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Refiriendo la historia a oyentes del siglo 21

Por Graham Johnston

Me agrada la película El Mago de Oz. Lamentablemente yo crecí antes de la época de los VCR, DVD y de la televisión por cable. Si yo deseaba ver esta película cuando niño, tenía una oportunidad al año en el televisor de la familia, en un momento prescrito de la red de televisión. Mis hijos no soportarían esta injusticia; tenemos nuestra propia copia de la película. Ellos pueden disfrutar de esta historia cuando les plazca.

Un día, mientras contemplaba El Mago de Oz junto a ellos, noté que los reconocimientos de la apertura tomaban demasiado tiempo. Cuando finalmente la historia comenzó, yo pensé: esta película es lenta. ¿Cuánto se demora Dorothy en llegar hasta Oz? Ha sido blanco y negro por mucho tiempo; introduce el color. Yo también me pregunté, ¿por qué no había notado esto antes?

Cuando me di cuenta que mis hijos estaban perdiendo rápidamente el interés, comprendí que estaba viendo la película, no a través de mis ojos, sino a través de los ojos de ellos. Entonces entendí: esta historia fue escrita para una generación distinta. Lo que había tenido efecto en mí no lo tenía en ellos.

Tal vez usted se ha sentido de manera semejante al anunciar la Palabra de Dios en el siglo 21. Este es un gran mensaje, pero fue escrito para un auditorio totalmente distinto del mío. ¿Cómo podemos presentar el mensaje de Dios a esta generación?

Algunos han comparado el cambio de la modernidad a la post-modernidad con la gravedad; está alrededor de todos nosotros. Sea lo que fuere lo que la gente pueda decir, la realidad es que el post-modernismo está aquí. Cuanto más pronto lo aceptemos, tanto mejor será para nosotros.

El post-modernismo crea obstáculos que los comunicadores bíblicos necesitamos superar. Para muchos de los pertenecientes a esta época, la autoridad está a disposición de quien quiera tomarla. ¿Quién tiene el derecho de hablar? El mundo post-moderno está anheloso de conexión, no de verdad. ¿Cómo podemos presentar la Palabra de Dios sin reducirla al lugar donde nuestro mensaje parezca una noche al que busca algo mejor?

En un mundo desprovisto de absolutos reina el relativismo. Lo que es verdad y bueno para usted puede no tener efecto en mí. Los post-modernos consideran cualquier forma de creencia religiosa y de convicciones, con duda en el mejor de los casos, hasta un cinismo total. Cuando se trata de la predicación, podemos continuar hablando a los de dentro, pero aun con los que están comprometidos, los negocios acostumbrados ya no tendrán su efecto.

Predicar es contar una historia

Cuando se trata de la predicación, una de las observaciones más sorprendentes que algunos haremos es que estamos emulando el estilo de predicación que escuchábamos en el tiempo de nuestra adolescencia. Este estilo ha llegado a ser obsoleto hace tiempo para la mayoría de los oyentes contemporáneos. Aquí tenemos una prueba. Haga que alguien escuche una grabación de los primeros tres minutos de uno de sus sermones. Luego haga una pausa. ¿Desea el oyente seguir oyendo más o ya ha oído bastante? ¿Sabe usted cuál es el beso de muerte a la predicación? Cuando los oyentes dicen en su corazón, bastante temprano en su sermón: ya sé adonde se dirige, y ya lo he oído todo antes.

Me divierte cuando la gente dice que la predicación en el siglo 21 está muerta: “Vivimos entre una generación criada con la televisión y las películas; no tolerarán la predicación en estos días”. No, lo que no soportarán es la predicación aburrida. Así, ¿qué es lo que tienen las películas que el promedio de los mensajes dominicales no tiene? Cuentos. No cuentos como una ilustración, sino como referencia o relación de hechos o incidencias.

Robert McKee es uno de los principales expertos de guiones cinematográficos. Es famoso por sus seminarios acerca de escritura de guiones. Me agrada su definición del relato: “La demostración creativa de la verdad”. McKee declara: “El experto relator de historias nunca explica. Hace la cosa creativa dura y penosa – dramatiza. Los oyentes rara vez se interesan, y ciertamente nunca están convencidos cuando se los obliga a escuchar la discusión de ideas”.1

Para mí, la demostración creativa de la verdad — la verdad divina — es usualmente cómo yo resumo la predicación pertinente. Creo que estamos viviendo en la época de los cuentos. La gente responde a los mensajes en forma de cuentos o historias. Por tanto, ¿cómo se ve eso y cómo podríamos incorporar nuestros sermones al cuento o historia?

Desarrolle tensiÓn

Cuando yo era un adolescente, la película Tiburón atrajo a la gente en multitud a los cinemas y la alejó de las playas. Tiburón mantenía a la gente en el borde de sus asientos y les ofrecía una oportunidad ocasional de saltar completamente fuera de ellos. Imagínese si antes que comenzara la música, un narrador hubiera dicho: “Ustedes van a presenciar a un inmenso tiburón que siembra estragos y aterroriza a un pueblo costero llamado Amity. Presenciarán a gente engullida viva – una mujer, un anciano pescador, Quint el cazador de tiburones. Pero no se preocupen, antes de que la película termine, el Sheriff Brody matará al feroz tiburón. Ahora reclínense en sus asientos y disfruten de la película”. ¿Por qué no incluyeron esta narración? Muy sencillo. Una de las claves para mantener el interés de una persona es la tensión. Esta es la razón de que deseemos ver la historia desarrollarse como sucede. No queremos saber en el comienzo cómo termina la película.

Una falta de tensión es igual a aburrimiento. Robert Cialdini, un psicólogo social de la Universidad del Estado de Arizona, declara: “Los misterios son poderosos porque crean la necesidad de un desenlace”.2 Cierta clase de predicación pone un premio por dispensar información y hechos. En la primera pareja de oraciones el predicador resume todo el mensaje. Este acercamiento trae claridad. El orador, sin embargo, ha dejado ver sus intenciones. Sus oyentes saben lo que viene; la tensión ha desaparecido. Como resultado, la gente pierde su interés. Encarémoslo, la gente requiere más que simplemente hechos.

En esta generación acostumbrada a las películas y al relato de historias, cuando usted desparrama los frijoles en el primer minuto, el oyente promedio se pregunta por qué no ha caído el telón y por qué la gente no está aproximándose a la salida. La cosa ha terminado. La historia ha llegado a su fin. Ya podemos irnos a casa.

Adelante la película Tiburón hasta el final y controle cuanto tiempo más se extiende la película después que el tiburón ha sido derrotado. Respuesta: alrededor de 30 segundos. ¿Por qué? Porque lo que sigue es decepcionante – la historia ha terminado. La tensión ha sido resuelta. La historia crea tensión que arrastra a los oyentes, creando una necesidad de cierre.

Responda la gran pregunta

Después que el tiburón está muerto, todo está bien con el mundo de nuevo. Sabemos que la historia ha concluido cuando la película responde a la gran pregunta que impulsa la historia. A esto le llamaré la pregunta que abarca toda la historia.

“Discúlpeme”, podría decir usted, “no recuerdo que se haya planteado una pregunta en el comienzo de la historia de Tiburón”. Pero esta pregunta estaba en la escena de apertura. Mientras se están presentando los reconocimientos, dos jóvenes parcialmente intoxicados corretean alejándose de los demás para entrar al agua. Lo que parece ser una tranquila zambullida nocturna se convierte en un aterrador ataque por una criatura invisible de las profundidades. Esta escena hace surgir una pregunta que todo lo abarca en la mente de los espectadores: ¿cómo detenemos a esta criatura de modo que podamos estar nuevamente a salvo? Una vez que la pregunta es contestada, la historia habrá terminado.

Aquí hay otro componente clave de una historia: la historia es usualmente lanzada mediante una pregunta, una crisis, o un dilema, no una respuesta. Una pregunta de amplitud total conduce la historia a su conclusión. ¿Qué tiene esto que ver con la predicación? Todo pasaje bíblico, sea una epístola o narrativa, tiene una historia.

Recientemente, yo estuve ayudando a un pastor joven con su manejo del Salmo 51, que relata la trayectoria de David y su restauración final después de su adulterio con Betsabé. ¿Cuál es la pregunta de amplitud total que nos presenta este texto? La respuesta: ¿qué hacemos cuando cometemos una gran torpeza? El texto presenta los pasos de reconocimiento de nuestro error y de confesarlo, llevando a una restauración espiritual. Por consiguiente, la pregunta surge del texto y del contexto en la misma manera que, “¿cómo vamos a detener al tiburón?” surge de la historia de Tiburón.

Cuente la historia

Los predicadores pueden tomar una de las páginas del libro de periodismo. Un periodista recibe noticias de un acontecimiento y escribe los hechos. Pero cuando lo reporta, el periodista examina los hechos para encontrar la historia.

Una mujer joven, de 22 años de edad, que muere en un accidente de aviación representa los hechos. Ella estaba procurando obtener un título en la comunidad de salud para trabajar entre huérfanos de SIDA en Kenya occidental, y eso se convierte en la historia. Cada pasaje bíblico incluye ideas y contenido. En estas ideas y contenido hay una historia que es tan pertinente para las personas de hoy como lo fue en esos tiempos.

Cree desequilibrio

La razón de que esto sea crítico para la comunicación eficiente es la manera en que la gente oye. La mente puede oír de un modo pasivo. Por ejemplo, mi esposa dice: “No te olvides de sacar la basura”.

Yo hago una señal de asentimiento mientras miro el partido de fútbol en la televisión, “ya, ya, en eso estoy”.

Un minuto más tarde ni siquiera puedo recordar que ella me haya hablado. Puedo repetir sus palabras inmediatamente después, pero no hacen efecto en mi cerebro. Sin embargo, cuando oímos en un modo más activo, la información se mueve a un lugar totalmente distinto en nuestro cerebro.

Por ejemplo, si mi esposa dice: “Si esta basura está aquí todavía cuando vuelvo, tendrás que dormir en la hamaca”; eso me toca y yo interactúo con lo que estoy oyendo. ¿Cómo ocurre eso? La respuesta: creando desequilibrio. Cuando la gente experimenta desequilibrio — algo que los conmueve y los sacude — repentinamente llegan a estar inmersos en el proceso, porque la tensión que sienten hace que sus engranajes mentales comiencen a girar.

Un error que los predicadores hacen comúnmente es crear un dilema intelectual que está divorciado de la realidad. Por ejemplo, la clásica pregunta medieval es: ¿cuántos ángeles pueden danzar en la cabeza de un alfiler? A lo cual, la clásica respuesta es, “¿a quién le importa eso?” A veces ponemos un marco alrededor de un asunto tal como, ¿en qué manera derrotó David a los filisteos? o, ¿cuál es el apropiado entendimiento de la inmutabilidad de Dios? Estos asuntos serán recibidos con un bostezo colectivo de todos los que los escuchan.

El asunto principal debe tener conexión con la vida de los oyentes, y con su mundo. Cualquier cosa menos que eso es augurio de desinterés. Aprender simplemente por aprender interesará a muy pocas personas. La mayoría de las personas comienza a escuchar activamente cuando la relación entre lo que usted está predicando y su aplicación a su diario vivir es obvia.

Juntamente con el desequilibrio en la predicación vienen algunas preocupaciones. Don Carson, en su libro How long, O Lord? (¿Cuánto tiempo, oh Señor?) trata del problema del sufrimiento humano. Carson introduce su escrito con una serie de acontecimientos trágicos, todos los cuales concluyen con la pregunta, “¿dónde está Dios?” Una de estas viñetas detalla los acontecimientos que rodean a un pastor que un día está cortando el césped de su casa y de pronto su tranquilidad se desvanece cuando un gran camión arrolla accidentalmente a un pequeño de dos años de edad y lo aplasta. El asunto es claro: ¿cómo podría Dios permitir que esto ocurriera?

Algunos pastores objetan de inmediato, “yo no puedo comenzar un sermón con una ilustración como esa. Hay gente en mi congregación que ha perdido hijos. Es algo que les toca de muy cerca y resultaría muy doloroso”. Ese es precisamente el punto. Cuando introduce un mensaje de la Palabra de Dios, hágase la pregunta, ¿está esto planteando una pregunta que muchos se están haciendo: dónde está Dios en todo esto? Si efectivamente es así, usted tiene desequilibrio. Ahora usted tiene personas envueltas no sólo porque tienen una curiosidad intelectual, sino también porque es un asunto que concierne a su propia vida. Ellos lo sienten en su interior. Y ciertamente, la incomodidad e intranquilidad se hacen presentes. Pero, ¿permanecerá la gente sentada en el borde de su asiento para escuchar lo que este pasaje pudiera decir acerca de este asunto? Claro que sí. Una vez más, McKee declara respecto de las películas: “El escritor configura la historia alrededor de aquello por lo cual vale la pena vivir, por lo cual vale la pena morir, lo que es una necedad buscar en la vida el significado de la justicia, verdad — los valores esenciales”.3

Segundo, la gente apreciará su intento de traer claridad a un asunto difícil de la vida. Es más consolador para ellos cuando usted trata los asuntos difíciles que cuando los desdeña. Después de un tiempo, sus oyentes desarrollarán confianza en que la palabra de Dios puede hablar de las verdaderas crisis de este mundo y de su vida.

Abra una brecha

En su libro, Made to Stick, los hermanos Heath escriben acerca de la teoría de brecha de George Loewenstein. Éste sostiene que la curiosidad se hace presente cuando sentimos una brecha en nuestro conocimiento. Los hermanos Heath declaran: “Una importante implicación de la teoría de brecha es que necesitamos abrir las brechas antes de cerrarlas. Nuestra tendencia es decir a la gente los hechos primero. Sin embargo, ellos deben comprender que necesitan estos hechos”.4

Al abrir una brecha, el orador se conduce en forma semejante a como funciona un programa de computador. Abre un archivo en la mente del oyente que provee al mensaje un lugar en el cual alojarse. Presentar una situación o conflicto crea este espacio, de modo que el oyente deseará oír lo que el orador tiene que decir sobre eso. Presentar primeramente los hechos puede ser como poner la carreta delante del caballo.

En el pasado, la explicación de por qué los hechos son importantes para el oyente y lo que él podía hacer con la información venía hacia el fin del mensaje. La gente aceptaba que la Biblia y la predicación tenían valor. Hoy, el orador necesita abrir una brecha, o arriesgar que el oyente término medio se desenganche de su mensaje desde la partida.

Algunos también podrían argüir que no necesitamos incluir mucho del mundo real en nuestros mensajes. Sin embargo, la gente ha llegado a cansarse de las perogrulladas y de las frases hechas que emanan desde el púlpito. Los oyentes están cansados de la chorrera de terminología vana que evita los asuntos verdaderos. Yo pregunto: ¿provee la Biblia respuestas verdaderas para un mundo real? Si la gente está haciendo esta pregunta y la Biblia tiene una respuesta clara, ¿por qué debiéramos sentirnos intimidados de recurrir a ella? Aquí hay otra pregunta: ¿es nuestra adoración corporativa un lugar donde escapamos de las duras realidades de nuestro mundo, o es un lugar donde encaramos estas realidades con la fortaleza de la Palabra de Dios? Creo que ustedes conocen mi respuesta.

Permita que el mensaje se manifieste

Después que usted ha determinado cuál es la pregunta de alcance amplio, ha establecido tensión en su mensaje y ha producido el desequilibrio en sus oyentes, permita que el mensaje se manifieste. Efectivamente, usted se está moviendo de un modelo deductivo de predicación (diciendo a los oyentes la idea principal desde la partida) hasta un modelo inductivo (permitiendo que el mensaje llegue a la luz en forma gradual).

Según mi percepción, los púlpitos del siglo 20 fueron mayormente deductivos. Un pastor daba a sus oyentes la idea principal de su sermón desde la partida y luego el cuerpo del mensaje presentaba los detalles del concepto bíblico que presentaba. Examinemos por qué este modelo ya no es la manera más eficaz de comunicar la Palabra de Dios en el siglo 21.

Supongamos que preguntamos: “¿Por qué una persona tenía que escuchar lo que el pastor tenía que decir en un sermón, hace cincuenta años?” Podríamos tener varias respuestas. Primero, si el pastor estaba hablando de la Biblia, eso era suficiente. Segundo, la función pastoral estaba revestida de autoridad. La gente confiaba en su pastor y estaba inclinada a creer lo que él decía. Tercero, la iglesia misma tenía peso; era considerada y aceptada como un compás moral creíble. La predicación venía con autoridad inherente. No podemos clamar eso mismo en la actualidad.

El post-modernismo es mayormente una crisis de autoridad. La persona término medio cree (bien pueda expresarlo en palabras o no) que no sabe a quién o en qué seguir creyendo. Como resultado, una persona adopta la actitud de: “Confiaré en mí mismo”.

La cantante Jewel, resumió esta idea en el coro de su canción, “confía en tu corazón, tu intuición, y eso te conducirá en la dirección correcta”. Así, la gente hoy cree que el hecho de que el predicador lo diga de un modo, no significa que sea lo propio, porque la Biblia dice que eso no lo hace necesariamente propio.

La fortaleza del modelo deductivo es la claridad que trae cuando uno declara algo desde el principio, tal como “Dios le ama y tiene un maravilloso plan para su vida”. Pero el problema permanece: ¿y si la persona término medio no cree esto? Cuando una persona hace una declaración, el oyente debe decir, “cierto, estoy de acuerdo con eso”, o, “no, esa no ha sido mi experiencia”.

Si un pastor inicia su mensaje con una declaración acerca de Dios, hay una gran probabilidad que muchos de sus oyentes se desconecten de inmediato, porque ellos están diciendo “no” en su corazón. Usted pudiera estar pensando, ¿acaso esto no crea tensión? La tensión es buena, ¿cierto?

La tensión que ya mencioné viene porque la gente desea resolver un asunto. Esta tensión yace en un juicio suspendido para ver cómo resultan las cosas. Una vez que desde el comienzo el orador declara cuál es su posición, la tensión se ha ido, con excepción del fastidio que puede experimentar el oyente hacia el orador por estar gastando su tiempo y por ser percibido como un arrogante.

Por otra parte, si uno no comienza con una declaración, debe comenzar con una pregunta. McKee dice: “La curiosidad es la necesidad intelectual de responder a preguntas y de cerrar modelos abiertos. Los relatos responden a este deseo universal haciendo lo opuesto, planteando preguntas y abriendo situaciones”.5

Hablar inductivamente toma una forma indirecta que permite al oyente procesar lo que ha dicho el orador y, de este modo, suspender cualquier juicio. Un acercamiento inductivo opera mejor cuando la receptividad del oyente es baja. Si uno desea comunicar a buscadores, o aun a creyentes que tienen dudas y recelos, el acercamiento inductivo opera mejor. En la pregunta de apertura el predicador sugiere al oyente, te respeto lo suficiente como para permitir que te imagines esto sin tener que decírtelo en forma directa. Un acercamiento inductivo no dice al oyente lo que tiene que pensar o creer. En cambio, invita al oyente a explorar el asunto con el orador. Declara: “Pensemos esto en forma conjunta”.

Este acercamiento ni compromete la integridad de la Palabra de Dios ni las sensibilidades de los oyentes contemporáneos. El predicador necesita invitar al oyente a viajar con él conforme la pregunta de amplio alcance desarrolla el mensaje, permitiendo que el oyente saque sus propias conclusiones. Para abreviar, los relatos informan a la gente, no mediante la declaración de hechos, sino llevando a la gente en un viaje de descubrimiento. La predicación puede hacer lo mismo.

Termine bien

He detallado que uno necesita comenzar su sermón levantando una pregunta de amplio alcance, que llevará el mensaje hasta su conclusión. Otra característica es que toda historia tiene un comienzo, una parte intermedia, y una conclusión. Algunos podrían decir, “¿no tienen todos los sermones esto mismo?” No necesariamente. Hay finales y hay finales. Del mismo modo, todo avión volará y tendrá su fin en alguna parte, pero hay una diferencia entre un aterrizaje limpio y un aterrizaje accidentado.

¿Qué es lo que constituye un buen final para un relato? Primero, el mensaje necesita tratar adecuadamente la pregunta de alcance amplio. Aquí es donde debe descansar el mensaje. Para mí, es de ayuda pensar en el argumento de cierre de un caso en el tribunal. Éste no permitirá que el abogado introduzca evidencia nueva en el caso mientras está haciendo su argumento de cierre. Si va a presentar evidencia, necesita ponerla adelante en el cuerpo de su argumento. La conclusión es la oportunidad de reunir todos los hilos y comenzar a hacer una declaración. Los oyentes han tenido oportunidad de entender cómo el orador llegó a este punto. Si la conclusión falla por no corresponder a la pregunta de amplio alcance, los oyentes se sentirán confundidos y enfadados. Volvamos a Tiburón.

La escena de apertura estableció la presencia de una amenaza. La historia no puede terminar hasta que la gente en Amity trata con la amenaza. La apertura hace inevitable que la gente desafiará y derrotará al tiburón, o que morirán en el intento. La escena de apertura y la de conclusión están conectadas de tal manera que uno no puede comenzar la historia hasta que está claro dónde termina ésta.

De este modo, el elemento básico de la historia permanece como una idea clara que llega a ser el destino de la historia. Si uno no puede expresar la idea principal de su mensaje en la conclusión usando una inteligente declaración, entonces la fuerza de la historia se ha perdido.

Desarrolle la trama contenido

Para concluir, necesitamos examinar lo que comprende la sección intermedia o el cuerpo del mensaje. En el relato, a esto le llamamos la trama. Todo buen narrador de historias debe mantener el equilibrio entre dos elementos que están en tensión dinámica – contenido y progreso. Contenido es el uso de la información y de detalles vívidos. Si el narrador fracasa por no trasmitir suficiente información, la gente tal vez no crea la historia, o posiblemente perderá el interés.

Supongamos que yo comienzo una historia, diciendo en forma vaga y sin interés: “Un tipo entra a un almacén para comprar algo”, carece de detalles y de contenido.

En la predicación, la buena comunicación requiere sustancia. La gente desea ver la conexión entre la historia (donde uno está dirigiendo a los oyentes) y los detalles del texto (lo que dice la Biblia) para convencerse de que el orador no está simplemente inventando.

Los auditorios discriminatorios exigen contenido. La mente anhela el orden. Una vez que el orador establece tensión, los oyentes estarán siguiendo el contenido o el hilo de la historia, de modo que ésta necesita tener sentido. El cuerpo del mensaje desarrolla la trama al revelar detalles del pasaje bíblico. Estos detalles dan evidencia de que la historia es verdaderamente un mensaje bíblico.

Progreso

El segundo elemento requerido para la trama es progreso – flujo y movimiento. El oyente pierde interés si el orador empantana la historia en demasiados detalles.

Por un lado, la gente anhela el contenido, pero el ritmo también es crítico. ¿Cuántas veces una historia fracasa porque lo que al orador le parece tan intrigante para el oyente no tiene significado? Los predicadores pueden sufrir de esta enfermedad mientras están sentados a solas en su escritorio, examinando comentarios y diccionarios bíblicos. Los predicadores necesitan controlar el ritmo de sus sermones, basándose en lo que el oyente necesita conocer para extraer una conclusión razonable a la tensión que ha levantado.

La gente tiende a observar objetos en movimiento. Tomemos por ejemplo una pelota de tenis de mesa. Es casi humorístico observar a un grupo de espectadores frente a una mesa de juego de tenis. Coloque esa misma pelota sobre la mesa y ellos pierden interés.

El movimiento en la comunicación es la clave para mantener el interés de la gente. La diferencia entre una laguna y un arroyo es el movimiento. Los arroyos se mueven; las lagunas se estancan. Los arroyos intrigan; las lagunas carecen de interés. Nos gusta poner los pies en los arroyos; sentimos un poco de temor de poner nuestros pies en las lagunas. La buena predicación produce arroyos; los mensajes aburridos son como lagunas.

Respecto de la tensión, ¿cómo sabe uno si el contenido y el progreso están bien equilibrados en el mensaje de uno? Con frecuencia yo pregunto: “Cuando Jerry Seinfield está creando sus monólogos en casa sin nadie a su alrededor, ¿cómo sabe él que su material es divertido? ¿Cómo sabe él lo que hará que la gente ría?” La respuesta es intuición. Él sabe intuitivamente lo que es divertido y lo que no lo es. Él ha afinado su sensibilidad para la comedia durante años de presentarse ante auditorios vivos. Aquí es donde la relación de historias (y la predicación) llegan a ser un arte. El predicador comienza a desarrollar una sensibilidad por la cantidad de detalles que se requieren, sin embargo permite que la historia progrese a un ritmo que no causará que los oyentes pierdan el interés. Aquí es donde la edición hace la película; lo mismo es verdad en lo referente a la predicación. Traza la trama y mantiene el curso. La recompensa viene cuando el predicador llega a la conclusión y los oyentes están complacidos de que viajaron juntamente con él para descubrir la verdad de Dios que los ayudará a encontrar su lugar en este mundo.

ConclusiÓn

¿Recuerdan la película Apolo 13? Yo sabía cómo terminaba porque sabía que los tres astronautas no murieron en el espacio. Lo que hizo que la película captara el interés no fue un final de sorpresa, sino el desarrollo de la historia. Yo no tenía idea del esfuerzo requerido por el control de la NASA y por los astronautas en la nave espacial Apolo, usando recursos muy limitados, para asegurar su retorno a salvo. Ver este drama desarrollarse delante de mí fue tan interesante que cuando la cápsula volvió a entrar a salvo a la atmósfera, yo estaba celebrando con lágrimas en mis ojos. Los escritores del guión narraron la historia de tal modo que estos astronautas llegaron a ser personas reales; sus vidas fueron importantes. La historia hizo que los acontecimientos cobraran vida. La película trasformó una porción nostálgica de noticias en una historia que me inspiró para actuar con coraje y esperanza.

Cada semana yo tomo un antiguo pasaje con algunos miles de años de antigüedad, lleno de sabiduría y de gracia, y lo convierto en una historia con significado y pertinencia para la gente de hoy. Mi desafío es traer la historia de Dios a la gente de tal modo que la antigua historia llegue a ser innegablemente buenas nuevas.

Richard L. Dresselhaus

Graham Johnston, D.Min, is senior pastor of Subiaco Church of Christ, Subiaco, Western Australia, and adjunct lecturer in homiletics at Perth Bible College, Karrinyup, Western Australia. He is also the author of Preaching to a Postmodern World.

NOTAS

1. McKee, Robert, Narración: sustancia, estructura, estilo y los principios de la escritura de guiones (New York: Harper Entertainment, 1997), 113, 114. “La narración de historias es la demostración creativa de la verdad. Una historia es la prueba viviente de una idea, la conversión de una idea en acción. La estructura del acontecimiento de una historia es el medio por el cual usted expresa primero, luego prueba su idea —sin explicación. Los maestros narradores de historias nunca explican. Ellos hacen la cosa dura, penosa, y creativa — dramatizan. Los auditorios rara vez se interesan, y ciertamente nunca se convencen, cuando se ven forzados a escuchar la discusión de ideas. Una gran historia autentica sus ideas sólo dentro de la dinámica de sus acontecimientos; el fracaso al no expresar una visión de la vida a través de las consecuencias puras y honradas de la elección y la acción humana es una derrota creativa que ninguna clase de idioma inteligente puede rescatar”.

2. Chip Heath y Dan Heath, Made to Stick: Why Some Ideas Survive and Others Die (Hecho para permanecer: por qué algunas ideas sobreviven y otras mueren) (New York: Random House, 2007), 81.

3. McKee, Story, 17.

4. Heath, Made to Stick, 85.

5. McKee, Story.

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