La Biblia — ¿Podemos confiar en ella?
Yendo más allá de la controversia sobre la traducción y defendiendo la Biblia en una sociedad cada vez más secularizada.
Por Richard L. Dresselhaus
Aguántese. No dispare. Déme oportunidad para explicar.
Este es el asunto. Tengo buenos amigos que son leales defensores de la Versión Reina-Valera. También tengo buenos amigos que son partidarios de las versiones modernas.
Y yo estoy con mis amigos. De manera intencionada, deliberada, meditada, reverentemente.
Hace varios años leí dos artículos acerca de las versiones modernas. Uno era un resumen de una disertación doctoral; el otro era un artículo de un profesor. Ellos eran representantes del mismo seminario. Ambos habían hecho cuidadosas indagaciones del asunto, y ambos había escrito con pasión erudita. No obstante, representaban lados opuestos en esta controversia. A cada una de estas obras le concederé máxima calificación.
Esta controversia tiene una larga historia, y no desaparecerá muy pronto, si es que llega a desaparecer.
Afinando el enfoque
Más allá de esta controversia hay una necesidad urgente de reafirmar la completa confiabilidad y la incuestionable autoridad de la Biblia – independientemente de cuál versión escojamos. Esto es especialmente cierto en la actualidad porque en muchos lugares la Biblia está experimentando agudos ataques.
Estas preguntas son familiares: “Puesto que todo lo que ustedes tienen son copias de copias, ¿qué seguridad pueden tener de que el texto que ahora usan es en alguna forma cercano a los escritos originales?” “Ustedes reclaman inerrancia e infalibilidad para los escritos originales; pero, siendo que estos escritos se han perdido para siempre, ¿es lógico reclamar confiabilidad e inspiración para el texto que usan en la actualidad?” “Siendo que hay tantas versiones de las Escrituras, y no hay dos que estén completamente de acuerdo, ¿no es ese hecho un descrédito para la Biblia, que va en contra de sus pretensiones de confiabilidad y autenticidad?”
Presento este artículo como una respuesta a tales preguntas, y con completa seguridad de que la Biblia actualmente en uso es completamente digna de confianza – tanto en su integridad como en lo referente a sus partes.
Milagrosamente, pero como algo que se puede observar, el Espíritu Santo ha preservado su Palabra a través de cada generación; así, en nuestra época podemos acudir a la Biblia con completa confianza. La Biblia permanece esencialmente como la misma Palabra que “los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2 Pedro 1:21).
Lo que tenemos a continuación es el apoyo histórico, documental, y manuscrito para esta atrevida pretensión. Esta evidencia demuestra en manera que se puede observar el misterio y la maravilla de los increíbles medios y métodos que el Espíritu Santo ha empleado para preservar y darnos su Palabra.
Explorando los lÍmites
Las Sagradas Escrituras son la autoridad final y única de todo lo que predicamos y creemos. No sólo afirmamos que Dios inspiró la totalidad de las Escrituras, sino que también reclamamos inerrancia para los autógrafos. Debemos permanentemente declarar la total confiabilidad y la incuestionable autoridad de las Escrituras; es la Palabra eterna de Dios.
Tenemos una incalculable deuda de gratitud con todos los que nos han antecedido. Sus esfuerzos dedicados han preservado para nosotros un texto que es sin precedente entre los escritos antiguos en lo referente a exactitud y pureza de transmisión. No se puede desconocer la mano de Dios en todo esto.
La preservación del texto bíblico debe ser una prioridad de la iglesia. Las mentes más finas de la iglesia deben proseguir sin cesar tras la identidad de un texto bíblico que sea cada vez más cercano a los escritos originales.
Por ejemplo, los eruditos han sido diligentes en el descubrimiento y la preservación de los manuscritos bíblicos. En lo concerniente al Nuevo Testamento, han dispuesto los textos de origen y contenido común en familias – facilitando de este modo el análisis de lecturas alternativas. También han provisto un aparato textual que permite aun al lector casual hacer una determinación preliminar sobre lecturas particulares de su elección. Debemos estar siempre agradecidos por los esfuerzos de aquellos que han cuidado del texto sagrado mucho antes de nuestro tiempo.
Permítanme dar un repaso práctico de este asunto. En un mensaje de domingo por la mañana, enumeré los pecados de la carne que se encuentran en Gálatas 5:19-21 (NVI). Esa tarde recibí un llamado de una persona: “Pastor, ¿por qué usted dejó afuera ‘homicidios’ (RVR)?” Él merecía una respuesta. Su pregunta puso de relieve ante nosotros los mismos asuntos. Déjenme proveer otra ilustración. ¿Se han preguntado alguna vez lo que sucedió con el final de la oración del Señor en la NVI? “Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén” (Mateo 6:13, RVR).
Aun más, ¿qué hay respecto de las inferencias que podríamos extraer de declaraciones dadas concernientes a Marcos 16:9-20 y Juan 7:53 — 8:11 (NVI): “Los manuscritos antiguos más confiables no tienen. …” ¿Qué decimos cuando nuestra gente observa que palabras clave de las Escrituras como sangre, ayuno, y otras (RVR) – han sido omitidas? La gente a la cual predicamos necesita saber lo que esto significa. Antes de llegar a conclusiones, permítanme recordarles que añadir es una transgresión tan grave como omitir. Estas preguntas son más complejas y perentorias de lo que podrían parecer a primera vista. Pero las verdaderas preguntas no son tanto respecto de las versiones como lo son respecto del subyacente texto griego y su exactitud.
Finalmente, mi enfoque es principalmente sobre el texto del Nuevo Testamento, porque este es el centro de la mayor parte de la controversia. Gran parte de lo que es importante en el trato con el texto del Nuevo Testamento tiene una importancia correspondiente en el Antiguo Testamento.
Déjenme ilustrar. No puedo olvidar haber estado mirando en la exhibición del Santuario del Libro en Jerusalén, donde se mostraba el libro de Isaías, una parte de la colección de los Rollos del Mar Muerto. Esta copia, cuya fecha es del año 100 d.C. – dentro de 500 años del manuscrito original – era casi mil años más antigua que cualquier otro manuscrito previamente descubierto, y nos llevaba mucho más cerca del tiempo del escrito original de Isaías. Ante mis ojos yacía un manuscrito tan cerca al texto de Isaías que la iglesia había estado usando por siglos que cualquier discrepancia se consideraba insignificante. (Véase Isaías y los Rollos del Mar Muerto en la columna lateral). Uno no puede dejar de ver la soberana mano de Dios en esto.
Esta evidencia documentada señala hacia la total confiabilidad del texto de las Escrituras que nosotros leemos en la actualidad. El descubrimiento de los Rollos del Mar Muerto ha silenciado a muchos críticos, porque ellos muestran la transmisión precisa del texto escrito durante el transcurso de los siglos.
Examinando los siglos
La mayoría de los eruditos cree que los 27 libros del Nuevo Testamento fueron escritos entre el año 48 d.C. y el 100 d.C. ¿Pero cómo fue que la iglesia primitiva llegó a un consenso de que estos 27 libros tenían la marca de la inspiración y autoridad divina? Tan tempranamente como el año 130 d.C. la iglesia había aceptado muy probablemente los cuatro Evangelios y 13 de las epístolas de Pablo como libros canónicos (habían pasado la prueba de autenticidad). Marción, un hereje doctrinal, publicó su lista canónica truncada (abreviada) el año 140 d.C. Esto motivó a la iglesia a proseguir con mayor diligencia su propia formulación del canon del Nuevo Testamento.
El año 180 d.C. Ireneo mencionó los cuatro Evangelios en su orden corriente. En 325 d.C., Eusebio de Cesarea publicó una lista casi completa de los libros del Nuevo Testamento. En 367, Atanasio de Alejandría emitió una lista que coincide con la nuestra.

Durante casi 1500 años, escribas fieles copiaron estos preciosos escritos, de siglo en siglo, no sólo en griego, sino también en los otros idiomas de su tiempo. Para el año 200 d.C. la gente podía leer el Nuevo Testamento en siríaco, cóptico, y latín; y en corto tiempo, en gótico, armenio, georgiano, etíope, eslavo, y árabe.
Se reconoce que los autógrafos, la obra manuscrita de los escritores del Nuevo Testamento – se han perdido, probablemente para siempre. Algunos han argüido que con esta admisión las reclamaciones de un texto confiable y plenamente autoritativo no tienen razón de ser. Sin embargo, lo cierto es lo contrario. A través de la crítica textual (la ciencia de trabajar con copias de manuscritos disponibles para determinar lo más cerca que sea posible lo que pudo haber sido la lectura original), los eruditos han examinado lecturas manuscritas disponibles y con mucha certeza han establecido un texto tan cercano al original como para refutar esta objeción.
Algunos creen que unas mil personas procuraron producir ediciones (recensiones) del Nuevo Testamento con anterioridad al advenimiento de la imprenta en el siglo 15. Puesto que todo el trabajo de copia se hacía a mano, cualquier duplicación confiable del trabajo de un editor sería virtualmente imposible.
La siguiente es una breve descripción – junto con el número de copias y la fecha – de los aproximadamente 24.000 manuscritos que un editor (redactor) pudo haber tenido a su disposición (usando los números de Bruce Metzger).1
Papiros — 99: Desde 200 d.C. hasta el siglo quinto. Los papiros se identifican con una “P” con números superescritos para indicar manuscritos individuales. Los papiros son materiales escritos hechos de una planta semejante al junco, que crece junto a las orillas del Nilo. El papiro Chester Beatty contiene gran parte de los Evangelios y Hechos, las epístolas paulinas y Apocalipsis.
Unciales (mayúsculas) — 306: Desde el siglo segundo hasta el décimo. Identificados por la alfabetización y las numeraciones arábicas, esto es, “B” o “03”. Los manuscritos unciales fueron escritos sobre vitela, un material para escribir hecho de pieles de animales. Los [códices] vaticano y sinaítico contienen casi todo el Nuevo Testamento.
Minúsculos (cursivas) — 2856: Desde el siglo 10 hasta el 15. Identificados por la numeración árabe sin el “0”. En este caso también la vitela fue el material de escritura.
Los leccionarios (lecturas especiales, usadas en la vida de adoración de la iglesia) — 2403: Identificados por una “l” con números superescritos para indicar manuscritos individuales.
Las versiones (traducciones) — aproximadamente 2.400 en todos los idiomas mencionados anteriormente, identificados por abreviaturas y números superescritos para indicar manuscritos individuales: Latín = Lat.; Siríaco = Sir.; Etiope = Et.; etc.
Los Padres de la Iglesia: sus citas del Nuevo Testamento comprenden el balance del material usado por el editor. Ellos también son identificados por abreviaturas: Ambrosio = Am.; Agustín = Ag.; Eusebio = Eub.; etc.
Combinadas con símbolos y signos, estas designaciones identificatorias forman el aparato textual, proveyendo al lector con lecturas alternativas posibles.
Uno podría preguntar por qué el Espíritu Santo no preservó milagrosamente los autógrafos originales. ¿Y si así hubiera sido? ¿Se imaginan la veneración? ¿La desordenada preocupación? ¿La idolatría? El mensaje de las palabras mismas se habría perdido.
En cambio, el Espíritu Santo nos ha dado una cantidad voluminosa de escritos colaborativos. Las personas sinceras pueden examinar estos textos existentes y determinar cuáles son los más cercanos al original. Con todo eso, una duplicación exacta es imposible.
Permítanme captar el pulso de esta milagrosa preservación de estos manuscritos citando lo siguiente: Tácito escribió los Anales del Imperio Romano el año 160 d.C. Hay tan sólo una copia del siglo 11, una brecha de nueve siglos. De la obra de Josefo: Las guerras de los judíos, escrita en el siglo primero, hay sólo nueve copias de los siglos 10, 11 y 12. Eso también es una brecha de nueve siglos. Homero escribió La Ilíada (la biblia de los antiguos griegos) en 800 a.C. Hay 600 copias del siglo segundo disponibles en la actualidad, una brecha de 10 siglos. El Nuevo Testamento fue escrito entre 48 d.C. y 100 d.C. En contraste, tenemos un pequeño fragmento de papiro de Juan 18 (el diálogo entre Jesús y Pilato sobre el tema de la verdad) que los eruditos están de acuerdo en que podría ser de fecha tan temprana como 120 d.C., una brecha de aproximadamente 20 años. La conclusión es clara: de todos los escritos antiguos, ninguno es tan bien atestiguado como el Nuevo Testamento. Esta es una clara evidencia del cuidado providencial de Dios por su Palabra. (Véase la columna lateral Evidencia de manuscritos para los escritos antiguos).
Hallando consolidaciÓn
En 1516, cerca de 75 años después que Johannes Gutenberg imprimiera su Biblia de 42 líneas (en latín) en Mainz, Alemania, Erasmo de Rótterdam imprimió el primer Nuevo Testamento griego (con traducción en latín). El papa León X, enemigo de Martín Lutero, encargó esta obra. Esto marcó un nuevo día en el empeño por determinar y preservar la integridad del Nuevo Testamento.
Mientras que otros editores estuvieron prestos a seguir, el texto impreso de Erasmo fue la base para el Nuevo Testamento griego usado por los reformadores: la Biblia de Lutero, la Biblia de Tyndale, la Biblia de Génova, la Biblia Obispo, y la Biblia Cloverdale.
En manera muy interesante, Elzevir, uno de estos editores tempranos, incluyó en el prefacio a su segunda edición estas palabras: “El texto que es recibido por todos, en el cual no hay nada cambiado ni corrompido”; por tanto, surge la expresión Textus Receptus o texto recibido. Este es el tipo de texto para la versión King James [y otras].
Otro factor concurre en este drama en desarrollo. Aproximadamente en el año 400 d.C. el Imperio Romano se parte en dos: El Occidente, con su principal centro académico en Alejandría, y el Oriente, con su principal centro académico en Antioquía de Siria. En Occidente los monjes copiaron los manuscritos del Nuevo Testamento en latín. En Oriente, los monjes copiaron los manuscritos del Nuevo Testamento en griego. Para algunos, la obra resultaba tediosa y fue hecha descuidadamente. Otros realizaron su trabajo como un encargo sagrado.
Menciono esto sólo para mostrar la complejidad del asunto. No hay dos manuscritos iguales. Los ojos y manos de los escribas a veces no eran tan predecibles. Esta es la razón de que el trabajo editorial sobre el texto de las Escrituras sea complejo y desafiante. En algunos casos, los escribas se verían confundidos ante lecturas manuscritas distintas. Antes que escoger una de varias, ellos incluirían cada una de las diversas lecturas y las combinarían en una sola lectura.
Permítanme ilustrar: un manuscrito puede usar el nombre de Jesús, otro el nombre de Señor, y todavía otro el nombre Cristo. Uno de los escribas podría decidir usar la designación completa, Señor Jesucristo. Sin embargo, el autor original puede haber usado solo un nombre para Jesús. Los críticos textuales llaman a esta práctica conflación. En algunos casos, esta práctica conduce a un texto expandido o elongado. Esto ilustra lo compleja que era la tarea del editor.
La amplia evidencia muestra que en los pocos pasajes donde ha parecido que había un serio desafío en un texto dado de las Escrituras (Marcos 16:9-20, por ejemplo), ninguna doctrina es amenazada o trunca. La rareza de estos desafíos significativos en el texto de las Escrituras es una evidencia más del ojo vigilante de Dios sobre su Palabra.
Identificando los afluentes
Aun cuando otros editores figuran en el período moderno (desde mediados del siglo 19), ninguno ha tenido un impacto más profundo sobre el estudio textual del Nuevo Testamento que B.F. Wescott y F.J.A. Hort, maestros de la Escuela de Divinidades en Cambridge. La obra de ellos produjo una edición griega del Nuevo Testamento como también una delineación de metodología que ellos usaron en su trabajo editorial. Hasta el momento presente, muchas personas tienen una gran estimación por el trabajo de ellos.
Fundamental para el trabajo de ellos fue la identificación de un tipo de texto muy distinto del que iniciaron Erasmo y los que siguieron en sus pasos. Wescott y Hort utilizaron dos unciales del siglo cuarto: el sinaítico y el vaticano. Ellos creyeron que el texto de estos dos manuscritos estaba más cercano a los autógrafos originales. Aun cuando más breves, y en algunos casos más crudos, ellos siguieron convencidos de que este tipo de texto era más confiable y auténtico que el tipo de texto de Erasmo. Ellos también arguyeron que los tempranos fragmentos de papiro y el testimonio de los padres de la iglesia primitiva servían como evidencia valiosa para la superior calidad del tipo de texto en estos dos antiguos documentos.
Así, un segundo afluente de texto emergió. Se hace referencia a este nuevo afluente como el neutral o texto de Alejandría, mientras que el tipo de texto más temprano es identificado por una de las siguientes descripciones: texto Bizantino, texto Recibido, texto Tradicional, texto de Mayoría, texto de Antioquía, y texto de Siria (Hort).
Finalmente, llegamos a la esencia de la controversia sobre las versiones bíblicas. (Una vez más, nuestro enfoque está principalmente en el texto del Nuevo Testamento). La pregunta clave no es: ¿qué versión prefiero?, sino, ¿sobre qué tipo de texto está basada la versión de mi elección? Una vez más las variantes en versiones (suponiendo un nivel aceptable de experticia) son principalmente en cuanto a estilo y preferencia.
Siguiendo los argumentos
Puesto que la controversia no tiene solución, al menos según creo, la prudencia recomienda que debemos aguzar nuestra razón para las elecciones que hagamos en lo referente a nuestra perspectiva sobre las versiones bíblicas. Hay buenas razones – aun cuando con frecuencia no articuladas – para escoger un tipo de texto en vez de otro.
Es locura poner las versiones en inglés una al lado de la otra y argüir sobre la base de omisiones o agregados. La verdadera pregunta tiene que ver con la integridad del texto griego subyacente. Volveremos a ver eso de nuevo más adelante.
La versiÓn Reina-Valera
Si usted es partidario de la versión Reina-Valera, probablemente basará su caso en las siguientes consideraciones.
Primera: ¿puede alguien confiar en la autenticidad y veracidad de estos dos manuscritos antiguos (Sinaítico y Vaticano) tan apreciados por Wescott y Hort, los padres del movimiento de versiones modernas? Parece que los traductores de la NVI tienen en mente estos dos manuscritos cuando se refieren a “los dos manuscritos antiguos más confiables” (Marcos 16:9-20), y “dos manuscritos antiguos” (Juan 7:53 a 8:11). John Burgon, un contemporáneo y agudo crítico de Wescott y Hort, desafió la confianza que estos profesores de Cambridge habían puesto en estos unciales. Burgon cita, en su opinión, muchas contradicciones entre estos dos manuscritos. Él percibió evidencia convincente de lo que creía era indicación de manipulación de escribas. Aun cuando los eruditos modernos por lo general lo desechan como reaccionario, no debemos subestimar muy fácilmente su obra.
Segunda: puesto que 95 por ciento de todos los manuscritos existentes (conocidos) son del tipo de texto Bizantino (en el cual se basa la RVR), ¿no es eso suficiente testimonio para la iglesia a través de los siglos? ¿Es razonable suponer que la iglesia no tuvo el tipo de texto más confiable hasta que Constantin Von Tischendorf en forma casi accidental descubrió el Sinaítico en el Monasterio de Santa Caterina a mediados del siglo 19, y que el Vaticano acumuló polvo en un estante de la biblioteca del Vaticano hasta que los eruditos modernos lo resucitaron a su debida importancia? ¿Ha estado la iglesia sin el mejor testimonio hasta los últimos 200 años?
Tercera: la reclamación de la mayoría de los eruditos modernos de que los papiros tempranos y los padres post-nicenos reflejan el tipo de texto Bizantino es también su desafío. Si es así, el tipo de texto Bizantino podría, verdaderamente, tener una historia que antecede a la fecha más tardía que los eruditos usualmente le asignan (cerca del año 400 d.C.).
Cuarta: el tipo de texto Bizantino es más completo; no excluye versículos, palabras, y frases que los traductores a veces omiten en las versiones modernas. Generalmente, este tipo de texto es más suave y se lee con mayor facilidad.
Finalmente, ¿es razonable dejar de lado un tipo de texto que ha servido a la iglesia en cada siglo hasta el 19? Para muchos, hacer tal cosa sería mucho pedir.
Versiones modernas
Desde otro punto de vista, si usted es partidario de una versión moderna (Dios habla hoy, La Biblia de las Américas, Nueva Versión Internacional, etc.), o el neutral tipo de texto Alejandrino, entonces considere lo siguiente:
Primero, Erasmo y los que siguieron inmediatamente sus pasos, usaron sólo un número limitado de manuscritos tardíos (ninguno anterior al siglo 11) para su trabajo editorial. Los eruditos sostienen que Erasmo, careciendo de manuscritos griegos para una parte del libro de Apocalipsis, tradujo al griego de un manuscrito en latín. Los eruditos consideran esto como un alejamiento radical de lo que es trabajo editorial aceptable. También, gran parte de la evidencia manuscrita a la que se hizo referencia tempranamente no estuvo disponible para estos editores del siglo 16.
Segundo, algunos piensan que el tipo de texto Bizantino es un reflejo de lo que los eruditos llaman conflación. Esto es, a través de los siglos los escribas en el Oriente (que copiaron los manuscritos griegos) eran proclives a la armonización – haciendo que el texto fuese más legible y entendible. Si, por ejemplo, un manuscrito trataba de ayuno y otro de oración, el escriba usaría ambas palabras, oración y ayuno. Por esta razón, las versiones modernas que siguen un texto neutral, o del tipo Alejandrino, no tienen las palabras y frases que muchos eruditos creen que fueron añadidos que el escriba hizo al texto original. A esto se deben las muchas omisiones que se encuentran en las versiones modernas.
Tercero, algunos arguyen que ningún papiro o Padre post-niceno (anterior a 400 d.C.) refleja otra cosa distinta que un texto neutral o del tipo Alejandrino. De este modo, el peso de la historia cae por el lado del tipo de texto en el cual se basan las versiones modernas.
Cuarto, la erudición en el campo de la crítica textual durante los pasados 150 años por lo general ha apoyado tanto la teoría como el tipo de texto popularizado primeramente por Wescott y Hort. Los estudiantes de griego en los seminarios a través de los Estados Unidos usualmente hacen uso de este texto griego, y son enseñados en esta teoría.
Tocando el corazÓn
Comparto estos pensamientos a causa de una honda inquietud. Otros podrían tratar esta materia con mayor precisión y erudición, pero ninguno podrá estar más profundamente preocupado que yo respecto de la integridad, autoridad, inspiración e inerrancia de las Escrituras. Aun cuando mi estudio ha sido tal vez elemental, me ha dado un aprecio más profundo por los medios sobrenaturales con los cuales Dios ha preservado su Palabra eterna.
Los pastores necesitan explicar a su gente cómo la mano providencial de Dios se ha demostrado claramente por los medios milagrosos con los cuales el Espíritu Santo ha dirigido a los hombres en la preservación de unas Escrituras plenamente confiables y autoritativas. La historia es interesante y confirmatoria. Con más información viene una seguridad más profunda.
Una segunda preocupación es ésta: la iglesia moderna no debe hacer de la controversia sobre las versiones su más grande preocupación, sino que debe poner su enfoque en la ignorancia bíblica que está invadiendo a la iglesia. El profeta Amós advirtió tanto a sus oyentes como a la iglesia de hoy respecto de una hambre, no de agua y alimento, sino hambre “de oír la palabra de Jehová” (Amós 8:11). Lamentablemente, la proliferación de versiones ha traído una correspondiente pérdida del sonido familiar de las Escrituras. Esto es lamentable. Todo líder espiritual necesita establecer el uso de una determinada versión para recuperar algo de lo que trágicamente se ha perdido. No debiéramos arriesgarnos a perder el sonido familiar de las Escrituras en nuestros oídos y en nuestro corazón.
ConclusiÓn
La controversia, si lleva a algo más que a estudio serio y reflexión, será contraproducente y dañina para la unidad de la iglesia. Afectará adversamente nuestro testimonio de la inspiración e infalibilidad de las Escrituras para aquellos que están fuera de la iglesia. Es tiempo de aceptar lo que es inevitable (la aparición de una variedad de versiones), reconocer que algunas preguntas permanecerán sin respuesta, y luego entender que la hostilidad y el enjuiciamiento son dañinos para el claro testimonio del pueblo de Dios.
Es tiempo de enterrar el hacha de guerra. Si usted dispara, espero que el disparo caiga sin causar daño, más allá del alcance de los que podrían ser dañados.
Su Palabra permanecerá ahora y para siempre. Bendito sea su nombre.
NOTA
1. Véase la entrevista de Lee Strobel con Bruce Metzger, en Lee Strobel, The Case for Christ (Grand Rapids: Zondervan, 1998).

