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¿Enseña la Biblia la seguridad eterna?

Por W.E. Nunnally

IntroducCIÓn

En un artículo anterior, traté brevemente la posición doctrinal de la perseverancia de los santos, la seguridad eterna, o, una vez salvo, siempre salvo.1 Aquí, sin embargo, la trataré de una manera más amplia.

La doctrina de la seguridad eterna enseña que, una vez que una persona experimenta la salvación, nada puede hacer que la pierda. Millard J. Erickson afirma: “La posición calvinista es clara y directa en este asunto: ‘Ellos, a quienes Dios ha aceptado en su Amado, los llamó y los santificó con su Espíritu, no pueden caer del estado de gracia de manera total y definitiva, sino que perseverarán hasta el fin y serán salvos por la eternidad’” (Confesión de Fe de Westminster 17.1).2

Henry C. Thiessen añade: “Respecto a eso afirma que ellos ‘nunca caerán total o finalmente del estado de gracia’. Esto no equivale a decir que nunca recaerán, que nunca caerán en el pecado, y que nunca dejarán de dar alabanzas a quien los ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Simplemente significa que nunca caerán totalmente del estado de gracia al que han sido llevados, ni dejarán de levantarse al fin y al cabo.”3

Como expiación limitada, Agustín popularizó la doctrina de la perseverancia de los santos en el siglo quinto d.C. La Iglesia Católica Romana con el tiempo adoptó su enseñanza acerca de este tema como doctrina oficial. Era la posición comúnmente aceptada en la época de la Reforma Protestante. Los líderes de la Reforma, como Juan Calvino, también la aceptaron y fomentaron junto con algunas otras doctrinas y prácticas católico romanas de antes de la Reforma. De esta manera, la seguridad eterna ha llegado a convertirse en los sistemas doctrinales de muchas denominaciones protestantes modernas.

La tradición arminiana, wesleyana, de santidad, y las Asambleas de Dios que salieron de ella, han rechazado históricamente la creencia en la seguridad eterna. El sitio Web oficial de las Asambleas de Dios declara: “Las Asambleas de Dios han adoptado una posición contraria a la enseñanza de que la soberanía de Dios anulará por completo el libre albedrío del hombre de aceptarlo y servirle. En vista de esto creemos que es posible que una persona una vez salvada se aparte de Dios y se pierda otra vez.”4

Aunque las Asambleas de Dios han adoptado una posición oficial determinante e inequívoca, los miembros de nuestras congregaciones pudieran no comprender esta doctrina o nuestra posición acerca del asunto. Los miembros de nuestras congregaciones a menudo trabajan con personas que creen en la seguridad eterna. Tienen que saber responder a las creencias de sus compañeros de trabajo. Por lo tanto, es importante que los pastores enseñen los argumentos presentados por los defensores de la perseverancia de los santos/la seguridad eterna, las debidas respuestas a sus afirmaciones, y el fundamento bíblico para nuestra posición: los creyentes pueden voluntariamente perder su salvación al apartarse del señorío de Cristo.

Hay, sin duda, creencias diversas respecto a la seguridad eterna dentro del calvinismo. Por ejemplo, un punto de vista extremo sostiene que Dios llevará al cielo a un creyente porque no enderezará su vida y ha llegado a ser una vergüenza para Dios. Otros que creen en la seguridad eterna, sin embargo, no creen que la seguridad eterna les da licencia para pecar: “Por otra parte, sin embargo, nuestro entendimiento de la doctrina de la perseverancia no deja margen para la indolencia o la negligencia. Es dudoso de que alguien que razone ‘ahora que soy cristiano puedo vivir como me plazca’, se haya convertido y se haya regenerado en realidad. La fe genuina, por el contrario, se conoce por el fruto del Espíritu.”5

Los pasajes usados en respaldo de la PS/SE y su debida interpretaciÓn

Quienes apoyan el punto de vista de la PS/SE de la salvación a menudo mencionan Juan 5:24 para respaldar su posición: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”6 Los defensores creen que este versículo significa que una vez que se ha pasado de muerte a vida, se tiene vida eternamente. Sin embargo, el contexto gramatical de este versículo pone en claro que la palabra eterna no es un adverbio modificador del verbo, como si dijera que uno eternamente tiene vida. Más bien, forma parte de un nombre compuesto. Por lo tanto, la vida es eterna, no la posesión de ella. Además, los verbos oír y creer están en el tiempo presente, lo que significa acción continua.

Los defensores también sostienen que una vez que una persona y Dios se unen, ese vínculo no puede quebrantarse jamás. Recurren a Juan 6:37– “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” Sin embargo, no podemos decir que este texto descarta la posibilidad de que uno pueda optar por irse (compárese con Juan 17:12).

También se usa Juan 10:27,28 para respaldar la PS/SE: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen; y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” A estos versículos pudiéramos añadir Romanos 8:35,39: “Quién nos separará del amor de Cristo?… Ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Pero los autores bíblicos están diciendo que las fuerzas externas no pueden separarnos de Dios. Tampoco descartan la posibilidad de que una persona pueda usar su libre albedrío y optar por apartarse.

Debe también observarse que el tiempo presente en griego denota acción continua. Se traduce literalmente este versículo: “Mis ovejas siguen oyendo mi voz, y yo sigo conociéndolas, y ellas continúan siguiéndome; y yo sigo dándoles vida eterna.” Esto significa que el hecho de que no perezcamos esté supeditado a que sigamos oyendo y siguiendo a Jesucristo, un tema que se repite a lo largo de las Escrituras. En vez de respaldar la PS/SE, este texto respalda la posibilidad de que un creyente pueda apartarse de Dios al negarse a seguir en obediencia a Cristo.

Usando Juan 15:1–11, esos defensores afirman: “Si los creyentes han sido hechos uno con Cristo y la vida divina fluye por medio de ellos (Juan 15:1–11), no puede concebirse que algo anule esa relación.”7 Pero todo el capítulo 15 muestra la posibilidad de que pueda quebrantarse esa relación.

La palabra traducida permanecer en todo el capítulo 15 es meno, que significa “permanecer, continuar, quedarse”. Por lo tanto, Jesús dice: “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará. … El que en mí no permanece [continúa], será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden” (Juan 15:2,6). La sección siguiente comienza con la declaración de Jesús: “Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo” (Juan 16:1). Si el apartarse de Dios no fuera una posibilidad, Jesús no habría tratado eso de modo tan extenso.

Algunos seguidores de la PS/SE señalan como respaldo las palabras de Pablo en Filipenses 1:6: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Sin embargo, al leer los versículos del 1 al 11, es evidente que de lo que Pablo estaba persuadido era del deseo de los filipenses de proseguir hacia la madurez, la única verdadera seguridad del creyente. Esto está respaldado por la última exhortación de Pablo a los filipenses de que se ocuparan “de [su] salvación con temor y temblor” (2:12). Además, después de observar que ni siquiera su propio destino eterno estaba escrito en piedra todavía (3:12,13), y para asegurar su propia vida eterna, Pablo proseguía a la mayor madurez y obediencia (3:14). Exhortó a los cristianos de Filipos a que siguieran su ejemplo y no siguieran los ejemplos de aquellos cuyo fin es perdición (3:17–19).

A veces la gente recurre a Hebreos 7:25: “Puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos.” Los defensores entienden la palabra “siempre” para referirse a quienes acuden a Dios en busca de salvación. Sin embargo, el contexto inmediato y el mensaje global de la Epístola a los Hebreos exige que la frase se refiera a Jesucristo y a la extensión de tiempo que Él, como sumo sacerdote, puede proveer la expiación que hace posible la salvación (compárense también los vv. 3,17,21,24,25; 5:6; 6:20), no para que se perciba como la seguridad eterna del creyente.

Un texto favorito de quienes aceptan la PS/SE es 1 Juan 2:19: “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros.” Los defensores emplean este pasaje para afirmar que los que dejan de seguir a Cristo nunca habían experimentado la salvación. Hay varias cosas que debemos examinar en este versículo.

En primer lugar, el texto no expresa de modo explícito lo que los defensores de la PS/SE afirman que dice (que la separación significa que su salvación no era real). Juan estaba escribiendo después de la deserción de ellos y observando que su deserción era prueba de que ya no pertenecían a la comunidad de los redimidos. Estaba comparándolos con quienes se habían opuesto a la falsa enseñanza, siguieron aceptando la verdad y persistieron en permanecer en Cristo (v. 24).

En segundo lugar, las reacciones contrastantes de salir y permanecer recuerdan la propia enseñanza de Jesús en Juan 15, donde describió a miembros del cuerpo de Cristo que no “permanecieron”, no siguieron llevando fruto, se secaron y a la larga son cortados.

En tercer lugar, ambos Testamentos tienen muchísimos ejemplos de personas y grupos que estuvieron, en determinado momento, claramente en armonía con Dios pero después repudiaron su señorío (Génesis 4:3–16 [compárese con Judas 11]; Éxodo 32:32,33; Números 3:2–4; 4:15–20; 16:1–33; 22:8,12,19,20,32–35; 24:1,2,13; 31:7,8; 1 Samuel 10:1–7,9–11; 13:8–15; 16:14; 31; Juan 6:66 [compárese con el versículo 67]; 1 Corintios 5:1–13; 1 Timoteo 1:19,20; 2 Timoteo 1:15; 2:17,18; 4:10; Tito 1:12–16; Hebreos 12:15–17; 2 Pedro 2:1; Apocalipsis 2:6,15 [compárese con Hechos 6:5; Eusebio, Historia eclesiástica 3.29], 20).

Argumentos que advierten a los creyentes de la posibilidad de la apostasÍa

A veces los arminianos no han expresado con claridad su posición doctrinal. Hemos empleado la frase perder la salvación, como si fuera un acto que pudiera ser accidental, sin intención, y el resultado de un descuido momentáneo. Los detractores han atacado con toda razón esta frase como una reflexión imprecisa de las Escrituras. Por lo tanto, debemos conocer bien los pasajes que respaldan nuestra doctrina, y entonces expresarla de una manera que refleje debidamente la enseñanza de la Palabra de Dios.

La enseñanza arminiana, wesleyana, de santidad y pentecostal sostiene que los creyentes tienen su libre albedrío aun después de la salvación. La Biblia enseña que los que confían Cristo y le obedecen son aun más libres después de la salvación que antes (Juan 8:36; Gálatas 5:1,13), no menos. Puede describirse nuestra doctrina con las frases bíblicas “de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4), “apartarse” (Hebreos 3:12) y “recayeron” (Hebreos 6:6).

J. Rodman Williams declara: “Pero, debido al hecho de que la salvación de Dios obra mediante la fe — una fe viva — el abandono de esa fe puede llevar a la apostasía. Al dejar de permanecer en Cristo, y al abandonar su palabra y dejar de perseverar en medio de la prueba o de la tentación, permitiendo que la fe se fortalezca en ella — permitiendo así que entre la incredulidad — los creyentes pudieran apartarse de Dios. Pudieran así trágicamente perder su salvación.”8 (Véase la columna Pasos que llevan a la apostasía.)

La palabra española apostasía es una transliteración de la palabra neotestamentaria griega apostasia. Las obras consultadas indican que ella y sus formas verbales incluyen estos matices: apartarse de, desertar o traicionar políticamente, separarse de, retirarse o alejarse, provocar una revuelta, tropezar, dejar de tener cualquier relación con, desertar y separarse (como en el divorcio). Ninguna de esas frases sugiere una pérdida del pacto como resultado de una infracción accidental o temporal de las normas establecidas de santidad. En vez de eso, todas implican reflexión previa, intento y un persistente estado de rebeldía contra el señorío de Jesucristo sobre la vida de uno. (Véase la columna Apostasía.)

LIBRE ALBEDRÍO

Dios creó al hombre a su imagen y semejanza (Génesis 1:26). En parte, esto significa que así como Dios piensa, hace planes, razona, y decide, también hace lo mismo el hombre. Aunque la caída parcialmente borró la imagen de Dios grabada en los seres humanos en la creación, sin duda no fueron borrados esos otros atributos. Además, Dios no invadirá ni violará el libre albedrío que Él ha creado en el hombre, acepte o no a Cristo.

En el Antiguo Testamento, Dios trató con los israelitas casi exclusivamente mediante pactos condicionales. Dios les advirtió constantemente que cumplieran sus obligaciones con el pacto o su relación con Él sería anulada (compárese con Éxodo 32:33; Levítico 22:3; Números 15:27–31; Deuteronomio 29:18–21; 1 Reyes 9:6,7; 2 Reyes 17:22,23; 24:20; 1 Crónicas 28:9; 2 Crónicas 7:19–22; 15:2; 24:20; Salmo 69:28; Isaías 1:2–4; 59:2; Jeremías 2:19; 5:3,6,7; 8:5,12; 15:1,6,7; 16:5; Ezequiel 3:20; 18:12,13; 33:12). Ya la gracia aparecía en el Antiguo Testamento (Éxodo 34:6; Números 6:25; Jeremías 3:12), pero como en el Nuevo Testamento, la gracia nunca fue una excusa para seguir en el pecado y nunca disminuyeron las exigencias del pacto (compárese Juan 1:16,17; Romanos 6:1,2; 8:7–11; Lucas 12:48; compárese también con Romanos 1:31, “desleales” o “quebrantadores del pacto”).

LOS EVANGELIOS

Juan el Bautista proclamó valerosamente: “Y ya también el hacha está puesta a la raíz de los árboles; todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego” (Mateo 3:10; Lucas 3:9). En realidad, Jesús comenzó su ministerio reiterando ese mismo mensaje (Mateo 7:19).

Jesús también enseñó que, si no estamos dispuestos a perdonar, eliminamos la posibilidad de que recibamos el perdón de Dios (Mateo 6:15). En el contexto histórico original de Jesús y en el contexto canónico de Mateo, la comunidad del nuevo pacto — compuesta de creyentes — Jesús dijo que sólo quienes perseveren hasta el fin serán salvos (Mateo 10:22; 24:13), y que si lo negamos delante de los hombres, Él nos negará delante de su Padre (Mateo 10:33). Cuando dijo “todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada” (Mateo 12:31), Él no hizo distinción alguna entre los salvos y los no salvos.

En la parábola del sembrador y la semilla, la semilla echó raíces y comenzó a dar fruto, pero las diversas circunstancias con el tiempo la destruyeron (Mateo 13:3–23). En Mateo 18:15–17, Jesús ordenó que los miembros de la comunidad del nuevo pacto que no se arrepintieran fueran sacados de la iglesia y tratados como ajenos al pacto. Jesús también advirtió que en los últimos tiempos, los falsos mesías “a muchos engañarán” (Mateo 24:5), y que durante la persecución, “muchos tropezarán” (Mateo 24:10). El versículo 24 registra la enseñanza de Jesús de que los falsos mesías y los falsos profetas “engañarán, si es posible, aun a los escogidos”.

Los defensores de la PS/SE piensan que la frase “si es posible” indica una situación hipotética y muestra que no es posible que alguien se aparte de la fe. Sin embargo, este argumento no considera el más amplio contexto (Mateo 24:5,10) u otros textos (1 Tesalonicenses 4:1,2) que con toda claridad afirman que algunos creyentes en los postreros días se apartarán de la fe por varios motivos.

Lucas dijo que Jesús enseñó: “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira atrás [constantemente], es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62). El contexto pone en claro el significado de la metáfora. Lo mismo puede decirse de Lucas 14:34,35: “Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, ¿con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga” (para más acerca de la enseñanza de Jesús, véase Mateo 7:16,17,21,24,26; 10:38; 12:30; 18:23–35; Lucas 9:23 y siguientes; 14:25–33).

ENSEÑANZA PAULINA

En el campo misionero, después que habían hecho “muchos discípulos”, Pablo y Bernabé volvieron a las iglesias que habían establecido antes, “confirmando los ánimos de los discípulos, exhortándoles a que permaneciesen en la fe” (Hechos 14:21,22). Eso habría sido un gasto innecesario de tiempo y de energía si la apostasía no era una opción. Más adelante, Pablo advirtió a los líderes de la iglesia en Éfeso que “entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño. Y de vosotros mismos se levantarán hombres que hablen cosas perversas para arrastrar tras sí a los discípulos” (Hechos 20:29,30).

En las cartas de Pablo, su enseñanza no era nada diferente de su predicación en Hechos. Advirtió a las iglesias de Roma: “Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, [a Israel], a ti tampoco te perdonará [a los cristianos de Roma]. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo [obsérvese el lenguaje del pacto condicional] si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado” (11:21,22). También los exhortó: “Si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió” (14:15; compárese también con 1 Corintios 8:11, donde aparecen los mismos términos).

En 1 Corintios 5:1–13 (compárese también con 2 Tesalonicenses 3:6,14), Pablo pidió a los corintios que excomulgaran a las personas que viven en pecado (compárese con Mateo 18:15–17). Reprendió a los librepensadores de la iglesia de Corinto por permitir que su libertad causara la destrucción del hermano “débil por quien Cristo murió” (1 Corintios 8:11). “Hermano” indica que todos los participantes eran miembros de la misma comunidad del pacto). Él creía que había la posibilidad de que aun él pudiera llegar a ser un náufrago de la fe (1 Corintios 9:27). Pablo advirtió a los cristianos en Corinto que también eso pudiera sucederles a ellos, y que pudieran terminar como los israelitas que murieron en el desierto (1 Corintios 10:1–13). “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga” (v. 12).

Pablo también advirtió a los corintios que la creencia en una versión defectuosa de las buenas nuevas pudiera poner en peligro su salvación: “Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1,2). Más adelante, los vuelve a exhortar: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5). Esta exhortación se parece a la que hizo a la iglesia de Colosas: Jesucristo los presentaría irreprensibles delante de Dios, pero sólo si permanecían “fundados y firmes en la fe” (Colosenses 1:21–23).

A las iglesias de Galacia, Pablo exclamó: “Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente” (Gálatas 1:6). En Gálatas 4:1–11, describió una progresión en que los cristianos de Galacia habían ido de esclavos, a hijos, y luego volvieron a ser esclavos. En la conclusión de esta sección, Pablo dijo: “Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano con vosotros”.

A quienes habían sido salvos por la sangre de Jesucristo, pero que luego aceptaron el evangelio de Cristo más otra cosa de los judaizantes que añadían la circuncisión al Ordo Salutis (orden de la salvación), Pablo proclamó: “De Cristo os desligasteis [kataergo: “cortado, vaciado, anulado, cancelado, finalizado, destruido, aniquilado”], los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído [ekpipto: “caer de o fuera de, perder, hacer que llegue a un fin”]” (Gálatas 5:4).

A la iglesia de Filipos, Pablo declaró que él había sufrido la pérdida de todo “a fin de conocerle, y el poder de su resurrección y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte; si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (Filipenses 3:10,11). Si la salvación de Pablo era definitiva y nada podía cambiar su relación con Dios, no estaba consciente de eso. Él se había tomado a pecho la devastación espiritual en la vida de algunos de sus compañeros más cercanos porque, en el mismo contexto, habló a la iglesia de Filipos acerca de personas que una vez fueron creyentes muy conocidos, pero lamentaba que ahora fueran “enemigos de la cruz de Cristo” (Filipenses 3:18).

Cuando Pablo instruía a los pastores, el mensaje era el mismo: “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe” (1 Timoteo 4:1; compárese con 2 Timoteo 4:3,4).

Las epÍstolas universales y el Apocalipsis

El resto del Nuevo Testamento es también claro acerca de la realidad de que un creyente puede voluntariamente perder su salvación. La Epístola a los Hebreos tiene algunas de las advertencias más claras contra la apostasía y también exhortaciones de mantenerse firme hasta el fin, todas dirigidas a los cristianos.

Debido a la mayor revelación que vino con la encarnación de Cristo, el autor de Hebreos dijo a los cristianos: “Es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos” (2:1). En este texto, el escritor se incluyó a sí mismo en una advertencia contra el dejar el camino de la salvación. En el mismo contexto, planteó la interrogación retórica: “¿Cómo escaparemos nosotros [del juicio, compárese con el v. 2] si descuidamos una salvación tan grande?” (v. 3). En este caso también el autor se incluyó a sí mismo junto con sus lectores cristianos.

Debemos observar que el verbo es descuidar, no rechazar. Sus lectores eran cristianos descuidados, no incrédulos que rechazaban. En 3:6, repitió la misma exhortación oída de Jesús y de Pablo: Y nosotros somos su “casa … si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza”. Más adelante reiteró: “Somos hechos participantes de Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin nuestra confianza del principio” (v. 14). Él advirtió a los demás creyentes: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse [apostaenai, “apostatar”] del Dios vivo” (3:12, cursivas añadidas). Los creyentes necesitan temer “no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado” (4:1), porque aun los creyentes pueden caer “en semejante ejemplo de desobediencia [que mostraba el pacto de Israel]” (4:11).

En 6:4–6, el autor declaró: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio” (cursivas añadidas).

Con reminiscencias de Números 15:30,31, Hebreos declara: “Porque si pecáremos voluntariamente después de recibir el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio” (10:26,27, cursivas añadidas). Él continúa: “El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia?” (10:28,29, cursivas añadidas). La parte en cursiva de estos versículos presenta evidencia incontrovertible de que los lectores son cristianos. A esos creyentes se les advierte que no “perdáis” (como opuesto a “perder accidentalmente”) su salvación (10:35).

El escritor de Hebreos hace a sus lectores cristianos esta exhortación: “Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura [compárese con Deuteronomio 29:18–21] os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (Hebreos 12:15–17).

Santiago nos dice: “Si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma” (Santiago 5:19,20).

Pedro escribe: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina” (2 Pedro 2:1). En el mismo contexto continuó: “Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno’” (2 Pedro 2:20–22, cursivas añadidas para mostrar el hecho de que el autor está describiendo personas que antes se habían mencionado entre los redimidos).

Juan describió un pecado que es “de muerte” que no puede perdonarse (1 Juan 5:16). El contexto en la primera parte del versículo así como el empleo de la misma terminología en otras partes de esta carta (1 Juan 3:13,14) ponen en claro que esta es la muerte espiritual, no la muerte física. Este mensaje no es nada diferente de su mensaje en el Apocalipsis. Allí prometió vida eterna solamente a quienes venzan y permanezcan fiel hasta el fin (Apocalipsis 2:10,25,26). Por otra parte, garantizó el rechazo y la pérdida de vida para quienes no lo hagan así (Apocalipsis 2:5; 3:11,16). Hasta el final del libro (y por tanto, del Nuevo Testamento), siguió advirtiendo acerca de la posibilidad de la pérdida de la salvación (Apocalipsis 22:19).

ConclusiÓn

Es evidente que la Biblia advierte contra la posibilidad de que se pierda la condición de uno delante de Dios. La Biblia pone en claro que la única seguridad de un creyente está en la constante obediencia a la voluntad del Señor. Esa realidad se ajusta perfectamente a la definición bíblica de salvación. La salvación no es un suceso que ocurre en un solo momento y que sella a un creyente por la eternidad, sino un proceso que tiene etapas pasadas (Romanos 10:9,10; 2 Corintios 5:17), presentes (Lucas 9:23; 1 Corintios 1:18; 2 Corintios 2:15; 3:18; Filipenses 2:12; 3:8–16) y futuras (Romanos 8:19–24; 1 Corintios 15:24–28; 1 Pedro 1:3–7; Apocalipsis 12:10; 20:1–10; 21:1 hasta 22:14). Los creyentes retienen la opción de escoger una vida de obediencia y sumisión a la voluntad de Dios o apartarse de una relación con Dios y sufrir la eterna separación de Dios como resultado. Al enseñar esta verdad a sus oyentes, puede animarlos a vivir vidas santas y a responder a los que creen en la seguridad eterna.

W.E. NUNNALLY, Ph.D., es profesor de Judaísmo Primitivo y Orígenes Cristianos en Evangel University, Springfield, Missouri.

NOTAS

1. W.E. Nunnally, “Puntos de vista defectuosos acerca de la salvación”, Revista Enriquecimiento 13, no. 3 (Verano 2008):128–135.

2. Millard J. Erickson, Christian Theology [Teología cristiana], 2nd ed. (Grand Rapids: Baker Books, 1998), 998.

3. Henry C. Thiessen, Lectures in Systematic Theology [Conferencias sobre teología sistemática], (Grand Rapids: Eerdmans, 1971), 385.

4. “La seguridad del creyente (Recaída)”, puede obtenerse de http://www.ag.org/top/Beliefs/gendoct_09_security.cfm; revisado el 15 de febrero de 2008.

5. Erickson, 1007.

6. Se toman las citas bíblicas de la versión Reina Valera, 1960. Usado con permiso de las Sociedades Bíblicas Unidas.

7. Erickson, 999.

8. J. Rodman Williams, Renewal Theology [Teología de la renovación], vol. 2. (Grand Rapids: Zondervan Academic, 1990), 131.

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