Más allá de las cenizas … El viaje de retorno a una condición saludable

Las esposas de ministro, que cojean a lo largo del oscuro y solitario sendero del fracaso moral de su cónyuge, comparten un deseo común – hallar sanidad a su corazón quebrantado.
Por Trisha Matthews*
Dedico este artículo a la esposa de ministro que pudiera estar cojeando a lo largo del oscuro y solitario sendero trazado por el fracaso moral de su marido. Este fracaso puede crear situaciones que van desde la incapacidad para cumplir la función de uno en el ministerio, hasta la vergüenza que acompaña el fracaso moral. Una cosa es cierta: quienes cojean a lo largo de este sendero comparten un deseo común de hallar sanidad a su corazón quebrantado.
No hay otro dolor que pueda rivalizar con el dolor de un corazón quebrantado. Los detalles que rodean los sucesos que produjeron el dolor se graban en nuestra memoria con asombrosa intensidad. Aun el más leve detonante tiene el poder para traer a la memoria los intrincados elementos que rodearon los hechos de ese día.
En un momento recordamos la cena que compartimos. Recordamos los trajes que usamos y el orden de las cosas que hicimos. Volvemos a vivir las sensaciones que experimentamos en el momento en que nos enteramos de las devastadoras noticias.
El 20 de enero de 2006 comenzó como un día normal para mí. Noté, sin embargo, que Tomás, mi esposo (no es su verdadero nombre), estaba notablemente distante ese día. Nosotros, por lo general, nos comunicamos recíprocamente cada pocas horas, pero el 20 de enero los llamados fueron breves. Durante la cena él parecía distraído y atribulado. Puesto que compartimos una relación abierta y honrada, yo sabía que él me comunicaría respecto de las circunstancias que lo preocupaban, una vez que los niños se hubieran dormido.
Esa noche él me invitó a un café. Se mostraba tan agitado que muy pronto salimos del café y nos dirigimos a la iglesia. Para mi sorpresa, tres de los líderes de la iglesia se nos unieron. Cuando nos sentamos alrededor de una pequeña mesa en la oficina de nuestro pastor, comencé a sentir que algo estaba terriblemente mal.
Fortalecido por la comodidad de esos testigos, mi marido comenzó a mostrar la agonizante verdad – había estado involucrado en compromiso y engaño. Se quebrantó cuando compartió los detalles de su infidelidad matrimonial.
Convulsiones incontrolables parecieron apoderarse de mi cuerpo. Las emociones me tuvieron cautiva en una batalla sin tregua entre el enojo y el quebrantamiento, la pena profunda, y la ira.
Cuando mi esposo y yo salimos de la oficina esa noche, parecía como si el fondo de nuestro mundo se hubiese desplomado. La vida nunca sería la misma.
Maldice a Dios y muÉrete… y otras palabras que no nos atrevemos a decir
Uno podría reconocer una sensación de reconfirmación en el hecho de que el pecado que una vez acechaba en las tinieblas, ahora se encogía ante la luz de la verdad. Sin embargo, aún hoy me maravillo de la profundidad del intenso dolor que uno soporta en los días y semanas que siguen al descubrimiento del pecado de su cónyuge.
Yo había criticado a la esposa de Job a causa de su miopía y de su arrogante petición a Job, “¡maldice a Dios, y muérete!” (Job 2:9). Hoy, sin embargo, extiendo una mayor medida de compasión hacia esta infame mujer. Al haberme identificado con sus sentimientos de abandono, yo admito ahora que palabras de similar naturaleza resonaron en mi mente.
Mi propia confesión de fe se burló de mí: “Por lo cual asimismo padezco esto; pero no me avergüenzo, porque yo sé a quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día” (2 Timoteo 1:12). Me hallé cuestionando amargamente la dedicación de Dios a mí y a mi familia, y expresé atrevidamente mi queja ante Él.
Considerando que la muerte sería el peor castigo posible que yo pudiera recibir, me comporté en maneras en las que no hubiera pensado que fuera capaz de hacerlo. La muerte parecía una mejor opción que vivir con un corazón mutilado que me obligaba a enfrentar otro momento de mi miserable existencia.
Gracia innegable
Dos años antes de la confesión de Tomás, habíamos renunciado a un cargo de pastor principal en Colorado. Por tres años esta iglesia había parecido rechazar su llamado y ministerio. Tomás se sentía herido, frustrado, y desilusionado. Parecía que la gente había cuestionado sus dones ministeriales. Él llegó a dudar que Dios pudiera usarlo.
Dos meses después de su renuncia recibió una invitación de un amigo en el Sur. Él se sintió humillado por la afirmación de Dios reflejada en este llamado. Se gozó en la oportunidad de experimentar un fresco inicio en el ministerio junto a un amigo.
Sin embargo, esta nueva asignación no pudo reparar el profundo quebranto en el espíritu de mi marido, o sanar las heridas que él procuraba sepultar. Aumentó su habilidad para elevar sus dones de tal modo de esconder su espíritu quebrantado.
Experimentó notable favor y un buen éxito externo en este nuevo ministerio. Sin embargo, interiormente no se estaba desempeñando con el fervor espiritual y la apasionada confianza en Dios que en otro tiempo habían guiado sus pensamientos y sus acciones.
El enemigo pronto presentó un arma de su elección, fabricada para el momento y para las inseguridades del tanque emocional de mi marido. Él comenzó a descansar en la afirmación y aprobación de aquellos a los cuales ministraba. El enemigo usó esta dependencia para asestar un golpe mortal a mi pastor herido. Él intentó sacarlo una vez más y para siempre de la carrera.
El pecado tiene recompensas asombrosas. Nosotros experimentamos la pérdida de la reputación, de amigos, oportunidades, ministerio, confianza, seguridad, finanzas, gozo, y libertad. Yo había estado invirtiendo más de 150 horas al mes en la vida de nuestros cuatro hijos. Esta prioridad pronto cambió, pues me ví obligada a trabajar a jornada completa para ayudar a Tomás a tener lo suficiente para las necesidades de nuestra familia.
Sin embargo, aun en medio de esta fascinante pérdida, yo no pude negar la fidelidad de Dios para guardar lo que había encomendado a su cuidado. Dios se puso en medio de nuestra situación. Gentilmente quitó cada escama de frustración de los ojos de mi marido, lo condujo a un genuino arrepentimiento, y le dio una apasionada consagración para restaurar todo lo que se había dañado.
Aun cuando esta sombría etapa me tomó por sorpresa, no tomó al Señor desprevenido, ni necesitó Él un plan B para nuestras vidas. Las palabras registradas en su Libro no necesitaron enmienda (Salmo 139:16). Él estaba orquestando estos hechos concernientes a mi familia, aun cuando nosotros no pudiéramos siempre discernir sus pisadas.
Un nuevo comienzo
Después de confesar a los líderes de la iglesia y a nuestra familia, Tomás se reunió con los líderes de nuestro distrito. Ellos expresaron su disposición a acompañarlo en el proceso de rehabilitación. Se comprometieron a conducir a nuestra familia hacia la restauración.
El equipo de liderazgo proveyó los medios para un período extenso de consejería, con un equipo de consejeros altamente cualificados. Durante los dos años siguientes, estos consejeros probaron ser una reedición contemporánea del equipo de reconstrucción de Esdras. Ellos ayudaron a cada miembro de nuestra familia después que nuestros fundamentos habían colapsado. Hubiera sido imposible emerger de los escombros que nos sepultaron y comenzar a reconstruir, si hubiésemos tratado de llevar a cabo esa tarea por nosotros mismos.
Tomás y yo sentimos la oposición del enemigo cuando intentamos reconstruir los fundamentos de nuestro matrimonio y nuestra familia. La condenación del enemigo amenazó con impedir la obra de Dios en la vida de Tomás. Con frecuencia yo añadí mis propias condenaciones: “¿Qué clase de marido le haría esto a su familia? ¿Cómo te atreves a decir que nos amas y nos tratas con tanta indiferencia?”
Mi estado emocional era inadecuado para hacer grandes avances en el proyecto de reconstrucción. Yo me hallaba sola, asustada, y era un blanco de los ataques del enemigo, que vinieron con despiadada crueldad y penetraron mi espíritu. Pero de la misma manera que Dios envió a Hageo y a Zacarías para ayudar a los que estaban mostrando signos de fatiga en la tarea de reconstruir la casa de Dios, el Señor envió consejeros que permanecieron a nuestro lado. Ellos siguieron ayudándonos para completar el proceso de sanidad de Dios.
Tal como los obreros reconstruyeron los fundamentos y las murallas de Jerusalén para hacerlas más firmes que antes, resoluciones sin precedentes y renovados compromisos se constituyeron en los muros protectores que circundaron y proveyeron seguridad para nuestra familia. Como está registrado en Esdras, todos los costos de reconstrucción vinieron del tesoro del rey, pagados con lo que se colectaba de impuestos de aquellos que habían intentado impedir el proyecto de reconstrucción.
Tomás y yo nos maravillamos en la verdad que el enemigo, que había tratado de detener la buena fama de Dios por medio de nuestras vidas, sufriera pérdida conforme la reconstrucción continuaba (Esdras 6:8). Nuestra provisión era inadecuada para la extraordinaria tarea que teníamos que enfrentar. Los medios para reconstruir nuestras vidas debían venir de la tesorería del Rey. Sin falta, Dios ha provisto para nuestras necesidades diarias.
Aguas inexploradas
Durante la rehabilitación, una preocupación importante para un ministro y su familia es hallar una fuente de constante provisión de ingresos. Después de servir en el ministerio por 22 años, mi esposo tenía la preocupación de ver cómo proveer para nuestra familia.
Envió varios currículos sin encontrar respuesta, de modo que Tomás dio inicio a su propio servicio de limpieza. Pasó los siguientes dos años y medio en varios aspectos del negocio de mantención de propiedades.
Aquel que se enfrentó a la humanidad cara a cara, se dignó una vez más visitar a Tomás en su soledad y dolor. Como resultado, su vida comenzó a reflejar un corazón de profunda adoración. La aprobación de Dios comenzó a definir el valor de mi marido.
Tomás no tenía anhelos de regresar al lugar que antes conoció. Había experimentado décadas de vida como un hacedor. Ahora, por la primera vez, podía disfrutar del gozo del amor de Dios, de su apoyo, perdón, y aprobación.
Yo me gocé en la total restauración de Dios del corazón de mi esposo. Sin embargo, me encontré luchando con asuntos que yo creía haber superado como una madura seguidora de Cristo.
Si usted desea hallar las raíces superficiales en su vida, envíe un huracán. Esta tormenta desarraigará y dejará expuesta cualquier cosa que el viento pudo haber removido.
Las víctimas de traición luchan con la validez del perdón bíblico en el contexto de sus muy particulares circunstancias. Yo me aferraba en forma imperceptible a sentimientos de amargura y de negación al perdón como compañeros constantes y amigos consoladores. Pronto descubrí que estos amigos eran víboras que tenían como objetivo mi destrucción.
La amargura es como beber ponzoña y esperar que sea la otra persona la que muera.1 Cuanto más me aferraba a la condenación, al odio, y a sentimientos de venganza, tanto menos capaz era de avanzar en mi relación personal con Cristo. Me hallaba en un lugar de desesperación. Oraba que el Señor quitara toda raíz de amargura que procuraba contaminar mi vida.
El perdón se convirtió en una elección diaria, practicada a tropezones. Cuando comencé a extender el mismo perdón que yo desesperadamente necesitaba, Dios trajo a mi vida nuevos niveles de gracia sanadora y de libertad espiritual.
El trayecto hacia la sanidad
Aun cuando Tomás y yo hicimos este recorrido desde diversas perspectivas y de acuerdo con nuestras necesidades particulares, el poder sanador del amor ágape de Dios ha unido nuestros espíritus. Disfrutamos juntos de cada momento aun más que antes, y hemos sentido la renovación de nuestro matrimonio y de la familia cada vez que tenemos la oportunidad de orar juntos. Ahora ejercemos un nivel más profundo, más auténtico de intimidad y de honrada comunicación el uno con el otro.
Aun cuando la disciplina, la rendición, los límites, y el aislamiento han sido elementos reales y necesarios para nuestra sanidad, una verdad vital debe ser exaltada sobre todas las otras: el amor ágape sana.2 El reconocimiento de la riqueza del amor inconmensurable de Dios a través de las muchas promesas en su Palabra ha sido un factor clave en nuestra trayectoria de sanidad. Dios no proveyó su Palabra para que pudiéramos disfrutar de cabezas llenas, sino de corazones saludables.3
Su Palabra es un ancla irreemplazable para el espíritu herido. Es nuestra fuente de esperanza para un mañana más brillante. Nos permite renovar diariamente nuestra mente (Romanos 12:2).
Satanás intenta paralizar a las víctimas de traición con sentimientos bajos de autoestima y de desconfianza. Yo llegué a entender mi necesidad de renovar mi mente cada día con la verdad de la Palabra de Dios para refutar las torcidas verdades de Satanás respecto de mi situación. Busqué maneras creativas de digerirla.
La Biblia Diaria en Audio, disponible en atunes, ha llegado a ser una compañera regular cuando corro o trabajo afuera en el gimnasio. Durante los momentos que tenemos libres para almorzar, leo la Biblia, estudio y medito. Pasajes de las Escrituras adornan el tablero de instrumentos de mi coche, el espejo de mi baño y algunas de las áreas de mi hogar, ofreciendo esperanza en mi sufrimiento.
Por medio de la meditación bíblica, las heridas que pueden llegar a ser fortalezas en la vida de uno, pierden su poder para ilusionar a la gente, y llegan a ser mucho menos de lo que realmente son por medio de Cristo. Dios envía su Palabra viviente y sanadora a lugares de quebranto: “Las ruinas serán reedificadas. Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron. Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas. Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré” (Ezequiel 36:33-36).
La reedificación de las ruinas en nuestra vida es una tarea intimidante para la mayoría de nosotros. Sin embargo, esta tarea no va más allá de nuestra habilidad de restaurar.
Podemos elegir contemplar la desolación a nuestro alrededor y perder toda esperanza, o fijar nuestro corazón en un peregrinaje para hallar a Dios en la tormenta. Dios no nos ha llamado para que nos recostemos en el Valle de Baca (lugar de sufrimiento), sino para pasar por él, siguiendo adelante con la fortaleza que Él provee.4
Hallándome en esta jornada de sanidad, con frecuencia he reflexionado sobre la perspectiva de un águila en la tormenta: su meta no es sobrevivir a la tormenta, sino vencerla. Cuando abre sus alas a las corrientes térmicas de la tormenta, encuentra que lo que parecería haber traído desastre, puede levantarla a una posición más segura y a la que no hubiera podido alcanzar con sus propias fuerzas.5
He decidido abrazar esta tormenta antes que esconderme de su furia. Aun en días cuando estoy demasiado débil para abrir mis alas a su corriente térmica, recuerdo que Dios declara: “Os tomé sobre alas de águilas y os he traído a mí” (Éxodo 19:4).
¿CuÁndo termina la jornada?
El hombre asigna períodos de tiempo para la rehabilitación. Después que se hubo cumplido el programa de rehabilitación de mi marido, Dios le reveló a él que la obra en su vida todavía no estaba completa. La rehabilitación había removido enormes rocas, pero material mucho más fino había estado sepultado desde la niñez de Tomás y se hizo visible a la luz del amor de Dios.
Mi esposo había sido introducido a la pornografía cuando todavía era muy joven. Durante nuestro matrimonio, él cedió a esta tentación algunas veces durante esos años. Profundamente avergonzado, él me confesaba su pecado. Orábamos por sanidad, pero nos sentíamos muy avergonzados para buscar ayuda. ¿Cómo admite un pastor a sus colegas su participación en esta clase de actividad degradante? Yo estaba muy avergonzada de compartir con mis amigas el dolor que sentía.
Ambos estuvimos de acuerdo en que habíamos completado 20 millas de una desafiante carrera de maratón, pero todavía estábamos a millas de distancia de la meta. Tomás volvió a ingresar a rehabilitación a través del distrito para trabajar en esas áreas, con el fin de impedir que la obra que Dios había cumplido se contaminara. El liderazgo del distrito y nuestro personal de consejería nos rodearon en amable apoyo.
Hoy, nuestra jornada de sanidad continúa. Nuestra situación pudo haber destruido nuestra vida, la vida de nuestros hijos, y nuestro matrimonio. La invitación del Calvario, sin embargo, ofrece el poder redentor de la Cruz en nuestra situación.
La Cruz vence todo lo que podría traer desaliento, desesperación, y aun la muerte. Añade poderosamente nuevo significado a nuestro dolor. Puede tornar nuestra miseria en ministerio. Después de todo, ¿no estamos confiando que “todas las cosas (nos) ayudan a bien”? (Romanos 8:28).
“Todas las cosas” incluye el dolor devastador que puede hacer añicos tu corazón. Dios promete en el libro de Oseas convertir el Valle de Acor (tribulación) en una puerta de esperanza. Allí, en ese valle, Él nos devolverá nuestros viñedos o las circunstancias que pueden haberte robado tu canción. Tal vez tengas heridas que tienen décadas de antigüedad; sin embargo, la voluntad de Dios es tu perfecta sanidad y que tu canción sea renovada.7
Toda penosa situación es única y puede traer genuino quebrantamiento. Sin embargo, yo estoy segura de este hecho: la situación que tú encaras no está fuera del alcance de la redención de Dios.
Dios no ofrece un acto de redención de una sola vez. Él nos ofrece redención diariamente, porque esta es su naturaleza como Redentor.8
¿Puede tu valle de huesos secos y devastados volver a vivir? Yo puedo testificar que por su poder y su gracia Él volvió a soplar aliento de vida en mí y en mi matrimonio y familia.
Dios me ha levantado del montón de cenizas del sufrimiento (1 Samuel 2:8). Del mismo modo que el refinador usa las cenizas para crear gloriosos y coloridos tesoros de vidrio, Dios está transformando la ceniza de nuestro sufrimiento en un celebrado despliegue para su gloria. Esta es mi confianza. Esta es mi oración para todos aquellos cuyo corazón está quebrantado.
Trisha Matthews es la esposa de un pastor de las Asambleas de Dios que vive en la costa oeste.
* Trisha Matthews es un nombre seudónimo.
Notas
1. Emisión radial de Joyce Meyer Ministries, 1999.
2. Conceptos de Jack Rozell, director y consejero de MRAP, Kirkland, Wash., 2006
3. Beth Moore, Breaking Free (Nashville, Tenn.: Broadman and Holman Publishers. 2000).
4. Reflections (Reflexiones) del Salmo 84:5-7.
5. Joyce Meyer Ministries, Mount Up with Wings as Eagles.
6. Las citas de las Escrituras marcadas son de la Versión Reina-Valera 1960.
7. Nicole Johnson, Fresh Brewed Life (Nashville, Tenn.: Thomas Nelson Publishers, 1999).
8. Concepto de Jack Hayford, conferencia de pastores, Van Nuys, Calif., 2002.
