Reponerse del maltrato emocional
¿Por qué aquellos a quienes hemos ministrado, aconsejado, y animado, por quienes nos hemos sacrificado, orado, habrían de volverse contra nosotros?
Por Don Detrick

Tal vez maltrato es un término demasiado fuerte; pero, tal vez no. Quizás usted ha sido forzado a tragar las píldoras amargas de comentarios y comportamientos cáusticos de aquellos en que usted confió que lo protegerían de ellos. Quizás esos encuentros le dejaron sintiéndose debilitado, desalentado, y desilusionado con el ministerio en general, y cierta gente en particular. Usted no está solo.
El maltrato emocional con demasiada frecuencia se sufre en la iglesia. Los líderes abusan de su posición o poder, a veces involuntariamente o hasta sin saberlo. Ellos hacen comentarios que irritan y contagian el resentimiento en aquellos a quienes Dios los ha llamado a servir. Aun más espantoso son aquellos que de manera premeditada inoculan veneno sarcástico o crítico en sus víctimas; veneno que a la larga drena el entusiasmo y la visión de una persona con potencial. En otras ocasiones los laicos que buscan posición y poder atacan a líderes que están en su camino. Otros tratan de reforzar sus propias inseguridades destruyendo la autoimagen de otros. Si usted ha sufrido tal abuso, sabe que no se siente bien.
“¿Por qué no puedes hacer nada propio? Cuando yo tenía tu edad, nunca decepcioné a mis padres. Nunca servirás para nada.” Las lágrimas llenaron los ojos del joven, su cara enrojeció de vergüenza, y su corazón hervía de ira hacia su detractor. ¿Por qué su padre no podía aceptarle como él era y ver sus puntos buenos? Él se esforzó duramente –él realmente lo hizo– pero sólo tenía doce años. Sus esfuerzos más animados para complacer a su papá por lo general se encontraban con: “¿Es eso lo mejor que puedes hacer?”
Aun cuando la mayor parte de hijos de su edad habría dejado de esperar algo que no fuera crítica y dureza de esta clase de padre, profundamente dentro de sí Jason esperaba que algún día su padre lo aceptara. Él deseaba que su padre expresara alabanza o aprecio por sus logros. Aun cuando Jason se siguiera esforzando cada vez con más ahínco, la afirmación que él esperaba siguió siendo un sueño evasivo. Esto lo llevó a desilusión adicional, resentimiento, y aversión de sí mismo: un círculo vicioso.
Pero eso fue hace más de treinta años. ¿Por qué siguió recordando ese incidente y muchos otros como ese? ¿No debería él ser capaz de aceptar el hecho de que su padre era el fracasado, no él? ¿No debería él haber terminado con ello ya?
“Pastor, estamos listos para que usted vuelva a la reunión de la junta directiva”. Eileen servía como la contable de la iglesia y era la única mujer parte de aquel grupo. Sus palabras interrumpieron su reminiscencia de melancolía. Él había estado esperando en su oficina mientras la junta de la iglesia se encontraba reunida en la sesión ejecutiva. Ellos se habían reunido para la revisión anual de su sueldo y el desempeño de trabajo.
El registro de trayectoria de diez pastores de la Comunidad de Fe durante los 25 años pasados hizo poco para estimular sus espíritus decaídos. En el pasado la junta había despedido a pastores cuando sus miembros sintieron que las cosas salieron mal. Jason se había convencido de que él sería la excepción a la regla. La junta había sido específica respecto el deseo de cambiar sus modelos disfuncionales e instrumentar cambios para facilitar el crecimiento y alcanzar su comunidad. Bob, el diácono principal, había sido influyente en la contratación de Jason. Al principio de su ministerio en la Comunidad de Fe, Bob había hecho un esfuerzo especial de animar y congratular su liderazgo. Recientemente, sin embargo, Jason había notado que los elogios de Bob venían con menos frecuencia. A veces Bob hasta parecía irritado con él. Últimamente, cuando Jason trajo propuestas para poner en práctica un cambio significativo en la junta, éstas fueran recibidos con abierta resistencia, y a veces, con absoluto desdén, aun de Bob.
Estos factores convergieron en la mente de Jason cuando él afrontó su revisión anual, atizando su ya elevada ansiedad e inseguridad. A pesar de sus mejores intenciones, él se sintió preocupado porque su evaluación anual le recordó sus interacciones de adolescente con su padre. Aunque él hubiera hecho bien los dos años pasados, Jason temió que la junta citara la falta de crecimiento de la congregación y otros factores negativos como motivos para negarle un aumento de sueldo.
Él podía sentir la tensión cuando tomó su asiento entre los líderes elegidos de la iglesia. La junta había seleccionado a Bob para comunicar sus deliberaciones. “Pastor, lo amamos. Hemos concluido, sin embargo, que al parecer usted no tiene lo que se requiere para hacernos avanzar. No podemos hacer caso omiso de lo que ha estado pasando en nuestra iglesia. Algunas familias se han marchado ya, y hemos hablado con otros que amenazan con marcharse a menos que haya un cambio del liderazgo. Esto es difícil de enfrentar. Hemos votado y creemos que lo mejor sería que usted renunciara. Para hacer la transición tan fácil como sea posible pagaremos su sueldo hasta el fin del mes.”
Muchos pastores han experimentado situaciones y sentimientos similares. He oído sus historias, sentido su dolor, y orado por su sanidad del maltrato emocional. Estas historias angustiadas no son exclusivas a una generación o género. Aunque las circunstancias puedan ser distintas para cada pastor, la mayoría ha experimentado algún nivel de maltrato emocional de colegas, miembros de la familia, o aquellos a quienes ministran. A menudo las experiencias negativas pasadas exacerban la agitación emocional del presente.
Los pastores principales a veces maltratan a pastores asociados con una acerba crítica de sus comportamientos o ideas, o ellos los marginan y devalúan cuando rehúsan escuchar. Algunos ministros maltratan a su cónyuge o hijos sacando sus frustraciones en casa, en vez de resolver sus frustraciones con la gente con quien ellos se sienten frustrados.
Como Jason, muchos ministros sufren el maltrato de aquellos a quienes sirven. Otros ministros se sienten maltratados debido a comentarios irreflexivos o prácticas relacionadas con su pertenencia étnica o género. Similar a una familia, las dinámicas de la iglesia crean un ambiente para relaciones que pueden ser satisfactorias o dolorosas.
Para tratar la recuperación del maltrato emocional, entrevisté a casi 30 ministros acerca de su recuperación. También he usado mis 35 años de ministerio como un empleado, consejero, pastor principal, y funcionario de la denominación. Resumo mis conclusiones citando a un ministro que ha experimentado el maltrato emocional: “Pienso que la recuperación del maltrato emocional es multifacética y probablemente distinta para cada persona. Más bien que una serie de seis pasos fáciles a la recuperación, parece más adecuado considerar la recuperación como una matriz, con un grupo diverso de comportamientos o pasos de acción, todo lo cual contribuye a una sana recuperación.”
Lo que sigue no son pasos que garantizan la recuperación, sino varias sugerencias que pueden contribuir a la salud emocional y a la recuperación del maltrato. Algunas tienen una connotación negativa; otras, positiva. No las ofrezco como los únicos componentes de una matriz de sana recuperación emocional. En cambio, ellas pueden proporcionar perspectiva y un buen punto de partida para vivir una vida emocionalmente sana.
No sea paralizado por el miedo, la culpa o la vergÜenza
¿Ha despertado alguna vez con un sudor frío de una pesadilla en la cual usted estaba en una situación aterradora, pero incapaz de moverse? Un enfrentamiento abusivo puede dejar a un pastor en un estado de conmoción emocional. Si él es incapaz de tratar racionalmente el suceso, las circunstancias pueden paralizarlo. Él se siente impotente de estar ante el abusador o hasta de reconocer el maltrato.
Cuando un pastor trata de minimizar su dolor diciéndose que no debería sentirse de este modo, sólo multiplica su sufrimiento emocional. Él puede mezclar el maltrato con sus propios sentimientos de culpa o de vergüenza. Él puede pensar: si yo fuera una persona buena, esto no me pasaría. Debe ser en parte mi culpa. Es recomendable y bíblico asumir responsabilidad por su participación en cualquier conflicto. Un pastor, sin embargo, debe recordar que nadie merece el tratamiento abusivo. Evite reconocer más responsabilidad de la situación que en forma legítima le pertenece a usted.
Adopte medidas para avanzar
Recuerde Romanos 12:18 mientras trata de encontrar la solución a un conflicto con una persona abusiva: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres”. Pablo amplía la gracia para ayudar a los creyentes a comprender que puede no ser posible vivir pacíficamente con todos. Si un abusador no está dispuesto a reconocer o cambiar su conducta, la resolución más sana podría ser aceptar esto y alejarse de esa persona. Esto en particular es verdad cuando usted ha hecho su parte para procurar una resolución pacífica.
Un pastor puede comenzar a moverse hacia una sana recuperación reconociendo que sus sentimientos son válidos y volviéndose a ellos de frente. Mientras un pastor necesita a un experto médico para hacer un diagnóstico profesional, muchos ministros exhiben señales de desorden de tensión postraumático como resultado de sus experiencias en la iglesia. Las emociones no atendidas no desaparecen; antes bien pueden estar bajo la superficie. Estas emociones podrían reaparecer cuando un pastor menos lo espera, privándolo de energía emocional. Los pasos que él tiene que dar para avanzar pueden ser distintos en cada persona. Sin embargo, estos pasos a menudo comienzan con la determinación de recuperar y descubrir soluciones.
Busque ayuda para tratar con asunto pasados y presentes
Un ministro puede ser capaz de separarse de un abusador o de una situación abusiva, pero los recuerdos y los efectos emocionales a menudo persisten mucho tiempo más allá de los acontecimientos dolorosos. Si él se encuentra de una forma obsesiva e involuntariamente repasando los recuerdos traumáticos, tiene que encontrar a un confidente o consejero de confianza para que lo ayude a tratar su angustia. Los ministros realmente experimentan desafíos emocionales y psicológicos, y no deberían avergonzarse por admitir esto o por buscar ayuda profesional.
En el pasado algunos líderes de la iglesia desdeñaron o hasta vilipendiaron la orientación como no espiritual o como exposición de una falta de fe en el poder de Dios para liberar. Una perspectiva tan radical como ésta, sin embargo, puede causar dolor emocional y sufrimiento, y en casos extremos ser abusiva. En su libro, Emotionally Healthy Spirituality (Espiritualidad emocionalmente sana), Peter Scazzero enumera varios síntomas de la espiritualidad emocionalmente enfermiza. Éstos incluyen:
- No hacer caso de las emociones de ira, tristeza o miedo.
- Negar el impacto del pasado en el presente.
- Dividir nuestra vida en compartimentos seculares y sagrados.
- Espiritualizar el conflicto.
- Cubrir nuestro quebranto, debilidad o fracaso1
Preventivamente protÉjase usted y su familia de los abusadores
En su libro, Antagonistas en la Iglesia, Kenneth C. Haugk identifica las características de un antagonista. En muchos casos, un antagonista sería sinónimo de un abusador. Él declara: “Los antagonistas son individuos que, basándose en pruebas no sustanciales, hacen un esfuerzo especial para hacer demandas insaciables, por lo general atacando a la persona o el desempeño de otros… derribando en vez de construir, y con frecuencia se dirigen contra los que están en una posición de liderazgo.”2
En el Salmo 41:9, David describió su abuso a manos de sus asociados. “Hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo me ha puesto la zancadilla”. (NVI) La gente que a menudo es rápida para unirse con un pastor o adoptar una nueva idea finalmente se mueve de aliado a agresor. A veces, ellos cambian de la noche a la mañana de defensor a opositor. Quizás es así porque el pastor no tuvo cuidado al hacer de la persona un confidente, o el antiguo aliado tiene un trastorno de relación o de modelo en su vida. Cualquiera que sea la razón, el dolor de la traición y el abuso provoca reacciones emocionales fuertes.
David estaba perplejo, y a menudo lo están los pastores. ¿por qué aquellos a quienes hemos ministrado, aconsejado, y animado, por quienes nos hemos sacrificado, orado, habrían de volverse contra nosotros? Esta pregunta no tiene ninguna respuesta plausible. No podemos esperar comprender sus comportamientos extraños o abusivos, pero podemos perdonar y avanzar. También podemos adoptar medidas apropiadas para protegernos del daño adicional de parte de estas personas.
Un pastor también tiene que estar alerta a tendencias abusivas en su propia vida. Ya que la persona que ha sido perjudicada tiende a dañar a otras personas, sea en particular sensible de como reacciona emocionalmente a circunstancias provocativas. Esto es cierto sobre todo con su propia familia. Incorpore su ayuda dándoles permiso de señalarle si usted comienza a moverse más allá de límites emocionales sanos con ellos. Mediante el diálogo abierto antes de que un problema emerja, usted puede prevenir esta posibilidad.
Desarrolle una sana perspectiva sobre las tribulaciones y su respuesta a ellas
Los ministros a veces ven cada dificultad por la lente de la lucha espiritual. Mientras un pastor no debería desconocer de la realidad de la experiencia de Job o Efesios 6:12, es un error leer demasiado en nuestras propias circunstancias. Los pastores a menudo sufren porque ellos viven en un mundo caído entre gente caída. Vivir una vida sin conflicto en un mundo muy conflictivo es imposible.
Un pastor nunca debería trivializar el sufrimiento propio o ajeno. El análisis subjetivo de un pastor a menudo pone un mayor énfasis en la naturaleza inmerecida de su sufrimiento mientras que trata de proporcionar razones analíticas objetivas del sufrimiento de otros. Él a menudo es tentado a exponer sus cicatrices de batalla y compartir sus más insoportables cuentos de automartirio. Un pastor, sin embargo, debe evitar la compañía de personas que se solazan con hablar de su miseria, a la vez que reconoce que las conversaciones con otros que han experimentado el dolor y están en el camino a la recuperación pueden ser saludables y terapéuticas. Concediendo la gracia de escuchar a otros, un ministro puede experimentar la sanidad.
Parte de una sana recuperación está en el reconocimiento de que el futuro de alguien está en el futuro, no en su pasado. Los recuerdos y las experiencias pasados –tanto buenos como malos– influyen en todos. Pero un pastor debe reconocer que su pasado no necesariamente representa su futuro. Él puede tener una visión más prometedora del futuro concentrándose en los propósitos de Dios y en su intervención en su vida. Las palabras proféticas de Jeremías proveen a los pastores una visión irresistible: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11).
De manera premeditada haga espacio para el gozo en su vida
Cuando un pastor consume su energía emocional simplemente tratando de existir, hay poco espacio para la alegría. El maltrato emocional puede privar a un ministro de su sentido del humor, de optimismo, y de confianza en otros.
Un pastor tiene que aprender a planear el presupuesto de su energía emocional limitando actividades e interacciones con la gente que lo priva de la fuerza y lo deja sintiéndose vacío. Puede encontrar consuelo en escribir en un diario sus experiencias, en particular cuando mira hacia atrás y ve su dolor emocional desde el asilo seguro de la recuperación. Reconocerá entonces la bondad del Señor en traerle a través de una experiencia horrorosa.
Un pastor puede rellenar su suministro mermado de gozo comenzando con las pequeñas cosas que puede gobernar, no los grandes asuntos que no puede administrar. Él puede cultivar el aprecio por los pequeños regalos de los cuales puede disfrutar, como vislumbrar a un ave vistosa o disfrutar una comida favorita. Una vez que él es capaz de concentrarse en pequeñas instantáneas de alegría, con el tiempo encontrará más fácil recobrar el entusiasmo por el panorama total de la vida.
Los ministros tienen que nutrir relaciones sanas, buscar una afición, y procurar modos de divertirse. La palabra clave es acción. Comience un programa de ejercicio. Dios creó una correlación entre el estado físico, emocional, y mental de una persona. Los pastores pueden considerar hacer algo que les ha traído alegría en el pasado, o que ellos a menudo han soñado hacer. En lo posible, los pastores tienen que rodearse de personas alegres, optimistas, que comparten una visión prometedora del futuro y puedan animar su fe en el Señor.
No haga caso omiso de la verdad de Proverbios 17:22: “El corazón alegre constituye buen remedio”. Por lo general, las personas en el ministerio que han sufrido el maltrato emocional no son personas amargadas. Ellos han decidido tomar las medidas necesarias para reponerse de su abuso emocional y limpiar la amargura de su corazón. La dulzura de Jesús es el mejor antídoto para reponerse del maltrato emocional, y sabe mucho mejor que una píldora azucarada.
Notas
1. Peter Scazzero, Emotionally Healthy Spirituality [Espiritualidad emocionalmente sana] (Nashville: Thomas Nelson, 2006), 24.
2. Kenneth C. Haugk, Antagonists in the Church [Antagonistas en la iglesia] (Minneapolis: Augsburg, 1988), 59.
