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Recuperando una cosmovisión cristiana en la iglesia

Por James Emery White

Cerca del fin de su vida, John Adams, el segundo presidente de los Estados Unidos, escribió a Thomas Jefferson, el tercer presidente de los Estados Unidos: “Amigo mío, usted y yo hemos vivido en tiempos muy serios.”1

Él estaba en lo cierto. Sin embargo, yo argüiría que nuestros tiempos no son menos serios que aquéllos.

Una de las observaciones más intrigantes acerca de la historia de la iglesia surgió en un ensayo escrito inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. El historiador Christopher Dawson sugirió que había habido seis épocas identificables en relación con la iglesia. Cada una duró tres o cuatro siglos, y cada una siguió un curso similar. Él afirmaba que cada una de estas épocas comenzó y terminó en crisis. El corazón de cada crisis fue un intenso ataque procedente de nuevos enemigos – dentro y fuera de la iglesia. Estos ataques, a su vez, exigieron una nueva determinación y conducción espiritual de parte de la iglesia.2 Sin esta determinación y conducción, la iglesia hubiese sido derrotada.

Dawson reconocía seis de esas épocas transcurridas para el tiempo cuando él escribió. Creo que ahora estamos en el comienzo de otra de ellas. Esta es la razón de que una mente cristiana — informada por una cosmovisión bíblica — es más crítica que nunca. Aquí tenemos la razón.

La segunda caÍda

Ha habido una segunda caída. En la primera caída, Dios expulsó a Adán y Eva del huerto de Edén. En la segunda caída es el hombre quien ha expulsado a Dios de su vida. En el mundo actual la mayoría de los líderes de la ciencia, del comercio, de la educación, y de la política ya no opera en relación con alguna referencia a una verdad trascendente — mucho menos Dios.

Este es un nuevo y profundo quiebre con la historia del pensamiento y la cultura occidental. Aun en épocas y lugares que pudieron haber sido llamados paganos era desconocido el verdadero secularismo de la actualidad. Bien hubiese sido el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, o los dioses de Grecia y Roma, la gente suponía que había un mundo más allá de aquel en que vivían, y vivían con ese pensamiento en mente. Habría sido extraño para el pensamiento de cualquiera, comenzar y terminar con ellos solos en términos de verdad y moralidad. La segunda caída cambió todo eso. Ahora vivimos en un mundo que ha caído más profundamente.

Aun cuando alguno quisiera probar que la cosa no es así, es reconocido universalmente que una subcultura atrincherada es la influencia más importante del sistema educativo estadounidense, de los medios de comunicación, y de los estamentos superiores del sistema legal. Estos son los epicentros de la cultura y de los medios por los cuales se crean y diseminan los valores y las ideas. Estos epicentros influyen y controlan firmemente las instituciones que proveen las definiciones oficiales de la realidad.

La Corte Suprema – no la revelación dada por Dios — es la que está dando forma y guiando nuestro sentido de lo bueno y de lo malo. El sistema educativo – no la familia — está formando los valores y socializando a nuestros hijos. Los medios de comunicación — no la iglesia — están forjando nuestro sentido de la identidad y comunidad.

Aun cuando este es un momento serio, es también un momento importante, un tiempo de oportunidad, mayormente porque el mundo está sintiendo la gravedad de esta enfermedad. Tenemos una crisis de valores. Necesitamos valores, pero no los tenemos, y estamos divorciados de cualquier medio para encontrarlos. Hay una falta de visión. No hay nada que nos llame a superarnos para ser más de lo que somos en nosotros mismos. Tenemos almas vacías, y todo lo que hemos edificado separados de Dios ha demostrado ser inadecuado para la experiencia humana.

Estamos experimentando un mundo que está operando lejos de Dios, pero que se ve frustrado. Está desmoronándose. Esta es la gran crisis del mundo. No estamos afectados por la primera parte de la famosa declaración de Nietzsche — que Dios está muerto — sino mayormente por la segunda y menos conocida declaración — que nosotros le hemos dado muerte. De esta crisis surge el verdadero desafío del mundo moderno, que Nietzsche también articuló: “¿Cómo podremos nosotros, los más grandes asesinos, consolarnos?”3

El mundo post-moderno

En el corazón de la condición post-moderna hay un sentimiento creciente de que algo nuevo está comenzando a apoderarse de nuestra cultura, algo distinto del mundo creado por la Ilustración. Pero esto no es tanto el fin de la modernidad, como más bien es fatiga.4 Ya sean las artes o la política, la literatura o la música – todo parece agotado.

Las corrientes del post-modernismo parecen reflejar la mañana después de una embriaguez. Parecemos estar tratando de olvidar lo de la noche anterior para poder refrenar el nuevo día. En medio de esta situación, al menos tres reacciones principales están teniendo lugar.

Una visiÓn cambiante de la realidad

Nuestra visión de la realidad está cambiando. Hay una creciente convicción de que lo que pensamos que sabemos es vago y separado de la verdad última. Realmente no podemos ver el mundo tal como es porque nadie es verdaderamente objetivo. Usted no puede permanecer fuera de su contexto – incluyendo las experiencias, tendencias y corrientes histórico-culturales – y ser libre para hacer observaciones imparciales.

Esto es más que decir: “Esa es su opinión.” Es la idea de que todo es opinión. Es como el título que Walter Truett Anderson dio a uno de sus libros: La realidad no es lo que solía ser.5

Una visiÓn cambiante de la verdad

¿Qué le ha ocurrido a la verdad? Algunos creen que no existe una cosa tal como la verdad. Este es el segundo cambio que trae el post-modernismo. Puesto que todo es simplemente perspectiva, el filósofo post-moderno Richard Rorty arguyó que la meta es hablar acerca de cosas pero sin llegar a conclusiones.6 Hoy hay escepticismo respecto de cualquier historia que proclame ser la historia. Si la tendencia de la Ilustración fue que podíamos conocerlo todo, la disposición del post-modernismo es que no podemos conocer nada. Si lo hacemos, no es verdad trascendente.

La bÚsqueda de lo espiritual

¿Dónde deja esto al alma? Vacía, pero al menos sintiéndolo. Este es el tercer cambio que siente la gente en nuestro tiempo. Pitirim Sorokin, fundador del departamento de sociología de la Universidad de Harvard, notó que la civilización tiende a oscilar en una de dos direcciones: hacia lo material o hacia lo espiritual. Uno es racional o científico; el otro es teológico y espiritual.

El mundo medieval era un mundo espiritual. Desde la Ilustración en adelante, hemos vivido en un mundo racional, científico. El giro post-moderno es hacia lo espiritual. Al parecer, la gente está redescubriendo la validez de la fe. Esta es la razón de que los libros que narran viajes espirituales sean los de mejor venta, los temas espirituales corren a través de la música contemporánea, y las películas y la televisión exploran cada vez más ideas y ambientes religiosos. La gente está interesada en las cosas espirituales. Están haciendo preguntas espirituales y están comenzando a ver que muchas de sus necesidades más profundas son de naturaleza espiritual.

El escritor Douglas Coupland lo expresa en buena forma: “Aquí está mi secreto: se lo digo a ustedes con un corazón abierto que dudo pueda hacerlo de nuevo, de modo que oro que ustedes estén en una habitación tranquila para escuchar estas palabras. Mi secreto es que yo necesito a Dios – que estoy enfermo y que no puedo seguir solo. Necesito a Dios para que me ayude a dar, porque me parece que no podré ser capaz de dar por más tiempo; que me ayude a ser bondadoso, pues no puedo seguir siendo bondadoso por más tiempo; que me ayude a amar, pues me parece que estoy más allá de mi capacidad de amar.”7

Vivimos en un tiempo de peligro y de promesa, porque esta nueva apertura a lo espiritual es indiscriminada. Puede ser brujería o superstición, mormonismo o islamismo, y muchos están sintiendo en forma creciente todo lo anterior. Hoy la gente está más abierta a los asuntos espirituales que nunca, sin embargo un extraterrestre, un ángel, o un espiritista servirá como ministro.

La extensiÓn

¿Qué debemos estar haciendo como líderes de la iglesia? En mi libro, Serious Times (Tiempos difíciles), yo discuto la importancia de cuatro cosas:

De las cuatro, nosotros podríamos estar menos dispuestos a poner nuestra mente en la tarea.

Una mente cristiana

Cuando Jesús resumió el mandamiento de Deuteronomio 6:5, dijo que debíamos amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y todas nuestras fuerzas. Luego añadió, “y con toda nuestra mente” (Lucas 10:27). Jesús quería que no hubiera duda que cuando contemplamos la amplia naturaleza de la vida comprometida con Dios, no debiéramos olvidar nuestro intelecto.

Pero no debemos reducir su mandamiento a intelectualismo. Es más profundo que eso. La visión bíblica concerniente al papel de la mente está en el corazón de la renovación del carácter y de la cultura. En el libro de Romanos, Pablo dice: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). Los verbos griegos están en el presente de imperativo, desafiándonos continuamente a seguir rehusándonos a conformarnos a los patrones del mundo, y dejando que seamos renovados por la transformación de nuestro entendimiento. La traducción de Phillips dice de este modo: “No permitáis que el mundo a vuestro alrededor os apriete en su molde”.8 Todavía mejor es la de El mensaje de Eugene Peterson: “No lleguéis a estar tan bien ajustados a vuestra cultura que os encajéis en ella sin siquiera pensar.”9

Los líderes cristianos no deben ajustarse tanto a su cultura que encajen en ella sin siquiera pensar, abrazándola sin discernimiento, reflejándose en ella sin conciencia y habilitándola sin desafío. Los pastores deben retener la voz profética, porque la gente tiende a ser imitadora por naturaleza — a adaptarse y ajustarse a lo que le rodea. Sólo dos fuerzas modelan a las personas: el mundo y la voluntad de Dios. Si los ministros han de evitar ser absorbidos por la cultura circundante, deben tomar una posición por medio de la renovación de su mente.

En un hombre, “cual es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7).¯sup110 Harry Blamires declara: “Ya no hay una mente cristiana”. ¿Una ética cristiana, una práctica cristiana, una espiritualidad cristiana? Sí, pero no una mente cristiana. Mark Noll ha dicho que el escándalo de la mente evangélica es que no hay mucho de una mente evangélica.

El Estudio Nacional de la Juventud y de la Religión, un proyecto de investigación dirigido por Christian Smith, profesor del departamento de sociología en la Universidad de Notre Dame, y Lisa Pearce, profesora auxiliar de sociología en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, catalogaron la desaparición de una cosmovisión cristiana entre los cristianos. Mientras que la mayoría de los adolescentes en los Estados Unidos se identifican como cristianos, el “lenguaje, y por consiguiente la experiencia, de la Trinidad, la santidad, el pecado, la gracia, la justificación, la santificación, la iglesia, la eucaristía, y el cielo y el infierno, aparecen entre la mayoría de los adolescentes cristianos de los Estados Unidos como habiendo sido suplantados por el lenguaje de la felicidad, lo hermoso, y una recompensa eterna ganada”.

El investigador principal, Christian Smith, escribe: “No es tanto como que el cristianismo en los Estados Unidos está siendo secularizado. Más bien es algo más sutil; el cristianismo, bien está degenerando en una patética versión de sí mismo, o, de manera más significativa, el cristianismo está siendo colonizado activamente y desplazado por una fe religiosa completamente distinta.”

Smith y sus colegas llaman a esta nueva fe Deísmo moralista terapéutico. Este sistema de creencia sostiene que Dios demanda poco más de la gente que ser agradables, y la meta central de la vida es ser feliz y sentirse bien respecto de uno mismo. Este sistema enseña que la gente no necesita particularmente a Dios en la vida diaria, excepto para resolver los varios problemas que aparecen en su camino (un “Mayordomo Divino” o “Terapeuta Cósmico”). Independientemente de sus convicciones religiosas, creencias, o compromisos, la gente buena va al cielo cuando muere.

Cuando Mark Noll escribió acerca del escándalo de la mente evangélica, su lamento fue mayormente que los cristianos no estaban usando su mente. La investigación de Smith revela un escenario más alarmante — la pérdida del contenido básico del pensamiento y de la creencia cristianos. Sin embargo, pensar a la luz de la existencia de Dios y de su auto revelación es lo que significa tener una mente cristiana.

Flannery O’Connor se refiere a sí misma como una cristiana realista. Esto refleja su convicción de que ella vive en la presencia de ciertas verdades teológicas: la doctrina de la Creación, la caída y la redención. Estos no son asuntos de creencia subjetiva para ella; son parte de la realidad, tan sólidas como las leyes de la física.

Esto está en el corazón del desafío del liderazgo. Debemos considerar los grandes asuntos de nuestra época a la luz de nuestra fe. Esto es importante, porque con frecuencia sucumbimos a la parcelación en vez de tener una cosmovisión integrada que trata la vida en su integridad. Una mente parcelada separa la vida en categorías– trabajo, familia, tiempo de quietud, la sección de negocios del periódico, y AOL — todo sin integración. Como resultado, nuestro pensamiento en un área nunca informa a nuestro pensamiento en otra.

Una persona que piensa de esta manera puede ser un cristiano, pero no reflexiona en la ciencia o la tecnología a la luz de su fe. O aun peor, nunca considera cogitar en la ciencia y la tecnología a la luz de su fe. Como resultado, raras veces considera los asuntos relacionados con la bioética a la luz de lo que dicen las Escrituras respecto de la naturaleza de la humanidad o la doctrina de la Creación. En cambio, permite que CNN le diga lo que significará para la buena calidad de su vida un adelanto tecnológico particular, se maravilla del progreso, y luego privadamente pondera si será capaz de obtener el procedimiento.

Cuando la gente hace estas parcelaciones, el mundo de la tecnología llega a ser distinto del mundo de la fe. Es lo mismo con los mundos de las películas, de la literatura, de la economía, y de la política. Muchos cristianos jamás integran estas áreas con un pensamiento reflexivo desde una cosmovisión cristiana.

Cosmovisión es una palabra clave. El término sugiere más que un conjunto de ideas por las cuales uno juzga otras ideas.11 En cambio, la cosmovisión de uno provee un medio para asociar el vasto rango de pensamiento y de creación humanos desde una perspectiva cristiana. Tal como Jonathan Edwards contendía, la meta básica de cualquier intelecto es trabajar hacia “la consistencia y el acuerdo de nuestras ideas con las ideas de Dios.”12

Por ejemplo, consideremos la pregunta: “¿De dónde hemos venido?” Tenemos un número limitado de respuestas a nuestra disposición: Vinimos de casualidad (el argumento de los naturalistas); no existimos realmente (la respuesta Hindu); o Dios nos llamó a la existencia. Para los cristianos, las respuestas a: ¿de dónde hemos venido? Y ¿quiénes somos? proveen un fundamento para pensar que no se puede proveer ninguna otra respuesta. Por cuanto Dios creó a las personas, cada persona tiene un valor, significado y propósito. Alguien por encima y fuera de nuestra existencia permanece sobre ello como autoridad. Este concepto cambia su liderazgo.

A causa del valor de cada persona, Martin Luther King, Jr. pudo escribir estas palabras desde una celda en Birmingham: “Hay dos tipos de ley: la justa y la injusta. Una ley justa es un código hecho por el hombre que se encuadra con la ley moral, o la ley de Dios. Una ley injusta es un código que no está en armonía con la ley moral. Cualquier ley que eleva la personalidad humana es justa. Cualquier ley que degrada la personalidad humana es injusta. Todos los estatutos de segregación son injustos, porque la segregación distorsiona el alma y daña la personalidad”.13

El argumento de King estaba basado en el valor que Dios da a cada persona, a pesar de lo que otras personas pudieran decir. King planteó una reclamación a una ley que estaba por encima de la ley humana. Ninguna otra cosmovisión pudiera haber dado a King la base para un reclamo de esa naturaleza.

La enseñanza y la predicación de un pastor deben mostrar una cosmovisión bíblica manejada por una mente cristiana. Él debe ayudar a la gente a pensar respecto de las preguntas actuales desde una perspectiva cristiana, y cómo la fe de ellos se aplica a estas preguntas. El discipulado de la mente es tan importante como cualquier otra clase de discipulado. Yo escribí A Mind for God (Una mente para Dios), de tal modo que los pastores y líderes pudieran tener un silabario para usar en el discipulado de sus iglesias. Los pastores deben llegar a ser lectores activos, aprendices, y pensadores para ayudar a la gente a desarrollar una cosmovisión cristiana. La mayor parte de esta cosmovisión comienza con la alfabetización básica.

Sensibilidad cristiana

A comienzos de 1980, E.D. Hirsch irrumpió en la escena cultural con su idea de alfabetización cultural. Él detalló la importancia de tener un núcleo de conocimiento fundamental para la alfabetización funcional y la comunicación nacional eficaz.14 Hirsch encendió un debate nacional respecto de la naturaleza de la educación y el significado de la alfabetización. La gente hacía preguntas respecto de lo que se necesitaba para formar el contenido de tal conocimiento, y si la educación podía reducirse a tales cosas. No obstante, la tesis central permanecía: hay ciertas cosas que necesitamos conocer.

Un cuerpo de conocimiento se presta para la alfabetización cultural — y aun más, para la alfabetización cristiana.15 Esta es la razón de que los profesores enseñan ciertas cosas, y luego declaran: “Ustedes necesitarán saber esto para la prueba”. Dentro de la educación hay un entendimiento inherente de que ciertos hechos deben conocerse, ciertos libros deben leerse, ciertas vidas necesitan ser estudiadas, ciertos acontecimientos necesitan ser recordados, y ciertas ideas necesitan ser entendidas. Así, ¿qué son estas cosas?

Sensibilidad bÍblica

Desde los primeros días la iglesia primitiva sentía la necesidad de identificar lo que la gente necesitaba saber. Lucas, junto con Mateo, Marcos y Juan sintieron que era imprescindible registrar las enseñanzas centrales y los acontecimientos de la vida de Jesús. Aun más, Juan reconoció: “Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25).

Más allá de los Evangelios, es importante que nuestro núcleo de conocimientos incluya: por qué Dios nos dio las Escrituras, los diez mandamientos, el sermón de Jesús en el monte, las siete cartas a las iglesias, la sabiduría de los Proverbios, el gran tratado teológico de Romanos, el empujón evangelístico del Evangelio de Juan, y todo lo demás que está dentro del canon.

El punto de partida de nuestra educación — o el compromiso para aprender — es la alfabetización bíblica. Esto es discutible donde la iglesia ha hecho lo mejor, donde debemos reconocer el don espiritual de enseñanza, y donde los cristianos se han mostrado más devotos como estudiantes. No obstante, siempre estamos una generación del analfabetismo bíblico.

Sensibilidad histÓrica

Más allá del aprendizaje bíblico, necesitamos conocer ciertos acontecimientos significativos de la historia cristiana.

La historia es el relato de las actividades de Dios en el mundo, y de sus tratos con el mundo. Desdeñar la historia es estar condenado a repetirla. Más específicamente, subestimar la historia es subestimar el mundo en el que vivimos, la gente que lo ha formado, y los acontecimientos que nos han traído al lugar en que estamos.

La historia es ir hacia atrás en el tiempo, escuchando a sus mejores mentalidades. Es fácil imaginar que los asuntos de nuestro tiempo no existieron antes de ahora, pero esto es un error. Mucha gente ha luchado con estos asuntos antes. El tiempo que dedicamos a explorar estas luchas es provechoso, pues de otro modo nos veremos privados de la sabiduría y de la visión que ha ido delante de nosotros.

¿Qué acontecimientos en la historia cristiana — y su importancia — necesitamos conocer? El historiador Mark Noll sugiere lo siguiente: la caída de Jerusalén (70); el Concilio de Nicea (325); el Concilio de Calcedonia (451); el gobierno de Benedicto (530); la coronación de Carlomagno (800); el gran cisma entre la iglesia de Oriente y la de Occidente (1054); la Dieta de Worms (1521); el Acta de Supremacía Inglesa (1534); la fundación de los Jesuitas (1540); la conversión de los Wesley (1738); la Revolución Francesa (1789); y la Conferencia Misionera de Edimburgo (1910).16

AlfabetizaciÓn teolÓgica

Más allá de la alfabetización bíblica e histórica está la alfabetización teológica. La Biblia nos da la revelación de Dios, la historia nos muestra cómo algunas de las mejores mentalidades han luchado con ello, y la teología ensambla y aplica estas áreas a los grandes interrogantes de la vida y a la formación espiritual de los creyentes.

La teología se ha organizado tradicionalmente en 10 categorías: la existencia, la naturaleza, y los atributos de Dios; revelación (la inspiración y autoridad de las Escrituras); la Creación y providencia; la humanidad/naturaleza humana; el pecado original y actual; la persona y obra de Cristo; la naturaleza humana, el pecado y la gracia; la persona y obra del Espíritu Santo; la Iglesia; y los tiempos del fin.

Es importante explorar y entender cada una de estas áreas de la teología. Por ejemplo, decimos que creemos en el Dios de la Biblia, pero ¿qué clase de Dios es Él? ¿Es un Dios que muestra interés o es despreocupado? Decimos que creemos la Biblia, pero ¿en qué manera? ¿Como que es la verdad sin error, o una guía más o menos confiable que puede no ser completamente confiable? Si nos adherimos a su inspiración, ¿estamos dando a entender que es inspirada en el sentido de los conciertos de Brandenburgo de Bach, o algo más? Decimos que creemos en la Creación y que Dios nos hizo a su imagen. ¿Qué significa eso? ¿Dónde está ubicada esa imagen? ¿Cuándo comienza la vida? ¿Qué es lo que le da valor?

Estas son preguntas teológicas. Antes que un pastor pueda contender con la cultura, debe primeramente anclarse en una teología cristiana sana y vibrante. Esta es la razón de que en la época medieval la teología fuera llamada la reina de las ciencias. Los cristianos entendieron que ningún otro campo de estudio, ningún otro tópico tenía mayor valor.

Llegando a ser alfabetizado

Hablar respecto de aprender y obtener una educación son dos cosas distintas. ¿Dónde puede una persona tomar un curso en teología cristiana o historia de la iglesia? Una respuesta es que las iglesias deben aceptar el desafío educativo.

Las iglesias están desarrollando de manera creciente un sentir de comunidad de colegio para sus ministerios educativos. La iglesia de la comunidad de Mecklenburg ofrece un instituto que provee cursos nuevos cada trimestre: teología cristiana, Biblia 101, historia de la iglesia, o estudio de libros. Tales oportunidades de aprendizaje son vitales y complementan el aprendizaje de los servicios de fin de semana y de mediados de semana, y las experiencias de los pequeños grupos.

Muchos seminarios ofrecen ramas de campamento y centros de extensión en centros clave de población a través de los Estados Unidos. Otras están usando la Internet para ofrecer programas de enseñanza a distancia que incluyen charlas de audio, guías de material impresos, bosquejos de charlas, preguntas de estudio, y una bibliografía para lectura de complemento. Algunos sitios en la Red permiten interacción significativa entre los estudiantes y entre estudiantes e instructores.

Una batalla de ideas

No se equivoque respecto de la naturaleza de nuestra competencia y del fundamento sobre el cual descansa todo liderato de transformación — Martin Luther King, Jr., William Wilberforce, Dietrich Bonhoeffer, o San Patricio. Como dice John Stott: “Podemos hablar de conquistar el mundo para Cristo, pero, ¿de qué clase de conquista hablamos? No es una victoria por la fuerza de las armas. Esta es una batalla de ideas.”

Esta era la preocupación de Pablo cuando escribió a los corintios, recordándoles que: “Aunque andamos en la carne, no militamos según la carne… Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:3-5).

Esta es la amenaza de doble filo de nuestro tiempo. Aparte de una mente cristiana, la miríada de cosmovisiones que contienden por nuestra atención, o bien nos llevan cautivos, o fallaremos por no hacer oír la voz cristiana entre el barullo. De cualquier modo, debemos comenzar a pensar o perderemos la pelea.

En 1995, Thomas Cahill escribió su libro titulado provocativamente, Cómo los irlandeses salvaron la civilización. “Irlanda”. Cahill contendía: “Hubo un momento de gloria inmaculada… cuando el Imperio Romano cayó, y sobre toda Europa descendieron los bárbaros mugrientes y enmarañados a las ciudades romanas, saqueando artefactos y quemando libros, los irlandeses, que recién estaban aprendiendo a leer y escribir, asumieron la gran labor de copiar la totalidad de la literatura occidental.”

Monjes irlandeses con mentalidad misionera trajeron más tarde al continente lo que los irlandeses habían preservado en su lejana isla, y refundaron la civilización europea. Esa, concluye Cahill, es la manera en que los irlandeses salvaron la civilización.

El estudio de Cahill contiene más información que la que puede captar el ojo. Más allá de la pérdida de la literatura latina y del desarrollo de las grandes literaturas nacionales europeas que una Europa iletrada no habría establecido, Cahill advierte que algo más también habría perecido en Occidente: “El hábito de la mente que estimula el pensamiento”. ¿Por qué habría de importar esto?

Cahill continúa su afirmación: “Cuando el Islam comenzó su expansión medieval, habría encontrado escasa resistencia a sus planes – simplemente tribus esparcidas de animistas, listas para una nueva identidad”. Sin una robusta mentalidad cristiana para resistir el ataque, Occidente habría estado bajo la media luna en lugar de la Cruz.

Nunca antes han tenido los hábitos de la mente mayor importancia. Como Winston Churchill declaró en su discurso en la Universidad de Harvard en 1943, “los imperios del futuro serán imperios de la mente”. El teólogo de Oxford, Alister McGrath, hace ver que el significado de las palabras de Churchill fue que una gran transición estaba en proceso en la cultura occidental, con inmensas implicaciones para todos los que viven en ella. Las potencias del nuevo mundo no serían naciones-estados – como en el caso de los imperios pasados – sino ideologías. Ideas, no naciones, cautivarían y conquistarían en el futuro. El punto de partida para la conquista del mundo sería ahora la mente humana. Sin embargo, en el ámbito cristiano hay, sorprendentemente, pocos guerreros.

Los cristianos se han retirado con mucha frecuencia a la piedad personal y las buenas obras. Un comentarista de la BBC declaró que los cristianos con demasiada frecuencia ofrecían meros sentimientos y filantropía. Hablando específicamente del desafío del Islam, él añadió que lo que más necesitábamos era un pensamiento consistente aplicado a los asuntos actuales.

Esa es la manera en que los líderes aportarán al avivamiento —verdadero avivamiento— no sólo para nosotros, sino también para nuestra cultura.

Earl Creps

James Emery White, Ph.D., founding and senior pastor, Mecklenburg Community Church, Charlotte, North Carolina; professor of Theology and Culture at Gordon-Conwell Theological Seminary-Charlotte; founder and president of Serious Times (http://www.serioustimes.com), a ministry that explores the intersection of faith and culture; and author of more than a dozen books, including Serious Times and A Mind for God.

NOTAS

1. Una carta, según cita de David McCullough, John Adams (New York: Simon and Schuster, 2001), 285, from Lester J. Cappon, ed., The Adams-Jefferson Letters (Chapel Hill, N.C.: University of North Carolina Press, 1959), 349.

2. Christopher Dawson, “The Six Ages of the Church,” (Las seis épocas de la Iglesia) in Christianity and European Culture: Selections from the Work of Christopher Dawson, ed. Gerald J. Russello (Washington, D.C.: The Catholic University of America Press, 1998), 34–45.

3. El famoso pasaje de Nietzsche “Dios está muerto”, puede hallarse en sección 125 of The Gay Science en Walter Kaufmann, ed., The Portable Nietzsche (New York: Penguin, 1982), 95,96.

4. Sobre esto, véase David Lyon, Postmodernity, 2d ed. (Minneapolis: University of Minnesota Press, 1999), 9.

5. Walter Truett Anderson, Reality Isn’t What It Used to Be: Theatrical Politics, Ready-to-Wear Religion, Global Myths, Primitive Chic and Other Wonders of the Postmodern World (San Francisco: Harper and Row, 1990).

6. Richard Rorty, Philosophy and the Mirror of Nature (Princeton, N.J.: Princeton University Press, 1979), 393.

7. Douglas Coupland, Life After God (New York: Pocket Books/Simon and Schuster, 1994), 359.

8. Las citas de las Escrituras marcadas Phillips se han tomado del The New Testament in Modern English, copyright © 1958, 1959, 1960 J.B. Phillips and 1947, 1952, 1955, 1957 The Macmillian Company, New York. Usado con permiso. Reservados todos los derechos.

9. Escrituras tomadas de THE MESSAGE. Copyright © 1993, 1994, 1995, 1996, 2000, 2001, 2002. Usado con permiso de NavPress Publishing Group.

10. Citas de las Escrituras tomadas de la versión Reina Valera 1960.

11. Sobre cómo ha sido tratada la cosmovisión por una variedad de pensadores, ver David K. Naugle, Worldview: The History of a Concept (Grand Rapids: Eerdmans, 2002).

12. Jonathan Edwards, “Notes on the Mind,” in The Works of Jonathan Edwards: Scientific and Philosophical Writings, ed. Wallace E. Anderson (New Haven, Conn.: Yale University Press, 1980), 341,342.

13. Martin Luther King, Jr., Why We Can’t Wait (Letter from a Birmingham Jail) (New York: Mentor/New American Library, 1963, 1964), 82.

14. E.D. Hirsch, Cultural Literacy: What Every American Needs To Know (United Kingdom: Vintage Books, 1988).

15. Jo H. Lewis and Gordon A. Palmer, What Every Christian Should Know (Wheaton, Ill.: Victor, 1989).

16. Mark Noll, Turning Points: Decisive Moments in the History of Christianity (Grand Rapids: Baker, 1997).

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