MINISTERIO Y ÉTICA MÉDICA
Respeto de los límites éticos en la medicina reproductiva
Por Christina M.H. Powell
Como pastor, es probable que usted haya hecho énfasis en la importancia de la familia en sermones y en programas de la iglesia. La Biblia afirma que los hijos son una bendición de Dios (Salmo 127:3). La Biblia muestra que el Señor “hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos” (Salmo 113:9). Sin embargo, en nuestras iglesias hay algunas parejas que luchan con la esterilidad. La incapacidad de una mujer para concebir y tener hijos puede causar dolor y desilusión. Se intensifican esos sentimientos en un ambiente, como el de la iglesia, donde se le da gran valor al tener una familia.
En la sociedad actual con su dependencia en el progreso científico, la tecnología promete soluciones para la esterilidad. A menudo las personas consideran los avances de la medicina como provisión de Dios. Sin embargo, las parejas cristianas deben considerar dónde establecer fronteras éticas en el campo de la medicina reproductiva.
Respeto al comienzo de la vida humana
La medicina reproductiva trata de ayudar a las parejas a tener hijos biológicos. Ese es un propósito noble. Los tratamientos exitosos de fertilidad resultan en una nueva vida humana que de otro modo no habría llegado a existir. Sin embargo, los médicos y los pacientes deben tener cuidado cuando se crean protocolos de tratamiento para garantizar que mantienen el respeto por el comienzo de la vida humana. Para un cristiano, los hijos son más que el resultado de un proceso tecnológico; son regalos de nuestro amoroso Creador.
Según la Sociedad Norteamericana de Medicina Reproductiva, menos del cinco por ciento de todo tratamiento de esterilidad en los Estados Unidos incluye la fecundación in vitro. Esta última es es una frase latina para indicar dentro del vidrio y describe un proceso que ocurre en un laboratorio y no dentro de un organismo vivo. La fecundación in vitro incluye el extraer quirúrgicamente los óvulos del ovario de una mujer y mezclar esos óvulos con el semen en una placa Petri. Los óvulos fecundados comienzan a dividirse en células para formar un embrión. Luego esos óvulos se ponen en el útero de una mujer, evitando así las trompas de Falopio donde un óvulo fecundado por lo regular viaja hasta llegar al útero.
La fecundación in vitro separa el momento de concepción de la expresión del amor entre una pareja casada. La nueva vida humana comienza en el laboratorio, y está disponible a la observación y a la experimentación, y no dentro de las profundidades protectoras del cuerpo de una mujer.
Aunque el comienzo de una nueva vida humana es un milagro sin que importe el momento o el lugar de la concepción, reducir la concepción a un procedimiento de laboratorio presenta posibilidades de problemas éticos. Por ejemplo, no todos los nuevos embriones recién formados llegarán a ser bebitos dentro del útero de una mujer. El embriólogo pudiera congelar algunos embriones para posible desarrollo futuro, pudiera descartar otros y aun otros pudieran convertirse en materia prima para experimentos de células de vástagos embrionarios. Además, la fecundación in vitro abre la puerta a la selección de un embrión con características específicas así como la posible manipulación genética de un embrión. Aunque las parejas pueden usar esos métodos para seleccionar un embrión libre de ciertas aterradoras enfermedades innatas, un aspecto sombrío de esas tecnologías es la posibilidad de seleccionar hijos con ciertos rasgos físicos, cognoscitivos o de conducta que recuerden la eugenesia.
Repasemos varias tecnologías en la medicina reproductiva y consideremos si esas tecnologías suscitan preocupaciones éticas respecto al comienzo de la vida humana. Por ejemplo, una pareja pudiera optar por hacer que se congelen las células de su semen y las células de sus óvulos. Un hombre que está a punto de someterse a radiación o quimioterapia por cáncer puede hacer que se congele su semen para proteger su capacidad de tener hijos. Los soldados que van a ser enviados a una zona de guerra pudieran también optar por congelar el semen para garantizar la fertilidad.
Hasta hace poco, el congelamiento y descongelamiento de células de óvulos de manera satisfactoria mostró ser mucho más difícil. Las células del óvulo humano son las células más grandes del cuerpo, de diez a quince veces más grandes que otras células. Hay varios obstáculos en la congelación de células de los óvulos. Debido a su tamaño, las células de los óvulos tienen más agua que otras células. Durante el proceso de congelación, pueden formarse cristales de hielo destructivos dentro de los óvulos. Además, el material genético en la célula de un óvulo es menos estable que el material genético dentro de un óvulo fecundado (embrión). Además, los óvulos no se fecundan bien después de descongelarlos. El proceso de descongelamiento puede afectar la membrana del óvulo interfiriendo con la penetración del semen a través de la superficie del óvulo.
La tecnología que se usa en el descongelamiento de óvulos congelados para que sigan siendo viables continúa hacia la perfección. Ahora los embriólogos están empleando una técnica de rápida congelación conocida como vitrificación para congelar debidamente los óvulos. Esto permite que las mujeres conserven su fertilidad cuando tienen que someterse a la quimioterapia.
Otra forma de que las mujeres conserven su fertilidad antes de someterse a la quimioterapia es congelar el tejido ovárico y después volver a trasplantarlo. Después del trasplante del tejido ovárico, las células del óvulo se desarrollan de forma natural en el cuerpo de la mujer sin necesidad alguna de la fecundación in vitro. Como las células del semen, las células del óvulo y el tejido ovárico son componentes del propio cuerpo del paciente, el congelar esas células y tejidos no presenta las mismas preocupaciones éticas que el congelar embriones.
Un embriólogo puede examinar los embriones creados mediante la fecundación in vitro (FIV) usando el diagnóstico genético del preimplante (DGP). Los médicos desarrollaron ese procedimiento de modo que las parejas en peligro de tener hijos con graves desórdenes genéticos pudieran aumentar las oportunidades de tener un hijo sin ese desorden. Este procedimiento también permite que los médicos analicen el material genético de los embriones antes que se implanten esos embriones en el útero de una mujer, permitiendo la selección de sólo los embriones saludables para el implante.
El DGP incluye el extraer una o dos células de un embrión de ocho células y probar esas células para las condiciones genéticas que sean de interés para los padres. Usando esta técnica, los médicos pueden determinar también el sexo de los embriones. De modo que las parejas en peligro de transmitir un desorden genético que afecta sólo a los varones pudieran optar por tener una niña.
Antes del desarrollo del DGP — usado junto con la FIV — las parejas pudieran haber optado por tener un aborto si la prueba prenatal mostraba que el feto tenía una enfermedad genética. Aunque la reducción de la cantidad de abortos realizados después de la prueba prenatal es un aspecto positivo del DGP, la destrucción de embriones que tienen defectos genéticos siguen causando preocupaciones éticas relacionadas con la santidad de la vida humana.
Otra preocupación ética es que los embriólogos pudieran usar el DGP para indagar la aparición tardía de enfermedades de adultos así como las enfermedades mortales de los primeros años de la niñez. En algunos casos, los embriólogos examinan en busca de una predisposición para una enfermedad tratable que pudiera no ocurrir hasta después de la cuarta década de la vida. El DGP no cura ninguna enfermedad; simplemente advierte al paciente que algún día pudiera desarrollar la enfermedad con la que nació.
Una preocupación ética más es el empleo del DGP a fin de seleccionar a un niño para que sirva como donante de tejido parecido para un hermano. La preocupación es por el bienestar del niño donante. Aunque el donar sangre del cordón umbilical no representa daño alguno para el donante, cualquier expectativa futura de que el niño de tejido parecido siga donando células de vástagos, tejido o un órgano para un hermano enfermo sería una carga indebida para ese niño.
El uso del DGP para la selección del sexo, como para el equilibrio familiar, también tiene repercusiones éticas. Aun cuando las parejas pudieran usar la selección del sexo para obtener variedad de género en la mayoría de los casos, ciertas culturas tienen fuerte preferencia por niños varones. La disponibilidad del DGP para la selección del sexo pudiera causar un desequilibrio en la tasa del sexo dentro de esas culturas. Además, algunos que se interesan en la cuestión ética de la biología consideran que la selección del sexo abre la puerta para la selección de otras características, llevando a un concepto de que los hijos son productos que las parejas pudieran escoger debido a sus atributos genéticos.
Otra técnica relacionada que emplea para examinar los embriones es el examen de la preimplantación genética (EPG), que incluye la revisión de anormalidades genéticas tales como la aneuploidia (una cantidad irregular de cromosomas que causan enfermedades como el síndrome de Down o el síndrome de Turner). Los embriólogos emplean el EPG para mejorar la tasa de buen éxito de la FIV para grupos específicos de pacientes estériles como las mujeres de mayor edad, aquellas con repetidos fracasos de la FIV, o aquellas con abortos recurrentes sin causas conocidas. Tales mujeres tienen un mayor riesgo de producir embriones con cromosomas anormales. El propósito del EPG es mejorar la tasa de embarazo y reducir el riesgo de aborto no provocado para esas mujeres. Un estudio reciente en la Revista de Medicina de Nueva Inglaterra, mostró que las mujeres de 35 a 41 años de edad que se sometieron a la FIV junto con el EPG tuvieron tasas más bajas de embarazo y de nacimientos vivos, lo contrario del resultado esperado.1 Por lo tanto, la eficacia del EPG para mujeres de edad avanzada de maternidad sigue siendo un tema de estudio y debate científico en curso.
Por último, técnicas tales como el DGP, que se emplean actualmente para prevención de enfermedades, un día pudieran usarse para el mejoramiento genético, originando preocupaciones éticas en cuanto al derecho de los padres a designar a sus descendientes. Además de la simple selección de rasgos deseados en el hijo, la ingeniería genética de los embriones sigue siendo una futura posibilidad teórica. Sin duda, los progresos actuales y esperados en la medicina reproductiva nos obliga a definir las debidas fronteras que garanticen el respeto a la vida humana en sus etapas preliminares.
Se debe respetar el vínculo conyugal
Las tecnologías reproductivas plantean cuestiones éticas no sólo en cuanto al respeto de los comienzos de la vida humana, sino también respecto al vínculo conyugal entre esposo y esposa. El uso de donantes de óvulos, de donantes de semen o de una madre suplente gestante trae a una tercera persona al proceso de un esposo y una esposa de tener un hijo.
La tecnología hace posible separar la paternidad en componentes genéticos, gestantes, y sociales. Uno o más de los padres genéticos del niño pudiera ser diferente de la mujer que llevará al niño en el vientre y diferentes de la pareja que criará al niño después que el niño nazca. Uno de los padres genéticos pudiera estar muerto, o ambos. Es teóricamente posible que la madre genética no haya nacido nunca, ya que los embriólogos pueden producir óvulos del tejido ovárico extraídos de fetos femeninos abortados.
Para la pareja cristiana, es prudente evitar las tecnologías que incluyan a otras personas que contribuyan al proceso de procreación. La maternidad suplente es al menos tan antigua como el relato bíblico de Abraham y Sara que usó a Agar, sierva de Sara, para que tuviera el hijo de Abraham. En este caso, Agar fue tanto la madre genética como la gestante del hijo de Abraham, Ismael. No intervino ninguna tecnología. Pero el resultado de ese arreglo trajo conflicto y dolor para todos los que participaron. Sin embargo, la gracia de Dios intervino para proteger a Agar y a su hijo, y para bendecir a Abraham y a Sara. La historia de Abraham y Sara ilustra los posibles problemas de relaciones al usar una madre suplente.
Un reciente desarrollo en la maternidad suplente es para parejas que viajan a la India a recibir tratamientos de esterilidad y para escoger a mujeres indias como madres suplentes. El costo de alquiler de úteros en la India es una décima parte del costo de alquiler de úteros en los Estados Unidos. El pago recibido por las madres suplentes indias es generoso según los niveles locales. El honorario por alquiler de úteros es igual a unas diez veces el ingreso anual per cápita en la India. Aunque parece que tanto la pareja como la madre suplente se benefician de este arreglo, continúan las preocupaciones éticas en cuanto a evitar la posible explotación de las mujeres que están de acuerdo en servir como madres suplentes.
Otra preocupación ética en la medicina reproductiva en cuanto al respeto al vínculo conyugal entre esposo y esposa es la reproducción póstuma. El nacimiento de un hijo después de la muerte del padre del niño siempre ha sido una posibilidad debido a la demora de nueve meses entre la concepción y el nacimiento.
Sin embargo, las técnicas de congelamiento de semen con muy buenos resultados han hecho posible que un hombre conciba un hijo después de su propia muerte. Aunque la idea de una esposa que desea tener un hijo que se parezca al esposo que ha perdido es comprensible, y que tener un hijo que continúe su linaje parece noble, Romanos 7:2 pone en claro que el vínculo conyugal se disuelve al morir el cónyuge de uno. Desde un punto de vista secular, las preocupaciones éticas alrededor de la reproducción póstuma incluyen el establecer lo que constituye el consentimiento por parte del difunto cónyuge y definir la condición jurídica de un hijo nacido en estas circunstancias.
Se debe respetar las necesidades de la prÓxima generaciÓn
El criterio definitivo para establecer fronteras éticas en la medicina reproductiva es el respeto de las necesidades de la próxima generación. Tratando de ayudar a una pareja sin hijos para que tenga un hijo biológico, los médicos concentran más su atención en cumplir los deseos de la pareja que busca tratamiento. Sin embargo, es esencial que los profesionales médicos tengan en cuenta el bienestar del niño que nace.
Por ejemplo, un hijo concebido con el semen o los óvulos de un donante anónimo pudiera querer algún día tener acceso a su propia historia médica y genética. El Registro de hermanos donantes, fundado en 2001, ha ayudado a casi cuatro mil personas que están genéticamente relacionadas — la mayoría medio hermanos y medio hermanas — a que se encuentren unas a otras. El interés en ese registro demuestra que una ramificación de las donaciones anónimas de semen y óvulo es la creación de una persona que algún día pudiera desear conocer al hombre o a la mujer que contribuyó con la mitad de su identidad genética.
CONCLUSIÓN
La medicina reproductiva que respeta el origen de la vida, el vínculo conyugal, y las necesidades de la próxima generación, puede ser un regalo para las parejas estériles que anhelan tener un hijo. Los nuevos avances de la medicina pueden ser una provisión de bendición que se rigen por pautas apropiadas.
Los pastores pueden ayudar a las parejas a entender las cuestiones que definen dónde establecer las fronteras éticas en la medicina reproductiva de modo que las parejas estén mejor preparadas para tomar decisiones conscientes cuando buscan tratamiento. De igual manera, los pastores deben ayudar a los creyentes a comprender los principios que necesitan para guiar su respuesta como sociedad a esas nuevas tecnologías. La iglesia puede proporcionar un lugar seguro para que las parejas estériles reciban ayuda mientras determinan la voluntad de Dios para la vida de ellos y para las futuras familias.
Aparecerán nuevas tecnologías en el horizonte, pero los principios que guían nuestra aplicación de esas tecnologías son eternos. Igualmente eterna es la importancia de orar por las parejas estériles. Recuérdeles que Dios tiene un propósito para la vida de ellos que trasciende sus actuales luchas por comenzar una familia. Que Dios le dé la sabiduría necesaria para ayudar a las parejas estériles bajo su cuidado.
NOTA
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S. Mastenbroek et al., “Prueba in vitro con el examen genético de la preimplantación”, Revista de Medicina de Nueva Inglaterra 357, no. 1 (2007): 9–17.
