupos.
  2. Adiestrar al personal, a los voluntarios, y a las congregaciones acerca de temas difíciles.
  3. Establecer normas que garanticen que la iglesia es segura para todos, en especial para los niños y los jóvenes.

La creaciÓn de normas y procedimientos

Un pastor de una iglesia rural de las Asambleas de Dios sonrió cuando le pregunté si tenía alguna norma o procedimiento en vigor respecto al maltrato y al abuso deshonesto de niños. “Nunca hemos necesitado algo como eso”, dijo él. “No tenemos aquí ese problema; somos una gran familia.”

Su reacción no era poco común. Muchos pastores de pequeñas comunidades creen que el abuso deshonesto de niños y otros problemas sociales son cosas de la gran ciudad.

Pero las estadísticas nacionales muestran que el maltrato y el abuso deshonesto de niños cruza las barreras socioeconómicas y raciales. En realidad, la tasa de maltrato es algo más alta per cápita en muchas zonas rurales.²

Mientras me preparaba para escribir este artículo, hice una encuesta en noventa y cinco iglesias de las Asambleas de Dios en veinticuatro estados. Las iglesias oscilaban en tamaño desde menos de cien hasta más de tres mil miembros en zonas rurales y urbanas. La encuesta tenía dieciocho preguntas relacionadas con adiestramiento, normas, y procedimientos acerca del abuso deshonesto de niños en la iglesia. También pedía a los pastores que expresaran sus opiniones acerca de la responsabilidad de la iglesia respecto a este asunto.

De las iglesias que respondieron, ciento por ciento estuvieron de acuerdo en que el adiestramiento acerca del abuso deshonesto de niños es importante y necesario. Sin embargo, sólo 57 por ciento de las iglesias encuestadas dan algún adiestramiento así para el personal o los voluntarios. Ochenta y tres por ciento de las congregaciones de 500 o más han establecido adiestramiento y normas respecto al maltrato y al abuso deshonesto de niños. En cambio, sólo veinte por ciento de las iglesias con congregaciones entre 150 y 499 miembros tenían adiestramiento y normas acerca de estos temas.

“Es probable que nunca estemos muy preparados”, dice Dominic Kriegbaum, pastor principal de la Asamblea de Dios Piedra del Ángulo en Watertown, Nueva York. “Tendemos a extender misericordia y confianza cuando necesitamos ejercer mucho más cuidado y escuchar la voz del Espíritu Santo cuando Él nos advierte.”

Sencillos pasos para la seguridad

La protección de los niños debe ser una gran prioridad para la iglesia. Jesús recibió a los niños (Marcos 10:14), y pronunció duras palabras para cualquiera que hiciera tropezar a un niño: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar” (Mateo 18:6).

Cuando las personas entran en una iglesia tienen que estar seguros de que sus hijos recibirán el mayor cuidado, respeto, protección, y amor. “Para muchos niños, la iglesia es uno de los pocos lugares donde pueden, y deben, hallar un puerto seguro”, escribió el pastor McGarry.

El desarrollar normas puede ayudar a garantizar la seguridad de los niños y de los jóvenes de su congregación, proteger a sus voluntarios y al personal de calumnias y proteger la reputación de su iglesia.

Al crear sus normas, la iglesia se abrirá al diálogo acerca de esos temas difíciles, estimulará la responsabilidad por parte de líderes y trabajadores, desalentará el secreto, y creará nuevas oportunidades de servir.

“Tratar estos temas y ganar a los perdidos para Cristo es casi lo mismo”, dice Wes Shortridge, pastor principal de la Iglesia Libertad en Bealeton, Virginia. “Esas son necesidades en la mayoría de las personas que estamos evangelizando, y son luchas dentro de la iglesia. Jesucristo da lo que todo el mundo necesita para vencer todo eso, y Él da sanidad para quienes sufren por maltrato y abandono. La iglesia se lo está perdiendo si pasamos por alto esos aspectos.” He aquí ocho pasos sencillos que cada iglesia debe considerar:

1. Proveer adiestramiento acerca del abuso deshonesto de niños para el personal y los voluntarios que trabajan con niños y jóvenes. El adiestramiento pudiera incluir el identificar señales, causas, y síntomas del abuso deshonesto de niños, cómo obran quienes lo cometen y el efecto de ese abuso. La mayoría de las comunidades tienen profesionales que pudieran ayudar con el adiestramiento. Instituciones de salud, universidades, y compañías de seguros también a veces proveen este adiestramiento. (Cincuenta y siete por ciento de las iglesias encuestadas dan este adiestramiento. Sin embargo, las iglesias con congregaciones pequeñas y medianas rara vez adiestran a su personal y a los voluntarios.)

2. Hacer verificaciones de antecedentes acerca del personal y de los voluntarios que tienen contacto directo con los niños o los jóvenes. Usan agencias que ponen en vigor leyes locales o estatales o un servicio profesional, e incluyen una verificación de antecedentes penales nacionales. Hay compañías muy conocidas que incluyen verificación de antecedentes de conducta:

(Ochenta y seis por ciento de las iglesias encuestadas hacen verificaciones de antecedentes profesionales.)

3. Educar a los trabajadores y a los voluntarios acerca de los requisitos de leyes estatales respecto al maltrato y al abuso deshonesto y a la responsabilidad obligatoria de informar acerca de esos incidentes. Los gobiernos estatales promulgan esas leyes, de modo que es importante referirse a sus leyes locales. En muchos estados la ley estatal obliga a los trabajadores de la iglesia a dar informes. El estado procesará a los trabajadores de la iglesia si no informan acerca del abuso deshonesto de niños. Además de explicar esas leyes, se presentan los claros procedimientos en cuanto a cómo redactar un informe. (Setenta y un por ciento de todas las iglesias encuestadas dan este adiestramiento.)

4. Usar una regla de dos adultos, que exige un mínimo de dos trabajadores con los niños en todo momento. Esto protege a los niños y también protege a los adultos frente a las calumnias que una persona pudiera presentar contra un trabajador que esté solo con los niños. (Sesenta y cuatro por ciento de todas las iglesias encuestadas hacen eso. Cuarenta por ciento de las iglesias de tamaño medio usan esta regla.)

5. Poner en vigor un sistema de identificación para que el adulto que trae a un niño sea la misma persona que recoge al niño. Esta medida preventiva impide el posible secuestro. (Setenta y ocho por ciento de las iglesias encuestadas hacen eso.)

6. Hacer que los líderes y supervisores de la iglesia hagan visitas fortuitas no anunciadas a los cultos y clases de niños y de jóvenes. (Setenta y cinco por ciento de las iglesias encuestadas hacen esto.)

7. Establecer un tiempo mínimo que una persona debe asistir a la iglesia antes de servir como voluntario con los niños o los jóvenes. (Setenta y ocho por ciento de las iglesias encuestadas hacen esto.)

8. No permitir que los adolescentes (13 a 17 años) supervisen a los niños por falta de un adulto. (Sesenta y ocho por ciento de todas las iglesias encuestadas tienen esta norma. En las iglesias de tamaño mediano, cuarenta por ciento permite que los adolescentes supervisen a los niños.)

Jesús fue claro acerca de la importancia de los niños. “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios” (Marcos 10:14). Si de veras aceptamos este versículo, haremos todo lo posible para proteger y bendecir a esos niños.

Es cierto que una iglesia con una clase de cuna de tres niños y con una iglesia de niños de cinco afronta distintas dificultades que una iglesia con 600 niños. Sin embargo, ambas iglesias deben tomar medidas para proteger a los niños y a los trabajadores. Una vez que se ponen en vigor esas normas y procedimientos, la iglesia puede concentrarse en la verdadera tarea: ayudarlos en sus necesidades espirituales.

“Si hemos de ganar a los niños con el amor de Jesucristo, debemos tomar esto en serio”, dice Farrell. Su iglesia participa en el centro de la comunidad local, tomando parte en programas después de las horas escolares, patrocinando equipos deportivos y campamentos de veranos como formas de construir puentes para los niños y las familias de la región de Newfound Lake.

“A nosotros, como líderes, como pastores, se nos comisiona a mantenernos cuidando nuestros rebaños y eso quiere decir tener los ojos abiertos ante todos los peligros que pueden atacarlos. Un mejor adiestramiento nos hace mejores pastores y líderes.”

Dan Prater is communications director at CASA of Southwest Missouri, and is adjunct communications professor at Drury University in Springfield, Missouri. He is a published writer and professional communications consultant. He lives in Ozark, Missouri.

NotAS

1. Asociación Médica Americana, “Maltrato y abuso deshonesto de niños”, Medem: Biblioteca Médica, http://www.medem.com/search/article_display.cfm?path=\\TANQUERAY\M_ContentItem&mstr=/ M_ContentItem/ZZZBRKNPVAC.html&soc=AMA&srch_typ=NAV_SERCH (leído el 25 de septiembre de 2007).

2. Revista de Salud Comunitaria 26, no. 4 (Agosto 2001).

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