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Cómo decir la verdad con amor:

el papel de la apologética en el ministerio pastoral

Por George P. Wood

Hace algunos años, Sherry, una mujer que asistía a mi iglesia, me dio El código da Vinci escrito por Dan Brown, y me pidió que lo leyera. Aunque el libro es ficción, formula preguntas problemáticas acerca de la historia, las creencias y las prácticas sociales del cristianismo tradicional. Sherry quiso que la ayudara a separar los hechos de la ficción.

Dejé para después la lectura de El código da Vinci durante varios meses. No quería perder mi tiempo leyendo una novela de misterio. Pero el libro fue un éxito arrollador de librería. Columbia Pictures anunció planes de hacer una película protagonizada por Tom Hanks basada en el libro. Los eruditos publicaron libros que debatían sus afirmaciones objetivas. Hubo programas de televisión que produjeron programas especiales de una hora de duración respecto a él. Y más feligreses vinieron a mí con sus preguntas problemáticas acerca del libro. Así que finalmente leí el libro.

El argumento movido de El código da Vinci me mantuvo interesado desde el comienzo hasta el final. Sin embargo, también el libro incorporó hechos en el argumento que eran obviamente falsos y fácilmente refutables. Podía ver por qué las personas con poco conocimiento de la doctrina cristiana y de la historia de la iglesia podían impresionarse; pero yo era un pastor educado en un seminario, y no me impresioné. Para ayudar a poner bien el disco, prediqué a mis feligreses acerca de El código da Vinci, y escribí una serie acerca de él para el sitio Web de mi iglesia.

El código da Vinci me enseñó que la apologética es importante. El escepticismo radical acerca del cristianismo tradicional domina nuestra cultura. Si la iglesia no da una respuesta convincente a los argumentos escépticos, nadie más la dará.

La verdad y la madurez espiritual

¿Por qué la iglesia tiene que responder a los escépticos?

En Efesios 4:14,15, el apóstol Pablo hace una conexión entre la verdad y la madurez espiritual: “Para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo.”

Según Pablo, la madurez espiritual —definida como la semejanza a Cristo— es el fin que buscamos. El medio por el cual la buscamos es diciendo la verdad. La falsedad es un obstáculo a nuestra búsqueda de la madurez espiritual. De modo que, si queremos ser semejantes a Cristo, debemos poder discernir la verdad y defenderla de la falsedad.

Lamentablemente, nuestra cultura está plagada de todo tipo de enseñanza. El escepticismo radical acerca del cristianismo tradicional es manifiesto, encubierto, y muy difundido. Considere algunos ejemplos.

Richard Dawkins es un biólogo evolucionista y ateo militante muy conocido. Hace poco publicó The God Delusion [La decepción de Dios]. Aunque los ateos representan un pequeño segmento de la población estadounidense, el libro de Dawkins es un éxito de librería. Presenta varios argumentos en cuanto a por qué la creencia en Dios es irracional.

Otro autor de éxitos de librería que reta al cristianismo tradicional es Bart Ehrman. En otro tiempo, Ehrman era creyente evangélico; ahora se considera un agnóstico. En Misquoting Jesus [Citando mal a Jesús], arguye que el texto del Nuevo Testamento no es confiable porque a través de los años los escribas han alterado los documentos novo-testamentarios. Según Ehrman, no podemos saber lo que decían originalmente esos documentos.

Los libros de Dawkins y Ehrman son éxitos de librería que no son de ficción. Pero los éxitos de librería de ficción también atacan al cristianismo tradicional. Sus argumentos, sin embargo, son encubiertos, más que manifiestos.

Philip Pullman, por ejemplo, ha escrito un éxito de librería, una trilogía ganadora de premio, publicada para niños. Sus Dark Materials [Materiales oscuros] están compuestos por The Golden Compass [La brújula dorada], The Subtle Knife [El cuchillo ingenioso] y The Amber Spyglass [El catalejo ámbar]. En estos libros, Dios (la Autoridad) y su iglesia (la Autoritaria) son fuerzas malignas y opresivas. La humanidad es liberada cuando, al final de The Amber Spyglass [El catalejo ámbar] Dios finalmente muere.

El código da Vinci incorpora ataques al cristianismo tradicional en su argumento. La trama del libro hace la revelación de que Jesús se casó con María Magdalena y fue padre de una dinastía real. Esa dinastía fomenta el evangelio de lo Femenino Sagrado, el cual, según Brown, un cristianismo machista, tradicional, trabaja duro por suprimir.

Los libros no son el único medio de difusión en que se ataca al cristianismo tradicional. En programas de radio y televisión se entrevistó a Dawkins y a Ehrman acerca de sus ideas. Los estudios cinematográficos importantes estrenaron películas basadas en El código da Vinci y en The Golden Compass [La brújula dorada]. Time y Newsweek dedicaron historias de portada a las controversias alrededor de estos libros.

Debido a su omnipresencia cultural, el escepticismo radical también se filtra en la iglesia. Los cristianos no pueden prevenir el luchar con las preguntas que hace la cultura.

Si la creencia en Dios es irracional, como plantea Dawkins, ¿por qué debemos creer en Él? Si el Nuevo Testamento no es confiable, como afirma Ehrman, ¿por qué debemos confiar en lo que dice? El escepticismo radical se convierte en un obstáculo a la fe para los incrédulos, y en una tentación para los creyentes de abandonar la fe.

En el lenguaje de Pablo, el escepticismo radical es una “fortaleza” (2 Corintios 10:4,5). ¿Qué hacen los cristianos con las fortalezas? “[Derribamos] argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” La apologética refuta los argumentos escépticos así que los incrédulos puedan convertirse en creyentes y los creyentes puedan madurar espiritualmente. Por lo tanto, en nuestro contexto cultural, tanto el evangelismo como el discipulado requieren la apologética.

El pastor como ejemplo de apologista

¿De quién es la responsabilidad de la apologética?

En 1 Pedro 3:15, el apóstol Pedro escribió: “Santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros.” La palabra griega para presentar es apologian, de la cual derivamos la apologética. Por tanto, todo cristiano es un apologista.

Pero los pastores arrastran una responsabilidad doble respecto a la apologética. Somos los apologistas ejemplo de la iglesia, y preparamos a los miembros de la iglesia para que sean apologistas. ¿Cómo nos hacemos apologistas? Tres palabras: oración, libros, y diálogo.

La oraciÓn

La oración nos prepara espiritualmente para la apologética. Cuando leo a Dawkins, Ehrman o algún otro autor escéptico, siento que se está atacando mi fe en Dios. No es un ataque simplemente intelectual, sino que es algo más profundo. Es como oír que la esposa de uno lo ha engañado. Su mente procesa la información, pero su corazón siente el dolor. Sé que mi esposa es fiel, y Dios es mucho más fiel. Pero cuando alguien cuestiona sus relaciones fundamentales, el cuestionamiento marca su corazón, aunque usted tenga una buena respuesta.

Por consiguiente, para encarar el escepticismo radical, nuestro corazón debe estar en el debido lugar. Obsérvese el orden de las observaciones de Pedro en 1 Pedro 3:15. En primer lugar, nos dijo: “Sino santificar a Dios el Señor en vuestros corazones”. La palabra griega para “hacer diferente” es hagiasate, que la Reina Valera traduce como “santificar”. Pedro nos dice que sólo después que santifiquemos nuestro corazón estamos preparados para “presentar defensa ante todo el que os demande”. La santidad del corazón de un pastor tiene que preceder a su cabeza en la apologética, y la oración es la clave para la santidad del corazón. Así que, “acerquémonos con corazón sincero, en plena certidumbre de fe” (Hebreos 10:22).

LOS LIBROS

Leer mucho nos prepara intelectualmente para la apologética. La Biblia es la fuente en última instancia y la autoridad final para lo que creen los cristianos y cómo viven. Es la Palabra de Dios en palabras humanas (2 Timoteo 3:16,17; 2 Pedro 1:20,21). Debido a eso, la Biblia es el libro que los escépticos radicales atacan la mayoría de las veces. Por consiguiente, los pastores tienen que entender lo que dice la Biblia y cómo interpretarlo debidamente.

Si un pastor quiere ser un buen apologista, el sólo leer la Biblia no será suficiente. Considere a Jesús. Era muy versado en las Escrituras. En su debate con el diablo, citó la Biblia para refutar los argumentos del diablo (Mateo 4:1–11; compárese con Deuteronomio 6:13,16; 8:3). Pero Jesús conocía muy bien los argumentos de sus adversarios. Cuando Jesús citó las Escrituras en Mateo 4:1–11, presentó cada versículo con la fórmula: “Escrito está.” Pero en Mateo 5:21–48, empleó una fórmula introductoria distinta: “Oísteis que fue dicho.” En estos versículos, Él estaba citando el comentario tradicional de los fariseos acerca de la ley, no la ley misma. Él podía criticar las falsas interpretaciones de los fariseos porque las conocía bien. No es suficiente que los pastores lean su lado de la controversia. Tenemos que leer también el otro lado, así sabremos cómo dar una respuesta inteligente a los escépticos radicales.

Los pastores tienen que leer muchos libros acerca de la apologética cristiana. Muchos teólogos preparados, eruditos bíblicos e historiadores de la iglesia han escrito excelentes defensas del cristianismo tradicional. Los pastores tienen que leer esos libros, y luego hablar de ellos a los demás.

El DIÁLOGO

Por último, el diálogo nos prepara retóricamente para la apologética. Los pastores están acostumbrados a ponerse de pie en el púlpito cada domingo y predicar a (en algunos casos, en) sus congregaciones. Tal proclamación es una forma de comunicación en un solo sentido, de nosotros hacia ellos. La proclamación tiene un papel legítimo en el ministerio pastoral. Pero no olvide el diálogo, una forma de comunicación en ambos sentidos entre nosotros y ellos. El diálogo es una forma ideal de comunicación para responder a preguntas y refutar los retos escépticos.

Jesús empleó ambas formas de comunicación. El Sermón del Monte (Mateo 5 hasta 7) es un buen ejemplo de proclamación. Pero Mateo 21:21–32 muestra a Jesús respondiendo a las preguntas de sus críticos y preguntándoles a su vez. Usé ambas formas de comunicación para refutar las falsas afirmaciones hechas por los personajes en El código da Vinci. Prediqué un sermón completo acerca del libro un domingo, pero también entablé un extenso diálogo acerca de él después.

Una comunidad amistosa con los escÉpticos

¿Cómo los pastores preparan a los miembros de sus congregaciones para que sean apologistas? Deben considerarse dos aspectos: ambiente y programa de estudio. Observemos primeros el aspecto del ambiente.

Hace varios años, almorcé con un hombre llamado Jack, un incrédulo respetuoso de la iglesia. Él tenía serias dudas acerca de la fe. A fin de obtener respuestas, se unió a un pequeño grupo que estaba leyendo un libro acerca de la apologética. Lamentablemente, cuando los miembros del grupo se enteraron de que Jack era un incrédulo, lo intimidaron acerca de su necesidad de conversión pero nunca se molestaron en responder a las preguntas que eran un obstáculo a su conversión. Nunca volvió al grupo.

Cuando Jack me contó su historia, aprendí una valiosa lección: debemos aceptar a los escépticos antes que discutamos con ellos. Recuerde que, según Efesios 4:14,15, “siguiendo la verdad en amor” (cursivas añadidas) es cómo vencemos la falsedad y buscamos la madurez espiritual. Muchas iglesias quieren decir la verdad a los escépticos, pero no quieren amarlos. La mayoría de los incrédulos que conozco invierten esas prioridades. Quieren que la iglesia los acepte antes de que conteste a sus preguntas.

Resulta interesante notar que aceptar a las personas es una manera de responder a sus preguntas. Una vez dirigía a un pequeño grupo de parejas casadas. La mayoría eran creyentes, salvo una pareja. La esposa era cristiana y el esposo no lo era. Se llama Mark. El grupo aceptó a Mark por lo que era, y lo animaron a que hiciera preguntas profundas acerca de la fe. Como líder del grupo, nunca le dije que sus preguntas estaban fuera de lugar. En vez de eso, sabiendo que esas preguntas eran fortalezas potenciales en su vida, respondí lo mejor que pude a cada una. Si no sabía la respuesta, indagaba esa semana y hablaba de mis descubrimientos en la reunión siguiente. Durante meses, Mark preguntaba qué “ustedes los cristianos” creían acerca de una variedad de temas. Pero recuerdo la reunión cuando comenzó a hablar de lo que “nosotros los cristianos” creíamos. Aceptando a Mark y respondiendo a sus preguntas, el grupo lo había ayudado a venir a la fe.

Las preguntas que Jack hacía eran similares a las que hacía Mark. Las respuestas que les di eran idénticas. Pero Mark es creyente, y Jack no lo es. ¿La diferencia? El pequeño grupo de Mark lo aceptó, y el de Jack no lo aceptó. Los pastores y sus congregaciones tienen que crear un ambiente que les dé acogida a los escépticos y les dé respuestas.

Una iglesia preparada para responder

¿Qué hay en cuanto al programa de estudio? ¿Qué tipo de preguntas las iglesias tienen que estar listas para responder? Por lo general los incrédulos hacen dos tipos de preguntas: qué y por qué.

¿Qué creen los cristianos acerca de __________? Usted puede llenar el espacio en blanco con casi cualquier tema: Dios, Jesucristo, milagros, sufrimiento, matrimonio homosexual, y evolución. A fin de responder a esas preguntas hay que saber lo que la Biblia enseña acerca de cada tema. Los pastores tienen que responder a esas preguntas cada semana en sus sermones. Sus clases de escuela dominical y pequeños grupos tienen que estar estudiando esas preguntas cada semana también.

La apologética propiamente dicha no trata con el qué de la pregunta. Supone que tanto usted y el creyente ya conocen la respuesta. En vez de eso, la apologética trata con el porqué de la pregunta. ¿Por qué la fe cristiana acerca de __________ es razonable? Los incrédulos —sean escépticos radicales o no— no quieren simplemente saber lo que creen los cristianos, ellos quieren saber por qué necesitan creer las mismas cosas. La apologética, para usar las palabras de Pedro, es dar una respuesta de la esperanza que usted tiene (1 Pedro 3:15).

En nuestro contexto cultural, veo repetidamente dos preguntas de por qué. ¿

Por qué necesito creer en Dios? Dawkins y Pullman plantean esta pregunta en sus libros. Ellos son sintomáticos de un resurgimiento del ateísmo, que plantea que la creencia en Dios carece de evidencia, contradice a la ciencia, y estimula la violencia.

¿Por qué tengo que creer en la descripción novo-testamentaria de Jesús? Brown y Ehrman plantean esta pregunta en sus libros. Ellos dudan de la fiabilidad de la historia, el canon y el texto del Nuevo Testamento.

Lamentablemente, los pastores no pueden responder a esas preguntas simplemente citando la Biblia. Si alguien pone en tela de juicio la autoridad o la veracidad de la Biblia, citar la Biblia a modo de respuesta es cometer la falacia de darlo por sentado, es decir, suponer lo que se quiere probar. En vez de eso, debemos presentar las razones de qué la enseñanza bíblica es verdadera, confiable, y autorizada.

Gracias a Dios, muchos recursos excelentes responden a preguntas específicas de los escépticos. Recomiendo cuatro libros de Lee Strobel para un curso intensivo de apologética:

Hay muchos otros libros excelentes acerca de la apologética. Pero los libros de Strobel son muy buenos porque él mismo fue un escéptico. La evidencia lo convenció para que se hiciera creyente. Además, el estilo de Strobel es dialogal. Estructura cada capítulo alrededor de una entrevista con un experto en el tema bajo consideración.

Lo que mÁs importa son las personas

Comencé este ensayo con Sherry; así que permítanme terminar con ella.

Como mencioné, dejé para después leer El código da Vinci. Varias veces Sherry me preguntó acerca del libro, pero le decía que todavía no lo había leído. Poco después noté que Sherry estaba asistiendo cada vez menos a la iglesia. Supe que tenía cáncer.

Aunque Sherry era creyente, más tarde me resultó evidente que El código da Vinci era importante para ella. Como no quería molestarme en leer una novela de misterio, nunca la ayudé a separar los hechos de la ficción en el libro. Que yo sepa, ella murió sin oír buenas respuestas a sus preguntas inquietantes. Gracias a Dios, ella está ahora con Cristo y ha recibido las respuestas de Él a todas sus preguntas.

Mi negligencia me molesta hasta hoy. El escepticismo radical es una fortaleza contra la fe de los incrédulos y de los creyentes. Si las personas como Sherry, Jack, y Mike son importantes para nosotros, entonces tenemos que hablarles la verdad en amor ahora. No pierda ninguna oportunidad —no lo deje para después— de dar una respuesta por la esperanza que tiene en Cristo. La apologética es importante porque el pueblo al que Dios ama es más importante.

George O. Wood, D.Th.P., superintendente general del Concilio General de las Asambleas de Dios en Springfield, Missouri.

 

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