Ayudar a la gente que lucha con adicciones

Por Larry E. Hazelbaker
Manegar el pecado o vencer la fuerza
Jaime, de 27 años, era soltero y en la plenitud de su vida, pero su adicción a la cocaína lo tenía firmemente atrapado. Los consejeros habían convencido a Jaime de que lo suyo era una enfermedad, no una influencia espiritual maléfica. Lo mejor que él podía hacer era ejercer fuerza de voluntad para controlar esta enfermedad, no para erradicarla. Jaime se sentía impotente y aprisionado por su adicción, con pocas esperanzas de mejorar. Su condición empeoraba. Para cuando se presentó y se desplomó en el sillón de mi oficina – un gesto, me lo dijo, para satisfacer a su madre – estaba vendiendo cocaína para mantener su hábito. No mucho después de nuestra conversación recibí una llamada de su madre: Jaime estaba preso. Desesperado por comprar más drogas y escaso de dinero, había robado en una pequeña tienda y disparado a un agente de policía – una decisión que finalmente le acarreó una sentencia de por vida, sin libertad condicional.
Era un miércoles, hace 21 años. Yo había atendido a un número mayor de clientes que lo habitual. Me hallaba en camino hacia el servicio de la noche cuando una joven mujer se me acercó. Por el hecho de hallarme fatigado, le pedí que volviera el día siguiente. Ella comenzó a sollozar: “Mi nombre es Grace. Si no me atiende ahora, no podré pasar la noche”.
Levantó la manga de su blusa y puso al descubierto su brazo con gran cantidad de marcas hinchadas. Con palabras arrastradas y casi sin poder mantenerse de pie, me dijo que acababa de salir de una juerga de heroína de 3 días. Había gastado mil quinientos dólares, estaba arruinada, asustada, y sin esperanza.
Le dije que le concedería unos pocos minutos. Lloró, balbuceó algunas palabras, se retorció, y cayó de su silla varias veces. Durante sus sollozos y mis oraciones, tuve una visión. Vi la mano de un técnico y la manga de una túnica de laboratorio. La mano se acercaba y tenía asidas unas cobras y les extraía su veneno. Mientras observaba, la mano vertió el veneno en un suero – contraveneno.
Al principio no entendí. Luego observé cómo el estrecho cuadro adquiría plenas dimensiones. Vi que la mano de la visión pertenecía a Grace. Era ella quien vestía la túnica de laboratorio y quien preparaba el contraveneno.
Le dije lo que había visto. Le dije que Dios quería usarla para liberar y compartir con otros el amor y el poder de Dios (contraveneno) que salvaría a gente adicta a la heroína y la cocaína.
En la hora siguiente, Dios la liberó de su adicción a la heroína. En la actualidad ella está en el ministerio ayudando a personas afectadas por las drogas. Ha permanecido libre de las drogas durante 21 años.
ESTADÍSTICAS
Según el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, durante 2006 el mal uso o abuso de drogas (cocaína, heroína, y metanfetamina) alcanzó a casi un millón cuatrocientos mil casos de atenciones de emergencia a través del país. El uso excesivo de alcohol fue el causante de más de 100.000 muertes. El Centro Nacional sobre Adicción y Abuso de Sustancias informó que los jóvenes que beben están 50 veces más propensos a usar cocaína. Aun más, 14 millones de estadounidenses se encontraron con criterios de diagnóstico de desórdenes por uso de alcohol. El uso de drogas, alcohol, y tabaco entre los jóvenes ha crecido dramáticamente desde 1985. Se estima que un tercio de todos los que se han graduado de sus 12 años de estudios consumen alcohol semanalmente. El abuso de sustancias va en aumento, especialmente entre los jóvenes.
El ciclo de adiccIÓn
Para una explicación del ciclo de adicción, visite http://www.DrugRehab.net.
Primero, la mayoría de los adictos son personas inteligentes y tienen planes para su futuro.
Segundo, a los adictos les cuesta tratar con los problemas que tiene la vida y comienzan a usar la sustancia como un mecanismo para enfrentarlos.
Tercero, el uso de drogas los ayuda a compensar alguna deficiencia en su vida. La depresión, el dolor, las relaciones, las dificultades del trabajo, o no poder superar alguna situación no relacionada (tal como la obesidad) son excusas comunes para el abuso de drogas.
Cuarto, la sustancia se convierte en un antídoto para el dolor. Disminuye el dolor emocional y físico y da a los adictos una vía de escape para sus problemas. Surgen nuevos problemas una vez que aparece la adicción. Los adictos comienzan a hacer cualquier cosa para “elevarse”.
Quinto, la conducta asociada con la dependencia de drogas – dificultad de comunicación, pobre desempeño en el trabajo, y una pobre salud física llegan a ser la norma. La adicción dirige la vida del adicto y domina sus pensamientos. En este punto, la sustancia es una fortaleza que lentamente lo estrangula.
Sexto, la sustancia controla a los adictos y ellos se obsesionan por obtenerla y usarla. Los degrada y les da una sensación de desesperanza y desesperación.
Séptimo, los adictos intentan salir de su situación. Fracasan en programa tras programa, terapeuta tras terapeuta, y recaída tras recaída dejan al adicto con una sensación de soledad, desesperación, y derrota. Son esclavos de la sustancia.
CÓmo sucede
La conducta adictiva es algo común. Abusar es una cosa natural en una persona. Cualquier cosa puede llegar a ser una adicción. Una vez que un comportamiento se convierte en una adicción, controla la vida de una persona, sus pensamientos y acciones. Sucede cuando, por cualquier razón, una persona comienza a tomar una sustancia que lo hace sentirse bien. Su proceder comienza a formar una vía nerviosa a través de una agrupación de neuronas en el cerebro. Cuanto más se refuerza el comportamiento por el estímulo, tanto más se profundiza esa vía, formando con ello una costumbre o un hábito – una adicción.
Una adicción es una compulsión recurrente que controla los pensamientos y acciones de una persona, una fortaleza (2 Corintios 10:4) que es casi imposible de derribar. A causa de este hecho, la mayoría de los programas de tratamiento se centran en el tratamiento de la adicción antes que en demoler la fortaleza.
Modelo mÉdico sobre adicciones
Si los ministros creen en el modelo médico para explicar las adicciones, entonces el N° 7 del ciclo anterior es cierto. Hay muy poca ayuda para los adictos. Lo mejor que un pastor puede hacer es proveer herramientas para ayudar a un adicto a tratar su adicción mientras que este último empeña el resto de su vida en la intensa lucha por controlar su adicción.
Muchos profesionales clínicos creen que los colegios no capacitan a los ministros para tratar a la gente con adicciones. Si la creencia general fuera que la adicción es una enfermedad, yo estaría de acuerdo. Los médicos – no los pastores – tratan las enfermedades. Si los pastores deciden aceptar el modelo médico, necesitarán crear una lista de referencia de las clínicas y agencias en su área que tratan las adicciones como enfermedades y referir a sus feligreses a tales instituciones. Alcohólicos anónimos y otros centros de tratamiento pueden intervenir y, cuando menos, proveer a los adictos con la educación necesaria para manejar su adicción.
La perspectiva bíblica sobre adicciones
Si los ministros toman literalmente la Biblia, las adicciones son fortalezas que brotan de las obras de la carne. Son problemas espirituales que se manifiestan en la carne. En el alcoholismo, las definiciones médicas corrientes declaran que la etiología (origen) de la adicción al alcohol es una predisposición genética. Así, los alcohólicos son víctimas de su propio ADN. Si los pastores deciden aceptar esto, estarán aceptando que el alcoholismo es una enfermedad terminal – la persona es y siempre será un alcohólico.
La Biblia adopta una posición diferente. La embriaguez es un pecado y una obra de la carne (Gálatas 5:21). Los pastores necesitan aceptar la definición bíblica de una adicción y crear ministerios en la iglesia para ayudar a la transformación de los adictos.
Para recibir limpieza, uno debe pedir perdón (1 Juan 1:9). Si los pastores aceptan el modelo médico, entonces deben adoptar el manejo del pecado. Una adicción no es como la diabetes. No es sensato aceptar el modelo médico de una adicción y desechar la definición bíblica del pecado. Debemos creer que podemos ser más que vencedores.
Piense en ello
Una mentalidad con base de víctima tiende a dirigir a los estadounidenses. Tratamos de descubrir las razones de excusar la conducta inadaptada o inaceptable. Si podemos convencernos de que nuestra adicción proviene de nuestra conformación genética, hemos encontrado una razón de excusar el pecado. Si una persona es de una familia en la cual prevalece la hipertensión o la diabetes, no debe sorprendernos cuando un médico da a esa persona el mismo diagnóstico. Sus genes proveen una explicación para el diagnóstico.
Sin embargo, las fortalezas no son enfermedades; son obras de la carne, y los pastores deben lidiar con ellas en forma apropiada.
Las personas están predispuestas genéticamente a fornicar, pero cuando un fornicario se presenta ante Dios no podrá invocar la naturaleza humana para excusar su pecado. De igual modo, un adicto no podrá presentarse ante Dios y culpar de su adicción a una letanía de excusas que la sociedad le haya ofrecido. Dios dirá: “Apártate de mí, obrador de iniquidad”.
¿QuÉ puede hacer un pastor?
Los pastores deben aceptar el modelo bíblico de trato con las fortalezas y añadir un programa Cristo-céntrico al ministerio de la iglesia. El programa Turning Point (Momento decisivo) no sólo ayuda a los que tienen fortalezas, sino que capacita a los laicos para ser facilitadores de grupo.
Si un pastor no puede tener acceso al programa “Turning Point” y desea establecer su propio ministerio, el siguiente modelo podría ser un buen lugar para comenzar a ayudar a adictos. Hace ya varios años conformé el siguiente modelo bíblico de siete pasos, extrayéndolo de varios programas de 12 pasos. La iglesia puede usar eficientemente este modelo. Requerirá que el pastor o alguien a quien él designe asuma una función de liderazgo.
Paso uno: confesión. El adicto debe admitir que es impotente frente a la fortaleza maligna. Al hacer esto, el adicto está tomando posesión de su adicción. Segunda de Corintios 12:10 dice: “Porque cuando soy débil, entonces soy fuerte”. La confesión es el primer paso hacia la sanidad en el ciclo redentor. Dios no puede intervenir a menos que invoquemos 1 Juan 1:9– “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”.
Paso dos: reconocer impotencia. Los pastores deben ayudar al adicto a entender y creer que solo Dios puede cambiar las rutas nerviosas. Sin embargo, Dios requiere nuestra confesión de impotencia. Él puede restaurar al adicto a la normalidad, pero el adicto debe declararse incapaz. Dios liberó a Grace en mi despacho, pero no antes de que ella reconociera que la liberación requería la intervención de Él. La fe en Él y en su poder es algo imperativo. La liberación puede ser instantánea o un proceso.
Paso tres: rendición y perdón. Debemos ayudar al adicto para que entienda que debe rendirse a Dios. Para romper la esclavitud se requiere la liberación de la voluntad de uno. Solo Dios puede ayudar a un adicto a obtener una completa victoria. Pídale que lo perdone y ayude. Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28; véase también 1 Juan 1:9).
Paso cuatro: ser veraz. Un adicto jamás obtendrá lo que necesita hasta que haga lo que debe hacer. Si confesamos el pecado, Dios lo perdonará. Pida al Espíritu Santo que haga un inventario de sus conductas, actitudes, y percepciones erróneas y luego comience a conformarse a lo que Dios tiene que decir respecto de estas cosas. “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Romanos 12:2). Wayne W. Dyer ha escrito una serie titulada Change Your Thoughts, Change Your Life [Cambie sus pensamientos, cambie su vida]. Este es un principio bíblico, pero los adictos deben saber qué cambiar.
Paso cinco: pida que Dios lo ayude. “No tenéis lo que deseáis, porque no pedís. Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:2,3). La voluntad de Dios es que la gente viva en buena salud – físicamente, mentalmente y espiritualmente. No hacemos algo fuera de lo debido cuando pedimos a Dios que nos ayude a vencer el pecado. Recuerde, los cristianos creen que el abuso de sustancias es pecado y que la adicción es pecado, no una enfermedad. Un adicto necesita pedirle diariamente, en forma detallada, ayuda para vencer estas fortalezas.
Paso seis: lea la Palabra de Dios y ore sin cesar. Si creemos lo que dice la Palabra de Dios, ¿por qué no nos aferramos de ella como el soporte de nuestra vida? “Porque la Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Debemos creer que la Palabra revela el poder de Dios, revela lo que necesitamos saber y aquello por lo que oramos, y revela cómo vivir de modo que podamos derribar las fortalezas (2 Corintios 10:4).
Paso siete: testifique. Sea agradecido y lleve el evangelio a otros. “Vete a tu casa, a los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti” (Marcos 5:19). El testimonio conlleva responsabilidad. Un culto de testimonios da oportunidad a los vencedores para contar del poder transformador de vida de Dios y de su Palabra. Salomón declaró: “La muerte y la vida están en poder de la lengua” (Proverbios 18:21). Hable de vida.
ConclusiÓn
Dios desea que seamos vencedores y victoriosos sobre el pecado y las fortalezas. La mayoría de los pastores ha encontrado gente que tiene cosas que controlan su vida. Nuestra función es la de darles guía y consejo espiritual sobre cómo usar su experiencia para ayudar a otros a vencer. No dejemos de lado la Palabra de Dios para consultar a Freud o al Dr. Phil. Más bien, debemos leer su Palabra y permitir que Dios ministre y lleve a cabo su obra por medio de nosotros cuando usamos nuestro conocimiento de lo que anteriormente nos separaba de Él. Dios usará nuestra historia, con frecuencia una historia trágica, invadida por el pecado y fortalezas, para llevar a otros a la protección de su divino poder y de su amor. Todo para su gloria y propósito.
NOTAS
1. Departamento de Salud y de Servicios Humanos de los Estados Unidos. Red de Prevención de Abuso de Drogas (2007).
2. Centro Nacional sobre Adicción y Abuso de Sustancias (2001).
