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Los mayores desafíos del cuidado pastoral

Sanidad del dolor de abuso sexual

Por Jennifer Cisney

En mi calidad de consejera cristiana, reconozco el progreso que ha hecho la iglesia en el trato con el dolor emocional y las luchas de los cristianos. Muchas iglesias han apoyado a grupos y ministerios laicos de consejería. Algunas tienen centros profesionales de consejería. Muchas iglesias tienen grupos para recuperación de divorcio, tristeza, adicciones, depresión, y aun para abuso sexual. Los pastores predican con frecuencia sobre asuntos relacionados con los conflictos matrimoniales y el divorcio, la depresión, la ansiedad, y el abuso. Pero hay un asunto del cual raramente se habla en la iglesia. Pocos libros cristianos tratan este tema. Yo he trabajado por casi 10 años con la Asociación Norteamericana de Consejeros Cristianos y puedo contar con los dedos de una mano el número de talleres que han tratado este importantísimo asunto.

La violación es un acontecimiento devastador y traumático, ¿por qué es, entonces, que nuestra sociedad y la iglesia se muestran tan reacios a tratarlo? Una razón significativa de que demos tan poca atención a la violación es la vergüenza y el estigma que rodean al ataque sexual. Este sentido de vergüenza impide que las víctimas denuncien el crimen o que busquen ayuda para sus heridas físicas, emocionales, y espirituales.

Tal vez la comunidad cristiana no trata la violación por cuanto erróneamente creemos que no es un problema dominante. Pero la violación no es sólo un asunto de importancia que afecta a la iglesia y a la sociedad, sino que el dolor y la devastación de la violación se remontan a los registros de los comienzos de la historia.

El caso bíblico más conocido es la violación de Tamar, la hermana de Absalón e hija de David. Leemos la historia en 2 Samuel 13. Esto da una idea muy clara del dolor y del problema de la violación. También tenemos conceptos erradas acerca de la violación. Todo esto lleva a que la iglesia no pueda satisfacer la necesidad de las víctimas de ataque sexual, y de sus familias.

Permítanme referirme a algunos de esos conceptos erróneos.

1. Creemos que la violación no es un problema muy difundido y/o no conocemos personalmente a alguien que haya sido violada. Las estadísticas de la Red Nacional de violación, abuso e incesto1 muestran:

Si estas estadísticas son precisas (creo que son conservadoras), es probable que usted conozca a una mujer que ha sido violada. Tal vez usted conoce muy bien a esa mujer – hasta pudiera ser que sea su esposa, hermana, amiga, o hija. Hay también una gran posibilidad de que ella nunca le haya referido de tan dolorosa experiencia. Sesenta por ciento de las víctimas de asaltos sexuales no denuncian el asalto a la policía. Un gran porcentaje de víctimas nunca cuenta a otros, excepto a un terapeuta a un amigo íntimo, respecto del asalto.

2. Nos imaginamos que la violación involucra a un extraño que irrumpe en el hogar o que surge de entre los arbustos y ataca a una mujer con un revolver o un cuchillo. Aun cuando esto es cierto en algunos casos, el mayor porcentaje de mujeres que son asaltadas sexualmente lo son durante una cita o por un violador conocido. En 73 por ciento de los casos (algunas estimaciones llegan hasta 90 por ciento), las víctimas de violación conocen a sus asaltantes. Sólo el 11 por ciento de las violaciones se perpetran con el uso de un arma. En 84 por ciento de los casos, el violador usó sólo la fuerza física en el ataque. Todos estos detalles se confirman en la violación de Tamar. Cuando su hermano Amnón la violó, no usó un arma, sólo la fuerza física.

3. Con frecuencia creemos que si el atacante no la dañó físicamente o no la hirió seriamente, que ella no experimentará consecuencias de mucha duración. Este es un concepto erróneo serio y dañino. Permítanme exponer la verdad:

Las víctimas de asalto sexual son:

Las Escrituras describen el dolor de Tamar luego de haber sido ultrajada, de la siguiente forma: “Tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, y rasgó la ropa de colores de que estaba vestida, y puesta su mano sobre su cabeza, se fue gritando” (2 Samuel 13:19). Las Escrituras también describen lo que fueron para ella las consecuencias de mayor duración: “Se quedó Tamar desconsolada en casa de Absalón su hermano” (versículo 20).

Muchas de las mujeres que vienen hasta su oficina con adicciones, depresión, ataques de pánico, o con problemas matrimoniales pueden haber sido asaltadas sexualmente en el pasado – tal vez hace muchos años. Esta experiencia es causa de sus problemas presentes. La mayoría de estas mujeres no relaciona conscientemente los problemas que están experimentando en la actualidad con la violación ocurrida en su pasado, hasta que un consejero o pastor interesado y prudente las ayuda a establecer la relación.

He aquí cómo puede usted ayudar a las víctimas de ataque sexual.

Haga las preguntas apropiadas

La mujer que acude a usted por ayuda en relación con una violación con frecuencia presentará otros problemas. He ayudado a clientes que han sido violadas a salir de esas penosas situaciones. Sin embargo, ni una de esas mujeres acudió a la primera sesión declarando que había sido violada. Los problemas que ellas mencionan primero son depresión, ataques de pánico, adicciones, desórdenes alimenticios, y más frecuentemente, problemas de relación con su marido o con su amigo. Sólo después que cimento confianza y hago las preguntas clave, descubro el secreto profundo y doloroso con el cual están viviendo. También descubro que muchas mujeres, especialmente si el ataque ocurrió cuando eran jóvenes, que nunca han denominado la experiencia una violación. Cuando se les pregunta, “¿alguna vez ha tenido una relación sexual no deseada?”, eso parece facilitar la respuesta de parte de ellas.

Yo les pido que me cuenten de su primera experiencia sexual no deseada. Muchas veces su primera experiencia sexual fue una violación.

Con frecuencia es más fácil que las mujeres hablen a otras mujeres acerca de estos asuntos. Aun cuando hay muchos consejeros y pastores varones que tienen instrucción para tratar de estos asuntos, las mujeres se sienten más cómodas hablando de su asalto sexual con otra mujer, o habiendo otra mujer presente.

No haga preguntas inapropiadas

La mayor parte de la vergüenza que conlleva la violación proviene de la sociedad, de los tribunales, y aun de personas bien intencionadas. Ellos darán a entender que la víctima es responsable de lo sucedido. En el relato de Tamar, su hermano, Amnón, la aborreció después de haberla violado y la despidió como si ella fuese algo inservible, una basura. Con frecuencia las víctimas de violación experimentan rechazo y heridas secundarias luego del asalto. En 2 Samuel 13:16, Tamar dijo a Amnón: “No hay razón; mayor mal es este de arrojarme, que el que me has hecho”. Con frecuencia aumentamos el dolor y la vergüenza sobre las víctimas de violación por la manera en que interactuamos con ellas acerca de su experiencia.

Tenga cuidado con las preguntas que haga y con las reacciones que tenga para con una víctima de asalto sexual. Jamás haga preguntas que impliquen que la víctima provocó o motivó el asalto. Las preguntas acerca de su vestimenta, de su conducta sexual anterior, o de por qué ella tomó las decisiones que tomó en el momento del asalto (“¿por qué estaba usted allí sola a esa hora de la noche?”) no ayudan. Ya ella ha recorrido en su mente cada uno de esos “si yo sólo hubiera”… La mayoría de las víctimas de violación se culpa, totalmente o en parte, de lo que le ha sucedido.

No importa lo que una mujer escoja vestir, no importan las pobres decisiones que en el pasado haya hecho acerca de amistades o de sexualidad, o el mal juicio respecto a seguridad o consumo de alcohol – para que se justifique a quien la haya asaltado sexualmente. Nunca debemos dar a entender –directamente o indirectamente– que una mujer es culpable de haber sido violada. Debemos educar a las niñas y mujeres acerca de la seguridad personal y de las elecciones que pueden hacer para evitar asaltos sexuales. Pero el tiempo para esta educación no es cuando usted está tratando de ayudar a la sanidad de una víctima.

DÉles un lugar seguro en el cuÁl puedan referir cÓmodamente

Las víctimas de violación necesitan contar su historia. Cuándo contarla, a quién contarla, y cuánto contar de ella es algo que debe dejarse a su propia decisión.

A las víctimas de violación les cuesta enormemente hablar acerca de una experiencia tan terrible y penosa. Una mujer necesita un lugar seguro donde hablar. Un consejero no debiera presionarla para que cuente su historia o para que revele detalles del asalto antes de que ella esté lista para hacerlo.

Escuche su historia con interés y compasión. Dos cosas son útiles: primero, diga a la víctima que usted está apenado por lo que sucedió; segundo, asegúrele que no fue por culpa de ella. Esto es críticamente importante para el proceso de sanidad.

Dirija a las vÍctimas de asalto sexual a personas que puedan ayudarla fÍsicamente

La primera persona a quien envío a la víctima de asalto sexual es a su ginecólogo. Mantengo en mi oficina una lista de ginecólogas de confianza. Aun cuando hay muchos ginecólogos que son cualificados y que pueden dar buena ayuda a víctimas de violación, las mujeres se sienten más cómodas con una ginecóloga.

Si ella no ha informado de su violación a su ginecóloga, debe hacerlo de inmediato. Aun cuando pueda ser difícil para ella enfrentar la realidad, las víctimas de violación deben tener un examen prolijo y algunas pruebas necesarias, aun cuando no estén dando cuenta del asalto. Cualquier mujer que ha tenido una experiencia sexual no deseada debe ser examinada prolijamente por causa de las enfermedades que se trasmiten por contacto sexual, el Sida, inclusive. Las mujeres se sienten aterrorizadas por este pensamiento y se muestran reacias a enfrentar la posibilidad de que por causa del asalto pudieran haber sufrido daños físicos duraderos. Pero siempre es mejor asegurarse.

Para muchas mujeres estos exámenes les dan paz cuando se les anuncia que están libres de enfermedad. Saber esto acelerará el proceso de sanidad emocional. Las mujeres que contraen una enfermedad pueden tener un tratamiento de inmediato y prevenir potenciales efectos de largo plazo, tales como infertilidad o cáncer uterino. También es crítico que sepan que tienen una enfermedad que pueden trasmitirla a su cónyuge (o futuro cónyuge). Con frecuencia hago una extensa educación en este sentido, porque la mayoría de las personas ignora las enfermedades de trasmisión sexual. Por lo general no están conscientes de que muchas enfermedades de trasmisión sexual tienen pocos o ningún efecto colateral, y que durante años e inadvertidamente pueden tener una de estas enfermedades.

DirÍjales a personas que puedan ayudarlas emocionalmente y espiritualmente

Aun cuando no todas las víctimas de violación necesitarán terapia profesional para sanar, muchas sí la necesitarán. Algunas mujeres sólo buscarán consejo después que la secuela emocional ha hecho que su vida les resulte intolerable. La búsqueda de ayuda puede ser años después de la violación, pero las consecuencias podrían ser devastadoras.

Sugiero que todas las víctimas de violación vean a un consejero profesional al menos durante unas pocas sesiones. Esto permite que el terapeuta evalúe las complicaciones y posiblemente evite desórdenes aun más serios que pueden ser el resultado de tardío de una violación. También provee una relación segura a la cual puede volverse una mujer si la situación reaparace más tarde.

Cuando los hay, encuentro que los grupos de apoyo para violaciones proveen una de las mayores oportunidades de sanidad. No sólo proveen un lugar seguro para que la víctima exponga su experiencia y dolor, sino que ella puede compartir con otras que han tenido una experiencia similar. Esta es una de las más poderosas armas contra la vergüenza y el dolor de la violación. Cuando es posible, recomiendo a un consejero cristiano o grupo de apoyo. Si no hay nada de eso, hay muy buenas clínicas que pueden ser de ayuda para la sanidad emocional de la violación.

Sin embargo, la sanidad espiritual requerirá de alguien que pueda recurrir a los asuntos de la fe. Las víctimas de violación luchan con dos aspectos principales de lo espiritual. El primero es una crisis de fe que la mayoría de los creyentes experimenta cuando algo terrible ocurre en su vida. Luchan con la razón que pudiera ver de que un Dios amante haya permitido que algo tan terrible les sucediera. El otro asunto espiritual importante es el del perdón. La mayoría de los consejeros seculares no trata de este asunto o no entiende la importancia del perdón como parte del proceso integral de sanidad. Aun cuando pueda requerir tiempo –a veces años– para que las víctimas de violación lleguen al punto en que puedan considerar perdonar al violador, es algo sumamente necesario. Aun más importante es que puedan perdonarse a sí mismas.

El cÓnyuge debe estar incluido en la sanidad y restauraciÓn

La única excepción al permitir que la víctima mantenga en privado el asalto tiene que ver con su cónyuge, o futuro cónyuge. En el matrimonio, el esposo y la esposa llegan a ser “una carne”. Esta unión espiritual, emocional y física requiere de franqueza y honradez. Retener información importante tal como la de un asalto sexual de un cónyuge debilitará el fundamento de la unión matrimonial y causará incomprensión y confusión.

En casi cada caso, una víctima de asalto sexual necesita bastante tiempo y ayuda para sanar sexualmente. Aun si una violación ocurrió años antes del matrimonio, puede afectar profundamente la intimidad matrimonial y sexual. Muchas mujeres pensaban que habían sanado de un asalto sexual en el pasado, hasta que llegó la noche de bodas.

Las víctimas de cualquier trauma, aun la violación, pueden tener síntomas de desorden post-traumático (Vea columna lateral “El trauma de la violación”) cuando se enfrentan a una situación que les hace recordar la violación. Para una víctima de violación, esto puede ocurrir aun durante un deseado encuentro sexual con su marido –el hombre a quien ama y en quien confía. Y con frecuencia la víctima no entiende qué es lo que suscita estos sentimientos y se encuentra imposibilitada de controlarlos. Esto puede ser causa de confusión y de frustración para parejas que no entienden qué está sucediendo, o por qué.

Los asuntos que rodean la sanidad sexual para las víctimas de violación son complejos. Sugiero que las parejas acudan a un consejero competente para que las ayude en esta situación. Tanto el marido como la esposa deben entender que la restauración sexual de violación es un proceso, y ambos deben comprometerse al proceso de sanidad con compasión y paciencia.

El cónyuge de una víctima de violación debe entender que las reacciones que ella experimenta durante la relación sexual nada tienen que ver con sus sentimientos acerca de él o su deseo de él. Aun cuando no es el caso con todas las víctimas de violación, muchas luchan por disfrutar de la relación sexual o para sentirse liberadas y cómodas con su cuerpo y con su sexualidad. Esto es un resultado de la violación que experimentaron. Yo explico a la víctima de violación y a su cónyuge que la sanidad está en la intimidad sexual con su marido. Pero eso puede ser un largo camino para algunas mujeres, y requiere paciencia y comprensión de parte del cónyuge.

ViolaciÓn estatuida

No hay nada como relaciones sexuales consentidas entre un adulto y un niño. Aun cuando la edad legal varía de estado en estado, la mayoría de los estados establece que cualquier adulto que tiene una relación sexual con una persona menor de 16 años está cometiendo una violación. Verifique las pautas de su estado en cuanto a la edad estatuida de consentimiento. Si alguien informa de relación sexual entre un adulto y alguien que esté por debajo de la edad estatuida de consentimiento, yo sugiero que usted informe de esto bajo las mismas pautas que las normas mandatarias de informe para abuso sexual de niños.

Yo soy apasionada en lo referente a ayudar a la sanidad de los sobrevivientes de violación, a su restauración, a su derecho a vivir una vida plena, a disfrutar de sus relaciones y de la sexualidad como Dios ha querido que sea. Creo que así debe ser, no porque tenga clientes que han sido violadas, sino porque yo soy sobreviviente de una violación. Durante muchos años no compartí esta traumática experiencia con nadie. Sufrí las mismas consecuencias que menciono en este artículo. Pero cuando finalmente obtuve ayuda de una consejera cristiana compasiva y de amigas amorosas y comprensivas, Dios trajo gracia y sanidad a mi vida. Mi oración es que como pastor, usted ofrezca la misma ayuda a una mujer que esté herida.

Si usted, o alguien a quien usted ama ha sido atacada sexualmente, usted puede llamar a la Línea directa nacional de abusos sexuales: 1-800-656-HOPE.

Jennifer Cisney is executive board member of American Association of Certified Christian Sexual Addiction Specialists.

* Los hombres también pueden ser víctimas de violación. Sin embargo, la mayoría de las víctimas de violaciones y asaltos sexuales son mujeres. En este artículo me he referido a las mujeres como las víctimas.

Nota

1. Red nacional de violación, abuso e incesto (RAINN) www.rainn.org

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