La visión de plenitud espiritual de David Wesley Myland
Por Douglas Jacobsen
David Wesley Myland (1858–1943)
David Wesley Myland fue uno de los pensadores más creativos del pentecostalismo de los primeros años. Creía que las palabras nunca pudieran de veras definir ni describir las realidades espirituales, y que una formulación particular de teología nunca pudiera aplicarse a todo el mundo. Dios obraba en cualquier forma que quisiera hacerlo, y la buena teología tenía que reconocer la libertad divina. De modo que su enfoque de la teología era más poético y pragmático que sistemático. Estaba preparado y dispuesto a ser sorprendido por Dios. Debido a eso, sus escritos siguen teniendo originalidad y atractivo.
Las creencias pentecostales de Myland estaban profundamente arraigadas en la propia historia de su vida. Sabemos poco de su primera experiencia religiosa, salvo que su mamá puso las manos sobre él cuando ella estaba muriendo y lo dedicó al ministerio.
Myland mismo no estaba convencido acerca del trabajo pastoral. Él prefería administrar el negocio de la familia. Sin embargo, finalmente Dios lo llamó al ministerio de una manera que no pudo pasar por alto: su negocio estaba yéndose a la bancarrota. Más tarde Myland decía a los demás que es mejor prestar atención al llamado de Dios cuanto antes porque “costará más cuanto más se posponga.”
Aunque Myland entró en el ministerio con cierta renuencia, pronto se sintió persuadido de que ese era su llamamiento. Criado como metodista, tuvo una serie de crisis físicas y sanidades subsecuentes que lo llevaron a abrazar una forma dinámica de fe. Eso lo puso en desacuerdo con algunos de sus colegas más formales en el ministerio. Alrededor de 1890 decidió cortar sus vínculos con la Iglesia metodista y se unió a la Alianza Cristiana y Misionera. Sin embargo, se esforzó por seguir llevándose bien con sus amigos metodistas. Myland no era un quemador de puentes. Aunque estuviera en desacuerdo con alguien, trataba de mantener relaciones cordiales.
Poco antes de dejar la Iglesia metodista, Myland tuvo una profunda y abrumadora experiencia del Espíritu Santo que cambió su vida e hizo que “viera las cosas de una manera que no comprendía”. Más tarde Myland se referiría a esta experiencia como el comienzo de su bautismo en el Espíritu. No recibió la terminación de esa experiencia — Myland la llamaba el resto — hasta 1906, poco antes de que comenzara a hacer noticia el avivamiento en la Misión de la Calle Azusa.
El tiempo es simbólico. Myland siempre pensaba en su propia fe pentecostal como separada de la visión del Pentecostés que floreció en la Misión de la Calle Azusa, pero compatible con ella. Por lo tanto, nunca se sintió obligado a adoptar al pie de la letra el lenguaje de Azusa. En particular, sólo rara vez Myland empleaba la frase “el bautismo del Espíritu Santo”. Su manera favorita de hablar acerca de la experiencia pentecostal era referirse a ella como la “plenitud de Dios” o la “plenitud del Pentecostés”.
Como muchos teólogos pentecostales de los primeros tiempos, Myland recibió la influencia del movimiento dispensacionalista. Pero también como muchos pensadores dispensacionalistas, él tenía sus propios puntos de vista de lo que sería el fin de la historia y la venida de Cristo. La imagen de la lluvia temprana y la lluvia tardía extraida del libro de Deuteronomio tuvo significado para Myland. En realidad, a veces se le llamó al movimiento pentecostal de los primeros años el movimiento de la lluvia tardía, y Myland es en gran medida responsable de esa designación.
Importantísimo para la teología de Myland era la significación del amor, sobre todo el que trascendió las fronteras de la raza y del origen étnico. Para Myland, el amor era una acción, no una actitud. A fin de subrayar el carácter activo del amor a veces empleaba el término servicio de corazón como sinónimo de amor.
Myland era mucho más viejo que muchos otros líderes pentecostales de los primeros tiempos. En las fotos parece un bondadoso abuelo, y en cierto sentido, así fue como vio su lugar en aquel gran movimiento. Fue un pensador moderado que alentó a otros y advirtió a aquellos que pudieron estar llevando las cosas demasiado lejos. Myland combinaba el fervor genuino con la moderación sincera en su forma encantadora y excepcional. Esa combinación de actitudes es evidente en el pasaje siguiente de su libro El pacto de la lluvia tardía (1910).
Lluvia tardÍa literal y espiritual
“Desde el punto de vista espiritual, la lluvia tardía viene a la iglesia de Dios al mismo tiempo que viene literalmente sobre la tierra, y nunca se le quitará, sino que estará sobre ella para unirla y darle poder, para hacer que ella ayude en la última obra de Dios para esta dispensación, para traer la unidad del cuerpo, la consumación de los siglos y el arrebatamiento del Israel espiritual, la esposa de Cristo. Dios dijo que volvería a traer la lluvia tardía ‘como al principio’ y lo está haciendo. La lluvia temprana era para la siembra y la tardía para la cosecha; una para el comienzo y la otra para el fin; una para la introducción y la otra para la consumación de la dispensación.
“Ahora comenzamos a entender esta gran profecía: ‘Derramaré mi Espíritu’, literalmente sobre Israel, espiritualmente sobre la iglesia de Dios, para causar dispensacionalmente la consumación de los siglos y comenzar el milenio, la época de la justicia. Estamos convergiendo a ese gran punto, y ahora vemos suficiente de lo que debe hacer que cualquiera esté dispuesto a ir por la vida como un continuo sacrificio para ayudar a apresurar ese día. Me sorprenden los hombres y las mujeres que dicen que creen esas cosas y luego retienen su tiempo, su talento, y su dinero. Si el Señor apareciera hoy en el aire con el toque de la trompeta y la voz del arcángel, muchos que dicen creer esas verdades no pudieran subir a encontrarse con Él porque están atados aquí abajo por acciones y bonos bancarios, y bienes inmuebles. Esos son pesos sobre ellos. Oh, deben estar ligeros; tienen que poner a un lado los pesos y el pecado que tan fácilmente los obstaculizan; el pecado que es tan común entre nosotros, el pecado de la incredulidad, de no estar preparados en nuestra fe. Pongamos a un lado nuestras dudas y temores.
“¡Oh! tenga yo la ardiente fe
que ante enemigos mil no temblará
ni aun cuando esté en la miseria vil,
en la miseria vil.”
“‘Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra.’ ¡Gloria a su nombre! Si Dios hace eso, los hombres y las mujeres que hayan subido a su encuentro hallarán nuevos lugares en la tierra de Dios para servirle y dar frutos. Amados, ¿dedicarán tiempo a recibir una visión del Todopoderoso? ¿Dedicarán tiempo a dejar que Dios proyecte en ustedes, por medio de ustedes y sobre ustedes la visión de su propósito para ustedes? Si lo hacen, algunos se encontrarán pronto en lo último de la tierra. Entonces habrá personas que viven en Chicago tan unidas con aquellos a quienes Dios ha enviado a tierras extranjeras que estarán viviendo una vida, uno trabajando aquí y otro trabajando allí; uno trabajando aquí para que el otro pueda prosperar allá. Ese es el propósito del Pentecostés, que mi corazón pueda estar unido con hombres y mujeres en África; en Japón, en los refugios del Tíbet; que mi espíritu pudiera estar unido con hombres y mujeres en la India y que seamos uno al realizar los propósitos de Dios. Cuando nos encontremos con Él será como un solo hombre, desarrollado hasta la estatura de la plenitud de Cristo, porque hemos venido por el amor del Espíritu, a la unidad del Espíritu, mediante la sabiduría del Espíritu, a la unidad de la fe que obra como uno, cree como uno, se esfuerza y sufre como uno.”
La plenitud de la Deidad
“El Pentecostés entonces es esto, y ‘esto es eso’. Jesucristo está a la diestra del Padre derramando ‘esto que vosotros veis y oís’; porque Él dijo: ‘Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador’. Agradó al Padre que en él habitase toda plenitud (Colosenses 1:19). Lo dio por cabeza sobre todas las cosas, a la iglesia que es su cuerpo, ‘la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo’ (Efesios 1:23). Él es cabeza sobre todos los principados y potestades. Él puede ocuparse de las cosas que estorban. Él es la cabeza; déjesele que tenga el Cuerpo y Él se ocupará de que se llene de Él.
¡Plenitud!
“Así es como siempre quiero ver el Pentecostés. ¡Su plenitud! ¡La plenitud pentecostal! Si es una lengua, que haya plenitud de la lengua; si es discernimiento, que haya plenitud de discernimiento; si es interpretación, que la haya en su plenitud; si es sanidad o fe, que todo sea en plenitud; cualquier cosa que se muestre, que se muestre en su plenitud. No podemos detenernos en menos que eso. Pero en primer lugar, el Pentecostés fue la promesa del Padre, profetizada por Joel, y reiterada por Cristo. En Lucas 24:49, Jesús dijo: ‘He aquí’, es decir, busquen la promesa del Padre que voy a enviar sobre ustedes; ‘pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.’ Él no dijo: ‘He aquí, envío la promesa del Padre sobre vosotros, ¡pero quedaos vosotros en Jerusalén hasta que habléis en lenguas!’ Ahora bien, no soy un modificador de las lenguas, recuerden eso, ni insisto mucho en las lenguas; ustedes nunca tuvieron demasiado lenguas para mí; pero no exaltaré, ni puedo exaltar, las lenguas fuera de su legítimo lugar, su ambiente bíblico, y su valor comparado con otros dones del Espíritu. Las lenguas es el menor de todos los dones, y se subordina a otros dones, y cuando no se mantiene así, hay algún problema.
“Ahora he hecho la declaración más fuerte acerca de esta etapa del tema, pero repito, es el menos de todos los dones y se subordina a los otros. Y cuando no es así, de seguro va a haber problemas. Es el menor porque es el último, y porque es físico, y porque es dependiente de los otros dones. Tres de los dones son espirituales, tres están en el reino de lo psíquico y tres en el de lo físico. Satanás puede manifestar los tres dones. Todos son dones de Dios, pero estoy hablando acerca de la región en que ellos obran: los milagros, las sanidades y las lenguas son físicas, es decir, operan en el reino natural. Satanás puede imitar cada uno de esos tres, pero no puede darnos sabiduría, ni puede darnos conocimiento intuitivo. Satanás no puede darnos discernimientos de espíritus ni verdadera interpretación de lenguas; ni puede darnos verdadera profecía. Satanás obra desde el plano físico, desde abajo hacia arriba. Dios obra desde lo espiritual hacia abajo. Lo espiritual debe dominar lo psíquico, y lo psíquico lo físico; en otras palabras, el espíritu debe controlar el alma, y el alma el cuerpo.
“Manténganse en armonía con toda la Deidad y su voluntad revelada y nunca tendrán problema alguno. Las lenguas es un gran don; nunca voy a minimizar eso, nunca lo voy a modificar, pero daré a todos los dones su lugar apropiado.
“No piensen que todas esas demostraciones son solamente del Espíritu; el Padre está allí, el Hijo está allí, y el Espíritu Santo está allí. Siempre que Dios haya venido a alguien, se manifiesta en él toda la Deidad; es la dinámica de la Deidad; las cosas del Espíritu se muestran en su obra soberana. Ese movimiento debe impedir que digamos que nunca hay ningún Espíritu hasta que haya plenitud pentecostal, y también después que tenemos el Pentecostés, y que digamos que es el Espíritu solamente. ¡Es Dios! el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo. Lea las propias palabras de Cristo en el versículo 14 de San Juan, versículo 20: ‘Conoceréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí, y yo en vosotros.’ El versículo veintitrés: ‘El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.’ Está Dios ahora en la casa, moviéndose alrededor como Él quiere, por medio de los ojos de usted, de sus labios, de su lengua, de sus manos, de sus pies; está Dios morando en carne mortal; ‘habitaré y andaré entre ellos’, y hablaré por medio de ellos. Es Dios: Espíritu, Hijo, Padre, la plenitud de la Deidad.”
PreparaciÓn para el PentecostÉs
“ ‘Pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.’ ¡Quedarse! ¡Esperar! Eso es para preparación; eso no es tanto asunto de que Dios tenga un tiempo y que no puede darlo antes, sino que ustedes deben quedarse para su propia preparación. Desde la perspectiva histórica, tenía que haber una terminación de las Escrituras. La obra había sido terminada por Cristo; Él tenía que ir al Padre y recibir el poder de la Deidad puesto en Él. Pedro comprendía eso bien cuando dijo que, ‘exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo’, (esta gran plenitud de la Deidad) ‘ha derramado esto que vosotros veis y oís.’ De modo que tenemos la promesa asociada con la demostración en su realización. Ver entonces que el Pentecostés resulta de la absoluta identidad de la Deidad. ¡Qué identidad y unidad debiera producir en nosotros que lo hemos recibido! Eso debe hacernos a nosotros como un Cuerpo, y lo hará. Soy uno con todo el que sea uno con Dios. Sencillamente no puedo menos que serlo. Lo único que puede impedirme que sea uno con los demás es alguna obra de la carne o del diablo. ¿Pondrán a un lado sus miramientos y toda clase de opiniones? Cuando Cristo derrama la plenitud de la Deidad sobre nosotros, ¿quiénes somos, como dijo Pedro, para que resistamos a Dios? Esa preparación nos lleva a un acuerdo los unos con los otros; y cuando se complete mediante la flexibilidad, la oración, la confianza, la obediencia, y la alabanza, Él los inundará; sí, los inundará. Los torrentes de arriba se encontrarán con los torrentes de abajo, y habrá una lluvia de bendiciones. ¡Oh, eso es maravilloso! Verán que es verdadero.”
La sabiduría original de Myland para el ministro de hoy
Myland subraya el tema de la plenitud junto con la importancia de la unidad cristiana o el estar de acuerdo unos con otros.
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¿Cómo enriquece el concepto de plenitud su entendimiento de la obra del Espíritu Santo en el mundo actual?
- ¿Era Myland poco realista o profético (o ambas cosas) cuando esperaba que la absoluta identidad de la Deidad se reflejara en la identidad y la unidad de todos los cristianos? Si estuviera sosteniendo una conversación con él, ¿cómo habría respondido?
- ¿Cómo alienta usted el acuerdo entre los cristianos en su congregación y el acuerdo con los demás?
Douglas Jacobsen es un distinguido profesor de Historia de la Iglesia y Teología en la Universidad Messiah en Grantham, Pensilvania. Es el autor de Pensando en el Espíritu: teologías del primer movimiento pentecostal (Indiana University Press, 2003), que ganó el Premio Pneuma de 2004 de la Sociedad para Estudios Pentecostales, y de Un lector en la teología pentecostal: voces de la primera generación (Indiana University Press, 2006) del cual se adapta esta serie de artículos. Es también el coautor de una introducción a la teología intitulada Cristianismo misericordioso: cómo vivir el amor que profesamos (Baker, 2006).
NOTA
1. Partes de este artículo están adaptadas de la obra de Douglas Jacobsen, Un lector en la teología pentecostal (Bloomington, Ind.: Indiana University Press, 2006),
