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Cuando su carácter está bajo fuego:

El efecto fulminante de los ataques personales1

Por David Horner

¿Por qué la iglesia atrae a personas que creen que su responsabilidad consiste en hacer el oficio pastoral lo más difícil posible? De una manera extraña, parece que ellas piensan que es su derecho mantener a su pastor bajo constante ataque.

Para los pastores, los problemas vienen en varias maneras. Los pastores se acarrean problemas a ellos mismos a través de sus errores y fallos. Más difícil que aprender de los problemas de que somos culpables, es encontrar las lecciones que Dios quiere que aprendamos en medio del fuego hostil. Cuando nos vemos como víctimas de ataques injustos e inmerecidos, es más fácil enojarnos que ganar madurez.

El pastor sirve muchas veces como una vara iluminadora para las personas descontentas en la iglesia. Cuando reciben el título de pastor, algunos piensan que eso les da licencia para descargar sus frustraciones en nosotros. Una vez oí decir a Stuart Briscoe que “el que se atreve a levantar su cabeza sobre la multitud, está invitando al tomate”. ¿Cómo puede un pastor aprender a crecer en la gracia y el conocimiento de Cristo en ese ambiente? ¿Cómo pueden los pastores prepararse para los ataques a su carácter?

Diversas clases de Ataques

Algunos de los ataques más destructivos que enfrentan los pastores no vienen de un mundo pagano o incrédulo. Más a menudo vienen desde dentro de la iglesia. El aprender a reconocer y responder a estos ataques que agreden nuestro carácter y nuestro ministerio nos equipa para crecer con ellos, en vez de permitir que nos detengan o que obstruyan nuestro desarrollo. Al recordar mi propia experiencia y la de aquellos a quienes conozco, los ataques a nuestro carácter caen en dos categorías básicas: ataques intencionales y ataques no intencionales.

Ataques intencionales

La mayoría de los ataques contra los pastores son deliberados y no tienen propósitos redentores. Las razones tras esos comportamientos muchas veces no están claras aun para aquel que lo tiene a usted en la mira, y probablemente tiene muy poco que ver con usted personalmente. Esto no hace que el ataque sea menos doloroso cuando hieren su corazón. El decir simplemente “no es nada personal” mientras te destrozan rara vez provee mucho alivio. Nuestra consolación viene de saber que Dios promete moldear nuestro carácter a través de estas situaciones dolorosas.

Ataques personales a su carácter. Los ataques personales ponen a los pastores en el cruce donde el fuego viene a ser tan intenso que ellos se preguntan si tienen lo que se necesita para sobrevivir con el carácter de Cristo intacto. La integridad y la honradez, la competencia, el sentido común, y la humildad— han caído bajo ataque a lo largo de mi ministerio. Personas que ni me conocían ni les importaba me han acusado de todo tipo de cosas. Aun me he encontrado defendiendo mi carácter ante esos ataques.

Ataques a su estilo de predicar. Como pastor, usted invierte tiempo y energía preparando el sermón y predicando. Muchas veces es difícil mantenerse objetivo en esa parte de su ministerio. Cuando las personas critican su predicación, a menudo genera una tremenda reacción emocional. Todavía recuerdo el dolor que sentí cuando una pareja se sentó frente a mí y me dijeron “Lo siento, pero es que no veo a Cristo en su predicación”. Luego de clavar esa daga en mi corazón el comentario subsiguiente fue: “Pero no lo tome como algo personal”. ¿Qué dice a ese tipo de comentarios tan útiles?

Un pastor es un blanco fácil. Aparte de los ataques directos a su carácter, algunos lo atacan simplemente porque usted es el pastor. Su visibilidad y accesibilidad hacen de usted un blanco fácil. Las personas descontentas rara vez sienten gozo, pero están determinadas a robar el gozo a otros. Como resultado, lanzan ataques al blanco más cercano y más seguro, y los pastores muchas veces encajan en esas categorías. Lo que ellos ni intentarían en sus trabajos o entre su familia, se sienten cómodos haciéndolo mientras lo atacan. Vienen a la iglesia buscando a alguien a quien apuntar, y usted se ve lo suficientemente bien como para no reaccionar. Ahí está usted, en la puerta de la iglesia mientras ellos se marchan, o está a sólo una llamada de distancia. La oportunidad es muy grande como para que ellos la dejen pasar.

Un caso de identidad errada. Muchos ataques a pastores son mal dirigidos. Las personas tienen dificultad en diferenciar a la iglesia como un todo y al pastor como individuo. Si tienen una mejor idea de cómo debería ser la iglesia, es más fácil atacarlo a usted que a la institución completa. Ellos dirigen el ataque de la iglesia hacia usted.

Hay momentos en que los pastores se identifican con las iglesias a las que sirven. Tienen dificultad en ser objetivos cuando piensan y hablan sobre sus iglesias. Ven a la iglesia como una extensión de ellos mismos. Por la gracia de Dios, no es así como Él nos ve. Pero mientras los pastores luchen con esa asociación, estarán a la defensiva cuando las personas critiquen la iglesia o a ellos mismos.

Un caso de mala información. Otro grupo dentro de la iglesia ataca al pastor porque recibieron una mala información y no se preocuparon en verificar los hechos antes de presumir lo peor. Muchas veces he encontrado a miembros de la iglesia airados que querían reprenderme sólo para comprobar si alguien los informó mal de mí, intencionalmente o no. Aun cristianos propagarán ocasionalmente presentaciones cuidadosamente manipuladas de los hechos para alcanzar su propósito.

Un deseo de ganar control. Las personas que les complace controlar su mundo, a menudo intentan controlar a su pastor. Muchas veces se valen de halagos, manipulación o favores personales para comprometerlo. Si esto no les da buen resultado, ellos han aprendido que muchos pastores se defallecen al primer signo de ataque.

He aprendido por experiencia personal que hay personas que pierden sus principios y sus escrúpulos cuando quieren que las cosas se hagan a su manera.

Un deseo de auto elevarse. Los ataques surgen de personas inseguras que destruyen a otros para hacer que ellas se vean mejor. Como ellas no se sienten seguras de sí mismas, creen que su único recurso es forzar a otros a una postura defensiva para elevar su propio ego. Cuando un pastor se da cuenta de que la iglesia ofrece a esas personas el único lugar seguro para que ellos actúen de esta manera sin consecuencias inmediatas, le ayuda a entender por qué ellas hacen lo que hacen. No obstante, sus comentarios y denuncias hieren profundamente.

Ataques del adversario. Un último recurso de ataques intencionales en contra de pastores no debería de sorprendernos — los esfuerzos de Satanás para deshacer lo que Dios está haciendo. Las Escrituras reconocen la habilidad de Satanás para golpear en los puntos débiles y vulnerables. Pedro advierte: “Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8 LBLA). ¿Quién mejor para devorar que un pastor que ha sido llamado por Dios para guiar a las personas a una creciente relación personal con Cristo?

Por la gracia de Dios, mantenga la diligencia de la que Pedro aconseja. No venga a ser el próximo pastor inadvertido que el diablo ataque. Proteja su ministerio de los perversos esquemas del acusador de los hermanos.

Retos no intencionales

Otros retos que los pastores experimentan vienen de personas que no tienen la intención de herir a nadie con sus palabras o sus acciones, pero el efecto es el mismo. Muchas veces estas personas dicen cosas sin pensar y sin importancia sin tener en cuenta su impacto.

Constante cuestionamiento. Poco después de que la iglesia comenzó, me encontré continuamente a la defensiva con una pareja de líderes de ella. Sin importar el tema que se abordara, podía tener por seguro que uno de los dos me tendría alguna objeción. Formulaban pregunta tras pregunta en un obvio intento de retar mi liderazgo.

Cuando ellos preguntaban, yo defendía mis ideas. Parecía que ellos estaban determinados a presionar su oposición en directa proporción a la fuerza de mi defensa. Luego de una reunión con poca voluntad, ya era suficiente para mí. Cuando volví a casa los llamé y les pregunté si podíamos juntarnos y resolver esto.

Cuando nos reunimos, les dije que su continua socavación de mi liderazgo se había convertido en un obstáculo en nuestra relación. Ambos me miraban completamente asombrados. No tenían la menor idea de que sus preguntas estaban siendo percibidas como negativas. Su intención no era desafiar u oponerse. Ellos, honradamente, no querían ponerme a la defensiva o retarme. Mientras hablábamos, comencé a ver estos hombres con otra luz.

Se dieron cuenta de que tenían que aprender a cómo preguntar sin parecer que quieren descubrir lo mal hecho. Por la manera en que ellos planteaban sus preguntas, las personas sentían que estaban bajo ataque. Cuando trajimos esto a la superficie, reconocimos que somos aliados, no enemigos.

A pesar de cómo ellos plantearan sus preguntas, veía que cada uno de ellos estaba sinceramente interesado en las cosas de Cristo. Ellos hasta se preocupaban profundamente por mí en lo personal. Su actitud no intencional, y mi hipersensibilidad crearon una tirante relación en la cual me sentía atacado.

Diferencias de filosofía. A veces las personas han tratado de ayudar ofreciéndome mejores formas de cómo hacer mi trabajo. Insistiendo en un cambio de dirección y en una revisión de mi llamado ministerial, algunos me han ofrecido lo que ellos pensaban que eran alternativas legítimas del funcionamiento de la iglesia. Como pastor, veían como parte de mi trabajo el aceptar su acercamiento para que la iglesia fuera como ellos querían.

¿Estaba siendo atacado personalmente? Aunque yo sentía que sí, no lo estaba. Cuando me di cuenta de que su preocupación era filosófica, y que su intención no era de atacarme personalmente, pude entender esa preocupación en su contexto apropiado. Los ataques no intencionales traen un gran peso con ellos, pero son menos amenazantes cuando reconoces que no hay nada personal envuelto.

Evaluación legítima. Otra área de preocupación para los pastores surge de las críticas y evaluaciones legítimas de aquellos que son responsables de supervisar su ministerio. Los pastores deben rendir cuentas a alguien. En mi ministerio, el grupo responsable de supervisar al pastor son los ancianos. Cada año evaluamos el ministerio como parte de nuestro plan para crecer y aprender cómo servir a Cristo juntos. Sin importar cuántas palabras amables y afirmativas haya en nuestra evaluación, la naturaleza humana nos hace reprobar lo que creemos que son críticas negativas. Todos tenemos fortalezas y vulnerabilidades. Los pastores necesitan tanto en lo que respecta a la identificación de sus áreas de fortaleza como de las vulnerables.

Lamentablemente, aun después de orar por un corazón dispuesto a aprender y un espíritu abierto al crecimiento y al cambio, muchas veces me era difícil manejar hasta las sugerencias legítimas para mejorar. El oír con un corazón humilde puede ayudarlo a protegerse de la pérdida de este excelente recurso para su crecimiento personal. Líderes con sabiduría y discernimiento, que lo aman y abrazan el mismo llamado y visión para el ministerio, son confiables. El papel de ellos no es el de atacarlo o destruirlo, sino retarlo y edificarlo. Cuando mal entendemos sus intenciones, invitamos a la miseria. Cuando creemos que sus intenciones son saludables, podemos soportar su crítica, aunque ellos no la expresen tan cuidadosamente como querríamos. En el Salmo 141:5, David escribió: “Que la justicia me golpee, que el amor me reprenda; pero que el ungüento de los malvados no perfume mi cabeza, pues mi oración está siempre en contra de sus malas obras.” (NVI).

Los retos y ataques no intencionales consisten mayormente de comentarios y comportamientos que no son maliciosos. Prepárese para lo inevitable de tener que lidiar con ellos aprendiendo a presumir lo mejor y a dar el beneficio de la duda el mayor tiempo posible. Esto lo ayudará a mantener las cosas en perspectiva.

La manera en que manejamos los ataques a nuestro carácter y nuestro ministerio, muestra cuán conforme a la imagen de Cristo somos. Puede que haya ocasiones que usted responda bruscamente cuando los ataques parezcan implacables e injustificables. Pero el salirse de sus cabales no significa que usted va a repetirlo cada vez que esté bajo fuego.

Los ataques imprevistos pueden ser tan descorazonadores y desalentadores que muchas veces nos preguntamos si vale la pena seguir. Puede que nos preguntemos ¿quién quiere tolerar este abuso de todas formas? Pero ese no es el asunto. Lo importante es cómo hacemos que Cristo sea glorificado en nuestra reacción o respuesta. Las personas necesitan ver que es posible recibir golpes directos— sea del enemigo o no — y mantener un testimonio positivo de Cristo. La manera en que respondemos refleja la manera en que estamos creciendo en Cristo.

Preparando una respuesta sabia

Cuando los ataques vengan en su dirección, considere estas ideas:

Vea los ataques como un llamado a la oración

Cuando aumenta el fragor de los ataques, el fuego puede quemarlo o puede servirle como un llamado a llevar esa preocupación al Señor en oración. El preocuparse y obsesionarse por las causas de nuestros problemas nunca trae resultados positivos. Pero cuando recuerdo que Dios me invita a rendir toda mi ansiedad en Él y a presentar mis preocupaciones a Él en oración, entonces vengo a Él como el que está cansado y cargado y encuentro descanso en su presencia. Pronto encuentro alivio en los tiempos difíciles, y me doy cuenta del refinamiento que Dios está produciendo en mi corazón.

Encuentre cualquier semilla de verdad en lo que la gente dice

Orgulloso como soy, rara vez se me ocurre que el ataque puede penetrar bajo mi piel porque sé que lo que me han dicho tiene un elemento de verdad. Necesito pedir al Señor que me enseñe a ser honrado conmigo mismo y con los demás. La postura defensiva normal que asumo cuando estoy bajo ataque puede aislarme de enfrentar una verdad acerca de mí mismo.

Antes de retirarse o contraatacar, un mejor acercamiento o propuesta sería el de considerar la posibilidad de que ellos pudieran tener razón en algún punto en sus acusaciones contra usted. Mientras yo preparo una refutación, el Señor muchas veces me detiene lo suficiente como para hacerme entender las verdades que Él no quiere que me pierda.

Rehúse considerar a nadie como su enemigo— reúnase con esa persona, si es posible

Los pastores guían y alimentan todas sus ovejas, no sólo las que son buenas y cooperadoras. El Señor no nos deja espacio para que acumulemos enemigos. Aun si aquellos quienes nos causan problemas intencionalmente nos consideran como enemigos, debemos rehusar reciprocar su hostilidad.

Cristo ofreció una manera de lidiar con nuestros enemigos — amándolos. Si es posible, reúnase con sus asaltantes. También invite a otras dos o tres personas que amen a Cristo. El meditar en una solución divina hace mucho más que sólo restaurar la paz. El ver a enemigos reconciliados muestra el poder del amor y del perdón de Dios a las demás personas que no están acostumbradas a ver el amor en medio del conflicto.

No lleve el problema al púlpito

En más de una ocasión me he visto tentado a inyectar unas cuantas palabras en mis sermones acerca de situaciones problemáticas que estaba enfrentando. Muchas veces cedía a la tentación y hacía algunos comentarios encubiertos — declaraciones públicas sutiles para vindicarme. Sin llegar a ser completamente tonto ni totalmente ingenioso, nunca decía lo suficiente como para que se dieran cuenta de lo que estaba hablando, y muchos quedaban preguntándose de qué se trataba. Como el asunto era confidencial, nadie debía saber. Al mirar atrás me di cuenta de que probablemente estaba tratando de que la gente hiciera causa común conmigo en el problema, de manera que estaba abusando del poder del púlpito y deshonrando el privilegio de predicar. Mantenga las cosas tan privadamente y confidencialmente como sea posible.

Mantenga una perspectiva equilibrada del tamaño del problema

Los pastores no pueden desdeñar los ataques, pero estos ataques no tienen que dominar su vida y ministerio. Al principio de mi ministerio le creía a un atacante cuando me decía: “Lo que estoy diciendo no es sólo mi opinión. Muchas otras personas están de acuerdo conmigo”. Por lo general eso no es cierto. Pero si pensaba que era cierto, me volvía paranoico acerca de quienes eran esas otras personas, qué tanto se había expandido esa opinión, y por qué nadie más decía nada.

Habrá tiempos cuando el problema será mayor de lo que pensamos. Hasta que sepa si eso es cierto, trate a las críticas y a los ataques como incidentes aislados a los cuales debe dirigirse. No los trate como crisis mayores que demandan la suspensión de todo lo demás que está haciendo hasta que los resuelva.

MantÉngase buscando a Cristo

Por la gracia de Dios un pastor puede prevalecer en tiempos de problemas por el poder de Jesucristo. Pablo nos dice que debemos regocijarnos siempre. Cuando vienen los tiempos difíciles, no permita que nada le robe su gozo mientras usted se dedica a seguir el mandamiento de “buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.” (Colosenses 3:1 LBLA). El himnólogo lo describe bien: “Las cosas de la tierra crecerán extrañamente oscuras a la luz de su gloria y gracia”.

David Horner, senior pastor, Providence Baptist Church, Raleigh, North Carolina

 

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