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Estrategias para un término saludable:

Cómo saber cuándo es tiempo de avanzar y de prepararse mejor para ello.

La habilidad de un pastor para determinar si debiera continuar en su presente lugar de ministerio o dejarlo, será para él lo que signifique la más severa prueba de sabiduría.

Por T. Ray Rachels

Max DePree, presidente emérito de Herman Miller, Inc., un miembro del Salón de la Fama Nacional de Negocios de la revista Fortune, autor de Leadership is an Art, y un cristiano, dice: “La tarea fundamental del liderazgo es definir la realidad, y decir gracias una y otra vez”. Estos ingredientes son profundos para personas que están en el liderazgo pastoral.

La habilidad de un pastor para determinar si debiera continuar en su actual lugar de ministerio o si dejarlo, será lo que con mayor frecuencia ponga a prueba su sabiduría.

Los buenos tiempos en el ministerio no tienen el mismo cociente de Richter como los tiempos de conflicto. Los buenos tiempos se manifiestan cuando la asistencia a la iglesia, las ofrendas, la buena voluntad de la congregación, y la vida espiritual están en su punto más alto. Esto es el nirvana pastoral. Y a menos que se levante una situación desacostumbrada, o que la voz de Dios para que dejes tu pastorado sea inequívoca, es probablemente mejor para ti que sigas desarrollando tu obra en el lugar en que estás.

Pero, ¿y si esos elementos positivos no están presentes donde tú estás sirviendo? ¿Será tiempo de salir? ¿Cómo sabe uno cuando es el tiempo apropiado? Y, ¿cómo deja uno en forma apropiada un ministerio cuando las relaciones han fracasado y el espíritu de uno está herido? Definir esa clase de realidad negativa y luego dar pasos positivos (si es posible darlos) puede requerir la habilidad espiritual de un Bernabé.

Durante muchos años Roy Oswald dirigió los Estudios de Preparación y de Campo en el Instituto Alban de Washington. Estos estudios proveen recursos para los ministros del Señor y las congregaciones. Oswald dice que conocer la historia y el trasfondo de una congregación es un factor importante para determinar si un pastor, cuando es atacado, debiera renunciar o permanecer. Por ejemplo, si una iglesia ha resuelto siempre sus problemas despojándose del liderazgo, forzar la salida de otro pastor no contribuirá a solucionar sus problemas. Eso simplemente repite el ciclo negativo. A veces los pastores deben permanecer allí con el apoyo de su denominación.

Supongamos, sin embargo, que usted no puede captar las señales de advertencia y le piden que renuncie. ¿Qué sucede en tales circunstancias? ¿Cómo se recupera usted de tal situación?

Cuando se le pide que renuncie

Oswald cree que los pastores despedidos quedan profundamente heridos. Con frecuencia esto da inicio a una espiral descendente, la que en ocasiones termina en divorcio. Estos pastores pueden haber descuidado su propio crecimiento y el bienestar de su familia. A pesar del impacto emocional, un pastor debe buscar una respuesta objetiva a esta pregunta: ¿tengo yo aún un ministerio válido? Considere la siguiente situación.

Las circunstancias cambian, y aun después de una prolongada permanencia de un pastor en una iglesia, la congregación quiere un cambio en el liderazgo. A veces el pastor no ha hecho nada malo. La situación tiene que ver más que nada con inquietud dentro de la iglesia, y con la noción de que el nuevo liderazgo traerá ideas frescas.

Tuve oportunidad de presenciar la manera en que un pastor enfrentó una situación así después de haber servido por 20 años en una muy buena iglesia. Él no era culpable de inmoralidad. No había despilfarrado los fondos de la iglesia. La primera señal de un movimiento sísmico vino sin aviso. La directiva le dijo que habían perdido confianza en su liderazgo.

Este pastor respondió diciendo a la directiva que había gastado años tratando de edificar la iglesia y que no gastaría ni un solo día en perjudicarla. Se iría tranquilamente y en los domingos últimos de su ministerio procuraría hacer las cosas de la mejor manera posible. Le hizo ver a la directiva que cualquier consecuencia negativa sería de responsabilidad de ellos.

Cuando la directiva procuró también hacer las cosas en buena forma y poner la mejor cara ante la partida del pastor, les resultó increíblemente difícil responder a las preguntas que estaban haciendo los miembros de la congregación. En vez de presentar una lista de sus quejas, la directiva permaneció en silencio. Ellos no deseaban dar a conocer los asuntos que les llevaron a solicitar la renuncia del pastor, pero se encontraron en una situación incómoda al tratar de calmar la intranquilidad dentro de la grey. Aun los planes para una celebración de despedida estuvieron llenos de tensión. Algunos exigían respuestas, y cuando no las obtuvieron dejaron la iglesia. Las ofrendas disminuyeron. Otros miembros del equipo pastoral perdieron su enfoque en la misión de la iglesia. Los cultos llegaron a ser notoriamente pesados y la especulación echó raíces cuando los rumores se hicieron presentes ante la falta de explicaciones.

Pautas para dejar el pastorado

Wayne Kraiss, quien fuera presidente de Vanguar University y que ahora es pastor interino en iglesias que están en transiciones difíciles, ofrece pautas a los pastores acerca de cómo dejar su puesto de la mejor manera. Él sugiere que estas acciones conferirán mayor poder a su legado, y que probablemente constituirán el más importante sermón que usted predique a la iglesia.

No ataque a la directiva ni a ningún grupo en la iglesia, aun cuando sienta que ha sido tratado injustamente.

No falte a la verdad, diciendo a la iglesia que usted siente que es la voluntad de Dios que deje la iglesia, cuando no es así. Eso entra en conflicto con todo lo que haya dicho y enseñado.

No gimotee ni actúe como si fuera víctima de un complot. Aun cuando le parezca que el proceso ha sido una injusticia, siga el ejemplo de poner la otra mejilla y de entregar su capa.

Diga a la congregación que los ama y que desea lo mejor para ellos y para la iglesia.

Sea un pacificador. Diga a la congregación que desea dejarles un ejemplo de cómo debe actuar un pacificador. Hágales saber que la juventud de la iglesia les está observando. Esta es la más importante oportunidad de enseñanza que usted pueda haber tenido en todos los años de su ministerio. Procure que sea para bien.

Comparta su dilema con la directiva y la congregación. Dígales que usted está comprometido a ser un pacificador. Es mejor no discutir algunos asuntos y no responder algunas preguntas. Recuérdeles que aun Jesús dijo a sus discípulos que había cosas que a Él le hubiese gustado compartir con ellos, pero que ellos no estaban en condiciones de sobrellevarlas.

Póngase en contacto con el liderazgo de su distrito y comparta abiertamente los hechos con ellos. Si necesita alguien con quien abrir su corazón, hágalo con ellos. Si necesita alguien que le consuele, permita que sean ellos quienes lo hagan. Si desea estar seguro de que la gente sepa que no hizo nada malo, dígaselo a ellos.

Aconseje a la directiva que soliciten ayuda del liderazgo del distrito. Este es un momento muy crítico en la iglesia. El liderazgo del distrito puede ser una extraordinaria bendición, tanto para usted como para la congregación.

Nunca use el púlpito para tratar de justificarse. Exalte a Cristo y predique de lo mucho que Él ama a la iglesia y del gran deseo de Él de ver a la iglesia creciendo. Recuerde algunas de las promesas de Dios de nunca dejarnos u olvidarnos. Recuerde a los perdidos de la comunidad que necesitan una iglesia fuerte y vibrante. No olvide que la gente de la congregación tiene sus propios problemas y no debiera venir a la iglesia a oír acerca de todos los problemas que tiene la iglesia o de los asuntos personales suyos.

Pida a la directiva que se incorpore a grupos de oración transicional. Es difícil lanzar piedras muy lejos de sus rodillas. Mientras usted permanece en la iglesia, provea listas de oración para los grupos que sean usadas cada semana. Confeccione las listas de modo positivo, y enfocadas en el futuro. Nunca las use para filtrar información respecto del injusto tratamiento que ha recibido.

Aconseje a la directiva que elijan un moderador que les dirija durante su ausencia, si es que ya no tienen uno. Consulte bien los reglamentos para ver el proceso de transiciones pastorales y para ayudarlos a organizarse para tal fin.

Comente sobre el tiempo más apropiado para dejar la iglesia. Por lo general, lo más pronto, mejor. No elabore demasiado el proceso ni lo alargue. Dé a la iglesia una oportunidad para planificar una despedida y para organizar la transición, pero luego deje el camino despejado. Considere también los períodos de estudio de sus hijos.

No tome bajo su responsabilidad proveer el próximo pastor con una lista de personas en las cuales usted confía. El próximo pastor puede buscar su asesoramiento, pero usted no lo ofrezca. Es mejor no intentar disciplinar a la iglesia durante este tiempo. Deje eso al distrito o a la directiva de la iglesia una vez que usted haya convenido en partir. Cualquier cosa que usted intente hacer en esta área por lo general causará daño. Hay con frecuencia dos lados en la mayoría de las historias.

Sugiera a la iglesia que nombre un pastor interino. Dependiente del tamaño de la iglesia, esto puede ser una gran ayuda para la directiva y la congregación. Puede proveer tiempo para sanidad. Un cambio repentino es duro en una congregación y con frecuencia es duro también para el pastor que asume.

Ore por gracia. Pida al Señor que quite toda amargura, enojo o disgusto de sus labios y actitud. Pida tener un corazón puro.

Ministre a su cónyuge y familia. Este es un tiempo peligroso para usted y su cónyuge. No inflame la situación echando todo su enojo y amargura sobre su familia. Ellos necesitan estímulo y confianza en la gracia de Dios, y guía. Tenga cuidado con sus palabras y acciones si es que tiene hijos en la casa pastoral. No permita que otros los conviertan en cínicos y rebeldes. Protéjalos, como un pastor protege su rebaño. Condúzcalos a aguas reposadas y a pastos verdes.

Busque un nuevo lugar para la familia. Por muy difícil que sea para su familia, confíe en la gracia de Dios y retírese del lugar. Esto favorecerá grandemente la sanidad para usted y los suyos. Usted creará mucha más buena voluntad haciendo abandono del lugar que permaneciendo donde la gente esté llegando constantemente y donde ellos le pregunten frecuentemente dónde están ustedes adorando.

Recuerde a la directiva y a la congregación que todos votarán sobre el nuevo pastor. En la mayoría de las congregaciones es la minoría la que emite su voto. El resto de la congregación usará su billetera y sus pies.

Un buen cierre

Alguien pidió a Roy Oswald que diera un ejemplo de un pastor que hizo un buen cierre. Él respondió: un amigo mío, en una iglesia cerca de Washington D.C., aceptó un llamado de Michigan. Antes de irse, nos sentamos con una grabadora y le pregunté qué era bueno respecto de este ministerio, qué había sido penoso, y qué cosas había tenido que dejar que sucedieran. Él expresó en esa entrevista sentimientos que lo sorprendieron a él mismo.

Distribuimos la transcripción de esa entrevista a la directiva de la iglesia. Sus cándidos comentarios los animaron a ellos a ser cándidos también. Él estableció una atmósfera saludable visitando a personas clave.

Antes de su partida, la congregación tuvo un asado en su honor. Con humor, drama, y canciones, ellos recordaron su conducta – era un pésimo administrador, nunca estaba a tiempo, con frecuencia era un atolondrado. Todo esto salió, pero el tono con que se expresó fue positivo: “Valía la pena, porque usted es una persona amorosa y lo vamos a echar de menos”.

El cierre es importante, aun con las personas que puedan haber firmado una petición en su contra. Usted puede aprender mucho si pregunta a esta gente: “¿En qué punto esta relación se desvió?” y “me gustaría que ustedes oyeran mi punto de vista antes que me vaya”.

Sin importar cuál sea la situación, todo pastor tiene quienes lo apoyan. Estas personas se sentirán afectadas por lo que hizo la congregación, y el pastor necesita tener un cierre con estas personas también.

La profundidad espiritual hace la diferencia en todas las batallas pastorales. La única manera en que un pastor puede negociar a través de estos tiempos difíciles es tener un hondo sentir de que Dios cuida de él y que está nutrido por la gracia de Dios. El pastor debe estar convencido de que la Iglesia pertenece a Jesús, y que él es el siervo de Cristo.

William H. Willimon es decano de la capilla y profesor de Ministerio Cristiano en la Universidad de Duke. En su libro, Calling and Character: Virtues of the Ordained Life (Llamado y carácter: virtudes de la vida ordenada), dice: “Pablo pasó mucho de su tiempo pastoral intentando servir de árbitro en riñas de congregaciones. En 1 Corintios él suplica que haya amor y unidad entre los bautizados. Les dice que todos son miembros de un cuerpo. Los alienta a que estén de acuerdo en el Señor.

“Pero es claro que hay una cosa que Pablo valoriza aun más que la unidad, la paz, y el amor: el evangelio. La comunidad puede ser demoníaca. No todas las comunidades unidas e internamente amorosas son fructíferas. Aun mejor que la comunidad es el evangelio. El evangelio, para Pablo, significa la cruz y la resurrección, y tal vez de manera predominante, la Cruz. Por causa del evangelio de crucifixión, Pablo estuvo dispuesto a provocar división, a dar nombres, a condenar, a acusar, y a juzgar. Pablo me hace recordar que como pastor yo debo estar atado a algo más importante que la paz y la armonía, si es que he de ser fiel a mi vocación”.

TÉrmino de contrato para pastores de personal

¿Y qué decir del pastor de personal que está viéndose forzado, o así le parece –por causa de desacuerdo o de una relación poco grata con el pastor principal– a renunciar?

Las señales de advertencia para pastores de personal por lo general son inequívocas. Pueden incluir:

Cuando estas señales se convierten en problemas visibles, es tiempo de hacer ajustes. Usted simplemente no puede perder el respeto por su pastor y permanecer en eficiencia. Si sus razones son válidas, podría ser tiempo de renunciar, pero asegúrese de que sus juicios están basados en algo sustancial y no meramente en diferencias de opinión. Lo propio que se debe hacer cuando su relación con su pastor principal está naufragando es tener con él una conversación bien pensada y respetuosa. Tolerar la frustración prolongada y la angustia emocional hacia su líder causa cinismo y amargura. El corazón limpio para el ministerio llega a ser tóxico; sus palabras y actitudes traicionan las sombras de su alma; y sus oraciones y sueños para servir al evangelio y a la gente experimentan pérdida.

En el entretanto, y mientras el Señor está ayudándolo a formular una respuesta para su dolor que honre a Cristo, exprese sus inquietudes en oración y paciencia.

¿CuÁndo debiera renunciar un pastor?

He sido inspirado por los escritos de Gordon MacDonald, cuya experiencia pastoral abarcó cinco iglesias en 38 años. Él pastoreó la Grace Chapel en Lexington, Massachusetts, en dos ocasiones. Él habla de decisiones de renuncia:

¿Cuándo debiera renunciar un pastor? ¿Qué señales podrían estar presentes, bien con la congregación o en su propia vida que sugieran que es tiempo apropiado para una decisión de renuncia? MacDonald ofrece siete consejos.

1. Incompatibilidad. Buena iglesia, buen pastor, pero un mal acomodo. La congregación necesita una forma de liderazgo pastoral que el pastor actual no tiene.

Tomemos, por ejemplo, al pastor que desea usar los recursos de la iglesia para alcanzar a la gente fuera de ella, en tanto que la gente que ya está dentro de la iglesia desea concentrarse en mantenerse tranquilos en el lugar donde siempre hemos estado y con lo que siempre hemos tenido. Desconfianza, luego enfrentamiento, es inevitable.

2. Inmovilidad. Un sistema congregacional frustrante, osificado, que está entrampado en un remolino eclesiástico – una gran cantidad de movimiento programático pero poco sentido de dirección. Este sistema neutraliza sagazmente al liderazgo fresco. En esta situación, la congregación es una comunidad cerrada en que la iglesia es un medio para satisfacer las necesidades sociales de sus constituyentes.

3. Transición de organización. Las organizaciones saludables alcanzan, de manera inevitable, puntos de crecimiento en donde una nueva clase de liderazgo resulta necesario. MacDonald dice que no todos los pastores pueden adaptarse de manera apropiada a los cambios y nuevos procedimientos. Un pastor sabio y humilde aprende dónde puede desempeñar mejor su ministerio.

4. Estancamiento. Los pastores en crecimiento desarrollan sus dones y capacidad de liderazgo. Cuando una congregación permanece en el camino, o de algún modo impide el crecimiento personal de su pastor, el resultado será aburrimiento y mediocridad para todos. Pero cuando la congregación manifiesta su apetito por seguir una visión que honre a Cristo, con predicación sólida y bíblica, es cuando se produce o suscita un avivamiento.

5. Fatiga. La vida de un pastor tiene una descripción de tareas de 24/7. Él debe establecer límites, pero con frecuencia no lo hace. Sin embargo, llega el momento en que sus baterías se descargan. Resulta extenuado; no puede complacer a todos; ¿y quién protege al pastor?

6. La moral de la familia. Lo cierto es que aquí hay expectativas irreales. El descuido del cónyuge y de los hijos resultará en una insalubre cosecha de amargura, tensión, y pérdida. Un pastor no ha ganado nada si tiene buen éxito en la iglesia y es un fracaso en el hogar.

7. El factor edad. A veces un pastor se ve tentado a permanecer demasiado tiempo en su puesto. Esto arroja una gran sombra sobre lo razonable y el buen sentido de dejar el cargo en el tiempo apropiado. No es fácil que un pastor vea esto claramente, aun cuando resulta más mal que bien si el tiempo de permanencia en el ministerio es excesivo.

MacDonald dice que el pastor que lucha anualmente con la decisión de dejar el cargo es probablemente un sabio. Él debiera dedicar algunos días para hacer un auto-examen y buscar el consejo de personas confiables y piadosas que le den su opinión sobre su cándida evaluación, basada en las metas que él se trazó previamente y en sus intenciones. Si se somete a esta disciplina, es muy posible que cuando llegue el tiempo de hacer abandono, que lo haga con la confianza que es Dios quien ha hablado, que él ha cumplido una buena labor, y que tiene nuevas oportunidades por delante.

William Willimon mencionó a un pastor que él conocía que, en una reunión de domingo, poniéndose de pie sin previo aviso en una reunión de domingo anunció que estaba dejando el ministerio. Después del impacto inicial, uno de los miembros más antiguos de la iglesia preguntó: “¿No cree usted que nos debe una explicación?”

Él respondió que había entrado al ministerio a predicar el evangelio y a prestar apoyo al pueblo de Cristo en su discipulado. Sin embargo, a través de los años su ministerio había llegado a ser poco menos que la aburrida rutina de una dueña de casa. No podía seguir soportándolo, de modo que se iba.

“¿Jamás se le ocurrió a usted que muchos de nosotros también estamos aburridos?”, insistió el miembro de la iglesia. “Ninguno de nosotros le ha pedido que predique sermones aburridos. Las cosas que usted hace en el ministerio, es lo que usted ha decidido hacer, no es lo que nosotros le hemos solicitado. Si usted tiene una idea más elevada, más interesante, o más atrevida de lo que debiera ser la iglesia, díganoslo. Algunos de nosotros creemos lo mismo que usted respecto de lo que ha llegado a ser esta congregación”.

Son muchos los pastores que acceden pasivamente a aburridas y teológicamente indefensibles formas de ministerio, que convierten su vocación en algo trivial y que les hace descuidar a su matrimonio y familia, llevándolos finalmente a la desesperación. Una tarea pastoral es formar congregaciones cuya visión de la iglesia dignifique y valide a los sacrificios que hacemos al ser pastores.

Gordon MacDonald recuerda al presidente de Wheaton College, V. Raymond Edman, hace 40 años, hablando en capilla. Edman acababa de referir de la ocasión en que él había ensayado cuidadosamente para su auditorio con el que entonces era el Emperador de Etiopía.

Su aplicación para los estudiantes, los cuales él sentía que habían llegado a una condición de irreverencia en su adoración, fue sencilla: usted debe estar siempre preparado para conducirse reverentemente en presencia del Rey de reyes.

Luego de haber dicho esto, Edman se desplomó repentinamente y cayó al suelo y murió. Habiendo hablado de entrar a la presencia del Rey, él lo hizo.

Él se fue en el momento escogido por Dios, quien, según creemos, también está atento al momento en que tenemos que partir.

Mi amigo, Bill Dogterom, dejó su congregación en el Centro Cristiano de Glendora Foothill que había dirigido durante 27 años, para llegar a ser pastor universitario, profesor asociado de Ministerios Pastorales y Formación espiritual, y moderador de Estudios de Liderazgo (Escuela de religión) en Vanguard University. Su carta de despedida a la iglesia es un modelo de gracia y sensibilidad.

“Al hacerme a un lado de mi función como pastor de ustedes, mi corazón está lleno de gratitud –para con ustedes y con el Señor. Ustedes han sido verdaderamente la mano extendida de Él para conmigo en tantas maneras durante estos 27 años. No puedo agradecer adecuadamente a cada uno de ustedes– por tanto permítanme una manera más universal de hacerlo.

“Gracias, tal vez más que nada por sus oraciones –tanto por mí como acerca de mí. Me he beneficiado de un equipo de hombres y mujeres que se han reunido regularmente los jueves por la mañana, y más recientemente los domingos por la mañana, para orar. No hay un ministerio más importante, y les agradezco por su fidelidad.

“Gracias por procurar un lugar seguro para mi familia. Aun cuando los niños de los pastores nunca pueden escapar totalmente de su identidad, esta ha sido la iglesia de nuestros hijos –y de la familia– y ha sido un lugar de paz para ellos. Gracias por amarlos como son, sin exigencias –pero con estímulo. El cuidado que ustedes han mostrado a nuestros hijos nos ha ministrado más de lo que somos capaz de expresar.

“Gracias a todos ustedes que han servido en la directiva durante años. Estoy agradecido por su disposición a arriesgar la clase de comunicación abierta y de comunidad que son parte de lo que significa estar en el reino de Dios tal como está expresado aquí. Su compromiso tranquilo y fiel de orar y de hacer a veces tareas difíciles con gracia y caridad es un modelo de cómo deben hacerse tales cosas.

“Gracias a todos ustedes que han servido en la directiva durante años. Estoy agradecido por su disposición a arriesgar la clase de comunicación abierta y de comunidad que son parte de lo que significa estar en el reino de Dios tal como está expresado aquí. Su compromiso tranquilo y fiel de orar y de hacer a veces tareas difíciles con gracia y caridad es un modelo de cómo deben hacerse tales cosas.

“Gracias por su fidelidad y generosidad en sus ofrendas durante los años. El porcentaje de los que dan lo que parece ser al menos un diezmo es más que el doble del promedio nacional. Nuestras ofrendas para misiones están, al mismo tiempo, en la parte más alta de las iglesias de nuestro tamaño. Esa clase de confianza es ejemplar.

“Gracias, finalmente, por enseñarme cómo ser un pastor. La paciencia de ustedes, sus oraciones, y su amor han hecho posible que yo creciera y aprendiera, a hacer errores, y a tener aciertos. Las palabras son insuficientes para lo que está en mi corazón. Gracias por haberme llamado para que fuera su pastor. Judy y yo estamos muy agradecidos del Centro Cristiano de Foothill, de todos ustedes”.

Esa es una manera grandiosa en que un pastor se despide de su grey.

T. Ray Rachels, superintendent, Southern California District of the Assemblies of God, Irvine, California

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